Siento haber subido esto tan tarde, sin embargo junto a este capítulo subo todo el resto de la historia (7 capítulos en total) Espero que les guste! Por favor comenten si es así y también si tienen alguna sugerencia :).

Capítulo 3

Estaba de nuevo ahí, entre esa espesa neblina donde no podía ver nada. Ya se estaba cansando, ¡quería salir de una vez! Y de repente sintió una mano en su hombro. Se volteó rápidamente y no podía creer sus ojos, ¡Era el! ¡Era Miroku!...

¡Houshi-sama! ¿Que hace aquí? – dijo Sango un poco aturdida todavía.

Ay vamos Sango ¿no habíamos acordado que ya no me llamarías así? – le respondió Miroku en su característico tono coqueto.

Sango se ruborizó – Eh… si lo siento…Miroku – decir su nombre de alguna manera la hizo sentir mejor.

Miroku sonrió, complacido. Sango ya extrañaba su sonrisa… y le hacía feliz verla de nuevo. Pero de repente su semblante se obscureció y parecía enfermo de nuevo… - lo siento Sango… tengo que irme… - dijo Miroku mientras que se desvanecía poco a poco entre la neblina.

¡No! ¡Espera! ¡No te puedes ir de nuevo! ¡No me dejes sola! ¡POR FAVOR! ¡MIROKU! –

Lo siento… - pero sonó tan distante y apagado que Sango ya no supo de donde venía ni si lo volvería a ver alguna vez…

Solo se quedó ahí parada de nuevo en medio de la espesa neblina con las lágrimas intentando brotar de nuevo, amenazando con aguar sus ojos…Miroku

Sango abrió los ojos de repente recordando su sueño, se tocó la cara, tenía las mejillas mojadas… ¿Había estado llorando? Dio media vuelta en su cama, Kagome estaba ahí mirándola fijamente y sonriendo. Sango intento devolverle la sonrisa aunque sin mucho éxito, Se sentó y vio a Kirara a su lado, todavía durmiendo profundamente.

Buenos días dormilona – dijo Kagome riéndose.

Hmmm… si…buenos días – respondió Sango tratando de parecer más animada.

Ven, párate, necesito que me acompañes –

¿Acompañarte? ¿A dónde vas? -

Creo que…hoy si visitare la tumba de Miroku… ¿vendrás? –

¿De nuevo a la tumba?…no se si sea muy buena idea… - pensó Sango recordando su sueño.

Por favor, te lo ruego…no lo podría hacer sola - le rogó Kagome; ¡Tenía que convencerla!

E-esta bien…adelántate, yo ya voy – Kagome la miró confundida por un momento, pero no pregunto nada más y Salió.

Bueno, ¡vamos Sango! Tú puedes, ¡hazlo por Kagome! – pensó Sango mientras se iba parando y recogiendo sus cosas.

Era una mañana hermosa, como todas lo habían sido desde hacía unas semanas, Sango se acomodó el Hiraikotsu en su espalda.

¿Para que sigues cargando esa cosa tan pesada? – dijo una voz conocida desde la puerta.

Sango se volvió rápidamente.

La guerra ya se acabo… - dijo Inuyasha, tenía una expresión mas feliz que de costumbre. ¿Habría pasado algo?

Si, lo se pero los demonios no se han extinguido – dijo Sango caminando hacia Inuyasha – y después de todo, todavía soy una exterminadora ¿no es así? - terminó pasando por el lado de Inuyasha y hasta Kagome quien estaba parada a unos cuantos metros de la puerta, no muy lejos.

Inuyasha se quedó viéndolas alejarse por entre los árboles y cuando desaparecieron completamente de su vista, empezó a caminar por su lado, era un buen día para un paseo después de todo.

Tal vez sea buena idea pasar por la tumba…se lo debo - pensó Inuyasha mientras se adentraba también en el bosque.

Sango y Kagome se fueron alejando poco a poco de la casa y de Inuyasha, quien todavía tenía su mirada fija en ellas.

Ay… desearía que Inuyasha dejara de mirarnos tan atento, me empieza a arder la nuca… - dijo Kagome poniendo su mano en su nuca mientras continuaba caminando.

Si…pero dime algo Kagome – empezó Sango - ¿Paso algo entre ustedes de lo que no sepa?

Con esto Kagome empezó a recordar la noche pasada, la sangre corriendo rápidamente hasta sus mejillas.

Eh…yo… ¿Nosotros? Este… ¿quieres decir Inuyasha y yo? – Balbuceó Kagome riendo nerviosamente.

¡Aja! Así que si paso algo –

Eh… - la risa nerviosa incrementando cada vez mas – pues…si pues…tu sabes –

Sango levantó una ceja – si lo supiera no te lo estaría preguntando ¿o si? –

- mm… supongo…bueno pues si pero no fue nada de verdad – terminó Kagome intentando evadir el tema - ¡Nada! ¡Si claro! Vamos Kagome ¡esto no se lo cree ni Houjo! - pensó, pero no quería recordarle a Sango este tipo de cosas…-

Tranquila, si no me quieres contar, no tienes que hacerlo - le dijo Sango medio sonriendo, ¡esos dos! Nunca cambiarían.

¡No! ¡Te equivocas! No es eso Sango…es que es algo embarazoso de contar – se justificó Kagome.

¿Entonces? ¿Te dio un beeeesooo? – dijo Sango en tono juguetón, le hacía reír ver a su amiga en esta situación.

Kagome se puso tan roja que ya pensó que no valía la pena seguir evadiendo el tema – Este… pues si, más o menos – contestó con la cabeza gacha por la pena.

¡¿De verdad?! pues te felicito – dijo Sango riendo.

¡Esta riendo! – pensó Kagome – ya era tiempo que no la veía así… -

Sango se percató de la mirada de satisfacción en la cara de su amiga y también se ruborizó

¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Tengo algo? –

No, no es nada, es solo que no te veía reír así hace un tiempo - le respondió sonriéndole a su amiga.

El silencio reino el resto del camino, que ya no era mucho ya que la conversación lo había hecho pasar rápidamente. Pasaban de nuevo junto al cerezo que pronto empezaría a florecer, y se acercaban a la tumba de piedra.

Bueno, este parece ser un buen lugar – se dijo Inuyasha mirando las ramas de un gran árbol, había decidido tomar una siesta y este árbol cumplía todos los requisitos.

Se trepó con facilidad y se acomodó en una gran rama, el sol brillaba y el cielo era tan azul que al mirarlo con detenimiento sentías sumergirte en el.

Me pregunto en que andarán esas dos… - pensó Inuyasha, Kagome no le había dado detalles y ahora sentía curiosidad de que estarían haciendo. – espero que esto funcione, ya no aguanto ver a Sango tan deprimida, ¡es desesperante! Además deprime a todo el resto.

Pero no la puedes culpar – sintió una voz en su cabeza –

Es cierto… - se contestó Inuyasha y empezó a recordar otra vez…

Inu…yasha, escúchame…por favor – empezó Miroku, estaba muy herido por la batalla y sabía que, gracias al veneno su fin estaba próximo.

¿Que quieres? – preguntó Inuyasha desde la esquina de la habitación en su habitual tono altanero.

Inuyasha, yo no durare mucho más aquí, y lo sabes – agregó Miroku cuando vio que Inuyasha quería refutarlo – quiero que me prometas algo… -

¡Deja de decir idioteces Miroku! ¡No vas a morir! –

Déjame hablar…por favor. – empezó de nuevo – quiero que cuides de Sango por mi…por favor, es que yo…yo le prometí que cuando todo esto terminara – le costaba decirlo e Inuyasha lo notaba – yo me casaría con ella –

Inuyasha solo calló y siguió escuchando…

Lo se… - a Miroku le dolía hasta recordarlo – pero no podré cumplirlo… aunque sea lo que mas quiero en este mundo...yo…yo moriré pronto y no podré, ¡es por eso que necesito que me prometas que cuidarás de ella! Por favor… -

Esta bien, ¡pero vas a ver que te sentirás como un tonto cuando te mejores! – le respondió Inuyasha.

Miroku se rió amargamente.

Inuyasha sintió una suave brisa en su rostro y estaba de nuevo recostado en la rama del árbol. Miroku… ¡como le extrañaba! Aunque no le gustara admitirlo.

Lo siento Miroku…pero ni siquiera fui capaz de cumplirte eso…solo la he herido mas con todo lo que le digo…soy un idiota - pensó Inuyasha todavía mirando el profundo cielo azul.

Inuyasha se bajó de un salto, lo mínimo que podía hacer era ir a visitarlo.

Kagome se agachó y dejó las flores que había llevado junto a los crisantemos de Sango. Las dos se sentaron junto a la lápida, cada una inmersa en sus propios recuerdos y pensamientos. Kagome movió su mano lentamente, la metió en su bolsillo y sacó la perla. La contempló por un momento y luego se dirigió a Sango.

Sango…yo, digo nosotros – Sango volteó a mirar a su amiga y luego notó la perla posada en su mano – queremos que tengas el deseo –

¡¿Cómo?! No, Kagome no podría. Ustedes lo van a usar para mantener el pozo abierto ¿No es así?-

Pero Sango por favor, acéptala. Tú lo necesitas más que nosotros – Kagome sonrió – además Inuyasha dijo que se iría conmigo a mi época – terminó sonrojándose ligeramente.

Pero entonces… ¿no los volveré a ver? – preguntó Sango, el dolor de nuevo se notaba en su voz –

¡Era verdad! Kagome no lo había pensado, ¿Cómo podía ser tan descuidada? Irse significaba que Inuyasha seguiría con ella pero ¡nunca volvería a ver a Sango!

Eso creo…pero podrás estar con Miroku si lo deseas – Kagome tomó las manos de Sango, puso la perla entre ellas y las cerró con las suyas – por favor, piénsalo.

¡NO! – protestó Sango intentando devolver la perla - ¿Y si no funciona? ¡No podría soportar perderlos a ustedes también! –

Nosotros nos iremos en poco tiempo para que puedas pedir el deseo - le respondió Kagome rehusándose a recibir la perla y parándose. – Adiós Miroku - pensó Kagome dirigiéndose a la tumba.

¡Pero Kagome! –

Solo piénsalo… -

Sango vio a Kagome alejándose. Abrió sus manos y se quedó mirando la perla que brillaba entre ellas. ¿Qué debía hacer?...

¡Ya se! – se dijo a si misma Sango – No me importa que se enfaden y no me vuelvan a hablar, pero no puedo hacer lo que Kagome me pide… ¡pediré que el pozo se mantenga abierto! – pensó Sango, aunque estaba decidida todavía dudaba un poco.

La perla empezó a resplandecer con el sólo pensamiento de Sango…