Esto salió en un momento de añoranza hacia el hogar, cuando por la distancia se tiene que decir adiós. Ojalá sea temporalmente.
Como siempre, nada mío.
Hogar.
Simplemente eso. Quizás el olor a comida caliente por las tardes, al llegar cansado de terminar alguna de las reparaciones pendientes. Lista interminable de cosas que quedaban por hacer...sin alquimia, pero extrañamente placenteras. Sí, probablemente era ese aroma que escapaba de la cocina, mientras se sentaba unos minutos en el sofá y esperaba, no tan pacientemente, que pudieran comenzar a comer.
También estaba el hecho de sentir esa cama mullida y suave bajo su cuerpo, con cobijas cálidas que siempre terminaban en el piso, por alguna extraña razón que no podía comprender. Era el poder abrir ligeramente la ventana y escuchar los ruidos que la noche ofrecía, al tiempo que el sueño ganaba la batalla a sus pensamientos. Las sábanas rozando su espalda hasta perderse entre sus manos.
O despertar sin necesidad de recordar donde estaba o que misión tenía pendiente. Era escuchar su voz, casi gritándole, a un palmo de distancia. Molesta, pero agradable. Masoquistamente agradable, diría él. Era el poder estirarse con calma relativa, dejarse llevar por comentarios absurdos y hundirse, tranquilamente, bajo el chorro tibio de agua.
Sí. Podría ser eso. O todo junto, incluso. El ver crecer y reponerse a su hermano, riendo ante esa mirada que parecía asombrada ante todo, como descubriéndolo nuevamente. Mirada asombrosamente ámbar, igual que la propia. Y crecer. Un par de centímetros, luego más. Incluso más que ella, acoplándose perfectamente al tacto.
Era, quizás eso y más. Era el aspirar el molesto olor de la pipa de Pinako por las tardes, rodeado de rondanas, tuercas y llaves de variados tamaños. Metal, aceite y tabaco. Junto todo, frente al oberol desabrochado de la rubia. Y miradas de desaprobación por parte de la abuela.
Sí. Poder caminar junto a Dan, demasiado viejo ya para correr. Saludar a un par de conocidos y regresar por ese sendero hacia el taller. Esperando poder percibir el olor a tabaco, mezclado con su olor a miel. A inocencia y promesas.
Los libros, descansando en la repisa. La ropa, colgada en la parte trasera del jardín. Los tornillos, esperando ser colocados y la sopa sobre la mesa, despidiendo esa calidez que sólo siente al recibir un comentario agudo de la abuela, o la mano de ella...acoplándose a la de él.
Y eso, que muchos llaman casa. Hogar, para Ed.
o.O.o.O.o
Creo que es lo más corto que he escrito en bastante tiempo. Espero les haya gustado.
Cualquier cosa, ya saben, dejen un review.
Saludos! =)
