Hola! Perdon por tardar en actualizar... no he tenido un buen final e inicio de año 9.9... sin embargo, ya traigo aqui los dos ultimos capitulos esperando sea de su agrado. Gracias a quienes han leido este fic!
4.- Confesión entre copas
La conversación principal, seguramente, se basaba en la boda; sin embargo, Camus no tenía ningún interés en escuchar o ser participe de ella. Mientras Touma bebía café, Marin intentaba comer con el único brazo disponible, y Artemisa reía olvidando su elegancia; el mayor de los Delorme echaba fugaces miradas hacia el sitio donde un peliazul y un rubio conversaban, con la esperanza de que ÉL le regresara el contacto visual, y dejara de prestarle tanta atención a Kanon…
-"¿Camus, quieres una galleta de cacahuate?"- Le ofreció su hermano.
-"Gracias."- Divagó este, tomando una del plato de cerámica que le ofrecía. Artemisa se la quitó antes que Marin lo hiciera.
-"Muy gracioso, cariño."- Dijo, acariciándole la barbilla. El pelirrojo parpadeó.
-"¿Qué…?"
-"Tu alergia… ¿Recuerdas?... el cacahuate te hace daño…"- Explicó su hermana. Desaprobando con la mirada que Touma intentara matarlo.
-"Ah…"- Bajó la vista. Aún no había tocado su desayuno y tampoco sentía hambre. La rubia le tocó la frente, interrumpiendo sus pensamientos.
-"¿Te sientes bien?"
No. No estaba bien, y se sentía peor. Por dentro estaba furioso, y no dejaba de preguntarse cómo Kanon había pasado a formar parte de sus vidas otra vez. ¿Milo lo llamó? ¿Qué sucedía con el futuro que Camus estaba pensando formar con él?
Quizá el panorama no pintaba nítido si el galo no podía darle una clara respuesta a él, pero ¡de ahí a que permitiera que lo tocara tanto…! Francamente el taheño ya no podía contenerse tanto.
Se sentía como un volcán a punto de explotar, a pesar de que por fuera se viera distraído o inerte.
-"Necesito descansar."- Comentó al aire, retirándose la mano de Artemisa.
-"¿Demasiada actividad anoche?"- Inquirió su mordaz hermano.
Marin resopló, pero no dijo nada, a pesar de morirse por saber si lo de anoche significaba que se quedaba con ella o no…
-"En realidad, sí."- Respondió el mayor. Artemisa bajó la mirada y se sonrojó. No era típica su reacción. Touma enrojeció de rabia.
-"Camus…"- Murmuró su prometida como reprochándole el comentario.
-"Voy al hotel y luego… no sé…"
-"Disfruta tu último día de soltero."- Le sugirió Marin. Un escalofrío le recorrió la espalda. Podría ser el final de su relación con Milo, y este, estaba plácidamente hablando con Kanon como si no existiera nada más. Tomó una decisión:
Tenía que separarlos, detener el fin inminente de su relación con el griego, pues este no lo sabía, pero lo noche anterior ni siquiera había podido tocar a su prometida. El recuerdo de lo que sucedió entre ellos en esa habitación, le impidió ponerle una mano encima. La besó, fue cierto, pero todo culminó en un suave abrazo. Ni siquiera pasaron la noche juntos. Ella no lo amaba, y Camus sólo tenía cabeza para su amigo amante.
En el jardín, Kanon no le soltaba la mano a su ex novio mientras charlaban; el rubio se veía tan sereno y sonriente como si nada más sucediera; ni siquiera se podría decir que tuviera una pugna interna después del desamor experimentado.
-"¡No te creo!"- Exclamó Milo soltando una carcajada, que ni siquiera se molestó en opacar.
-"Es verdad, Saga se fue a España siguiendo a su en novio… No me preguntes como se llama porque no lo recuerdo, pero él se fue con un chico llamado Shura…"
-"Haber, ¿no sabes como se llama tu futuro cuñado, pero si recuerdas al otro?"
-"¿Celoso?"- Inquirió el mayor, besándole la mano, de una forma tan seductora que el rubio enrojeció.
-"Sabes que no… Me causa gracia y curiosidad…"- Sonrió, apenado.
-"Es que Shura y yo andábamos tras la misma persona en… ¿Suiza? Ni siquiera recuerdo como se llamaba ese tipo, pero tenía unos movimientos… ¡Ay!"- Milo le acababa de golpear el brazo, y este se daba suaves masajes.
-"Eres un sucio…"- Se cruzó de brazos y frunció los labios. Kanon sonrió, inclinándose y besándolo sin aviso.
-"Y tú me encantas."- Le dijo después del suave contacto. El menor suspiró.
-"Se lo dices a todo mundo."- Afirmó. No le importaba realmente, sólo adoraba aquella conversación que en nada le recordaba a su ex amigo.
-"No. Yo soy netamente honesto y digo lo que me viene a la cabeza. Tú me encantas, eres especial y lo sabes…"- Milo bajó la vista. Le hubiera gustado que esas palabras salieran de labios galos…
-"Y… ¿por qué crees que Saga se decidió por él al final?"- El mayor soltó una risita.
-"Supongo que se dio cuenta que nadie lo toleraba tanto como él, aunque, para su desgracia, su novio se dio cuenta de lo mismo con Shura… así que ya ves…"- Alzó los hombros. –"Es las cuestiones del corazón es muy difícil que la persona que amas te corresponda… ¿no lo crees?"- Otro suspiró abandonó los labios de Milo.
-"El amor es ciego."- Se miró las piernas. –"Supongo que es una discapacidad para algunos no saber amar…"- Si, pensó en Camus al pronunciar esas palabras, porque aunque le doliera reconocerlo, su amigo no estaba echo para sentir algo más que cariño. Kanon llamó su atención al jalarle la mano otra vez, llevársela a la mejilla, frotarla contra su piel y luego besarla.
-"¿Eso quiere decir que regresaremos?"- Le preguntó, sin soltarlo.
-"No lo sé…"- Frunció el entrecejo como si quisiera concentrarse. –"¿Por qué estas aquí?"
-"¡Me ofendes!"
-"No lo tomes a mal, Ka…"- Este rió. –"Eres cruel…"- Murmuró enojado. –"No lo dije por ser grosero, es sólo que…"- El mayor se recargó en la banca y miró al cielo.
-"Yo estaba en Londres. Vine a buscar trabajo, y en el hotel donde me hospedaba recibí una llamada. La recepcionista, a mi llegada, me dijo que el señor Delorme me solicitaba…"
-"¿Has dicho Delorme?"
-"Si, y me sorprendí tanto como tú."
-"¿Delorme? ¿Delorme? ¿Delorme?"- Milo no lo podía creer. Camus fue quien propició ese encuentro entre Kanon y él.
-"Si, y si no supiera que lo amas te diría que estas enamorado del dueño del apellido"- Bromeó Kanon, pero el menor no estaba para bromas.
-"Es un idiota…"- Murmuró el ojiazul apretando los puños. –"¿Qué pasó después?"
-"Ah… pues, te digo que la joven me dijo que el señor Delorme quería hablar conmigo, pero como a mí no me importaba en lo más mínimo tener noticias suyas, lo ignoré; por la mañana un auto me estuvo esperando cuando llegué al hotel y sin decirme nada más me hicieron subir a la limosina y me trajeron aquí…"- Le explicó, omitiendo el hecho de que Touma, el menor de los hermanos, le había dado las rosas que reposaban todavía tiradas en el suelo donde se encontraron, con el pretexto de que no podía volver a ver a su ex amor con las manos vacías.
Por eso Camus fue a buscarlo al hotel… No había más. Todo fue un placer astutamente planeado para que Kanon y él se quedaran juntos, y no siguiera siendo un obstáculo más en su matrimonio.
No podría explicar con nada como se sentía. Sus ojos tenían el impulso de desahogar el dolor del alma, pero estando frente a Kanon, en la mansión de su rival, a la vista de su asesino, no podría desbordarse.
El griego mayor lo observó en silencio. Le tomó las manos, se las besó, y se acercó para darle un beso en la comisura de los labios.
-"¡Milo!"- Aquella voz le revolvió el estómago. No quería verlo. No deseaba oírlo. Anhelaba con cada fibra de su cuerpo que se alejara o que pudiera olvidarse que él existía. Aprovechando la cercanía con su ex novio, lo tomó por las mejillas y e intentó perderse en un beso con él, porque si Camus quería ligarlo nuevamente en sus vidas le daría la razón. –"¡Dalaras!"- Gritó el galo, casi a punto de despegarlo del otro. El rubio se apartó y lo miró mustio, como si no supiera a que iba a interrupción.
-"¿Qué quieres? Estamos ocupados…"- Camus lo tomó por el brazo.
-"Que este quite su cara de a tuya…"- Kanon no se lo aguantó. Se puso de pie y tapó los rayos de sol que se reflejaban sobre el rostro del galo, pues era mucho más alto.
-"Mira Delorme, no estoy para aguantar tus…"- Milo le hizo una seña para que guardara silencio.
-"Camus, tú siempre hablas de los modales, cortesía y… buen comportamiento…"- Quiso ser diplomático a pesar de no tener ganas de ello, sin embargo, su amigo no estaba acostumbrado a sentir a ese nivel los celos, y tampoco tenía ganas de tragarse el gusto de golpear a Kanon por el simple placer de hacerlo…
-"¡No estoy para eso!"- Gritó. El peliazul se le puso al paso, como si este pretendiera irse sobre Milo.
-"¡No tienes porque ponerte así con él!... Yo lo amo, y estoy dispuesto a ofrecerle todo lo que tú no podrías… ¡Tendrás todo el dinero del mundo, pero lo único que haría feliz a tu supuesto mejor amigo, alguien más está por dárselo!"- Camus se quedó de piedra. Ni la misma medusa habría podido hacer un trabajo más perfecto en él.
Kanon tomó de la mano lo que acababa de ganar en batalla. El premio agachó la cabeza y se dejó guiar…
o.o.o.o.o
Ese gesto de sus labios y de su mano significaba un adiós, pero para el otro, a quien los días sin verlo le habían parecido una asesina espera, no lo aceptó. Se le fue encima sin decir nada más. Atrapó sus mejillas con las manos y los labios con un beso salvaje. El rubio al inicio no supo como responder, sin embargo, movió su propia boca al ritmo de la del otro, incluso lo abrazó pegando su cuerpo al del mayor.
Por esa noche se olvidaría de todo… Borraría de su cuerpo los besos y caricias de Camus, que al final de cuentas no tenían ya ningún sentido.
Abrieron la puerta introduciéndose en la habitación a tropezones. Kanon se fue retirando la playera mientras deslizaba los dedos por debajo de la ropa de Milo, a la par que este rompía su beso y le jadeaba en el oído…
Y de pronto, el mayor y él fueron empujados lejos. El rubio se golpeó la espalda contra la pared, mientras observaba que una sombra se abalanzaba sobre el otro y le propinaba un golpe en la mejilla que lo hacia caer. Milo reaccionó, y antes de que el pelirrojo volviera a agredir al peliazul, este ya se estaba dándole una bofetada a su amigo.
Todo se volvió muy confuso…
Un suspiro entrecortado salió de los labios de Camus, y sin voltear a ver a ninguno de los dos alzó la nariz y salió de la habitación cerrando la puerta de golpe.
La mano del rubio ardía. Se puso de rodillas frente a Kanon, dándole besitos en la mejilla y en la frente, antes de romper a llorar…
Su acompañante lo abrazó, pero no supo que decir. Por una parte se sentía como tonto al haber empezado aquella escena cuando sabía no listo al menor. En un lado posterior de su cabeza reposaba la idea de que el galo había actuado siendo marioneta de sus celos…
Colocó la mano en la cabellera de Milo, seguramente para hacerlo sentir mejor. Alzó la cabeza y descubrió sobre la cama tendida, una rosa roja. Su corazón trató de hacer oídos sordos a las explicaciones que la cabeza le estaba dando.
-"Creo que ustedes dos tendrían que hablar seriamente…"- El rubio levantó la vista.
-"No puedo hablar con un cavernícola…"ñó. Con el dorso de la mano se limpió los rastros de lágrimas que aún le corrían por la cara.
-"Pues detrás de él tendrás que buscar a tu amigo, porque las cosas entre ustedes no se pueden quedar así…"- Milo se levantó del suelo.
-"No entiendo porque todos quieren meterse en nuestros asuntos. Cada persona que sabe lo que siento por ese hombre tratan de decirme que le diga, que le explique, que lo escuche… ¡Pero ninguno se da cuenta el trabajo tan doloroso que es para mí aceptar que jamás me querrá como yo a él!"
-"¿Y si te equivocas?"- Kanon se apoyó en la pared y también se levantó. –"Camus no reaccionaría así por nada. ¿Lo has visto ponerse así por la dichosa Breuer? Según lo que yo he notado, su hermanito y ella son muy unidos, pero a él no parece importarle…"
-"¡Ja!"- Exclamó, dándole la espalda y cruzándose de brazos. –"Tal vez porque no se ha dado cuenta que Touma está enamorado de ella, pero si lo supiera estoy seguro que haría todo lo posible por separarlos. A mí sólo me cela por la gran admiración que siento hacia su persona… o al menos eso es lo que él piensa. Teme que alguien más le robe mi atención a su gran ego…"
-"Entonces, ¿por qué esto?"- Tomó de la cama el presente que Camus trajo consigo y que no consiguió entregarle. Lo agarró con los dedos y se lo puso enfrente.
Milo la miró. Una voz le afloró en la cabeza.
-"Me gustan las rosas roja aunque siempre actúo como si realmente no me importaran… Quizá algún día tenga suerte y una persona especial me de una…"
-"Manipulador…"- Murmuró el rubio, pero no la desechó. La tomó y la olió.
-"Creí que no eran de tu agrado."- Le comentó el mayor al ver su reacción.
-"Yo también… pero se la pedí… No de una forma directa…"- Se fue hacia la cama y se sentó. Al estirar el brazo para apoyarse sus dedos tocaron un pedazo de papel: una tarjeta pequeña. Al desdoblarla el corazón le dio un vuelco, aunque luego dejó ambos presentes en la cama, y apoyando los brazos en la cabeza intentó pensar. El peliazul se sentó con él y desdobló el mensaje:
'Por favor no temas.
Danos una oportunidad…'
o.o.o.o.o
Ni siquiera tenía sueño. Notó que ya pasaban de las dos de la mañana, pero él no podía acostarse; y es que, en aquella cama, se dio todo entre ellos…. Debió beber un `poco, perder su cordura, para tomar el valor necesario que le ayudara a aceptar que era gay. No se imaginaba los comentarios que antes elogiaban su nombre refiriéndose a él como un afeminado. Por Milo, esas opiniones no le hubieran importado.
Se puso en cuclillas junto a la pared de la esquina, resbalándose hasta quedar sentado en el piso con la cabeza entre las piernas, cubierta por sus brazos.
No supo cuando tiempo había pasado en el momento que escuchó que la puerta daba un clic y se abría. Al levantar la vista encontró que Milo estaba ahí, con la rosa que le dejó en la cama y la nota; pero no estaba feliz, se le notaba contrariado. Parecía que tampoco había dormido y vestía una bata al igual que él.
Camus se levantó de un brincó
-"¡No quiero verte!"- Bramó. La voz se le rompió.
-"¡Ni yo a ti!"- Gritó el rubio fuera de sí. –"¡Vengo a entregarte esto!"- Sin decir más le arrojó sus cosas. Al principio el galo se quedó de piedra, enseguida lo empujó contra la puerta, pero no hizo más. No podía hablar. Las palabras se le atoraban en la garganta imposibilitándolo no sólo el sentido, sino la respiración. No quería tocar la cama, así que se fue a la ventana y ahí se quedó. Milo se vio tentado a irse, pero no era suficiente sólo haber recibido aquella muestra de molestia. –"¿Qué quieres de mi?"
-"Nada."- Tajó el otro. Intentaba ignorarle, mas no podía.
-"¿Para qué me dejaste esa estúpida nota?"
-"Quería que habláramos… quería decir que… ¡Qué te importa!"- A pesar de estar furioso, su corazón dio un vuelco y su cara adquirió un tono rojizo que en nada tenía que ver con su enojo. El griego, más que curiosidad, tenía sed de su amor.
-"No pasó nada… Kanon y yo…"- La mirada fría del galo lo calló.
-"Querías vengarte, querías lastimarme… Está hecho Milo, ahora déjame… mañana me caso y tengo que descansar…"
-"¡AH! ¡Tú si tienes todo el derecho de estar molesto y de disponer de todo cuanto pasa, pero a ti no te importa como me sienta yo!"
-"¡Si no me importara no habría intentando decirte todo el día que no la quiero, tú lo sabes!"
-"¿Por qué la trajiste aquí? ¿Te divertiste? ¿En nueve meses esperaremos al futuro heredero?"- El galo se despegó de la ventana.
-"¡Cállate! Te dije que no pasó nada… ¿No lo entiendes?"- Enfrentó sus pupilas a las brillantes de Milo. –"Lo intenté, quería que algo pasará entre nosotros… quería borrarle esa sonrisa socarrona a Touma, pero no pude tocarla… ni siquiera la abracé… ¿Tienes idea de lo que es estar con alguien a quien no deseas ni un poco?"- El rubio se quedó sorprendido.
-"… pero… tú y ella han tenido intimidad antes…"
-"Lo sé idiota, no me lo tienes que decir."- Enrojeció, movido por un recuerdo. –"Yo sólo pensaba en nuestra noche…"
-"Aquél día bebimos mucho."
-"Si… Sé que bebimos hasta perder el juicio, pero recuérdalo: yo quería algo diferente."- Se acercó al rubio y lo miró fijamente. Milo sonrió a medias… Creyó que sólo era un mal chiste…
-.- Flash Back -.-
Camus caminó a tientas, guiado solamente por la mano de su rubio amigo, quien le vendó los ojos. No tenía idea de a donde se dirigían, pero desde que abandonaron la habitación del hotel y subieron al auto, el griego había jugado con sus sentidos, llevándolo a ciegas hasta donde le daría una sorpresa…
El galo confiaba él. Lo hacía con los ojos cerrados.
Se detuvieron, y por fin el rubio le quitó la venda.
-"¡Bienvenido a tu despedida de soltero!"- Exclamó, abriendo los brazos. El pelirrojo comprobó que seguían en el hotel. Seguramente el otro lo había hecho para despistarlo, y él no le arruinaría el momento.
-"Muchas gracias, no tenías que…."- El rubio le pegó afectuosamente en la espalda.
-"Eres mi mejor amigo y pasado mañana pasas a ser un muerto más para la sociedad… ¡Oigan, mi amigo sale del mercado mañana!"- Gritó para que el resto de los clientes del bar se enteraran. Camus se sintió apenado. Siempre lo estaba cuando se trataba de Milo.
-"No hagas eso…"- Le tomó el brazo y se lo llevó a la barra. El ojiazul se dirigió hacia el encargado
-"Usted sabe."- Dijo. Su amigo se quedó sorprendido, pero lo dejó actuar. No sabía en que podía volver a tener un instante así cuando se casara. Se sentó a su lado y espero: el barman le sirvió lo que al griego tanto le gustaba beber. -"Brindemos por…"- Elevó su copa mientras pensaba en un buen pretexto. Los tenía se sobra, mas, algunos no podía decirlos en voz alta.
-"¿Qué tal por el mejor padrino del mundo?"- Ofreció el galo. Se sentía fascinado con Milo.
-"je, je, ese soy yo"
-"¡Salud!"- Dijeron al mismo tiempo.
-"Y dime, Camus, ¿qué se siente saber que mañana irás a la ahorca?"
-"¿Por qué lo dices así? No amo a Artemisa, pero es una maravillosa mujer. Sé que será una esposa excepcional y una buena madre…"
-"Bien, pero yo sigo pensando que si discuten cada dos por tres y que no sientes por ella más que aprecio, no estaría bien unir tu vida a la suya… ¿Qué pasa si conoces al amor de tu vida ya casado? Podría pasar esta noche…"- Deseaba que fuera con él. No lo diría de esa forma tan abierta. El galo lo observó.
-"¿Me ayudarías a encontrarlo?"
-"Claro, aunque dudo que tengamos los mismos gustos…"- Le puso la mano en la pierna. Camus le sonrió, sin siquiera molestarse en quitarse aquella extremidad.
-"Quisiera probar algo diferente…"- Colocó la mano encima de la de su amigo. –"¿Te animarías a ayudarme?"- Acercó su rostro un tanto.
-"¡Qué cosas dices!"- Exclamó el otro sonrojado. Se alejó un poco y se dedicó a comer cacahuates de un plato. El galo suspiró y lo miró con interés.
-"¿Cómo sabes si estas enamorado de alguien?"- Milo comenzó a toser. Su amigo le pegó en la espalda para ayudarlo y le ofreció de su propia bebida.
-"¡Ahg! ¡Vodka!"- Con los dedos se pegó en la lengua como si así pudiera quitarse el mal sabor. Camus comenzó a reírse. Se divertía tanto con él… –"No tiene ni pizca de gracia… Sabes que lo odio…"- Murmuró entre molesto y contagiado por los sonidos que su amigo producía.
-"Lo siento, Milo. Estabas ahogándote y no me iba a arriesgar a perderte…"- Ambos se miraron a los ojos. –"Hemos estado juntos casi toda nuestra vida… me sería imposible apartarme de ti… Ya estoy considerando no irme tanto tiempo de Luna de miel…"
-"ah… eh… por mi no te detengas…"- Rió nervioso. –"Si yo fuera tu… pareja o lo que sea, no me gustaría que me cambiaras por tu mejor amigo…"
-"Entonces no me amas lo suficiente…"- Milo se puso rojo de golpe.
-"¿¡Qué?"- ¿Se había dado cuenta? Camus sonrió, suavemente avergonzado.
-"En tu ejemplo, si fueras mi pareja y me restringieras ver a la única persona que quiero más que a cualquier otra no me amarías lo suficiente. No sé que es el amor, pero sé que no implica convertirse en el carcelero del otro."- Si no estuviera a punto de casarse ya lo habría besado.
Desde que se supo enamorado de él jamás había experimentado ese deseo con tal intensidad, no obstante aquella noche sentía que sería difícil reprimirlo.
-"Brindo por eso"- Le dijo, como para sacarse la idea de la cabeza, sin saber que aquella conversación sería el preámbulo de todo.
-.- End of Flash Back -.-
-"Jamás he querido lastimarte, y no te voy a decir esta noche que te amo porque no estoy seguro de qué sea, pero te quiero, te quiero y sé que no deseo estar con nadie más…"- Milo entreabrió los labios para decir todo lo que le estaba viniendo a la cabeza; sin embargo, no se atrevió porque no sabía por donde debía comenzar. Caminó hasta el pelirrojo, le tomó la cara con ambas manos y lo besó, porque lo amaba, porque realmente quería darle la oportunidad de demostrárselo. El otro correspondió su gesto, primero tímido, después ansioso. Colocó las manos en su bata, le retiró la cinta y esta cayó al suelo. Le besó el cuello, el pecho, los pezones; el rubio lo detuvo, lo abrazó y se lo llevó a la cama…
