¡¡¡Segundo capítulo!!! Disculpen la tardanza. Espero que les guste y que no hayan leído la historia en inglésxD porque si no todo mi esfuerzo fue al pedo jaja. A la que deje más reviews, le dedico el próximo fic =P jaja ;) . los reviews son amor!!


La habitación estaba en silencio de nuevo. Había demasiados pensamientos disparándose a través de mi mente para ser capaz de moverme o reaccionar. ¿De veras acababa de decir... eso? Era demasiado... demasiado parecido a las páginas de alguna novela romántica malísima que me devoré secretamente en séptimo grado, sonrojándome avergonzada, pero al mismo tiempo con la esperanza de que algún día mi vida fuera así... Qué acababa de hacer Jake? Le había dicho a Carlisle? Que diría Edward? Le importaría? Qué pensaba yo de esto? Cambiaba las cosas? No había respuestas; no podía sentir nada más que shock.

De pronto, Jacob vino hacia mí. Dos pasos, y casi estaba pegada a la heladera de nuevo. Podía ver la intención en su rostro. Sabía exactamente lo que estaba pensando. Me iba a besar, y esta vez no había nada que pudiera detenerlo. Un accidente de avión, quizá? No, ni eso sería distracción suficiente.

No tuve ni tiempo de jadear de sorpresa, cuando sus cálidos brazos se cerraron suavemente a mi alrededor, acercándome más a el. No podía tensar los músculos, o entrar en pánico por lo que quería. Era inútil resistirse. Así que alcé la vista a sus hermosos ojos oscuros, y me preparé para un triste futuro deamor falso.

De pronto, me agarró la nuca, y aplastó mi cara contra su pecho. ¿Qué?

Este abrazo era diferente a otros que me había dado hace poco; por un lado, aún podía respirar. Por otro, no quería que me soltara nunca. Las lágrimas salieron con todo de nuevo, y rodeé su cintura con mis brazos y apreté lo más fuerte que podía.

Él descansó una mejilla contra mi frente y respiró en mi pelo, que acarició suavemente con aquellos largos dedos ásperos que tanto admiraba.

"Lo siento tanto, Bella" estaba sorbiendo. Un gemido mudo escapó de mis labios, haciendo que las ruidosas lágrimas cayeran aún más rápido, y que mis hombros temblaran contra su pecho. Esto era demasiado para mí.

"No quería que escucharas esas cosas. Lo siento. Estaba demasiado enojado... no podía... no podía parar."

Luego se quedó tranquilo, y sólo nos abrazamos por lo que parecieron segundos, pero probablemente fue mucho más. No había nada que decir. En este momento, Jake y yo nos entendíamos el uno al otro. Nada más importaba.

Sonó un ruido afuera; la brusquedad fue tal que no pude evitar recordar lo que casi había pasado antes, cuando sonó el teléfono.

"Oh mierda... Bella" me apretó más. Tengo que irme... los chicos... el funeral... Harry. Oh dios. oh dios"

Sus brazos me soltaron de mala gana, pero yo lo retuve por un rato más. De repente mi mente había salido de su propia confusión egocéntrica, angustiada en cambio por la pobre familia Clearwater, cuyo dolor tenía que ser un millón de veces más severo que el mío.

-Volveré pronto… si quieres. Sólo… sólo, avísame, ok? Voy a entender, pase lo que pase –lo solté, al fin, y le dediqué una pequeña sonrisa. Traté de parecer alentadora, pero cómo era posible? Mi pelo era un desastre, mis ojos estaban inyectados en sangre, y mi nariz chorreaba.

¿Quería realmente que volviera? Él se volvió y fue en silencio hasta la puerta, borrando las señales reveladoras de su momento de "debilidad", para no quedar mal con los chicos. Mis ojos lo vieron irse, pero mi mente estaba en otro lado, completamente… sin palabras o pensamientos que formular, sólo destellos de intensa emoción.

Sin embargo, la tensión volvió, y dolía. Como si hubiera algo... uniéndonos a los dos. Me apoyé contra la mesada, frotándome los ojos, y sorbiendo por la nariz. Traté de pensar en la familia sufriendo, ordenar mis prioridades. Después de todo, su dolor debía ser mucho peor que cualquier cosa por la que yo hubiera pasado. Incluso... esa tarde, en los bosques.

Inesperadamente di un paso delante, y decidí que era hacia la escalera. De ese modo, me dirigí a mi cuarto, tal vez podría leer un poco, cosa que había descuidado mucho hasta ahora. El descanso de primavera estaba casi terminando, después de todo, y me estaba quedando sin tiempo para trabajar en algunos proyectos bastante grandes. Mis ojos pasaron por las familiares, embarazosas fotos de la escuela que Charlie exhibía orgullosamente, pero cuando mi pie llegó al tercer escalón, se fijaron en la foto de la boda de mis padres en las Vegas. Mamá, sólo un año mayor que yo, se veía tan feliz y pícaramente entusiasmada, como siempre que hacía algo impulsivo. Charlie, sin embargo, en ese ridículo traje de diamantes falsos... mi papá. A veces olvidaba que podía verse así. Feliz. Éramos tan parecidos, él y yo... Tan incambiables.

El dolor de mi pecho estaba empeorando ahora, como si la atadura que había sentido antes estuviera siendo tironeada por alguien. Dolía cada vez más y más... con cada paso que daba lejos de... Jacob. Sacudí la cabeza lentamente, tratando de arreglar las cosas en mi mente. No funcionaba. ¿Él no me había besado, cierto? Eso era algo bueno. Entonces, ¿cuál era el problema?

Hacía que mis pensamientos dieran vueltas como una ruleta, para finalmente detenerse en... esa conexión que sentía. Algo de eso alertó a mi cerebro; sonaba tan familiar. Como si no hubiera sido yo la que lo pensó. ¿Qué era, esa imagen? Esa frase completa... podía sentirla ahí, en algún lado. ¿De dónde salía?

Es como si tuviera una cuerda atada debajo de mi costilla izquierda, fuertemente anudada a ti de una forma similar...

Era del Sr. Rochester, de Jane Eyre por Charlotte Bronte. La novela gótica que nunca había apreciado realmente, porque el amor profesado por la protagonista no era tan visceral como hubiera querido. Demasiado sosegado. ¿Dónde estaba la pasión? ¿Por qué se había escapado así? Aceptando todo lo que el Destino trataba de hacerle... y antes de eso, dejando que el señor Rochester la torturara. ¿Qué problema tenía Jane?

Oh. Dios. mio –escupi.

De pronto, todo estuvo tan claro en mi mente. Jake no era Paris. Edward no era Romeo, y ciertamente yo no era Julieta. ¿Podía ser más idiota? La vida no siempre era como los cuentos. No siempre terminabas con la primera persona que amabas. ¿No era mi propia madre prueba de eso? Y luego, en el extremo opuesto: mi pobre padre, solo durante 16 años ya, sólo porque no podía… no, no quería superar a mi madre. ¿Quería ser igual a él?

La claridad se fue en el próximo instante, y con ella cada pensamiento racional que había experimentado. De algún modo, me liberé de las cuerdas invisibles, y me sentí ligera como una pluma. Corriendo hacia la puerta principal, la abrí de golpe y grité su nombre tan fuerte como pude. Ya no pensaba; sólo sentía. Iba a dejar de vivir mi vida una página a la vez. Ya no podía esperar que la escritora de mi vida me dijera qué hacer después. O que los estúpidos hombres dieran el primer paso.

-¡JAKE, ESPERA! - ahora estaba en el pequeño porche. No podía ver casi nada entre la niebla espesa y la pesada lluvia; no sabía si el Rabbit se había ido ya. ¿Había perdido mi oportunidad?

La figura de Jacob se materializó con sus pies a unos de pasos de mí. Los desaparecí saltando el último y con la prisa por poco me caigo, pero Jake ya estaba ahí y me sujetó.

-que pa- empezó a decir, pero yo ya había agarrado su cuello con ambas manos y pegado sus labios a los míos. El shock por mi repentina ferocidad desapareció rápidamente, y pronto sus brazos estuvieron a mí alrededor de nuevo, levantándome varios centímetros del suelo. La fuerza inicial de mi beso había sido excesiva, y al principio, nos golpeamos los dientes y dolió casi, pero luego él se inclinó mas cerca, y me relajé contra él.

Todo se volvió suave, tierno, y cálido; exactamente como todo primer beso perfecto que había leído o soñado. Hubiera muerto antes que dejarlo ir, pero ésa no era mi decisión.

Su apretón se aflojó, y separó su rostro despacio. Tomándose de mis brazos, volvió a tocar tiernamente mis labios con los suyos, por sólo un segundo. Sólo para ver si podía. Luego, sonrió mi sonrisa— de verdad era mía ahora— y susurró, "pronto estaré de vuelta."

Tiró mis dos manos de sus hombros, me besó las palmas, y desapareció en la niebla. El motor del automóvil aceleró, y oí como se alejaba zumbando.

Me quedé de pie bajo la lluvia por un ratito, sintiendo cada gota caer sobre mí. Vértigo corría por mis venas, embriagándome como una droga. Mi mente estaba libre del dolor, y empecé a reírme. Luego alcé los brazos al cielo, un grito mudo de "¡Gracias!" a lo que fuera que estuviera arriba. Di vueltas en círculo, con el rostro en alto, dejando que las gotas repicaran contra él, y las sentí quitar todo el dolor y el desgaste de los últimos meses. Cuando tropecé con mis propios pies, como era inevitable, no me molesté en regresar, sólo me reí más alto, para que todo el mundo me oyera.

Sentí alegría. Por primera vez, finalmente entendía como alguien podía amar la lluvia.


Lindo, ¿no?