CAPITULO 2. ¡¿Por qué soy una chica?!
Los tenues y cálidos rayos de sol empezaron a anunciar el inicio de un nuevo día. Uno a uno fueron colándose en el cuarto del ingles hasta por fin hacerlo despertar. Un poco perezoso, abrió sus ojos y empezó a frotárselos –que sueño tengo- hablo pesadamente con una voz chillona y delgada haciéndolo sobresaltar –perfecto, estoy resfriado- dijo molesto.
Ahora un poco mas despierto, se dispuso a levantarse de su cama y volvió a notar algo extraño -¿desde cuándo mi pijama me queda tan grande?- se pregunto extrañado, sin embargo, ignoro el asunto y se dirigió hacia el baño para lavarse la cara.
Al entrar al baño, abrió el grifo esperando a que saliera el agua, bajo la cara y con sus dos manos empezó a restregársela hasta por fin quedar limpio. Un poco torpe, empezó a palpar el perchero del baño hasta hallar la toalla y acercarla para secarse la cara. Cuando estaba terminando de secársela, dirigió su mirada hacia el espejo y en vez de observar su varonil rostro de prominentes cejas y desarreglados cabellos, miro el rostro de una jovencita de delgadas cejas y facciones finas.
Algo impresionado, empezó a palparse la cara -¿Qué?, debo estar soñando- decía intentando mantener la calma. Sin embargo, aquello no era un sueño ya que en cuando se pellizco, en vez de levantarse, sintió un gran dolor –es un sueño, es un sueño- volvía a insistirse palpándose y pellizcándose nuevamente cada rincón del cuerpo hasta que logro palpar algo suave…. -¡no puede ser! ¡tengo pechoooos!- grito histérico ahora convencido que aquello era real.
Alfred quien estaba durmiendo, se levanto al escuchar los gritos desesperados del ingles –iggy esta en problemas- pensó y corrió al auxilio de su anfitrión.
Tras haber atravesado varias habitaciones, por fin logro llegar a la habitación -¡¿Qué sucede iggy?!- entro de golpe mientras buscaba con la mirada a su amigo, pero en cambio, logro encontrar a una chica linda y rubia llorando histéricamente -¿oye, quien eres tú?- pregunto Alfred un poco extrañado ya que Arthur nunca había traído chicas a la casa.
-¡soy Arthur!- grito la chica quien corrió a los brazos del americano -¡y soy una chica!- volvió a gritar zarandeando al mayor -¡una chica!-.
El americano se separo de la joven, se agacho, bajo su rostro hasta quedar a su altura, ladeo la cabeza y achico sus ojos a modo de analizar a la presencia femenina frente a él –eres muy linda y demasiado mentirosa- sonrió bobamente.
Arthur saco su mejor rostro de enfado -¡idiota te dije que soy yo! ¡arthur!- insistió intentando tomar del cuello al americano, sin embargo, este se le adelanto y volvió a erguirse. Por primera vez en su vida, el ingles noto lo alto que era su ex-colonia -¡agáchate para que pueda ahorcarte mocoso emancipado!- ordenaba con su voz chillante al tiempo que daba pequeños saltitos y agitaba sus brazos.
-ni de broma- volvió a sonreír el americano –mejor dime donde esta iggy-.
-Te dije que soy yo- insistió -¿quieres que te lo demuestre?- pregunto incitadoramente llevándose las manos a los costados.
Aquello sonó interesante a los oídos de Alfred quien acepto de inmediato –ok, dime algo que solo yo e iggy sepamos-.
La inglesa se llevo su mano al mentón y empezó a hacer memoria hasta que algo surgió de sus recuerdos –soldaditos de madera…- hablo.
Alfred volteo a verle un poco impresionado -¿Cómo dijiste?- pregunto.
-cuando eras niño te regale soldaditos de madera- continuo hablando –recuerdo que me lastime con el martillo cuando los hice- termino de decir.
El joven americano abrió su boca de asombro, intento articular palabras, pero no salían. Un poco confuso empezó a palpar a la joven frente a él, cabellos, manos, mejillas, absolutamente todo fue palpado por el rubio de lentes –iggy ahora eres… chica- hablo por fin.
-sí y no sé porque- bufo molesto –pero cuando descubra quien me lanzo el maleficio le daré una arrastriza, le arrancare sus regiones vitales y las pondré como trofeo en mi sala-.
En aquel momento, Alfred empezó a compadecerse del sujeto que deseo que iggy fuera chica -¿y qué piensas hacer ahora que eres mujer?- hablo intentando desviar el tema.
-pues primero, necesito ropa- dijo observando la pijama que ahora le quedaba enorme –la mía es demasiado grande para poder usarla-.
Al escuchar tales palabras, los ojos del americano se iluminaron y una idea surgió de sus labios –vayamos de compras- dijo emocionado.
Arthur hizo una mueca -¿he? ¿ir de compras?- pregunto.
-por supuesto, iremos a comprarte mucha ropa linda y bonita- continuo hablando el de lentes que intentaba sacarle el mayor provecho a la situación.
Varias horas habían transcurrido desde aquella brillante idea y ahora, Alfred y Arthur se encontraban en la famosa zona West End, la cual goza de una increíble reputación y es reconocida como la mejor y más exclusiva calle londinense. Ambos caminaban entre las personas, muchas de las cuales miraban extrañados a la joven inglesa ya que vestía ropas demasiado varoniles y holgadas.
Alfred al notar que Arthur se encontraba incomodo entre tanta mirada ajena, tomo al menor de la cintura y lo atrajo hacia él.
-¿pe..pero que haces idiota?- susurro molesto Arthur –está bien que sea chica pero no me trates como una- le recrimino con su rostro sonrojado.
-vamos iggy, te ves tan lindo que sería pecado no aprovecharse de ti- chillo con voz baja Alfred quien continuaba aprovechándose de la situación.
La inglesa se sonrojo aun mas, a veces ese mocoso llegaba a ser descarado –mira, ahí hay una tienda de ropa para mujer- menciono señalando la tienda y terminando por cambiar el tema.
Dentro de la tienda, una amable señorita se les acerco -¿busca algo en especial para su novia,, joven?- pregunto frotándose las manos.
Ambos jóvenes se sobresaltaron por la pregunta –no soy su novia- gruño Arthur alejándose abruptamente del agarre del americano.
-oh ya veo, pero debería considerarlo, se ven bien juntos- volvió a hablar la señorita.
-si verdad, ella es demasiado linda y yo demasiado apuesto- intervino Alfred –seriamos la envidia de muchos- empezó a reír.
Arthur suspiro y opto por darle un codazo al rubio de lentes –mejor cállate y vete a sentar el rincón- ordeno. Mientras tanto, ella y la joven se marcharon a ver los modelos de la temporada.
Tras varios minutos de estar esperando, Alfred empezaba a sentirse aburrido y a bostezar fuertemente –iggy apúrate, estoy aburrido y tengo hambre- chillaba. Del otro lado, en un pequeño cubículo se escucho la voz del menor –no seas tan desesperado y mejor ven a ayudarme a quitarme esto- ordeno -¡estoy atorado!-.
Alfred suspiro y se levanto de la silla -¿en cuál cubículo estas iggy?- pregunto intentando adivinar por el mismo.
-en el ultimo- respondió un poco entrecortado. El de gafas emprendió camino y tan rápido como llego al cubículo, fue recibido por un –adelante, está abierto-. Volteo a mirar hacia la entrada esperando no ser descubierto por la señorita vendedora, no quería que lo vieran y pensaran mal de él. Cuando comprobó que no se encontraba, entro al cubículo, en el, se encontraba Arthur intentando quitarse lo que parecía ser un vestido de corset –déjaselo al héroe- hablo y empezó a meter mano al vestido.
-hey no me toques ahí- se quejo la inglesa –me haces cosquillas- intentaba no romper en carcajadas.
-eso intento- se excuso el americano –pero es inevitable- añadió mientras continuaba la labor, definitivamente hasta la ropa de chicas era complicada empezaba a pensar mientras terminaba de quitarle el corset a su amigo. Tras varios segundos de insistencia, por fin aquella prenda del mal cedió –ya quedo- hablo triunfante.
-perfecto, gracias- contesto Arthur -¿ahora como me quito esto?- pregunto señalando su pecho.
Alfred trago saliva, aunque estaba con lo que supuestamente es un chico, en apariencia era chica y aquello de infiltrarse a un cubículo con una "chica" y ayudarla a desvestirse deposi estaba mal, ahora, verla en ropa interior era algo aun peor –iggy…- hablo un poco incomodo –eso no se quita…- complemento.
-¿qué? ¡¿Cómo que no se quita?!- expreso un poco molesta la inglesa –pero es incomodo- dijo cruzando los brazos –quítamelo, ¡te lo ordeno!-.
La cara del americano se transformo en rojo tomate, nunca imagino que una chica le ordenara desvestirla y mucho menos que se tratase de Inglaterra. Algo nervioso trago saliva –no lo hare- susurro y empezó a retroceder lentamente.
De pronto, la puerta del pequeño cubículo se abrió y tras ella, se encontraba la señorita vendedora con cara de pocos amigos -¿se puede saber que hacían ahí dentro ustedes dos?- pregunto.
En aquel instante Alfred deseo que la tierra lo tragara.
Comentarios:
Hola de nuevo, me alegra el poder subir el segundo capitulo de esta extraña historia. Respecto a sus comentarios, se los agradesco muchisimo, en cierta manera me dan ideas para volver a moldear la idea e historia, tambien quiero aclarar que comparto sus opiniones respecto a que el sexo no influye sobre el amor de las personas y mi intencion no era ser ... bueno no recuerdo la palabra jejejeje.... pero me tiendienten ¿no?. No se si han visto la peli de "este cuerpo no es mio", si es asi, k bien, el fanfic me recordo a eso jajajaja. Por cierto, tengo que decepcionar a algunas fans de la pareja porque no habra lemon u.u... nunca se me han dado y pss no soy afecta a ese tipo de demostraciones amorosas, porque realmente el sexo no es necesario para demostrar k amas a la persona, asi que me disculpo por adelantado, solo les dire k si habra alfred y arthur masculinos al final x3...
