¡¿Nightmare?!
TenRan-Sama
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- Diálogos
"pensamientos"
Narración normal
Sueños
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Capítulo Final
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Se estiró frente a la ventana, admirando el hermoso día soleado afuera, mientras era observado de cerca por Hao, quien le conversaba sobre la pareja de tórtolos que ayer vieran salir de clases, y que por cierto, tuvieron que justificar mas tarde.
-Es un lindo día – comentó el inglés, apoyándose en el borde la ventana, viendo como comenzaban a llegar de a poco los estudiantes, esperando ver a la pareja del año.
-Un día para jugar, para hacer picnic y para saber que demonios pasó con el dúo ese – acotó, mirando el techo, estando de espaldas a la ventana. - ¿Crees que lo hayan hecho?
-Realmente, no tengo idea. Es casi impredecible la reacción de Ren... a veces – le miró de lado, curioso - ¿No me habías preguntado lo mismo ayer?
-Sip, ayer, aquí mismo.
-Ah, bien.
-¿De verdad no intuy— .? no terminó la frase, viendo interesado la entrada del salón.
La puerta se abrió con lentitud, dando paso a un sonrojado Ren y un muy feliz ainu, quien cargaba ambas mochilas. Hao sonrió complacido, viendo de reojo a Lizerg, quien les miraba algo... descolocado. ¡Ese no parecía Ren! Es que... ¡Se veía tan achuchable!
Caminó con lentitud hacia su puesto, sintiendo la mirada fija de todos sobre el. ¿Qué pasaba que le miraban raro? No es como si hubiera cambiado de la noche a la mañana, es mas, creía que su leve cojeo producto de un muy buen encuentro era casi imperceptible. Tropezó ligeramente.
-¿Estas bien, Ren? – preguntó preocupado el ainu, asiéndole por la cintura – Te dije que quizás hubiera sido mejor que no hubieras venido.
-No, estoy bien – murmuró apenado, quitando aquellas manos de su cintura y acercándose a sus amigos. – Buenos días, Lizerg...
-Buenos días, Ren – sonrió complacido el peliverde, con su cortesía habitual.
-Si, buenos días para ti también, Ren – le llamó sarcástico el Asakura, después de haber saludado al ainu, no sin antes felicitarle por su logro. ¡Había domado a la bestia!
-Ah si, buenos días – bufó, no tenías ganas de ningún comentario sarcástico. De hecho, sentía su animo bastante relajado. Era primera vez en meses que se sentía tan ligero, y era quizás porque ya no se sentía víctima de aquel sueño.
Lizerg y Hao volvieron a sorprenderse ¿Acaso no iban a protagonizar la pelea-discusión matutina? Volvieron a ver al peliazul, quien sonreía sin caer en cuenta de aquello, sin quitar su atención de aquel tan suavizado chino. Definitivamente estaban en un universo alterno.
-¿Qué es eso en tu cabeza, Horo? – preguntó curioso el castaño, al ver que en vez de la acostumbrada banda, el ainu llevaba una venda blanca, seguramente recién cambiada, cayó en cuenta también que tenía algunas de ellas en sus brazos, cuando levantó uno de ellos para llevar su mano a la zona afectada.
¿Acaso Ren era Sado?
-Ah, esto – risa nerviosa por parte del peliazul, viendo como el mandarín apartaba la vista, sonrojado y con el ceño fruncido.- Un pequeño incidente...
Se abrió la puerta del salón, dando paso a la profesora de Lenguaje, quien, como siempre, comenzó la clase con bastante ánimo. Hao se dirigió a su asiento, dando una rápida mirada a la pareja, riendo de forma disimulada al ver el leve respingo del chino al tomar asiento.
Ja, seguro que no lo habían hecho solo una vez.
o.o.o.o.o.o
-...Y luego de eso, Ren tomó su lanza y me atacó. – suspiró, con cascadas de lagrimas bajo sus ojos, ante la mirada divertida de Hao y la ligeramente preocupada de Lizerg.
-¡Le estabas hablando de mi vida sexual a mi madre y a mi hermana! – se excusó, llevando uno de aquellos arrollados que le había mandado su madre, a modo de disculpa por lo ocurrido ayer.
Estaban en la azotea de la escuela, almorzado con tranquilidad y escuchando la versión de la historia de boca del ainu, mientras Ren y ellos comían. El inglés se mostró bastante complacido ante el notorio cambio de su amigo, Ren estaba más hablador y relajado, no explotaba a cada provocación por parte de Hao, al contrario, parecía ignorarle totalmente. Por su parte, a Asakura le desagradaba totalmente aquel rechazo que tenía el mandarín a todas sus provocaciones, le hastiaba esa maldita actitud de 'Por-mi-tírate-a-un-pozo' que tenía. Es decir ¡¿Con quien iba a pelear ahora?!
-Hey, ¿Me das un poco? – preguntó el ainu, y sin esperar respuesta tomó aquel pedazo de carne que sostenía el chino con sus palitos.
-¡No tienes que comerlo de mis manos! – exclamó el ojidorado, bastante azorado. ¡Estaban frete a Hao y Lizerg, por Dios! Tenía que guardar un mínimo de postura para conservar su reputación, que ya bastante alterada estaba desde la llegada del ainu a su vida.
Desgracia en la que había caído al conocerlo.
-Vamos, fue solo un poco – respondió, riendo de forma cándida y dulce, provocando automáticamente una leve sonrisa en respuesta.
-Estamos en público, idiota. No puedes hacer eso en cualquier parte.
-¡Pero si sólo son Hao y Lizerg!
-Pero nada, ya me escuchaste – cortó el chino, cerrando los ojos un momento. No podría seguir la discusión si el ainu comenzaba a poner esos adorables pucheros.
Hao bufó molesto ¡Es que le iba a dar un coma diabético! Esos dos derramaban mas azúcar que una fábrica, y a el ya comenzaba a molestarle. Volteó hacia el inglés, notando como este, al igual que él, comenzaba a hastiarse.
-¿Crees que recuerden que estamos aquí? – preguntó Hao con toda la calma del mundo, acercándose al peliverde, quien tenia una sonrisa por demás forzada.
-No, no lo notan – respondió con simpleza. Casi podía ver las cantidades industriales de miel cayendo sobre ellos como si de una gran ola se tratara, y ya estaba ahogándose. - ¿Crees que deberíamos irnos?
-Si, solo espera un momento – sonrió malévolamente, poniéndose de pie y carraspeando ligeramente para que le prestaran atención. – ehem…
Nada, Ren y Horokeu seguían en su pequeño mundo.
-EHEM…
…
-¡PRESTENME ATENCIÓN, MALDITA SEA! – Explotó de una vez el castaño, logrando al fin la atención de aquél dúo azul-púrpura.
-No tienes que gritar, Hao, con una llamada pequeña hubiera bastado – le regañó Ren, con cara de "eres patético".
-¿Una llamada? –pronunció, modulando con énfasis cada sílaba ¡Pero si les había llamado en todos los tonos posibles! Una GRAN vena adornó la piel bronceada del castaño ¡Es que iba a…!-¡Mira, peq—
Se detuvo súbitamente cuando sintió una suave caricia sobre su hombro, volteó ligeramente viendo como Lizerg le sonreía ligeramente. "Déjamelo a mi, Hao" moduló lentamente, bajando automáticamente toda aquella ira contenida. Gracias a Kamisama que el peliverde estaba allí, de seguro que si hubiera estado solo, en este momento se estaría liando a golpes con el chino.
-Se ven muy felices ahora, chicos – habló Lizerg, con su habitual tono suave y delicado-
-Si, lo somos –contestó el peliazul por ambos, aferrando firmemente la cintura de Ren, quien se removió algo inquieto.
-Me alegro – expresó con sinceridad perfectamente fingida – pero debo advertirles algo, porque me siento algo responsable de ustedes.
Lizerg hizo una dramática pausa antes de proseguir, moviendo sus manos de forma nerviosa. Ren lo miraba expectante ¿Qué podría ser tan importante para le tomara tanto trabajo expresarlo? Vamos, que Lizerg era de esas personas terriblemente elocuentes, de los que saben usar bien "empero" en una frase común. Por su parte, Horo sólo creía que le ponía demasiado dramatismo ¡Si aquí el de los espectáculos era Hao!
Un escalofrío lo recorrió al recordarlo. Nunca volvería a acercarse a Hao cuando este tuviera fósforos y hojas de papel en la mano.
-Puede que ahora su relación vaya bien, pero… - empezó a hablar el inglés de forma calmada- ya que ambos son hombres, la situación es mucho más difícil que la de una pareja normal; puede que nosotros los hayamos aceptado fácilmente, ya que Ren es nuestro amigo, pero…
- ¡Pero…! –continuó Hao, tomando la palabra. Vamos, que el verdecito se estaba llevando todo el crédito y el protagonismo ¡El era el malvado de la historia! ¡La bruja que le daba manzanas nockeadoras al princeso-Ren!- la sociedad no lo hará tan fácilmente; les aislará, los tildará de pervertidos, indecentes, y de que se les quema el arroz ¡No se asusten! Es sólo un pequeño inconveniente en su dulce vida. Mientras se quieran, se lleven bien y no se maten en el camino ¡Todo estará bien!
Silencio Absoluto.
- ¡Claro, es simple! – dijo el inglés, tomando del brazo a Hao para salir rápidamente de allí, antes de que Ren comenzara con su típica histeria de mediodía.
-¡Claro que es simple! – replicó el peliazul, bufando con cansancio y apretando aún más el abrazo en el que sostenía a su chinito. – ¿Cierto, Ren?
El Tao se mantuvo en silencio, apoyando una de sus manos sobre las del chico del norte. Lo que decía Lizerg era cierto, escalofriantemente cierto; quizás el se había acostumbrado demasiado a las cosas fáciles, después de todo, sus amigos y su familia eran casos muy raros; la gente normal nunca reaccionaría bien ante ese tipo de relaciones, su mismo padre no lo hacía ¿Qué haría cuando se enterara?
También era consciente de que él y Horokeu no eran una pareja normal; que no podían pasar más de veinte minutos sin que se pelearan por cada mínima estupidez ¡Ni siquiera cuando tenían sexo se calmaban! Estabas seguro de que Horo debía quererlo mucho como para soportarlo, pero seguro que un día se aburriría y se iría.
Y él… ¿Qué haría entonces?
-¿Ren?
-Oye, Horo… - empezó a hablar, casi en un susurro, volteándose ligeramente, lo suficiente como para verlo a los ojos.
-¿Qué? ¿Estás incómodo? – Respondió preocupado, aflojando el agarre que sostenía - ¿Te estaba apretando mucho? ¡Lo siento! ¡Es que a veces estas tan lindo que—!
-Terminemos- soltó rápidamente.
-¡¿QUÉ?!
-¡Terminemos con esto! –casi gritó, alejándose abruptamente de él, quedando de frente.
Era lo mejor. Si seguía con el idiota, no podría soportar una separación después; Horo se iba ganando poco a poco, a punta de amor y algo de acoso sexual, su corazón, y si continuaban con esa relación…
Ya no sabía lo que sería capaz de hacer.
-¿Es porque soy malo en la cama? ¡Ren, te juro que iré mejorando con la práctica!
-¡¿Ah?! ¡No, no es—!
-¡Sólo me falta práctica! Pronto mejoraré lo suficiente como para hacerte venir cinco veces en una sola ron—
-¡HOROKEU! –gritó Ren, sintiendo que se hiperventilaba ¡Que se estaba imaginando todo, por Dios!
-¿Es porque te molesto demasiado?
-…No
-¿Es porque soy feo?
-¡No!
-¿Porque me vine dentro de ti sin cond—?
-¡NO! – replicó, casi tan rojo como el color del barniz de uñas nuevo de Hao. – ¡Deja de pensar en sexo, maldito maniático!
-¿Entonces?
-Sólo… no va a funcionar, Horo-Horo, no a funcionar… -repitió cansado, llevando una de sus manos a la sien, sintiendo repentinamente muy cansado.
-¿Por qué no? ¡Yo te amo, tú me amas, nos amamos! – explicó didácticamente, sonriendo como siempre, recibiendo como respuesta una mirada hastiada.
-¡Tu me hartas, yo te golpeo, nos peleamos! – replicó con tono de burla. – ¡Es lo mismo, gran imbécil!
-¡Pues tú me hartas también y no por eso vamos a llevarnos mal!
-¡Claro que nos llevamos mal!
-¡Que no!
-¡Que sí!
-¡Que no, maldito chino cabeza de alfiler!
-¡¿Ves cómo estamos peleando ahora?! – replicó, completamente exasperado. ¡A veces le daban ganas de matarlo!
-¡No estamos peleando!
-Ah, no, claro que no ¡Sólo nos hablamos muy fuerte con palabras hirientes! –Respondió con sarcasmo - ¡Es una pelea, Horo!
-¡Te digo que no lo es!
-¿Qué es, entonces?
Horokeu sonrió, descolocando un momento a Ren. ¿Qué demonios pasaba con—?
PAF
-¡¿Q—Qué demonios crees que haces, imbécil?! – gritó, llevándose una mano al rostro. ¡Horo-horo le había dado un puñetazo con ganas!
-Peleo contigo, "duraznito".
-¿C—Cómo me llamaste? – no era posible que Horo supiera de ese apodo, no él. No tenía como enterarse de… - ¿Acaso Jun…?
-¡Eras tan lindo cuando bebé! ¡Especialmente en esa foto en la bañe—!
-¡¡MALDITO BASTARDO!!
Horo se enteraría de quien era Ren Tao. Nadie, absolutamente nadie más que su hermana y su madre podían llamarle "Duraznito" y vivir para contarlo.
-¡Vuelve aquí, maldito cobarde! – corrió tras el ainu, quien antes de recibir un golpe que lo mandaría a conocer a sus antepasados, había huido a todo lo que sus piernas daban.
Horokeu aumentó ligeramente la velocidad, girando por los pasillos de la escuela sin perder a Ren tras de sí. Sonrió aún más; sabía que Ren olvidaría todo aquello de terminar si es que encendía su animo un poco. Una buena pelea descargaría toda su tensión.
-¡Reza a todos tus ancestros por que no te alcance, Hoto-hoto!
Horokeu tragó con dificultad. Quizás lo del "duraznito" había sido demasiado…
-¡Te tengo!
-¡AGH!
Que los grandes espíritus se apiaden de tu alma, Horo u.u.
o.o.o.o.o.o
Ren apoyó su cabeza sobre su mano, algo aburrido, viendo cómo el ainu dormía sobre su cama. Se sentía algo culpable por haberle tratado así –patadas, puñetazos y hasta mordidas en lugares no muy frecuentados por el toque de otras personas-, pero se lo tenía bien merecido. Jamás pensó que esa foto la vería alguien más, y mucho menos que la historia del duraznito saliera a la luz.
Pero para su suerte, aparte de su familia más cercana, sólo Horo lo sabía.
Suspiró ligeramente, alejando aquellos cabellos rebeldes que siempre caían sobre el rostro del ainu cuando éste dormía (o estaba en un pseudo estado de inconciencia inducido por personajes provenientes de China). Después de haber traído, con ayuda de Hao y Lizerg, al ainu a su casa, de que trataran un poco las heridas que le habían provocado, y de que lo dejaran descansando en su propia cama, Ren se dio cuenta de que Horo había montado todo ese espectáculo a propósito.
A pesar de lo poco que lo conocía, él siempre sabía hasta donde podía llegar a molestarlo sin que el sintiera deseos de acabar con él. Era casi un juego; un juego en el que ambos compartían un mundo aparte de todos, donde el otro era todo en ese momento, aunque sólo fuera atención para lograr ganar; un instante en el que toda la gente sobre el planeta desaparecía, y les daba espacio para batallar a sus anchas. Ren siempre supo que las peleas eran algo esencial y especial entre ellos, pero jamás lo había notado hasta ese momento.
Después de todo, el idiota no era tan tonto como parecía.
-Uh… ¿Ren? –
El aludido levantó la vista, notando que el Usui recién abría sus ojos. Le ayudó a sentarse en la cama.
-Siento que me hubiera pasado un camión por encima… - se quejó, llevando una de sus manos a su cabeza, donde la venda de la mañana había aumentado su grosor.
-Hn, te lo tenías bien merecido – respondió, apoyándose completamente en el respaldo de la silla.
-Eres un delicado, señor "duraznito"
-Horo—
-¡Ya se, ya se! Es sólo una broma. – rió nuevamente, para luego relajar su expresión a sólo una sonrisa calmada.
Se quedaron así durante algunos momentos, sosteniéndose la mirada nada más que por querer; no era un duelo de miradas, no eran miradas deseo, ni mucho menos miradas asesinas, eran sólo dos personas disfrutando de la compañía mutua, comunicando sus sentimientos sin la necesidad de palabras.
Era lo mejor. Seguro si uno de los dos hubiera abierto la boca para decir algo, la pelea no se hubiera hecho esperar.
-Calladito se ve más bonito, señorito – habló el ainu, sonriendo de forma pícara. Era demasiado amor por un día.
-Debí cortarte la lengua.
-¡Oh no! Luego la extrañarías – respondió dramático, acercando a Ren a su rostro.- Nos perderíamos de muchas cosas…
-Sólo cállate, Hoto-Hoto.
-¡Que es Hor—!
El Tao no lo dejó terminar, tomando con fuerza y ambas manos la cabeza del ainu, juntando ambas bocas con rudeza. Le encantaban los labios de Horo-horo, le atraían de una forma insana y particular; le fascinaba probarlos, morderlos a su gusto, recibir una respuesta casi inmediata a sus toscas caricias. En nada se parecían a los de sus sueños; en su sueño premonitorio jamás podía probarlos; eran secos, huidizos, cada vez que se acercaba a ellos parecía desvanecerse como el agua entre sus dedos. En cambio, los del verdadero Horo eran todo un reto para él; todo él era una prueba. Abrió ligeramente sus labios cuando sintió que el peliazul le incitaba a profundizar su beso, pero no lo suficiente. Sonrió y mordió ligeramente la lengua ajena al escuchar un gruñido insatisfecho de su contraparte; lo dejó entrar, acariciándole, luchando y dejándose dominar –no muy fácilmente- por el ainu. Sólo se separó cuando sentía que el aire que faltaba se comenzaba a notar en su cara, haciendo juego con el pelo del Usui.
Mantuvo sus ojos cerrados, respirando algo agitado, sintiendo la respiración del otro sobre sus labios, indicándole que aún estaban muy cerca. No quería mirarlo.
-¿Ren?
-¿Hm?
-Abre los ojos.
Sin quererlo realmente, obedeció, topándose de lleno con esos ojos tan oscuros y brillantes ¿Cuántas veces no había abierto los ojos y se había topado con el techo de la habitación? Pero no, allí estaba su peor pesadilla, frente a él, tan cerca y tan real como cualquiera de sus amigos, como él mismo.
¿Qué importaba que hubieran terminado juntos por culpa de un sueño? ¿Qué importaba que la gente no los aceptara? Sus amigos si lo hacían, su madre y su hermana también,… de su padre él ya se encargaría; pero, aunque sólo fueran ellos los que los apoyaban, le bastaba y sobraba. Los demás podían irse al demonio.
-Te quiero – susurró el peliazul, tomando el rostro del otro con suavidad desacostumbrada, dándole un suave y casto beso en los labios.
-Hnn… -fue lo único que pudo vocalizar.
-Si Ren, se que tu también. – bromeó, antes de juntar nuevamente sus labios.
o.o.o.o.o.o
-Es un lindo día – comentó el inglés, apoyado en la ventana.
-Sí, muy lindo – respondió el castaño – No quieras quitarme el crédito, yo soy el que repite lo mismo dos días, Lizerg.
-¿No crees que fuimos demasiado duros con ellos ayer? – siguió, hablando, ignorando olímpicamente el otro comentario – Quizás Ren se lo tomo en serio y…
-¡BUENOS DÍAS! – saludó enérgicamente el ainu, entrando por la puerta del salón, seguido de cerca por Ren.
-No, Lizerg, esos dos son como las canas, mientras más intentas deshacerte de ellas, se multiplican.
Ren dejó su mochila sobre su banco, para luego acercarse a sus amigos, saludándolos como siempre. Lo típico, Hao dice un comentario que molesta a Ren, éste se enfada, le contesta, Hao se molesta, y sigue el intercambio, todo visto de cerca por un tranquilo peliverde y un extrañamente pasivo peliazul.
-¿Pasó algo bueno, Horo-horo? – preguntó con calma, viendo como Hao ya comenzaba a sacar su caja de fósforos. Dentro de dos minutos intervendría para prevenir un incendio en la escuela.
-La conversación que tuviste ayer con Ren mejoró las cosas, sólo eso – habló calmado, volteando hacia él. – Pero no creas que no se cuales fueron sus intenciones.
-Haha, claro. – Lizerg sonrió con calma. Horokeu era más observador de lo que parecía, y a veces tenía la suficiente madurez y entereza (o quizás su misma torpeza e idiotez) para enfrentar a Ren (además de salir con vida) en su propio juego. – Pero gracias a eso, Ren ya no sufre de esas pesadillas.
-Hm…
-¡Vete a quemar mierda, Barbie de cuarta! – le gritó Ren, saliendo totalmente ofuscado del salón.
-¡Ren!
El inglés observó como Horo seguía como un perrito al Tao, seguramente para apaciguar un poco sus ánimos; mientras tanto, Hao guardaba sus fósforos y encendedores en su bolsillo especial, acercándose nuevamente a la ventana.
-Parece que Ren ha vuelto a la normalidad – comentó el pelilargo, sonriendo ligeramente. Podría molestarlo y todo, pero aquel odioso joven era su amigo de todas formas, uno de los pocos que tenía. Era normal que se preocupara por el.
Muy a la manera de Hao, claro, pero preocupado al final.
-Claro, Barbie. – respondió, aludiendo al ultimo insulto que había dicho el chino; al parecer también había desarrollado nuevos apodos para el Asakura.
-Sólo me tienes envidia porque no tienes mi cabello de comercial.
-Claro, Hao, claro. – rió, girándose para ir a su asiento. Dentro de poco comenzaría la clase.
Diethel sintió como era halado firmemente por la camisa, hasta que su espalda quedó totalmente apoyada sobre el firme pecho del castaño. Estaba totalmente confundido, no sabía que demonios tendría planeado ese pirómano ahora. Sintió la suave respiración de Hao sobre su oído, rozando sus labios ligeramente contra ellos.
-Oye, Lizerg – habló casi en un susurro, lo suficientemente audible que solamente ellos lo escucharan. – De casualidad ¿No has soñado conmigo últimamente?
El inglés casi suelta una carcajada, si no se hubiera sentido tan nervioso y divertido en ese momento. ¿Acaso Hao estaba…?
-Oh sí, Hao – contestó – muchas veces.
-¡¿L—Lo dices en serio?!
Sólo se limito a sonreírle encantadoramente, apartándose rápidamente del babeante castaño que, segundos después, fue impactado por un ente azul a gran velocidad; un ente denominado comúnmente como Horokeu Usui.
-¡No, Ren, te juro que nunca más intentaré hacerlo en los baños!
-¡CALLATE IMBÉCIL!
PAF
Lizerg tomó asiento con calma, suspirando con suavidad. Ellos nunca cambiarían.
The End.
o.o.o.o.o.o
Notas de la autora: OMGOMGOMGOMG!! –Ryuu corre como loca por la casa- LO TERMINÉ!! Asdafdf!!! Ehem… Listo, recuperé la compostura xD. Ahora si puedo expresarme bien.
Este fic se publicó por primera vez el 16 de Enero del 2007, y el capitulo 6 fue subido el 19 de Octubre del 2007, ya han pasado casi dos años, y al fin subo el último capítulo de esta historia. Debo admitir que es una de mis favoritas, y que ha sufrido todos mis cambios de escritura, ánimo y perspectivas sobre los personajes; como pueden ver, es un fanfic bastante especial, ya que me trae recuerdos y representa cosas muy importantes para mi (El manga en el que me basé fue le primer manga yaoi que leí, Shaman King es una de las series que aun me gustan de mi infancia, lo escribí cuando aún estaba en secundaria, y ahora estoy en la universidad; también este fic lo comencé a publicar cuando aún participaba en HxR Fanclub en Dz). Además debo agregar que es el primer fic que escribo sola que termino :D Espero que lo hayan disfrutado.
Sobre el capítulo, no se. Volví a ver Shaman King hace unas pocas semanas, y me di cuenta de muchas cosas; muchas perspectivas sobre los personajes, las cuales estaban tergiversadas en mi mente después de tanto leer fics xD. Es por eso que en este ultimo capítulo cambian un poco sus personalidades :3 espero que no les haya disgustado eso. Sobre el "Duraznito" xD fue algo que se ocurrió en el momento; la idea es que Jun le mostró a Horo una foto de bebé Ren desnudo xD en la bañera, y pues, el trasero de los bebes se parece a los duraznos del animé, de ahí que a Ren le dijeran "duraznito". Por supuesto, es esas cosas vergonzosas de tu niñez que tu no quieres que nadie sepa xD. También, quienes hayan leído el manga, notarán que termino de una forma totalmente diferente, y lo sé; fue sólo lo que la inspiración trajo a mis dedos y lo escribí.
Por ultimo, debo agradecerle enormemente a Fayewi, Takao, y Moli-Nee-chan :3 que siempre me estuvieron presionando y apoyando para que terminara el fic –látigos y amenazas incluidas por Faye-, las adoro con todo mi yo my dears!
A todos los que leyeron, muchas gracias!!´
¿Review? 9.9
