Capitulo 6

Finalmente había dejado de llover y era tiempo para irse, la tristeza casi se podía palpar en el aire pero la despedida era inminente, Kagome tomó su maleta y pudo jurar que sonó algo cayendo sobre el piso de madera pero no vio nada al voltearse así que no le dio mayor importancia y salió de la habitación para encontrar a sus amigos reunidos esperándola.

Bueno... creo que ya es hora – dijo Kagome con un suspiro.

Nadie dijo nada, solo empezaron a caminar hacia el conocido pozo, al poco rato llegaron y se quedaron parados, mirándolo sin decir nada. Era tan duro…

De repente Kagome no aguanto más la tensión, soltó su maleta y se abalanzó para abrazar a su mejor amiga, Sango se sorprendió al principio pero unos momentos después le respondió apretándola tan fuerte como podía…la extrañaría tanto, era su mejor amiga y había aprendido tanto de ella, le hubiera gustado decir algo pero simplemente no se le ocurrieron palabras para expresar nada.

Kagome abrazó fuertemente a Sango y quiso decirle tantas cosas…cuanto la quería y la extrañaría y como su vida sin aquellas aventuras ya pasadas se iba a sentir tan vacía. Kagome soltó a Sango con esfuerzo ya sintiendo la ida mas cerca que nunca y se dirigió al pequeño Shippo para abrazarlo también, había crecido tanto desde el momento en que lo había conocido, bajo el ataque de los hermanos relámpago pero sin embargo seguía siendo un pequeño.

Shippo abrazó a Kagome tan fuerte como pudo, no quería que se fuera, la quería tanto como a una madre pero no había remedio, debía dejarla ir. Luego Kagome se separo de Shippo peleando contra las lágrimas que amenazaban con salir y se dirigió a la anciana, le había enseñado tanto…y era la persona más sabia que había conocido en su vida, la abrazó fuertemente.

Kaede recibió el abrazo de Kagome, durante este tiempo había llegado a quererla tanto…y ahora de seguro le extrañaría. Kagome se agachó y se despidió de la pequeña Kirara.

Ahora era el turno de Inuyasha, cuando Kagome se paró a su lado todos se le quedaron viendo y ¡el no supo que hacer! Entonces, la verdad le pegó de lleno en el estómago, no era como las anteriores veces en las que volvía después de un corto tiempo, ya no volvería a ver su hogar, su bosque, sus amigos…su familia en realidad. Se acercó un poco incómodo a Sango y le dio un rápido abrazo de un solo brazo, luego despeinó un poco al pequeño Shippo y le dio la mano a la anciana Kaede.

Sango recibió el abrazo de Inuyasha un poco incomoda y vio como se despedía de los demás, no podían esperar más de el y noto que todos lo comprendían también, era Inuyasha después de todo. Nadie había podido decir nada, sentían un gran nudo en la garganta que no les dejaba ni pasar saliva. Pero la silenciosa despedida llegaba a su fin.

Bueno…adiós a todos, los quiero mucho y los extrañare, gracias por todo… - dijo Kagome intentando contener las lágrimas con una triste sonrisa.

Si…eh…lo que ella dijo – todos rieron silenciosamente ante el comentario de Inuyasha.

Inuyasha y Kagome se fueron metiendo al pozo poco a poco y con un pequeño empujón se habían ido. Sango y Shippo se acercaron rápidamente al pozo.

¡Cuídense! ¡Los queremos! ¡No nos olviden! ¡Adiós! –

¡Adios Inuyasha! -

¡Adios Kagome! –

¡Gracias por todo! -

Se quedaron mirando hacia la oscuridad del pozo y escucharon un apagado Adios desde sus profundidades, ya se habían ido… esta vez para siempre. Se quedaron otro rato junto al pozo sin saber que hacer hasta que la anciana les propuso que volvieran a lo que todos coincidieron pues ya se estaba poniendo el sol y no demoraría en oscurecer lo suficiente para demorarlos en el regreso.

El camino transcurrió en silencio, solo escuchando los crujidos de palos y hojas bajo sus pies. Por su mente pasaban rápidamente todos los recuerdos que habían compartido como un álbum de fotos antiguo que no se hubiera abierto en mucho tiempo.

Finalmente llegaron a la casa y prendieron la fogata, a Sango le habían aconsejado pedir el deseo en la mañana…por las dudas. Poco a poco la fogata se fue extinguiendo indicando que ya era hora de ir a dormir, la casa se sentía tan sola…tan fría como si faltase una pared completa. Sango les dio las buenas noches al pequeño Shippo y a Kaede, para luego seguir con Kirara hasta la habitación.

Vaya Kirara…se acaban de ir y ya los extraño tanto…-

La gatita solo maulló en respuesta y entró a la habitación. Siguió hasta el fondo y empezó a oler una cosa en el piso.

¿eh? ¿Qué es eso pequeña? – Sango se arrodillo junto a Kirara para recoger el extraño objeto.

Era cuadrado de un material extraño y muy liso, pintado en colores brillantes con un circulo negro en la mitad. En la parte de arriba en letras negras decía…

Ca…ma…ra…in…s…tan…ta…ne….a, ¡¿que rayos es eso?! –

Sango presiono el pequeño botón rojo en la parte de arriba y de repente un pequeño "pergamino" blanco salió de la parte baja del objeto, lo tomó con cuidado y vió algo que le sorprendió, ¡era una pintura de Kagome e Inuyasha! Ella parecía estar sosteniendo algo frente a ellos y el se veía bastante confundido. ¡Pero eran ellos!

Vaya…será que si lo vuelvo a presionar…. ¿saldrá otra? –

Sango presionó por segunda vez el pequeño círculo rojo y de pronto una gran luz brillante emergió del extraño objeto y al momento salió un nuevo pergamino de la parte baja.

Después de un momento Sango pudo ver… ¡Su propia cara! En una expresión bastante extraña y desfavorable en el pequeño papel, estaba con un ojo cerrado y su nariz ¡parecía gigante! ¿En realidad seria tan fea? No…pero se había visto en esa cosa… ¡En un espejo! Eso era.

Humm…creo que se la enseñaré a Shippo y Kaede –

Sango se apresuró de vuelta con el extraño objeto entre sus manos.

¡Miren lo que encontré! –

¿Eh? ¿Qué es? – pregunto Shippo medio dormido.

Es una Cámara Instantánea o algo así. – respondió Sango leyendo de nuevo el extraño nombre.

¡Espera! ¡Yo se que es, Kagome me la enseño antes! –

¿Lo dices enserio? ¿Y como funciona? –

Veras…tu la pones así frente a tu cara ¿si? – empezó Shippo poniendo la cámara correctamente frente a los ojos de Sango - ¿Qué ves? –

Es como…una ventana, ¡veo a la anciana! –

Entonces si esta bien puesta, cuando pongas en la ventana lo que quieres ver pintado en el pergamino pues le pones el dedo a esa cosa roja encima –

Esta bien…-

Sango siguió las órdenes de Shippo y en pocos momentos tenían una "pintura" de la anciana, tan exacta que no podían creer que algo tan pequeño pudiera pintar así. Shippo continuó explicando y siguieron practicando con la cámara.

- Mira ese número ahí te dice cuantas pinturas te quedan ¿si? -

Si, entiendo –

Así se pasó la noche, pensando en que usar la cámara y en que les hubiera gustado usarla. Cuando tan pronto como anocheció, empezó a amanecer y cansados decidieron dormir aunque fuera unas pocas horas.

Sango despertó a las pocas horas de haberse acostado, de todas formas el sol no la dejaría dormir mucho más. ¡Era el gran día! Hoy pediría el deseo y se sentía ansiosa de saber si funcionaría, pero primero debía esperar por los demás. Sin embargo, estaba tan exaltada que solo supo pararse y vestirse, andar de aquí a allá por la casa y hacer varias cosas. Cuando volvió a entrar en la habitación vio la cámara en el suelo junto a su cama y decidió que lo mejor era llevarla, un evento como este merecía una pintura.

Después de un rato la anciana Kaede salió de su propia habitación y Shippo despertó todavía con mucho sueño.

¿Bueno? ¡Apúrense, no hay tiempo que perder! – los animó Sango.

¿Eh? ¿Sango? Pero que haces aquí todavía, pensé que ya habrías ido por Miroku – preguntó Shippo.

¿Y es que no piensan venir? –

Pues, pensamos que tal vez preferirías ir sola, ve… nosotros tendremos el desayuno listo para los dos. – Sugirió Kaede.

¡Si! ¡Vamos, vamos! ¡Vete de una vez! – le apremió Shippo empujándola fuera de la habitación.

Pero si…-

¡Sin peros! – sonó la voz de la anciana desde el interior de la casa.

Esta bien…supongo que ir sola no es tan malo ¿cierto? Urghh… que nerviosa estoy, ¡Bueno! Lo mejor será empezar a caminar o no voy a llegar nunca. –

Sango retomó el conocido camino, preguntas apareciendo constantemente en su cabeza… ¿Funcionaria? ¿Qué iba a decirle cuando regresara? ¿Seria que el todavía la aceptaría?. De repente se encontró frente a la lápida de piedra, había estado tan enfrascada en sus pensamientos que el camino pasó volando.

Aunque había llovido tanto ahora el sol reaparecía para darle esperanzas. Seguro todo saldría bien. Sango se paró frente a la lápida y sacó la perla de su bolsillo y se dispuso a pedir el deseo. ¿Cómo se supone que lo debería hacer? ¿Debía decirlo en voz alta o simplemente pensarlo?

pues la anterior vez fue solo con mi pensamiento creo…bueno, aquí vamos –

Sango se concentró fuertemente y la perla empezó a hacerse cada vez más y más brillante, ¡Estaba funcionando! De repente hubo un gran estallido como si la perla hubiera sido rota de nuevo en miles de pedazos pero no fue así, la luz empezó a arremolinarse frente a Sango moviéndose cada vez más rápido.

¡Sango lo podía ver! Su sombra por lo menos. Pero ya no estaría sola ¡Había vuelto!