Mil perdones por la tardanza! He estado de exámenes, por lo que no he tenido nada de tiempo de escribir... espero que me disculpéis! Os dedico el cap a tooodos los que me habéis dejado comentario, que sois muchísimos! en serio, no me esperaba que el fic tuviese tanta acogida (: ¡gracias!!!!

Alguien me ha preguntado que si tengo intención de escribir todo el libro y que si no sería mejor omitir escenas, pero mi idea es escribir todo. La parte en negrita, o sea el libro, es un copia y pega, así que no me lleva trabajo, y realmente me veo incapaz de omitir cosas del último libro, porque me encanta todo!! :P además creo que todo es "importante", no? O sea, que yo iré pocoa poco, pero escribiendo la lectura de todo el libro ;)

Y ahora os traigo una consulta: ¿os apetecería que algún otro personaje participase en la lectura? En el capítulo los propios personajes barajan dos opciones :P pero quiero que me digáis qué os apetece: cual de las dos preferís, si las dos juntas o si es mejor dejarlo tal como está y que nadie más aparezca. Necesito que me ayudéis a decidir =)

¡Un beso!!


James tomó el libro y comenzó a leer:

Los siete Potters.

—No perdiste el tiempo, Cornamenta —se burló Sirius— Siete Potters…

—Dudo mucho que sean hijos nuestros —le dijo Lily de mala gana—. Morimos jóvenes, o esa impresión me dio, es materialmente imposible que tengamos siete hijos.

—Estaba bromeando, pelirroja.

—Oh…

—Bromas o no —intervino Remus— ¿Quiénes son esos siete Potter? Porque, que sepamos, tú no tienes ni hermanos ni tíos, James.

Este se encogió de hombros y decidió seguir leyendo. No, no tenía ni hermanos ni tíos. Y tampoco le daba la impresión de que tuviese más hijos aparte de Harry. La única forma de enterarse de lo que ocurría era seguir leyendo.

Harry subió corriendo a su habitación y se acerco a la ventana justo a tiempo de ver como el coche de los Dursley salía por el camino de la casa y enfilaba la calle. Distinguió el sombrero de copa de Dedalus en el asiento trasero, entre tía Petunia y Dudley El coche torció a la derecha al llegar al final de Privet Drive y los cristales de las ventanillas se tiñeron de rojo un instante, bañados por la luz del sol poniente; luego se perdió de vista.

—Adiós a los Dursley —dijo Lily—, no puedo decir que me entristezca esta despedida.

—¿A quién le entristece? —le respondió Sirius— Eran unas personas horribles.

Cogió la jaula de Hedwig, la Saeta de Fuego y la mochila, le echo una última ojeada a su dormitorio, mucho más ordenado de lo habitual, y bajo otra vez con andares desgarbados al recibidor. Dejo la jaula, la escoba y la mochila junto al pie de la escalera. Oscurecía rápidamente y el recibidor estaba quedando en penumbra. Le producía una sensación extrañísima estar allí plantado, en medio de aquel completo silencio, sabiendo que se disponía a abandonar la casa por última vez. En otras ocasiones, cuando se quedaba solo porque los Dursley salían a divertirse, las horas de soledad suponían todo un lujo, pues iba a la cocina, cogía algo que le apetecía de la nevera y subía para jugar con el ordenador de Dudley,

—¿Qué es un ordenador? —se interrumpió James— ¿Algo para ordenar las cosas?

Sirius se echó a reír e incluso Lily medio sonrió.

—No, no te ordena las cosas —explicó la pelirroja—, al menos no las cosas materiales. Un ordenador es un aparato electrónico en el que puedes guardar datos, ver películas, jugar con videojuegos, entrar en internet… ¿Lo entiendes?

—Más o menos… —contestó, aunque, por su expresión, todo indicaba que entendía menos que más—. ¿Qué es internet? ¿Y pelílucas? Ah, y tampoco sé que son los juegovídeos.

—Se dice videojuegos y películas, burro —le corrigió ella—, y mejor dejemos el tema porque a cada cosa que te explique te asaltarán más dudas.

o encendía el televisor y zapeaba a su antojo.

Recordando esos momentos tuvo una extraña sensación de vacío; era como recordar a un hermano pequeño al que hubiera perdido.

¿No quieres echarle un último vistazo a la casa? —le preguntó a Hedwig, que seguía enfurruñada, con la cabeza bajo el ala—. No volveremos a pisarla, ¿sabes? ¿No te gustaría recordar los momentos felices que hemos pasado aquí?

—Perdonad que os diga, pero vuestro hijo parece un poco loco.

—Sirius… —le advirtió Remus, sacudiendo la cabeza. El aludido se encogió de hombros y James continuó la lectura igual que si no hubiese habido interrupción alguna.

Mira ese felpudo, por ejemplo. ¡Qué recuerdos! Dudley vomito encima de él después de que lo salvara de los dementores. Y resulta que el pobre estaba agradecido y todo, ¿te imaginas? Y el verano pasado Dumbledore entro por esa puerta...

Harry perdió el hilo de lo que estaba diciendo y la lechuza no lo ayudo a recuperarlo, sino que siguió inmóvil, sin sacar la cabeza. Harry se puso de espaldas a la puerta de entrada.

Y aquí, Hedwig —prosiguió, abriendo la alacena que había debajo de la escalera—, es donde dormía antes.

—¿¡QUÉ?! —gritó Lily, incapaz de contenerse— ¿Harry acaba de decir que dormía en la alacena?

—Sí, eso me parece —corroboró Remus.

—Habremos entendido mal, ¿cómo alguien va a dormir en una alacena? —dijo James, intentado ver la situación por el lado racional. Dormir en una alacena… simplemente era incomprensible.

—A lo mejor era un castigo —añadió Sirius, ganándose las miradas enfurruñadas de los otros tres. Ni siquiera le encontraban excusa a que fuese un castigo— ¡No me miréis así! No es tan raro… Mi madre amenazaba siempre con encerrarme en el armario de Kreacher si no seguía sus asquerosas normas.

—¿Quién es Kreacher? —preguntó Lily.

—Nuestro elfo doméstico.

—¿Y tu madre pretendía encerrarte en su armario? ¡Pero eso es horrible!

Sirius se encogió de hombros. Aquello no era horrible en su familia, sino más bien algo normal. Quizás por eso no se extrañaba tanto de que Harry hubiese pasado por una situación similar.

Tu no me conocías cuando... ¡Caray, que pequeña es! Ya no me acordaba.

Paseo la mirada por los zapatos y paraguas amontonados y recordó que lo primero que veía todas las mañanas al despertar era el interior de la escalera, casi siempre adornado con una o dos arañas.

—¡VOY A MATAR A PETUNIA! —explotó la pelirroja.

Y ninguno de los tres presentes tuvo el coraje de negar esa afirmación. Los ojos de Lily echaban chispas, aunque no era para menos.

En esa época todavía no conocía su verdadera identidad ni le habían explicado como habían muerto sus padres ni por que muchas veces ocurrían cosas extrañas en su entorno.

—¿No sabía que era mago? —interrumpió esta vez James—. ¿Mi hijo no sabía nada sobre la magia?

—James, no te alteres

—¿Qué no me altere, Remus? ¡Qué dices! ¡Mi hijo no conocía la magia!

—Bu…bueno, eso no es tan malo —intervino algo temerosa Lily. No es que estuviese contenta por ello, pero no era algo que la había enfurecido demasiado. Después de todo, ella no conoció la magia hasta casi entrar a Hogwarts—. Los hijos de muggles no sabemos nada hasta…

—¡Pero es diferente! —la interrumpió James— Es diferente…

—¿Por qué?

—¡Pues porque sí! Pues porque a los hijos de muggles no os queda más remedio que no saber nada, pero él no es un hijo de muggles. ¡Es nuestro hijo, Lily! Debería estar disfrutando de nuestro mundo desde su nacimiento. Yo debería haberle enseñado a montar en escoba y tú deberías haber podido hablarle de la magia de Hogwarts, debería haberse atiborrado a ranas de chocolate y habernos robado nuestras varitas a escondidas para enredar con ellas. Es algo que todos los niños magos hacen, y es algo… es algo extraordinario.

—Pero nosotros estamos muertos…

—Lo sé, ya lo sé. Pero es injusto… es injusto para Harry.

Lily le sostuvo la mirada y extendió la mano hacia él para que se la cogiera. Se había dado cuenta durante la lectura del libro de lo mucho que le gustaba agarrar la mano de James, aunque, claro, eso no era algo que fuese a confesarle ahora.

—Lo que no entiendo —dijo Remus tras dos o tres minutos en silencio—, es como ha ido a parar Harry a casa de tu hermana, Lily.

—Es la única familia que le queda. Mis padres están muertos, James no tiene hermanos y los señores Potter deben haber muerto también, porque…

—¡NO! —gritó James.

—¿Qué pasa?

—Mis padres… no.

Lily frunció el ceño durante un segundo, pero suavizó su expresión en el acto. Ella lo había dado por hecho desde el momento en el que se enteró de que ellos habían muerto y que Harry estaba con Petunia, pero quizás para James no había sido tan obvio. Nunca se es tan obvio cuando se trata de asuntos cercanos.

Se acercó a él y lo abrazó. Ella que acababa de pasar por la muerte de sus padres sabía lo duro que resultaba enterarse de algo así, aunque en realidad aún no hubiese pasado.

—Lo siento —le susurró.

—Pero… pero puede que ellos estén vivos —se empecinó el chico—. El libro no los ha mencionado, no…

—Si estuviesen vivos se hubieran hecho cargo de Harry, James —le dijo Lily, separándose de él y retomando su posición—. Créeme, si hubiese alguien más que pudiese encargarse de Harry él no hubiera crecido con mi hermana. Petunia es la última opción.

—¿Y qué pasa con nosotros? —preguntó de pronto Sirius.

—¿Qué pasa con vosotros de qué? —repitió la pelirroja.

—¿Por qué no nos hemos ocupado de Harry? ¡Somos familia!

—Bueno, técnicamente…

—¡Técnicamente nada, pelirroja! Somos hermanos —la interrumpió Sirius. Quizás desde fuera no lo entenderían, pero los merodeadores no podían ser más familia ni aunque compartiesen lazos de sangre—. Y estamos vivos, o bueno, yo lo estaba cuando vosotros moristeis. ¡Y soy su padrino! ¿Por qué no me hice cargo de él? O Lunático, él es responsable, ¿por qué…?

Remus habló antes de dejarle terminar:

—Nadie me dejaría hacerme cargo de un niño con mi condición, Sirius.

—¡Menuda tontería! Estaría mejor contigo que con sus abominables tíos.

—¿Podemos seguir leyendo? —pidió James—. No creo que lleguemos a ninguna conclusión auténtica por nuestra cuenta, y especular sobre porqué mi hijo ha crecido con gente tan horrible hace que me ponga de un humor de perros.

—El del humor de perros soy yo, Cornamenta —rió Sirius— En todo caso tú serías el del humor de cier…

—¡Sirius! —le advirtió Remus, quien miraba de soslayo la cara intrigante de Lily—. Deja que James siga leyendo.

Pero todavía recordaba los sueños que ya entonces lo acosaban; sueños confusos en que aparecían destellos de luz verde,

—¿Luz verde? —preguntó Lily, abriendo los ojos todo lo que le dieron de sí— ¿Eso es… es…?

—Creo que sí —contestó James sin necesidad de escuchar la pregunta completa.

—¡Oh Dios mío!

La muchacha se estremeció a su lado y él, más confiado en todo lo referente a Lily de lo que nunca antes había estado, le pasó un brazo alrededor de los hombros. Lily se dejó acunar y James siguió leyendo desde esa nueva posición.

y en una ocasión (tío Vernon estuvo a punto de chocar con el coche cuando se lo explico) una motocicleta voladora...

—¡UNA MOTOCICLETA VOLADORA!

—No es necesarios que grites, Sirius.

—Pero Remus, ¡es una motocicleta voladora! —abrió los ojos con entusiasmo y sonrió ampliamente— ¡Es mía, lo sé!

—Es un sueño, Canuto, quizás esa motocicleta ni exista.

—Existe, y es mía.

—¿Cómo estás tan seguro de ello?

—Porque lo sé. Es como lo que tú decías de que sentías a Harry tu hijo, yo siento a la moto cono mía.

James volteó los ojos ante la comparación tan ridícula y siguió leyendo sin contradecirle. Lo peor de todo es que seguramente su amigo tuviese razón.

De pronto se oyó un rugido ensordecedor fuera de la casa. Harry se incorporo bruscamente y se golpeo la coronilla con el marco de la pequeña puerta. Se quedo quieto solo lo necesario para proferir algunas de las palabrotas más selectas de tio Vernon

—¡Harry, no hables mal!

Sirius se carcajeó: —Estás hablando con un libro, pelirroja

y, frotándose la cabeza, fue tambaleante hasta la cocina. Miro por la ventana que daba al jardín trasero. Observo unas ondulaciones que recorrían la oscuridad, como si el aire temblara. Entonces empezaron a aparecer figuras, una a una, a medida que se desactivaban sus encantamientos desilusionadores. Hagrid, con casco y gafas de motorista, destacaba en medio de la escena, sentado a horcajadas en una enorme motocicleta con sidecar negro.

—¡Mi moto, mi moto!

—Hasta donde sabemos es de Hagrid, Canuto.

—Bah, sigue leyendo y ya verás como tengo razón.

Alrededor de él, otros desmontaban de sus escobas, y dos de ellos de sendos caballos alados, negros y esqueléticos.

Harry abrió de un tirón la puerta trasera y corrió hacia los recién llegados. En medio de un griterío de calurosos saludos, Hermione lo abrazo

—Uhh, Hermione de nuevo —interrumpió una vez más Sirius, arqueando las cejas— y lo ha abrazado.

—Eso no dice nada —replicó Canuto—, yo te abrazo a ti y eso no significa que seamos novios.

—Pero ellos sí lo son.

—Que no, que son amigos.

—Novios.

—Amigos.

—Novios.

—Amig…

—¡BASTA LOS DOS! —gritó Lily —Si James lee nos enteraremos de que son. Aunque —añadió con firmeza— eso no es importante.

y Ron le dio palmadas en la espalda.

¿Todo bien, Harry? —pregunto Hagrid—. ¿Listo para pirarte?

Ya lo creo —respondió sonriéndoles a todos—. Pero... ¡no esperaba que vinierais tantos!

Ha habido un cambio de planes —gruño Ojoloco, que llevaba dos grandes sacos repletos y cuyo ojo mágico enfocaba alternativamente el oscuro cielo, la casa y el jardín con una rapidez asombrosa—. Pongámonos a cubierto y luego te lo explicaremos todo.

Harry los guio hasta la cocina. Riendo y charlando, algunos se sentaron en las sillas y sobre las relucientes encimeras de tía Petunia, y otros se apoyaron contra los impecables electrodomésticos. Estaban: Ron, alto y desgarbado;

—Apuesto a que Ron es su mejor amigo —interrumpió Sirius—. Lo ha nombrado ya dos veces desde que han aparecido.

Hermione,

—Su novia…

—Cállate, Sirius.

que se había recogido la espesa melena en una larga trenza; Fred y George esbozando idénticas sonrisas; Bill, con tremendas cicatrices y el pelo largo; el señor Weasley, con expresión bondadosa, algo mas calvo y con las gafas un poco torcidas; Ojoloco, maltrecho, cojo, y cuyo brillante ojo mágico azul se movía a toda velocidad;

—Me da un poco de mal rollo ese ojo que tiene.

Tonks,

—¡Tu mujer, Lunático!

—Sirius —suspiró Remus con exasperación—, si interrumpes por cada personaje que introducen no vamos a terminar de leer en años.

con el pelo corto y teñido de rosa, su color preferido; Lupin, con mas canas y más arrugas;

—¿Qué te pasa? —preguntó el animago perro, haciendo caso omiso a la advertencia anterior— ¡Estás viejo!

—Puede que sea porque soy viejo —contestó Remus.

—¡No tanto! Aunque, la verdad, no nos dicen cuántos años tienes. Lo mismo puedes tener 35 que 55, porque no sabemos la edad de James y Lily cuando… —se interrumpió antes de terminar la frase y sacudió la cabeza— Tienes razón; eres viejo, Lunático. James y Lily aún no van a morir, les queda mucho para eso —se autoconvenció—, se casaron tarde y tuvieron a Harry tarde, y nosotros debemos ser unos tíos que parecen abuelitos en lugar de…

—Basta, Sirius —le cortó Lily con la voz algo temblorosa.

No quería decirlo en voz alta, pero tenía una sensación completamente opuesta a esa. Ella y James no habían tenido a Harry tarde, estaba segura, por lo que no debían de quedar muchos años para su muerte. Se estremeció ante ese pensamiento y se aferró más a James.

Fleur, esbelta y hermosa, luciendo su larga y rubia cabellera; Kingsley, negro, calvo y ancho de hombros; Hagrid, con el pelo y la barba enmarañados, encorvado para no darse contra el techo, y Mundungus Fletcher, alicaído, desaliñado y bajito, de mustios ojos de basset y pelo apelmazado.

—¡Cuánta gente! —exclamó Lily— Y todos han ido allí para ayudarlo y protegerlo.

Miró a James y ambos compartieron una sonrisa orgullosa. Puede que ellos no estuviesen allí para Harry, pero este tampoco estaba solo, después de todo. Tenía amigos y gente que le quería lo suficiente como para dar la cara por él.

—Gracias, Remus —le dijo la pelirroja al licántropo.

Este la miró con ceño: —¿Gracias por qué?

—Porque eres uno de los que están allí con Harry.

—No podría no haber ido —se encogió de hombros— Es vuestro hijo…

James también le sonrió y acto seguido volvió a reanudad la lectura.

Harry tuvo la impresión de que su corazón se agrandaba y resplandecía ante aquel panorama; los quería muchísimo a todos, incluso a Mundungus, a quien había intentado estrangular la última vez que se vieron.

—¡Harry! —reprendió Lily.

Sirius, por el contrario, se echó a reír.

—Conozco a Mundungus, es un ladronzuelo de pacotilla. No me extraña que Harry haya tenido ganas de estrangularle.

—¿Y de qué conoces tú a un ladrón?

Sirius guiñó un ojo: —Es bueno tener amigos en todas partes, pelirroja.

Creia que estabas protegiendo al primer ministro muggle, Kingsley —comento.

Puede pasar sin mí por una noche. Tú eres más importante.

¿Has visto esto, Harry? —dijo Tonks, encaramada en la lavadora, y agito la mano izquierda mostrándole el anillo que lucía en un dedo.

Sirius abrió la boca dispuesto a burlarse una vez más de su amigo, pero Remus le miró de tal forma que decidió mantenerse callado. El animago resopló por lo bajo con decepción, para una cosa realmente buena en todo el libro y no podía hacer comentarios al respecto.

¿Os habéis casado? —pregunto Harry mirándola, y luego a Lupin.

Lamento que no pudieras asistir a la boda, Harry. Fue una ceremonia muy discreta.

¡Qué alegría! !Felici...!

Bueno, bueno, mas adelante ya habrá tiempo para cotilleos —intervino Moody en medio del barullo, y todos se callaron. Dejo los sacos en el suelo y se volvió hacia Harry—. Como supongo que te habrá contado Dedalus, hemos tenido que desechar el plan A, puesto que Pius Thicknesse se ha pasado al otro bando. Por consiguiente, nos hallamos ante un grave problema. Ha amenazado con encarcelar a cualquiera que conecte esta casa a la Red Flu, ubique un traslador o entre o salga mediante Aparición. Y todo eso lo ha hecho, en teoría, para protegerte e impedir que Quien-tu-sabes venga a buscarte, aunque no tiene sentido, porque el encantamiento de tu madre ya se encarga de esas funciones.

—¿El encantamiento de tu madre? —repitió Remus— ¿Se refieren al mismo encantamiento protector del que Harry habló en el capítulo anterior?

—Eso parece —contestó Sirius.

—¡Lily, tú le proteges! —sonrió James— Harry está a salvo de Vodemort gracias a ti.

Esta también sonrió, contenta de haber sido útil en algo, pero al mismo tiempo confusa. ¿Qué clase de encantamiento había que fuese capaz de mantener a Voldemort a raya? No lo sabía… y eso la angustiaba. Al parecer, la seguridad de Harry estaba ahora en sus manos.

—Quizás debiéramos llamar a Dumbledore y preguntarle por esto —comentó Remus, que estaba tan confundido como su amiga—. Seguro que él sabe de que encantamiento están hablando.

—¿Te has vuelto loco, Lunático? ¡Dumbledore no nos dejaría seguir leyendo!

—O igual se une con nosotros —dijo James.

—Sí, claro —contraatacó Sirius—, Dumbledore leyendo el futuro. Nos confiscaría el libro, te lo sigo yo. Se supone que el futuro no se debe alterar, o sea que nosotros no deberíamos estar leyendo esto.

—Pero Dumbledore nunca hace lo que se supone que debiera hacer —dijo ahora Remus—, él es especial. Quizás le guste compartir esto con nosotros, ¿no?

—No, no —insistió Sirius—. Ni aunque así fuera… ¿Dumbledore leyendo con nosotros? ¡Nos cortaría todo el rollo! Sigue leyendo, Cornamenta.

Lo que ha hecho en realidad es impedir que salgas de aquí de forma segura.Segundo problema: eres menor de edad, y eso significa que todavía tienes activado el Detector.

¿El Detector? No...

¡El Detector, el Detector! —repitió Ojoloco, impaciente—. El encantamiento que percibe las actividades mágicas realizadas en torno a los menores de diecisiete años, y que el ministerio emplea para descubrir las infracciones del Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad. Si alguno de nosotros hiciera un hechizo para sacarte de aquí, Thicknesse lo sabría, y también los mortífagos. Pero no podemos esperar a que se desactive el Detector, porque en cuanto cumplas los años perderás toda la protección que te proporciono tu madre.

—O sea que el hechizo dura hasta que Harry cumpla los diecisiete —resumió Sirius.

Remus volteó los ojos: —Elemental, querido Watson.

—¿Qué dices, Lunático? Yo soy Sirius, no Watson.

—Es una frase hecha, Sirius.

—¿Y de dónde viene? Vaya tontería…

—Es de un libro muggle. Sabrás mucho de motocicletas y aparatos eléctricos, pero en literatura eres todo un zopenco.

—¡Oye! —exclamó ofendido.

—El encantamiento también se rompía cuando Harry y mi hermana seguían caminos diferentes —añadió Lily, ignorando por completo la disputa sobre Sherlock Holmes—, lo dijeron en el capítulo anterior.

Resumiendo: Pius Thicknesse cree que te tiene totalmente acorralado.

Harry a su pesar, estaba de acuerdo con lo que creía ese tal Thicknesse.

—Yo también estoy de acuerdo con ese Thicknesse —dijo James— ¿Qué van a hacer?

—Lee y lo sabremos.

¿Y qué vamos a hacer?

—Parece que tu cachorillo y tú pensáis de la misma forma —se rió Sirius.

—¡Black! ¡No llames a mi hijo cachorrillo!

—¿Por qué?

James siguió leyendo antes de que a su amigo se le ocurriese cualquier respuesta comprometedora. Le habían prometido a Lily hablarle acerca de sus apodos, lo que era lo mismo, debían confesarle su condición de animagos, pero ahora que había llegado el momento de hacerlo, James no se veía con ganas. No es que quisiese tener secretos con ella, al contrario, pero se sentía tan a gusto ahora que la pelirroja le tenía más confianza que no quería buscar su ira con una noticia como aquella. Dudaba mucho que Lily se tomase a bien aquella noticia.

Utilizaremos los únicos medios de transporte que nos quedan, los únicos que el Detector no puede descubrir, porque no necesitamos hacer ningún hechizo para utilizarlos: escobas, thestrals y la motocicleta de Hagrid.

—¡Ja! —gritó James— La motocicleta de Hagrid.

Sirius torció el rostro en un gesto enfurruñado. Quería una motocicleta.

—¿Y para qué quiere Hagrid una motocicleta? ¡Es un gigante!

—Hagrid no es un gigante —le corrigió Remus—. Puede que medio, aunque él nunca lo ha confirmado, pero sea como sea, no es un gigante.

—Oh, Lunático, ya sabes a lo que me refiero. ¡Es enorme! ¿Para qué quiere una motocicleta? Además, ¿acaso las hay de su tamaño? ¡Es injusto! ¡Yo quiero una!

Harry entrevió algunos fallos en ese plan; sin embargo, no dijo nada y dejo que Ojoloco siguiera con su explicación.

Veamos. El encantamiento de tu madre solo puede romperse si se dan dos circunstancias: que alcances la mayoría de edad, o... —Moody abarco con un gesto del brazo toda la inmaculada cocina— que ya no llames hogar a esta casa. Tus tíos y tu vais a tomar distintos caminos esta noche,

—Mira, lo que yo os decía.

conscientes de que nunca volveréis a vivir juntos, ¿correcto?

—Ni ganas que tienen… —murmuró Sirius.

Harry asintió—. De modo que esta vez, cuando te marches, ya no podrás regresar, y el encantamiento se romperá apenas salgas de su radio de alcance. Así pues, hemos decidido romperlo antes de hora, porque la otra opción es esperar a que Quien-tu-sabes venga aquí y te capture el día de tu cumpleaños.

Lo único que tenemos a nuestro favor es que Quien-tu-sabes ignora que vamos a trasladarte esta noche, porque hemos dado una pista falsa al ministerio: creen que no te marcharas hasta el día treinta.

—Gracias al asqueroso de Snape tampoco pueden contar con eso ahora —masculló Sirius.

—Canuto… —le advirtió James.

—¿Qué? ¿Vas a defender a Snape ahora o qué?

James negó levemente, pero miró a Lily. Ella había sido amiga del mortífago y, pese a todo lo que él odiaba a Snape, no podía faltarle al respeto delante de la pelirroja. Más sabiendo todo lo que ella sufría por culpa del camino oscuro que el grasiento había decidido tomar.

Sin embargo, estamos hablando de Quien-tu-sabes, así que no podemos fiarnos simplemente de que el tenga la fecha equivocada; seguro que hay un par de mortífagos patrullando el cielo por esta zona, por si acaso. Por eso les hemos dado la mayor protección a una docena de casas diferentes. Todas parecen un buen sitio donde esconderte y todas tienen alguna relación con la Orden: mi propia casa, la de Kingsley, la de tía Muriel... Me sigues, ¿verdad?

Si... si —contesto Harry, no del todo sincero, porque todavía veía un gran fallo en el plan.

—Yo también veo un gran fallo en el plan —confesó James.

—No sé porqué no me extraño…

—¿Acaso tú lo ves claro, Canuto?

—Bueno, hasta donde ese tal Ojoloco ha explicado, sí.

—¿Y qué pasará cuando los mortífagos vean a catorce personas volando hacia esas casas?

—No volaran todos a la misma, se dividirán.

—Lo que sea, ¿qué pasará entonces cuando vean a Harry volando hacia una de las casas y al resto hacia las otras? Será obvio a quien tienen que seguir, ¿no crees?

—Buen punto —reconoció Sirius—. No había pensado en eso.

—¡Claro! —gritó Lily, palmeándose la frente— ¡Los siete Potter!

—¿Qué?

—Los siete Potter, ¡el título del libro! Sigue leyendo, James, y ya verás.

Muy bien. Pues iras a la casa de los padres de Tonks. Cuando te encuentres dentro de los límites de los sortilegios protectores que hemos puesto en esa casa, podrás utilizar un traslador para llegar a La Madriguera. ¿Alguna pregunta?

Pues... si. Quizá al principio ellos no sepan a cuál de las doce casas seguras voy a ir, pero ¿no resultara evidente cuando... —hizo un rápido recuento— vean a catorce personas volando hacia la casa de los padres de Tonks?

—Justo lo que yo decía —dijo James.

¡Vaya —mascullo Moody—, se me ha olvidado mencionar la clave fundamental! Es que no verán a catorce personas volando hacia la casa de los padres de Tonks, porque habrá siete Harry Potters surcando el cielo esta noche, cada uno con un acompañante, y cada pareja se dirigirá a una casa segura diferente.

—Y justo lo que yo imaginaba —sonrió Lily— ¡Es un plan increíble!

—Siete Harrys… —susurró James— ¡Vaya!

—¿Cómo lo van a hacer? —preguntó Sirius.

—Supongo que poción multijugos, ¿no? Es lo más efectivo.

—Aunque no creo que a Harry le guste la idea —especuló Remus.

—¿Por qué no? La pelirroja tiene razón, Lunático, ¡es increíble!

—¿Qué sus amigos adquieran su forma cuándo él es el objetivo de los mortífagos? Si se parece un poco a su padre lo odiará.

James se revolvió el pelo y asintió. Sí, él lo odiaría. Miró a sus dos amigos y a Lily y, por sus caras, dedujo que ellos tampoco estarían contentos con la idea. Era un plan increíble, no había duda de eso, pero a ninguno de ellos les gustaría tener que ver a sus amigos en peligro por su causa.

Moody saco de su capa un frasco que contenía un líquido parecido al barro. Y no hizo falta que dijera nada más: Harry comprendió de inmediato el resto del plan.

¡No! —grito, y su voz resonó en la cocina—. ¡Ni hablar!

—¿Veis? No le ha gustado nada.

Ya les advertí que te lo tomarías así —intervino Hermione con un deje de autocomplacencia.

—Y su novia Hermione también se había dado cuenta… —murmuró Sirius, y James simplemente resopló.

¡Si creéis que voy a permitir que seis personas se jueguen la vida...!

Como si fuera la primera vez que lo hacemos —terció Ron.

¡Esto es diferente! ¡Haceros pasar por mí, vaya idea!

Mira, a nadie le hace mucha gracia, Harry —dijo Fred con seriedad—. Imagínate que algo sale mal y nos quedamos convertidos en unos imbéciles canijos y con gafitas para toda la vida.

—¡Tiene gafas como tú, Cornamenta! —exclamó Sirius— ¡Y también es canijo!

—¡Yo no soy canijo! —se ofendió James, aunque sonrió con complacencia. A nadie le gustaba que su hijo fuese miope, pero se alegraba de que el chico hubiese salido parecido a él—. Lástima que el libro no tenga portadas —se quejó—, me gustaría verle.

—Bueno, sabemos que tiene los ojos de Lily y que usa gafas. Sigue leyendo y quizás averigüemos algo más.

Harry no sonrió y razono:

No podréis hacerlo si yo no coopero. Necesitáis pelo de mi cabeza.

—Sí, eso fastidiará toda la operación —se rió Sirius—, porque entre todos será muy complicado arrancarla al flacucho de Harry unos cuantos pelos.

—No llames a mi hijo flacucho, Black.

¡Vaya! Eso echa por tierra nuestro plan —intervino George—. Es evidente que no hay ninguna posibilidad de que entre todos te arranquemos unos cuantos pelos.

—¡Mirad! Uno que piensa como yo. Me gusta este chico… eh, ¿cómo se llamaba?

—George —repitió James.

—Me gusta George.

Sí, claro, trece contra uno que ni siquiera puede emplear la magia. Lo tenemos muy mal, ¿eh? —añadió Fred.

—¡Este Fred también me gusta!

—Creo que son gemelos —dijo James, frunciendo el ceño y pasando páginas hacia atrás para comprobarlo— Sí, cuando los presentan dicen esbozando idénticas sonrisas.

—¿Y eso te hace pensar que son gemelos?

—Son idénticas, ¿no?

Sirius bufó y se rió. James murmuró algo que no llegaron a comprender y reanudó la lectura.

Muy gracioso —le espeto Harry—. Me parto de risa.

Si hemos de hacerlo por la fuerza, lo haremos —gruñó Moody y su ojo mágico tembló un poco mientras miraba fijamente a Harry—. Todos los que estamos aquí somos mayores de edad, Potter, y estamos dispuestos a correr el riesgo.

Mundungus se encogió de hombros e hizo una mueca; el ojo mágico se desvió hacia un lado para observarlo.

—No me gusta ese Mundungus —dijo Lily—. No parece muy contento de estar allí, y eso podría traer problemas.

—Oh, vamos, pelirroja, ¡no seas agorera!

Sera mejor que no sigamos discutiendo. El tiempo pasa. Arráncate ahora mismo unos pelos, muchacho.

Esto es una locura. No hay ninguna necesidad de...

¿Que no hay ninguna necesidad? —gruñó Moody—. ¿Con Quien-tu-sabes campando a sus anchas y con medio ministerio en su bando? Con suerte, Potter, se habrá tragado el cuento y se estará preparando para tenderte una emboscada el día treinta, pero seria estúpido si no ha enviado un par de mortífagos a vigilarte: eso es lo que haría yo. Quizá no consigan cogerte ni entrar aquí mientras funcione el encantamiento de tu madre, pero está a punto de romperse, y ellos conocen más o menos la ubicación de la casa. Lo único que podemos hacer es usar señuelos. Ni siquiera Quien-tu-sabes puede dividirse en siete.

Harry echó un rápido vistazo a Hermione y desvió la mirada.

—¿A qué viene ese intercambio? —preguntó Remus— No me gusta…

Sirius sacudió la mano y le quiso restar importancia al gesto:

—Lo que pasa es que hace tiempo que no se ven y no pueden controlarse, pobres muchachos. Están deseando encontrarse a solas y…

—¡Canuto, ya basta! —le interrumpió James— ¿Quieres dejar el temita de una vez? Hermione no es la novia de Harry.

—¿Y cómo es que estás tan seguro?

—Porque él es mi hijo, y como buen Potter, se enamorará de una pelirroja.

Sirius bufó y Lily le miró escandalizada.

—¿Hablas en serio? —le preguntó Lily— ¿Por ser un Potter te tienen que gustar las pelirrojas sí o sí?

—Mi madre es pelirroja —explicó James—, y tú eres pelirroja. Es algo así como una tradición.

—Esta es la tontería más grande que te he escuchado decir, James Potter. Y mira que dices muchas a lo largo del día…

Él abrió los ojos todo lo que fue capaz. ¿Tontería? ¿Cuál era la tontería? Estaba hablando totalmente en serio.

—Además —continuó Sirius—, Hermione puede que sea pelirroja. El libro no ha dicho nada, así que no lo sabemos.

—Si fuese pelirroja lo habría dicho —se empecinó.

—¿Por qué?

Ignoró su pregunta y le contestó con otra:

—¿Cuánto te apuestas a que cuando salga una pelirroja nos lo hacen saber al momento?

—Dos galeones.

—Hecho.

Así que... los pelos, Potter, por favor.

Entonces el muchacho miro a Ron, que le sonrió como diciéndole: Va, dáselos, hombre.

¡Ahora mismo! —ordeno Moody.

Con todas las miradas fijas en el, Harry se llevo una mano a la cabeza y se arranco varios pelos.

Muy bien —dijo Moody y, cojeando, se acerco y quito el tapón del frasco—. Mételos aquí.

Harry lo hizo. En cuanto entraron en contacto con aquella poción semejante al barro,

—Nunca me ha gustado la poción multijugos —dijo Lily con una expresión nauseabunda—, me alegro de no haberla tenido que tomar nunca.

—¿NUNCA? —exclamó Sirius— ¿Nunca has tomado poción multijugos?

—¿Vosotros sí o qué?

James carraspeó con fuerza y reanudó la lectura antes de dar lugar a más preguntas. Iba a tener que hablar seriamente con Sirius acerca de su gran bocaza o terminarían escandalizando a Lily más de lo debido. Y él lo último que quisiera era escandalizarla… al menos no en lo relativo a sus travesuras.

esta produjo espuma y humo, y de repente se torno de un color dorado, limpio y brillante.

—¡Oh, que color tan bonito! —dijo Lily.

¡Oh! Estás mucho más apetitoso que Crabbe y Goyle, Harry —observo Hermione y Ron arqueo las cejas; entonces ella se sonrojo ligeramente

Sirius carraspeó en este punto, pero todos en la sala le ignoraron. Lily le miró por un momento y su expresión se tornó algo amenazante. Estaba deseando que se supiese de una vez si Hermione era o no era la novia de Harry para que los dos amigos terminasen esa discusión tan estúpida que mantenían.

y añadió—: Bueno, ya sabes a que me refiero; la poción de Goyle parecía de mocos.

—Me pregunto cuando habrá tenido que tomar Harry poción multijugos y para qué —dijo James.

—¡Pues seguro que para nada bueno! —le espetó Lily, mirándolo de forma fulminante— ¡Y de eso la culpa la tienen tus genes Potter!

Muy bien. Que los falsos Potters se pongan en fila aquí —indico Moody.

Ron, Hermione, Fred, George y Fleur formaron una fila enfrente del reluciente fregadero de tía Petunia.

—Falta uno —dijo Remus.

Falta uno —observo Lupin.

Sirius se echó a reír ante la coincidencia y el licántropo le pegó un capón para hacerle callar.

Esta aquí —indico Hagrid con aspereza. Levanto a Mundungus por la nuca y lo puso al lado de Fleur, que arrugo la nariz sin disimulo y se coloco entre Fred y George.

Ya os lo dije, prefiero ir de escolta —protesto Mundungus.

Cállate —ordeno Moody—. Como ya te he explicado, gusano asqueroso, si nos encontramos a algún mortífago, este intentara capturar a Potter, pero no matarlo. Dumbledore siempre dijo que Quien-tu-sabes quería acabar con Potter personalmente. Así pues, los que corren mayor riesgo son los escoltas, porque a ellos los mortífagos si intentaran matarlos.

—Pues vaya consuelo —comentó James, reprimiendo una sonrisa—, que te capturen para llevarte ante el propio Voldemort, eso tranquiliza a cualquiera, seguro.

Esta explicación no tranquilizo demasiado a Mundungus, pero Moody ya había sacado media docena de copitas —del tamaño de una huevera— de debajo de su capa y, tras verter en ellas un poco de poción multijugos, se las fue dando a cada uno.

Vamos, todos a un tiempo...

Ron, Hermione, Fred, George, Fleur y Mundungus bebieron.

En cuanto tragaron la poción se pusieron a hacer muecas y dar boqueadas, y a continuación las facciones se les deformaron y les borbotearon como si fueran de cera caliente: Hermione y Mundungus se estiraron; Ron, Fred y George, en cambio, menguaron y el cabello se les oscureció, mientras que a Hermione y Fleur se les echo hacia atrás adherido al cráneo.

Moody que no parecía en absoluto preocupado, se puso a desatar los nudos de los voluminosos sacos que había llevado consigo. Cuando volvió a enderezarse, había seis Harry Potters boqueando y jadeando ante él.

—Verte a ti mismo seis veces… —dijo Remus— eso debe ser la cosa más extraña que te puedas imaginar.

Fred y George se miraron y exclamaron al unísono:

¡Vaya! !Somos identicos!

Sí, pero no sé, creo que aun así yo soy más guapo —alardeo Fred examinando su reflejo en la tetera.

—Me gustan estos gemelos —rió Sirius.

¡Bah! —dijo Fleur mirándose en la puerta del microondas—. No me migues, Bill. Estoy hogogosa.

—¡Harry no es horroroso! —le defendió Lily. Pero bueno, ¿qué se había creído esa francesita para llamar horroroso a su hijo?

—¿Sabes, Lily? —dijo entonces James, sonriendo de forma idiota—, por lo que hemos leído Harry se debe parecer bastante a mí, por lo que deduzco que yo tampoco te parezco horroroso, ¿no?

La aludida se sonrojó y miró hacia el frente, dispuesta a no desmentir ni afirmar aquella suposición. No quería mentir —ni le gustaba ni se le daba bien hacerlo—, pero tampoco quería engordar más el ego de Potter diciéndole que no era nada horroroso.

Aquí tengo ropa de talla más pequeña para aquellos a los que se os haya quedado un poco amplia —dijo Moody, señalando el primer saco—, y viceversa. No os olvidéis de las gafas: hay seis pares en el bolsillo lateral. Y cuando os hayáis vestido, en el otro saco encontrareis el equipaje.

El Harry autentico pensó que aquello era lo más raro que había visto jamás, y eso que había visto cosas rarísimas.

—Mira, Lunático, Harry piensa como tú.

—¡Gracias Dios que no todo el cerebro es de su padre! —exclamó Lily— Pobre muchacho…

Remus rió junto con ella y James y Sirius la miraron algo perplejos. Aquella era una de las primeras veces que veían bromear a Lily Evans.

Se quedo mirando como sus seis clones rebuscaban en los sacos, sacaban prendas, se ponían las gafas y guardaban sus propias cosas. Cuando todos empezaron a desnudarse sin ningún recato, le habría gustado pedirles que tuvieran un poco mas de respeto por su intimidad, pues parecían más cómodos exhibiendo el cuerpo de Harry de lo que se habrían sentido mostrando el suyo propio.

—Yo también me sentiría más cómoda mostrando el cuerpo de otra persona que el mío propio —comentó Lily.

—¡Pero si el tuyo es el mejor de todos! —replicó James— ¿Por qué ibas a querer mostrar antes el cuerpo de otra persona si el tuyo es perfecto?

Lily le miró de tal forma que a James se le quitaron las ganas de seguir halagándola, por lo que, inmediatamente, volvió la vista al libro con las mejillas algo sonrosadas. Las ahogadas risas de Sirius inundaron la habitación durante un minuto o dos.

Ya sabía yo que Ginny mentía sobre lo de ese tatuaje —comento Ron mirándose el torso desnudo.

—¡Ja! —exclamó James, interrumpiendo de nuevo la lectura— ¡Ginny!

—¿Qué pasa con esa Ginny? —preguntó Sirius algo enfurruñado. Se imaginaba lo que podría pasar con esa Ginny y eso trastocaba algo su teoría de la novia de Harry.

—¡Que Ginny tiene que ser la novia de Harry! ¿Por qué sino iba a comentar nada acerca de los tatuajes que podría o no podría tener mi hijo?

—Eso no prueba nada. —Sirius se cruzó de brazos con un mohín de contrariedad. No estaba dispuesto a dar su brazo a torcer hasta que no tuviese más remedio que hacerlo.

Oye, Harry, tienes la vista fatal, ¿eh? —dijo Hermione al ponerse las gafas.

—Al igual que su padre… —suspiró Lily.

Una vez vestidos, cada uno de los falsos Harrys cogió del segundo saco una mochila y una jaula que contenía una lechuza blanca disecada.

Estupendo —murmuró Moody cuando por fin siete Harrys vestidos, con gafas y cargados con el equipaje se colocaron ante el—. Las parejas serán las siguientes: Mundungus viajara conmigo, en escoba...

¿Por que tengo que ir yo contigo? —gruñó el Harry que estaba más cerca de la puerta trasera.

—Porque no se fía de ti, es obvio —apuntó Sirius.

—Yo tampoco me fío, la verdad —dijo Lily—. Alguien ha tenido que hablarle a los mortífagos de esto, porque saben que es hoy cuando van a trasladar a Harry, y este Mundungus es el que tiene más pinta de haberlo hecho.

Porque eres el unico del que no me fio —le espeto Moody, y con su ojo mágico, efectivamente, no dejo de observarlo mientras continuaba—: Arthur y Fred...

Yo soy George —aclaro el gemelo al que Moody estaba señalando—. ¿Tampoco nos distingues cuando nos hacemos pasar por Harry?

Perdona, George...

¡Ja! Solo te estaba tomando el pelo. Soy Fred.

Sirius se echó a reír: —Me gustan estos gemelos.

—¿Te imaginas haber tenido un hermano gemelo, Canuto? —preguntó James, sonriendo como un bobalicón— ¡Tiene que ser genial!

—¿Te imaginas que nosotros dos fuésemos idénticos?

Lily bufó desde su posición y los dos muchachos la miraron con interés.

—Por favor… lo único que le faltaba a Hogwarts es que Black y Potter fuesen gemelos. Sigue leyendo, James.

¡Basta de bromas! —gruñó Moody—. El otro (George, Fred o quienquiera que sea) va con Remus. Señorita Delacour...

Yo llevare a Fleur en un thestral —se adelanto Bill—. No le gustan las escobas.

Fleur se puso al lado de su prometido y le dirigió una mirada sumisa y sensiblera. Harry suplico que aquella expresión jamás volviera a aparecer en su cara.

Sirius se carcajeó de nuevo e incluso James le lanzó una mirada molesta.

—¿Qué pasa ahora? —le dijo— Como no dejes de interrumpir no terminamos nunca.

—Es que esa mirada es la que pones tú cada vez que miras a la pelirroja.

—¡No es cierto! —gritó él.

—¡No digas tonterías, Black! —exclamó Lily al mismo tiempo.

Se miraron durante una fracción de segundo y Sirius siguió con sus risas, a las que Remus se había unido. James los ignoró y siguió leyendo.

La señorita Granger irá con Kingsley, también en thestral...

Hermione sonrió aliviada a Kingsley. Harry sabía que ella tampoco se sentía muy segura encima de una escoba.

¡Solo quedamos tu y yo, Ron! —exclamo Tonks, derribando un soporte de tazas al hacerle señas con la mano.

—Dora no ha cambiado mucho en esos años —sonrió Sirius.

—¿Es torpe? —le preguntó Remus.

—Uh, Lunático, ¿ya empiezas a interesarte en ella?—acompañó el comentario con un alzamiento de sus cejas.

Remus volteó los ojos y no se molestó en contestarle.

Ron no parecía tan satisfecho como Hermione.

—¿Por qué no? ¡Dora es genial!

Y tu vienes conmigo, Harry. ¿Te parece bien? —dijo Hagrid con cierta aprensión—. Iremos en la motocicleta, porque ni las escobas ni los thestrals soportan mi peso.

—Ahora ya sabes porque Hagrid necesita una motocicleta —le dijo James a Sirius.

Pero no queda mucho espacio en el asiento, así que tendrás que viajar en el sidecar.

Genial —dijo Harry con escasa sinceridad.

Creemos que los mortífagos supondrán que vas en escoba —explico Moody como si le hubiera leído el pensamiento—. Snape ha tenido mucho tiempo para contarles hasta el mínimo detalle sobre ti,

—¡Maldito Snape! —masculló.

—No maldigas, Sirius —le reprendió Lily. Las alusiones a Snape en el libro seguían molestándola, pero había empezado a acostumbrarse a la idea. Aunque esa sensación tampoco le gustaba demasiado.

así que si tropezamos con alguno de ellos, lo lógico es que persiga al Potter que de la sensación de ir mas cómodo encima de la escoba. Muy bien —murmuro mientras cerraba el saco con la ropa que se habían quitado los falsos Potters y los precedía hacia la puerta—. Faltan unos tres minutos para partir. No tiene sentido que cerremos la puerta, porque eso no impedirá entrar a los mortífagos cuando vengan a buscarte. ¡Vamos!

Harry paso por el recibidor para recoger la mochila, la Saeta de Fuego y la jaula de Hedwig antes de reunirse con los demás en el oscuro jardín trasero. Vio varias escobas saltando a las manos de sus conductores; Kingsley ya había ayudado a Hermione a montar en la grupa de un enorme thestral negro,

—¿La chica verá al thestral? —preguntó Remus— Tiene que ser muy raro montar en uno sin poder verlos.

—Rarísimo —concordó Sirius.

—¿Alguno de vosotros los podéis ver? —preguntó Lily. Ella había visto a los caballos alados por primera vez aquel curso, después de la muerte de sus padres (había estado junto a su madre en el hospital justo en el momento último) y aunque al principio le parecieron criaturas siniestras, lo cierto era que resultaban fascinantes.

—No —negó Sirius—, ninguno.

—Peter puede —le corrigió Remus.

—No hablemos de ese asqueroso traidor —escupió Sirius.

—¡No seas así! Él aún es vuestro amigo.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé —respondió Lily encogiéndose de hombros—, pero aún es buena persona. No sabemos porque terminará convertido en mortífago, pero aún no lo es. No se lo hagáis pasar mal cuando vuelva.

—Pero él…

—No, Sirius —le interrumpió ella—. Peter es vuestro amigo, y aún estáis a tiempo de hacerle cambiar. Todavía no es demasiado tarde para él.

Sirius volvió a abrir la boca, pero James le instó con la mirada a callarse. Lily tenía toda la razón. El Peter de su tiempo no era aún el Peter del futuro. Las cosas serían complicadas cuando le viesen, les costaría confiar, pero él muchacho aún no había hecho nada ofensivo contra ellos. Tenían que tratar de ser normales.

y Bill había hecho lo propio con Fleur para instalarla en el suyo. Hagrid estaba plantado junto a la motocicleta, con las gafas de motorista puestas.

¿Es esta? Pero... pero ¿no es la motocicleta de Sirius?

—¡SI! ¡Sí, sí, sí! —el mencionado se levantó de un salto y comenzó a bailar de forma ridícula alrededor de los sillones— ¡Os lo dije! ¿No os lo dije? ¡La motocicleta es mía!

Remus bufó y miró hacia James.

—Sigue leyendo, por favor, que este tardará aún un rato en apaciguarse.

Así es —confirmo Hagrid con satisfacción—. Y la última vez que montaste en ella cabías en la palma de mi mano, Harry.

El chico se sintió un poco ridículo cuando se metió en el sidecar, pues se hallaba varios palmos más abajo que todos los demás. Ron compuso una sonrisita al verlo allí sentado, como un crio en un auto de choque.

James también rió ante la imagen, pero Lily le lanzó una mirada amenazante que claramente decía "no te rías de tu hijo" y se calló al instante. Recompuso el tono serio y siguió leyendo.

Harry dejo la mochila y la escoba en el suelo, entre los pies, y se puso la jaula de Hedwig entre las rodillas. Estaba sumamente incomodo.

Arthur le ha hecho unos pequeños ajustes —comento Hagrid sin reparar en la incomodidad de su pasajero.

Enseguida se monto en la motocicleta, que crujió un poco y se hundió unos centímetros en el suelo—. Ahora lleva algunos trucos en el manillar. Ese de ahí fue idea mía. —Con un grueso dedo, señaló un botón morado al lado del velocímetro.

Ten cuidado, Hagrid, te lo suplico —le advirtió el señor Weasley, que estaba de pie a su lado sujetando la escoba que iba a utilizar—. Todavía no estoy seguro de que eso fuera aconsejable, y, desde luego, solo hay que usarlo en caso de emergencia.

—Eso no me gusta nada… —susurró Lily—. Los aparatos muggles no deberían manipularse. ¡Las votos no vuelan, por el amor de Dios!

—¡Qué dices, pelirroja! ¡Las votos voladoras son increíbles!

¡Atencion! —dijo Moody—. Todo el mundo preparado, por favor. Quiero que salgamos todos al mismo tiempo, o la maniobra de distracción no servirá para nada.

Las cuatro parejas que iban a viajar en escoba montaron en ellas.

Sujétate fuerte, Ron —aconsejo Tonks, y Harry se fijo en que su amigo le lanzaba una mirada furtiva y culpable a Lupin antes de agarrarse con ambas manos a la cintura de la bruja.

—¡Así que es por eso que el chaval se siente incómodo! —se carcajeó Sirius. Bromear a costa del matrimonio de Remus era lo más divertido de todo el libro—. ¿Qué pasa, Lunático? ¿Eres muy celosón?

-¡Oh, cállate!

Hagrid puso en marcha la motocicleta, que rugió como un dragón, y el sidecar vibró.

¡Buena suerte a todos! —grito Moody—. Nos veremos dentro de una hora en La Madriguera. ¡Contare hasta tres! !Uno... dos... TRES!

La motocicleta arranco con un rugido atronador y el sidecar dio una fuerte sacudida. Al elevarse a gran velocidad, a Harry le lloraron un poco los ojos y el viento le echo atrás el cabello despejándole la cara.

Lily se apretujó contra James al tiempo que encogía las piernas en el sillón. Estaba asustada. Sabía que los mortífagos atacarían y no estaba preparada para leerlo. ¡Harry era tan joven! Tanto como ellos en ese momento y, siendo franca, no se veía capaz de enfrentarse ahora mismo con ningún mortífago experimentado. No tampoco a James, Sirius o Remus los veía capaces… Les faltaba rodaje. No era justo que Harry tuviese que hacer frente a eso.

—¿Estás bien? —le preguntó James.

—Solo nerviosa. Muy nerviosa.

—Todo saldrá bien, tranquila.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque tenemos mucho libro por delante. No le puede pasar nada a Harry ahora.

—Pero sí que le puede pasar algo a Remus, a Hagrid, al mejor amigo de Harry o a la muchachita que se llama Hermione.

—Oh… no había pensado en eso —confesó James.

—A mí no va a pasarme nada —intentó sonar seguro Remus, aunque en realidad tampoco estaba para nada tranquilo—. Sigue leyendo, James.

Alrededor de él, las escobas ascendieron también, y un thestral lo rozo levemente con la larga cola negra al pasar por su lado. Le dolían las piernas y las notaba entumecidas, apretujadas al haber colocado entre ellas la jaula de Hedwig, la Saeta de Fuego y la mochila.

Iba tan incomodo que casi se le olvido echar un último vistazo al número 4 de Privet Drive, pero cuando se asomo por el borde del sidecar ya no logro distinguir la casa. Siguieron ganando mas y mas altura... Y de pronto se vieron rodeados.

—¡NO! —gritó James.

—Sabíamos que esto pasaría. Los mortífagos conocían la fecha exacta, ¿lo olvidabas? —le dijo Remus.

—Tenía la esperanza de que no apareciesen.

—¡Por Merlin, Cornamenta, sigue leyendo! No es momento de interrupciones.

Sorprendido de que fuese Sirius el de la petición, James reanudó la lectura, con Lily cada vez más apretada a su lado.

Al menos treinta figuras encapuchadas, aparecidas de la nada, se mantenían suspendidas en el aire formando un amplio círculo en medio del cual los miembros de la Orden se habían metido sin darse cuenta...

Chillidos, una llamarada de luz verde a cada lado...

—¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío!

—Lily, cálmate, te va a dar un ataque.

—¿Qué me calme, James? ¡Están rodeados y están lanzándoles la maldición asesina! ¿CÓMO QUIERES QUE ME CALME?

—Lo sé, lo sé, pero tienes que relajarte o será peor.

Relajarse… como si eso fuese tan sencillo. Cerró los ojos e intentó seguir el consejo, pero el remedio fue aún peor. Lo único que logró fue armar una imagen más vívida en su mente, con lo que sus nervios no hicieron más que empeorar.

—Está hiperventilando, Cornamenta, quizás deberías besarla o algo.

Abrió los ojos espantada ante la sugerencia de Sirius. Lo que le faltaba… que James quisiese besarla. No. Estaba segura de que eso no mejoraría su estado. Vio a Sirius reír por lo bajo y quiso levantarse y pegarle (lo hubiera hecho de no haber tenido las piernas entumecidas), ¿cómo podía bromear en un momento así?

James ignoró la sugerencia y volvió al libro.

Hagrid soltó un grito y la motocicleta se puso boca abajo.

—¡SE VAN A CAER!

—Tranquila, pelirroja, no se van a caer. Son magos, ¿recuerdas? Algo harán para evitar caer… —dijo Sirius, aunque ni él mismo estaba seguro de eso.

Harry perdió el sentido del espacio: veía las farolas de la calle por encima de la cabeza, oía gritos alrededor y se agarraba desesperadamente al sidecar. Sus cosas le resbalaron entre las rodillas...

¡No! ¡HEDWIG!

La escoba cayo girando sobre sí misma,

—¡NOOOOO! —gritó James— ¡Su escoba no!

—¡No seas idiota, James!

—Eso es pedir mucho… —susurró Sirius, ganándose las miradas asesina de su mejor amigo y de Lily.

—Suerte que haya sido la escoba lo que ha caído y no Harry.

pero Harry consiguió atrapar el asa de la mochila y sujetar la jaula, al mismo tiempo que la motocicleta volvía a girar y se colocaba en la posición correcta. Hubo un segundo de alivio... y luego otro destello de luz verde. La lechuza chillo y se desplomo en la jaula.

—¡Oh no! —se lamentó Lily— ¡La lechuza no!

—¿Quién reacciona al revés ahora? —preguntó James—. Suerte que haya sido la lechuza y no Harry.

—¿Estás comparando una ridícula escoba con una lechuza?

Le lanzó tal mirada fulminante que si en algún momento había llegado a comparar ambas cosas en ese instante desechó la idea.

—No, no…

—No lo entendéis… para alguien que vive con muggles las lechuzas son realmente importantes. Son lo único que te conecta al mundo de los magos cuando estás apartado de él.

—Sí, James, Evans tiene toda la razón —dijo Sirius, poniéndose del lado de la pelirroja—. Cuando yo vivía en casa de mis padres le tenía más cariño a mi lechuza Eros que a mi propia madre.

¡No! !NOOO!

Hagrid acelero y Harry vio como los encapuchados mortífagos se dispersaban ante la motocicleta, que arremetía a toda velocidad contra el circulo que habían formado.

¡Hedwig! ¡Hedwig!

La lechuza, inmóvil y patética como un juguete, yacía al fondo de la jaula. Pero Harry no podía ocuparse de su mascota; en ese momento, su mayor preocupación era la suerte de los demás. Miro hacia atrás y vio un enjambre de personas en movimiento, destellos de luz verde y dos parejas montadas en sendas escobas que se alejaban a toda velocidad, pero no las reconoció.

¡Tenemos que dar media vuelta, Hagrid! !Tenemos que volver! —grito por encima del estruendo del motor.

—¡NI SE TE OCURRA, HARRY! —le reprendió Lily— ¿Acaso se ha vuelto loco? ¡No pueden volver!

Saco su varita mágica y dejo la jaula en el suelo, resistiéndose a creer que la lechuza hubiese muerto.

¡DA MEDIA VUELTA, HAGRID!

¡Mi misión es llevarte allí sano y salvo, Harry! —bramo Hagrid, y acelero aun mas.

—Bien —volvió a interrumpir Lily, suspirando con alivio—. Me alegro de que Hagrid al menos tenga la cabeza en su sitio.

Sirius y James rompieron a reír inmediatamente después de ese comentario. Remus les miró con exasperación y Lily alzó una ceja sin comprender esa reacción.

—¿Has escuchado lo que acabas de decir, pelirroja?

—¡Que Hagrid tiene la cabeza en su sitio! —continuó James— ¡Anda ya!

—¡No os metáis con Hagrid! —le defendió ella. El hombretón estaba arriesgando su vida por proteger la de su hijo, que menos que mostrarle un mínimo de respeto por ello.

—¡Pero si nos encanta Hagrid! —dijo James

—Es un tipo de puta madre.

—¡No hables mal, Sirius!

—Eh, es cierto.

—Lo que pasa, Lily —siguió diciendo James— es que la cabeza en si sitio, precisamente, no es que la tenga. Es un poco, como decirlo… cabra loca.

Lily frunció los labios e instó a James para que siguiese leyendo. Vale, puede que tuviese razón y Hagrid fuese un poco cabra loca, pero no era el momento de exponer esas cuestiones. Era quien estaba protegiendo a su hijo, y con eso a Lily le bastaba para confiar plenamente en él.

¡Detente! !DETENTE! —chillo Harry. Pero cuando volvió a mirar atrás, dos chorros de luz verde pasaron rozándole la oreja izquierda: cuatro mortífagos se habían separado del circulo y los perseguían apuntando con sus varitas a la ancha espalda de Hagrid.

El guardabosques hizo un viraje brusco, pero los mortífagos se acercaban peligrosamente; no cesaban de lanzarles maldiciones y Harry tuvo que agacharse para evitarlas.

—Esto me gusta cada vez menos… —interrumpió Lily, retorciéndose las manos de puro nerviosismo.

—¿Quieres que me lo salte? —le preguntó James.

—¡No! ¿Estás loco, Cornamenta? —alucinó Sirius— ¡No podemos saltarnos nada del libro! En el párrafo que menos te imagines pueden soltarnos un bombazo de información.

—Sirius tiene razón, tenemos que leer todo.

Respiró hondo y le hizo a James un gesto para que continuase. Si todos los capítulos a partir de ese momento iban a ser así de intensos, no estaba segura de poder resistirlo.

Retorciéndose en el asiento, grito «¡Desmaius!» y su varita despidió un rayo de luz roja que abrió una brecha entre sus cuatro perseguidores, que se separaron para eludir el encantamiento.

¡Sujétate, Harry! ¡Se van a enterar! —rugió Hagrid, y el muchacho alcanzo a ver como el guardabosques apretaba con un grueso dedo el botón verde situado junto al indicador de la gasolina.

Por el tubo de escape salió una pared, una solida pared de ladrillo. Harry estiro el cuello y vio como la pared se extendía por el cielo. Tres mortífagos viraron a tiempo y la esquivaron, pero el cuarto no tuvo tanta suerte: se perdió de vista y de súbito cayó como una piedra por detrás de la pared, con la escoba hecha añicos.

—Nunca pensé que diría algo así, pero… uff, uno menos. —dijo Lily, respirando con un poco más de calma.

Uno de sus compinches intento socorrerlo, pero tanto ellos como el muro volador desaparecieron en la oscuridad. Hagrid se inclino sobre el manillar y volvió a acelerar.

Los otros dos mortífagos seguían lanzando maldiciones asesinas que pasaban rozándole la cabeza a Harry.

Este respondió con más hechizos aturdidores: el rojo y el verde chocaban en el aire produciendo una lluvia de chispas multicolores que le recordaron los fuegos artificiales. ¡Y pensar que los muggles que vivían allá abajo no tenían ni idea de lo que estaba pasando!

—¿Curioso, verdad? —medio sonrió Sirius.

—¿Te imaginas? —le siguió el juego James— Hay un muggle cortando el césped de su jardín y de repente llueven mortífagos del cielo.

—¡BOOM! ¡Mortífago va!

Los dos soltaron una carcajada que hizo que Lily perdiese la paciencia. Les soltó un grito y James reanudó la lectura en el acto. No era el momento de bromear.

¡Vamos allá, Harry! ¡Agárrate bien! —-gritó Hagrid, y pulso otro botón.

Esta vez una gran red salió por el tubo de escape, pero los mortífagos estaban alertas y la esquivaron. Y el que había reducido la marcha para socorrer a su camarada, surgiendo de pronto de la oscuridad, los había alcanzado ya.

—¡Oh, no! ¡¿Dónde está la casa de tu prima, Sirius?! —gritó Lily— ¡Tienen que llegar ya!

—Tranquilízate, Lily —la calmó Remus—. Llegarán, no te preocupes.

De modo que los tres siguieron persiguiendo la motocicleta y lanzando a sus ocupantes una maldición tras otra.

¡Esto los detendrá, Harry! ¡Sujétate fuerte! —bramo Hagrid, y el chico vio como apretaba con toda la mano el botón morado.

—¡Pero eso es solo para casos de emergencia!

—¡Pelirroja, eso es una emergencia!

Con un inconfundible fragor, un chorro de fuego de dragón —blanco y azul— broto del tubo de escape. El vehículo salió despedido hacia delante como una bala y produjo un ruido de metal desgarrándose.

—¿Metal desgarrándose? —repitió James— Quizás no haya sido buena idea esto del botón morado…

—¡Os lo dije! ¡Los artefactos muggles no deberían ser alterados!

Aquello era el acabose. Su hijo no solo estaba huyendo de una panda de mortífagos asesinos, sino que, para colmo, ahora el vehículo en el que volaba amenazaba con caerse a pedazos. ¿Es que acaso las cosas podían ponerse peor?

Harry vio como los mortífagos se alejaban virando para esquivar la letal estela de

llamas, y al mismo tiempo noto que el sidecar oscilaba amenazadoramente: la pieza que lo sujetaba a la motocicleta se había rajado debido a la fuerza de la aceleración.

¡No pasa nada, Harry! —grito el guardabosques, bruscamente inclinado hacia atrás por el repentino incremento de la velocidad. Pero ya no dirigía la motocicleta y el sidecar daba fuertes bandazos a su cola—. ¡Yo lo arreglare, no te preocupes! —chillo, y del bolsillo de la chaqueta saco su paraguas rosa con estampado de flores.

—No creo que eso sea buena idea… —apuntó Remus—. El paraguas de Hagrid no es demasiado fiable.

—¡Es una pésima idea, Remus! —gritó Lily— Oh Dios mío… ¡debería dejar que Harry lo arreglase!

—Pelirroja, ¿te das cuenta que no has dejado de gritar en todo el capítulo? ¿No te duele la garganta?

—¡Cállate! —le reprendió. Estaba gritando, lo sabía, y mucho, pero no había otra cosa que ella pudiese hacer. Era frustrante ser testigo de todo lo que le ocurriría a Harry y saber que no iba a estar ahí para él. Ella o James deberían estar conduciendo ese sidecar.

¡Hagrid! ¡No! ¡Déjame a mí!

¡REPARO!

Se oyó un estallido ensordecedor y el sidecar se soltó por completo.

Lily gimió y encerró la cabeza en el hueco entre el hombro y el cuello de James. Saber que algo así pasaría no servía de mucha ayuda para poder sobrellevar la lectura. Respiró hondo y sintió a James estremecerse a su lado, procurando mantenerse inmóvil. ¿Qué estaba haciendo? Ahogarse en el cuello de James no era precisamente una buena idea. Aunque olía tan bien… Olía a algo tremendamente familiar pero desconocido al mismo tiempo, como si fuese un aroma que hubiese estado esperando durante tiempo. Se deshizo de esos pensamientos tan ridículos y se separó de él, poniendo distancia entre ellos. No, no era buena idea tomarse tantas confianzas. ¡Era Potter! El mismo Potter que llevaba años pidiéndole citas y al que ella llevaba años rechazando. No era justo para él que Lily se tomase esas confianzas… Terminaría por confundirle.

—Lo siento —le dijo.

—No, está todo bien —contestó él antes de volver a leer.

Harry salió despedido hacia delante, propulsado por el impulso de la motocicleta, y el sidecar fue perdiendo altura...

Desesperado, Harry intento arreglarlo con su varita y grito:

¡Wingardium leviosa!

—¡Uff! —suspiró Sirius— Buena idea…

—Eso al menos hará que no caiga —dijo Remus— ¿Curioso, verdad? Un hechizo aprendido en primer año puede servir para salvarte la vida.

—Demos gracias por ello —sentenció Lily, quien estaba deseosa de seguir escuchando la lectura.

El sidecar se elevo como si fuera de corcho; Harry no podía dirigirlo, pero al menos no caía. Sin embargo, el chico solo tuvo ese momento de respiro, porque los mortífagos se les echaron encima de nuevo.

¡Ya voy, Harry! —grito Hagrid desde la oscuridad, pero el muchacho vio que el sidecar comenzaba a perder altura otra vez.

Se agacho cuanto pudo, apunto a sus tres perseguidores con la varita y grito:

¡Impedimenta!

El embrujo le dio en el pecho al mortífago del medio. El individuo se quedo suspendido en el aire con los brazos y las piernas extendidos, en una postura ridícula, como si se hubiera empotrado contra una barrera invisible, y uno de sus compinches estuvo a punto de chocar con el...

Entonces el sidecar se precipito en picado.

—¡No, otra vez no! —se estremeció la pelirroja.

—¿A qué espera Hagrid para cogerlo? —preguntó James.

Uno de los mortífagos que seguía persiguiéndolos lanzo una maldición que paso rozando a Harry. El muchacho se agacho bruscamente en el hueco del sidecar y, al hacerlo, se golpeo los dientes contra el canto del asiento.

—Au… eso tiene que doler.

—Lo imaginamos, Black.

¡Ya voy, Harry! !Ya voy!

Una mano enorme lo agarro por la espalda de la túnica y lo levanto, sacándolo del sidecar, que continuaba cayendo a plomo. Consiguió coger la mochila y se las ingenio para trepar al asiento de la motocicleta, hasta que se encontró instalado detrás de Hagrid, espalda contra espalda. Mientras ascendían a toda velocidad, alejándose de los dos mortífagos restantes, Harry escupió sangre, apunto con su varita al sidecar y grito:

¡Confringo!

El sidecar exploto y Harry sintió una tremenda punzada de dolor por Hedwig, como si le arrancaran las entrañas.

—Pobre Hedwig —volvió a lamentarse Lily—. Y pobre Harry…

Encogió las piernas en el sillón y se las abrazó, apoyando la barbilla sobre sus rodillas. Quizás pecase de exagerada, pero se ponía en el pellejo de Harry y veía la pérdida de la lechuza como algo parecido a un drama. Ella tenía una lechuza, una lechuza de color cobrizo y de carácter orgulloso, y se había convertido con el paso de los años en algo más que una mascota.

El mortífago más cercano cayo de su escoba y se perdió de vista; su compinche cayo también y se desvaneció.

¡Lo siento, Harry, lo siento! —gimió Hagrid—. No debí intentar repararlo yo mismo... Ahí no tienes sitio...

¡No pasa nada! ¡Sigue volando! —le grito Harry al ver que otros dos mortífagos surgían de la oscuridad y se les aproximaban.

Hagrid viraba hacia uno y otro lado, zigzagueando, mientras las maldiciones volvían a destellar en el espacio que los separaba de sus perseguidores. Harry comprendió que Hagrid no se atrevía a apretar el botón del fuego de dragón por temor a que el resbalara del asiento, de modo que no ceso de lanzar un hechizo aturdidor tras otro contra los mortífagos, pero a duras penas lograba repelerlos. Entonces les arrojo otro embrujo bloqueador. El mortífago mas cercano viro para zafarse y le resbalo la capucha. Al iluminarlo la luz roja del siguiente hechizo aturdidor, Harry distinguió la cara extrañamente inexpresiva de Stanley Shunpike, Stan.

¡Expelliarmus! —bramo Harry.

—¡¿Expelliarmus?! ¿En qué está pensando? —rugió Remus— ¡No puede lanzarle a un mortífago un hechizo de desarme!

—¿Por qué no? —protestó James— ¿Preferías que le lanzase una maldición imperdonable?

—¡No, claro que no! ¡Pero no un desarme! Son mortífagos, James, ellos tiran a matar. Lo menos es aturdirlos.

—Pero Harry le conoce, y por como lo ha descrito yo diría que ese tipo está bajo un imperius.

—James tiene razón —intervino Lily—, están a metros sobre el suelo, aturdirle sería como matarle, ¿no? Nadie sobrevive a una caída tan alta…

—Son tiempos oscuros, Lily —insistió el licántropo— y seguramente a veces no tengas opción. Eres tú o ellos.

James sacudió la cabeza y siguió leyendo. Por una vez en su vida, no podía estar de acuerdo con su amigo. Bastante duro tenía que ser todo para Harry como para encima echarse sobre los hombros la muerte de alguien que seguramente fuese inocente.

¡Es el! ¡Es el! !Es el autentico!

—¿Cómo diablos lo han sabido? —preguntó, atónito, Sirius.

—¡Sigue leyendo, James! —rogó Lily.

El grito del mortífago encapuchado llego a oídos del muchacho pese al rugido de la motocicleta. Al cabo de un instante, ambos perseguidores se habían quedado atrás y perdido de vista.

¿Qué ha pasado? —pregunto Hagrid—. ¿Donde se han metido?

¡No lo se!

Pero Harry estaba asustado: el mortífago encapuchado había gritado es el autentico; ¿como lo había descubierto?

—¡Eso mismo es lo que yo me pregunto! —insistió Sirius.

—No tengo ni idea de cómo lo habrán sabido —le respondió James—, pero esto no me gusta nada. ¿A dónde han ido todos?

—Voldemort quería enfrentarse a él personalmente… —murmuró Lily casi para sí, demasiado asustada como para poder alzar la voz— ¿No creeréis que…?

—¡NO! ¡IMPOSIBLE! —bramó James.

—¿Creéis que los mortífagos han ido a buscarle? —preguntó Remus.

Nadie contestó a eso. Las cosas podían ponerse mucho más feas como existiese la posibilidad de que Voldemort entrase en acción. Un chico de diecisiete años (ni siquiera los había cumplido todavía) enfrentándose a Voldemort… era escalofriante.

Miro alrededor escudriñando el oscuro cielo, aparentemente vacio, y tuvo miedo. ¿Donde se habían metido los mortífagos? Se dio la vuelta en el asiento, se coloco mirando al frente y se sujeto a la espalda de Hagrid.

¡Suelta el fuego de dragón otra vez, Hagrid! ¡Larguémonos de aqui!

—Sí, buena idea, que se larguen de allí cuanto antes.

—¿No decías que el fuego del dragón era una mala idea, pelirroja?

—Entre el fuego de dragón y Voldemort, me quedo con el fuego de dragón.

Sirios medio sonrió: —Sí, buena elección, Evans.

¡Agárrate fuerte, chico!

Volvió a oírse un rugido ensordecedor y Harry resbalo hacia atrás en el poco trozo de asiento que le quedaba. Hagrid también salió despedido hacia atrás y aplasto a su pasajero, aunque se sujeto por los pelos al manillar.

¡Me parece que los hemos despistado, Harry! !Lo hemos conseguido! —grito el guardabosques.

Pero Harry no estaba tan convencido. Presa del miedo, siguió mirando a derecha e izquierda en busca de perseguidores, pues sabía que volverían. ¿Por qué se habían retirado? Uno de ellos todavía conservaba su varita. Es el, es el autentico, habían gritado después de que intentara desarmar a Stan.

¡Ya estamos llegando, Harry! ¡Casi lo hemos logrado! —exclamo Hagrid.

—¡Gracias a Dios!

El muchacho noto que la motocicleta descendía un poco, aunque las luces que se distinguían abajo todavía eran como estrellas remotas.

De repente, la cicatriz de la frente comenzó a arderle como si fuera fuego.

—¿Cicatriz, que cicatriz? —preguntó ansiosa Lily.

—Será uno de los golpes que se ha dado en el vuelo —contestó James, aunque ni él mismo estaba seguro de esa respuesta—. Se pegó contra el sidecar, ¿no?

—Pero entonces sería herida abierta, cicatriz quiere decir que ya está curada, que es la marca y…

—Evans, no entremos en temas lingüísticos. Si le damos tantas vueltas a todo nos volveremos locos —le dijo Sirius.

La pelirroja frunció el ceño, descontenta con ese corte, pero no dijo nada. ¿Por qué su hijo tenía una cicatriz en la frente? Y ella no creía el cuento ese de que se la acababa de hacer. ¿Y por qué le ardía de repente? Nada tenía sentido… Para empezar, la mayoría de las cicatrices se podían hacer desaparecer (o suavizar, al menos) con un poco de magia, ¿por qué Harry tenía una? Deseó poder tener allí a alguien que le respondiese todas esas dudas.

Pensó en Harry. Si tan solo pudiesen hacerle venir hasta ellos… pero eso era imposible, ¿no? Nadie podía viajar del futuro al pasado así sin más. Aunque claro, tampoco había oído hablar nunca de un libro que viajase en el tiempo. Lily sacudió la cabeza y desechó esa idea. Era muy improbable que pudiese hacerse algo así.

En ese momento aparecieron dos mortífagos, uno a cada lado de la motocicleta, y dos maldiciones asesinas lanzadas desde atrás pasaron rozándolo.

Y entonces lo vio: Voldemort

—¡NO! —gritó, aunque eso era algo que ya sabían de antemano.

La chica tenía ganas de echarse a llorar. ¿Por qué el futuro tenía que ser tan espantoso? Estaba por darle la razón a James en su arrebato un par de capítulos atrás. Ese futuro era un auténtico asco. No estaba segura de que mereciese la pena.

Se obligó a pensar en Harry. Harry merecía la pena, de eso no había dudas.

—¡Maldito hijo de puta! —gruñó Sirius, sin importarle las palabrotas. Ni siquiera Lily le reprendió esta vez.

volaba como el humo en el viento, sin escoba ni thestral que lo sostuviera;

—¿Vuela? ¿Voldemort vuela? —dijo Remus— ¡Pero nadie puede volar!

—Al parecer él sí —escupió James, quien se debatía entre la rabia y la repulsión.

su rostro de serpiente destacaba en la oscuridad y sus blancos dedos volvían a levantar la varita...

Hagrid soltó un chillido de pánico y lanzo la motocicleta en un descenso en picado. Agarrándose con todas sus fuerzas, Harry arrojo hechizos aturdidores a diestro y siniestro. Vio pasar a alguien volando por su lado y comprendió que había alcanzado a uno, pero entonces oyó un fuerte golpe y observo que salían chispas del motor. La motocicleta comenzó a caer trenzando una espiral, fuera de control...

—No, no, no, no… —gimió Lily. Volvió a sentir la necesidad de refugiarse en James y, sin importarle sobrepasar de nuevo el límite de confianza permitida, se acercó y se acurrucó contra él. Era reconfortante sentir que no estaba sola en su sufrimiento.

—Estoy seguro de que conseguirán salvarse —le dijo él, tomándose la libertad de acariciarle el pelo—, ya lo verás.

Lily asintió e intentó relajarse ante la caricia, mientras que James se concentró un instante en la suavidad de su melena. ¿Cuántas veces había querido tocarle el pelo a la pelirroja? No podía llevar ni la cuenta…

Sacudió la cabeza, se centró en el futuro, y siguió leyendo.

Los mortífagos continuaban lanzándoles chorros de luz verde. Harry no tenía ni idea de donde era arriba y donde abajo; seguía ardiéndole la cicatriz y suponía que moriría en cualquier momento.

—¡No vas a morir, Harry! —interrumpió Sirius—. No es bueno ser tan negativo… Piensa bien y los problemas parecerán menos problemas.

—Voldemort le está acechando, Sirius —se exasperó Remus—, ¿realmente crees que todo se solucionará con un pensamiento positivo?

—No, no se solucionará así, pero ayudará en algo, eso te lo aseguro.

Un encapuchado montado en una escoba llego a escasos palmos de él, levanto un brazo y...

¡NO!

Con un grito de furia, Hagrid soltó el manillar y se abalanzo sobre el encapuchado. Harry, horrorizado, vio que el guardabosques y el mortífago caían y se perdían de vista, porque el peso de ambos era excesivo para la escoba...

—¡Oh, no! ¡Hagrid! —gritó Lily.

—Él estará bien… con su tamaño, una caída desde esa altura ni siquiera le dolerá, estoy seguro —dijo Remus.

Mientras se sujetaba con las rodillas a la motocicleta, que seguía cayendo, oyó gritar a Voldemort:

¡Ya es mío!

Todo había terminado. Harry ya no veía ni percibía donde estaba su enemigo, pero distinguió como otro mortífago se apartaba y oyó:

¡Avada...!

—¡NO, NO! —volvió a exclamar Lily— ¡Os juro que le mataré yo misma como algo le ocurra a Harry!

—Cálmat…

—¡NO ME PIDAS QUE ME CALME, JAMES!

Sin atreverse a insistir más, el joven siguió leyendo con apremio.

El dolor de la cicatriz obligo a Harry a cerrar los ojos,

—Y vuelta con el dolor… —interrumpió otra vez la pelirroja— ¡No es normal! No lo entiendo.

—Es como si esa cicatriz estuviese relacionada de alguna forma con Voldemort, ¿no? —preguntó Remus—. Le empezó a doler cuando este apareció en escena.

—No me gusta nada…

—Quizás debamos llamar a Dumbledore —sugirió de nuevo Remus. Realmente creía que la presencia del director en la lectura era bastante necesaria. Estaba seguro de que el anciano podría resolver muchas de sus dudas—. Es el único que puede darnos algunas respuestas.

—O Harry… —dijo Lily sin pensar.

—¿Harry? —James abrió los ojos con asombro— ¿Cómo que Harry?

—¿Te has vuelto loca, Evans? ¡Harry aún no existe!

Ella se encogió de hombros antes de responder:

—Ya, pero lo mismo que este libro ha viajado desde el futuro aquí, Harry también podría visitar el pasado, ¿no os parece?

—No sé, Lily —contestó el licántropo—, suena peligroso, ilegal, arriesgado y…

—¡Y nos encanta! —gritó Sirius. Todo lo que fuese ilegal y arriesgado era emocionante para él— ¡Hagámoslo venir!

—Pero, ¿cómo? —Lily frunció la nariz. La idea era suya, y deseaba conocer a Harry, pero era la primera en encontrarle defectos al plan—. El libro se nos apareció sin más, nosotros no sabemos cómo traer cosas del futuro.

—¡Llamemos a Dumbledore para que nos lo diga!

—¡Sirius! —le dijo Remus, perdiendo la poca paciencia que le quedaba—, Dumbledore no apoyaría una decisión así. Además, ¿no eras tú el que decía que era una pésima idea invitar al director a leer con nosotros?

—Bueno, igual estaba equivocado. Estoy seguro de que Dumbledore estaría conforme con escuchar nuestra petición y puede que hasta nos ayudase.

—Yo no lo veo…

—¿Podéis seguir discutiendo más tarde? —les interrumpió James— ¡Quiero seguir leyendo!

Y entonces su varita actuó por sí sola.

—¿Qué quiere decir con que su varita actuó por sí sola? —preguntó Lily. Las cosas cada vez se complicaban más…

—Ni idea, pelirroja, pero con vuestro hijo yo ya me espero cualquier cosa. Sigue leyendo y lo sabremos, James.

Percibió que esta tiraba de su mano, como si fuera un potente imán; vislumbro una llamarada de fuego dorado a través de los entrecerrados parpados y oyó un estruendo y un chillido de rabia.

—¿Qué ha sido eso? —Remus abrió los ojos a causa de la sorpresa— Realmente su vatita ha actuado por sí sola.

—¡Pues claro! Es lo que dijo el libro dos frases más arriba —le replicó Sirius.

—Ya, pero es verdad —insistió Remus—. Pensé que sería magia accidental o algo así, pero no. Realmente si varita actuó por su cuenta.

—No tiene sentido, ¿no? —preguntó James— ¿Habíais escuchado alguna vez algo así?

—Algo debe pasar entre la varita de Harry y la de Voldemort —especuló Lily— ¿No os acordáis que en el primer capítulo le pidió la varita a Lucius? Voldemort dijo que necesitaba una varita que no fuese la suya.

—Pero esto tampoco ha funcionado —afirmó el licántropo—. La varita de Harry ha vencido a la varita prestada.

El mortífago que quedaba grito y Voldemort chillo: ¡No!≫. En ese momento el muchacho se dio cuenta de que tenia la nariz casi pegada al botón del fuego de dragón: lo apretó con una mano y la motocicleta volvió a lanzar llamas hacia atrás y se precipito derecha hacia el suelo.

¡Hagrid! —chillo Harry sujetándose desesperadamente—. ¡Hagrid! ¡Accio Hagrid!

Aquí, Sirius se echó a reír. Sus tres compañeros lo miraron con un gesto confuso y él se apresuró a explicarse.

—¿Habéis intentado alguna vez convocar a Hagrid? ¡Debe ser tremendo!

—Sirius, realmente nunca he querido convocar a nadie —le dijo Lily—. Ese hechizo es para cosas, no para personas.

—Probemos… —sonrió con malicia y se sacó la varita del bolsilló trasero del pantalón— ¡Accio Evans!

La pelirroja solo tuvo tiempo de ahogar un grito antes de sentir una fuerza tirando de ella hacia Sirius. De estar medio abrazada a James pasó volando hasta terminar sentada en el regazo de Sirius. Una vez pasado el susto inicial, sus ojos echaron fuego.

—¡¿QUÉ DEMONIOS HACES, BLACK?! ¡SUÉLTAME! —le golpeó repetidas veces en los hombros y le empujó para separarse de él. era increíble la desfachatez de ese muchacho— ¡IDIOTA!

—¡Sólo quería saber si el hechizo funcionaba! —se carcajeó él— ¡James, prueba tú ahora!

—¡NI SE TE OCURRA!

Lily miró al aludido con una expresión que al chico le pareció bastante asesina. No, no era buena idea seguir la idea de Sirius.

La muchacha se colocó la chaqueta, que se le había subido después de tanto vaivén, y regresó con aire digno a su asiento.

La motocicleta acelero aun mas, atraída por la fuerza de la gravedad.

—¡Funciona al revés! —gritó Sirius— Evans vino hacia mí, pero parece que es Harry quien está yendo hacia Hagrid.

—Bueno, el tamaño de Lily es mucho menor que el de Hagrid, y encima este está más debajo de Harry, es normal que el hechizo haga que Harry descienda hacia él, Sirius —explicó Remus.

Con la cara a la altura del manillar, Harry solo veía luces lejanas que se acercaban más y mas. Iba a estrellarse y no podría evitarlo. Oyó otro grito a sus espaldas...

¡Tu varita, Selwyn! !Dame tu varita!

Sintio la presencia de Voldemort antes de verlo. Miro de refilón, vio los encarnados ojos de su enemigo y tuvo la certeza de que eso sería lo último que vería: a Voldemort preparándose para lanzarle otra maldición...

—¡¿Pero es que no va a llegar nunca a casa de la prima de Sirius?! —protestó Lily— ¡Qué angustia de capítulo!

Pero de pronto este se desvaneció.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó James.

—¡No importa! —le dijo Sirius— Voldemort ha desaparecido, y eso nos pone a todos contentos.

Remus volteó los ojos y les explicó.

—Han entrado en la casa de tu prima Sirius, por eso Voldemort se ha desvanecido, por los encantamientos.

—¡POR FIN! —gritó Lily, sonriendo por primera vez en mucho rato.

Harry miro hacia abajo y vio a Hagrid tumbado en el suelo con los brazos y las piernas extendidos. El muchacho tiro con todas sus fuerzas del manillar para no chocar contra él y busco a tientas el freno, pero se estrello en una ciénaga con un estruendo desgarrador, haciendo temblar el suelo.

—¡Oh! —jadeó la pelirroja— ¡Se ha estrellado!

Sirius se echó a reír:

—Podría haber sido peor, pelirroja. ¡Están a salvo!

—Bueno —le contradijo Remus—, Hagrid está tirado en el suelo y no parece tener muy buen aspecto, y…

—¡No seas agorero, Lunático! Están a salvo de Voldemort, eso es lo más importante.

—Bueno —dijo James, respirando hondo y sintiéndose tranquilo después del estrés del capítulo— ¿Quién lee el siguiente?