Capitulo 8.- Europa y el amor.

Rozar su mano cuando mi padre me entregó a él en el altar, sentir su temblor, ver sus ojos ambarinos brillando de emoción, mirarme con esa mezcla de amor, deseo, ilusión. No pude evitar sonreírle y enrojecer ante sus gestos. Miró a mi padre e inclinó la cabeza ligeramente con seguridad, dando a entender que la dejaba en buenas manos. Mi padre me dio dos besos y se sentó al lado de mi madre y de su novio, visiblemente emocionados. Edward me apartó el velo y vi como se acercaba como queriendo darme un beso, pero se contuvo. Nos volvimos lentamente hacia el cura y empezó la ceremonia. Edward estaba visible tenso. Empezamos a decir nuestros votos y después el sacerdote lo dijo.

- Edward Anthony Masen Cullen, ¿aceptas a Isabella Marie Swan como tu legítima esposa y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?

Edward me miro y suspiró, cerrando momentáneamente los ojos y abriéndolos lentamente, sonriéndome con satisfacción.

- Si quiero.

Respiré profundamente, ahora me tocaba a mí. Seguramente no me saldría la voz, o diría cualquier estupidez.

- Y ahora, Isabella Marie Swan, ¿aceptas a Edward Anthony Masen Cullen como tu legítimo esposo y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

Lo miré con miedo, temía lo peor, que mi voz no saliese. Miré a mi madre y a mi padre y mi madre me sonrió emocionada, asintió y sonreí. Mire a Edward que esperaba impaciente por que dijese algo. Mis labios se movieron solos.

- Si, quiero.

Escuche como la puerta se cerraba. Sin mirar ya sabía quien se había ido y quién había dado aquel portazo. Sabía que era Jacob quien había huido tras escuchar sus palabras. Edward me apretó las manos ligeramente y lo volví a mirar. Me miro con urgencia y con miedo, con necesidad. Le sonreí tranquilizándolo. "tranquilo, todo está bien"

- … puedes besar a la novia.

Edward miró al sacerdote y sonrió con esa mueca tan característica, que tanto me gustaba y a la vez me atormentaba ya que me hacia derretirme de deseo.

Se acercó lentamente a mí, sonriendo. Acunó mi cara con sus manos frías, y suavemente me besó. Incluso ahora temblaba de la emoción. Nunca lo vi así, tan emocionado y tan feliz. "¿Por qué dudé tanto en esto? Ver a Edward aquí, así, tan feliz, solo por mí, por esto, lo hubiese hecho antes." Le devolví el beso. De repente se escuchó un grito proveniente de una voz melodiosamente vampírica.

- ¡Vivan los novios! – Alice empezó a gritar antes de tiempo y Jasper le tapó la boca. Luego nos miró como disculpándose por la emoción de Alice. Todos reímos tras la reacción de Alice.

- Podéis ir en paz.

Salimos de la residencia Cullen hacia el jardín mientras nuestros familiares nos lanzaban pétalos de rosas de colores blanco y azul. Nos esperaba aun el banquete que estaba en la parte exterior de la residencia. La gente empezó a felicitarnos, incluso los chicos y la gente de la Push parecía realmente que se alegraban por nosotros.
Desde que nos raptaron y nos separaron tras la boda, Edward y yo ni siquiera nos habíamos tocado, no nos habíamos dicho nada y casi tampoco nos habíamos visto. Yo buscaba a Edward con la mirada pero era casi inútil, había demasiada gente. Después de 20 minutos de saludos, besos y comida noté que algo me rodeaba y me tiraba hacia tras por la cintura, tras un seto, me dieron la vuelta y unos labios atraparon los míos con fervor, con necesidad, con lujuria. Tras unos segundos, me separé para intentar coger algo de aire y vi sus ojos escurecidos por el deseo.

- Pensaba que ya no volvería a verla, señora Cullen. – Me mostró su sonrisa más seductora y me abalancé sobre su boca, saboreando su inusitada permisividad, dejando explayarme dentro de sus labios. Se separó lentamente de mí, provocando un gemido como protesta. – Hubo un momento en que pensé que me negarías, que dirías que no. – Volvió a besarme, con urgencia, con desesperación. – Pensé que huirías, que… que… ¡Dios, si alguna vez me ha escuchado, fue en ese momento en el altar! – Me abrazó, con la delicadeza suficiente para dejarme respirar. – Te amo Bella. Me has hecho el hombre más feliz del mundo.

Empecé a llorar, emocionada entre sus brazos. Me separé para volver a besarlo nuevamente.

- Yo mucho más que eso, soy el ser más feliz de todo el planeta.

Nos besamos varias veces. Edward estaba soportándolo bastante bien. Sus instintos no lo habían traicionado ni parecía que lo fuesen a hacer. Mi calor empezaba a pasar a su interior a través de nuestros labios hasta que fuimos interrumpidos por Alice quien se puso a gritar algo sobre responsabilidades de los novios con los invitados y no se que más.

La fiesta duró unas cuantas horas más. Cerca de las 3 de la madrugada solo quedábamos mi familia y un par de quileutes: Embry y Quil estaban allí, hablando tranquilamente con Charlie y Emmet, sobre baseball o algo así. Empezamos a despedirnos sobre las 4, y a las 4.30 solo estábamos los Cullen y yo. Bueno, debería decir simplemente los Cullen, ya que yo formaba parte de esa familia oficialmente. Y nuestra primera noche como marido y mujer tocaba ya a su fin y nos esperaba un largo viaje hacia Europa.

Tras unas risas de nuestros familiares y un par de picarescos comentarios de Emmet, nos despedimos finalmente, nos cambiamos de ropa, subimos al Volvo de Edward para ir hasta el aeropuerto, donde teníamos reservado un jet privado para volar hasta Italia, donde Venecia era nuestro primer destino y donde pasaríamos juntos nuestra primera noche.

Me sorprendí al ver a Jacob esperando en el aeropuerto. Realmente me asusté. Edward se puso serio de repente.

- Hola Jacob. Ya me sé tu número. Gracias por preocuparte. – Edward me miró.- Él quería…

- …quería darle mi nuevo número de móvil para que después… de eso… bueno, quería saber si estarías bien.

Me puse roja y no pude evitar que las lágrimas empezasen a llegar a mis ojos.

- Gracias… Jacob. Muchas gracias.

- No me llames así, aún no. – lo miré y sonreí.

- Gracias Jake. Te echaré de menos. Te llamaremos. Cuídate.

- Si. Bien. Gracias. – se giró mirando a Edward. - Edward. Ya lo sabes.

- Si, lo entiendo. Lo haré. Te avisaré.

Jacob se dio la vuelta y se fue. Me quedé con la duda. No sabía a que había venido eso.

- Jacob quiere que lo avise sobre todo el proceso. Y me ha amenazado: "Cuídala o te juro que te matare, chupasangre". Es realmente agradable cuando estás delante.

Cerré los ojos, y me dejé guiar. Jacob. Mi Jake. Lo siento.

El viaje me lo pasé durmiendo. Estaba agotada y, aunque algo estresada por culpa de Jacob, las caricias y besos de Edward dedicaba a mis manos me relajé hasta quedarme dormida.

Al llegar a Venecia tras un viaje en barco desde el aeropuerto de Venezia Marco Polo, me quedé enamorada de sus calles, sus tiendas, de sus gentes, sus ambiente romántico, atemporal, bohemio… era increíblemente hermosa. La humedad de sus edificios, el gris que envolvía todo y lo iluminaba: era mágica. Los puestos itinerantes, las góndolas, la música que sonaba en las plazoletas, las tiendas de máscaras y marionetas, me sentía como Alicia en el País de las Maravillas, parecía que estaba atrapada en un cuento, con mi príncipe. Llegamos a la plaza de San Marcos casi al desembarcar, y tras andar un par de calles más y pasar uno de sus famosos canales llegamos al Hotel donde pasaríamos nuestra primera noche juntos: como marido y mujer. Esa idea me mantenía ansiosa, pero intentaba disimularlo durante todo el trayecto. Al entrar en la habitación me quedé anonadada: la decoración era una mezcla de dorados y beige, con ciertos adornos de estilo victoriano. Las paredes estaban forradas de papel floral con ribetes rojos y beige; aunque sobrecargado, no resultaba ostentoso ni dolía a los ojos. La cama estaba cubierta por un dosel de seda granate. Edward dio una propina al botones al dejar nuestro equipaje en la habitación y éste nos dejó asolas.

- El director de este hotel es un vampiro vegetariano como nosotros, nos debía un par de favores, y bueno, no pasara nada si… bueno, si esta noche pasa algo extraño. – Temblé ante esa declaración de intenciones. Suponiendo obviamente que se refería a mi transformación. – Emm… ¿deseas tu minuto humano? ¿O todavía no?

- Bi… bien. La verdad me apetece comer algo.

- Eso está hecho. Espera un segundo… a ver si es verdad… espera.

Lo miré extrañada y de repente desapareció. Iba a una velocidad tal que realmente parecía que estaba sola completamente. Me senté en la mullida y suave cama, y pensé "¿Por qué no?". Cogí un bolso donde guardaba algunas cosas y me fui al baño.

- Necesito un minuto humano, Edward.

- Vale.

Seguí sin verlo. Escuché la puerta de entrada como se cerraba. Supuse que iría a conseguir algo de comida. Aunque un hotel así suponía tenia servicio de habitaciones. Pero bueno, tenía algo más… urgente. Me quite la falda y la blusa que llevaba y después la ropa interior, y saque un conjunto que me había regalado Rosalie, completamente de encaje azul oscuro, casi negro: "No faltes a la tradición, debes estar apabullante tu primera noche". Y desde luego, ese conjunto tan… "Discreto" era algo más que apabullante. Me coloqué el corsé y luego el tanga, y unos ligueros que sujetaban las medias que ya llevaba. La verdad, es que era el tipo de ropa interior que podía favorecer a cualquiera. Incluso a mi insulso cuerpo. ME puse la ropa otra vez para disimular el cambio y salí.

Me encontré a Edward inmerso en una extraña oscuridad, puesto que las cortinas de la habitación eran de un color traslúcido extraño que confería a la habitación una extraña calidez. Estaba esperándome en la cama con un cuenco lleno de fresas y una fondue con chocolate derretido. Sonreí tímidamente y me recosté a su lado. Sabía que empezaba el juego de la seducción, sabía que era una trampa, pero cualquier trampa maquinada por Edward conllevaría más tarde a un desenlace bastante prometedor. Además, yo también había hecho trampa con mi ropa interior.

Sin decir nada, enchufó un aparato con música, no sabía definir que estilo, pero era envolvente y de ritmo pausado. Empezó a mojar las fresas frescas en el chocolate, dándomelo a pequeños bocados. Lentamente. No dejaba de mirarme, cálidamente, memorizando cada gesto, al igual que yo, que intentaba no moverme bruscamente para no interrumpir esa tensión.

Sin querer, al comer una de las fresas, le di un pequeño mordisco en un dedo… Dejó de respirar. Me asusté realmente, ya que pensé que había cruzado la línea y que estaba a punto de perder el juicio. Pero no del modo escalofriante, me equivoqué por completo. Movió otro de sus dedos y acarició mis labios con él, mientras su dedo corazón estaba atrapado entre mis dientes. Estaba en tensión, pero no por no querer hacerme daño, sino por que realmente esa sensación era tan nueva para él como para mí. Esa excitación, esa reacción extraña de su cuerpo al notar mis dientes en sus dedos, mis labios tan cerca en una situación así, le era completamente desconocida. Entonces me envalentoné y lamí lentamente sus dedos. Sus ojos cambiaron en la penumbra, suspiró suavemente y se dejó hacer. Cogí su mano y empecé a lamer y besar sus dedos, lentamente. Para cuando me di cuenta, yo estaba recostada completamente y él casi sobre mí mirando como disfrutaba de esos pequeños besos que repartía por su mano, fascinado y deseoso de sentir más. Sus labios se acercaron a mi mano, lamiendo las yemas de mis dedos, tal cual lo había echo yo, pero al instante atrapó mi boca con la suya. Y ahí perdimos la razón. Todo lo que se puede perder en una situación así.

Edward suspiraba cada vez que mis labios rozaban su cuello o que lo acariciaba, tanto o más que yo. Sus manos frías recorrían mi espalda por debajo de la camisa torpemente, incluso al besarme parecía como si nunca lo hubiese hecho antes, como si absolutamente todo fuese nuevo para él. Incluso su reacción al ver como mis manos se metían por dentro de su camisa o ver como se la desabrochaba poco a poco después fue como si un niño no entendiese el por qué un adulto hace tal o cual cosa. Sonreí por que en este terreno parecía bastante más diestra que él, o al menos de momento.

Al quitarle la camisa lo abracé con ternura. Su frío pecho me hizo estremecer al rozar mi pecho. Edward parecía preocupado por ese hecho. Incluso en ese momento estaba preocupado. Lo miré ceñuda.

- Edward… por favor… no te preocupes más… sabes que todo saldrá bien. – Suspiré y cerré los ojos, apoyándome en su hombro, mientras Edward se mantenía cerca pero firme, apoyado sobre sus brazos, sobre mí. – Te amo.

- Y yo a ti mi princesa.

Se acercó a mi cuello besándolo suavemente, haciendo que me perdiese en la oscuridad, entre el aroma de su piel y el de la fuente de chocolate, mi pulso fue acelerándose a cada roce de sus labios y de sus dedos. Al separarse momentáneamente de mí, me asusté, pensando que su instinto le estaría jugando una mala pasada. Pero no fue así, al mirarle a los ojos lo único que pude divisar fue devoción y deseo, a partes iguales. No pude evitar sonrojarme, al igual que él no pudo evitar reír de manera perversa al ver mi reacción.

Acerco sus labios al borde de mi camiseta, mostrando sus dientes, y con un movimiento demasiado rápido, la rasgó con sus afilados colmillos. Se me paró el corazón en algún momento, pero se reactivó de manera alocada al notar su frío aliento y su sensual lengua recorrer mi pecho y mi vientre. Empezó a desnudarme poco a poco, dejándome solo con la ropa interior. Al ver el conjunto tan provocativo se paró en seco, e incluso pude observar como tragaba ponzoña al ver el corsé. Se acercó poco a poco a mis pechos y yo cerré los ojos y contuve el aliento.

- Recuerdame... agradecer a Rosalie... tan sublime y seductor regalo. - Tras decir esto, suspiró y con la punta de la nariz rozó la el encaje que decoraba el corsé. Empezó a jugar conmigo, acariciandome con devoción, esta vez, más lentamente. Mientras yo intentaba acordarme de respirar, pues su cercanía me hacía marearme.

Tras unos momentos de tortura, me dio la oportunidad de quitarle los pantalones, intentando no mirar a ciertas partes por que temía morirme del susto o cualquier otra cosa.

Subió la calefacción al ver como temblaba a notar su frío cuerpo sobre mí, y empezó de nuevo. Nos torturamos mutuamente con besos, caricias, arañazos y mordiscos por mi parte al notar sus labios recorrer cada rincón de mi cuerpo. Desabrochó el corsé, succionó mis pechos, hinchados y duros por la excitación, jugó con ellos y con el resto de mi cuerpo como quiso. Me llevo al orgasmo un par de veces antes de siquiera terminar de desvestirme.

-Edward, hazlo… por favor… hazlo ya…

Edward parecía temeroso aún pero yo sabía que nada ni nadie podría frenarme ahora, ni siquiera él. Parecía reticente hasta que me abalancé sobre él, quitándole como pude los calzoncillos (unos preciosos bóxer de color negro y rojo) y cogiendo su miembro sin pudor. Se detuvo en seco, y al mirarlo vi como miraba hacia otro lado, cerrando los ojos y tragando saliva. Lamí la punta de su pene, y noté como se estremecía, y sin darme apenas cuenta, mis labios se movían y mi lengua jugaba con él instintivamente, sin dejar de mirarle a la cara.

Perdimos la razón. Al poco tiempo Edward se había recostado otra vez sobre mi, besándome con pasión evitando en todo lo posible que se le escapase un mordisco, acariciándome, cogiéndome por el culo y acercándome a su miembro, intentando sobrepasar barreras que aún estaban por derribar. Al final me arrancó la ropa interior y me miró.

- Mi amor… Bella… por favor, avísame si…

- Si Edward, lo haré…

Lo besé, dulce y pausadamente, respondiéndome él con la misma ternura. Me embistió suavemente mientras nos besábamos.

Noté su frío miembro dentro de mí, produciéndome un temblor excitante. Notar su frio miembro contra mi calor interno fue una gozada. Ahogué un gemido en su boca. Él frenó de repente, pensando que me había dolido. Pero nada más lejos de la realidad. Me sentí plena absolutamente, en todos los sentidos, e intenté trasmitírselo con una sonrisa.

El delirio, la pasión, la lujuria, todo se mezclo a partir de ese instante. Solo distinguía colores, mi cuerpo y su cuerpo reaccionaban instintivamente. El movimiento de sus caderas, el sobre esfuerzo por no hacerme daño, todo… todo me pareció maravilloso.

Estuvimos toda la noche hasta altas horas de la madrugada amándonos y en algún momento perdí la noción de todo.

Al despertarme, la luz de alrededor me envolvía como en un sueño. Un sueño perfecto y feliz. Estaba cansada y sudada pero completamente feliz. Al mirar a Edward lo vi serio, pero al mirarme sonrió.

- Buenos días señora Cullen. O debería decir… pequeña bruja. – Lo miré divertida.

- ¿Bruja? ¿Por qué?

- Por que me hechizaste para hacer lo que tu quisieras, maldita sea… y ahora, tengo que explicarle a un inútil humano el por qué del… estado físico de la habitación. – Miré alrededor, mientras notaba como me crujía la espalda por el cansancio. Los muebles estaban revueltos al igual que los cuadros que se habían caído al suelo. El dosel de la cama se había descolgado y habían rasguños en el colchón. El cabezal de la cama tenia un agujero en la parte izquierda y el suelo estaba lleno de lo que parecían trozos de mi ropa arrancada. Me enrojecí en sobremanera.

- Esto... esto… ¿lo hicimos nosotros?

- No. Técnicamente no. Lo hice yo. Intentando controlarme para no partirte en dos. Pero… pensé que sería mucho peor.

Sonreí, abochornada por todo ello. Me encontraba tapada hasta las cejas casi.

- Y… ¿qué tal la experiencia?

Edward me miró, y sonriendo pícaramente me dijo.

- Que ha sido lo más maravilloso de mi vida. Y que el comprobar que tengo el suficiente autocontrol para… no hacerte daño... o al menos no herirte me hace aun más feliz. Sobretodo para… la próxima vez, se cuando y donde están mis limites.

Lo miré anonadada, deslumbrada por su belleza, con sus ojos ambarinos reluciendo con la tenue luz que se dejaba ver entre las cortinas, con su pelo revuelto y su pecho reluciente y desnudo, fuerte y sexy… Vi como se acercaba poco a poco a mis labios, y me besaba dulcemente. Le correspondí con ganas y él sonrió.

- Mmmmmm... Bella… ya que estamos desnudos… ¿Te apetecería uno matutino? .- Lo miré escandalizada. Nunca pensé que saldría algo así de sus labios. Pero no pude contestar, ya que sus labios y sus caricias acallaron cualquier tipo de comentario. Pero, ¿Quién se podría resistir a una propuesta así? Estaba cansada, pero no me importaba. Edward era mío, y yo era de él. Y sería por siempre así.

Solo faltaba un detalle, la transformación. Aunque eso de momento, podía esperar. Quizás después de una cena a la luz de las velas, después de una sesión de sexo adictivo con él. Dentro de un par de horas o tres. Ahora solo me importaba él, su cuerpo y todo nuestro amor materializado en nuestros besos.

De fondo, se escuchaba la gente, las gaviotas y el sonido del remo de los gondoleños. Venecia. Ciudad del amor. Testigo de mi amor.


He intentado huir de mi acostumbrada manía de hacerlo todo pornograficamente detallado. Así que me he dedicado a hacer saltos "temporales" y de "accion" durante todo el capitulo. He intentado contenerme mucho, y creo que me he pasado. No se. Tenía ganas de terminarlo. Quien sabe, quizás lo rehaga del todo. Pero bueno. Ya me diréis. Supongo que me he quedado corta XD Aunque es un chap bastante largo. ESpero que os guste.
Por cierto, es dificil escribir estos chaps ya que me he leido el utlimo libro de SM y se me complica el trabajo intentando no copiar ni hacer nada parecido a lo que ha escrito ella. Así que disculpadme si hay algo que no os convenza.
Espero muchos reviews. Aunque sea un "hola, lo he leido" por que ultimamente solo recibo FAVS y poco más y realmente eso no te deja con mal sabor de boca. Me refiero a que realmente no te ayuda a mejorar ni que reaccion provoca en la gente. Asi ke

REVIEWS PLEASE

ASi que sin más dilación.

Si queréis un paseo en gondola, siendo Jacob vuestro gondoleño cantandoos canciones romanticas, dadle al GO
Si queréis mojar vuestras fresas en el chocolate de Edward, dadle al GO
Si quereis una tórrida noche de altibajos "emocionales" con Jasper, dadle al GO
Si quereis bañaros desnudas, y lo que surja, con Embry, Quil y Jacob dadle al GO

Para lo bueno, lo malo, lo peor, incluso para que me calle y no vuelva a escribir, dadle al GO

OS KIEROOOOOOOOO