Disclaimer: NADA de KHR! es mío.

Notas previas: LOL. ¿Tan malo fue?


En Mitad de la nada.

Capítulo 2: IOU.

IOU – Metric.

Las cosas se complican.

- Desde siempre han estado complicadas, Gokudera-kun - Tsuna arguye con un susurro mientras le da una segunda ojeada a los papeles entre los que se sumerge su escritorio. El lugar rebosa de documentos innecesarios, según Gokudera, y le admira esto porque sabe que a pesar que el décimo piense lo mismo, se lo toma con calma y sonríe mientras revisa tanta mierda burocrática sin sentido.

- Lo siento, Juudaime, creo que pensé en voz alta.

A Tsuna se le escapa una risita. Una de las de antes. Delicada, con despreocupación. Gokudera se siente como una florecilla a la que se le suben los colores a la cara.

A los pétalos, más bien.

- Gokudera-kun, no te preocupes, todo saldrá bien.

El susodicho se pasa una mano por el cabello y se aligera el nudo de la corbata. Se siente desnudo ante la fugaz pero indudablemente inquisitiva mirada del castaño.

- Pero… Juudaime…

No necesita más que ver esa expresión paternal para saber que tiene total conocimiento sobre qué le pasa a cada uno de sus subordinados. Tsuna deja las formas y los documentos a un lado y encara totalmente a Gokudera. Se reclina en su silla. Gokudera opina que se ve más hermoso que nunca con el traje, la gabardina y los años. Si estuviera seguro que no le molestara a Tsuna (lo cual seguramente haría), se arrodillaría ante él y le prometería… ¡No! le rogaría que lo dejara seguirlo hasta el fin del mundo o que lo dejara irse con él a la muerte, o a Plutón o a donde fuera necesario.

- Yamamoto llegó ayer en la noche. Ha estado extraño. Desde antes de marcharse.

Pero el jodido Yamamoto se podía ir a la mierda. Junto con el maldito de Squalo.

- ¿No tienes idea qué le pueda suceder Gokudera-kun?

Gokudera aprieta los dientes.

- No sé, Juudaime - y no disimula el desagrado ni para Tsuna, pero es que sus instintos y sus emociones son tan traicioneras que se reflejan en su rostro sin que lo quiera.

De igual manera Sawada se iba a terminar enterando.

- Oh - el castaño mira hacia el techo y se mece en la silla. Junta las manos. Considera que no es apropiado, pero inteligentemente cambia de tema. - ¿Y cómo va todo con Haru?

A Gokudera se le esconde el enojo de repente. Quizás se le escapa, no importa; ahora siente algo distinto. ¿Excitación, culpa, tristeza?

- Bien, supongo.

Con una voz medio quebrada intenta restarle importancia, dejar de lado lo que realmente quiere decir. Sabe que el jefe sabe. Gokudera dice: así como el tiempo es dinero, saber es poder. Y poder era el segundo nombre del décimo.

A pesar del poder, no ignora que Tsuna valoraría en sobremanera que le dijera lo que pasa para ayudarlo. Pero simplemente no puede. No puede y ya.

- ¿Algo más que quieras comentar Gokudera-kun? - ahora el castaño se reclina sobre la mesa, semi-atendiendo de nuevo la papelería. Su mano derecha agradece que le retire la apacible mirada oscura, pues siente como si le fuera a mentir.

- No... nada, Jefe. ¿Algo más que pueda hacer por usted?

- Ah, sí. ¿Podrías preguntarle a Yamamoto-kun sobre los reportes de la misión? Lo típico, la documentación de rutina, las formas D1 y D18. Ayer no pudo venir, por su recuperación, y olvidé por completo preguntarle a Basil-kun para que los recogiera hoy.

Gokudera asiente con la cabeza, fingiendo resolución, a pesar de la inutilidad de esto.

- Ah, qué descuido de mi parte. Olvidé que tienes pendiente ese papeleo administrativo (gracias por hacerlo, yo he intentado rehuir toda la tarde de él y ah… me salvas la vida Gokudera-kun, no se lo comentes a Reborn, por favor…), así que mejor no te preocupes por eso. Mañana a primera hora le pediré a Basil-kun que vaya por él, si es que Yamamoto-kun no desobedece y llega aquí primero (era justamente lo que quería evitar, pero ya sabes cómo es…). Descansa y prepárate para la misión, por favor.

Ese mismo día, a pesar de todo, fue a la recámara del maldito Yamamoto. Y se dejó abrazar no sólo materialmente, sino también por sus sentimientos. Los besos eran demasiado como para permitirlos y el moreno lo sabía, pero el sostenerlo en sus brazos era mucho más de lo que el italiano le hubiera concedido en el pasado, por eso se conformaba.

La traición era una de las pocas cosas que alarmaba de una manera demencial a Yamamoto y la idea de obtener su felicidad a costa de la de Haru -y del mismo hombre de ojos verdes- era algo que no se podía permitir cargar. Agradecía profundamente que Gokudera le permitiera acercarse.

- ¿Por qué, Hayato? - le preguntaba, permitiéndose la intimidad cuando el menor hacía la finta de marcharse con las formas en la mano. - Explícame cómo terminamos así - imploraba, paciente.

Hayato permanecía callado como si no valiera la pena hablar sobre el tema. Finalmente, cuando cruzaba el umbral de la puerta, sin aparente culpa ni pena, espetaba:

- Las cosas no son tan sencillas en el mundo real. No quieras tener una explicación para todo.

¿Mundo real?

¿Qué era el mundo real?

¿Cuál era su mundo real?

Gokudera recuerda las noches después de esos encuentros furtivos.

Abraza a Haru cuando llega, temblando, con la culpa carcomiéndolo. No por lo que no hizo pero tuvo oportunidad de hacer, sino porque eso que no cometió, -por poco correcto que fuera- era lo que deseaba. Haru le devuelve el abrazo en la memoria.

Y ahora sí hay besos, ósculos legítimos y roces completamente morales.

Gokudera piensa que Haru huele bien, que se siente bien, pero que nada ni nadie podría tenerlo tan cerca como lo tiene Yamamoto. Con el tiempo él ha aprendido a leerlo, a interpretarlo y ese conocimiento que el otro tiene de él, esa desnudez emocional le agrada. Siempre le ha gustado mantener esa máscara de rudeza bárbara frente a las personas, no obstante sentirse indefenso frente al Jefe y ahora frente a su compañero lo tiene bastante cómodo.

- ¿Recuerdas esa vez? - Takeshi se toca la cicatriz de la barbilla. - Cuando peleábamos contra Gamma en el bosque.

- Cuando ese maldito se nos atravesó.

- ¿Hibari-san?

- No menciones al desgraciado. Podría aparecer.

- Dejando a Hibari-san de lado ¿recuerdas lo que te dije en el bosque?

- ¿Qué? ¿Era alguna tontería sobre béisbol?

- No, por supuesto que no. Estoy seguro que lo recuerdas.

Silencio.

- Te quiero, Hayato.

Silencio.

- ¿No vas a contestar nada?

- ¿Qué quieres que te diga?

- Lo que sientes.

- No siento nada.

- ¿De verdad no sientes nada?

- No, son mariconadas.

- ¿Me dejarías abrazarte?

- No, insulso.

Gokudera agradece que igualmente lo hiciera. Lo más triste de todo es saber que nunca estaba presente la lucha o la resistencia que el cabeza hueca hubiera deseado. Quizás la frialdad del pálido hombre le doliera más que lo que hubiera dolido el rechazo.

El sexo con Miaru se hacía casi como un juego para Gokudera. No era mentira cuando hacían el amor, pues él no era buen mentiroso y con el tiempo había aprendido a quererla. Tenía la idea arraigada que con determinación todo se podía lograr. Pero si el amor de Haru era un juego -reglamentario sin embargo, voluntario-, entonces, pensaba con vergüenza franca, el amor de Yamamoto había sobrepasado ya los límites del juego y se había convertido en algo prescrito, obligatorio y necesario.

¿O era al revés?

El matrimonio, lleno de placeres sencillos se estaba convirtiendo la prisión y a la vez el desfogue de Gokudera. (¿Quizás había estado perdiendo la paciencia para el juego laberíntico que era el compromiso?).

- Te quiero. Eres el obstáculo más grande con el que me he encontrado.

- Pienso lo mismo - replicaba con una sonrisa a la morena.

- ¿Sobre qué?

- Sobre… ¿todo?

- ¿Me quieres?

- Sabes que sí.

- ¿Mucho?

- Mucho.

- Bah, Hayato - exclamaba Haru cansinamente y decepcionada - eres italiano, se supone que deberías decir con extrema dramatización: Sí, hasta la luna y las estrellas, ni las flores se comparan con tu belleza.

- Oh, por favor, ¿de verdad en tu pequeña cabeza de mujer llegas a concebir esa clase de cosas estúpidas?

- Claro. Y no son cosas estúpidas. Los sueños son sueños. Me da tristeza que en la realidad no te quites el orgullo para decirme que realmente me quieres.

- Si me quitara el orgullo…

Me quitaría las penas. Gokudera no responde y Haru lo mira y dice con la misma voz, un tanto represora:

- Lo sé, dejarías de ser tú. Ya has cambiado bastante desde que éramos adolescentes. Con tenerte aquí, así, me conformo - se estira y lo besa.

Le gustaría decir lo que ella quiere escuchar, pero prefiere sonreír a su esposa y guardar silencio antes que mentir abiertamente.

Si me quitara el orgullo, piensa Gokudera con seriedad.

Estaría con ese imbécil.


Say you've been with me this whole time. Dí que has estado todo este tiempo conmigo.

TBC


Gracias a Zelfa por el beteo. ;___; lkfklajdas. Go read her! Léanla, AHORA. Gracias por leer. D: Y a los que comentaron el capítulo pasado, LOL. Los amo. Casémonos.