CAPITULO 1: EL EXTRAÑO ENCUENTRO

Ya había pasado algún tiempo desde la victoria contra Hades y la resurrección de los caballeros dorados. Todos habían vuelto a sus puestos en el Santuario de Atena, el cual había sido reconstruido para recobrar su antiguo esplendor.

Aunque pareciera difícil, los caballeros habían logrado volver a su rutina anterior una vez que las reconstrucciones habían terminado. Los caballeros de bronce también obtuvieron un lugar en el Santuario, y podían transitar con libertad aún entre los Doce Templos.

Aquella mañana, Seiya había visitado a Kiki y lo había distraído de sus obligaciones. Mu lo había reprendido pacientemente, pero al insistir Seiya, le concedió permiso a su aprendiz de pasar un tiempo con los caballeros de bronce.

-No entiendo como es que concedes ese tiempo a Kiki- le había dicho Aldebarán, quien fue testigo del permiso de Mu- tu maestro Shion jamás hubiera consentido en algo parecido...-

-Yo no soy el maestro Shion- dijo Mu serenamente, mirando en la distancia como se divertían Kiki y los caballeros de bronce. Seiya hacía payasada y media, Shun reía inocentemente y Hyoga reía de buena gana, Shiryu se limitaba solamente a sonreír, cruzado de brazos.

-Ya veo- dijo Aldebarán, dado un par de pasos que hicieron eco por todo el templo de Aries- a mí también me divierte que los caballeros de bronce hayan decidido quedarse, siempre es bueno que Seiya esté cerca para una buena risa-

-Lo imagino- dijo Mu, sonriendo levemente- espero que, con la llegada de nuevos aprendices, no haya ningún problema-

-¿Porqué lo habría?- preguntó el caballero de Tauro.

-Que los caballeros de bronce se conviertan en una distracción para ellos- dijo Mu.

-Probablemente- dijo Aldebarán- pero ya veremos, tendremos que ponernos de acuerdo para que eso no suceda...-

-Estaría bien eso- dijo Mu- aunque será difícil desacostumbrar a Kiki-

-Bueno, iré a ver a Saga y Kanon- dijo Aldebarán tras un corto silencio- tengo un asunto que arreglar con ellos...-

Dicho eso, el caballero de Tauro se despidió de Mu y se retiró. El caballero de Aries se volvió, y ya no vio a Kiki y los caballeros de bronce. Pensando que quizá se habían dirigido al coliseo, Mu se despreocupó y se dispuso a entrar a su Templo, cuando de pronto se percató de una presencia.

Había una mujer, joven y bella, que se dirigía hacia él. Era una chica no muy alta, de aparentemente dieciséis años. Sus largos cabellos lacios eran larguísimos y de un color negro solo comparable con la noche. Sus ojos azules estaban llenos de inocencia y temor, como los de un recién nacido que apenas comenzará a conocer el mundo. Llevaba puesto un vestido negro corto, unas medias y unos zapatos del mismo color, con una cinta violeta en la cintura y otra en sus cabellos. Caminaba con un paso seguro y, a la vez, dudoso, como si no existiera nada más delante o alrededor de ella que Mu y, al mismo tiempo, la vista del caballero le causaba un indescriptible temor que Mu podía leer en sus ojos.

Por fin, la joven subió el último escalón y se detuvo una vez que estuvo cara a cara con Mu.

-Mujer, te has adentrado mucho en el Santuario de Atena- dijo el caballero de Aries- ¿Cómo es que lo has logrado?-

Estaba sorprendido de que, hasta ese momento, ningún guardia o caballero de menor rango la hubiera detenido en su camino. Como respuesta, la joven solo cerró los ojos unos instantes, y al abrirlos sonrió con dulzura.

-¿No respondes?- dijo Mu con serenidad- ¿sabes acaso que si das un paso más sin autorización de Atena, tengo órdenes de quitarte la vida?-

-No puedes quitarme- respondió la joven en voz baja- aquello que no tengo-

-¿Qué significa tal respuesta?- preguntó el caballero, sin entender sus palabras.

-Nada que tenga significado importante para ti- dije yo.

En ese momento, Mu comenzó a sentirse algo extraño, como si el aire alrededor de él fuera muy pesado, un olor dulce pero extremadamente empalagoso. Parpadeó un par de veces, pero aquella sensación no se alejaba. Le faltaba el aire, y una extraña necesidad de obedecer a la chica lo envolvió.

-Lo siento, no puedo dejarte pasar- dijo Mu, haciendo acopio de sus fuerzas.

-Lo comprendo- dijo ella sin dejar de sonreír con la misma dulzura- pero es preciso que vea a Atena...-

-¿Y quien la busca, si se puede saber?- dijo Mu.

-Sofía- dijo la joven automáticamente, como si ya hubiera estado esperando por esa pregunta.

-¿Solo Sofía?- preguntó el caballero.

-Sofía Próscope- respondió la joven.

-Yo soy Mu, caballero de Aries- dijo él, sin saber porqué encantado por la joven extraña.

-Entonces Mu, por favor, llévame a la presencia de Atena- dijo ella con aún mayor dulzura.

Mu asintió torpemente, totalmente atrapado en ese hechizo. El caballero murmuró algo que no le parecía haber salido de sus labios. Entonces, contra su voluntad, se volvió y se dispuso a cruzar su templo, seguido de la desconocida, cuando de pronto Kiki apareció delante de ellos, muy probablemente para importunarlo o interrogarlo sobre la extraña acompañante. Ésta tropezó por la sorpresa, pues no pudo reaccionar a tiempo, y fue a caer directo a los brazos de Mu.

El caballero de Aries reaccionó cuando apareció Kiki, y lo primero que vio fue a esa joven caer. Como reflejo, extendió los brazos para recibirla. Y al contacto con su piel ocurrió algo extraño: Mu comenzó a repasar sus propios recuerdos. Vio, en su mente, a Shion reprendiéndolo dulcemente por alguna falta durante su entrenamiento. El primer encuentro con Shiryu en Jamiel. La batalla de los Doce Templos, mientras él cuidaba de Atena. La guerra contra Poseidón en el templo del Mar. Las batallas contra los espectros de Hades.

Mu trató de abrir los ojos, pero no pudo. Ese esfuerzo hizo que de sus recuerdos saltara, aparentemente, a los de ella. Solo podía ver a través de un extraño líquido, espeso y burbujeante, contenido en una cámara de cristal. Y a través del líquido y el cristal, se podían ver dos rostros que miraban fijamente hacia él. Se escuchaba una conversación larga y preocupada, algunos disparos y luego, risas malvadas. El resto de la visión era una total oscuridad. No había más recuerdos.

El caballero sintió un empujón. La chica ya se había incorporado, y corría escalones abajo hacia la salida del Santuario. Mu la miraba alejarse, sin moverse.

-¿Maestro Mu?- dijo Kiki- ¿está bien?- y lo sacudió levemente.

Esa sacudida despertó al caballero, que se incorporó y trató de seguir a la chica, pero por más que la buscó no la encontró. Y, cosa extraña, no sentía ningún cosmo o presencia desconocida.

-¿Maestro?- insistió Kiki.

-Esa chica- dijo Mu- Kiki, ¿la habías visto antes?¿La viste llegar?-

A ambas preguntas Kiki respondió sacudiendo la cabeza.

-No, maestro- dijo Kiki- estuve con Seiya y los otros muy cerca del camino principal, pero no vimos a nadie...-

-No es posible que haya pasado sin ser vista- dijo Mu, y fue a buscar a los caballeros de bronce, a los guardias, aún a los turistas que se encontraban en la parte más externa del Santuario. Nada. Nadie la había visto.

Rendido, Mu fue a ver a Shaka, pues él era de los más sensibles a los cosmos o presencias extrañas. Shaka rechazó entonces haber visto o sentido algo.

-Sin embargo- dijo Shaka- sí sentí algo extraño. Me pareció un ser lleno de miedo y de dudas. De una extraña amalgama de bondad y maldad. Fue algo extraño, y curiosamente coincide con el encuentro extraño que tuviste...-

-Me dejas igual, Shaka- dijo Mu amargamente.

-No te entristezcas- dijo Shaka- presiento que, quienquiera se sea, volverá pronto. No completó su misión-

-Espero que tengas razón, Shaka- dijo Mu.

Mu se despidió de Shaka y volvió a su templo. No vio necesidad de contarle lo ocurrido a Shion lo sucedido. Y aunque le preocupaba el efecto extraño que tuvo la chica sobre él, decidió ignorarlo. Ya estaría preparado si volviera a presentarse la ocasión.

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Sofía corrió de la presencia del caballero como si en efecto estuviera siendo seguida por todos los caballeros de Atena. Corría y corría por las mismas calles que había recorrido apaciblemente unos minutos antes. Tropezó de nuevo, tan desacostumbrada a usar zapatos o aún a caminar. Sintió un agudo dolor en sus dos rodillas. Miró a su alrededor. Estaba sola, en un callejón, y nadie la había visto caer. Se levantó y se sacudió las rodillas, cuando de pronto sintió algo en sus manos. Notó que un líquido rojo fluía suavemente por sus piernas y había manchado sus manos. Aterrorizada, corrió aún más rápido cruzando el callejón y entrando por una pesada puerta de metal.

Una vez dentro, todo se volvió oscuridad, y se detuvo en seco. Aún tenía mucho temor, pero la sensación del fluido caliente que emanaba de las heridas de sus rodillas la hizo adentrarse cada vez más en la oscuridad.

-Voy a morir- declaró al entrar al cuarto principal- algo sale de mis rodillas-

-Espero que toda esa sangre sea la de Atena- dijo una voz masculina.

Las luces se encendieron, obligándola a cerrar los ojos. Lo siguiente que supo fue que dos hombres altos se acercaron a ella.

-¿Qué piensas, Viktor?- dijo uno de ellos, mientras el otro, de lentes, la examinaba cuidadosamente.

-Cayó y se raspó las rodillas- dijo el hombre llamado Viktor- nada grave al parecer-

-Voy a morir- dijo Sofía con tono insistente- tengo ese líquido rojo...-

-No vas a morir- dijo Viktor- no aún...- se levantó y se puso a escribir algo en una tablilla- al parecer nos faltó programar el tiempo de coagulación...-

-¿Y entonces, niña?- dijo el otro hombre, jalándola del brazo para acercarla a él- ¿pudiste ver a Atena? ¿ya está muerta?-

Cada una de las preguntas las hizo sin ninguna delicadeza, sacudiendo a la pobre niña en cada una de ellas, mientras ella cerraba los ojos. Con lágrimas de miedo en los ojos, ella sacudió la cabeza.

-El caballero no me llevó ante ella- dijo Sofía- y me tocó, y vio, lo vio todo...-

-¿Vio tus recuerdos?- dijo Viktor, y ella asintió, aún llorosa- ¿y tú viste los de él?- volvió a asentir.

El otro hombre, el que había preguntado, se había puesto a acariciar la mejilla derecha de la chica con su mano izquierda, mientras que con la derecha sostenía con fuerza el brazo izquierdo de ella. La evaluó lentamente con la mirada, y después la soltó y se levantó para dirigirse a la salida, por donde Sofía había entrado.

-Viktor, regrésala a la cámara- dijo antes de salir- para que programes sus tiempos de coagulación y algún otro error que surja... y quiero esos recuerdos-

-De acuerdo- dijo el hombre llamado Viktor, y luego se volvió a un par de asistentes- pónganle el traje y regrésenla a la cámara-

-¡No!- gritó ella, llena de terror, llorando desconsoladamente-¡no lo hagas, Viktor, te lo suplico! Lo haré bien... no volveré a fallar, lo prometo... ¡a la cámara no!-

Viktor, sin embargo, permaneció impasible mientras sus dos asistentes arrastraban a la chica. El eco de sus gritos y sollozos resonó por todo el lugar, sin embargo, nadie en el exterior pudo escuchar nada.

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-Entonces, ¿sí puedo ir?- preguntó Kiki, esperanzado.

-No, Kiki- dijo Mu.

-Pero maestro, ¿porqué no?- reclamó el pelirrojo.

Por aquellas fechas, Shion había recibido una notificación de que había una extraña mafia de contrabandistas y traficantes de joyas y bienes, que no había podido ser rota por la policía de Atenas, y habían solicitado al Patriarca que los caballeros de Atena colaboraran para descubrir su escondite, pues todo detective que llegaba a tener alguna pista desaparecía a los pocos días. Shion había asignado para esa misión a los caballeros de bronce.

-Porque lo digo yo- dijo Mu sin más.

-Esa no es razón- dijo Kiki.

-Es suficiente razón para mí- dijo Mu- y para ti también...-

Kiki se cruzó de hombros, malhumorado, antes de volver a insistir.

-Pero maestro, yo podría ayudarles a...- comenzó Kiki.

-He dicho que no, Kiki- dijo Mu- ¿me vas a desobedecer?-

-No, maestro- dijo Kiki, al fin, resignado.

-Ahora, ve y cumple con tus deberes- dijo Mu- los caballeros de bronce seguramente regresarán para cuando hayas terminado...-

Kiki no tuvo más remedio que obedecer a su maestro, y se dirigió a hacer sus deberes y el entrenamiento de ese día. Mu se quedó mirando hacia el horizonte, sus pensamientos aún en lo que había ocurrido el día anterior. En vano estuvo alerta todo el día y parte de la noche. Finalmente se rindió y se fue a dormir. Probablemente volvería a saber de ese asunto pronto. Más pronto de lo que se imaginaba.

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CONTINUARÁ...