Capitulo 5
Llegó la mañana del día en que Kagome e Inuyasha se irían, lo que quedaba de la semana habían hecho algunos preparativos y habían estado explicando a Sango cuando sería prudente usar el deseo de la perla.
Pero esa mañana no era como las otras, había amanecido el cielo gris y las nubes amenazando con la lluvia. Solo logrando crear cada vez más expectativa hacia la despedida que se acercaba.
- Kagome… - llamó una joven sentada junto a la ventana con una pequeña gata en su regazo.
¿Si? ¿Qué pasa Sango? – respondió Kagome enderezándose de encima de su maleta.
Es que… ¿sabes? – pequeñas gotas empezaron a golpear contra las hojas de los árboles – te voy a extrañar mucho…eres mi mejor amiga – terminó bajando la cabeza.
Sango… - pensó Kagome con una triste sonrisa en su rostro, se paró y abrazó a su amiga – yo siempre voy a estar contigo… así sea de corazón…y mientras no me olvides pues, mucho mas ¿lo prometes? –
¿Qué cosa? – preguntó Sango mientras Kagome se separaba de ella.
Pues que nunca nos olvidaras –
No seas tonta, ¡nunca podría! – respondió Sango, esta vez sonriente.
Bueno, pero cuando vuelva Miroku, tienes que darle un saludo de nuestra parte – dijo Kagome guiñándole un ojo a su amiga.
Kagome… ¿de verdad crees que funcione? – la preocupación se notaba en su rostro.
¡Claro que si! Ya verás que el poder de la perla no es cualquiera – le respondió volviendo a su maleta – además van a tener que cuidar juntos del pequeño Shippo, ha estado muy triste… -
Durante las últimas semanas después de recibir la noticia, Shippo no había hecho sino llorar, por lo menos al principio… después se volvió callado y casi no hablaba, solo lo necesario, ya ni siquiera peleaba con Inuyasha.
Si…pobrecito, pero no puedes culparlo –
Claro, pero – la frase fue interrumpida por la súbita entrada de Inuyasha a la habitación.
En los pocos minutos desde que había comenzado a llover se desató una fuerte lluvia e Inuyasha había vuelto mojado de pies a cabeza con su largo cabello plateado goteando y empapando el piso de la casa.
Urghh… ¡odio la lluvia! – Inuyasha se sacudió fuertemente para secarse dejando a Kagome y Sango mas mojadas que el.
¡¡Inuyasha!! – gritaron al mismo tiempo.
Ohoh…ejeje lo… ¿siento? –
¡Argh! Inuyasha…. ¡ABAJO! –
La fuerza del encantamiento llevó a Inuyasha de "jeta contra el planeta" y directo al piso de madera de la casa.
¡Kagome! ¡Si ya me había disculpado, no tenías que hacer eso! –
¡Pues tú no debiste llegar a secarte adentro como un perro callejero! –
¡Oye! ¡¿A quien llamas perro callejero?! –
Pues ¡¿a quien sera?! Si… -
Kagome fue interrumpida por la risa de alguien a su espalda. Sango se reía a todo pulmón, algo no muy común y aunque estuviera tan mojada como sus dos amigos, en lo único que pensaba era como extrañaría eso…y como le gustaría que Miroku estuviera ahí…
¿Eh? ¿Y a ti que te causa tanta gracia?
Es solo que – comenzó Sango suprimiendo la risa – de verdad extrañaré esto cuando se vayan – Sango les sonrió y se paró para ir a secarse a la habitación, dejando a sus amigos mojados y confundidos.
Hablando de eso…Kagome, creo que tendremos que esperar un poco, esta lloviendo demasiado y caminar por el bosque con este clima no sería muy bueno y no me voy a ir bajo una de esas cosas que traes para supuestamente para parar la lluvia, son muy pequeñas y no sirven de nada –
Kagome se asomó por la ventana – si…es verdad, bueno creo que un día mas no hará mucho daño – terminó con un suspiro, se volteó y miró a Inuyasha, aunque estuviera tan mojado, seguía quitándole la respiración a Kagome, ella solo le sonrió. Inuyasha se sonrojó levemente y se acercó un poco a Kagome, la abrazó todavía un poco incomodo, apenas se acostumbraban a eso. Y le dio un pequeño beso en la frente.
Y eso… ¿Por qué? – preguntó Kagome riendo un poco apenada y recostando su cabeza en el pecho de Inuyasha.
Por que quiero, puedo y no me da miedo – contestó Inuyasha riendo también.
Kagome sintió como la risa de Inuyasha en su mejilla le hacía cosquillas…era el mejor sentimiento del mundo. Inuyasha sintió la pequeña cintura de Kagome entre sus brazos, y solo se le ocurrió apretarla más fuerte, la protegería con su vida…
Sango entró a la habitación, se secó un poco y secó a la pequeña Kirara quien había quedado bastante molesta con la repentina interrupción a su cómodo sueño en el regazo de su dueña. Volvió a la habitación contigua y vio a Kagome e Inuyasha envueltos en un tierno abrazo, decidió volver calladamente a su habitación…no habría de molestarlos.
Ay Kirara…como habría deseado algo así – suspiró Sango.
Kirara solo maulló suavemente y cuando Sango se sentó en el suelo aprovechó para volver a encaramarse en su regazo. Sango acarició suavemente el pelo de su querida Kirara. Sango cerró los ojos por un momento…
- Si cuando la batalla con Naraku termine…la maldición de mi kazana es rota y yo sigo vivo…cuando llegue ese momento, ¿querrías vivir conmigo y tener a mis hijos? -
Sango cayó de rodillas juntó a Miroku…era demasiado.
¿Sango? –
Yo… ¡Yo lo haré! ¡Si!
Sango abrió los ojos de nuevo, durante todo este tiempo, ese recuerdo era el que más se repetía en su mente…y ahora que veía a Kagome e Inuyasha tan felices juntos…solo podía envidiarlos. ¡Pero ahora tenía la perla! ¡Y el podría volver! ¿No es así?
¿No es así? – susurro Sango para si misma.
¿Sango? – dijo una voz desde la puerta.
¿Eh? Ah…Kagome ¿Qué pasa? –
¿Qué haces aquí? Ya fue un buen tiempo desde que viniste –
Bueno si…es que no quería interrumpirlos – dijo Sango riendo un poco apenada.
¿Qué? Ah… - Kagome se sonrojó un poco, todavía no se acostumbraba a todo esto. - ¿N-nos viste? Ay que vergüenza Sango… ¡lo siento! –
No te preocupes, pero… ¿Por qué me buscabas? –
¿Eh? ¡Ah si! Es que tenia que decirte que tendremos que quedarnos un día más por que esta haciendo muy mal tiempo pero no demoraremos mucho de todos modos –
Ah...ya veo, pues por mi no hay problema – respondió Sango sonriendo tranquilamente.
Tranquila…no tendrás que esperar mucho mas por Miroku – dijo Kagome mientras se sentaba junto a su amiga.
Ay vamos Kagome, ya van meses, un día mas no hará mucha diferencia y ya te dije que por mi no habría problema –
Bien, creo que tengo que ir a avisarle a Shippo, se pondrá contento – Kagome se paró y salió dirigiéndole una sonrisa a su amiga.
Sango se quedó otro rato sentada, no quería molestar a Kirara pero finalmente se paró y se dirigió a la habitación donde seguramente estaría el resto.
¡No me importa! ¡¡Sigo sin entender por que se tienen que ir!! ¡Tú me prometiste que seguirías viniendo cuando terminó la guerra! ¡NO ES JUSTO! – el pequeño Shippo gritaba furioso y Sango no podía evitar sentirse culpable ya que era por su causa que Kagome e Inuyasha habían renunciado a su deseo.
Pero Shippo, si ya te lo explicamos –
Sango se sentó junto a Inuyasha quien también observaba la discusión, cansado de oír lo mismo todos los días.
¿sigue tan enfadado? – pregunto Sango silenciosamente.
Si…pero tu no te preocupes, ya se le pasara –
Me va a odiar por esto….- se lamento Sango todavía escuchando los gritos del pequeño.
Claro que no, deja de sentirte culpable, es lo correcto –
Los dos se silenciaron y siguieron escuchando la discusión junto a la anciana Kaede manteniéndose neutrales.
¡¿Pues sabes que?! ¡YA NO ME IMPORTA! ¡Hagan lo que quieran! – terminó Shippo saliendo furioso de la habitación y llorando de la rabia.
¡Pero Shippo espera! ¡Aun no lo entiendes! –
Déjalo…necesita tranquilidad ahora, ya regresará – le dijo Kaede a Kagome para evitar que saliera corriendo detrás de Shippo.
Pero –
Haz lo que dice…además es mi culpa, yo iré a remediarlo – le cortó Sango parándose para ir detrás de Shippo, tomó su hiraikotsu y lo colgó a su espalda.
Sango…- comenzó Inuyasha.
Ya se lo que dirás, voy por que de todas formas necesito hablar con el y llevo mi hiraikotsu porque si a Shippo le da por usar uno de sus truquitos no quiero quedarme tan indefensa –
¡Pero esta lloviendo a cantaros!- le dijo Kagome.
No importa, no me demorare -
Salió y todavía llovía mucho, ese tonto… ¡se iba a perder! Y a coger un resfriado. No debía estar muy lejos. Caminó por el bosque sintiendo las gruesas gotas en sus hombros y cabeza y metiéndose por el cuello de su kimono mojándola por segunda vez en el día. Continuó caminando aunque sus pies se llenaban de barro y luego de un corto rato encontró al pequeño Shippo tratando de sacar su pata que se había enredado en las raíces de un árbol por la cantidad de agua y barro que había por todos lados.
ven, te ayudo – dijo Sango acercándose.
¡VETE! ¡No te necesito! – le gritó Shippo todavía forcejeando
Sango retrocedió ligeramente en respuesta a sus gritos pero al momento se volvió a agachar para ayudarle, sacó con un poco de dificultad la pata del zorrito y le ofreció una mano, Shippo la rechazó y se paró por si solo.
Te dije que no te necesitaba –
Vamos Shippo, no seas tontito, regresemos para secarte –
¡Callate! ¡Tú eres la culpable de todo esto! ¡y solo te interesas por ti misma! - le gritó el zorrito señalándola acusadoramente.
Sango retrocedió abruptamente, era verdad…y no tenía nada para responderle, en un caso como este su hiraikotsu no servía para nada aunque deseara que así lo fuera. Se quedó callada con la cabeza gacha y sintiendo la lluvia en su cabeza y en su rostro haciendo las veces de aquellas lágrimas que ya no podía derramar, y toda esa culpa, esa tristeza volvió para amontonarse en su alma que hacía poco había logrado sentirse mas liviana.
Es verdad…lo siento…pero…es que acaso en algún momento les preguntaste a Kagome e Inuyasha… ¿que era lo que querían? –
Esta pregunta tomó por sorpresa a Shippo, aquí estaba el, criticando a Sango de ser una egoísta cuando el tampoco había tomado en cuenta a sus amigos. Shippo levantó su rostro para encontrar a Sango mirándolo con profunda tristeza en sus ojos haciendo que lo suyos se llenara de lágrimas, y sin poder aguantar más estalló en llanto y se lanzó a los brazos de Sango.
Lo siento Shippo…he sido muy dura…perdóname – le dijo Sango silenciosamente abrazando al pequeño.
Shippo limpió sus lágrimas con la palma de su mano.
No… Sango, yo lo siento, he sido muy malo con todos ustedes, y – Shippo suprimió un pequeño sollozo - y yo supe, siempre que Kagome no pertenecía a este mundo pero… ¡nunca pensé que se tendría que ir! – terminó llorando de nuevo.
Lo se…pero es por eso que cuando se vallan tenemos que acompañarnos, ellos ya tomaron una decisión y debemos respetarla, créeme, yo ya intenté convencerlos y no sirvió de nada –
Si… -
Vamos, te llevo – le dijo Sango mientras lo alzaba suavemente – vas a pescar un resfriado –
¡Claro que no! ¡Si yo soy un fuertísimo demonio! – comenzó Shippo orgullosamente – además…a-ah-achuu! – Sango se sonrió.
Caminaron bajo la incesante lluvia por un rato hasta que divisaron la casa. Al entrar todos los que estaban adentro se pararon, habían estado esperándolos. Kagome sacó unas toallas de su maleta y ayudó a secar a sus amigos recién llegados, al parecer la lluvia no iba a parar en un buen rato.
