-¡Despierten, despierten, despierten! – dijo Heath entusiasmada sacudiendo a sus cuatro amigas (Lizzie también se había quedado en el cuarto a dormir).
En otra ocasión las demás integrantes de la habitación hubieran mandado a Heath a un lugar poco agradable; pero esta vez, debido a los planes que tenían para ese día, esto no sucedió. Saltaron de las camas con tanto impulso que parecía que sus cuerpos estuvieran imantados.
Tenemos que apurarnos, sino no encontraremos nada en la feria. – dijo una exasperada Lily que corría por la habitación en ropa interior.
-Sí, sí, eso es muy cierto – comentó Lizzie peinándose su ya arreglado cabello.
-Dios mío, ¿qué hora es? – preguntó agitadamente Kim.
-Las 10:50, ¡No tenemos nada de tiempo! – exclamó Mary rociándose perfume por su largo cuello.
-Tenemos que apurarnos, chicas – dijo Heath apurando a sus mejores amigas.
Al llegar a Hogsmade, Bob Jeffries, el creador del proyecto, anunció que, para hacer que el evento fuese más divertido, habían acordado armar parejas mixtas y que solo así podrían ir a comprar los alumnos.
-Las parejas fueron armadas al azar, pero, para evitar problemas, estas son todas de una misma casa, es decir, por ejemplo, un miembro de Hufflepuff tiene como pareja a alguien de allí también. Las parejas están colgadas en el tablón de anuncios de Las tres escobas, allí miembros honorarios de la fundación les darán a las parejas una especie de pulsera con un número que no se las podrán sacar, porque sino no podrán comprar nada. Espero que disfruten y que puedan comprar muchas cosas. – terminó su "discurso" con una sonrisa radiante.
Todos los alumnos corrieron para ver con quién les había tocado.
-¡Mi Lily! ¡Sí, sí, sí! – gritaba James radiante.
-Oh, no. – exlamó Lily con resignación.
-¿A dónde quieres ir, pelirroja? – preguntó James.
-Primero, mi nombre no es Pelirroja, como ya te he dicho millones de veces. Y segundo, no sé todavía que quiero comprarme, así que me gustaría recorrer lugares.
-Tus deseos serán cumplidos, princesa. – dijo James con una sonrisa bobalicona.
-Sirius Black, Sirius Black con… - buscaba Sirius su nombre en la lista – Kimberly Spiller, jaja, lo sabía.
-Dios mío, no puede ser posible. – comentó Kim, teniendo ganas de abandonar el lugar.
En ese mismo momento Heather y Remus se dieron cuenta de que formaban parte de la misma pareja.
-Será divertido, ¿no te parece? – preguntó Remus tratando de romper el hielo.
-Sí, muy. – contestó Heth con mucha vergüenza pero a la vez contenta de que el chico que le gustaba fuera su compañero de compras.
-Parece que somos los únicos que estamos contentos por nuestras parejas.
-Eso no es cierto, a mí me tocó con LA mejor pareja que pueda existir. – dijo Lizzie fingiendo estar enojada, agarrada del brazo de Chace, quien había resultado ser designado el acompañante de su novia.
-¿Cómo estás, Chace? – preguntó Remus.
-Bien, ¿y tú Remus?
-Bien también, por suerte.
En ese mismo momento, Peter se marchaba junto a una chica menor que él, que a decir verdad, era muy similar al cuarto merodeador, su nombre era Penny Mullard.
Mary llegó corriendo, muy entusiasmada y le contó a Heath que le había tocado formar pareja junto a Kayne Lawson, un morocho de ojos verdes, con la piel un poco oscura, alto y un año mayor que ellos.
-Me alegro mucho por ti – dijo Heath con una sonrisa sincera dibujada en su cara.
James y Lily recorrían la feria; un silencio bastante incómodo se extendía entre ellos.
-¿Qué te gustaría ver, Lily? – preguntó James tratando de sonar maduro.
-Mmm, me gustaría ver algas túnicas de gala porque la que tengo ya me queda un poco chica. – dijo Lily que había notado que su acompañante se esforzaba por parecer maduro.
-Bueno, ¿que te parece probar allí?– preguntó James, señalando un lugar que tenía todo tipo de túnicas.
-Bueno. – dijo la chica de ojos verdes encaminándose hacia allí.
Tras más de una hora de probarse trajes, y de que James mirara embobado a Lily, pensando en cuanto le gustaba, ella salió del probador con un vestido que le quedaba realmente espectacular. Era un vestido con breteles muy finos, que tenía una caída muy favorecedora y que resaltaba las curvas; el color era el mismo que el de sus ojos.
-Y, ¿qué te parece? – preguntó nerviosa.
-James se había quedado sin habla.
-Te ves, te ves… increíble. – dijo James atontadamente.
Lily no pudo contener una sonrisa tímida.
-Voy a llevar este – le anunció Lily a la vendedora.
Salieron de allí cargando con la bolsa del lugar. Lily no sabía por qué, pero su manera de ver a James había cambiado durante ese rato que habían compartido; el chico incluso le inspiraba…¿ternura?
-Realmente te ves preciosa, alucinante en ese vestido. Hubiera sido un crimen que no lo llevaras. – dijo James.
-Ya, ya. – lo detuvo la aludida, que había tomado un tinte muuuy rojizo en su cara)
Ambos pararon de caminar; se encontraban en un lugar un poco lejano a donde se encontraba la feria, no había un alma y de lejos se veía Hogwarts.
De repente, James, guiado por sus impulsos, se inclinó lentamente hacia la cara de la pelirroja, y ella no lo paró; se sentía bastante atraída. Pero justo, cuando el momento que James había soñado durante los últimos seis años estaba a punto de suceder…
-James, James…¿a que no sabes qué? – preguntó Peter a los gritos, que venía corriendo como nunca lo había hecho, sin darse cuenta de qué estaba interrumpiendo. - ¡Penny Mullard piensa que soy bonito!
-Me alegro, Peter. – dijo James amargamente, conteniendo sus impulsos asesinos.
Definitivamente el momento había sido arruinado.
-¿Qué te parece este? – preguntó Sirius a Kim, exasperado, mostrándole un espejo con forma curva. Este debía ser el modelo número doscientos noventa que el moreno le mostraba.
-No, no, por dios, que gusto más horrible que tienes cuando se trata de espejos. – dijo la interesada en comprar uno.
Esto era el colmo, pensó Sirius.
-Lo siento, no todos tenemos un postgrado en Ciencias de los espejos – gritó Sirius cabreado, haciendo que varias mujeres que se encontraban en el puesto se voltearan a mirarlo, con curiosidad.
Kim no pudo contener la risa.
-¿Ciencias de los espejos? – preguntó ella con lágrimas de risa en los ojos.
Sirius se contagió de su risa.
-Voy a llevar este – anunció Kim agarrando un espejo con marco rosado.
-¡Pero si ese es el primero modelo que te mostré! – dijo Sirius, exasperado, no pudiendo creer lo que le decía.
-Ya lo sé – dijo Kim divertida – pero ahora sí me gusta.
Al salir de la tienda Sirius seguía con lo mismo.
-Las mujeres… siempre tan complicadas, en todo, cuando salimos, piden ensalada, demoran tres horas en estar prontas, lloran por todas las cosas, se ríen de todo el mundo, pero cuando se trata de ellas mismas, ¡que no se rían porque vuelan los techos!.... – Sirius seguía enumerando una lista de razones de porqué las mujeres eran tan complicadas, pero Kim no se quedaba atrás.
-Ah, porque justo tú me vienes a hablar de complicado. Los hombres no pueden dejar de mirar Quidditch, dicen siempre ese cuento siempre de que prefieren a las vírgenes porque son muy puras…¡tonterías!; prefieren vírgenes porque no tienen experiencia para compararlos con otros. Además, siempre se hacen los despreocupados, de que no les gusta nada femenino, pero…-
Sirius no aguantó, al ver como Kim se apasionaba tanto con defender a las mujeres, la calló con un beso apasionado, y Kim en esto tampoco se quedó atrás; al principio, no hizo nada, confundida, pero al darse cuenta de qué pasaba respondió también, deslizando su lengua dentro de la boca de Sirius. El perfume con gusto acaramelado de Kim se mezclaba perfectamente con el de Sirius, que olía a anís y tonos de madera. Los labios carnosos de ambos estaban cálidos, y combinaban mejor que ningún otro par de labios. Estuvieron así por varios minutos, pero al ver que varios niños de primero miraban risueños y curiosos la escena se apartaron, un poco acalorados a tomar algo a Las tres escobas, riéndose de la cara de los pequeños.
Heather y Remus no habían discutido, pero tampoco habían hablado mucho.
-¿Te molestaría acompañarme a ese puesto de libros? Es que estoy buscando uno sobre pociones desde hace mucho tiempo y me pareció ver que lo tenían. – preguntó Remus.
-No, no hay problema. – contestó Heather.
Se encaminaron hacia el lugar y allí Remus compró el libro que tanto buscaba.
Luego, se dirigieron hacia Las tres escobas y allí encargaron dos cervezas de manteca.
Durante el tiempo que esperaban a que Madame Rosmerta viniera con las bebidas, la pandilla de Barbies de Ravenclaw fue a atacar, como hacían siempre, a Heath:
-Miren quién está aquí: la turrita angelical de Gryffindor. No sé como un chico como Remus puede estar contigo… ah, cierto, los profesores armaron esto -dijo Kathy Stevens, la líder del grupo. Ella era rubia, alta y con ojos celestes; si bien era muy bonita, era hueca y muy malvada, especialmente con Heath, aunque ella nunca le hubiera hecho nada.
Las otras integrantes del grupo corearon con risas su comentario. Heath estaba rojísima.
-En mi opinión Heath es muy bonita y aunque no me hubieran asignado estar con ella hoy, yo personalmente la hubiera invitado, ella me parece una de las chicas más bonitas del colegio. Así que, ya puedes irte Kathy, si eso es lo que quieres. – dijo Remus en un tono de voz muy frío.
Kathy quedó con la voz entrecortada, ya que era la admiradora número uno de él.
-Bueno, yo, yo…ya…me…iba. –dijo Kathy confundida y con vergüenza. Sus amigas la siguieron hacia la calle.
-Gracias por haberme defendido, Remus. De verdad, no tendrías que haberlo hecho. – dijo Heath.
-Todo lo que dije es verdad, es cierto que me pareces una de las más lindas del colegio. – dijo Remus con los mofletes colorados.
-Gra, gracias. – dijo Heath no pudiendo creer lo que oía. – tú también eres muy lindo.
-Gracias a ti también – dijo Remus con una sonrisa en su cara y sus ojos brillantes.
Unas mesas más lejos, Mary conversaba animadamente con Kayne. Antes de comenzar ese día, le gustaba él por su apariencia, pero con el transcurso del día, se había enamorado de él por su inteligencia; Kayne era realmente divertido, inteligente y sabía como tratar a una chica; y eso combinado con que era extremadamente guapo, hacían el combo perfecto para Mary.
-Eres extremadamente guapa, tengo que decirte.- dijo él con una blanca y perfecta sonrisa en su cara.
-Muchas gracias, pero creo yo que tú eres más guapo.- dijo ella con ojos soñadores.
-No lo creo, tu belleza es imposible de superar.
-Mientes, si es que yo soy tan bella, te aseguro que tu me superas.
-No lo creo.
Él agarró su mano y la acarició, sin dejar de mirarla a los ojos.
-Tus manos son tan suaves como tu mirada; y te tengo que decir que tu mirada es una de las miradas más suaves que conozco.
-Muchas gracias por eso también.-dijo Mary y a modo de broma añadió: -pero deja de ser tan adulador o creeré que todo lo que me dices es armado.
-Es muy difícil dejar de decirte cosas bonitas. – se justificó él.
Y así, entre piropo y piropo los dos se fueron conociendo y enamorándose perdidamente el uno por el otro.
Con respecto a Lizzie y Chace; ellos no habían comprado nada, se habían pasado toda la tarde en el bosque, porque habían armado un picnic y luego se habían bañado en un lago que estaba en un claro del bosque. La habían pasado genial; sin duda este iba a ser parte de su larga listo de momentos que habían pasado juntos y contentos.
Esa misma noche, luego de llegar de Hogsmade, los merodeadores contaron todo lo que les había sucedido. Obviamente, las chicas hicieron lo mismo; y a la mañana siguiente, Lizzie dormía en un colchón en la habitación de las chicas.
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