Título: (Th)rough Night

Pairing: Kaname/Yuuki.

Advertencias: Ninguna, considerando lo que implica ser un fanfic de rating M. Sin Spoilers también.

(Th)rough Night.

Detestaba cuando el silencio, la soledad y la tristeza le embargaban; sabía que si dejaba deslizar su mano por la copa de cristal hasta dejarla caer a capricho de la fuerza de gravedad, entonces podría verse a sí mismo descender por el mismo abismo. Es que era patético, era terrible, le agobiaba los sentidos, le aplastaba la razón, incluso atentaba contra su buen juicio. Si se soltaba se perdería y no quería, no lo deseaba, por mucho que el sostenerse doliera con toda el alma.

Miró el mundo a través de la copa, la luz se refractaba hermosamente logrando un calidoscopio dominado por el color carmesí. Todo parecía deformarse pero al mismo tiempo mostraba su verdadera forma, sus ojos nocturnos apreciaban la belleza de lo dantesco, después de todo él era parte de ese mundo sumido en la desesperación y la agonía. Era un hijo de la maldad pura, de la raza maldita de Caín; rió para sus adentros, se colocó la copa sobre los labios, sus dedos jugaron con el cristal que amenazó con salirse de su control y verter su contenido sobre su persona.

Se imaginó lo que sucedería cuando los demás observaran que su sacrosanta pulcritud del uniforme blanco se había manchado del granate con olor a vicio, desenfreno y añejados recuerdos del 78. Su tolerancia al alcohol siempre había sido muy poca, pero aquel día se sentía extrañamente tentado a perder la noción del tiempo y la moral.

Colocó la copa maldita sobre la mesa, pero sus dedos no lograron despegarse del objeto, las curvas eran tentadoras, el brillo de la luna sobre el cristal incitaba a la prohibición, el rojo elevaba el deseo, el delicado frío tacto seducía hasta al más santo. Oh, era imposible alejar su atención de la fastidiosa bebida.

Poniendo un poco más de entusiasmo logró desviar su vista del objeto, tamborileó sus dedos sobre el cristal, ¿cómo se había metido en aquel lio? No lo recordaba o no deseaba recordarlo, pero debía encontrar la forma para salir de aquel asunto, suspiró, ¡ah! Ahora su mente lo rememoraba. Yuuki, sí, siempre era ella. Esa encantadora mocosa que invariablemente encontraba la forma de alterarlo, inclusive con el más inocente de los movimientos.

Hizo un gesto de desagrado, quizás no quería salir del problema, quizás se le hacía más cómodo evadirlo o probar como es de hondo el río con los dos pies. En cualquier caso esa noche prefería olvidar, se recostó sobre el sillón logrando por fin separarse de aquella envenenada cosa. Como le gustaría hundirse en un oscuro mar de desesperación, para no oír, para no sentir, para ya no mirar el desgarre de su corazón.

Los sentimientos amenazaban con desbordarse, la razón proclamaba su declive, se llevó una mano al rostro, no quería quebrarse. A lo lejos una voz se alzaba, desesperante, inquietante, melancólica. Se incorporó velozmente, tomó la copa con fuerza, la colocó sobre sus labios, el fuerte sabor del líquido carmesí cosquilleó sobre su lengua, la soprano dolida porque la muerte le arrancó un ser amado le perforó los tímpanos. El viento soplaba con gran fuerza en las fueras, los árboles de la academia Cross crujían al son de una tormenta. Apresuró el desliz del licor en su garganta. La noche prometía ser eterna en compañía de esas notas tan dolientes "da l'empireo";la última palabra se fundía y perdía con su corazón al tiempo que intentaba encontrar el aire que se le escapa por las heridas, esa proterva canción lo estaba enloqueciendo "fa della terra". Kaname se llevó ambas manos a los oídos, deseaba dejar de escuchar ese sufrimiento.

Sin pensarlo demasiado volvió a llenar la copa hasta el borde mientras esperaba a que la canción terminara, "Un ciel! Ah!" Aquello iba romper sus nervios, se recargó completamente sobre el respaldo del sillón y volvió a beber hasta el fondo, prefiriendo quemar su garganta a poner demasiada atención a esa explosión de voz "Io son l'amore". Se dejó caer lentamente, hasta colocar su cabeza sobre el brazo del mueble, el aria bajaba su volumen y desesperación, aunque la letra no ayudaba demasiado, él también se sentía como una cosa muerta. La copa cayó del sillón rondando por la alfombra completamente vacía, él también se encontraba a la deriva.

La noche se sentía un poco más oscura, un golpe suave irrumpió sus pensamientos, Kaname se incorporó con dificultad del sillón, el alcohol siempre entorpecía sus movimientos. —Deja los papeles del concilio en el suelo, Ichijou —comandó sin dificultad alguna, si el muy canijo se atrevía a entrar se vería en la necesidad de ocupar sus poderes, no podía permitir que lo viera en semejante estado y con una botella abierta. Se llevó una mano a la frente, mañana tendría un dolor de cabeza terrible, así como una sensibilidad al sol insoportable. ¿Qué lo había llevado a beber?

Volvieron a tocar, pero esta vez los golpes fueron más silenciosos y cargados de duda, como si la inercia actuara más que el deseo o alguna extraña mezcla entre la locura y la insensatez lo provocaran. Naturalmente aquel no era Takuma, quizás Aido…ya podía sentir una terrible jaqueca venir, pero Aido no se quedaría en silencio, además de ser más enérgico. Un golpe solitario llegó a sus oídos, la figura no comenzaba la retirada, pero al parecer tampoco pretendía tocar de nuevo. Se levantó del sillón, el mundo se distorsionó un poco, aún así pudo sostenerse en ambas piernas, quizás había bebido de más. Alcanzó el pomo de la puerta y presionó hacia abajo.

La chica se miraba la punta de los zapatos sucios visiblemente avergonzada, su uniforme oscuro se encontraba bastante húmedo, la poca luz que emitían las velas iluminaban las gotas de lluvia que se le habían pegado a la piel.

—¿Yuuki? —Su voz demasiado ronca le asuntó incluso a él mismo, parecía venir de ultratumba.

—Er…ah, em… —balbuceó—, disculpa la interrupción, hasta mañana, que descanses Kaname-sempai. —La chica se inclinó y dio media vuelta sin atreverse a mirarle a los ojos.

Kaname colocó su cabeza sobre el filo de la puerta, sólo Yuuki era capaz de hacer algo como aquello. —¿A dónde pretendes ir con esta tormenta?

—Está bien, sólo tengo correr, así que no te preocupes.

Kaname apretó el pomo de la puerta que aún sostenía. —Pillarás un fuerte resfriado.

La chica meneó la cabeza negativamente. —Soy muy resistente —intentó tranquilizarle.

Suspiró, la joven avanzó un par de pasos pero a él le bastó con dar un paso hacia el frente y estirar el brazo para tomarla firmemente de la muñeca, ella no se resistió cuando él la atrajo hacia sí. El latir del corazón de Yuuki inundó sus pensamientos, así como la tensión de ella encendió la chispa de la emoción en su cuerpo.

El aliento de Yuuki sobre la piel de su pecho le provocaba escalofríos, la puerta cerrada en la mitad de la noche estalló un sinfín de imágenes obscenas en su cabeza, fue cuando decidió soltarla. Las siguientes horas en ese cuarto le parecerían eternas, torció sus labios, le gustaba auto-torturarse.

—Kaname… sempai —murmuró— ¿por qué… por qué…? —Ella no sabía ni qué decir, ni qué hablar o pensar, se estaba dejando inundar por la esencia de él, demasiado cerca, demasiado caliente, quizás podrían fundirse hasta ser incapaces de reconocerse—. ¿Porqué hay una botella sobre tu mesa?

No pudo ocultar su sorpresa ante la pregunta, así como el descubrimiento. —Me la regalaron.

Aquello fue una respuesta estúpida, para una pregunta estúpida, a ninguno de los dos les importaba eso.

—Los estudiantes no deben beber dentro del colegio —recitó la chica, intentando mantener un tono duro—. Kaname-sempai estaba haciendo algo prohibido.

—¿Y quién eres tú para hablar de no hacer cosas prohibidas?

La noche se había arruinado por entero. Ah, claro ahora recordaba el motivo de su estado, Kiryuu, esa irritante molestia, ese…ese…ese ente patético.

—Tengo que irme —anunció repentinamente Yuuki intentando huir, Kaname sólo tuvo que empujarla un poco hacia atrás y ella se dejó caer sobre el sillón. Cabello alborotado, ojos expectantes, boca entreabierta, expresión inocente, manos a la altura de los hombros, chaqueta desacomodada, la falda por arriba de la mitad del muslo, piernas semi-abiertas. El mundo comenzó a girar a su alrededor. ¡Provocación! Gritaron sus entrañas.

El chico se cubrió la cara con una mano, quizás debía pedirle a Takuma que llevara a Yuuki a un lugar más seguro, quizás a su cuarto. Aunque uno nunca sabía de lo que él era capaz de hacer, mejor debía hablarle a Ruka, no tampoco, Rima…no, Seiren, sí Seiren era la mejor opción, pues en su estado actual haría cualquier tontería. El plan, el plan, el plan se regañó mentalmente.

Ella estornudó.

—Quítate la ropa.

Los ojos de Yuuki se abrieron como platos, no horrorizados, pero sí demasiado anonadados incluso para parpadear. Kaname desvió la mirada de la expresión estupefacta de Yuuki, ella no tenía la culpa, había sido él el que se había equivocado.

—Estás húmeda… —El chico no supo quién de los dos estaba más sorprendido, sí él porque jamás se imaginó que Yuuki pillara el concepto de húmedo con esa connotación, o sí ella por las palabras tan malsonantes que él había acabado de pronunciar, aunque él no pretendiera nada de eso. Carraspeó ruidosamente—. La lluvia —dijo pesadamente—, humedeció tu uniforme, si no te pones ropas secas te enfermeras.

Algo sucedió dentro de ella, sus ojos mostraban una gran variedad de sentimientos que no sabía controlar, así como las reacciones de su cuerpo, pues su rostro estaba demasiado colorado. Se incorporó lentamente, expectante ¿qué esperaba? ¿Qué se le lanzará como el cazador sobre su presa? Maldita mujer, maldita esencia…ojalá lo ataran a esta condena.

—No tengo nada de remplazo. —Déjame verte en tu natural magnificencia, deseó rogar pero la moral era más alta que su pasión.

—Te daré algo —Kaname se acercó a ella, la vergüenza coronaba su faz, sin embargo se quedó quieta, esperando—, será mejor que te apures. —Estiró la mano para alcanzar la mejilla de ella, el contacto fue electrizante para ambos— No quiero que te enfermes. —La chica cerró los ojos ante el suave desliz de los nudillos de Kaname por su rostro, su gesto le incitaban y sus labios demandaban. —El baño está de aquel lado. —Retiró la mano, le costó más control que soltar la bebida, pero si no lo hacía no sólo su garganta estallaría en llamas, sino que todo su ser se incendiaría.

Ella se fue hacia el lugar indicado arrastrando los pies, en cuanto la puerta se cerró, él dejó de tensar los hombros, una tormenta, alcohol, Yuuki y opera trágica de fondo: ambiente nada alentador. Sacó de entre sus ropas lo primero que encontró, tocó la puerta suavemente, la chica se encontraba recargada de espaldas contra la puerta sin hacer nada, tiritando de frío y estornudando de tanto en tanto.

—Yuuki —le llamó Kaname suavemente. La puerta se abrió, por ella salió una mano que al palpar las ropas, cerró sus dedos entorno a ellas para desaparecer de nuevo tras la madera. Kaname se recargó en la pared clavando sus uñas en el concreto, el suave desliz de las ropas sobre la piel de Yuuki quería enloquecerlo, su mente recreaba las escenas, casi podía verlo, tocarlo y olerlo. La camisa blanca se retiraba lerdamente, mientras ella hacia un mohín inocente, poco a poco el hombro derecho quedaba al descubierto, podría pasar sus labios sobre la piel blanca, saboreando la textura de la virginidad, él retiraría el tirante del sostén, ella inspiraría profundamente mientras colocaba su mano en la espalda de él. Kaname descendería sus labios del hombro al seno, al encontrarse con el algodón frunciría el ceño y encontraría el modo de arrancarlo para poder perderse en el éxtasis, entonces Yuuki gemiría de puro placer.

La puerta se abrió, Kaname observó con deteniendo las ventanas, las gotas de lluvia golpeaban fuertemente el cristal, el reflejo le mostro una joven cerca de él con un gesto doliente. Él cerró los ojos al ver la mano de ella aproximarse, tan inocente y tan tonta, si pudiera ver las imágenes de su cabeza probablemente saldría corriendo. Sus dedos estaban helados, pero el efecto candente, incineró hasta su alma. Deseó poder exclamar su nombre sin pudor.

—¿Está bien que use esto?

Ella podía usar el corazón de él, patearlo y destrozarlo, si al final se apiadaba depositando un frívolo beso. —Sí —murmuró. El sangrepura permitió que la cabeza de ella descansara en su antebrazo.

—Debería llamar al director, decirle que venga por mí, Zero…

Kaname se giró y le puso un dedo sobre los labios. —No digas su nombre. —Todo el cuerpo de ella temblaba.

—Yo…no quiero molestarte —se excusó, tomando entre sus manos la mano que Kaname había usado para silenciarla—, yo sólo…si Zero pudiera…

—¿Porqué eres tan cruel?

La luz del rayo iluminó la estancia, segundos después el trueno hacia retumbar los ventanales. —Kaname-sempai, yo…no debería estar aquí, ni usar tus hermosas ropas, no…

—¡Suficiente, Yuuki! —Ella bajó la mirada decepcionada—. No decidas por mí.

—¡Yo no quería…! —exclamó la joven en su defensa—. No debería estar aquí.

La herida fue profunda, demasiado deletérea que se sostuvo de la pared para no resbalar del dolor. ¿Y donde preferirías estar? Pensó, la duda le carcomía, la ira lo inundaba y todo deseaba volverse en una desesperante nada, no escuches, ya no le creas.

Kaname escondió su faz entre las sombras, no quería verla más. —Ya sé que preferirías estar…lejos de mí —su voz exudaba melancolía.

—¡No, Kaname-sempai! Yo…yo… —Los brazos de Yuuki le rodearon—. Yo no quiero estar lejos de ti. —Kaname exhaló aire por la nariz, demostrando incredulidad—. Por favor, créeme. —Sus ojos sinceros le atravesaron por entero, mientras sus dulces manos se apropiaban de su rostro.

—Entonces, Yuuki, dime ¿Por qué no quieres estar aquí? ¿Por qué todo en lo que piensas es en huir? —Sus párpados se abrieron completamente, la mano de ella tembló.

—Irrumpo el descanso de Kaname-sempai.

Kaname rió, Yuuki dio un paso hacia atrás, pero Kaname la retuvo en sus brazos, la tela se sentía tan delgada e inútil a vez, las imágenes de sus hombros desnudos volvieron a la cabeza del chico una y otra vez. —Mentira, ¿Desde cuándo mi Yuuki se volvió una mentirosa?

Yuuki recargó su cabeza en el pecho del vampiro, el joven se estremeció al sentir los labios de la joven por encima de su ropa. —Yo, yo… —un sollozo irrumpió la negrura de la estancia—, soy diferente de Kaname-sempai, las reglas…

—¿Y desde cuando hemos seguido las reglas, Yuuki? —inquirió obligándole a mirarle de frente—, ¿Por qué vamos a poner reglas entre nosotros?

—Kaname-sempai es…es un vampiro ejemplar.

—¿Por qué quieres tratarme con la frialdad que tienen los demás?

—Porque soy diferente a ti.

El sangrepura pegó su frente a la de la Yuuki, la nariz de ella chocaba con su mejilla. —¿Acaso los dos no hacemos lo prohibido?

El rayo y el trueno sacudieron los cimientos del dormitorio de la luna, mientras que la luz iluminaba todo el interior, dilucidando a las sombras. La intensidad de la naturaleza cegó a las dos figuras, como si quisieran ocultar sus pecados negando la entrada de la redención a las puertas del alma. Yuuki se estremeció al sentir los labios de Kaname rosando los suyos, estrujó la camisa del chico fuertemente. No querían moverse, de esa manera se comenzaban a cumplir sus deseos; ninguno era la mano de la concupiscencia sino el destino caprichoso. Los dedos de ella ser perdieron en la tersidad de los cabellos de él, sosteniéndose de ahí como si en ello se le fuera la vida, en cuando sus pies dejaron el suelo, su razón y sentido también lo hicieron.

Fue ruda la manera en la que tomó a Yuuki por los muslos, obligándola a rodearle la cadera con sus piernas, con mayor primor la aprisionó contra la pared, ella abrió sus labios para quejarse, pero se encontró silenciada por la pasión de la lengua de Kaname. Obscenamente ambos se restregaron el uno contra el otro, como gatos en celo.

La piel quemaba a los buenos juicios, el sistema se excitaba, el corazón palpitaba fuertemente. Con ardiente lasciva, Kaname recorrió el cuello de Yuuki con sus labios, mientras la joven suspiraba al tiempo que sus dedos presionaban la piel de la espalda del sangrepura. La respiración se le cortó a la chica al sentir los fríos dedos de Kaname colándose por debajo del pijama, toqueteando por su torso.

—Kaname-sempai —suspiró Yuuki.

El joven retiró la mano del lugar que buscaba deshacerse del sostén. Por un instante, ambos se miraron fijamente como si intentaran encontrar una explicación racional a lo que acababan de hacer.

—Yuuki —murmuró eróticamente el joven en su oído. La joven cerró sus ojos y besó la nariz de Kaname, no quería, no deseaba detener aquella locura.

Ninguno de los dos sabía a dónde podía ir a la parar todo aquello, tampoco les interesaba pensar en el final, sólo querían continuar recorriendo aquel sendero lleno de desenfreno. Kaname observó a la niña que se perdía en el cuerpo de él, la inocente que se dejaba arrastrar en la suciedad de sus actos, no, ella no debía estar ahí y sin embargo estaba.

La besó, primero apenas si rozó sus labios, sondeando, probando, tentando, ella no le negaba nada, tampoco se oponía. Con pose de víctima la joven se dejaba toquetear, incluso en los lugares más indecentes y cada vez que él se detenía, ella se pegaba más él, era una virgen seductora.

—Debiste intentar huir con más ahínco, Yuuki —murmuró el vampiro, al tiempo que le arrancaba el sostén. La joven arqueó la espalda y enterró sus uñas en la espalda del joven, era frío el tacto de los labios de Kaname sobre su pezón.

Le gustaba ver los gestos que hacía su rostro cada vez que la tocaba en diferentes partes; le excitaba la forma en la que gozaba pero se negaba a exclamar su placer; incendiaba su pasión, la manera en la que apretaba fuertemente los ojos mientras se retorcía de éxtasis; lo enloquecían las ingenuas manos de la joven recorriéndole el cuerpo libidinosamente.

La tormenta en las afueras comenzaba a incrementarse, así como la fogosidad de los dos amantes tomaba fuerza. La frialdad de la noche amedrentaba a muchos de usar ropas ligeras, mas ambos chicos querían despojarse incluso hasta de su razón misma.

El sudor resbalaba por la espalda, las manos de Yuuki era incapaces de sostenerse de sus hombros, la humedad en ambos cuerpos hacía imposible el poder estar en pie sin tener miedo a caerse, y sin embargo los dos deseaban rendirse al desenfreno.

Quizás por eso, Kaname cayó rendido al primer claro gemido de placer que Yuuki dejó salir sin pudor alguno de su garganta. Primero cayeron de rodillas al suelo, luego el sangrepura se tumbó en el piso, dejando que Yuuki hiciera lo que quisiera con él, no le importaba lo que dijeran mientras la chica siquiera posando sus labios sobre su cuerpo, mordiendo las zonas más eróticas e íntimas de su ser.

No recordaba jamás haber tenido una temperatura como aquella, todo su cabello estaba húmedo, la más mínima brisa del viento alteraba sus sentidos, cualquier punto que hiciera contacto con la piel de Yuuki se incendiaba, logrando estremecerlo hasta lo más profundo de su alma.

Ninguno de los dos sabía quien había gritado más fuerte, él sólo recordaba escuchar un enérgico zumbido en sus oídos, así como el frenético latir de ambos corazones.

La calidez y estrechez del interior de Yuuki rodeando su dureza había terminado por volar de su cerebro cualquier proceso psicológico superior. Ni hablar del olor de la sangre de Yuuki nublando sus sentidos, o del meneo delirante al cual habían bailado los dos que terminó por reducirlos a dos animales en sus estados más primitivos.

La noche oscura había estado llena de gemidos placenteros, gritos embriagados de lujuria, éxtasis infinito entre las piernas de su amada, poses indecentes, besos sicalípticos, no recordaba cuantas veces había hecho a Yuuki gritar su nombre a los cuatro vientos o convertirla en gata en celo. Daba igual si hasta en sueños lo habían hecho, finalmente primero ambos lo habían hecho realidad.

La luz de sol penetró por sus cortinas con hiriente valentía, Kaname se giró sobre su cama evitando que el astro solar le interrumpiera sus sueños.

—¿Tuviste mucho trabajo ayer, Kaname?

El presidente de la clase nocturna, entornó los ojos para lograr entrever la molesta figura de su amigo a través las cortinas de su cama; rondando por su cuarto como si fuera el suyo.

—¿Ichijou?

—Oh, ya veo, te quedaste hasta terminar todo. Me alegro mucho de no estar en tu posición, yo ayer leí muchos mangas, deberías leerte unos cuantos.

Kaname se llevó una mano a la cabeza, no quería discutir sobre ese tema, otra vez.

—¿Vino? ¿Bebiste vino, Kaname-sama? Pero si a ti te sienta muy mal cualquier sorbo bebida alcohólica…

Kaname frunció el ceño ante la mención del tema, quizás por eso le doliese un poco la cabeza y se sintiera con una sed tremenda, sin embargo al recordar todo aquel argumento le vino a la memoria los sucesos siguientes. Él chico buscó en su cama, rastro alguno de cuerpo desnudo de Yuuki, mas no encontró absolutamente nada.

—…recuerdo la vez en que alucinaste a Yuuki-chan en casa de Aido, claro que él no sabía que tú hablabas de ella, pero se la pasó enojado toda una semana porque una chica cualquiera se te había metido en la cabeza…

El vampiro dejó de escuchar la verborrea del vice-presidente del dormitorio, bebidas alcohólicas, siempre las había detestado y ahora recordaba claramente porque, las alucinaciones que tenía normalmente tenían que ver con el patético estado en el que se encontraba. Tras las dos copas de vino, todo lo demás había sido cosa de su juguetona mente.

¡¡Maldito vino, maldita copa, maldita opera y maldita Yuuki!! En realidad maldecía más los recuerdos de semejante sueño húmedo. Se sentía como un completo perdedor y odiaba sentirse así.

—¡Lárgate, Ichijou! —Fue lo único que atinó a decir en ese instante.

—¿Te has levantado de mal humor, Kaname? —inquirió el chico con un rin tintín irritante en su tono—, está bien, está bien, ya me voy, no ropas los cristales. ¿Dónde te dejo el pijama que has dejado tirada en el suelo? ¿no has dormido desnudo, o sí? Espera que le cuente a Aido, adiós. —Takuma salió del cuarto lo más rápido posible para evitar algún mortal ataque de su amigo, sin embargo Kaname parecía demasiado perturbado para si quiera intentarlo.

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Las confesiones de Kirsche.

Anda, ya ¡he terminado! La verdad que esta vez me ha costado, porque originalmente esta historia iba a tener otro desarrollo…pero me ha gustado la versión final en cualquier caso. _ aunque quizás les decepcione saber que originalmente iba a ser más detallado en los actos porno XXDD. Nos vemos en el próximo capítulo que será, será…yaoi. Supongo que será un Kaname/Aido o un Ichijou/Shiki, aún no sé cual me convence (actualmente deseo un Kaname/Takuma u_u), bueno será uno de los dos…aunque puede que escriba una cosa pequeña para el Kaname/Zero FC….que lio.

Sobre el final…que seguro tienen duda ¿Yuuki pasó o no la noche con Kaname? Tum, tum, tum, XXDD. Cada quien haga su final, igual y fue alucinación del vino, igual fue real *O* como gusten. Por cierto…no sé porqué, pero se me antojó poner que Kaname es mal bebedor XXDD, se me hizo graciosa la idea, es todo…aunque no tengo idea en realidad.

*O* Gracias a todas las personas hermosas por sus reviews, me hacen muy feliz. Vicku Kou, Candy002, hope777, , Indo Kou, Kei Katsuki, Aroa Nehring y Azkabansi en verdad, les agradezco todos sus comentarios y sugerencias, peticiones de parejas tomadas en cuenta y en proceso (ahora denme tiempo para escribirlas XXDD). A todas las que se les puede contestar al review via reply lo he hecho (si no les ha llegado mi mensaje por favor avísenme y se los vuelvo a enviar), Azkabansi te he enviado un mail con mi respuesta.

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