Mi último capítulo! T_T… no fue un buen fic, pero ame escribirlo porque tenía ganas :D… Agradezco mucho el apoyo de todas ustedes, pero muy en particular de Neomina, Dafne (que tengas suerte donde estes!) y Hator, a quienes dedico mi último cap.
Entre copas
5.- La boda
En cuanto vio la pulsera supo que la quería, a pesar de que estaba tejida y que no demostraba su alto estatus -como dirían algunos-. Un peso sobre sus hombros le hizo voltear hacia un lado: con las mejillas suavemente sonrojadas, descubrió que era Camus quien le había abrazado. Tan natural, como el amigo que sabía ser…
Tomó la mano de Milo para observar mejor, lo que reposaba en su palma. El rubio experimentó un hormigueo que le bajó por todo el cuerpo.
-"Es muy bonita."- Dijo, sonriendo, admirando los diseños que traía el bordado.
-"¿Te parece?"- El galo asintió.
-"A mí también…"
-"Deberías comprarla… No, yo debería obsequiártela…"- Hizo un ademán de llevarse la mano al bolsillo, seguramente para sacar su cartera.
-"No, no, no, no, no… Esta bien, Camus, no la quiero…"- Sonrió nervioso, mientras hacia un movimiento para dejarla donde estaba…
-"¿No? Pero si la has estado viéndola mucho rato…"
-"S-si, pero… aunque yo sea gay no sería muy propio vestir cosas de mujeres… ¿Entiendes?"
-"¡Qué tontería!"- Exclamó el taheño. Sacó un billete, se lo dio a la señora y tomó dos pulseras. –"Así esta bien…"- Le dijo para que no le regresara cambio. Tomó la mano de su amigo, le puso la que era suya y luego se vistió la otra. –"¿Lo ves?"- Sonrió, mostrándole su propia muñeca para que notara lo bien que lucía. Enseguida le pasó a un lado y continuó observando el resto de las cosas, en el bazar…
Milo ya lo quería, pero en aquél momento se dio cuenta que difícilmente podría olvidarse de ese sentimiento, si Camus continuaba teniendo detalles como esos...
Al pasar los años creyó que todo terminaría una vez que él se casara, sin embargo, una esperanza se había clavado en su corazón la noche anterior: él y el galo habían pasado su primera noche lúcidos, intentando construir algo que sobrepasaba su amistad. Con eso, todo pintaba para decir que al final se quedaría a su lado…
Cuando abrió los ojos el taheño no estaba en la cama, ni siquiera en la habitación. Intentó pensar el lugar al que este se abría dirigido, pero para la hora que era sólo había una explicación a su desaparición…
o.o.o.o.o
Frente al espejo, vestido con su traje negro, se acomodó la corbata. Su cabello largo y rojizo le bañaba los hombros y se le iba hacia la cara constantemente, así que pensó que sería prudente –y elegante- amarrarlo con alguna liga o lo que fuera. Un jarrón con flores se cayó detrás de él.
-"Touma…."
-"¿Qué? Mis dedos son mantequilla"- Se excusó alzando los hombros e intentando meter a los culpables, en los guantes blancos que traía. Camus suspiró, sonrió y se dirigió hacia donde estaba.
-"El que debería estar nervioso soy yo, no tú."
-"No me hables así don perfección…"- El mayor le quitó los guantes y se los dio en la dirección correcta.
-"¿Hasta cuando dejarás esta rivalidad?"
-"Lo siento, Camus. Es la costumbre…"- Sonrió nervios y se fue al espejo. –"¿Así estoy bien?"- Su familiar lo contempló.
-"Creo que nos hace falta algo…"- Se fue hasta donde estaba la mochila en la que traía sus cosas y sacó una pequeña cajita. Se arremangó las mangas de la camisa y se fue hasta el menor, quien observó la descolorida pulsera que tanto había molestado a Misa cuando la compró.
-"¿Aún llevas eso?"- Preguntó en un reclamo.
-"No. Esta mañana me la volví a poner. Antes no la traía porque no quería que se siguiera desgastando, pero me di cuenta que lo importante no era el objeto, si no lo que ella representa…"- El otro lo miró sin entender.
-"¿Qué?"
-"Nada…"- Volvió a sonreír, pero esta vez suavemente sonrojado.
o.o.o.o.o
No estaba dispuesto a que Camus se siguiera burlando de sus sentimientos. Bajó del taxi y caminó con Kanon -detrás de él-, entre la gente que llegaba a la boda, dirigiéndose al jardín, para irse ellos hacia el lado contrario, directo a la mansión. Los del banquete también estaban llegando con la comida y el pastel. Subió las escaleras y se fue hasta el sitio donde su ex amigo estaría preparándose para el evento…
-"¡Milo!"- Exclamó una voz femenina a su espalda. Este no supo si voltearse y atenderla o ignorarla y seguir su camino; después de todo, el tiempo apremiaba.
-"Señorita Marin, buenos días…"- La saludó sin voltear a verla.
-"Hola, Kanon."- Le dijo al peliazul. –"Milo ¿aún no te has vestido? La boda será en…"- El primero tomó la palabra.
-"Perdone señora, pero no creo que sea un buen momento para…"- Ella ignoró.
-"Ay… lo siento, es que no puedo contenerme… ¡Estoy embarazada!"
-"¿Qué?"- El rubio se frenó: no sabía si sentirse feliz o decirle que su hermano era un… poca cosa.
-"¡El doctor me llamó hace un par de horas y me lo dijo! Y no es todo, ¡Aioria vino desde Bracil para estar conmigo! En este momento está diciéndole a todo el que conoce que será padre… ¡AY, LO AMO!"- Milo le apretó las manos y se deshizo del agarre impuesto por la mujer.
-"Señorita Marin, me da mucho gusto por usted, realmente si… pero… quisiera hablar con Camus en este momento… Es urgente."
-"¡Oh…!"- La pelirroja sonrió. –"Entiendo cariño. Pasa por favor."- Se quitó del camino y los dejó avanzar, así, tanto Kanon como el rubio se dirigieron hacia la habitación dispuesta para que el novio se cambiara.
En cuanto entraron notaron que Camus estaba de frente al espejo, ya listo, ultimando los detalles en su aspecto. Cuando los vio se sorprendió, pero sonrió a modo de bienvenida mientras movía los labios para decir algo y se les acercaba: fue Kanon el primero en entrar en la habitación e írsele encima. La mejilla derecha del galo recibió el impacto, derribándolo; su atacante no espero para darle otro…
-"¿¡Qué pasa?"- Gritó Touma, entre asustado y confundido. Ninguno de los dos le respondió. Milo frenó a su acompañante y levantó a su ex amigo del cuello de la camisa, a punto de tirarle un golpe también, hasta que el otro Delorme lo detuvo tirándole de la sudadera.
-"¡Suéltame!"- Le gritó, jalonándose la ropa.
-"¿Cómo se atreven a venir a hacer un alborto?"- Milo pro fin se dio cuenta que Touma estaba defendiendo a su hermano. Algo demasiado bizarro para ser real. –"¿Qué te crees mujercita?"
-"¡Óyeme tú, hijo de…!"- Fue Kanon quien se abalanzó sobre el menor de los hermanos.
-"¡Basta!"- Exclamó Camus poniéndose de pie. –"No le hagas daño… ¿A qué viene tanta provocación?"- Sentía el labio partido, pero no quiso limpiarse con la manga de la camisa; tampoco se movió. A Milo el corazón se le hizo de tripas al verlo así. Sus reclamos se esfumaron.
-"¿Qué crees que eres tú Delorme? ¿Crees que puedes ir por aquí y por allá jugando con las mujeres y con Milo como si fueran cualquier cosa?"- Habló Kanon, soltando a Touma para dirigirse hacia el hermano mayor, quien no le prestó atención, sólo se dedicó a mirar al rubio.
-"No quise despertarte…"- Su familiar hizo una mueca. No se acostumbraba a la idea de que esos dos… durmieran juntos. –"Tenía algunos asuntos que arreglar."
-"Si vas a casarte no quiero volver a saber de ti… Te amo, pero esto es…"
-"Yo me voy a casar, rarito… Camus habló con Artemisa y conmigo esta mañana…"- Intervino Touma. A pesar del insulto ni Kanon ni Milo pudieron reaccionar ante aquella confesión. Ahora el griego entendía porque tanta devoción hacia su familiar. El hermano mayor exhaló.
-"Siento el mal rato que te hice pasar…"- A pesar de todo se disculpaba con el rubio. Sonrió a medias. Se veía tan extraño formando ese gesto con la sangre todavía en su labio. Su amigo no pudo evitar sentirse mal. Touma tomó un pedazo de papel y se lo dio. Milo no dudo en aceptarlo y acercarse a Camus para limpiarle el líquido carmesí. Las marcas que le quedaron en el rostro no ayudaron a consolarlo. Y aunque dolía, el galo se dejó acariciar. Enseguida le tomó las manos y se las besó. Coronó su gesto al abrazarlo. El hermano menor rodó los ojos y les dio la espalda: acostumbrarse a notar las muestras de afecto de su familiar sería extraño, pero mucho más ver que las hiciera a otro hombre, a la única persona que amaba.
-.- Flash Back -.-
Cuando el pelirrojo llegó a la mansión Breuer se dirigió hacia el jardín, donde encontró tanto a su prometido como a su hermano parados uno delante del otro. Ella lloraba. Él tenía la vista perdida en el pasto. A juzgar por el cuadro parecía que habían discutido, y que ahora estaban despidiéndose.
No quiso interrumpirlos, pero supo que para los dos era un momento difícil. Quizá el último en que podrían estar juntos. Contemplándolos, se vio a sí mismo y a Milo en aquella posición.
Camus recordaba que la noche que Marin fue al hospital Touma le reveló que estaba enamorado de Artemisa, y que ese misma noche ella le había dicho que lo quería, pero que no sabría decirle si lo amaba o no…
-"¿Qué serías capaz de hacer para que no se casara conmigo?"- Oír su voz los sorprendió. Ella se limpió las lágrimas e intentó sonreírle, pero no lo hizo. Su hermano apretó los dientes y emprendió la retirada de una forma tan cobarde, que Camus deseó no ponerle las cosas tan fáciles. –"¿Eso es todo? ¿Ni siquiera intentarás pelear conmigo?"
-"Camus, por favor…"- Rogó ella. Se le acercó y le tomó los hombros. Su hermano se frenó, pero no lo miró.
-"¿Para qué? Tú y ella deben casarse, ese fue el acuerdo…"- Camus lanzó una exclamación sarcástica.
-"¡Ja! El acuerdo… No me importa."- Touma viró hacia él. –"El convenio entre las familias no especifica cual de los Delorme debe desposar a Artemisa Breuer. Mi nombre no aparece en ningún lado."- El menor frunció el ceño.
-"¿Dejarías la compañía y tu posición por un capricho?"- Camus arqueó una deja.
-"¿Un capricho? ¿No me dijiste que la amabas?"- El color a la cara del menor subió de golpe.
-"La-la amo, pero…"- El mayor lo ignoró. Tomó las manos de su prometida y se las apretó suavemente.
-"¿Lo amas?"- Ella lo miró a los ojos. Volteó hacia atrás y le sonrió a Touma.
-"S-si… si…"- Pareció darse cuenta que era una falta hacia su prometido, porque enseguida volteó a verlo a él. –"Lo siento, Camus…"- Este meneó la cabeza. Tiró suavemente de ella para llevársela a su hermano, tomarle también la mano, y unirlas.
-"Entonces está decidido. Ambas familias cumplirán el acuerdo y yo estaré con la única persona que quiero…" – Sonrió ampliamente, incluso la mirada le brilló. La cara de Touma no tuvo precio. -"… No me miren así. Los dos lo sabían… Por eso tú trajiste a Kanon, ¿o no?"- Se cruzó de brazos. El menor asintió mientras abrazaba a su futura esposa.
-"Oye, si yo perdía algo importante para mí, lo justo era pagarte de la misma forma."- Artemisa rió.
-"Y te lo agradezco, Touma. Sin ti, hoy Milo y yo nos separaríamos para siempre…"
-.- End of Flash Back -.-
-"¡Tú eres el señor Delorme?"- Inquirió Kanon, indignado y molesto. Milo, aún en los brazos de su amado, cerró los ojos con alivio.
Y pensar que había creído que Camus lo trajo para que no se quedara solo… Tan sólo para acentuarle que si iba a casarse.
-"Podría demandarte por secuestro, ¿Sabes?"- Escuchó que el peliazul continuaba peleando con su 'cuñado'..
-"Como si no te hubiera hecho un favor."- Respondió el otro, cruzándose de brazos despreocupadamente. Kanon reconocía que tenía razón, pero no lo diría en voz alta. –"Por cierto… Quiero que le lleves a mi nueva secretaria una solicitud de empleo y tus documentos el lunes por la mañana… ¡Ah! Y no acepto holgazanes."- Acotó, antes de que el otro respondiera cualquier cosa.
Camus rompió su abrazo con Milo para mirar a su hermano y sonreírle, como aprobando lo que acababa de hacer.
Después de todo, Touma no era tan malo como pensaba… (1)
o.o.o.o.o
Artemisa Breuer llevaba un vestido de novia blanco, escotado por la espalda y el pecho, con la falda en forma de cola de sirena; su cabello estaba recogido por detrás, y tenia un tocado de rosas blancas y rojas; su ramo de rosas naturales color durazno, tenía perlas incrustadas en el centro de las flores. Ella llegó al centro del altar, escoltada por Camus Delorme. La sorpresa en los invitados fue enorme cuando simplemente la dejó ahí, y Touma, quien iba tras de ellos, se situó a su lado. Marin no podía entender lo que pasaba –porque nadie se tomó la molestia de comunicárselo- y tampoco ayudó en mucho que Aioria hiciera preguntas cada dos por tres, acerca de lo que pasaba…
El mayor de los pelirrojos se convirtió en el padrino, y Milo, situado a su lado, el que le pasaba los anillos.
Al finalizar el evento todos continuaban sumergidos en el silencio, hasta que Camus se acercó a los novios y los felicitó, abrazando fervorosamente a su hermano y dándole un beso en la mejilla a Artemisa; el resto de los presentes hicieron lo mismo. El rubio, un poco intimidado, se acercó a la pareja aunque fuera para decirles palabras de ánimo, pues no sabía como ellos lo recibirían; pero su sorpresa fue abrupta cuando la rubia le sonrió, y lo abrazó como si de los mejores amigos se tratasen.
-"Espero que Camus y tú sean tan felices como seguro lo seremos nosotros…"- Deseó. Él sonrió agradecido mientras correspondía su gesto. Tomaba sus palabras sinceras, porque a pesar de ser 'rivales', ella jamás se mostró grosera.
Al momento, un pensamiento inundó su mente.
-"Señorita Artemisa, perdone… ¿Podría hacerle una pregunta un poco indiscreta?"- Ella no rompió el contacto.
-"Claro."
-"Ayer usted estaba muy feliz después de llegar del hotel…"
-"¡Ah! Eso fue porque Touma me hizo una bonita escena de celos cuando llegué a la mansión…"- Soltó una carcajada. Dejó de abrazarlo, le tomó las manos y sin parar de sonreír, agregó: -"Camus siempre te ha querido, y yo sé que no hay nadie mejor para él, que tú. Si algún día necesitas hablar, un consejo… o cualquier cosa… no olvides que tenemos algo en común."- Guiñó el ojo. El otro asintió y correspondió su gesto. Lo soltó y se volvió a saludar a los demás invitados.
Ahora solamente restaba el menor de los Delorme. Milo tragó saliva mientras pensaba que decir. Obviamente el recién casado no desearía ninguna palabra como signo de aceptación o felicitación; no obstante, la mano extendida del pelirrojo sobrepasó sus expectativas. El rubio la apretó.
-"Muchas felicidades…"
-"Gracias, cu-cuñado..."- En sus labios también apareció una sonrisa. –"No será fácil aceptarlo Milo, pero desde ya te doy la bienvenida a la familia. Siempre supe que acabarías metido en ella… Sólo espero que demoren un poco para que me haga a la idea de lo suyo, antes de que decidan casarse también."- El rubio no supo si eso era una broma, pero a juzgar por su carácter y expresión, algo le decía que hablaba más enserio que nunca. No le respondió. El otro aprovechó para darle un abrazo con suaves palmadas en la espalda, antes de dejarle y saludar a otras personas.
Milo se apartó entre apenado, sorprendido y confundido. Cómo una boda podría haber cambiado tanto su vida… ¡Y él ni siquiera era el novio!
Camus le asió la mano. Los ojos del rubio enfocaron esas pupilas caobas que tantas veces lo habían hecho suspirar. Una seña con la cabeza le hizo saber que deseaba que lo siguiera. Se movieron lejos del bullicio de los invitados, apartándose hacia los rosales donde nadie podía verlos. Lo besó al llegar, sin decir nada, abrazándolo, acariciándole la piel del rostro con la fineza de sus dedos…
-"Te quiero…"- Le dijo, besándole las mejillas y apoyando por último la barbilla en el hombro. El rubio sintió la sangre en el rostro. Sonrió.
-"Esto me suena a una de tus travesuras…"- Bromeó. Camus se apartó para mirarle a los ojos.
-"Quizá quiera cometer una…"- Susurró. El color en ambos subió.
-"¿Qué tienes en mente?"- Sin responder nada, lo acorraló contra los arcos de rosas, apresó sus labios con un beso fogoso y mientras lo mordía agregó
-"Te lo voy a mostrar…"- Y sin decir más, se lo llevó del brazo…
… FIN…
No sé si alguien lo recuerda, pero la razón por la que Kanon estaba en Londres era porque estaba buscando empleo, y con esa línea Touma lo estaba contratando aunque este no hubiera ido a pedirle trabajo a él. Suena confuso o.o… pero me encantó lo del secuestro XD (lo menciono en el anterior por si alguien no recuerda)
Gracias de nuevo por leer!
