Capítulo cuatro
Era gracioso, porque una parte de mi lo disfrutaba. Una parte que iba creciendo cada vez más, ocultando cualquier dolor, escondiéndolo incluso de mi. Pero sí, era gracioso verlo tan confundido, tan celoso, tan al pendiente de mi.
Ese día, en la Universidad, caminando por los pasillos todos notaron que algo había cambiado en mi, aunque nadie pudiera decir exactamente qué. Pero me veían, claro que sí. Hombres y mujeres, a todos los jalaba como una luz, sin embargo, en seguida miraban hacia otro lado, parecían temerle a algo. ¿Me temían a mi?
No lo creo.
Me sentía maravillosamente, a pesar de poder sentir en el fondo de mi alma que estaba cambiando, que comenzaba a pensar de forma distinta, más fría, incluso cruel. "Ella parece una orca" "Esta otra necesita un nuevo corte, luce fatal" "¿Le faltó sueño, o porque tiene esas ojeras tan espantosas?"Así podía seguir y seguir todo el día.
Defectos había miles, y todos los detectaba para hacerlos pedazos en mi mente. De todos, menos de Ranma, que al menos ante mis ojos no tenía ningún defecto que pudiera detestar, porque lo amaba con todo y errores.
Él iba tan incomodo a mi lado, sondeando las miradas que se posaban en mi, con los hombros tensos, el cuello duro, los puños cerrados, y más cerca que de costumbre. No podía evitar sonreír ante esto. De pronto me jaló a un lado, abrió una puerta y la cerró en seguida. Miré a mi alrededor, era el baño de hombres, por suerte estaba vacío, pero el olor me desagradó.
-¿Qué demonios haces? ¡Quítate! –estaba entre la salida y yo, como un guardián.
-No. Dame un segundo –se pasó una mano por los labios, la barbilla, lucía realmente estresado. Por alguna razón, aquello me divertía. Normalmente me hubiera sentido preocupada por él, pero ya no así. Ya no era yo. Me di una rápida mirada al espejo encima de los lavamanos, me veía espectacular. De pronto, sentí su mirada de nuevo en mi.
-¿Qué pasa? –pregunté volviendo a mirarlo, tan apuesto en esa actitud, estaba enojado pero aún no decidía con quién ni por qué.
-Eso mismo quiero saber.
-¿De qué hablas? No me gusta este lugar, Ranma. Apesta. ¡Quítate de una vez!
-Me preocupas –y sí, lo podía ver con la misma claridad que si viera a través de una ventana.
-¿Qué te preocupa?
-El desmayo de ayer… No sé, tal vez no deberíamos estar aquí, mejor nos vamos…
-Tienes miedo –le interrumpí, y me observó aturdido.
-¿Miedo?
-De que salga, y todos me sigan viendo como si quisieran devorarme.
-¿Eso te gusta?
-¡Pues claro! ¿A quién no? Ahora quí…
Sentí que me iba hacia atrás, que eran las paredes las que se caían sobre mi, entonces pegué contra la pared trasera, y el cuerpo de Ranma me dejó sin ningún escape. Sus brazos a ambos lados de mi, todo él tan cerca, envolviéndome con su aroma irresistible, y su aliento pegando contra una de mis mejillas. Yo sonreía llena de gozo y prepotencia, mientras que él intentaba controlarse, pues por primera vez había actuado ciego de ¿celos tal vez? Y me había acorralado.
-¿Eso te gusta? –volvió a preguntar, tenía la voz ronca, no me miraba a mi, sino a mi cabello, tal vez a la nada.
-¿No me has escuchado?
Alguien abrió la puerta, un muchacho de tercer semestre creo, nos miró por un segundo, impresionado.
-¡LARGATE! –le gritó Ranma con su voz en los altos niveles de lo imposible. Él pobre alumno se encogió de hombros y en seguida salió de ahí. Mi sonrisa se ensanchó, no podía sentir sino gusto, mucho, mucho placer al verlo así.
-Ranma, contrólate, no querrás asustarme y no volverme a ver jamás, ¿verdad?
-¿Qué te pasa? –se alejó un poco para verme a los ojos, y al notar mi sonrisa se enfureció aún más-. ¿Qué te sucede? ¡Tú no eres así!
-¿Y cómo soy, según tu? ¿Una fea marimacho? ¿Una boba, poco sexy, que no sabe conquistar el amor de un hombre?
-Ya cállate.
-¿Por qué? ¿No soportas escuchar de mi boca la sarta de idioteces que me dices?
-Nada de eso… -rugió entre dientes, buscando las palabras-. Nada de eso lo digo en serio, Akane.
-Vaya –susurré, intensificando la malicia en mi voz-. No lo dices en serio. Bueno, te creo, porque no podrás decir eso de mi ahora, ¿verdad?
-Ni ahora ni nunca –aseguró, frustrado.
-Claro. Quítate de mi vista, tengo clase y sabes que odio llegar tarde.
-¿Por qué?
-¿Por qué, qué? No estamos…
-¿Por qué no estas gritándome? ¿Por qué no me golpeas? ¿Por qué estas tan tranquila, tan sonriente y tan…?
-¿Tan?
-Hermosa.
Lo miré provocadoramente, antes no habría tenido ni idea de cómo hacer eso, pero en ese momento era tan natural para mi ser así, como respirar. Lo vi sonrojarse, pero no movió ni un centímetro su cuerpo. No tenía ninguna intención de dejarme ir, al menos no hasta que todos estuvieran en sus respectivas aulas.
Me había dicho hermosa, me sentía feliz, pero en el fondo, no esperaba menos. ¿No debió ser emocionante después de tanto tiempo de espera? Cuando me lo decía, de inmediato se retractaba, o algo pasaba que parecía haber sido mi imaginación. Pero así, tan directo, me dejó fascinada, pero al mismo tiempo neutra, decidida a no darle muestras de nada.
-¿Quieres besarme, Ranma?
Sus ojos eran mi perdición, mi más secreta obsesión, un tesoro para mi; y el poder ver ahí cada una de sus emociones, el comprobar día a día lo transparente que era, me volvía loca. Ahí vi, que ante mi propuesta, su mente se revolvía, sus sentimientos temblaban. Sentí el temblor que le recorrió los brazos, y el palpitar desbordante de su corazón. Lentamente, comenzó a acercarse a mi, sus labios tan magníficos, con los que tanto, tanto había soñado, por fin serían míos. ¿Cómo había logrado eso? ¿El cambio de actitud? ¿Ser así, tan fría? ¿El cambio en mi cuerpo?
Pero, antes de que sus labios siquiera me rozaran, volteé el rostro, dejándolo paralizado, confundido, y dolido por mi repentino rechazo.
-¿Qué fue lo que dijiste ayer? –le espeté-. ¿Qué aquí nadie me veía? ¿Qué tu me opacabas y era vergonzoso? –chasqueé la lengua sin perder ni por un instante el sarcasmo-. Lo siento, Ranma, se me han ido las ganas. La verdad es que no me interesa besarte. Pero no tienes nada de qué preocuparte, ¿cierto? Aquí nadie me ve, nadie querría besarme. ¿No crees eso?
Lo escuché respirar furioso, su aliento me quemó la piel, me sostuvo el rostro con una mano, aplicando fuerza pero no demasiada, y me obligó a verlo de nuevo. Sin decir palabra, pero con una ira palpable, me besó. Sin embargo, a la fuerza yo no quería nada, y las cosas a partir de ese momento serían cuando yo quisiera.
Así que, apenas sus labios se posaron en los míos, no dudé en morderlo.
Fue en el labio inferior, y lo hice con saña, sin medirme. Él soltó un lamento y de inmediato se alejó de mi, llevándose una mano a los labios. Me miró entre sorprendido y lleno de coraje, se limpió la herida y vi que había sangre.
Volví a sonreír.
-No me vuelvas a tocar en contra de mi voluntad, Ranma. Se acabaron los mazos y los golpes violentos. Te juro que ahora sí sabré cómo contraatacar.
Y aprovechando que se había hecho a un lado, pasé de largo y salí de ahí, dejándolo despechado, herido en su orgullo de hombre, y completamente anonadado.
