N/A: Es corto y es basura, pero está escrito en mi computadora hace meses y siempre me prometía a mi misma que lo iba a editar y mejorar, cosa que nunca hice. Sé que si sigo posponiéndolo, nunca lo voy a terminar. Ahora mismo voy a intentar recuperar el ritmo y escribir uno o dos capítulos más. (Quizás incluso retome Ivy League, que quedó on hold por el momento) . No me odien por lo que están por leer, es todo lo que pude hacer.

Capítulo dos.

Instalando.

Harry siguió al rubio por unas escaleras llenas de polvo, cuestionándose seriamente cómo hacía Malfoy para soportar todo eso con lo quisquilloso que había sido toda su vida. Entraron a una habitación de puerta algo destartalada y Malfoy se arrojó sobre la cama, con la chaqueta de cuero deslizándose por sus costados y dejando ver mejor su perfecto y pálido abdomen, seguido de unos firmes pero no demasiado protuberantes pectorales.

- Bien, entonces, ¿Qué demonios haces aquí?- preguntó con su típica voz demandante.

- Podría preguntarte lo mismo a ti.- respondió Harry tranquilamente. No pensaba dejar que Malfoy lo intimidara.

- Vamos Potter, esto no es un juego.

- Nadie habló de un juego.

Malfoy frunció el entrecejo. Se lo veía más maduro; ciertamente había crecido en los meses que Harry no lo había visto, y no cabía duda que seguía igual de sexy que antes, incluso más.

- ¿Hace cuánto estas metido en esto?

- No demasiado- contestó Harry indiferente.

- ¿Y qué provocó que el niño dorado del ministerio abandonara su tan amado mundo?- ésta vez habló con claro sarcasmo en la voz.

- Tú dime Malfoy. Yo necesito el dinero, tú no.

- Vamos Potter, todos sabemos de tu cuenta llena de oro. Estuve allí, ¿Recuerdas?

Y Harry lo recordaba bien. Durante la guerra, él y Malfoy habían tenido que pasar demasiado tiempo juntos para su agrado, ya que Draco era el único maldito espía que se atrevía a arriesgarse tanto. En ese tiempo, Draco había llevado a la bóveda de Harry archivos e información del señor oscuro.

- Las cosas ya no son como antes, tú lo sabes mejor que nadie. Y en cuanto a esa bóveda, ya no existe, al menos no para mí.

Hizo una pausa y analizó el rostro de Malfoy, que ya no se veía tan demandante como antes.

- Tú, por el contrario, tienes una mansión que vale media Inglaterra, y la otra mitad la tienes en el banco, a mi no me mientas Malfoy. ¿Por qué estás aquí?

- Porque cualquier cosa es mejor que estar allí… con él.

Harry sintió la voz de Draco quebrarse levemente al pronunciar las últimas palabras, pero fingió no notarlo y continuó en su actitud desafiante.

- Bien, pero tú tienes títulos, hablas español y francés, además de inglés, sabes de arte y de historia, podrías trabajar de lo que quisieras. ¿Por qué esto?

- Porque es lo que más lo avergüenza.

- ¿A tu padre?, ¿Sabe que estás aquí?

- Por supuesto. Todos lo saben. El profeta publicó un muy detallado artículo revelando todo.

La mente de Harry divagó unos segundos, preguntándose como sería si El Profeta publicara algo así sobre él. Se estremeció de sólo pensarlo.

- ¿Y no te molesta que se sepa?

- ¿Por qué habría de importarme?- preguntó Malfoy, como si estuvieran hablando de un algo insignificante- Yo saco lo mejor de todo esto, me divierto, hago lo que mejor se hacer. No veo por qué debería molestarme lo que piense la comunidad mágica, sobretodo después de que desterraron al único idiota que se arriesgó por ellos.

Draco, ¿Draco? Sonrió encantadoramente, acercándose y Harry sintió sus mejillas arder levemente.

- Y bien Potter, ¿Cómo te trata la vida bohemia?

- En verdad no he hecho otra cosa que trabajar y dormir

- Muchos están hablando de ti, ¿Eres bueno?

- Tú dímelo a mí Malfoy, por algo estoy aquí.

Nuevamente Malfoy sonrió autosuficiente y, por un segundo, Harry creyó que iba a besarlo, pero se detuvo en seco y giró, dándole la espalda.

- Puedes instalarte por aquí.

- ¿Éste es tu cuarto?

- No tenemos cuartos Potter, cada quien vive como puede, y duerme con quien quiere.

- Parece que no viven tan mal.

- Claro que no. Ésta es la buena vida Potter, ya lo verás.

***