Hola de nuevo! Gracias a quienes leen esta historia, y a quien se animo a dejarme un comentario.

Espero que sea de su agrado este capitulo. Les mando un beso!

Entre copas

2

Al llevar retrasado más de una hora temió que no se presentara.

No iba a creer que él fuera capaz de dejarla plantada por las diversas razones que propiciaban la próxima boda, pero tampoco se iba a confiar del todo en que Camus accedería hasta el final a firmar esos papeles, sobre todo si aquella persona tan especial para él estaba cerca.

No era un ciego. Conocía las preferencias sexuales del individuo desde que tenía quince años, y también sabía de los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión, así como el silencio bajo el que se había amparado, tan sólo para no perderlo a 'él'; sin embargo, aunque Milo no fuera un tonto, por esta cualidad cabría la posibilidad de que terminara arrepintiéndose y revelándose ante Camus justo a tiempo para disolver su acuerdo…

En cuanto la limosina se aparcó frente a la imponente mansión, Touma Delorrme, soltó un suspiro, como descansado de su propio acoso mental; no obstante, la angustia le regresó al cuerpo, en cuanto el chofer abrió la puerta y observó que quien descendía era un joven más alto que él, delgado, de cara alargada, labios pequeños, nariz fina, y pupilas vividas de un precioso color azul cielo. Se trataba de Milo Dalaras, el mejor amigo de su hermano. El único obstáculo hacia la felicidad de 'ella'…

Seguido por el rubio, descendió de la limosina un muchacho más delgado y centímetros más pequeño, de cabeza redonda, con el cabello largo, lacio y rojizo hasta por debajo de la cadera; con los labios retos, inexpresivos en todo momento. Camus Delorme, su hermano mayor. Lo destetaba, y aún más cuando la escena que presenció no le gustó: Los dos se miraron unos segundos, antes de que el rubio le diera la espalda con la cara tan roja como si hubiera estado expuesto al sol, mientras el otro abría la boca para decir algo y se quedaba con la palabra muerta dentro de ella y una expresión de desconsuelo (que se le notaba a pesar de las gafas de sol que llevaba), que bien hubiera valido la pena retratar.

-"¡Bonita la hora!"- Se escuchó una exclamación. Al volver la vista se toparon con la imagen de una mujer delgada, joven, de cabello ondulado y rojizo hasta los hombros; tenía los ojos del mismo tono a los de Camus, y vestía un elegante vestido corto sin mangas del tono azul celeste. –"¿Te caíste de la cama a media noche? Porque si no, no me explicó como es que te retrasaste tanto."- Se dirigió hacia los recién llegados, aunque a Milo le dirigió una cálida sonrisa después; el rubio correspondió su gesto con una suave reverencia.

-"Marin… no grites…"- Se quejó el pelirrojo de caballera larga.

-"¡Aja!"- Como ya estaba cerca le picó el estómago para que dejara de taparse los oídos. El ojiazul también tenía resaca, pero sabía fingir mejor que no pasaba nada. –"¿Te sientes mal Cami? ¡Quizá debiste dormirte más temprano!"- La cara tantas veces inexpresiva del nombrado, mostró el dolor que sus oídos y cabeza experimentaban.

-"Era mi despedida de soltero… además… Milo estuvo conmigo toda la noche…"- Decirlo trajo a su mente el primer beso, y ante esto, un sonrojo muy evidente. Al rostro del rubio le sucedió lo mismo. Su reacción, que pasó desapercibida ante la chica, no para el muchacho que estaba todavía parado unos metros atrás.

-"Bien, muchas gracias por traerlo sano y salvo."- Se dirigió al rubio mientras abrazaba a Camus, quien intentó renegar esta muestra de afecto. –"Espero se portara bien…"

-"Siendo su despedida de soltero no me extrañaría que hubiera cometido alguna tontería."- El que habló lo hizo en un tono tan serio y frío, que la sangre del ojiazul se congeló. El taheño peli largo lo miró desafiante.

-"Muchachos, somos hermanos. ¿No podemos llevarnos bien por un día?"- Intervino Marin antes de que comenzaran a discutir.

-"La señorita Breuer lleva esperándote toda la mañana Camus. No me parece propio del señor 'perfección' hacerle eso a una dama…"- Replicó Touma, ignorando como ya era su costumbre, a la mujer.

-"Milo, vamos."- Le indicó el hermano mayor al rubio, ignorándolo como ya solía hacerlo. El nombrado se quedó indeciso, al final lo siguió sonriéndole primero a Marin. Sabía que no era santo de devoción para el menor de los Delorme, pero mucho más le aterraba el estar en aquella casa que le pertenecía a la familia de su… 'rival', después de lo de anoche.

La familia Breuer tenía una mansión despampanante en Londres, lugar que habitaban Marin y Touma, mientras se realizaba la boda. Camus, debido a una ridícula costumbre, se quedaba en un hotel de la ciudad, y como Milo era el padrino de honor, hacia lo mismo en otra.

Atravesaron los rosales del jardín y los arbustos con formas de animales del bosque, hasta que el pelirrojo se detuvo.

-"¿Qué pasa?"- Inquirió el ojiazul. El otro se quitó los lentes de sol y volteó a verlo.

-"Tenemos que hablar."- Sentenció. Un escalofrió le recorrió la médula ósea.

-"¿Quieres reconsiderar el prendedor?"

-"¿Qué?"

-"Ya sabes… el que llevarás en el pecho. El broche va como regalo del padrino, ¿recuerdas?"

-"¡Para con eso! No quiero saber nada más de la boda… Yo quiero hablar de nosotros…"

-"Ah… pues, supongo que nos veremos cuando regreses de tu luna de miel, pero no te hablaré de nuevo si no me traes chocolate suizo."- Le sonrió a pesar de sentir un nudo en el estómago. La idea de ver a Camus en intimidad con su esposa, le producía un retortijón. El pelirrojo frunció el entrecejo. Estaba perdiendo la paciencia del mismo modo en que había perdido la cabeza.

-"¡No habrá chocolates suizos!"- Gritó.

-"¿No? ¿Me traerás un poco de queso de cabra? He oído que en los Alpes…"- Se cayó de inmediato, en cuanto las manos de su escucha se situaron peligrosamente en su nuca y lo atrajeron hacia a sí, ubicando sus rostros palmo a palmo.

-"Cállate… cállate de una vez"- Sentía la sangre bombeándole con fuerza hasta la cara y esparciéndose por todo su cuerpo. Experimentaba un cosquilleo en los labios, y era presa del deseo supremo de besarlo. Se veía haciéndolo la noche anterior, pero al alcohol le impidió degustarlo por entero.

Milo temía que lo fuera a hacer tanto por lo pensó en el hotel, como por el sitio, pero al mismo tiempo también se sentía tentado a aprobar los limites de su amigo.

-"Bésame si eso es lo que quieres…"- Lo retó, sin desviar la mirada. El taheño resopló, sarcástico.

-"No necesito tu permiso…"

-"¡Camus!"- Una voz femenina los interrumpió en el momento que este iba a lanzarse a al ataque. Milo se quedó de piedra, y por primera vez se arrepintió de haber perdido tanto tiempo dándole largas, para llegar a aquél beso evitado. El nombrado se quedó quieto, manteniendo la mirada fija en las pupilas de su amigo, preguntándole en silencio qué hacer. Y si ambos no tuvieran aún la idea de que el galo estaba confundido, aceptar revelarse en aquél momento habría solucionado todo.

Una joven alta, delgada, de piel blanca y brillante, con el cabello largo y rubio, la cabeza pequeña, los labios carnosos, la nariz afilada y las pupilas del color ámbar, se acercó a ellos. Al principio no comprendió lo que pasaba, y cuando Milo la volteó a ver despegándose del contacto del taheño, esta le sonrió amablemente.

-"Gracias Camus, creo que sólo fue una basura…"- Se frotó suavemente el párpado. –"Señorita Artemisa, ¿cómo está?"- La chica amplió el gesto en sus labios.

-"Milo, que gusto verte. Gracias por traerme a mi prometido…"- Se dirigió hacia el taheño, quien todavía divagaba en un mundo distante. Él despertó hasta que la chica le tomó el brazo. El rubio rió con nerviosismo.

-"Es el deber de un padrino… usted sabe…"- Rió alterado y le dio una palmada tan fuerte a su amigo en la espalda, que este no pudo evitar encorvarse unos segundos. –"Bueno… los dejo. Con permiso."- No se atrevió a confrontar aquellas caobas, que lo miraban inquisitivas. Les dio la espalda y comenzó a caminar hacia la mansión.

-"Camus… siento lo de esta mañana…"- Se disculpó la rubia, tomándole la mejilla y una de sus manos. –"Estoy tensa por la boda y…"

-"No importa…"- Tajó el taheño. Estando con ella no solía ser tan expresivo como lo era estando con Milo, quien se le estaba escapando una vez más. Ella le dio un suave beso en la barbilla y lo abrazó; él correspondió su gesto, aunque lo hizo únicamente por encima. Avisó hacia el frente, encontrándolo ahí, parado con la vista hacia donde estaban ambos…

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Marin estaba casada con un importante inversionista, a quien a penas veía. Su esposo solía viajar por el mundo, y la llevaba consigo, pero no estaban juntos ni iban en plan de vacaciones. Aioria Anderson dedicaba todo su tiempo al trabajo. La joven se había quedado en Londres para ultimar los detalles de la boda de Camus; sin embargo, a pesar de apoyarlo, no estaba del todo de acuerdo con esa unión.

Entendía que formaba parte de un acuerdo entre ambas familias, y que producto de esto saldría algo beneficioso para todos, pero, para ella, a sus ojos, la única persona que realmente merecía a su hermano era la que siempre estuvo a su lado: Milo Dalaras.

No sabía de preferencias o de los sentimientos que su hermano le profesaba a su mejor amigo, pero, si alguien le hubiera preguntado, definitivamente diría que prefería mil veces al rubio antes que a los herederos de aquél matrimonio -obviamente sus sobrinos-.

Sentada en el sillón de una pequeña sala de estar, frente a una chimenea, observó la copa de vino que sostenía entre sus manos. El oscuro color del licor trajo a su memoria las pupilas de su hermano. No se le antojaba brindar por nada, mucho menos por esa unión, pero ya que Milo tenía tan buena disposición para beber y hacerle compañía, decidió corresponder su gesto de la misma forma.

-"Salud"- Le dijo, colocando su copa a un distancia que el otro pudiera alcanzar. El rubio, que se mantuvo bajo un manto de mutismo y recuerdos, parpadeó un poco antes de entender y acceder al choque de cristales.

-"Salud."- Repitió mecánicamente con una sonrisa apagada. Marin consultó su reloj después de beber.

-"Ya casi es hora de que termine."- Anunció, volviendo a beber. El rubio no probó su copa. –"¿No tendrías que haber ido al ensayo? El padrino es clave importante en la boda"

-"Si… pero preferí quedarme a cuidarla, señorita Marin. Esos mareos y desmayos frecuentes preocupan mucho a Camus."- Al decir su nombre suspiró.

-"Bueno, al menos te sirvieron como excusa para no asistir."- Sonrió cómplice mientras tomaba la botella y se servía un poco más. El rubio levantó la vista.

-"No fue…"

-"Tenemos años de conocernos… no tienes que fingir conmigo."- Bebió todo lo que había dentro de la copa y prosiguió al servirse más. –"El que Camus y tú se conocieran en aquél campamento y que él decidiera irse a estudiar a Grecia no es una coincidencia. Su amistad ha tomando caminos diversos estos años"

-"No es lo que piensa."- Tajó Milo.

-"Mira, yo no sé nada de la sexualidad de mi hermano, y tampoco se lo pienso preguntar; pero tú eres muy obvio… creo que hasta Artemisa sabe que te gusta, pero no dice nada porque Camus mantiene su palabra…"

-"Y la mantendrá hasta firmar esos papeles."- Aseguró el ojiazul con un nudo en el estómago, que le subió hasta la garganta. Sintió sed y se bebió el vino, Marin le hizo una seña para que se la pasara el cristal: a través de su boca descendieron la cantidad de dos más.

El silencio se estableció entre los dos.

-·" ¿Por qué dice que no fue coincidencia nuestro reencuentro en Grecia?"- Inquirió el rubio después de tener la mirada fija en el fuego.

-"Recuerdo que cuando llegó del campamento lo primero que hizo fue subir a su habitación y encerrarse hasta al día siguiente, cuando sorprendió a todos en el desayuno con la noticia de que quería marcharse de Francia a un internado que existía en Athenas. Por supuesto que a nuestro fallecido padre le dio un ataque, pues no podía creer que su hijo mayor quisiera ir a estudiar a un país tan poco conocido, incluso recuerdo que le dijo que todos querían viajar a Francia, Paris, y que él que ya se encontraba ahí, se rehusara a quedarse. "- Hizo una pausa para refrescarse la garganta.

Milo recordó que cuando eran niños le contó acerca de la escuela a la que iba, y el como el pelirrojo pequeño le cuestionó acerca de nombres, direcciones y señas particulares, como si se tratara de un agente de la INTERPOL.

-"Nosotros lo tuvimos todo, cada capricho y deseo… así que Camus convenció a nuestro padre para que lo dejara partir… Lo demás ya lo sabes."

-"Él nunca… es decir, jamás me contó que…"

-"¿qué todo lo hizo por el único amigo que tenía?"- Comenzó a reírse. –"No sé si te has dado cuenta, pero él es muy difícil de tratar y aun más de querer; aunque, una vez que logras pasar esos sólidos muros de hielo, como que… te es imposible no amarlo con todas fuerzas. Creo que Artemisa aprendió a hacerlo con los años, sobre toda considerando que ya estaba decidido el acuerdo prematrimonial."- Volvió a hacer una pausa. –"Él no era de hacer amigos… Camus fue muy solitario toda su niñez. No sé como se forjó esa amistad entre ustedes. Él cambió y nosotros pudimos conocer a mi hermano"- Soltó una carcajada. –"Touma y yo creímos que jamás podríamos hacerlo… aunque, no entiendo su actitud reciente…"- Se quedó pensativa. –"¡Ah, ya! Si… si… él cambió después de ese verano…"

-"¿De qué hablas?"

-"Mis hermanos comenzaron a distanciarse después del verano que pasamos en Vermont con los Breuer. ¿Te acuerdas del día que Camus y tú compraron esas extrañas pulseras?"- Milo se rió.

-"Si… las tejidos que disgustaron mucho a la señorita Artemisa. Me acuerdo que le reclamó a Camus por no adquirir una de plata que costaba diez veces más que esa…"

-"Bueno, pues fueron esas vacaciones cuando ellos comenzaron a pelearse. Aquél día, Touma y Artemisa pasearon juntos todo el día…"- Bebió vino y le ofreció un poco más al rubio, quien aceptó sin ingerirlo. –"¿Cómo es que ustedes han llegado tan lejos?

-"Bien, nuestros gustos son muy diferentes y no peleamos por algo en común, además, sabemos compartir lo que tenemos y hablamos siempre con la verdad… de acuerdo, en algunos puntos no con total honestidad…"- Se sonrojó ante la mirada inquisitiva de ella. -."Pero el caso es que no hay un motivo por el cual no estar juntos...-."

-"Exceptuando la boda."- Se quedó callado, bebiendo a sorbos prolongados su vino. –"Deberías decirle que tú…"

-"No quiero tocar ese tema."- Tajó frunciendo el ceño. A esas alturas, tal vez él ya lo sabía. –"Cuando me enamoré de él decidí que me quedaría únicamente como su amigo. Camus jamás se ha enamorado de nadie, y las chicas con las que ha salido, tratado e intimado, aunque no han tenido relevancia en su vida si marcan una pauta importante entre nosotros…"

-"¿Cómo cuál? ¿El que tú seas lo que eres y él no? ¿Estás seguro?"- No quiso decirlo, pero pensó que la reacción actual después del resbalón entre los dos era suficiente para callarse hasta la tumba.

-"Marin, te agradezco mucho esta charla, pero… sinceramente no estoy seguro, y jamás he tenido la idea de proponerle que él y yo no tengamos este vínculo amistoso. Yo lo quiero, y sé que él siente lo mismo… aunque no de igual forma… Tal vez jamás pueda abrirle mi corazón por completo, y quizá me muera de celos cuando deba despedirme de él para que sea ella quien ocupe ese lugar en su cama; sin embargo… me alegrará estar ahí cuando se siente solo, o cuando el dolor de algo le pese demasiado. Prefiero mil veces tenerlo como el más valioso de mis amigos, antes que perder el lazo que nos ha unido desde aquella pelea en el campamento…"

-"¿Una pelea?"

-"Si, fue algo muy absurdo y difícil de creer en él… pero fue una pelea lo que nos permitió intimar hasta este punto."

-"¿Estás seguro de tu decisión? ¿Tienes idea de lo que sacrificarás si él se casa?"- Abrió los labios. Ella se acomodó en el suelo junto a él. –"Si ahora sientes deseo de besarlo y te contiene por tu amistad, o por ella, cuando esté casado lo harás por fuerza. Te conozco y sé lo correcto que eres. Tu fidelidad ante tu amigo y esa inmensa necesidad de hacer lo que sea con tal de no causarle problemas te hará morir de dolor… ¿Puedes contener tus sentimientos hasta la muerte?"

Se escucharon risas en la entrada. Camus entró del brazo de Artemisa, y Touma detrás de ellos.

-"Hola querida, ¿te sientes mejor?"- Le preguntó la chica.

-"Si, no te preocupes."

-"¿Estas segura? No quiero que se arruine el ensayo de…"

-"Marin no arruinará nada"- Intervino el taheño pelilargo, mirando con fiereza a la rubia. –"Mi hermana simplemente no se siente bien, ¿o qué quieres, que ella le ordene a su cuerpo como debe sólo para complacerte?"

-"No le hables así…"- Lo interrumpió el pelirrojo menor. Camus se volteó hacia él.

-"Tú no te metas. Es mi prometida y le hablo como se me da la gana. Deberías estar más alerta a Marin en vez de..."

-"¿Qué insinúas…?"

-"No supongo nada, Touma, lo estoy afirmando. No eres capaz de cuidar a nadie, ni siquiera a tu propia hermana…"

-"Basta, por favor."- Intervino Artemisa, colocándose en medio de los dos. Milo se puso en pie por si había que separarlos, aunque jamás llegaban a los golpes.

-"¿Tú que sabes de eso, señor perfecto? A ti lo único que te importa es tu propia persona y ese afeminado"- Miró al rubio con rencor.

-"¡A él no te atrevas a insultarlo! ¡Milo es mil veces más hombre que tú y yo juntos!"

-"¡Touma y Camus, ya basta!"- Gritó Marin por encima de los dos. Se puso en pie y el rubio griego la ayudó a hacerlo. –"No sé que pretenden con esos continuos enfrentamientos, pero ya me están cansando."

-"Pues yo no tengo porque soportarlo."- El pelirrojo pelilargo se dio la vuelta y se perdió en el pasillo.

-"¡Camus!"- Exclamó la chica rubia.

-"Hasta mañana."- Se oyó su voz en otra habitación. Milo se despidió de las jóvenes con una inclinación de cabeza y se dispuso a ir tras el galo, cuando la mano de Touma le impidió la retirada: Sus miradas chocaron como dos meteoros, pero ninguno se dijo nada. El rubio hizo un movimiento con el brazo y este lo soltó.

-"¿Por qué lo molestas?"

-"Por nada que te incumba hermana…"

-"Creo que yo voy a pedirles un té. A ti uno para los nervios…"- Se rió la rubia, pasándole el brazo por la espalda cuando se fue. La reacción de Touma no pasó desapercibida ante los ojos de Marin.

-"¿Aún guardas el anuario de Camus?"- Inquirió el muchacho.

-"Claro. El amor de vida se encuentra ahí…"

-"¿Crees que puedas prestármelo? Quisiera ver a alguien…"

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Camus estaba tan molesto por el enfrentamiento con Touma, que mientras iban en la limosina, de regreso al hotel, no se atrevió a dirigirle la palabra a Milo. Este lo miraba de tanto en tanto, sin conseguir que las pupilas del galo se fijaran en las suyas; lo que este ignoraba es que la confusión de su amigo se había hecho presente todo el día, y que mientras ensayaba el brindis y el momento de leer sus votos ante la joven Breuer, se había trabado más de una vez. Incluso tuvo el impulso de llamarle al celular.

No se dio cuenta de cuan importante era en su vida hasta ese momento en que se separaron por 'casualidad'. Ahora pensaba en lo que sentiría al momento de dar el 'si'.

Un suspiro del rubio lo sacó de sus cavilaciones, pero ya era tarde para reaccionar, pues la puerta de la limosina se abrió y los dos tuvieron que descender para perderse en el lobby del hotel. Llegando al elevador, el pelirrojo tuvo imágenes borrosas de la noche anterior mientras ascendían al piso de la habitación. Y tal y como lo había ignorado, Milo lo hizo y se dirigió hacia su habitación. Camus se quedó parado en la entrada, durativo. Al final se fue tras el rubio, quien en cuanto metió la llave y se metió en el cuarto, fue empujado hacia el interior.

-"¿Ahora qué?"- Inquirió al notar su presencia.

-"Necesito que hablemos…"

-"¿Ahora si? ¡Que lastima porque yo tengo sueño y…"- El pelirrojo dio un portazo, encerrándose de nuevo tal y cual lo había hecho anoche. –"Cam…"- Este lo tomó de nuevo por la nuca.

-"No puedo sacarte de mi cabeza… y te quiero tanto que…"- Milo ladeó la cara a cuestas.

-"No me vengas con el cuento de que ahora estas enamorado de mí…"- El galo lo soltó, y volvió a arrepentirse de no dejarse llevar por sus deseos más profundos.

-"Tú me conoces mejor que nadie. Yo nunca me he enamorado y no sé como sería si lo hiciera de ella, o de ti."- Las mejillas del griego ardieron.

-"¿La quieres?"- Inquirió con la esperanza de un no.

-"Tú sabes que si…"- Escuchó.

-"Caso resuelto…."- Le dio la espalda. Como reacción, el galo lo tomó por el brazo para no dejarlo ir. Lo jaló hacia así, virándolo para lograr un enfrentamiento entre sus pupilas.

-"Pero no de esa forma. Por favor, te lo pido… No hay persona más importante para mí que tú… tú que eres tan bueno, tan cálido… tan… ¿cómo puedo saber si te amo?"- Sus dedos delinearon aquellos labios que ya había besado, repasándolos una y otra vez con esmero. Su propia carne fue apresada con los dientes frontales, en tanto se veía atrapado bajo el magnetismo que las pupilas del rubio generaban sobre las suyas.

Entendía que lo quería, pero no sabía hasta que punto podría decirle que lo amaba. Estaba dispuesto a besarlo y a borrar su propio record establecido como el rompe almas, sin embargo, él le importaba tanto que no deseaba llegar a ese punto. No quería lastimarlo, pero moría porque le quitaran el velo sobre los ojos…

Ambos cerraron los ojos en cuanto un beso hizo acto de presencia entre los dos. Camus con sus manos en la nuca le impedía la retirada, mientras que Milo, extasiado y derrotado, lo abrazaba por debajo de la axila.

El celular del galo comenzó a sonar, rompiendo el momento. Sus labios temblaban y sus ojos titilaban con incertidumbre. Milo se hizo a un lado

-"Responde. Puede ser importante…"- le sugirió, agachando la frente. El taheño meneó la cabeza y la llamada se cortó. Quería besarlo otra vez… y lo haría, lo haría si el aparato de comunicación dejara de sonar.

-"Cuando termine, tú y yo hablaremos enserio."- El rubio, aunque intranquilo le hizo una seña afirmativa. –"¿Diga?... ¿Cómo?"- Se hizo a un lado y caminó hacia la puerta. –"Cálmate… Misa, calma… Si, estaba por irme a dormir…"- Era ella. Que precisión tenía para olfatear que su futuro con Camus estaba en peligro. –"¿Qué? ¿Cómo que un accidente?"- Milo se sorprendió. –"Voy para allá enseguida… Si, si sé donde es…"- Colgó. Los ojos de él y los del rubio se cruzaron. El pelirrojo no supo como hacerle, como decirle lo que estaba pasando.

-"¿Cam?"

-"Marin va camino al hospital…"- Fue lo único que dijo.