Hola! Bien, aqui está el segundo capitulo. Este fic lo escribi hace ya un tiempo asi que si ven algo que pueda mejorar, por favor diganmelo. Muchas gracias por sus comentarios! espero que les guste este capitulo.

Capitulo 2

Kagome cerró la puerta de la habitación silenciosamente y caminó de nuevo hasta donde se encontraba el resto. Kaede se encontraba sentada tomando algo de sake; cuando Kagome entró, ella simplemente levantó su rostro y le sonrió levemente. Shippo estaba intentando jugar con Kirara, ella tampoco había estado muy bien que digamos, el humor de Sango la afectaba bastante, pero Shippo seguía intentando… y finalmente Inuyasha, sentado de brazos cruzados y con la mirada perdida.

Kagome se sentó junto a él, esperando una discusión.

¿Cómo está? – Preguntó Inuyasha sin voltear a mirar a Kagome.

No esta enfadada…solo triste, eso es todo, espero que se mejore pronto…la extraño – suspiró Kagome – ¿estás enfadado? – preguntó Kagome todavía temerosa de una pelea.

Inuyasha no respondió, solo se quedó de nuevo mirando hacia el vacío, recordando el día de la muerte de Kikyou. Ahora, todo era tan diferente… aunque el miedo y el peligro se habían ido con la muerte de Naraku, habían sido sustituidos por un denso sentido de vacio como una neblina, que no te dejaba escapar de los recuerdos. Sango se adentró cada vez mas en esta neblina hasta ya no regresar. Ese día, Inuyasha había perdido dos amigos, parte de su familia…

¡Arghh! ¡¿Por qué no sale de una vez, que es lo que está pasando ahí adentro?! – se quejó Inuyasha enfadado, Sango llevaba más de una hora ahí adentro con Miroku y ¡Kagome no lo quería dejar entrar!

Tranquilizate, Ya vas a ver que todo sale bien Inuyasha – dijo Kagome intentando calmarlo aunque ni ella se creía lo que decía.

Si claro ¿y tu como sabes?, no se… es sólo que tengo un mal presentimiento –

Pero si… - Kagome empezó a decir pero escuchó el ruido de alguien saliendo de la pequeña cabaña.

Era Sango, su rostro bañado en lágrimas e incapaz de pronunciar una sola palabra, miró a sus amigos a los ojos esperando que las lágrimas pudieran hablar por ella. Inuyasha, confundido, paso por su lado para entrar a la cabaña.

No va a servir de nada que entres Inuyasha – le dijo Sango en un tono tan automático y apagado que no parecía su voz. – El ya…ya se fue…para siempre – dijo intentando suprimir un sollozo.

Inuyasha no lo podía creer, la noticia fue como mil flechas clavándose en su pecho, y él sólo se quedo parado, todavía mirando hacia la entrada de la cabaña. Kagome se llevó las 

manos a la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas, no podía ser verdad…todos se quedaron callados y solo se pudo escuchar el llanto de Shippo.

Como si saliera de un torbellino Inuyasha estaba de nuevo en el interior de la casa de la anciana Kaede, con Kagome a su lado. A juzgar por su expresión el adivinó que ella también lo estaba recordando.

Kagome se sentía abrumada con tantos recuerdos zumbando por su mente, Kikyou, Miroku, Sango, su familia al otro lado del pozo… ¿cuál era la decisión correcta? , ¿Qué era lo que debía hacer con la perla? Necesitaba aire, así que se paró y empezó a caminar hacia la salida.

¿Adonde vas? – preguntó Inuyasha silenciosamente.

A caminar… - respondió ella sin siquiera voltear a mirarlo.

Kagome siguió caminando y salió rápidamente, al sentir el aire fresco de la noche sintió que su corazón se alivianaba y su mente se aclaraba un poco. Inuyasha tomó una rápida decisión, se paró y siguió a Kagome fuera de la casa, no estaba a mucha distancia así que él solo siguió caminando lentamente detrás de ella.

Kagome caminó por unos minutos mas, fingiendo ignorar la presencia de Inuyasha.

Porque viniste detrás de mí – preguntó Kagome sin aminorar el paso.

No quiero que te pase nada…especialmente ahora – dijo Inuyasha en parte a regañadientes.

Kagome se sonrió – pero si ya no hay peligro, Naraku ya no está… -

De todas formas, no quiero arriesgarme – respondió Inuyasha.

Kagome paró para que Inuyasha la alcanzara, el sólo continuó caminando ahora con ella a su lado, se quedaron callados, solo caminando y escuchando las hojas y ramas secas crujir bajo sus pies y deseando al igual que Sango unas horas antes que nada de eso hubiera sucedido.

Ella deslizó su brazo suavemente bajo el de Inuyasha y el se estremeció un poco al sentir su mano normalmente cálida tan fría, llevaban un buen rato caminando y el aire se ponía cada vez más frío. Aunque dudó un poco al principio, Inuyasha se quitó el aori abruptamente y lo puso sobre los hombros de Kagome sonrojándose ligeramente.

Gracias – dijo Kagome sonriéndole y sonrojándose también, sentir la tela del aori de Inuyasha en sus manos de nuevo le traía tantos recuerdos…

Sin darse cuenta, llegaron al árbol sagrado, ese árbol que había sido testigo de tanto…tantos momentos importantes para ellos. Kagome se adelantó y posó su mano sobre la dura corteza del árbol y recordó la primera vez que vio a Inuyasha ahí mismo… de pronto sintió 

la mano de Inuyasha en su hombro y escalofríos recorrieron su cuerpo, era tan cálida… se volteó y metió la mano en su bolsillo sacando la perla de shikón, completa por fin. Después de la pelea con Naraku habían terminado de reunir todos los fragmentos incluyendo los de Kouga y Kohaku. Ahora la perla brillaba como nunca, lista para cumplir cualquier deseo que le pidieran.

Inuyasha…yo he pensado en lo que vamos hacer con la perla…- dijo Kagome – creo que deberíamos dársela a Sango –

¡Pero Kagome! - comenzó Inuyasha

Por favor Inuyasha, ella la necesita más que nosotros… -

Hacía unos días Inuyasha y Kagome habían decidido pedirle a la perla que el pozo de huesos siguiera abierto para que pudieran seguir pasando por las dos épocas, pero Kagome, al ver el creciente dolor de su amiga decidió que sería mejor dársela, pero no podía hacerlo sin antes decirle a Inuyasha.

¡Así podrá traer de vuelta a Miroku! – empezó animadamente – pero eso significaría que… - Kagome dijo casi en un susurro

Que no te volvería a ver…-dijo Inuyasha mirando hacia el suelo.

Es por eso…Inuyasha que yo quería…yo quería – ¡esto si que es difícil! – preguntarte si tu…te irías a mi época…con-conmigo - terminó Kagome sonrojándose violentamente.

Inuyasha levantó su rostro sorprendido, ¿¡que?! ¿Era real lo que acababa de oír? ¿De verdad ella le había dicho esto? ¿No era solo otro de sus sueños? Se puso tan rojo que podía imitar perfectamente el color de su aori.

Yo este…yo…- empezó, ¡no sabia ni como decirlo!

Lo sabía ¡Lo sabia! Va a decir que no ¡¿como pude ser tan tonta?! ¡Baka, baka, baka! - pensaba Kagome mientras esperaba su respuesta.

Pues… ¡¿como lo digo, como lo digo?! - - ehh…si – dijo Inuyasha riéndose nerviosamente.

¿Si? ¿Había dicho que si? ¡Si! – Kagome lanzó un suspiro de alivio y se abalanzó con el propósito de abrazar a Inuyasha.

Cuando Inuyasha se dio cuenta de que Kagome se acercaba hacia el, mil recuerdos empezaron a llenar su mente como un remolino que lo llevaba de aquí para allá desde los últimos meses que había pasado con Kagome hasta el momento en que la conoció, y en un fragmento de segundo lo decidió, ¡era ahora a nunca!



Inuyasha se agachó levemente, tomo a Kagome de la cintura y la alzó de modo que sus rostros quedaban a la misma altura.

¡Es ahora o nunca! – pensó Inuyasha.

Kagome solo había ido hacía Inuyasha para abrazarlo y lo siguiente que supo era que sentía como en un segundo el la alzaba y de repente, pasó; sintió sus propios labios contra los de el, ¡No podía moverse por la impresión!, pero poco a poco fue calmándose y la tensión en su cuerpo desapareció y todo lo malo había quedado en el pasado, solo eran ellos dos, solos en el mundo…dejó de sentir frío y sólo deseó que ese beso nunca terminara…por que él lo hacía todo perfecto, se llevaba su sufrimiento a un lugar lejano donde no la encontrarían aunque fuera por un minuto…Inuyasha

¡Lo había hecho! De verdad lo había hecho, sintió sus suaves labios contra los suyos, y sintió la tensión en la espalda de Kagome, temió que lo rechazara pero no lo hizo, después de un momento sintió como ella le correspondía, él se agachó un poco más para que ella pudiera pararse pero al parecer ella ni siquiera se enteró, y así, la abrazó más fuerte, nunca la dejaría ir, la protegería con su vida…Kagome

Después de un momento se separaron, había parecido eterno pero a la vez muy poco. Kagome solo se quedó mirándolo ahogándose cada vez más en sus ojos color ámbar debía regresar a la realidad, ¡pero no quería!

Cuando volvió en si, Inuyasha sintió la felicidad llenarlo de nuevo, como no lo había hecho en mucho tiempo, ¡Ella le estaba sonriendo! Era la sonrisa más hermosa de todo el universo, y era sólo para el…

Kagome se ruborizó una vez más, se sentía más viva que nunca.

Eh…yo creo que…deberíamos regresar ya nos demoramos mucho tiempo – dijo Kagome sin poder dejar de sonreír.

¿Eh? ¡Ah! Si – respondió Inuyasha saliendo de su embeleso.

Empezaron a caminar de nuevo, Kagome del brazo de Inuyasha…había sido perfecto, después de un tiempo llegaron de nuevo a la casa de la anciana Kaede, todavía había luz saliendo de ella, entraron y se sentaron un poco incómodos bajo la severa mirada de la sacerdotisa. Shippo y Kirara yacían profundamente dormidos al otro lado de la habitación.

¿Y a ustedes que los trae tan sonrojados? – inquirió la anciana.

¡Feh! ¿Y eso que te importa anciana? –

¡No seas atrevido Inuyasha! ¡Respeta a tus mayores! – dijo Kaede sintiéndose ofendida.

Es verdad Inuyasha nos tenían preocupados… - dijo Shippo bostezando, los gritos de la pelea lo habían despertado.

Ay ¡Tu cállate niño! –

¡¿Por qué tienes que ser tan malo?! ¡Yo solo preguntaba!

Kagome se rió, así fuera por unos minutos, todo había vuelto a la normalidad.

¿Y tú que tienes? – pregunto Inuyasha al ver a Kagome riéndose.

No es nada – dijo Kagome bostezando también – me voy a dormir, hasta mañana todos –

Kagome caminó fuera de la habitación sintiéndose observada pero con una sonrisa de oreja a oreja todavía plantada en su rostro, sintió como algo peludo rozaba sus piernas y miró hacia abajo.

¿Kirara? – Kirara solo maulló mirando a Kagome con sus grandes ojos escarlata. - ¿Quieres ir con Sango no es así pequeña? Ven conmigo –

Kagome cargó a la pequeña Kirara en sus brazos y entró a la habitación que compartía con Sango, dejó a Kirara en el suelo quien fue a recostarse junto a su dueña, Kagome se acercó a Sango y vio que estaba profundamente dormida, notó también las marcas de lágrimas en sus mejillas y toda la tristeza que había dejado atrás volvió atropellándola.

Se lo diré mañana – pensó Kagome mientras que se recostaba.

Poco a poco, el cansancio del día de apoderó de su cuerpo y ella se fue sumergiendo en el sueño, algo le decía que todo iba a estar mejor…