Ya llevaba tiempo con esta idea en la cabeza (junto con muchas otras, algunas... bien, de acuerdo, la mayoría son... extrañas), y al fin logré convertirla en fic.
Advierto: No es un songfic. Cada capítulo comenzará con un pedazo de una canción. Si tienen alguna en mente¡compartan!
¿Por qué terminaron la serie¿Por qué? Si me perteneciera, tendríamos X-men evolucionados para rato.
Árbol Genealógico:
Ascendente.
Capítulo Uno.
Feel.
Robin Williams.
I scare myself to death
that´s why I keep on running.
Before I´ve arrived
I can see myself coming.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Con cada instante aumentaba el calor.
El aire se iba llenando de humo.
Las láminas que obstruían su paso temblaron y salieron disparadas hacia los lados.
-L-lo... s-siento... No quería... No pude... n-no pude ev-vitarlo... Lo siento... Lo siento... yo no...
Hubo un silencio momentaneo. Un silencio en el cual la culpa y el dolor se abrieron paso.
-¡Todo ésto es mi culpa!
Allí estaba. Rodeado de fuego. Sus rodillas pegadas al suelo. A ferrándose con fuerza. No podía acallar sus sollozos así cómo el calor no era suficiente para secar su empapado rostro. La voz se le quebró en la garganta. Violentos temblores sacudían todo su cuerpo.
-¡Lo siento!
Rogue parpadeó ante las brillantes luces. Después de unos segundos logró enfocar la mirada. Apoyó una mano en el suelo y se impulsó para sentarse mientras se frotaba la adolorida cabeza con la otra.
-Estoy bien.
Se levantó penosamente del suelo metálico del salón Peligro.
-Ése si fue un golpe -comentó Kitty cubriéndose la boca con la mano.
-Jean, llévala a la enfermería -gruñó Logan.
-Estoy bien -repitió Rogue.
-No te pregunté si estabas bien -contestó Guepardo-. Jean, llévala a la enfermería.
-Yo puedo acompañarte cherié -ofreció Gambito galante.
-No te dije a tí Romeo -gruñó Logan. A pesar de que el chico explosión con energía cinética ya llevaba un par de semanas en el equipo, seguía sin ser santo de la devoción de Guepardo.
Gambito encogió los hombros y dió media vuelta. Guepardo tampoco estaba en su lista de Navidad.
Rogue resopló y salió del cuarto de entrenamiento junto con Jean. Procedimiento estándar. Pero estaba bien, en serio.
Tomó la caja de un compacto y paseó su vista por la parte trasera, viéndo sin ver. Regresó el estuche a su posición original y repitió la operación con otro.
Miró por encima de su hombro. Sus "amigos", mejor dicho "compañeros", no estaban por allí. Seguramente Mole estaría frente al televisor y seguiría allí todo el día; Lance estaría con su querido jeep, pensando en su querida "gatita"; Sapo estaría cazando moscas y Wanda...
Pietro cerró los ojos. No quería pensar en su hermana... y sus recuerdos.
El adolescente abrió los ojos y miró el estuche en su mano. Frunció el seño al percatarse del ténue reflejo de un hombre detrás de él, observándolo. Levantó un poco la superficie plástica y exhaminó el rededor disimuladamente. En total eran cuatro. Todos con sombrero y gabardina.
Dejó el CD en la repisa y salió caminando tranquilamente de la tienda. Pasó frente al escaparate de una joyería. Echó un vistazo en los espejos. Sí, en efecto, lo estaban siguiendo.
De acuerdo.
"Quieren jugar. Juguemos."
Mercurio se encaminó hacia la parte más solitaria del centro comercial. Tiendas raras, locales cerrados. Nadie en la zona. Sus fieles sombras iban justo detrás de él. A unos cinco o seis metros, doce, para que el chico no se diera cuenta de que lo seguían. Y les estaba resultando divinamente.
El objetivo dobló una esquina. Según el mapa que habían memorizado, callejón sin salida. El tonto se había atrapado solo.
El grupo se apresuró. Misión cumplida en tiempo record.
Torcieron la esquina trotando y se detuvieron. El chico estaba ahí, tranquilamente recargado contra la pared. Esperándolos.
Las manos volaron hacia las cartucheras. No lo bastante rápido. Ahora están, ya no. El chico ni siquiera parecía haberse movidoy, sin embargo, las cartucheras y las armas estaban a sus pies.
Ataque a distancia descartado. Cuerpo a cuerpo entonces.
No pudieron avanzar un paso. Ni uno sólo antes de sentir una punzación en el cuello acompañada de un cálido estupor. Justo antes de golpear el suelo.
Pietro siguió corriendo aún después de haber noqueado a los matones. No era bueno. Al clavarles las agujas con el somnífero (que ellos mismos habían suministrado en cómodos estuches de metal envueltos en prácticos envoltorios de cuero) había podido percatarse de algo.
No eran humanos.
Y los había visto antes. Una experiencia particularmente desagradable que no estaba dispuesto a repetir.
Él conocía a una persona que estaría interesada en ése tipo de información.
El primer timbrazo no se había extinguido cuando contestaron.
-Tenemos un pequeño problema -anunció Pietro sin darle al otro tiempo de hablar. Vivir a un ritmo acelerado tiene la virtud de extinguir la paciencia. Aún así se obligó a esperar la respuesta del otro lado. Pero cómo no hubo ninguna proseguió.
-Los caballeros están aquí.
El silencio siguió, aún más pesado si es posible. Los azules ojos de Pietro miraron alrededor. Estaba llamando desde el parque con su celular. Nadie parecía prestarle atención. Después de todo, solamente era un adolescente hablando por teléfono.
-Señor...
-Wanda y tú irán a la estación de trenes y tomarán el primero que salga.
Pietro guardó silencio, sólo un segundo. Magneto había hablado en el mismo tono que de costumbre. Autoritario. Sin que pudiera llegar a pensar que a álguien se le ocurriera desobedecerlo. ¿Quién tendría el valor?
-¿Y después? -preguntó Mercurio en voz baja.
-Yo me encargaré después. Sólo tienes que ir por Wanda y marcharte. Sólo ve por Wanda. No te detengas por nada más.
Nada. La comunicación con Magneto había terminado.
¿Había hablado con normalidad? Pietro no podía asegurarlo. pero había escuchado algo en esas últimas palabras, algo desacostumbrado, que no había escuchado desde...
Ir por Wanda. No tenía tiempo de recordar. Ni de pensar.
Pietro llegó a la casa de la hermandad en un abrir y cerrar de ojos. La puerta estaba entornada. No era bueno. Su mano tembló levemente al tocar la puerta.
"Qué no se hayan adelantado. Por favor."
Empujó la lámina de roble y penetró en la casa. Se detuvo en la entrada de la sala.
Maldición.
Toda la hermandad estaba ahí. Al igual que Mystique. Y por la expresión de Wanda, le había explicado un par de cosas sobre manipulación de la memoria y reemplazó de recuerdos.
-No fue su culpa.
-¡CÁLLATE!
La habitación se sacudió. Las ventanas y la pantalla del televisor se llenaron de finas grietas, como relámpagos en un cielo tormentoso.
-Déjame explicarte.
-¡SILENCIO!
Ahora no fue sólo la habitación, si no toda la casa la que se sacudió.
-Parece que eres algo lento de entendimiento.
La mirada que Mercurio le dirigió a Mystique espresaba muchas cosas; entre ellas odio y la promesa de una represalia.
-¿Dónde está Pietro? -la voz de Wanda tembló amenazadoramente.
Había llegado de pensar rápido. Tenía que sacar a su hermana de Bayville y ahora no podía conducirla al sitio acordado con su padre; a menos claro que quisiera desencadenar una guerra de magnitud apocalíptica.
-¿Dónde está?
Mystique sonreía. Estaba a punto de conseguir lo que quería.
Venganza... Mystique quería vengarse de Magneto. Wanda quería vengarse de Magneto. Pues bien, Pietro también quería vengarse. Ésta vez no se haría a un lado para permitir que Magneto se encargara de ello. Ésta vez participaría.
-Él tuvo que hacerlo.
-Me encerró, jugó con mi cerebro -murmuró Wanda haciendo que las paredes se sacudieran-. ¡No permitiré que vuelva a hacerlo!
-Él tenía que detenerte. Tú ib...
-¡Deja de defenderlo! -interrumpió Wanda.
Varios objetos, entre ellos el televisor, la mesa y el sofa, se despegaron del suelo y comenzaron a girar alrededor de Mercurio. Mystique y los chicos de la hermandad se pegaron a las paredes, tratando de evitar ser golpeados. Wanda estaba concentrada en su gemelo, no veía nada más. Lo que le habían hecho no tenía perdón. Pietro solamente podía permanecer ahí parado. Su hermana no le permitía separar los pies del suelo.
-¡Tienes que escucharme!
El círculo formado por los diversos objetos se estrecho aún más. Pietro tenía dificultades para esquivar los proyectiles, no obstante su supervelocidad. Cada vez el espacio se hacía más pequeño.
-¡Wanda!
-¡Detente¡Lo vas a matar!
Todo se detuvo al instante. Las cosas cayeron al piso y Pietro quedó libre. Dirigió un rápido vistazo a su hermana. Wanda tenía los ojos cerrados y se sujetaba la cabeza con ambas manos. No dejaba de temblar.
Una milésima de segundo después, la puerta de sálida se azotó fuertemente por la salida del Demonio Veloz.
-¿Te encuentras bien Caramelito? -preguntó Sapo Tolanski acercándose a la Bruja Escarlata.
Wanda salió de la sala sin decir palabra, sin tan siquiera amenazar o causarle daño físico al mutante saltarín. Sin dejar de sujetarse la cabeza.
Los escalones crujieron y una puerta se cerró de golpe en la planta alta.
El mutante de cabello blanco no dejaba de correr.
No sabía a donde ir ni le interesaba averiguarlo.
Le bastaba con correr.
Esta vez las cosas serían distintas.
Esta vez las cosas se harían a su modo.
Él se encargaría de que fuese así.
Sin importar qué.
Y siguió corriendo.
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