¡¿Nightmare

TenRan-Sama

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- Diálogos

"pensamientos"

Narración normal

Sueños

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Nota: Capitulo dedicado a Faye :3 Muchas gracias por todo su apoyo ninia mía! 3 la amo de aquí al infinito!!

Advertencia: Lemon

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Pasó una rápida vista por su habitación. Todo impecablemente ordenado y en su lugar, y dudaba que alguna vez fuera se desordenara ¡Todo en aquella casa era tan distinto a su vida!

Primero había sido la llegada, en la que no pudo creer las dimensiones de aquella mansión, que Ren tuvo el descaro de decirle que era la cuarta parte de la mansión que tenían en china. Segundo, al entrar una sirvienta acudió solícita a al encuentro del joven amo, quien pidió expresamente no ser molestado, puesto que estarían 'estudiando'. Tercero, la cantidad de pasillos que había que pasar hasta llegar a la habitación de Ren era casi tanto como lo que debía caminar hasta el salón de la escuela en el tercer piso. Y Cuarto y último, aquella habitación en la que se encontraban, tan impecablemente ordenada y amoblada con objetos chinos.

Ren salió del baño con una toalla en su cintura y con el cabello ligeramente húmedo, sin siquiera mirarle. El estaba en las mismas condiciones que el chino e intuía que por su expresión, a Ren le daba vergüenza el hecho de verle así.

Pero a el le encantaba aquella vista de la perfecta figura del chino, deleitarse con aquella piel tan pulcramente blanca y lisa, aquel abdomen firme y ligeramente trabajado, sus largas piernas levemente contorneadas, y aquella casi femenina curva de su cintura.

-¡Te estoy hablando, idiota! – exclamó el chino, lanzándole uno de los millones de cojines ubicados sobre su cama.

-¡Ya, te estoy poniendo atención! Por Kami, que agresividad...

El ojidorado enarcó elegantemente una ceja, cruzándose de brazos sobre su pecho. Aquello era una locura y lo tenía muy claro, demasiado quizás para su gusto, pero ya había caído en cuenta de que no podía revelarse contra su maldito sino, que constantemente le llevaba a aquel peliazul que tenía en frente. Se pasó una mano por el rostro, como intentando quitar todas aquellas preocupaciones de su vida y dejarlas fuera.

Debían hacerlo ahora.

-Escucha bien, Horokeu – comenzó, captando la completa atención del ainu, quien se hallaba arrodillado frente a el. El cuadro era ver a un niño poniendo atención a su primera clase en la escuela – Pase lo que pase, no debes llamar a una ambulancia ¿Está claro? – Sonrió interiormente al ver el enérgico asentimiento por parte del de ojos negros. – Bien... Los hombres, a diferencia de las mujeres, no se lubrican por si solos, por lo tanto debes prepararme cuidadosamente – cambió su semblante a una especialmente sombrío – Si llega a dolerme, te juro que te devolveré el favor.

-B—Bien – balbuceó algo asustado, temiendo por su pellejo. Ren cumplía lo que decía.

-Sobre las zonas erógenas, no hay mucha diferencia entre un hombre y una mujer. Puedes hacer lo que desees.-cerró los ojos un momento, intentando recordar algo que fuera importante para decirle al peliazul, abrió los ojos nuevamente, viendo como el ojinegro tenía una de sus manos levantadas - ¿Si?

-¿Cuáles son tus zonas erógenas? o.o

¬¬(+)

-¡Eso tienes que descubrirlo, idiota!

-Ah...bien – respondió, bajando la vista. Descubrir aquellas zonas que hacían suspirar a Ren le hacía alucinar, sería un juego divertido – ¿Entonces puedo morderte el cuello, o lamerte detrás de las orejas o...?

-¡Si, si, dije que lo que quieras! – continuó exasperado- ¡ya deja de preguntar!... –Colocó una de sus manos sobre su sien, tratando de alejar aquella jaqueca de la que era presa su cabeza cada vez que intentaba responder algo coherente a ese ente peliazul.- También es importante que limpies bien luego de sacarla, de no ser así podría coger alguna enfermedad...

"Sa...carla" pensaba el ainu, casi con hemorragia nasal.

-Bien, creo que eso es... – concluyó, alejando sus manos de su rostro, y colocándola a ambos lados de la cama – Comencemos.

El ainu trago saliva, nervioso, colocándose de pie, acomodándose entre las piernas del chino y llevando una de sus manos al contorno del delicado y perfecto rostro de este. Aquellos ojos dorados que le miraban fijamente le inquietaban y le tentaban.

-Entonces... – balbuceó, ligeramente tembloroso, acercando su rostro al del ojidorado - ¿...Puedo Besarte?

...¿ ?

-¡Hahahahha! – estalló Ren, riendo esta vez sinceramente. No aquella risa sarcástica-maquiavélica de 'Soy-el-puto-amo', si no que una verdadera, realmente divertida ante la mirada atónita y apenada de Horo. Es que no había podido contenerse, aquella pregunta tan inocente le había conmovido. ¡Era tan inocente y dulce cuando quería!

-¿Qué dije...?

-Nada, nada, Horo – dijo, aún entre risas, tomando al peliazul de la nuca, acercándole hasta que sus narices se rozaran – Puedes besarme o lo que quieras, te lo he dicho.

-Bien – respondió animado, tomando aquellos labios que se le ofrecían tan apetecibles.

Ya había besado al chino un par de veces, pero nunca le había parecido tan delicioso como en aquel momento. Ren le respondía con igual pasión, mordiendo ligeramente su labio inferior, tirando de el hasta rayar el punto del dolor, tan solo para escuchar un gemido de la boca del ojinegro. El ainu le empujó sobre la cama, acomodándole de tal forma que su cabeza quedara sobre las almohadas, para quedar mas cómodo. Se tendió sobre Ren, apoyando su peso sobre sus rodillas y uno de sus brazos. Le admiró por un momento, aquellas mejillas ligeramente sonrojadas, aquellos labios igualmente rojos por el feroz beso compartido, aquellos ojos ligeramente entrecerrados. Todo Ren se le antojaba plenamente, quería recorrerle por entero, hacerlo jadear y gemir hasta el hartazgo, y hacerlo llegar al limite, demostrarle que era mejor que cualquier sueño que hubiera tenido. Pero no tenía idea de cómo...

Así que debía seguir sus instintos, 'buscar el tesoro escondido', la recompensa por ello sería grande.

-¡Ah, Horo! – jadeó Ren, cuando el ainu se deshizo rápidamente de sus toallas, y se dispuso a besar con ansias su cuello, mientras iniciaba un torturante vaivén sobre sus caderas, simulando el sexo. Sentía el roce de sus caderas tan incitante, y aquel roce sobre su miembro, que le hacía arquear la espalda y rasguñar con saña la espalda del ainu, intentando descargarse.

Tomó las muñecas del chino entre sus manos, alejándolas de su espalda, la cual comenzaba a arder. Quizás iba demasiado rápido. Continuó un momento más, agregando aún mas presión sobre sus caderas, viendo complacido como el mandarín echaba su cabeza hacia atrás, dándole total libertad de lamer y morder su cuello a su antojo.

Se incorporó ligeramente, ahogando el automático gemido de protesta de Ren con un beso, demorándole un poco, recorriendo aquella boca a su antojo, mordiendo ligeramente aquellos labios, recibiendo complacido aquellos sonidos por parte de su amante. Si, su ahora amante. Ren se removió ligeramente, se sentía demasiado pasivo, pero mucho no podía hacer los sus muñecas pegadas a la cama.

-¿Qué...? – Jadeó Ren, al ver como el ainu se detenía a verle. Se calló en el momento en que el ojinegro dirigió su vista directamente a sus ojos, sintió como su boca se secaba.

No sabía de aquella faceta tan...sensual de su parte, se había deshecho de aquella banda y sus cabellos caían desordenadamente sobre su rostro, pegándose a su piel ligeramente sudada, aquellos ojos tan atrayentes...

-Vamos demasiado rápido – murmuró lascivamente, echándole una mirada rápida a la hombría del ojidorado, que ya goteaba ligeramente. Ren se sonrojó, apartando la mirada. ¡No era su culpa que el ainu fuera tan bueno en eso!

Sintió como el peliazul acomodó su rostro a un lado del suyo, dejando que su respiración acariciara la oreja del mandarín, y una de sus manos se deslizó desde sus hombros hasta su pecho, pasando sus dedos lentamente por los pezones de este. Sintió complacido el estremecimiento de Ren.

-¿Te gusta que te toque aquí? – preguntó, mordiendo el lóbulo de la oreja de Ren, y a la vez pellizcando uno de sus pezones, recibiendo como total respuesta un jadeo ahogado, algo tardío. -¿No?

Ren entrecerró los ojos y mordió su labio inferior. ¿Cómo es que el ainu era tan malhablado durante eso? Dios, aquello le calentaba aún mas, pero no podía responder a aquello, no podía despegar sus labios sin que saliera un gemido de ellos.

-No...Horo – gimió cuando el ainu había pasado su lengua por uno de sus torturados botones rosas, procediendo a morderlos, haciendo que el mandarín arqueara la espalda y aferrara sus manos a la sabana con fuerza.

¿Ahora iba muy lento? Siguió con el mismo tratamiento para el otro pezón hasta dejarlos duros, y continuó con su descenso pasando su lengua por ese abdomen plano, hasta su ombligo, introduciendo su lengua, haciendo que el chino se estremeciera y gimiera con desesperación.

Bien, ya no le haría esperar más.

-¿Uh...? – se incorporó ligeramente al sentir que todo aquel contacto que tenía con el peliazul se acababa, cuando vio que este planeaba hacer: El rostro del peliazul se acercaba con lentitud hacia su erección – Horo, Espe—

No pudo terminar la frase, cuando un fuerte gemido fue obligado a abandonar su boca. Llevó una de sus manos hasta su boca, intentando callar sus fuertes jadeos. Se mordió con fuerza el dorso de su mano, arqueando sus espalda al sentir como los dientes del ainu rozaban insistentemente la punta de su miembro, para luego tomarlo enteramente con su boca, deslizado su lengua lentamente por toda su longitud.

-¡Mhn!... Ho—Horo...-balbuceó, alejando un poco sus manos de su boca, viendo

como esta tenía la marca de sus dientes, sangraba ligeramente. – Yo... voy a...

El ainu sonrió, llevando su boca al extremo, dejando tan solo la punta dentro. ¿Qué hacer? El quería llevarle a la cumbre del placer, no importaba si después se lo recriminaba, así que lo lamentaba, pero iba a continuar.

-¡Espera! – dijo, cuando pudo recuperar la respiración, que le fue robada inmediatamente al sentir como la boca del ainu chupaba y mordía su erección, al punto de llevarlo a la cumbre en tan solo unos pocos segundos después.

El ainu sintió el cuerpo del mandarín tensarse, y se preparó para recibir la semilla en su boca. Levantó la vista, no quería perderse ninguna expresión del chino, quería grabar aquella imagen de su rostro lleno de placer. Ren se vio con fuerza, sintiéndose desfallecer en un momento. El peliazul se limpió con el dorso de la mano el resto de la semilla de Ren de su boca, irguiéndose sobre el cuerpo vulnerable del ojidorado.

-¿Puedo continuar? – susurró en su oído, acariciando de forma ausente los muslos del mandarín, separando sus piernas para posicionarse entre ellas. Le gustaría haber continuado por mucho mas aquella tortura, pero su miembro le recordaba que tenía asuntos pendientes, de tal forma que le dolía la espera. Ojalá Ren no estuviera tan cansado ;u;

-¿Quién...te dijo que te detuvieras? – exhaló Ren, con voz jadeante, abriendo aún mas sus piernas.

Oh dios, si esto seguía así, seguro que el no soportaría hasta estar dentro de Ren.

Llevó una de sus manos ya cubierta de lubricante hasta la entrada del mandarín, tanteando con cuidado, pendiente de cada expresión en el rostro de Ren, cualquier presión de la mano sobre su espalda, cualquier cosa que le indicara hasta el mas mínimo atisbo de dolor por su parte.

Introdujo con precaución uno de sus dedos, viendo la expresión de dolor que se formaba en su rostro, quiso detenerse.

-Ren, si quieres yo...

-No – le cortó, atrayéndole aún mas. Quería besarle... – Solo continúa.

Continuó abriéndose paso en la entrada de Ren, viendo con pesar como la expresión de dolor de su rostro no se iba, al contrario, persistía. Quizás estaba haciendo algo mal...

-¡Ahh! – gimió sensualmente el mandarín cuando el peliazul había tocado ese lugar en su interior, que le hacía mover las caderas contra esos dedos a pesar del dolor que aún sentía – Mhm...

Horokeu trago saliva, algo contrariado, ya no podía...

-Ren, yo...

-Si, solo ven – le apuró, entreabriendo los ojos para mirarle fijamente.

Se acomodó, temblando, entre las piernas abiertas de Ren, sintiendo como su miembro ya goteaba de necesidad. Introdujo con cuidado la punta, sintiendo como Ren se estremecía y temblaba al igual que el. Apoyó su cabeza sobre el hombro del chino, terminando se entrar en aquella estrecha entrada que parecía transportarle al cielo.

Jadeó, no sabía si podía aguantar mucho tiempo sin moverse.

Se removió un poco, le dolía aún, pero no podía aguantar mucho mas, sentía como su excitación comenzaba a aumentar, y quería indicarle al ainu que siguiera, que ya se acostumbraría, pero le daba demasiada vergüenza decir cualquier cosa. Estaba seguro de que su voz saldría... necesitada.

-Nnh... – fue lo único que salió de su boca, al morderse los labios.

Cruzó las piernas alrededor de la cadera del ainu, empujándole para que le penetrara aún mas profundamente. Escuchó complacido el gemido que salió de la boca del peliazul, quien se incorporó para mirarle, jadeando.

-¿P—Puedo? – balbuceó, saliendo ligeramente.

Ren solo asintió, haciendo que el ainu comenzara el lento vaivén sobre el, haciéndole aferrarse con fuerza a sus hombros, intentando acallar sin éxito sus fuertes gemidos. Arqueó su espalda con una flexibilidad increíble cuando el ainu toco ese punto en su interior.

-No...M—Mas lento... – pidió, aferrando sus manos a las sábanas cuando el ainu comenzó a embestirle aún mas fuerte, provocándole unos deliciosos escalofríos, pero sentía que si continuaba así se vendría muy pronto. Cerró los ojos, dejando escapar aquellos gemidos que creía que podría reprimir. Creía que la sensación de aquellos sueños era real, pero no eran nada comparado a lo que estaba sintiendo ahora, ese placer que rayaba en lo increíble. El ainu por su parte se sentía delirando ante el exquisito placer que le provocaba aquella estrecha entrada.

Disminuyó el ritmo un momento, intentando recuperar el aliento, pero de esa forma sentía aún mas aquellos estremecimientos. Además, estaba seguro que viendo aquella excitante expresión en el rostro del mandarín, no tardaría mucho en venirse.

-Gí—gírate – ordenó, deteniéndose un momento.

Ren no entendió a que venía ese repentino pedido por parte del ainu, pero no se resistió y se volteó, quizás estaba demasiado atontado y excitado como para pedir explicaciones. Quería seguir sintiendo esa deliciosa sensación, no importaba como.

Gimió con fuerza al sentir como el ainu le dio una fuerte embestida y colocaba ambas manos en su cintura, manteniendo ritmo fuerte y constante. Se sentía atrapado en un espiral de placer del que no quería salir jamás.

-No...¡ah! ¡Espera! – se quejó, al sentir como una de las manos del peliazul se colaba hasta su parte delantera, acariciando su miembro rápidamente.

Sentía que ya no tardaría mucho en venirse. Se acomodó sobre la espalda de Ren, lamiendo con suavidad el lóbulo de la oreja de Ren, e incrementando el ritmo. No demoró más de unos minutos, cuando el chino se vino con fuerza en su mano, ahogando un gemido y estrechándose hasta lo imposible, haciendo que el mismo no aguantara mucho mas y se viniera dentro de él.

Ren se desplomó sobre la cama con el ainu sobre el. Trataba con dificultad el recuperar el aliento, y de seguro el chino intentaría hacer lo mismo, así que se quitó con cuidado, quedando boca arriba. Jamás había experimentado algo así...

-¿Estas bien? – preguntó suavemente, acariciando la espalda de Ren, quien aún yacía boca abajo con los ojos cerrados, con la respiración ligeramente irregular. Se sintió sonrojar cuando se vio reflejado en las doradas pupilas. – Creo que fue muy rápido...

El mandarín sonrió ligeramente, cerrando los ojos, había estado muy bien, demasiado bien para la primera vez, no imaginaba como al ainu aún así llegaba a parecerle que fue rápido.

-No, esta bien...

-¡Pero aún no lo pudimos hacer de la forma en que lo hacíamos en tu sueño!

-¡¿QUÉ?!

-Tu sabes, de la pose del misionero y...

-¡¿Qué acaso te parece poco?! ¡Yo soy el que recibe mayor daño! ¡No puedes hacer todo de una vez! – exclamó, ligeramente histérico. ¡Es que el ya no podía mas!

-¿Ni una más...? – pidió, colocando cara de cachorrito abandonado.

-¡No!

Ren se giró, dándole la espalda al ojinegro, para luego sentir aquellas manos curiosas en su cintura y ligeros besos en su cuello. Al parecer no iba a poder mantener sus convicciones...

Luego, fueron por una segunda ronda.

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Horo, ya completamente vestido, se había dedicado a contemplar aquel pacífico rostro dormir. Nunca imaginó que hacer el amor fuera tan agotador. Tampoco había imaginado que fuera tan increíble...

"Oh dios TuT... Eso fue tan... guay" Pensó, terminando de limpiar aquel perfecto cuerpo.

Suspiró, intentando alejar aquellos pensamientos de su cabeza, no era una buena combinación aquellos pensamientos y Ren dormido y desnudo sobre su cama. Le venían a la cabeza aquellas ideas que le diera Hao hace unos días...

-¡Ya, deja de pensar en eso! – murmuró, bajando la escalera de la casa para ir a dejar la toalla.

Pasó por al menos tres pasillos, pero, como temía, terminó perdiéndose entre tantas puertas, corredores y salones. Sentía su cabeza dar vueltas luego de 15 minutos de llegar a la misma escalera ¡Juraría que iba pegarse cabezazos contra la pared si veía otra vez aquel recibidor!

-¿Eh? ¿Quién eres tu? – preguntó una cantarina voz femenina tras de el.

Ran Tao acababa de llegar a su mansión, y tras de ella varios de sus sirvientes con muchas bolsas del centro comercial. Era miércoles y por lo tanto, día de reventar la tarjeta de En...¡Perdón! quise decir, día de ir de compras. ¡De seguro a su hijo le encantarían las nuevas camisas negras de seda! ¡Eran iguales a las otras cinco que tenía! Así no había duda de que le gustarían, y no se arriesgaría como la otra vez que le compró una camisa de color rosa...

¡No entendía como no le había gustado! ¡Era de ultima moda!

Bueno, volviendo al tema, apenas había entrado, se había encontrado con un joven alto, de cabello extraño en el descanso de la escalera que llevaba a las habitaciones. ¿Acaso sería...?

Horo-Horo volteó con lentitud y miedo, viendo como al final de la escalera había una mujer de mediana estatura y hermosos rasgos chinos, de seguro era la madre de Ren. Genial, ¿Qué haría ahora?

-Hehe ñ.n...

○○○○○○○○

Se removió inquieto en la cama, sintiendo como las sabanas se le enredaban en las piernas. Manoteó un momento, para abrir los ojos lentamente. ¿Por qué estaba todo oscuro? Y aún mas importante, ¿Dónde estaba el ainu? Se incorporó un poco, dándose cuenta de que estaba vestido y lavado. Sonrió con suavidad, ya lo habían hecho y no había sido tan terrible como se lo había figurado, al contrario, le había encantado, se había maravillado de la forma que tenía el ainu de hacer el amor...

Si, eso no había sido tan solo sexo, había sido hacer el amor.

Se levantó, sintiendo una fuerte punzada en su parte trasera. Quizás dos veces había sido demasiado.

-¿Eh? – se preguntó, al escuchar risas desde el comedor del primer piso. Se acercó hacia el salón con lentitud, sintiendo aún un leve dolor en su parte posterior. Asomó su cabeza a la sala, donde vio algo que había estado tratando de evitar desde que comenzó a tener aquellos odiosos sueños - ¡¿QUÉ DEMONIOS CREEN QUE ESTAN HACIENDO?!

-¡Ah, Ren! ¡Que bien que llegas! ¡Acabamos de partir el pastel de durazno que tanto te gusta! – Exclamó Ran, emocionada, ignorando olímpicamente la histeria impregnada en el grito de su hijo.

Al ainu le corrió senda gota de sudor desde su sien, estaba seguro de que Ren le regañaría por eso luego, y no entendía como su hermana y su madre ignoraban aquella crisis nerviosa de la que era víctima el más pequeño de la familia Tao.

-Ya... –suspiró la peliverde – descuida, siempre es así, es mejor ignorarlo. ¡Es genial que tenga a un chico tan guapo y simpático como tú para que le calme ese odioso carácter!

-Si, ya estoy acostumbrado a aquellas crisis – sonrió el ainu, comiendo algo de aquél delicioso pastel, sintiendo que se le hacía agua la boca ¡Era realmente muy bueno! – El pastel está muy bueno, Señora Tao.

- ¡Oh, no, no me llames así, tan solo dime Ran o Mamá! – Se rió la mujer, pasando por alto el creciente sombrerito de su hijo, quien parecía que en cualquier momento sacaba un cuchillo, o aquella lanza con la que tanto practicaba y los mataba a todos, cortándolos en pedacitos pequeños. - ¡Por cierto! – continuó Ran, emocionada, viendo al ainu - ¿Quieres ver fotos de Ren cuando era bebe?

-Mfmn – asintió Horo, con la boca llena.

-¡Espera, Mamá! – la llamó Jun, antes de que tan solo quedaran partículas de polvo en vez de la señora. - ¡Ahora podemos preguntarle si Ren es seme o uke!

-¡Cierto! – Ran Tao se sentó frente a su yerno, quien tragó duro al escuchar esa pregunta y sonrió apenado - ¿Y, nuestro Ren es seme o uke?

-Es...

-¡¡YA CALLENSE!! – Estalló Ren.

Solo se escuchó un gran estallido en la mansión, que hizo eco en toda la cuadra e hizo sonar varias alarmas de autos y ladrar a varios perros. Lo que más lamentaba Ran, era que tendría que pagar extra a la servidumbre para limpiar aquel desastre, y llamar a algún medico, urgente.

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Notas de TenRan: Hola querida gente del mundo nOn!!! Creo que no me demoré tanto en esta actualización nwn...-todos le miran feo - o.o...ñ.ñ bueno, quizás si me demoré mucho xD pero no tanto como del 4 al 5 cierto?... cierto? O.o No importa xD lo que importa es que este capi salió mas largo, así que conténtense con eso òwo

Bueno, como sea xD con respecto al fic, es segunda vez en mi vida que escribo un lemon sola, por lo tanto perdonen la indecencia a la que me atrevo llamarle 'lemon' xD, y en esto me refería a las variaciones con respecto a la trama, en el manga, el seme es mas baka xD y como que no cacha, pero aquí Horo se toma el power! Òwo. Bien, solo creo que queda un capítulo, y un extra que no me decido a hacer o no, a pesar de que estaría gracioso incluir varios de ellos, no se si sea capaz de imprimirle el humor del que requieren, todo depende de ustedes nwn. (cofreviewscof 9-9)

En fin, la dedicación especial es para Faye D porque gracias a ti ninia es que yo me atrevo a escribir lemon xDD!! Que sino lo dejaría como "Zippen Closed" xD Tu entiendes n3n En fin, ninia la amo de aquí al infinito w ! –Súper baxo no jutsu-

Muchas gracias por todos sus reviews! Los leo todos pero me da flojera responderlos xD en fin, muchas gracias nwn es por ellos que uno se atreve a escribir :3

Escriban lindo D

¡Sayônara! w :Love:Heart: