Disclaimer, VK pertenece a Matsuri Hino.

Título: Le Château de Silling

Pairing: Asato Ichijou/Kaname

Rating: NC-17 o MA

Advertencias: Hardcore Slash(hombre/hombre), non-con, shota-con, rape.

NO apto para mentes sensibles, no diré menores de 18 años porque conozco muuuuchas chicas de menor edad que leen estas guarradas sin inmutarse —incluso algunas las escriben y bastante bien—. Sin embargo sí diré que NO es apto para personas sensibles. Os advierto que a diferencia de los otros capítulos que tienen romance, este no lo contiene y cuenta con escenas fuertes.

Sobre advertencia no hay engaño, así que no os quejéis que yo bien claro se los advierto: NO es un capítulo con cursilería de corazones flotando, Cupido y fondos rosas.

Le Château de Silling

Repugnancia; su cuerpo reaccionó de manera tan violenta ante aquella sensación que casi devolvía toda la cena por la boca. Abrió los ojos rápidamente para ubicar el lugar en el que se encontraba. Un temblor incontrolable dominó todo su cuerpo, el corazón le martillaba poderosamente dentro del pecho mientras trataba de engañarse a sí mismo.

Es una pesadilla, es una pesadilla, es una pesadilla se repitió insistentemente tratando de calmarse.

Lo detestaba, odiaba tanto esa sensación que de sólo imaginarla se doblaba sobre sí mismo deseando arrancarse la piel a tiras y vaciarse las entrañas, para ver si así de alguna manera el asco se le iba. Se llevó las manos al rostro intentando contener los sentimientos pero el desamparo era tan grande que incluso la calidez de su única luz en el mundo vacilaba, como la vela en plena tormenta.

Respiró profundamente intentando establecer orden en su frenética mente, sus ojos observaron el deprimente sitio en donde se encontraba. Frialdad, crueldad, opulencia y decadencia convivían en una sátira de lo que parecía ser un lugar cómodo. Su respiración se cortó al notar los grandes espejos que rodeaban la habitación, su ansiedad creció al verse reflejado. Inocencia pura revestida por andrajos, se veía demasiado pequeño e indefenso entre tantos doseles de la cama, muebles aterciopelados e instrumentos de hierro. El frío le caló hasta las entrañas, estás solo, completamente solo, tan vacío como aquella desolada habitación. Esos pensamientos inundando su interior le hicieron desfallecer. Además todo se reflejaba hasta el infinito, como si alguien le insinuara que no tenía escapatoria. El sitio, el miedo y la impotencia se ceñían a él, le acechaban, le abrazaban suave y delicadamente con tanta fuerza que lo asfixiaban.

Algo resonó en la lejanía y él se encorvó, notando la ausencia de algo más que el camisón andrajoso que portaba. Se pasó los húmedos y temblorosos dedos por sus cabellos es una pesadilla, no es real, no es real volvió a repetirse intentando despertarse de aquel turbulento sueño.

La puerta se abrió dando paso a varias personas, su cuerpo se estremeció pensando en el horro que podría estar encerrado en ellos ¿le torturarían?, ¿lo mancillarían hasta hacerle vomitar la última gota de su existencia?, su cuerpo quiso reaccionar temblando, pero no podía, no debía permitírselo, tenía que ser fuerte, debía ser fuerte. Permaneció altivamente de pie, procurando ocultar el zumbido en el que se había convertido su corazón, así cuando "él" entró, en sus ojos sólo el sentimiento del desafío persistía.

El hombre torció una sonrisa acentuando sus rasgos aristocráticamente desagradables. La puerta se cerró tras su espalda y él se sentó lerdamente en la silla más grande del sitio, doblando su pierna izquierda en escuadra, tomándose todo el tiempo del mundo para acomodarse. Parecía que fuera el Rey de Roma y no un noble, pero esa siempre había sido la actitud de Asato Ichijo.

Sus fríos ojos recorrieron el lugar sin reparar en él, quitándole toda la importancia de la cual el sangrepura se sabía objeto. ¿Se estaba asegurando de su incomodidad? La simple presencia del noble bastaba para enfriarle los ánimos por entero.

—¡Ah!, ahí estás. —Por fin habló, como si de casualidad él hubiera ido a parar a aquel lugar y no fuera un complot del vampiro—. Te has portado muy mal, Kaname-sama.

¿Cuántas veces había escuchado su nombre de los labios de ese infeliz? ¿Cuántas veces más tendría que tolerar esa frase? ¡Por supuesto que había desafiado a su protector! Y lo volvería a hacer mil veces más, la seguridad de Yuuki lo requería. El chico se irguió con toda su pompa, alzó la nariz altivamente. Desde la punta de sus sucios pies hasta el desgreñado cabello, el pequeño demostró lo arrogante de su casta, aunque sintiera el miedo atravesado en su garganta.

—Tendré que enseñarte una lección.

Le temblaron las piernas pues era conocedor de sus castigos, siempre lastimándole la piel, obligándole a ceder un poco de su ser, robándole a golpes de gritos su intimidad, exigiéndole prestar atención a su repugnante cuerpo, y como de costumbre, inició no cediendo ni un solo ápice. ¡Qué os jodan, bastardo!

—Ya aprenderás.

No se movió, ni bajó la mirada cuando le colocaron las cadenas en sus pies y manos, podría ser indefenso en ese mundo creado por Asato, pero nunca dejaría su orgullo. Le desgarraron hasta las caderas el camisón raído.

—Híncate.

¡Jamás!

Su espalda ardió al contacto con el látigo, él fijó su mirada en el noble mientras recibía golpe tras golpe olvidándose inclusive de pestañear, ya sabía su guardián que los golpes no lo amedrentaban, ni siquiera tenía miedo del gato de nueve colas. No notó cuando dejaron de flagelarle para pasarle otra cadena entre las manos, cuyo objetivo era elevar su cuerpo por medio de los brazos, dándole la posibilidad de moverse en un precario balance, proveniente de la punta de los dedos del pie. Esta vez el golpe fue más brutal, obligándole a dar un par de pasos hacia adelante.

Detestable.

Ichijo lo sabía, sabía de su intolerancia hacia el contacto con personas desconocidas y el vampiro de ojos castaños, era algún extraño cuya suerte se vio volcada por la coincidencia fortuita con el noble. Si tuviera el poder, podría hacerlo reventarse del dolor por la osadía de manosearle el torso. Volvió a su lugar de inmediato para volver a ser azotado, esta vez trató de mantenerse en el lugar para evitar cualquier roce con algún desconocido, pero Asato y sus esclavos claramente no deseaban eso, así que su mente buscaba con desesperación lugares en los cuales evadir las manos lascivas que le toqueteaban obscenamente, pero ya le rodeaban los secuaces de su guardián. Así que este era el juego del día de hoy: humillación pública.

Pronto se olvidaron del látigo para sencillamente pasarse de uno a otro el cuerpo del sangrepura, al cual acariciaban con sicalíptica devoción, pellizcaban con brutal fervor y vapuleaban con ignomio entusiasmo.

No es tan malo, no es tan fuerte, puedo superarlo.

Asqueroso, inmundo, manos desconocidas se restregaban contra su piel; su tacto era insoportable como las reacciones ante aquellos roces; tan esporádicos como tentadores aunque viles y rabo verdes. Sentía sus bajos instintos bullir. Apretó fuertemente los dientes intentando pensar en otra cosa.

No estás aquí, nada de esto sucede, nada.

Tras arrancarle los restos de su ropaje, una mano se colocó descaradamente en la empuñadura de su hombría, la cual fue explorada con presteza, logrando que su espada adquiriera firmeza y robustez. No eres detestable, no puedes evitarlo… no debes darte asco. Hábiles y escurridizos dedos se posaron sobre la punta, apretándole ligeramente, un grito contenido se le atoró en la garganta, la vista se le nubló de las lágrimas por indignación.

—¿Lo estás disfrutando? —Su mente se desquebrajó un poco intentando huir, alejarse de aquella locura. Asato chasqueó la lengua, una risa ronca y socarrona resonó en el oído derecho del sangrepura.

La mano bronceada que le rodeó por la cintura para soltarle las cadenas era tosca, callosa y carente de delicadeza. Dos vampiros le sostuvieron los brazos, mientras el vampiro de bajo nivel se colocaba enfrente de él. Era horrendo, aún tras haber adquirido la belleza sobrenatural de la raza nocturna, seguía siendo feo, sus facciones eran las de un campesino vulgar, de esos que toman cerveza hasta perder la consciencia, pocas veces se asean y cuyo pensamiento es tan rudimentario como el de cualquier bestia salvaje. La mano zafia se colocó en su miembro viril sujetándole tan fuertemente que le causó dolor y a pesar de eso, intentó rehuir de su tacto; le resultaba más repulsivo que el de cualquiera de los otros desconocidos.

El hombre lentamente se hincó, los ojos de Kaname se abrieron completamente mientras dejaba escapar una clara mueca de terror, se giró hacia Ichijo quien miraba indiferentemente el techo del lugar, como si tuviera mayor interés en buscarle algún desperfecto. Sus labios se entreabrieron pero fueron tapados por seda, de modo que cuando sintió aquella cavidad babosa cubriendo su dureza sólo un sonido gutural fue testigo de su dolor.

Jadeos de repugnancia salieron de él; era terrible, era insoportable, el sonido acuoso del chupeteo reverberaba en sus oídos, se retorcía intentando soltarse de las manos que retenían sus brazos, iba terminarlo, quería matar a aquel bastardo. Uñas se clavaron en sus nalgas, arañando de arriba abajo. Dos sonoras bofetadas encendieron el fuego en sus mejillas. —¿Ya no es agradable?

No estaba sucio, no se encontraba mal, era sólo carne la que se había entregado, no él, él estaba puro. ÉL era puro.

Risas a su alrededor, Asato se volvió a sentar en su lugar observando los espejos de las paredes. Más manos lo maltrataron, deshaciendo toda esencia de libertad, ya no había parte de él que le perteneciera, era esclavo de aquellos viles engendros. Los reflejos extendiéndose hacia la eternidad de los espejos que le rodeaban, le presentaban una masa carnal aberrante moviéndose al son del sexo. Silenciosas lágrimas se derramaron de sus mejillas, dejando de luchar contra aquella caterva de degenerados.

Agonía; su mente agonizaba, si se dejaba hacer estaría bien, si se dejaba hacer pasivamente, pronto todo terminaría, si se dejaba hacer… si se dejaba entonces… entonces… sería como si nada hubiera sucedido, porque… porque todo era involuntario ¿verdad?

Su cuerpo se convulsionó, propio de reacciones carnales, dándose asco incluso así mismo. Los secuaces pararon al mismo tiempo, dejándole caer hasta el suelo. Se encontraba sudoroso, lleno de saliva aquí y allá, con heridas por doquier, ¿pero que importaba eso? Si todo había terminado.

—¿Te hincarás ante mí?

Sus ojos apenas si se elevaron por unos segundos, pero el orgullo aún persistía en ellos. No fue tan malo, trató de mentirse. Lo colocaron con medio cuerpo sobre la cama, sus pies buscaron instintivamente estabilidad. Un vampiro de cabello rubio le puso una mano sobre la espalda, tenía ojos de color verde parduzco y unas facciones delicadas. Le acarició la columna vertebral, hasta la nuca, clavó sus manos entre sus cabellos para luego alzarle la cabeza con violencia, su cadera se elevó buscando equilibrio pero unas manos la sujetaron para impedirlo. Dedos fríos se adentraban en su trasero, intentó levantarse al sentir una punta caliente y húmeda separando sus dos hemisferios níveos posteriores.

No está sucediendo, no me están tocando un lugar tan íntimo, yo no sé ni siquiera que sucederá a continuación, no conozco el significado del acto, no conozco la sensación de ultraje, no conozco el repudio. No sé, no tengo idea ¡NO QUIERO SABER!

Dolía, sentía el desgarramiento lento de la abertura de aquel sitio sin lubricar, ardía y aún no terminaba. Gritó de tal forma que el concreto pareció desquebrajarse, los músculos del cuello se le tensaron, sus dedos se agarrotaron en la seda que recubría las sábanas, todo su cuerpo quedó endurecido al punto de parecer que los huesos se le romperían por mantener aquella posición. Carne inmunda y henchida se encontraba dentro de él provocándole espasmos de asco, arduamente se dejó menear al ritmo del infame. D-U-E-L-E, sentía sus caderas separarse a cada estocada, el miembro duro le raspaba las paredes estrechas de aquel sitio. Su mente se constreñía fijando su atención en sus mandíbulas firmemente apretadas, tratando de hacerlas reventar para decirse que era su boca la que dolía y no en su trasero, ahí nada sucedía. El joven cerró los ojos esperando pacientemente a que aquello terminara de una buena vez, intentando ignorar la sangre que le chorreaba entre las piernas, los jadeos animalescos, el sonido baboso del acto, el olor repugnante del sus sudores entremezclados, la sensación de sus membranas siendo friccionadas con el pene de un desconocido, el golpeteo de los testículos del desconocido contra su entrada, así como la infame sensación de sus vellos.

Le dejaron bajar la cabeza, el sudor bañaba su rostro yendo a parar a la tela de terso toque. De cuando en cuando una lágrima perdida se fusionaba con los otros dos. El vampiro rubio le retiró los cabellos con parsimonia antes de levantarle la barbilla, entre abrió sus párpados horrorizándose ante el espectáculo que se le presentaba.

¡NO, NO, NO! ¡NNOOO! Gritó su mente al punto de sentir sus cuerdas vocales vibrar con los labios bien pegados. NO, por favor… eso no. La mano sobre su barbilla le apretó la mandíbula fuertemente, los dedos aplastaban la carne contra sus dientes lastimándole, pero se negó a abrir la boca a pesar de lo doloroso que resultaba. Intentaron abrirle la boca entre dos vampiros pero se negó rotundamente a ceder en ese aspecto.

Cuando salió el vampiro de él, debió temerse lo peor, pero esperaba que Asato por fin se dignara a usarlo él para terminar con todo aquello. Dos manos le alzaron la cadera, alguien más hurgó entre sus glúteos. Su voz juvenil retumbó por toda la habitación al punto de hacer vibrar los espejos, los pulmones se le contrajeron dolorosamente mientras el pecho se le incendiaba, su garganta le ardió como si púas le hubieran rasguñado. Sus uñas desgarraron la seda trozándola, el olor de su propia sangre le aturdió la nariz, era repulsivo sentir semejante cosa caliente y dura en sus entrañas ¿acaso intentaban partirlo en dos con semejante empalamiento?

Los músculos de su mandíbula se encontraban endurecidos por el esfuerzo, la idea de cerrarlos ya le hacía padecer. Dos manos le agarraron, una el maxilar superior y otra el inferior. Le introdujeron por la fuerza el aparato erecto, casi provocando los reflejos del vómito. Sintió una gran compulsión por escupirlo pero eso conllevaría a alguna aberración mayor, barajeó la idea de morderlo con fuerza pero de sólo pensarlo los fluidos gástricos se le enroscaban en el torso. Sus manos encontraron el soporte necesario mientras el sujeto rubio le tomaba por la orejas, moviendo su cabeza al son de sus portentosos embates, parecía que deseaba sacarle el estoque por su nuca.

El sabor amargo que recubría la piel excitada en su boca atestaba su garganta, ¿había probado algo diferente a eso? Ya no lo recordaba. Su trasero se meneaba de forma frenética e involuntaria empalmándose una y otra vez contra algo grotesco mientras el borde de la cama le lastimaba su órgano viril por el movimiento ¿había estado en alguna otra posición? No rememoraba. Es un sueño, es una pesadilla, ¡ES UNA PESADILLA! Él estaba en cama, durmiendo mientras su mente le jugaba alguna mala pasada, nada le dolía, nada en su interior se desquebrajaba, nada sucedía.

Unas uñas se clavaron en sus muslos, enseguida un gruñido bestial resonó por la habitación y trató de cerrar su mente ante la venida de líquido caliente envenenando sus entrañas; por suerte, error o mala jugada del destino eso no llegó, pero eso le evitó el preparase para verse inundando por las aguas de quien tenía por delante. La sustancia viscosa, caliente y amarga rebosó su cavidad bucal, instintivamente quiso abrir la boca pero la mano enguantada de Asato se presionó férreamente sobre sus labios.

Ambos se miraron fijamente, era un acto de reflejo más que consciente el retarle con la mirada. El noble le golpeó con el puño cerrado sobre el estomago, su cuerpo se arqueó ligeramente hacia atrás; al sentir la viscosidad derramarse sobre su interior, hizo un esfuerzo para contenerlo y finalmente escupirlo. El guante del noble se ensució de aquel nauseabundo fluido. La bofetada que su guardián le propinó, lo tumbó al suelo en medio de risas y el sonido de las cadenas chocando contra el suelo.

En su garganta no persistía el sabor salado y amargo del semen, no conocía el sabor de otra persona, ni siquiera sabía ponerle nombre a ese resabio, porque en los sueños no se tienen los sentidos funcionando ¿verdad? ¿Verdad que nada de eso era real?

De inmediato lo pusieron boca abajo, con la frente pegada al suelo elevaron sus caderas lo más alto que su anatomía se lo permitía. Era indignante dejar su trasero al descubierto de esa manera tan vil. El ramalazo insipiente en su trasero le indicó el juego con el cual se divertirían ahora, una y otra vez el látigo calló sobre él, mientras más se agitara entre los brazos de sus captores, más en alto le alzaban las caderas y más intentaban darle a sus genitales. Él siempre había sido bueno para recibir los golpes, sólo te lastimaban la piel y tal, recibir una paliza no era tan malo, incluso un tanto mejor que dejar introducirse algún elemento nocivo en el cuerpo. Sólo se te parte el corazón, sólo sientes la mente desvanecerse en intentos de mantener a salvo el orgullo, porque cuando te tienes así ¿qué puedes hacer? ¿no gritar? ¿no odiar? ¿no llorar? Ser insensible y levantar el mentón tras terminar ¿y qué hay de la vulnerabilidad a la que fuiste sometido? ¿Qué hay de la indefensión ante semejante acto tan vil? ¿Qué hay un auxilio que nunca llega? ¿Qué hay de la desesperanza por no poder ni siquiera huir? La azotaina terminó al dejarle el trasero al rojo vivo, sentía toda la piel escaldada y hasta el aire del lugar le escocía.

El noble le alzó por los cabellos, Kaname intentó esconder el color rojizo en sus ojos por las lágrimas de cólera antes de volver a enfrentarle.

—¿Acaso quieres más? —El sangrepura soltó un suspiro de indignación así como un silente juramento. El bastardo deseaba dominarlo, ya sea por el terror o por quebrantamiento de su orgullo—. No te preocupes, tienes mucho tiempo para acostumbrarte a ellos. —¡Desgraciado! En esas instancias no sabía sí prefería tragarse su fanfarronería, doblegarse del miedo o simplemente partirse de la risa y recibir la orden de Asato por muy humillante que fuera, pero deseaba terminar con esta tortura.

Los ojos de ese ser despreciable prometían terror puro, Kaname bajó las pestañas sumisamente y soltó un suspiro bastante quedo. Haz lo que te apetezca, pero no estoy cayendo en tu juego, no voy a dejarte controlarme, no voy a permitir enloquecerme, no me voy a permitir desquebrajarme.

—Parece que le ha gustado. —Kaname se agitó desde su posición, ¡Ya no! Ya no más de injertos desconocidos toqueteándole, adueñándose de él, haciéndole sentir repulsivo, odiando su propia carne. ¡Basta! Y él no se odiaba, no tenía motivos para odiarse ¿cierto?

El vampiro le obligó a mirarlo una vez más, ¿Te rindes ante mí?, ¿te hincas ante mi presencia? Eran preguntas silentes saliendo de la mente del noble y aunque la respuesta seguía siendo no, tampoco quería seguir entre tanto desconocido. Ah, ¿me prefieres a mí? Le soltó el cabello y Kaname pegó su frente al frío suelo de concreto.

Las patas de una silla pesada se arrastraron por la habitación hasta quedar cerca de él, sintió a Asato deambular por el sitio hasta detenerse en algún lugar. —Sé un buen niño, Kaname-sama.

Ya no había nadie más en la habitación, sólo quedaban él y Asato. Su cuerpo tembló, los castigos físicos dolían, pero el noble sabía lo que en verdad representaba una tortura, sabía partir en miles de pedazos no sólo su cuerpo, también tu mente y espíritu, lo anterior probablemente era un mero preludio, pero también anunciaba el final ¿Te alegras de recibir ya la peor parte?

Las cadenas sobre sus pies y manos se volvieron más pesadas, pero se irguió en su lugar. Ichijo le esperaba sentado en la silla observándole lascivamente, sus brazos se juntaron para ocultar su desnudez. —No quieras colmar mi paciencia o haré que vuelvan, está vez serán más y más violentos.

El sangrepura se apresuró a llegar hasta la silla preso de la negativa a recibir semejantes tratos, a pesar de tener que arrastrase un poco, friccionando las heridas de sus piernas y rodillas contra el concreto. Allí estaban pues, el joven sabía que proseguía pero se resistía, resultaba absurdo hacerlo, el juego de Asato consistían en obligarle a hacer las cosas, no porque se lo imponía por la fuerza bruta, sino porque Kaname debía hacerlo de buena gana.

Las uñas del vampiro adulto se le enterraron en los cachetes, el hombre le tomó por el rostro con violencia forzándolo a encaramarse sobre él. —¿Prefieres a uno más joven? —Las mejillas del adolescente se encendieron, no había querido hacer nada con el rubio, tampoco es que rogara por tener algo que ver con el noble. Negó con la cabeza y tragó saliva pesadamente, la acidez en el estómago le recordó el repugnante sabor del sujeto anterior, así como de las otras veces en la que se había encontrado en la misma situación.

Bajó la cabeza resignado, sus manos retiraron el satén que cubría a Ichijo, el disgusto se le atoró en la garganta, la vista era desagradable, desde el rubio vello rizado hasta la flacidez del miembro. Respiró profundamente antes de abrir la boca. ¿Estaba seguro de continuar? ¿Era tan repugnante lo demás? Desconocidos sobre de él, en él, jugando con él ¿eran tan malo como inclinarse ante Ichijo? Se rió de sí mismo ¿prefería que otros retozaran?, ¿le parecía agradable ser mancillado por docenas de vampiros más? Tenía que estar loco para pensarlo y sin embargo… la idea había cruzado por su mente. ¿Qué tan desesperado hay que estar para preferir que varios urgen en ti? ¿Qué tan demente hay que estar para preferir mantener relaciones con tu sádico guardián?

Vacilante tomó entre sus manos el órgano del noble, descendió el rostro con lentitud. Cerró los ojos, no sabía que era más repugnante, si el estar consciente de la anatomía que estaba aceptando voluntariamente o tener recuerdos de como se sentía exactamente. Una mano se colocó en su nuca obligándole a descender con mayor rapidez.

La excitación de Asato fue evidente en su interior; asqueroso. Kaname cerró los labios sobre el acólito y presionó sus labios, enterró sus uñas en los flancos de la silla de donde se sostenía, ¿dónde estaba su dignidad?

—¿Vale la pena pasar por esto, Kaname-sama?

Yuuki, Yuuki, Yuuki, el terror cundió en el cuerpo del sangrepura ¿se preguntaba por su integridad cuando esto era por ella? Aferrándose más a la silla continuó con su labor por odioso que le resultara, por muy detestable que fuera el sentir semejante carne inflándose dentro de sí.

—¿Es feliz? —Las manos de Asato le rasguñaron la espalda.

No prestes atención, no prestes atención. Entre más rápido finalizara su guardián sería mejor para los dos, pero era difícil hacerlo cuando cada célula de tu ser rechazaba realizar semejante acto. La saliva se le escurría por los labios, su lengua se negaba a tocar la masa henchida, el sabor salado comenzaba a atosigarle.

—Tendrías que agradecerle, ¿no lo crees?

Ya no sabía si estrujar la silla o apretar los ojos o qué carajos hacer ¿cómo se atrevía… cómo se le ocurría? Su respiración comenzó a agitarse, cualquier cosa… cualquier cosa podía tolerarla, pero… eso, eso era.

—Si no fuera por eso, no estarías así, ¿no lo crees?

No pierdas la cabeza, no pierdas la cabeza repitió su mantra realizando todo aquello que se le ocurrió con la boca para poner punto final a todo ello. Lo que sea por salir de aquí, lo que sea por…

—Así está mejor, en verdad dale mis más sinceras gratitudes.

Que importaba si sabía mal, nauseabundo o sería usado por una veintena más después. Le mordió en la punta con violencia, el rojo inundó su visión al sentir el chorro de sangre cubrir parte de sus encías. El puño de Asato lo envió hacia atrás cayendo estrepitosamente en el suelo. El poder del látigo nunca había sido tan devastador como en esa ocasión, parecía como si su cuerpo estuviera siendo cortado por una espada de cazadores, a cada golpe su espalda se arqueaba en tanto sus quejidos eran amortiguados por el sonido del cuero. En un infantil impulso, cogió la punta del látigo con una de sus manos, tironeando con fuerza desde su extremo.

Por supuesto el vampiro adulto tenía más poder en ese mundo, así que él ganó el control del arma. El cuero le quemó el rostro incontable número de veces. Cuando Asato se aburrió de lacerarle lo tomó por los hombros para levantarlo impetuosamente, lo arrastró hasta quedar frente a uno de los espejos.

—Mírate, mírate bien ¿crees que eres digno de ser amado? —Su piel podría ser nívea a pesar de tanto golpe y maltrato, su frágil desnudez era una dulce tentación más que algo indeseable, ese era el don de la pureza de su casta, pero su captor no se refería a ser indigno por un aspecto deplorable—. Mírate y recuerda todas las fechorías que has cometido, no eres más que un relapso nefando, tú y sólo tienes la culpa de todo.

Intentó protestar pero la voz se le apagó en la garganta ¿qué podía decir?, ¿qué podía argumentar? Su existencia misma era una aberración constante, era más repugnante que cualquier fechoría cometida por los vampiros de esa noche. Sus manos estaban manchadas de sangre, con ellas había construido un mundo corrupto, ignominioso, había permitido el crecimiento de seres monstruosos, era su culpa la muerte de gente inocente, era la culpa de pecados más allá de lo razonable, era la fuente misma del mal.

Merecía lo que le estaba sucediendo, merecía eso y mucho más. Merecía que lo maltrataran una, otra, otra y otra vez hasta haberle trozado todo lo que le pertenecía a él. No podía ser pureza porque ni siquiera conocía el concepto de eso, no estaba a salvo porque no debía estarlo, no estaba soñando porque era correcto vivir en esa realidad.

Asato lo sentó sobre sus muslos con las piernas abiertas, no recordaba haber caminado hasta la silla nuevamente. La confusión en sus pensamientos aún lo dominaba, era malvado y debía recibir castigo, era… era… ¿quién era? Yuuki… ¿dónde estás, Yuuki? Trató de alcanzar su luz en medio de las tinieblas, su cuerpo se retorció al sentirse siendo empalado, sus manos buscaron soporte en el respaldo de la silla, pero eso lo obligaba a acercarse al cuerpo bastante maduro de su guardián. La intimidad con él era detestable.

—Mírate en el espejo y muévete. —No, trató de rebelarse—. ¡HAZLO! —La mano de Asato se cernió sobre su miembro, apretándolo con violencia, se obligó a girar su cabeza hacia el espejo.

Grotesco, Asato y él eran grotescos, separó sus manos del respaldo para colocarlas en los brazos de la silla, se impulsó hacia arriba con la cadera para luego dejarse caer, su trasero ardió ante el contacto de la piel y vello púbico debajo de él, su cuerpo se ondulaba ante el torrente de descargas eléctricas que recorrían su médula espinal.

—Obsérvate, ¿crees que eres digno? —No, no era digno de nada, no era digno del amor, de la compasión, no era digno de Yuuki, su Yuuki. ¿Cómo podía pensar en ella en esta situación? ¿Cómo se atrevía a mencionar su nombre en medio de esta bestialidad? Se debía dar asco por mancillar su recuerdo de esta indigna manera. Debía sufrir, debía retorcerse del dolor por osar en buscar la salvación mediante ella. La mano de Ichijou sobre su hombría se sentía despreciablemente excitante, las terminaciones nerviosas que se friccionaban contra el acólito palpitante del vampiro maduro, reaccionaban acorde a la situación. La imagen en espejo le devolvía la visión de un ser que se retorcía entre el dolor y el negado placer, ese no era él, ese no podía ser él, ese no debía ser él, él… él… ¿quién era él?

Mírate y despréciate, mírate y observa lo horrendo de tu propio ser, el mal albergado en ti, la infame bestia devoradora del mundo. Eres un ser con un poder monstruoso e innatural incluso para ser un vampiro, no eres meritorio ni siquiera de llevar un nombre. Has robado el cuerpo de un inocente, lo has ensuciado con tu alma y con tus actos viles, también has hurtado el amor de una pequeña.

No mereces ser amado, no eres digno, eres una aberración, eres un relapso nefando, eres la esencia de todo mal.

Pero él no deseaba serlo.

Y se vendía, vendía su carne a cualquier postor para aferrarse a una vana ilusión, se dejaba mancillar por intentar alcanzar una sonrisa robada, estaba dispuesto a desintegrarse en el vilipendio con tal de obtener esos ojos cuyos reflejos hacían brillar al mundo, se humillaba con tal de que nadie le separara del calor de unas manos inmerecidas.

—Recuérdate, Kaname-sama, recuérdate de esta sicalíptica manera.

Cada vez que intentes tocarla, cada vez que intentes poseerla, recuerda lo nauseabundo de tu ser, la inmundicia de tu constitución, recuerda el fétido olor de tu viciada alma, tu mente puerca e inhumana, recuerda lo pestilente, depravado y deletéreo de tu carne. Cada cosa que toques se convertirá en porquería, porque eso es lo único que eres.

Se llevó las manos a la cabeza hincando sus uñas en su cuero cabelludo, el embate caliente y vigoroso de su guardián contaminó sus entrañas, haciéndole sentir aún más inmundo de lo que ya antes era. Un grito desesperado explotó desde el fondo de su alma, elevando su reclamo a un cielo cuyas puertas permanecían cerradas para él.

La oscuridad del lugar aterró a su corazón quien pugnaba por saltarle del pecho, la camisa sobre su pecho le quemaba la piel, su sudor le laceraba, quería arrancarse la piel a tiras, deseaba inmolarse en el fuego, quería deshacer su cuerpo para eliminar toda sensación de mierda, que alguien le arrancara la cabeza, desgarrara sus recuerdos, consumiera en ácido su esencia, ¡que alguien asesinara su alma!

La puerta se abrió, entraron en su cuarto con paso apresurado, dos manos se colocaron sobre sus hombros. Kaname se agitó violentamente golpeando todo aquello que se le pusiera enfrente, saltó de la cama en un embole de sábanas yendo a parar el suelo.

—Kaname-sama ¿estás bien? —La infantil voz que le hablaba descuadraba con su mundo lleno de locuras y vampiros milenarios—. Kaname-sama, sólo has tenido una pesadilla.

Se arrastró hasta el baño para enterrarse en lo más recóndito del lugar. Se encogió sobre sí mismo como el chiquillo de tres años asustado de sus propios monstruos mentales, pero era incapaz de llorar, de gritar, de poder descarriar todo el mal que le consumía por dentro. Era una pesadilla, era una pesadilla. Y sin embargo los golpes, el escozor en su trasero, la viscosidad en su boca, la sensación de presión sobre su miembro… le parecía tan real, tan vívido. Pesadilla. Asato se especializaba en controlar las auras oscuras, con ellos los malos pensamientos o sueños, jugando con todo aquello que fuera producto de la mente, cuando el cuerpo pasaba de una fase del sueño a otra, las barreras mentales disminuían, era fácil penetrar, envolver la mente y enviciarla.

Obsérvate, ¿crees que eres digno?

Tan irónico el momento, tan despreciable, tan aborrecible y sin embargo… sin embargo existía mucha verdad.

¡Ojalá todo fuera una simple pesadilla!

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¿Tengo derecho a comentario o el escrito es prueba suficiente de lo trastornada que estoy? Diré que fue: BRUTAL de escribir, en más sentido del que probablemente piense, querido lector. Alégrese, también perturbo a la escritora el relato, así que sin más paso a hacer un par de aclaraciones.

Espero que las siguientes menciones, no se tomen el cumplido a mal (¿me dedicas una violación?) que no es la intención. Primero, Sagakure: porque fue su imagen de Asato/Kaname por la cual comencé con la idea, a Candy002, porque sí y ya, y a rochy_true quien betea todas mis guarradas.

Leí en el blog Yoru wo Kakeru, algunos profiles de los personajes de VK que vienen en el fanbook. En Ichijo, decía que su habilidad especial era "aura negra" (black aura) o sea que… ¿Ichijo te mata de mal humor?, dada la ambigüedad del asunto y el anime/manga no mostrar el poder activo de Ichijo –La lucecita a lo Sailor Moon no cuenta, fue más para distraer a Kaname que para atacarlo– me puse a meditar en el asunto. El aura se dice, es energía electromagnética que irradia del cuerpo, representación de las vibraciones del alma, refleja los estados interiores de ánimo o pensamientos de la persona. Si se piensa que al cambiar el aura, los pensamientos y estados de ánimo de la persona cambian, tenemos aquí algo que Asato puede usar, él manipula el aura negra (la cual tiene un significado). Y tengo una teoría y detalles sobre esto demasiado largos para colgarlos aquí. Asato puede infringir daño de esta manera; conveniente para la escritora sin lugar a dudas, así como sumamente perturbadora. Imagínese, nadie podría ir con cuento de maltrato a los derechos de los niños porque técnicamente el maltrato no existe. Eso es más fantabuloso que matar a sus enemigos de mero mal humor, es tortura pura (que me recuerda un poco a Voldemort).

Sobre Yuuki, no sé si Asato sabía o no ella, supongo debía tener idea de su existencia por eso de que él estaba con Rido y cubrió la muerte de los padres de Kaname, pero para no errarle, si se dan cuenta sus palabras son ambiguas, parecen no referirse a nada, pero Kaname piensa que habla de Yuuki.

Le château de Silling: Es el castillo en donde suceden "Las 120 Jornadas de Sodoma/Los 120 días de Sodoma o la escuela del libertinaje" del Marqués de Sade. Lugar en donde cuatro libertinos escuchan historias depravadas, así como llevan una vida llena de excesos aberrantes. BDSM Hardcore, que no recomiendo a menos que en verdad se tenga estómago y uno guste de estas cosas.

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¿Review? Acepto tomatazos y eso también.