Disclaimer, VK pertenece a Matsuri Hino.

Título: Sombras Nada Más.

Pairing: Takuma/Kaname

Rating: M.

Advertencias: Yaoi, slash. Este se puede ver como semi-continuación del Asato/Kaname. En donde Asato tiene el poder de torturar a Kaname en los sueños, lo explico un poco más detallado en el otro one-shot, pero NO es necesario que lo lean.

Sombras Nada Más

Oscuridad, todo a su alrededor estaba cubierto por tinieblas. Aun cuando el reloj marcaba las doce de la mañana y el astro rey estuviera en su punto más álgido, ese cuarto se encontraba sumergido en una negrura absoluta.

Le daba escalofríos esa oscuridad antinatural, le provocada pánico, no importaba cuantos años llevara viviendo en ese sitio, ni lo bien que pudiera sentirse el camuflajearse con las sombras, le ponía los pelos de punta; inclusive la idea de perderse en ellas le aterraba, él no quería convertirse en parte de esa locura siniestra.

Inclinó su rostro a la derecha para espiarte desde la distancia aún detrás de la puerta; temía molestarle, temía desnudarse ante él, pues el juego se terminaría.

Un suspiro apagado llegó a sus oídos, se paró sobre la punta de sus pies e impulsó su cuerpo hacia adelante. ¿Se habría dado cuenta de su presencia? ¿o estaría teniendo alguna otra pesadilla?

Jadeos entrecortados lo sacaron de sus cavilaciones, el vampiro se agitaba entre sueños frenéticamente, alzaba los brazos con desesperación, queriendo alcanzar una meta imposible. La desolación se apoderaba del cuerpo del inocente, quien se retorica incansablemente queriendo escapar de una locura insondable. Desgracia y vilipendio asfixiaban ese cuarto, demandando como pago el alma de su ocupante.

Sin importarle si sería rechazado, corrió hasta el durmiente. Su rostro se consumía en angustia, el sudor impregnaba las sábanas con el ahogo de su alma, el aire se le escapaba con la vida misma. Tortura consumaba sus fechorías, carcomiendo la sanidad del vampiro indefenso.

Su mano osó posarse sobre la nívea frente de su amigo, quien profirió un grito cargado de demencia, retrajo la mano pensando que su tacto había sido el impulsor de aquel horrible quejido, pero los chillidos agudos continuaron llenando la habitación de infortunio, era como si el durmiente proclamara la infame condena sobre su mente destrozada.

Estiró sus brazos hacia su amigo con temor, pero se contuvo pues era impropio meterse en la cama de un sangrepura sin ser invitado, y más siendo uno del mismo sexo; eso era todo un escándalo. Pero nadie venía en auxilio del joven y nadie acudiría porque era alguien que no lo merecía.

El gesto de espanto acompañado de un alarido de terror puro en Kaname disipó sus dudas, sin importarle si pudiera resultar herido en el intento, se coló debajo de las sábanas para abrazarlo. El aliento agitado de Kuran le hacía cosquillas en su oreja, el martilleo del corazón de su compañero golpeaba la entrada del suyo, su vientre se inflaba y se hundía de forma veloz, al tiempo que se retorcía presionando su sexo contra las caderas del rubio. El sudor del sangrepura le causaba escalofríos.

Las uñas de Kaname rasgando su pijama dolían, pero laceraba aún más el sentir su desesperada inefable súplica. Takuma se aferró a su amigo tanto como el sangrepura se adueñaba de él.

Él abrió los ojos en medio de patadas y manotazos con sus pupilas yendo de un lado hacia otro con frenesí, el desconcierto mezclado con la zozobra y el terror se reflejaban en su mirada. Todo él era una masa de locura, todavía se encontraba sumergido en el estado del duermevela.

Takuma le tomó el rostro con ambas manos, la inconsciencia del desvalido dominaba a su amigo, quien seguía agitándose y retorciéndose contra su ser. El sangrepura estiró el brazo, sus dedos luchaban por alcanzar algo. Sin saber porqué, él también estiró su brazo entrelazando sus dedos con los de Kuran, la fuerza con la que le agarró fue tal, que poco más y le rompía la mano, sin embargo la necesidad con la que se aferró a él produjo una descarga eléctrica en su interior.

Sus manos unidas se colocaron en el flanco del sangrepura, quien pareció tranquilizarse pues dejó de moverse incoherentemente, aunque su cuerpo temblaba. Los ojos verdes se clavaron en los borgoña ¿estás despierto?, ¿ya ha terminado tu terrible sueño? Acarició el rostro del vampiro con primo cuidado, colocando sus mechones negros detrás de su oreja. ¿Te ha castigado severamente? ¿Te ha ultrajado?

Takuma derramó las lágrimas que a su amigo se le habían negado soltar. El moreno entrecerró los ojos, inclinando su cabeza ligeramente hacia adelante, quedando su nariz en los labios del filántropo. El sabor salado de su sudor se impregnó en sus papilas gustativas. Cerró los ojos permaneciendo en ese sitio, pudiendo sentir el calor desprendiéndose del cuerpo de su anfitrión, su respiración agitada pugnando por normalizarse, sus dedos sosteniéndose de los suyos, sus delicados jadeos entrecortados, el horror de ser desquebrajado sin piedad por su abuelo. Un temblor le recorrió por entero, él sabía, él conocía… se apretujó más contra Kuran, deseando poder quitarle la desdicha de los horrores acontecidos en sus sueños.

Se mintió, argumentando querer tener una posición más cómoda, cuando bien sabía lo que sucedería si deslizaba sus labios centímetros más abajo. El aliento de Kaname calentó su mentón entre otras cosas, apenas tocó el labio superior de su amigo se detuvo, ya era suficiente atrevimiento de su parte con eso. Se quedó así, disfrutando de ese pequeño toque, tan casto como erótico; eran más niños que adolescentes después de todo.

Cuando Kaname se movió, los labios de ambos quedaron toscamente unidos; abrió sus ojos completamente sorprendido, en la mirada cristalina del sangrepura existía una silenciosa súplica. ¿Quieres que continúe? ¿Deseas que me detenga? ¿Prefieres guardar los recuerdos de mis manos sobre tu cuerpo, que los de mi abuelo castigándote? Era cruel y sin embargo tan propio de esa pura casta, ¿qué más daba? él también se estaba aprovechando de su amigo en su debilidad.

Torpes, como los inexpertos que eran, comenzaron a darse de besos, juntando los labios en medio de sonidos de chupeteos babosos. A veces sus narices chocaban entorpeciendo sus movimientos, en algunas ocasiones sus labios se presionaban con demasiada fuerza, era incómodo estar de lado y hacer eso. El rostro de Kaname, con los ojos entrecerrados por somnolencia, las mejillas rojas, los mechones negros pegándose en su piel, era un cuadro tentador con esa boquita semiabierta. Takuma intentó acoplarse a esa invitación, introduciendo su lengua con cuidado; tocar la lengua del sangrepura con la suya fue una experiencia electrizante y húmeda ¿qué seguía después de eso? Los mangas nunca detallaban esa parte, sólo se veía como el chico metía la lengua, y luego… ¿qué? Creyó bueno seguir explorando con lentitud la cavidad de su amigo, quien tan inconexo como él, apenas si sabía como lidiar con aquella nueva práctica.

Sus lenguas se estorbaban mutuamente, los colmillos de ambos se friccionaban constantemente, en una mezcla de sensaciones tan incómodas como sensuales, la saliva les chorreaba de la comisura de los labios. Cosa de imprudencia, cosa de ignorancia, aquello parecía demasiado empelotado para sentirlo tan pasionalmente ardiente como prometían todos esos románticos empedernidos.

Las manos del sangrepura se aferraron a su nuca y le demandaron mayor cercanía. El joven se sintió demasiado adentro, se incorporó un poco al mismo tiempo que ponía a su compañero debajo de él por completo. La idea resultó mucho más cómoda, pero con consecuencias, el muslo derecho de Kuran le apachurró la entrepierna, un roce delicioso como doloroso.

Desabotonó la pijama del vampiro, posando sus manos en el cuerpo de su amigo; descubriendo lo ultrasensible de su piel. Cada roce, cada caricia; lograba extasiarle, podía sentirlo con el vientre pegado a la parte en donde se unían las piernas de Kaname, alcanzaba a percibir el palpitar de su acólito. Debía sentirse sumamente doloroso el estar presionado de esa manera; una ligera sonrisa curvó sus labios, se veía tan indefenso el todopoderoso, se sentía tan bien tenerlo bajo su poder.

El sangrepura exhaló un gemido cargado de placer, elevando sus ojos hacia un horizonte al cual Takuma no podía vislumbrar. El rubio desvió su mirada, sintiendo la culpa corroerle ¿Qué estaba haciendo? ¿A qué estaba jugando? Por primera vez en la noche se cuestionó sus actos. Se mordió el labio, mientras Kuran dejó descansar su cabeza de lado. ¿A quién observaban esos ojos? ¿A dónde anhelaba ir? ¿Con quién en verdad deseaba estar? Tan cerca y tan terriblemente lejos de él, un mar de silencio los separaba como un continente del otro.

Dejó de presionar su vientre contra el cuerpo de su amigo, quien profirió un clamor de placer casi desbordado al poder dar rienda suelta a sus bajas pasiones.

Puso su mano sobre el ombligo de Kaname, por primera vez completamente avergonzado; ya había transgredido la línea del improperio hasta límites insospechables. Deslizó sus dedos por debajo del pantalón, sintiendo cosquillas provenientes de una pubertad vellosa incipiente. Se detuvo, obteniendo un gruñido de queja.

Intentó decirse que aunque él culebreara debajo de su mano, eso no le parecía agradable; trató de engañarse diciendo que había sucumbido al juego de su amigo y no a su propia jugarreta de la mente. El sangrepura lo había pedido. ¿Es verdad o sólo procuras tragarte una falacia?

Sólo por esa noche, sólo por ese instante eran dos enamorados pretendiendo ignorar el tiempo, los amores escondidos o los dolores acontecidos. Serían amantes sin tapujos, sin tabús, sin normas sociales. Sería la primera y la última vez que pudieran tocarse; Kaname estaba consciente, él no estaba loco.

Porque en esos momentos, su amor era real, los dos sólo pensaban en el otro. A Takuma y sólo a Takuma le pertenecía ese indolente Kaname, que no tenía apellido, casta o estatus alguno. Ese que era débil a los ojos de todo el mundo, ese vulnerable que se dejaba arrastrar por las manos de cualquier tirano, ese a quien nadie más conocía, salvo él. Y a Kaname, a él le pertenecía ese Takuma desconcertado, tonto e inexperto, quien con miras de controlar a su débil amigo, se dejaba envolver en ligas de las cuales no sabía absolutamente nada.

Sus dedos envolvieron una piel de dureza exquisita, aprendiendo a hacer jadear y culebrear a un sangrepura; el control le parecía tan divertido como adorable.

En ese momento de éxtasis, Takuma deseó poder expresarle a su amigo lo que les esperaba en el futuro.

Te enamorarás, te romperás el corazón y te alentaré a volverte a enamorar, que yo estaré aquí a tu lado para curar tus heridas. Incontables noches pasaremos en vela, tú escapándote de mis brazos, yo preguntándome a dónde has ido a encontrar placer, deseando que aquel te haga daño, te lastime, ¡te hiera! Para tomarte con violencia, tumbarte sobre el piso y mancillar tu orgullo, para decirte, sin decirlo: te lo mereces por no haberme amado. Entonces tú te levantarás como si nada, te mofarás de mí, te impondrás con tu preciosa esencia y me responderás: ¿A quién crees que le estás hablando? Ambos nos confundiremos en la espiral de lo inefable. A cambio yo nunca diré lo que siento y tú nunca dirás lo que sabes de mí, jugaremos al gato y al ratón eternamente, seduciéndonos mutuamente y negándonos por entero a reconocerlo. Porque tu amas a otra persona y yo me dejaré enamorar por alguien más.

¿Te dolerá? No lo sé, pero pretenderé que sí, me meteré en tus asuntos por banales que estos fueren, enojándote, sacándote de quicio, reclamándote lo aburrido que eres, convertiré a tu amor idílico en algo sumamente lejano para ti o algo con lo que yo y todo el mundo puede mofarse, esa será mi moneda de cambio. Te irritarás, quizás me odiarás en ciertos instantes, pero nunca dejarás de pensar en mí.

¿Por qué ha de ser así? Porque tú eres un Kuran y yo un Ichijo, porque no podré soportar el que no me mires sólo a mí, porque de alguna manera tengo que hacerte sufrir, como yo lo haré. En mi naturaleza está el dañarte, parece ser que soy el nieto de mi abuelo.

Para entonces, esta noche será sólo una vaga sombra en la memoria de ambos, inclusive se desvanecerá con las incoherencias de ese futuro desesperanzador para nuestro amor, pero aunque no nos recordemos, tendremos la sensación de haber pertenecido por primera vez a otra persona cuyo nombre y rostro no recordamos. Tu primer beso fue con alguien a quien amaste en un fragmento de segundo por robarte la inocencia, tus primeros jadeos se los entregaste a alguien que te amó tan sólo por unos instantes, la primera vez que tocaste el cielo te encontrabas medio inconsciente, dejándote llevar por las manos de alguien a quien creías conocer. Lo dudarás, lo meditarás y dirás que todo fue una ilusión, pues volverás a tus quehaceres cotidianos.

—Takuma.

La voz de su abuelo lo trajo de vuelta a la realidad, el joven rubio se encontraba sentado en la parte baja de la cama, abrazando sus rodillas, contemplando a su amigo dormir profundamente.

—¿Qué haces aquí? Uno nunca debe perturbar el sueño de nuestro señor.

Deseó poder reírse de la hipocresía de ambos, pero se limitó a asentir con la cabeza. —Parecía que tenía una pesadilla.

Su abuelo alzó una ceja, inspirando tan profundamente el aire que vibraron las aletas de la nariz, un poco de miedo cundió por su cuerpo ¿podía oler el sudor de ambos o peor aún, el semen derramado? Si lo supo o no, no dijo nada, se limitó a sacarlo del lugar.

La puerta del cuarto se cerró con parsimonia lentitud, ante sus ojos la escena del sitio se alejaba más y más con cada pedazo que la madera sellaba con su constitución. Por una fracción de segundo quiso lanzarse sobre el nogal e impedirlo, pero ya su visión estuvo completamente anonadada de madera cuando puso en marcha sus músculos, acompañado de un eco espantoso como la bóveda que permanece enteramente taponada para aquellos que no la merecen abrir.

Su abuelo tuvo que tironear de él, en su rostro existía una evidente desaprobación, pero no dijo palabra alguna.

Al volver la vista hacia la puerta, no sabía si alegrarse o entristecerse, ya que decididamente a ninguno de los dos, el dueño del cuarto les pertenecería.

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Difícil de escribir, sentía que la idea se forzaba demasiado todo el tiempo, originalmente debió ser todo angst, pero… la inexperiencia de ambos hacía correr por otros lados mi imaginación, y definitiva esa frase "en los mangas…" es tan real, como tan Takuma, que no puede eliminarla. Tampoco sabía cómo mantener la idea idílica que el contenido del one-shot debe llevar, recuerden que todos los fanfic transcurren en un ambiente imaginativo y no real, de ahí que en su mayoría estén escritos desde un punto de vista; el sujeto de pensamientos pornográficos. Pero no quedó tan mal ¿verdad? Takuma y Kaname son deliciosos, así que probablemente me verán escribiendo bastante de ellos.

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