Capítulo siete
Apoyada en el muro desgarbado a lado de la casa de Shampoo, intentaba no caer desmayada por el dolor. De nuevo el crack, y esa sensación horrible de algo roto. Respiraba por la boca ruidosamente, con una mano en el lugar del dolor, y mi largo cabello como una cascada a ambos lados del rostro deformado por la agonía.
Sin embargo, a los pocos minutos pasó, y por suerte nadie me había visto.
Me incorporé. Nerima me pareció una porquería a lado de Tokio. Así pensé en ese momento; que era un pueblo espantoso, pequeño y sucio. El olor de los tallarines me hizo sentir nauseas, sobretodo porque me recordaban a la amazona.
Ahora quería ver qué era ella a lado de mi. ¿Qué era su rostro de porcelana, si la muñeca era yo?
Entré, después de todo tenía que volver pronto, mañana por la mañana a más tardar. No tenía intenciones de visitar a nadie de mi familia ni a ningún amigo. Debía de regresar a lado de Ranma antes de que la angustia de no saber donde estaba lo hiciera cometer una estupidez… Como por ejemplo: buscarme justo en Nerima. Los asustaría a todos y yo no tenía intenciones de eso.
De nada me servía que mi padre y mis hermanas supieran de mi cambio, de nada me servía tampoco torturarlos a ellos con mi nueva actitud. Mi meta estaba clara.
Nadie más debía entrar en mi lista… Aunque Shampoo, bien, ella no me importaba. Ella bien podía ser mi víctima, como yo lo fui de ella tantas veces.
El lugar estaba vacío, comenzaba a anochecer.
-¿Hola? –llamé esperando encontrarme con la anciana o con la insoportable china. Pero no, en vez de eso ahí estaba exactamente por quien venía.
-¿Akane? –preguntó completamente idiotizado, incluso se quitó los lentes, los limpió con su camisa, y se los volvió a poner. Noté que era más alto, algo cambiado.
-Hola, Mousse.
-Pero… Pero ¿qué te…paso?
-¿De qué hablas? –me acerqué, y él rodeó la barra en mi encuentro. Iba a paso lento, pero podía ver su necesidad de correr para acabar con la distancia y comprobar que era yo. Mucho más hermosa que su Shampoo querida.
-Estas… -lo miraba tranquila, pero seductora, tal vez demasiado-. M-Muy bonita –se aclaró la garganta y desvió la mirada como si algo en la barra le llamara de pronto la atención-. ¿Cómo va todo en la Universidad? ¿Cuándo llegaste?
-Hoy.
-¿Con Ranma? –tomó un trapo sucio y comenzó a limpiar la superficie de las mesas.
-No. Vine sola.
-¿Ah, si? ¿A ver a tu familia?
-Vine a verte a ti.
Se detuvo en seco, el cuerpo inclinado, las manos tensas. Sonreí, ¡qué fácil era!
-¿A mi? Vaya –rió nervioso, se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz-. ¿Por qué es eso?
Me acerqué de nuevo y posé suavemente mi mano sobre la suya, me miró atónito.
-Necesito algo que solo tú me puedes dar –como roce de seda, mis dedos subieron en una caricia por todo su brazo, hasta llegar a su hombro. Me recargué en el filo de la mesa, astuta y bella, sin apartar los ojos de él.
-Lo que quieras –claro, ¿cómo había sido el trato? Con un roce todos serán tus perros fieles.
-Grilletes –dije, alejándome un poco de él, comenzando a rodearlo como el depredador rodea a su presa-. Los mejores que tengas. Irrompibles como… Irrompibles incluso para Ranma.
-Si, creo que tengo algo así.
-¿En serio? –volví a romper distancias, y como una bailarina me interpuse entre la mesa y él para que sintiera su masculinidad conmigo tan frágil y pequeña a su lado. Mi petición era de lo más normal, sólo era una niña, ¿qué daño podía hacer? Eso debía pensar el pobre tonto, no necesitaba sospechas de nadie.
-Si, irrompibles. Pero...
-No, Mousse –coloqué mi dedo índice sobre sus labios para silenciarlo-. No importa. No es nada malo, obviamente.
-Si, obviamente.
Una franja de luz angular se deslizó por piso de madera y luego volvió a desaparecer. En la entrada estaba Shampoo, tan bella como siempre.
-¿Chica violenta… con Mousse?
-Hola, Shampoo –saludé muy cordial. Mousse no movió ni un músculo-. Vamos, no seas grosero, salúdala tú también.
Me hizo caso de inmediato, se alejó y nos dejó solas para buscar lo que le había pedido.
-¿Qué te ha sucedido? Tu no ser la misma de antes.
-Qué observadora, Shampoo, como siempre –y resalté las palabras con sarcasmo y burla.
-¿Venir con Arien?
Me reí con descaro y maldad.
-Amazona tonta, ¿qué más te da? ¿Ya me viste? –me acerqué, presumida y con aires de superioridad. Ella me recorrió con la mirada de pies a cabeza, llena de envidia, sorpresa, y sí, finalmente, algo de miedo-. ¿Qué vería ahora Ranma en ti? Digo, además de nada.
-Tu ser otra… Ser mala.
-No lloriquees ahora. Me aburres.
-¡¿Cómo…? –lo pensó mejor, furiosa-. ¿Ranma saber de tu nuevo… tu?
-Claro que sabe, vivimos juntos, ¿no sabías?
-¡Él nunca elegirte a ti! ¡Si vivir contigo es porque no tener más opción!
-Muy bien, querida, repítetelo todas las veces necesarias, ¿de acuerdo?
-¡Ser oscura, otra! ¡Un ser malvado!
-Si… -me acerqué más, hasta tenerla muy cerca, y dejé que mis dedos juguetearan con las puntas de sus cabellos tan exóticos-. Lo soy, él lo sabe también –y sin previo aviso, haciendo uso de una violencia hasta el momento extraña para mi, cerré el puño y jalé de un mechón con todas mis fuerzas, hacia abajo, hasta hacerla inclinarse ante mi. Gimió e intentó alejarse, iba a soltar su poder titánico, pero yo hablé antes y lo hice con una voz tan helada, que incluso yo me desconocí… y temí-. ¡Te advierto que si tan siquiera piensas en intervenir, o en ir a molestarlo hasta Tokio, no me voy a detener ante nada hasta verte hecha pedazos! ¿Está claro?
-¡Suéltame, chica violenta, o tendré que lastimarte!
-Y si lo haces, Ranma te va a odiar para siempre. Lo sabes, ¿no? -jalé aún más, ella volvió a quejarse. Luego la solté.
Mousse regresó en ese momento, con los grilletes.
-Gracias –le sonreí grácil, y él parpadeó deslumbrado.
-No hay de qué.
-Adiós.
Me giré, destrocé a Shampoo con una mirada asesina y letal, y salí de ahí muy tranquila, llena de gloria.
Ahora que tenía lo que quería, sin siquiera imaginar lo que representaría para mi incluso con esa actitud y esa maldad, comencé el regreso a Tokio, a Ranma, a cometer el peor de todos mis errores.
El acto más atroz e imperdonable de mi vida.
