Sí, sí, lo sé "¡Oh dios, estas viva!" (¿?) Oh, y un comentario: Ukitake le robó la mirada a Dumbledore en el capítulo anterior… bueno, pero sus ojos son verdes, no azules. (al menos en el manga). Y… no me tiren papas, pero… olvidé qué enfermedad tenía en particular XD. Aunque mis suposiciones son que su enfermedad crónica es Bronquiectasia. En este momento estamos en los acontecimientos de la irrupción en Seireitei. No voy a replicar las escenas del manga, son momentos "fuera de cámara" por ponerlo de alguna forma.
Aquellos días habían sido insoportables para Ukitake. Y eso que él creía que no podría ponerse peor que los días en los que no sabían donde estaba su subordinada. Bueno, podían ponerse peor. Rukia había sido localizada y ahora estaba encerrada en lo más profundo del Seireitei. Además, estaba a punto de ser cruelmente ejecutada. Sin embargo, notó que gritarle a Byakuya no había sido lo más inteligente que había hecho. Se dejó llevar por la rabia, como no había hecho en mucho tiempo. Después de todo, solía ser una persona tranquila, amable. No era fácil sacarlo de quicio. Pero él tenía varios hermanos, todos más pequeños que él. Y se sentía protector con ellos, aun cuando a estas alturas todos eran adultos.
Cómo era que el joven heredero Kuchiki era tan frío con su hermanita era algo inconcebible para él . Y para colmo, había intrusos ¡humanos! en alguna parte del lugar, el capitan Aizen había sido asesinado, y los tenientes Hinamori y Kira estaban encarcelados por pelear entre ellos. Luego la teniente Hinamori había escapado, acusando al capitan Hitsugaya de asesinato. Reflexionó por un momento la cantidad de acontecimientos que se estaban precipitando en los últimos días. Y para colmo, estaban a punto de ejecutar a su joven subalterna, ese mismo día.
Lo que tenía pensado hacer era una locura, pero no tenían tiempo para nada más. Y de alguna manera, ese joven pelirrojo le había inspirado. Aquél intruso, Kurosaki, era casi idéntico a Kaien. Y no sólo en la apariencia, también le daba la misma sensación de soltura y sarcasmo con las pocas palabras que había dicho. Ukitake se levantó, decidido a hacer lo que iba a hacer, aunque fuera un movimiento desesperado aunque pudiera terminar muy mal para él. Después de todo, pelear con el General no era algo de lo que se salía fácilmente con vida.
Tomó el haori que lo identificaba como capitán y se lo puso.
~o~
Rukia estaba echada en la hierba, mirando hacia el cielo azul. Llevaba puesto el vestido que le había hecho Ishida, por simple nostalgia. Cada vez que pensaba en el jóven Quincy, le daban ganas de golpear algo. Tal vez Ichigo no lo hubiera notado, era un torpe después de todo, pero ella, Orihime y Sado sí se habían dado cuenta. Claro que la mirada penetrante de él la había detenido de hacer cualquier comentario. Sin embargo, aun así se sentía impotente. Ishida había intentando salvarla con todas sus fuerzas, a pesar de que era una shinigami, había perdido sus poderes de Quincy por ella. Y no era simplemente poder. Era el último de su raza, el último que levantaba su bandera. Llevaba el orgullo de todos los Quincy en su corazón. Si ella fuera la última en su clase, no estaba segura de estar dispuesta a sacrificarse por otra persona, fuera cual fuera. No estaba segura de tener el valor para hacer eso.
De todas maneras, no era buena idea pensar en ello. Estaba decidida a dejar atrás los momentos que había pasado en el mundo humano y volver a su vida de shinigami. No era que no apreciara a sus amigos humanos y a todos los momentos que había pasado con ellos, pero tenía que continuar, seguir adelante. Después de todo, ella una shinigami, en burdas palabras humanas, estaba muerta. No podía quedarse a vivir en la tierra, no podía vivir siempre en el armario de Ichigo. Soltó una breve risa al pensar en eso y se levantó. No podía quedarse allí, abatida para siempre. Se levantó, y salió corriendo de aquél solitario páramo del Rukongai donde se había escondido.
~o~
Ukitake estaba haciendo una de sus actividades favoritas: Tomar té. Se sentía especialmente tranquilo y feliz esa tarde. El clima era cálido, y sus respiración estaba clara ese día. Sin embargo, él sabía que la paz era simplemente superficial. Aizen planeaba algo y pronto entrarían en guerra otra vez. Su felicidad se esfumó, y suspiró mirando la oscura superficie del té. Por suerte, Kiyone y Sentarô estaban ocupados con algo de papeleo. Si no, estarían acosándole con preguntas... o intentando hacerle reír.
Observó hacia el horizonte. Alguien se acercaba. No era nada raro, por que había miles de shinigamis por allí, pero ese era alguien especial. Sonrió al ver a Rukia acercarse. Llevaba un vestido simple, corto y delicado. Sin embargo, era poco común ver eso en el mundo de los shinigamis, puesto que la tela que usaban estaba hecha de la misma materia que ellos, espiritrones. Bueno, en realidad, no había problema en usarla. Los espiritrones de los shinigamis, a diferencia de los de los plus, eran pesados. En otras palabras, ellos podrían ponerse ropa humana. Claro que al ir al mundo humano, los vivos verían un vestido flotante.
En todo caso, el capitán sabía que uno de los intrusos había cosido ese vestido para ella, pero nunca la había visto con la prenda puesta.
-Bonita ropa, Kuchiki- Comentó a modo de saludo. Ella se sonrojó, pero no comentó nada al respecto. Siempre le habían parecido fascinantes sus actitudes, por momentos viriles y por momentos muy femeninas. Había estado dispuesta a dejarse sacrificar, y sin embargo ahora la veía allí, llena de vida y energía, a pesar de que había dejado a sus amigos vivos. Le ofreció té y charló con ella amigablemente. Hace tiempo que estaba consciente de que lo que sentía por su subordinada no era parte de la relación habitual entre un capitán y un shinigami, pero nunca la había tratado distinto. No pensaba decírselo tampoco.
Rukia le había pedido que le cambiara de zona, y él aceptó con gusto. Mejor así, lejos de aquella ciudad tan peligrosa. Durante un corto lapso de tiempo, se sintió tranquilo.
Hasta que empezó el final.
~o~
Se dirigía a la batalla, detrás de Shunsui. Los demás capitan iban a toda velocidad, adelante. Todos estaban preocupados. Después de todo no se sabía qué pensaba hacer Aizen, pero él no tenía ninguna ansia de llegar al campo. Amaba la paz y la guerra le provocaba una gran angustia. Simplemente quería volver a su casa, tomar té y mirar al cielo. Quería que su mayor preocupación fuera el bienestar absoluto de la 13ava división y unos cuantos hollows merodeando por la tierra. Lo que no sabía, lo que no se esperaba el capitan de pelo blanco, era que estaba caminando directamente hacia la muerte, que unas horas después iba a estar pensando en la pequeña shinigami que se había adueñado de su corazón y en cómo no le había dicho nada. Qué estupidez la suya, pensaba mientras intentaba respirar a través del agujero en su pecho. Y qué ironía era aquella. Se parecía ahora más a un arrancar que a un shinigami.
-Rukia, cómo quisiera verte ahora… aunque supongo que no sería agradable para tí- Ese fue su último pensamiento consciente.
Todavía no sé si voy a seguir el canon del manga, así que no se confíen del destino de Ukitake. Mwahahaha
