Habían pasado unos pocos días desde los últimos sucesos. Rukia había estado pensando mucho en los últimos acontecimientos. Sobretodo los recuerdos que aquél día le había traído. Su capitán había detenido las disculpas sólo con el hecho de pronunciar su primer nombre. Pero aun así pensaba que podría haberse detenido. Además le había traído malos recuerdos al hombre con aquello. Bueno, a ella también le traía malos recuerdos.

-Kaien-dono…-

Apartó la vista del techo de su habitación y miró el reloj. Ya era de mañana, no valía la pena seguir intentando dormir, que de todas maneras era en vano después de aquella pesadilla. Trató de olvidar las imágenes, pero las tenía grabadas en la retina. La forma en la que la había mirado Ukitake esa noche era difícil de describir. Tal vez desesperación era la más acercada, pero era un sentimiento más complicado. Suponía que tenía que ver con lo que había llevado a la muerte de Kaien, pero seguía habiendo algo más.

Era la mirada que le había dirigido en la realidad. Pero en el sueño, en ese momento, su cuerpo cambiaba al corrupto cuerpo de su teniente, ennegrecido por el hollow, y el capitán cambiaba su expresión a una de puro terror y ella había saltado sobre él y la había atravesado el pecho sólo con su mano. De alguna forma, era un movimiento perfectamente predecible, y él no lo había evitado. La sangre caliente y oscura manaba de la herida sin parar. Ukitake la miraba con tristeza, pero no con reproche y el peso del capitán cayó sobre la pequeña shinigami.

Rukia se levantó pesadamente, intentando sacudir el sueño de su memoria. Se tomó su tiempo para prepararse, y cuando salió de la casa ya era tarde. Corrió por las calles del Seiretei tomando varios atajos, con lo que finalmente sólo llegó con unos minutos de retrazo. Ukitake y los dos terceros oficiales de la división estaban allí. Sentarô y Kiyone estaban discutiendo algo que al parecer tenía que ver con el papeleo de la división, que estaba incompleto para aquellas fechas, y tenían una pila de misiones que distribuir.

El capitán lucía resignado ante las constantes batallas de sus dos subordinados. Finalmente puso las manos sobre las cabezas de los dos, lo que paró sus gritos en seco y declaró que todos harían el papeleo cooperando. La división generalmente era bastante unida y solidaria, por lo que nunca había problemas con esa clase de cosas.

Rukia sonrió. La división trece era casi como una familia. Claro, así era como lo manejaba su capitán. Su mente divagó hacia las ventajas del trabajo en equipo y…

-Kuchiki.-

Rukia dio un respingo ¿cuánto tiempo había estado embobada?. El hombre, que le tocaba el hombro, rió.

-¿Vamos?-

-ahh… sí- murmuró ella, y le siguió. Estuvieron toda la tarde rellenando formularios de todo tipo, y se lo llevaron a Hisagi al final del día. Kiyone se levantó de un salto del escritorio que había ocupado todo el día y declaró que los invitaría a todos a comer. Rukia empezó a excusarse, diciendo que estaba demasiado cansada, pero su hiperactiva compañera la tomó de la mano y la arrastró con ellos. Unas horas más tarde ella y Sentarô estaban borrachos, puesto que la cena había sucedido a numerosas copas de sake. Mirando como se peleaban de nuevo, Rukia suspiró con suavidad. Ukitake bebió del pequeño platito que tenía en la mano y la observó.

-¿Quieres ir a casa, Kuchiki?- Al ver que ella asentía, se levantó, dando a entender que la acompañaría. Caminaron bajo el cielo nocturno, en silencio.

-Me asignaron una nueva área.- comentó Rukia, simplemente para romper el silencio.

-¿En serio?¿cuál es?-

-El pueblo de Karakura.-

Ukitake se atragantó, aunque su compañera no se dio cuenta. Sonrió y le felicitó. Por lo general, un cambio de área significaba el acceso a un nivel mejor de trabajo, una paga mejor, aunque ella no la necesitara. Pero aparte de ello, las áreas y su nivel también eran influyentes en la visión de la gente sobre el shinigami. Pero Karakura…En Kamakura estaba escondido el ōkagi. Era una zona extremadamente valiosa, aunque muy pocos sabían de su existencia. Yamamoto-Soo-taichou, por supuesto, y Shunsui. Y él, por supuesto. Miró al cielo mientras seguía caminando. Luego de eso, se quedaron en un silencio pacifico. Para Rukia era agradable estar con su capitán. Se sentía protegida, aunque no solía ser de esas personas débiles que necesitaban protección. Luchaba con toda su energía. Recordó el momento en que había huido del teniente Kaien y suspiró lastimosamente al tiempo que se detenía. Habían llegado a la casa Kuchiki.

-¿Qué pasa, no te sientes bien?-

Rukia levantó la vista para encontrarse la intensa mirada verde de Ukitake escrutándola. Ahh, esa sensación. Como si atravesara la ropa y la piel y llegase directo a sus pensamientos, al mirarle. Se sonrojó.

-Estoy bien, no es nada. Buenas noches, capitán.-

-Buenas noches, Kuchiki.- él sonrió y dio media vuelta. Ella lo observó mientras se alejaba, quedándose en babia.

-Te esperaba, Rukia.- La grave voz de su hermano sonó detrás de ella, haciéndole dar un salto.

-¡Niisama! ¡No me asustes así!-

-Creo que deberías esperar que esté aquí. Es mi casa, después de todo.-

El siguiente día pasó sin incidentes hasta el atardecer. Rukia estaba por irse a su primer misión en karakura. El capitán la había escoltado hasta la puerta, sonriéndole.

-Volveré en la mañana, supongo.-

-Buena suerte…hmm, Kuchiki…-

-¿sí?-

-Cuando vuelvas, tengo algo importante que decirte.-

-¿Qué es?- Rukia lo miraba con sus brillantes ojos grises llenos de curiosidad. El hombre rió de buena gana.

-Tendrás que esperar para saberlo.-

-Me muero de curiosidad-

Jyuushiro la miró irse con su jigokucho por el portal. Se quedó allí por un momento. Luego se dio vuelta bruscamente. Al hacer eso la vista se le nubló y el piso tambaleó rápidamente. ¿por qué estaba tan mareado? Caminó como un zombie hasta los cuarteles de la división, donde fue recibido por Kiyone. Ella le tomó de la muñeca, para arrastrarlo edificio adentro, diciendo algo de un documento que había que firmar. Pero antes de terminar su frase, se detuvo y se acercó a él. Estiró su mano para alcanzar su cara, y tocó su frente.

-Tiene fiebre,-dijo, en tono de réplica.- Vamos, tienes que ir a casa. Empezó a empujarlo directamente hacia la puerta.

-Uaah, espera, Kotetsu tranquila, ya entendí, ya entendí.-

Aun así, la tercer oficial lo acompañó hasta su casa, donde evidentemente estaba bien atendido.

La fiebre sólo fue el primer síntoma. Poco después empezó a respirar agitadamente, mientras un silbido se podía escuchar desde el fondo de los pulmones. Empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho, y tosió sangre varias veces, a pesar de que habitualmente eso sólo pasaba cuando se agitaba demasiado o se ponía nervioso. Cierto era que su salud no era la mejor del mundo, en especial su sistema respiratorio. Estuvo esperando al amanecer para llamar a un médico. Tal vez iría a ver a Unohana.

Pasaron tres días. Cuando tuvo la suficiente fuerza, se levantó y fue directo a la división.

-Capitán ¿qué hace aquí?- Ukitake supuso que las ojeras oscuras y el silbido en la respiración agitada le delataban, pero no le dio importancia al comentario de Kotsubaki.

-Quiero hablar con Kuchiki.-

-Eh…No sabemos donde está. Ella no regresó. En este momento están buscándola-

Rukia no había vuelto. No había vuelto de una misión sencilla. Eso significaba que... ¡no! No podía ser. Su respiración se agitó más de lo que ya estaba. Sentarô, preocupado por la creciente palidez de su cara, se apresuró a aclarar.

-Su reiatsu no desapareció. Está ahí, pero por alguna razón, la señal es ilocalizable.-

-Pero eso es …

-Sí, lo sé. Imposible.-

~o~

¡Wahahaha! Creo que ya suponen que pasó. Y así, esto se engancha con el manga. No sé que haré. Depende de cómo se desarrollen los acontecimientos canónicos. Por favor, denme algo de tiempo :D y lamento haber tardado tanto.

Si alguien tiene una idea, sugerencia, tomatazo, crítica constructiva, destructiva, una papa frita (¿?) o cualquier cosa, que me lo diga, *_*.

Ah, por cierto: A ver si alguien adivina cuál es la enfermedad de Ukitake. Les daré dos pistas:

Es una enfermedad de las vías respiratorias

No puse todos los síntomas posibles.