Hola!!
Como ya tenía el segundo capitulo escrito, he pensado que mejor no alargar la espera y lo publicaba ya. De nuevo otra aparición estelar de Angel, comportandose como todo un señor de 200 años, jaja, aunque esta ya es la última.
Gracias a todos los que habeís leido el primer capitulo, y en especial a Catacroker y Willing Slave por los comentarios. Si, yo creo que algunas sufrimos orgasmos repetitivos cuando Spike volvio a casa y llamó traidores desagradecidos a los scoobies y le atizó a Faith, jaja.
Notas: Este capitulo esta situado a comienzos de la 5ª temporada de Angel, durante el episodio 5x04, Hell bound.
2. Una buena obra con otra se paga
(Cuatro meses más tarde, Los Ángeles)
Ángel paseaba por su despacho con las manos en los bolsillos, antes de bajar a reunirse con los demás. El último par de días había sido bien movidito, pero de alguna manera, como siempre, habían logrado salir de ello. Habían capturado a Pavaine y devuelto su cuerpo a Spike del mismo golpe, y ahora, el vampiro más viejo meditaba sobre lo que debía hacer, elegir entre lo que quería y lo que creía que era correcto.
Había hablado en serio cuando le había advertido a Fred sobre Spike, sabía que su grandchilde la estaba engatusando para que accediera a ayudarle. También cuando le había dicho que Spike sólo pensaba en si mismo, y sin embargo… ahora dudaba de que eso fuera verdad. Cierto, le conocía bien, le había conocido durante casi dos décadas de sangrientas matanzas y carnicerías, pero después de que fuera maldecido, apenas se habían visto alguna que otra vez, hasta que Drusilla y él aparecieron en Sunnydale. ¿Cuánto conocía a Spike en realidad? A pesar de la advertencia que le había hecho a Fred, Spike se había sacrificado por salvarla, ninguno sabía que la máquina de la científica, sería capaz de reintegrar tanto a Pavaine como a Spike de una sola vez. Spike había arriesgado su posiblemente única oportunidad de volver, por hacer lo correcto, por salvarla.
Ángel suspiró derrotado y agitó la cabeza, por mucho que le desagradara la idea de revelarle a Spike todo lo que sabía, debía hacerlo. Esta no era su decisión para tomarla, y se lo debía a Buffy.
~*~
El vampiro moreno apareció en el bar donde los chicos estaban celebrando el éxito de la maquina de Fred y el hecho de que Spike había dejado de ser un fantasma molesto, para volver a ser un vampiro molesto.
Ángel esperó a que los demás se empezaran a marchar para llevar a acabo la misión que se había auto-impuesto. Cuando Wes y Fred se empezaron a despedir, el vampiro moreno apoyó su mano sobre el hombro de Spike y le miró con rostro solemne.
"Spike, hay una cosa que debes saber" el aludido frunció el ceño intrigado por lo ceremonioso de las palabras de Ángel y esperó a que se decidiera a ampliar la información. "Quiero que vengas conmigo a un sitio."
Spike asintió algo aturdido, antes de recobrarse. "Si vas a confesarme que vas a salir del armario, ahórratelo, peaches." logró contestar al fin con una sonrisa marca de la casa, que consiguió que Ángel suspirara y negara con la cabeza en su habitual estilo, antes de encaminarse a la salida.
Los dos vampiros recorrieron las calles de la ciudad en uno de los coches de W&H, en un completo silencio, que apunto estuvo de sacar de sus casillas a Spike. Sin embargo cuando vio que se detenían frente al hotel donde Ángel y su pandilla habían estado instalados los últimos años, procuró morderse la lengua.
Una vez dentro, Spike observó como Ángel se sentaba en el sofá del hall con los codos apoyados en los muslos y un rostro más tétrico de lo habitual, y no pudo contenerse más.
"¿Qué demonios pasa, Liam? ¿Para qué me has traído aquí? ¿Vas a darme un discurso sobre el bien y el mal o algún rollo por el estilo?"
Ángel levantó el rostro y le fulminó con la mirada.
"Siéntate William. Voy a contarte algo y necesito que cierres la boca durante un rato."
Spike se encogió de hombros y sentó junto a él con un gesto totalmente indiferente. Ángel le observó por el rabillo del ojo, pero permaneció con la cabeza baja.
"Hace cuatro meses" comenzó el vampiro moreno. "Tras derrotar al Primero y destruir Sunnydale, todos los que sobrevivieron se presentaron en la puerta y…estuvieron aquí durante una semana aproximadamente."
Spike se inclinó hacia delante ante las palabras de Ángel y le miró fijamente, el vampiro moreno estuvo tentado de sonreír, parecía que no había sido demasiado difícil captar su atención por una maldita vez.
"¿Buffy…?" comenzó Spike sin saber cómo terminar la pregunta. Ángel asintió y después evadió su mirada de nuevo hacia el suelo.
"Ella estuvo aquí." confirmó el vampiro moreno. "Durante un par de días, al menos." Ángel sacudió la cabeza no queriendo adelantar los acontecimientos. "Una noche que todos habían salido, estuvimos hablando… parecía…." Ángel se detuvo sacudiendo la cabeza, sin saber como explicarle a Spike el estado en que se encontraba ella aquella noche, tan sola, tan perdida. Sin embargo, percibió claramente como el vampiro a su lado se tensaba y apretaba tanto los puños como la mandíbula, y supo que no iba a ser capaz de explicárselo. Era mejor que lo supiera por boca de ella. Ángel metió la mano en su chaqueta y sacó un sobre del interior, lo sostuvo durante un par de segundos en sus manos antes de tendérselo a Spike, que le miró sin comprender. "Esto estaba la mañana siguiente en mi mesa. Creo… creo que deberías leerlo."
Spike tomó el pequeño sobre reconociendo de inmediato la letra de la Cazadora, aunque en él solo se veía escrito 'Ángel', por lo menos no era al único al que Buffy le dejaba notas. Lo sopesó en sus manos durante un rato antes de inspirar profundamente y abrirlo. Dentro había lo que parecía una carta, y luego una nota aparte. Dejó la nota sobre el sofá y desplegó la carta.
.
Querido Ángel,
Imagino que ya sabrás porque te dejo esta carta, aún así necesito hacerlo.
He estado pensando en lo que dijiste anoche, no he dormido pensando en ello, tratando de imaginar como debe ser tener una vida medianamente normal. Una, en la que mi vida no estuviera siempre pendiente de un hilo, una, en la que pueda ser yo misma otra vez. Y la idea me asusta casi tanto como me atrae. Desde que me convertí en la Cazadora nunca he deseado otra cosa, y ahora ya no lo soy más, no soy La Cazadora. Ahora hay cientos, puede que incluso miles de cazadoras, para repartirse el peso del mundo sobre sus espaldas, y yo estoy tan cansada…
Estoy tan cansada de la lucha y el sacrificio, de las perdidas que conlleva, del dolor y la soledad. Durante años he sentido que el peso de ser la Cazadora me alejaba del mundo, de la gente, que nadie era capaz de comprender la soledad que conlleva el título, y sin embargo ahora que hay tantas chicas como yo, me siento más sola que nunca.
Tenías razón cuando dijiste que me sentía traicionada por los chicos, es así. Cada vez que les miro a la cara siento la punzada de la duda, de la desconfianza. He intentado fingir que nada pasó, pero cuanto más lo hago, más me alejo de ellos. Ojala…ojala pudiera perdonarles, pero no puedo, no todavía al menos. Tampoco puedo perdonarme a mí misma. Debí haber hecho tantas cosas que no hice, cosas que no dije y ahora me atormentan…
Fui una estúpida en realidad. Pensé que cuando todo acabara, que cuando la lucha con el Primero hubiera terminado, podría…que yo podría… decirle cuanto significaba realmente para mi, que podría acabar las conversaciones que quedaron a medias. Que en cierta medida, podría devolverle aunque fuera una ínfima parte de lo que él había hecho por mi.
Nunca se me ocurrió que pudiera perderle en la batalla, que alguno de los dos podría no salir de esa. Siempre pensé que si ganábamos, lo haríamos juntos, porque él era mi fuerza, mi verdadera fuerza…nunca habría ganado la batalla sin él. No habría reunido el valor para enfrentarme a Caleb, para conseguir la guadaña, para creer que podíamos vencer. Y ahora… él nunca sabrá la verdad. Murió pensando que lo único que era capaz de ofrecerle era mi compasión. Y ya no… ya no puedo hacer…nada.
No, no puedo perdonarles a ellos, más de lo que puedo perdonarme a mi misma. Y hasta que no sea capaz de hacerlo, creo que es mejor que estemos separados.
Sé que los chicos no lo entenderán, Ángel. Pero no puedo quedarme y volver a pasar por algo semejante a lo del año pasado, no quiero recorrer nunca más esa senda de autodestrucción y tampoco volver a herir alguien en el proceso, por eso me voy.
Siento dejarte el encargo de tener que decírselo, pero espero que puedas hacer eso por mí. Gracias por todo Ángel.
Siempre te querrá
Buffy.
.
Spike miró la carta durante largo rato, a pesar de que ya había terminado de leerla. Su alma a punto de saltar de alegría por lo que parecía quedar implícito en las palabras de Buffy. Su demonio negándose a dar ese salto de fe, recordándole las decenas de veces que la Cazadora le había negado y rechazado. Tampoco se le escapaba como Ángel comenzó a mirarle, cuando la mano que sostenía la carta empezó a temblar. Iba a mantenerse sereno, aunque le costara controlar todos los músculos de su cuerpo. No iba a ser un gilipollas otra vez, no por tan poco.
Spike inspiró hondo y cerró los ojos durante unos segundos mientras retomaba el control de su cuerpo y sus emociones, luego se giró hacia Ángel y le miró fijamente durante lo que parecieron años.
"¿Qué es…qué es…?" fue todo lo que consiguió decir Spike, antes de apartar los ojos de nuevo y apretar la mandíbula hasta el punto de sentir como rechinaban sus dientes.
"Es justo lo que parece, Spike." dijo Ángel tan tranquilamente, que el vampiro rubio sintió un súbito deseo de golpearle.
"Entonces ella no está… ¿no está en Italia?" logró preguntar Spike recordando lo que su grandsire le había dicho poco después de reaparecer como fantasma. Ángel negó con la cabeza, y durante un instante no dijo nada.
"Se fue la misma noche que hablamos. No dijo a nadie a donde iba, ni si quiera a Dawn" le explicó levantado la vista y mirándole con intensidad. "He mantenido una breve correspondencia con ella por correo electrónico" continuó exponiendo mientras unía sus manos, aún con los codos sobre los muslos y la vista en el suelo. "Sé que pasó algunas semanas en alguna parte de Nepal o la India. Y sé que ahora está en Australia. Por supuesto, Giles y los demás desconocen su paradero."
"Pero la están buscando." dijo Spike sin necesidad de preguntar, Ángel se limitó a asentir brevemente antes de continuar.
"Les dejó una nota diciéndoles que volvería cuando estuviera lista, pero empezaron a buscarla un par de días después."
"¿Por qué me has enseñado la carta, Ángel?" preguntó Spike con desconfianza.
El aludido suspiró crispando sus dedos. No lo había hecho por Spike, por lo que a él le concernía, su grandchilde nunca sabría nada más de Buffy.
"No lo he hecho por ti, sino por ella." Ángel notó como la tensión se acumulaba en sus hombros. "Si fuera mi decisión, nunca más la verías, pero… desgraciadamente no soy yo quien debe decidir eso."
Spike le observó sorprendido, casi estupefacto. ¿Qué había sido del gallito de corral que siempre quería decidir sobre todo y sobre todos?
"Has cambiado" fue lo único que pudo comentar el vampiro blanqueado mientras le miraba. Decir que Ángel sonrió, sería decir mucho, más bien fue una especie de mueca.
"Tú también. Si no hubieras cambiado, no te habrá dicho esto. Pero has salvado a Fred y creo que a cambio, te merecías saber la verdad."
"Así que, ¿Todo esto, porqué he salvado a la chica?" preguntó Spike un tanto receloso.
"Ella me importa." fue lo único que respondió Ángel. Spike volvió la vista hacia la carta, dudando.
"Pero has dicho que no sabes donde está." murmuró observando los trazos de tinta sobre el papel, algunos difuminados por pequeñas gotas que habían caído sobre ella. Lágrimas.
"He dicho que no sé donde está, no que no pueda averiguarlo."
Spike levantó la vista para mirarle intensamente, buscando algún atisbo de engaño pero sin encontrarlo.
"Si de verdad quieres ir tras ella, sólo tienes que esperarme aquí mañana a esta hora." añadió Ángel sin dejar de mirarle a los ojos. "Tu decides, Spike."
Cómo si hubiera otra posible decisión, cómo si pudiera decir que no, cómo si alguna vez pudiera renegar de ella, abandonar a su Cazadora. Spike sonrió casi con amargura y asintió. Después volvió a mirar la carta que aún tenía entre sus manos, la esperanza convertida en papel.
"Si esto sale mal, espero que me guardes un sitio en Maldad&Company, peaches" murmuró Spike. Ángel le oyó y se volvió para mirarle desde la puerta del hotel, una ultima vez antes de salir.
"Claro, Willy."
Continuará...
