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Capítulo 3. Londres.

En cuanto la puerta se cerró a su espalda sacó de su bolsillo el teléfono móvil. Con un par de ágiles movimientos de sus dedos el nombre de la persona con la que quería hablar estaba ante sus ojos. Apretó el botón. Con calma, se llevó el aparato a la oreja y esperó mientras pensaba que no le había gustado lo más mínimo presionar al francés cómo lo había hecho. En realidad, ni él mismo se creía sus palabras pero le había prometido a él que lo conseguiría. A esa persona a la que, no sabía el porqué, era incapaz de negarle nada. A ese que ya estaba demorando demasiado en responder. Cinco tonos. Seis…

-Está hecho –dijo, en cuanto escuchó el click al otro lado; sin esperar siquiera a que alguna voz le confirmase que ya estaba siendo escuchado.

-Sabía que lo lograrías –lo felicitó-. Milo también ha accedido. Todo perfecto, entonces –concluyó.

-¿Le ha parecido bien? –quiso saber.

-Pues…, no demasiado –admitió la voz al otro lado del teléfono-. Pero sé cómo manejarlo y hará lo suyo. No te preocupes.

-Estupendo… -murmuró con ironía.

-¿Qué sucede? –se inquietó su interlocutor-. ¿A tu querido niño tampoco le hace ilusión la idea?

-Pues un reo condenado tendría mejor cara que él –aseguró-. Dime Mu, ¿por qué tanto interés en esto? ¿Realmente crees que sea bueno para ellos? –interrogó-. Sinceramente… No me parece que vayan a estar encantados de conocerse…

-Vamos Saga… -esas palabras habían acrecentado su inquietud. No podía permitir que se echase atrás-. Ya te lo he explicado pero… -adoptó un tono sugerente para continuar-…; si lo consideras necesario volveré a explicártelo todo, muy despacito y con todo lujo de detalles…

-Mu… -iba a replicar pero en seguida fue interrumpido.

-Ya sabes dónde te espero –se apuró a atajar la obvia queja que sabía le tocaría escuchar-. Nos vemos mañana. Adiós.

Escuchó el silencio. En esos momentos sabía bien cómo se sentía el hombre que había dejado tras la puerta unos minutos atrás. La puerta del ascensor se abrió frente a él en ese instante. Sonrió a la mujer que salió de su interior y entró en el vacío cubículo. En su cabeza revoloteaban varias ideas. Esperaba no estar equivocándose.

… … …Londres – Aeropuerto… … …

POV Milo:

Me quedé parado en medio del aeropuerto, entre la gente que iba y venía sin ningún rumbo aparente. La maleta negra y pequeña que sostenía en la mano no contenía más que algunas partituras, pero aún así, me pesaba como si dentro hubiera acumulado pesas de una tonelada. Mis dedos se aferraron a ella, en tanto levantaba la vista y le pedía permiso a mi pierna para moverse; sin embargo, esta continuaba fija en el mosaico sin la intención de desprenderse…

Estaba experimentando un nuevo ataque de pánico.

¿Nuevo? Si. ¿El primero de mi vida? No.

Cuando fui invitado a un conocido centro nocturno a tocar como acompañante para un cantante que hoy día es muy famoso, recuerdo que aquella vez se me nubló la vista y los dedos se me agarrotaron… Tardé quince minutos en respirar con normalidad y dejar de gotear sudor a torrenciales… Por ese entonces Mu y yo manteníamos una relación… que justo ahora no me vendría bien rememorar, pero que entonces me ayudó a relajarme y tocar por primera vez ante un público pequeño, al que le encantó mi música, o más bien, mi interpretación.

Pensar en las notas de entonces, en aquél cantante, y en lo que fue mi relación con mi representante, me hacen sonreír y volver a la calma; sin embargo, en cuanto levanto la vista y me descubro parado en el aeropuerto de Londres, a punto de tomar un taxi para dirigirme al hotel donde conoceré al dichoso escritor, los nervios vuelven a traicionarme y me dejan congelado por segunda vez en mi lugar…

POV Camus

Le devuelvo el libro a la joven. Justo cuando me disponía a salir se acercó para pedirme que se lo firmase. Creo que nunca me acostumbraré a esto. Me emociona que la gente aprecie mi trabajo pero no puedo evitar que la timidez me venza cada vez que tengo que tratar con el público frente a frente. Disfruto haciendo mi trabajo. Adoro escribir en soledad pero la faceta pública que conlleva el publicar pone a prueba mis nervios.

Al final, soy el último en desembarcar.

Me despido de la azafata con una leve inclinación de cabeza y camino por el estrecho corredor que me conducirá a ese gigantesco hormiguero que es el aeropuerto de Heathrow.

Mi elegante editor ha viajado unas horas antes que yo, con lo cual me encuentro solo en medio de todo este gentío que va y viene a un ritmo acelerado. No he podido entender la razón de que hayamos viajado en vuelos distintos con una mínima diferencia horaria. Pero nada de lo que ha estado haciendo últimamente me parece normal en él. Me ha dicho que enviaría a alguien a recogerme. Alzo la vista para poder leer los carteles informativos que me indiquen como llegar a la salida.

POV Milo:

Y no lo entiendo. Debería ser tan simple como mover los pies, uno detrás del otro, con ese meneo cadencioso, reservado, firme, pero a la vez tentador, que me lleve hacia mi destino. Debería tratarse de un simple levantamiento de brazo o de abrir una puerta para poder llegar al punto de encuentro; pero no es así… Es la presencia de alguien nuevo en mi vida lo que paraliza por completo mi cuerpo. Es el hecho de que un ser diferente a mí invada mi espacio. Mi espacio. Porque escribir una canción con él no creo que involucre un formal saludo de manos, unas palabras y cada quien a su casa. Siento, en el ligero temblor que azota mi anatomía, esa palabra que me pudo haber salvado de mi relación con Aioria y de tantas otras: mal presentimiento.

Es una mala idea. Lo supe desde el momento en que Mu llegó a mi puerta la primera vez, con la tontería de que debía comenzar a salir con más personas. Y lo hice… Que mi mundo comenzara a caerse a pedazos después de eso, es otra cosa…

No debo entrar en pánico. Yo no soy así… ¡Pero rayos! Quisiera sentir la seguridad de que piso sobre firme, y que no me hundiré en cuanto algo salga mal, porque lo que menos necesito ahora es una "nueva composición fatídica" sobre mi mala forma de tomar decisiones.

Suspiro. Alguien choca conmigo mientras intento reponerme. Se disculpa con una sonrisa y continúa su camino.

POV Camus

Llevo ya un buen rato caminando. Por suerte sólo cargo con una pequeña maleta de mano y la bolsa de mi portátil. Este aeropuerto es más grande que el pueblo donde nací.

Mientras camino le doy vueltas y vueltas a lo que Saga se ha empeñado en denominar "una magnífica oportunidad". ¿Oportunidad para qué? Sé con certeza que nunca haría nada que pudiese perjudicarme pero algo en todo esto me inquieta. El siempre es directo. Claro y conciso en todo lo que hace y con respecto a todo esto asunto lo he encontrado esquivo. Demasiado.

Creo que me he distraído demasiado con mis inquietudes. Sin saber cómo he chocado con alguien. No lo había visto. Le sonrío y murmuro una disculpa. Me parece que estaba tan ensimismado como yo. Por lo visto no soy el único que se pierde en los recovecos de su mente.

POV Milo:

Entendí a que se debía mi temor. Su sonrisa refrescó mi mente y mis sentidos hasta un punto donde puedo moverme otra vez.

Y es que, cuando era pequeño, recuerdo que me encantaba hablar con los demás niños. Amaba conocer a los nuevos vecinos, salir con ellos, comer en sus casas, conversar con sus padres y pensar en los múltiples conciertos que tendría que cuando rebasara la estatura de mi progenitor. Mu sonreía, reía con la vida y me animaba a continuar… Al crecer olvidé la emoción de apretar la mano de alguien nuevo, conocer sus gustos, disgustos, y hasta debatir acerca del punto en que ya no concordáramos…

Quizá la persona que acaba de rozarme no sabe la revolución que causó en mí, pero agradezco que ese tipo de sonrisas gentiles y espontáneas aún existan en el mundo, porque pueden revivir a un muerto, incluso enterrado como yo…

Un gesto solaz se forma en mis labios. Me paro, tomo aire y haciendo hacia un lado mi cabello con un coqueteo de cabeza, continuo mi camino.

POV Camus

Ya estoy fuera. Entrecierro un poco los ojos. Contrariamente a lo que esperaba, el sol brilla. Echo un vistazo a mí alrededor. No sé hacia donde debería dirigirme. Consulto mi reloj como si eso fuese a servirme de algo. Al levantar de nuevo la vista veo a un muchacho pelirrojo caminando en mi dirección. De hecho, tengo la clara impresión de que se dirige directamente a mí.

-Disculpe –dice al llegar a mi altura-. ¿Es usted Camus Chauvel?

Asiento y me pide que por favor le acompañe. Se presenta como Kiki y mientras caminamos hacia el coche me informa de que él me llevará al hotel donde tengo reservada una habitación. Me instalo en el asiento trasero del amplio Volkswagen negro. Mi mirada se encuentra con la suya en el retrovisor interior. Me explica que siente no haber ido a encontrarme dentro pero que el tráfico está imposible a esas horas. Le sonrío y lo tranquilizo restándole importancia al asunto.

Sonrío mientras pienso que normalmente soy el único pelirrojo allá donde voy y que ahora somos dos. Las dos únicas personas en este reducido espacio; ambos con una cabellera del color del fuego. Nunca me ha gustado demasiado el llamativo color de mi pelo. Me hace demasiado difícil el pasar desapercibido y me ha hecho merecedor de más apodos de los que me hubiese gustado escuchar referidos a mi persona.

Durante el trayecto miro en varias ocasiones la pantalla de mi teléfono para asegurarme de que Saga sigue sin dar señales de vida. Parece haberse olvidado de mí. Me siento ridículo viendo por enésima vez la pantalla oscura. Me empeño en mirarlo una y otra vez por si acaso. Como si existiese la posibilidad de no escucharlo sonar en el silencio que se ha instaurado a mí alrededor. El muchacho conduce con calma mientras yo empiezo a inquietarme y a removerme en mi asiento. Sí que es largo el camino.

Al fin siento cómo se detiene frente a la inmensa fachada de un antiguo edificio. Banderas de distintos países ondean al viento. Imagino que este será mi hogar durante los próximos días. La voz del joven chófer confirma mis pensamientos y tras despedirme de él me bajo del coche y con paso lento camino hacia el interior del que parece es un majestuoso hotel.

… … …Londres – Hotel Lanham… … …

POV Milo:

A punto de llegar al hotel, mirando distraídamente a través de la ventana del taxi, sentí que el bolsillo de mi chaqueta me llamaba: el celular vibrando en el interior me sobresaltó. Me incorporé, me quité los rizos dorados del cabello y lo saqué. El nombre de Aioria apareció en la pantalla.

-¡Hola! -su voz me hacesonreír.

-Hola, ¿cómo estás? -lo admito, extraño tenerlo cerca.

-¡Emocionado! ¡Verás a Camus en cuestión de minutos, me entrevistaré con Alde, veré a Kanon, y no pasará mucho tiempo antes de que tú y yo volvamos a vernos! Mu me dijo que podría ser mañana -me sorprendí.

-¿Realmente te emociona eso? -indagué. No conocía a nadie como él.

-¡Claro! ¿A ti no?

-… No sé… -no podía decirle que antes me causó pánico.

-¡Vamos! ¡Arriba ese ánimo! Eres el mejor músico que conozco, y aunque me ponga celoso, estoy seguro que Camus quedará impresionado contigo.

No sé si me interese lo anterior.

-¿Tú crees?

-¡Claro! A mí me pasó lo mismo… -su honestidad me descoloca.

Se abre un silencio entre nosotros… ¡Qué incómodo!

-Gracias -sí, mis labios le han agradecido el cumplido porque me han otorgado un extraño tranquilizante.

-A ti. Nos vemos mañana… Mucha suerte, y sonríe, recuerda que es tu máximo atractivo… Me voy, me llaman. ¡Adiós!

Gracias. Realmente gracias. Sin querer, sin saber, dos personas han hecho de mi día algo diferente.

El hotel está justo delante de mí.

Estoy listo…

POV Camus

Llego hasta la puerta de mi habitación. En la recepción me han dado, junto con la llave, una nota de Saga. En media hora debo estar en la recepción del hotel para encontrarme con el famoso músico con el que me tocará trabajar. Él se reunirá con nosotros.

Dejo mis bolsas sobre una butaca y me siento sobre la cama. No puedo evitar pensar en lo incómoda que se me hace la situación. No tengo ni la más remota idea de cómo será ese hombre. Me dejó caer sobre el colchón y siento como mi cuerpo rebota mínimamente sobre el mismo. Suspiro. Quizás debería cambiarme. Mi ropa parece bastante arrugada después de haber pasado tanto tiempo sentado.

Tras adecentar un poco mi imagen voy hacia la puerta. Agarro el pomo sin mucho aplomo. De verdad que no me siento cómodo en mi propia piel en estos momentos. Daría algo porque sucediese algo que truncase esta situación. Pero nada. Ni la tierra se abre bajo mis pies, ni Saga llama para decirme que el trato se ha roto, ni me abducen los extraterrestres… Creo que hoy no es mi día de suerte.

Salgo y cierro la puerta con cuidado. Guardo la llave en el bolsillo de mi chaqueta y respiro profundamente al tiempo que intento convencer a mis pies de que echen a andar. Tras una breve espera estoy ya dentro del ascensor que me dejará exactamente en el hall del hotel donde no tengo más que esperar a que mi futuro compañero de trabajo aparezca.

Continuará…