Capitulo 4
Kagome se fue alejando poco a poco de Sango. Era la mejor decisión… ¿o no? El sol ya se estaba poniendo, pero no se preocupó, ya conocía este bosque como la palma de su mano. De repente sintió un resplandor a su espalda. ¿El resplandor de la perla? Kagome a dispuso a volver cuando sintió un ruido a su espalda.
¿Qué pasa? ¿Qué es esa luz? – preguntó Inuyasha
¡Inuyasha! No se, ya le dije pero ella protesto con que no nos volvería a ver y ¡Ay! ¡No le debí haber dejado la perla! –
¡¿Se la dejaste?! –
Se miraron, pensando lo mismo-
¡Ay no! ¡¿Qué habrá pedido?! – dijeron al mismo tiempo.
¡¿Cómo se la fuiste a dejar Kagome?! -
¡Ay no se, no se! Mejor vamos ¡apúrate! – dijo Kagome mientras empezaba a correr hacia donde había dejado a Sango.
Los dos corrieron rápidamente hasta la tumba, el resplandor se iba haciendo cada vez mas brillante, y de pronto, de la nada, paró. Parpadearon varias veces, no se habían acostumbrado a la luz del atardecer. Y cuando pudieron, vieron a Sango, arrodillada junto a la tumba todavía mirando la perla que permanecía entre sus manos.
No fui capaz….lo siento…Soy una egoísta Inuyasha lo siento –
¿A que te refieres Sango? ¿Qué paso? – pregunto Kagome preocupada –
Lo siento Kagome…yo quería…quería pedir que el pozo siguiera abierto pero yo…no pude, soy una egoísta –
Sango de verdad lo había intentado, pero los recuerdos de Miroku no la habían dejado seguir, ¡ellos debían aprovechar que estaban vivos! ¡Y ella debía dejar ir y seguir con su vida como todos los demás que habían perdido a un ser querido! Pero al intentar pedirlo sólo pudo pensar en que Miroku hubiera vuelto y simplemente no pudo…
¡¿Qué?! Pero Sango, ¡No seas tonta! Nosotros mismos lo decidimos, ¡acéptala! -
Es verdad Sango, además no digas esas cosas, tú eres la persona menos egoísta que conozco. ¡Piensa en ti por una vez! – insistió Kagome – Por favor…. –
Sango no sabía que hacer… ¡todo era tan confuso!
Eso no es verdad… ¡no soy tan buena como dices! Todo este tiempo ustedes han estado tan preocupados por mi…queriendo ayudarme y yo lo único que hago es gritarles y… deprimirme mas…tengo que continuar con mi vida…por que, por que el ya… ya – A Sango le dolía aceptar todo esto le dolía revivir una y otra vez los dolorosos recuerdos pero ya era tiempo de continuar… - no va a volver igual que Kohaku.
Estas últimas palabras salieron prácticamente como un suspiro. E incluso aunque Sango había aceptado todo esto, todavía no era capaz de mirar a sus amigos a la cara, solo seguía mirando sus manos, cargando la perla.
Sango escúchame – dijo Kagome tan seriamente que causó que su amiga levantara su rostro en sorpresa para encontrarla arrodillada a su lado – yo se que todo esto ha sido muy doloroso para ti, también lo ha sido para nosotros y en otras circunstancias te diría que lo dejaras ir, que continuaras con tu vida pero mira… ¡tienes la oportunidad de cambiar todo eso!... de ser feliz de nuevo – Kagome la miró a los ojos y Sango vio tanta determinación en la mirada de su amiga que supo lo que debía hacer – hazlo. –
Si no es por ti, entonces por nosotros – dijo Inuyasha desde detrás de ellas recostado en un árbol –
Si, lo haré – contesto Sango todavía un poco vacilante.
Kagome tomó las manos de Sango y las cerró de nuevo alrededor de la perla.
Pero recuerda que tienes que esperar a que nos vayamos ¿si? – continuó Kagome ya sonriéndole más tranquila.
Juntas, se pararon y empezaron a volver por el camino de tierra hacia la casa.
Inuyasha… ¿no vienes? –
No…yo, me quedo un rato –
Inuyasha…todo este tiempo tan concentrados en Sango que no había pensado en eso…como se sentía el – pensó Kagome lamentándose - mm…si, nos vemos mas tarde –
Inuyasha las vio alejarse por segunda vez en ese día y se volteó para mirar la tumba de su amigo. Se sentó a unos metros y se quedó mirando la tumba.
No se como pudiste pedirme eso Miroku… cuidar de ella ¡Feh! ¡Si casi no me las arreglo con Kagome! Sin embargo, pronto volverás y…no te vamos a ver – Inuyasha cerró sus ojos y de repente sintió como si Miroku estuviera ahí, como siempre cuestionando sus "hazañas" amorosas con la señorita Kagome.
Mhm… que tonto, yo aquí hablando solo, sabiendo que de todas formas no me escucharías… - pensó Inuyasha pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un sonido extraño encima de su cabeza…
C-c-¡crack! Una rama completa cayó en la cabeza de Inuyasha aplastando sus orejas de paso.
¡Auuu! ¡Oye eso dolió! Estúpido árbol podrido… - cerró los ojos de nuevo sobándose la cabeza y al cerrarlos sintió ahí a Miroku de nuevo, como entre sus recuerdos…y pareció como si le preguntara algo, pero Inuyasha no podía escucharlo… ya nunca lo volvería a escuchar. - ¿Sabes? Y creo que te gustará escuchar esto – dijo Inuyasha riendo amargamente – Me iré a vivir a la época de Kagome… tal vez no sea tan malo, tienen buena comida. – Inuyasha se volvió a acomodar contra el árbol - ¿tu que piensas?
¡Arghh! Otra vez preguntándole cosas al aire, no seas idiota… - se dijo Inuyasha.
Se quedó callado por un largo tiempo, sólo observando las estrellas que aparecían poco a poco salpicando el oscuro cielo. Sin querer, poco a poco se fue quedando dormido.
De repente ya no estaba en el bosque… estaba en el interior de la casa de la anciana Kaede, sentado frente a la fogata y a su lado…
¡¿Otra vez tú, que no me vas a dejar tranquilo?! –
Hola Inuyasha, ¡hace tiempo no hablábamos! – respondió Miroku riendo animadamente.
¡Feh! ¡Ya me tienes cansado! ¿No puedo cerrar los ojos sin que aparezcas? –
Lo siento, pero eso no es mi culpa –
¿Y entonces? –
Eres tu el que me quiere ver – dijo Miroku sonriendo.
¡Keh! Si claro…no te hagas ilusiones monje –
¿Y de que querías hablar? –
Y - ¿Yo? –
Noo…Kirara, pues claro que tu o sino para que estaría yo aquí –
Inuyasha se sonrojó un poco recordando lo que acababa de contarle en la tumba. Miroku se agachó ligeramente para examinar el rostro de su amigo.
¡Aja! Entonces tiene que ver con la señorita Kagome – afirmo Miroku satisfecho.
¿Eh? ¿Q-Que te hace pensar eso? –
En ese mismo momento Kagome entró por la puerta de la casa viéndose bastante confundida.
¿Qué hago aquí?, se supone que estaba en la habitación con Sango… ¿Será un sueño?-
¡Buenas noches señorita Kagome! – le dio la bienvenida Miroku
¡¿Eh?! ¡¿M-m-monje miroku?! P-pero c-como yo…ustedes… ¿Inuyasha? – Terminó Kagome buscando una explicación lógica de porque su amigo muerto estaba sentado ahí frente a ella hablándole como si nada.
A mi no me mires, el solo apareció ahí, yo no tengo nada que ver – respondió Inuyasha poniendo sus manos detrás de su cabeza y acomodándose.
El rostro del monje cambió para expresar una profunda preocupación, como si acabara de recordar algo…
Bueno…fue un placer, pero me tengo que ir amigos – comenzó Miroku parándose.
¡¿Otra vez?! ¡¿Que clase de juego es este?! –
Pero...Miroku y-¿y Sango? -
Yo ya hable con ella…pero ahora me temo que no tengo tiempo para explicaciones…ah! Y Inuyasha gracias por cumplir tu promesa…lo hiciste bien – Terminó Miroku desapareciendo a través de la puerta.
¡Espera! – Inuyasha corrió detrás de el pero cuando salió por la puerta todo parecía desaparecer y empezó a caer, caer, de repente abrió los ojos, estaba de nuevo en el bosque, recostado contra el árbol.
Kagome se sentó de repente, estaba en su cama junto a Sango. Su rostro lleno de sudor, Inuyasha y Miroku habían desaparecido tan pronto como habían llegado a interrumpir su sueño lleno de ecuaciones y libros de colegio. Menos mal solo había sido un sueño...se recostó de nuevo y unos poco minutos después estaba dormida profundamente.
Inuyasha se paró, ya era tiempo de volver y quien sabe cuanto había dormido, la noche se estaba poniendo fría. Empezó a caminar hacia la casa, ¿Qué sería ese sueño?, No tenia ningún sentido… ¿Miroku seguiría persiguiéndolo?, No, ¡no te pongas paranoico! fue solo un sueño…¿cierto?
