Mis disculpas por tardar tanto con la continuación. Actualizar no es mi fuerte T~T.

En dos semanas capítulo Cinco. Si no me muero.

Mil perdones kiraley.


Capítulo Cuatro.

El Jinete.

La tarde transcurrió con normalidad y a la tarde siguió la noche.

Brago despertó en medio de la oscuridad, horas antes de la salida del sol. Aquella presencia extraña que había percibido al llegar a Sleepy Hollow se había intensificado notablemente. Y se acercaba.

Salió del hostal sin hacer ruido. Había pensado por un instante en despertar a Sherry y hacer que lo acompañara, pero desechó la idea; sea lo que fuera aquel ente no era uno de su especie y Brago no era como los débiles humanos. Podía encargarse solo de esa maldita cosa, sin importar lo que fuera.

Las calles del pueblo estaban completamente desiertas y la única luz existente era la de la luna. El mamodo oscuro avanzó con sigilo. Llegó a las últimas casas del poblado en poco tiempo; la linde del bosque distaba unos cincuenta metros.

Brago entrecerró los ojos y miró alrededor, con los músculos en tensión. Una espesa neblina lo envolvía todo y un frío extraordinario atravesaba la piel y llegaba hasta los huesos. La presencia era increíblemente poderosa y el oscuro sabía que su fuente estaba cerca, aunque no podía precisar donde.

Las rojas pupilas desaparecieron de los ojos del mamodo.

Aquello debía estar… en algún lugar a su izquierda.

Un grito del más puro horror rompió el silencio. El mamodo corrió hacia la casa en la que se había originado. Le faltaba poco para llegar hasta la desdibujada silueta del edificio cuando la puerta se abrió de golpe y una figura sombría salió al exterior.

Brago maldijo al verlo.

Tenía que tratarse de una mala broma ya que el hombre no tenía cabeza sobre sus hombros. Pero, en cambio, si tenía una en la mano izquierda, fuertemente agarrada por los cabellos; en la otra mano empuñaba una reluciente espada.

El Jinete caminó en línea recta hacia el mamodo y pasó a su lado ignorándolo por completo.

Brago se giró rápidamente, furioso. De ninguna manera iba a tolerar que un humano, o lo que había sido un humano, lo tratara como si no existiera.

Atacó sin pensar, un movimiento rápido y decisivo al que no se podía escapar... pero el espectro lo hizo. El fantasma decapitado esquivó el ataque sin problemas.

Soltó su trofeo; la cabeza cayó al suelo y rodó unos dos metros antes de detenerse; el desagradable rostro, y no sólo por tener las facciones deformadas por el miedo, quedó contemplando las estrellas con sus ojos vidriosos.

El Jinete esgrimió su espada y dejó caer el frío acero sobre la cabeza de Brago. Él se tiró al suelo y rodó por el pasto, esquivando la cuchillada por poco. Sin darle tiempo al espectro de que reaccionara, lo pateó en la rodilla, derribándolo.

Brago aprovechó la oportunidad y le asestó un fuerte golpe en el abdomen, golpe que el Jinete no pareció sentir. El descabezado se las arregló para patear al mamodo en la cabeza y levantarse.

El fantasma se preparó para dar la estocada final.

Brago se encontraba de cuclillas en el suelo, confundido; la cabeza le daba vueltas y todo lucía borroso. El Jinete contrajo los brazos y los extendió en un rápido movimiento. Un arcano instinto de supervivencia obligó al ser oscuro a enderezarse y lanzar su brazo hacia arriba y adelante.

El filo de la espada chocó contra la blanda tierra y espectro y demonio permanecieron inmóviles y silenciosos por lo que pareció una eternidad pero que sólo fue el tiempo de un suspiro.

Lentamente, Brago retiró su brazo, produciendo un repulsivo sonido de succión, y se desplomó en el suelo; el Jinete retrocedió tambaleándose.

Un enorme agujero, hecho por las garras de Brago, lo traspasaba de un extremo a otro. El espectro se pasó las manos por el boquete, hundiendo sus dedos en la carne podrida, tanteando los restos de sus vísceras putrefactas…

El mamodo de la oscuridad respiraba entrecortadamente; aún estaba confundido pero ya podía enfocar la vista. Tragó saliva y se puso de pie con dificultad, listo para volver al combate.

El Jinete no parecía dispuesto a reanudar la pelea. Hizo un gesto con la mano y su corcel apareció de entre los árboles, cabalgando furiosamente hacia aquel amo al que la fatalidad y el destino lo habían encadenado; era un caballo más negro que el carbón, despedía fuego por los ojos y relinchaba como el trueno.

El guerrero montó con destreza y espoleó a su oscura bestia.

Brago se abalanzó hacia el aparecido, perdiendo el equilibrio y cayendo en tierra. Para cuando logró incorporarse, el espectro ya estaba demasiado lejos.

Golpeó el suelo con su puño. Estaba furioso. Su enfrentamiento con aquel ente había terminado en un empate y para él eso equivalía a la derrota…

Una derrota ante un humano muerto.

Algo cálido le escurría por un lado de la cabeza, bajando lentamente hasta su cuello. Se limpió con el dorso de la mano y con la escasa luz lunar alcanzó a ver su sangre fresca contrastando con aquella antigua y reseca del Jinete que había quedado en sus garras.

Estaba sangrando por el oído y eso significaba una contusión.

Miró una vez más el punto por el que había desaparecido el Jinete.

Volverían a enfrentarse y, la próxima vez, Brago lo aniquilaría por completo.

-o-o-o-

Sherry Belmont despertó al rayar el alba debido al ruido de un tumulto que tenía lugar en la entrada de la posada. Abrió la ventana de su habitación y logró distinguir claramente las palabras proferidas por un grupo de personas tensas y asustadas.

-... regresó, volvió a matar anoche, Craddock –decía una voz nerviosa-. Se oyeron gritos en la casa de Smithson y cuando fuimos a verlo esta mañana lo encontramos en su estudio, decapitado.

-Pero esta vez pasó algo extraño –interrumpió una voz de edad avanzada-; encontramos la cabeza de Smithson no muy lejos de su casa.

-¿Encontraron la cabeza? –escuchó Sherry que preguntaba el señor Craddock, perplejo-. Nunca antes se había encontrado la cabeza.

-Solamente de recordar la expresión de su rostro... –gimió otra persona-. ¡Desearía que también se la hubiese llevado!

-También encontramos sangre –gimió otro más, ignorando al anterior.

-¿Sangre? –repitió Jacob Craddock-. ¿Acaso el cuello del cadáver no estaba cauterizado?

-¡Si, lo estaba! –gritó una persona.

-¡Tú eras el jefe de policía, Craddock! –exclamó alguien desesperado-. ¡Investiga el asunto! ¡Averigua que pasó anoche!

-Tú lo has dicho, Stevens –recalcó Craddock-. Era el jefe de policía; me retiré hace más de quince años. Ahora el jefe es Doyle. ¡Vayan a molestarlo a él!

-¡Doyle no sirve para esto! –repuso el tal Stevens-. ¡Ese citadino bueno para nada le está dando un vistazo a todos los que le tenían ojeriza a Smithson!

-Y eso le llevará bastante tiempo –asintió Craddock-. Smithson nunca fue lo que se dice "querido" en el pueblo.

Todos los que habían ido a consultar a Craddock rompieron a hablar al mismo tiempo.

-¡Yo digo que fue el Jinete!

-¡Fue el Jinete!

-¡Los fantasmas no existen!

-¡Ha vuelto del infierno para vengarse!

-¡Es culpa de esa chica...! ¡Katrina! ¡Y de ese monstruo que la acompaña!

-¡Momento! –atajó Craddock autoritario y todos se callaron-. ¡Escúchame bien, Tom Pyne! ¡Katrina Van Tassel lleva enterrada muchos años y así se va a quedar! ¡De ningún modo voy a permitir que culpes a una joven inocente!

-¡Es idéntica a Katrina!

-Y mi sobrino es idéntico a Elvis –bufó Craddock-. Y no por eso voy a ir y pedirle su autógrafo.

-¡Llegó al pueblo hace menos de dos días y ya hay un muerto!

-¡No puede ser coincidendia!

-Yo no creo que sea coincidencia –repuso el ex-jefe de policía-. Estoy seguro que alguien se aprovechó del parecido entre la señorita Sherry y Katrina Van Tassel para desembarazarse de esa alimaña de Smithson y achacárselo al Jinete.

¡Se los he dicho una y mil veces! ¡No existen ni los fantasmas ni las brujas y no hay un Jinete sin Cabeza!

Eso dio fin a la improvisada asamblea; Craddock entró en su hogar, azotando la puerta con fuerza, y la muchedumbre se dispersó, haciendo la señal contra el mal de ojo al alejarse.

Sherry suspiró y cerró la ventana. Se dio la vuelta y gritó con todas sus fuerzas:

-¡¿CUÁNTAS VECES DEBO REPETIRTE QUE TOQUES LA MALDITA PUERTA?!

-No grites –ordenó Brago sujetándose la adolorida cabeza.

Sherry percibió una mancha de sangre seca en las pieles que vestía el mamodo y un súbito temor la invadió.

-Brago... –habló con voz insegura-. Dime que no fuiste a comprobar si los humanos podemos vivir sin cabeza.

-No hizo falta –gruñó el mamodo-; alguien lo comprobó por mí.

Belmont echó un rápido vistazo hacia la ventana y luego miró al oscuro fijamente.

-¿Tú sabes quién mató a aquel hombre?

El mamodo asintió en silencio.

-¿Quién lo hizo, Brago?

-Un humano muerto.

-o-o-o-

Brago le explicó a Sherry en muy pocas palabras lo que había sucedido la noche anterior. Bueno, le dio el resumen del resumen de lo que había pasado.

La mujer lo observó incrédula y se arriesgó a preguntar:

-¿Estás seguro? ¿No habrá sido un sueño o algo que hayas imaginado?

La mirada que el mamodo le dedicó fue suficiente respuesta.

De todas formas, la pregunta en si había sido estúpida, pensó Sherry, Brago no era del tipo que inventaba historias o jugaba bromas pesadas. No era su estilo.

-¿No pudo ser un mamodo o un humano disfrazado?

-No era un mamodo –contestó Brago tajante-, y un humano no hubiera sobrevivido al golpe que le di.

No uno vivo.

-¡Es que eso es imposible! –replicó Sherry.

-Ya te dije lo que pasó –bufó el oscuro.

La mujer paseó de un lado a otro de la habitación con el ceño fruncido.

-¿Puedes sentir su presencia?

-Levemente.

-Entonces iremos a buscarlo –dijo Belmont decidida-. No podemos permitir que siga matando a gente inocente.

-¿Por qué estás tan segura de que se trata de gente inocente? –inquirió Brago-. Ellos no piensan que tú seas inocente.

-Eso no importa, Brago –repuso Sherry-. Esta gente le teme a cualquier cosa que les recuerde al Jinete sin Cabeza porque para ellos significa la muerte.

-Creí que todos los humanos le temían a la muerte –comentó el mamodo mirándola fijamente.

-No todos –contestó Sherry-; la mayoría de las personas si le teme a la muerte, para otras morir les es indiferente e incluso hay otras más que buscan la muerte y la desean con desesperación.

Brago guardó silencio, estudiando a su compañera con detenimiento.

-¿A qué tipo perteneces, Sherry?

Sherry Belmont guardó silencio un instante.

-Tenemos cosas que hacer, Brago.

La joven tomó su negro libro de conjuros y salió de la habitación.

Brago la siguió.

-No has respondido a mi pregunta.

-Tú tampoco respondiste a la mía.

-¿Cuál?

-¿Son ciertas las historias sobre los mamodos de la oscuridad?

-...

-¿Brago?

-Tienes razón; yo tampoco respondí.

Próximamente:

Capítulo Cinco.

El Libro de la Bruja Picketty.