Disclaimer: NADA de KHR! es mío.

Notas previas: asdas.


En Mitad de la nada.

Capítulo 3: Comunión.

Communion – Aesma Daeva.

Si Haru no se hubiera visto tan hermosa esa noche quizá se hubiera arrepentido.

Gokudera se coge el pecho y tose.

Si Haru no se hubiera visto tan bella esa noche quizá…

Quizá…

Quizá se hubiera fugado con el (robado al) décimo.

Y sonríe.

Gokudera llega al altar y se santigua como buen católico. Entonces la ve, hermosa, perfecta. Es el inmaculado retrato de la mujer que nunca tuvo durante su desarrollo (pues consideraba a Bianchi un estorbo) y piensa con probidad casi pueril que ésta es una de las decisiones más acertadas que ha tomado en su vida.

El décimo es padrino y aunque no sabe mucho de esto, ni comprende las tradiciones católico-apostólico-romanas, entiende que pronto tendrá que acostumbrarse y recibe estas influencias espirituales extranjeras de muy buena gana. De vez en cuando, junto a una despistada Kyouko, miran de reojo y con cierto asombro la figura que representa la crucifixión, no sin un poco de aversión.

En la iglesia no hay muchas personas, pero tampoco están las pocas que Gokudera hubiera querido.

Le da un escalofrío cuando ve a un Hibari oculto en una esquina y un dúo escandaloso (además de una tímida mujer) dispuestos a saltarse la ceremonia para ir directamente por la comida y el vino. Haru hubiera invitado a mitad de la escuela y a sus viejos compañeros de universidad, pero muy pocos estaban dispuestos a viajar hasta Italia y muchos menos encarar a los subnormales de la "famiglia" del novio.

Así que, estaban completos. Demasiado completos, se lamenta Gokudera.

"In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti."

Amén.

Y ahora, en su lecho de muerte se persigna de nuevo. El perdón es lo que hace al católico. ¿Sería descarado pedir perdón en estos momentos?

Durante la ceremonia no hubo contratiempos. ¿Por qué habría de haberlos? Haru y él se miraron a los ojos y se juraron fidelidad eterna. Se prometieron amor, pureza.

Se comprometieron a dar todo aquello que Gokudera no podía proporcionarle y sin embargo, convencido de ser otro hombre, ofreció a cambio de una entrega absoluta.

Y se besaron.

La recepción fue sencilla -a petición de los novios-, a cargo del Juudaime y Kyouko, por supuesto. Dino, magnánimo, como de costumbre, -e inconforme con la sobriedad de la velada- había convidado la ostentosa y particular cena (¡Cavallone, esto es un banquete romano!).

Haru se deshacía en agradecimientos complacientes a las descompuestas voces del Dr. Shamal y Bianchi (ebrios) y la de sus padres que parecían pavo-reales.

Gokudera, a pesar de su rostro de pocos amigos, no pudo evitar a un efusivo Dino que lo abrazó junto a una muy emocionada y constipada I-pin. Todo esto no acabó sino hasta que Hibari hizo su aparición (alejado, como de costumbre) y provocó que tanto el rubio italiano como la mujer china se miraran descontentos.

Sólo faltaba una molestia; el blanco muchacho lo buscó con la mirada. Hasta Spanner, aunque algo reticente, había aparecido y -con timidez- alcanzado a ofrecer su obsequio (Es más que un horno de microondas. Estos botones de aquí son para… ¡Exacto! ¿Cómo lo supieron?) . ¿Pero entonces…? ¿Dónde estaba él?

La pregunta se contestó por sí misma a mitad de la velada con el arribo de los Varia. Belphegor fue el primero en aproximarse, secundado por Fran, con una botella de vino (Costosísimo, de importación… ¡Qué oprobioso, para ser Capo Bastone de Vongola! ¿Qué te hace pensar que estaría envenenado?) en la mano.

- Tardaste mucho. Qué pena y desperdicio. Shishishi. Siempre pensé que te ibas por el otro lado.

- Jódete.

No entendía por qué, pero él estaba con ellos.

Squalo estaba con él, más exactamente. Y de verdad, no entendía bien por qué, pero no le gustaba.

- ¡Gokudera! - mas no tuvo mucho tiempo de meditarlo o ladrar sobre ello ya que el abrazo que Yamamoto le había brindado había sido sorpresivo, envolvente y cálido.

- Estúpido - murmuró el más joven- llegaste muy tarde. Pensé que no vendrías.

- ¿A tu boda? - risita. - Pero si tú mismo me lo pediste. ¿Cómo habría de negarme?

- Cállate.

La celebración se puso más majadera con la noche y los tragos, porque para cuando acordaba, Lambo estaba bailando sobre una mesa con Ryohei y Ken intentaba fallidamente hacer que Chrome se levantara de su silla.

Gokudera ya no soportaba el ruido, así que salió de la sala sin que -supuestamente- nadie lo notara, planeando fumarse uno bueno (uno Toscano, más precisamente). Se sentía medio estúpido llevándose a la boca una pieza de tabaco de tan exorbitante precio, ya que su costumbre eran los baratos.

Pero las circunstancias lo ameritaban.

Habían sido un obsequio.

Uno estúpidamente lujoso.

Y con la primera inhalada tuvo que admitir que también uno muy agradable.

Hasta que… escuchó eso.

- ¿Sabes, pedazo de mierda? Tú… - las palabras se hacían más difusas, más extrañas. Gokudera no logra recordarlas todas. O quizás no quiere recordarlas.

- ¿Eso piensas? - hubo una risa sardónica y mordacidad- Yo no necesito nada de esto.

- ¿Crees que alguna vez se percate de lo que siente tu marica corazón? ¿De lo que has convalecido por él estos años? No me llenes los oídos de esas ridiculeces, escoria.

- ¿Lo dices por ti? No hables de lo que no sabes. Él está consciente. Yo nunca le he ocultado lo que significa para mí.

- ¿No hizo nada para evitar esta mierda a pesar de ello?

- Las cosas son más complicadas de lo que crees.

La risa que Gokudera percibió después hizo que se le erizaran los vellos del brazo. - No me hagas reír más con esas imbecilidades. Las cosas nunca son complicadas. Los seres humanos las convierten en puterías innecesariamente complicadas. Justo ahora podríamos estar en otro antro de mierda, pero ¿sabes? Te gusta hacer esto más jodidamente difícil.

- No hables como si me conocieras.

- No es sobre yo conociéndote. Es sobre tú reconociendo que esta mierda de fidelidad hacia él no funciona. No funciona porque una puta decisión es una puta decisión y él ha tomado la suya.

Algunos minutos después de susurros (y probablemente acalorada discusión) Gokudera se agazapó contra la pared para dejar pasar a un hombre de cabello largo que le dirigió con sorna un: "Ah, pero si eres tú"

Gokudera se limitó a darle otra calada a su puro, inexpresivo.

- ¡Hey! - y sólo se dignó a tornar su cabeza cuando el cabezota japonés le llamó, intentando ocultar la herida con una semi-sonrisa.

- Ese imbécil de Superbia Squalo nunca me ha agradado.

Yamamoto rió, despreocupado.

- Ambos tienen muchas cosas en común. Quizás es por eso que no combinan.

Gokudera miró ceñudo al moreno.

- ¿Eso crees? No deberías compararme con tal deshecho de persona.

Y el espadachín arguyó, con una tranquilidad alegre:

- Pero claro que son parecidos. Ambos son muy fogosos.

- ¿Fogosidad? ¿Eso es todo? Entonces la descripción se adecuaría más a Sasagawa.

- No es lo mismo. - El beisbolista concluyó, con dictamen inquebrantable. - Además - un gesto pícaro se asomó entre las líneas faciales del hombre - Ambos guardan un respeto… no, una admiración casi obsesa por sus superiores...

- ¡Eso es irrelevante!

- Ambos usan lo peor de su vocabulario. Tienen una forma muy ruda de expresarse… y ese acento cuando hablan italiano. ¿De dónde es, Nápoles?

- Sicilia, bestia.

- Jajaja. ¡Estaba cerca! No he hablado aún del físico. El color de su cabello y su piel…

- ¿Cerca? - Gokudera lo cortó con hosquedad - Ni con una cosa… ni con la otra.

Después de un silencio que el menor apreció sobremanera, Yamamoto comenzó, con seriedad.

- Lo siento mucho.

El corazón le dio un vuelco.

- ¿Por…?

Takeshi lo miró con incredulidad.

- Por todo esto… no tenías por qué haberlo escuchado.

- Yo no tengo nada que ver.

Yamamoto permaneció silencioso ante la parquedad del otro hombre. Gokudera apagó el puro con tanta fuerza que se quemó un dedo. En esta clase de circunstancia encontraba tanta sinceridad grosera y a pesar de querer escuchar todo lo que su compañero tenía que… ¿confesar? se dirigió elusivo, hacia dentro.

- Espera.

El italiano se detuvo, con precisión infinitesimal.

- Sólo quería decirte que…

Gokudera ignoró la sensación de su estómago cuando lo miró y se tragó el nerviosismo cuando el otro se hizo más próximo. No alcanzó a verlo bien por la poca luz, pero pudo jurar que tenía la voz quebrada.

- Que seas feliz. Muy feliz.

Yamamoto tomó a su compañero de las manos con tanta fuerza esa vez, que Hayato recuerda haberlas tenido amoratadas. Apenas había decidido agradecerle, ya con las vísceras blandas, cuando un suspiro lo cortó:

- Squalo-san y yo comentábamos que…

No fue tan rápido, ahora que lo piensa. Pero debió haberlo sido para su desafortunado compañero, que remembra tristemente con expresión confusa.

Gokudera sacudió las manos, se dio la media vuelta y entró al salón.

Fuuta lo recibió con urgencia.

- Gokudera-san, Haru-chan te ha estado buscando y… - pausa - ¿sucede algo? Tus manos están temblando.

- Nada - el mayor resolvió con aspereza, deteniéndose a observarlas. - No pasa nada.

Gokudera está seguro que Fuuta nunca se tragó la mentira, pues a pesar de ser tan joven nunca podría haberlo tratado de ingenuo o estúpido. Sin embargo, piensa Gokudera, quizás el adolescente pudo inferir algo de la sombra de Yamamoto tras la puerta translúcida, que yacía inmóvil con las manos en el pecho.


Domine: et lux perpetua luceat eis. Dios: que la luz eterna los ilumine.

TBC


Las lyrics de esta canción de Aesma Daeva son parte de un Réquiem (del Roman Catholic Requiem Mass, lo cual no sé ni de juego cómo se traduzca). D: rulz por siempre. Es ghei como a veces las cosas se dan como lo deseas. LOL, Pero yo les deseo lo mejor. Gracias a Naru Nishihara (asdasd, mi primera, GRACIAS!), Chetzahime (sí, soy de Reborn!espfics :D Gr-gr-gracias), ZELFA (a la cual DEBEN leer, mil gracias por el review, sdasdj *sonrojo*) y Akira :D (LOL, Gracias, muy feliz de que te gusten *sob*). D: Uhm. Qué opinan de mi inexistente latín. LOL, diccionarios web. *Se pone a hacer tarea*.