La cafetera emanaba un suave aroma a café recién hecho. El ambiente estaba muy bien calefaccionado, lo que ofrecía un reconfortante abrigo al que venía de la intemperie de la granja. El sol se colaba por todas las ventanas de la casa, lo que otorgaba una mayor calidez.
Chloe – "Pasa y sírvete café, en unos minutos estoy contigo". Si, claro ¡como si tuviéramos todo el tiempo del mundo! – protestaba para sí misma al tiempo que tomaba de la alacena una taza grande de color amarillo – Espero que te apures – le amenazó mientras lo observaba por la ventana de la cocina.
Se sirvió café y se dirigió a una de las banquetas de la mesada, la que tenía mejor ángulo hacia la ventana. Clark le dijo que no demoraría más de diez minutos, pero se le antojaban eternos. La ansiedad que sentía hacía que el tiempo se distorsionara en sus pensamientos y la pusiera más nerviosa. Seguirle cada uno de los pasos a través de la ventana, le brindaba una falsa tranquilidad, pero por lo menos la distraía en la espera.
Clark iba y venía del granero llevando de a dos por vez unos grandes fardos rectangulares de pasturas secas, para cargarlos en la parte trasera de la camioneta del Sr. Willson, su viejo vecino. Hacía una actuación excelente al mostrar un esfuerzo que en realidad no realizaba. Chloe se sonreía ante esta situación, recordando las veces que él había hecho lo mismo con ella, hasta que descubriera su secreto.
Consultó la hora en su reloj pulsera. No fue una buena idea. Ya era las tres de la tarde lo que le indicaba que les quedaban menos de tres horas de luz solar y necesitaba ir a esos lugares para comprobar con sus propios ojos si la criatura a la que investigaban había dejado algún rastro. La inquietaban las últimas novedades que había encontrado. Desgraciadamente Clark había acertado en su corazonada y no le gustaba para nada.
Frotó la taza suavemente con ambas manos, tratando de robarle algo de calor para entibiarse los dedos.
Chloe - ¡Vamos Clark! ¡Apúrate! – se dijo nuevamente, en un dejo de nerviosismo. Clark giró su rostro hacia la ventana de la casa y le brindó una sonrisa por unos segundos, antes de seguir con su tarea. La había escuchado.
Chloe volvió su mirada a la taza de café que tenía entre las manos. Debía tranquilizarse, tenía todo listo y planeado. Nos les tomaría mucho tiempo llegar a los sitios que tenían marcados en los mapas y estaba segura de que sabía que buscar. Hasta llevaba en su bolso el alhajero de plomo que Clark le regalara en una oportunidad. Algo le decía que le iba a ser útil, y más después de lo que había investigado.
Clark- Muy bien Sr. Willson – se escuchó la voz de Clark, a lo lejos, acompañada del sonido seco y fuerte que provoca la portezuela trasera de una camioneta al cerrarse – Si le hace falta más, sólo me avisa, ¿ok?
Sr. Willson – Si, hijo mío. Gracias nuevamente. – le dijo mientras ponía en marcha la camioneta.
Clark se detuvo en la entrada al jardín de la casa, viendo como se alejaba el viejo Sr. Willson con su carga de fardos, mientras se sacaba los guantes que protegían sus manos. Una protección innecesaria, pero debía guardar las formas. Cuando la camioneta dobló a la derecha en la entrada de la granja, se dirigió rápidamente hacia la casa, a encontrarse con Chloe.
Clark - Chloe, ya estoy contigo – le dijo al atravesar la puerta.
Chloe - ¡Ya era hora! - le reprochaba mientras dejaba su taza de café sobre la mesa y se incorporaba de la banqueta para acercarse.
Clark le brindó una rápida sonrisa mientras se dirigía al lavabo de la cocina para asearse las manos.
Chloe - ¿Y ahora qué? Clark, no debemos demorarnos más. Te tomó más de diez minutos ese pequeño trámite con el Sr. Willson. – Le regañaba con voz demandante mientras se acercaba – El sol no es un compañero de equipo que se deje dominar por el resto.
Clark – Ok, ok, mi general. – y le sonrió sin mirarla.
Chloe -¿Mi general? Siempre que trato de … - no la dejó seguir hablando. Se giró rápidamente. Le tomó el rostro con su mano derecha y le arrebató los labios en un beso cargado de ganas.
Chloe frunció el seño ante el arranque pero no demoró en ceder, rodeándole el cuello con ambos brazos. Él aprovechó la situación para pasar su brazo izquierdo por la cintura y tomarla fuertemente. Desde que la había visto esa mañana, al bajar las escaleras del Planet, había sentido deseos de besarla, pero la situación se lo impedía. Ahora no, estaban en terreno seguro.
Clark – No veía la ahora de hacer esto – le decía mientras se separaba levemente del rostro de ella.
Chloe se mordió el labio inferior unos segundos mientras le sonreía. En ese preciso momento, se olvidó de toda la prisa que sentía, ese beso la había tomado de sorpresa, casi se le había escapado el hecho de que ya no era necesario contener más sus ganas con Clark, ya no más.
Resbaló sus manos desde el cuello hasta la solapas del abrigo y lo tomó fuertemente para girarlo y dirigirlo rápidamente hacia la pared más próxima. Él se dejó llevar, como si no tuviera fuerzas para resistírsele. A parte, ¿quién quería resistirse? Ella siempre tenía algún truquillo picante e impredecible, y eso le encantaba.
Clark golpeó con sus espaldas el muro, haciendo un leve gesto de dolor, frunciendo apenas la nariz, aunque no hubiera sentido nada. Luego se deslizó suavemente hasta quedar a la altura de ella. Ella le sonreía con malicia, sin bajarle la mirada.
Chloe – Ahora sí, así no te me escapas… - le decía mientras apoyaba todo su cuerpo sobre el del Clark. Suavemente le acarició el rostro y comenzó a besarlo lento, recorriendo sus labios, saboreándolo con cada papila. Lo sentía respirar, como las manos de Clark comenzaban a tomarla por las caderas, a recorrerle la espalda por debajo del pullover, como lentamente la estrechaba más contra de él.
En ese instante, hubiera postergado con gusto lo que sea por media hora en el sillón con Clark. Pero el tema a resolver no podía dilatarse más tiempo. Ya tendrían un rato a solas. Lentamente se separó de los labios de Clark y suspiró para aliviar todas las ganas que sentía.
Chloe – Clark, mejor paramos, ¿ok? Tenemos que irnos. – y le golpeó suavemente el pecho con ambas manos.
Él la miraba con excitación, sin intenciones de mover un solo dedo para ponerse en marcha - ¿Ya? ¿No contamos con veinte minutos? - y le sonrió.
Chloe - ¿Tú crees que si contáramos con veinte minutos estaríamos besándonos contra la pared? – le miraba con deliciosa malicia - Vamos ¡suéltame! – le reclamó mientras forcejeaba suavemente para soltarse. Sus esfuerzos por zafarse no concordaban para nada con las palabras. Él se sonrió ante esto.
Clark - ¿Así van a ser todos nuestros besos?
Chloe lo miró con expresión de picardía mientras retiraba de sus caderas las manos de él – Mmmmm… están buenos ¿no? … aunque preferiría acompañarlos de los veinte minutos que acabas de sugerir.
Él se rió mientras ella se separaba y se acomodaba las ropas. Se notaba levemente agitada, con las mejillas enrojecidas. A Clark le encantaba el efecto que él causaba en ella, pero en ese justo momento se le antojó incomodo el que ella causaba en él.
Chloe tomó rápidamente su abrigo y comenzó a ponérselo mientras con una mirada apuraba a Clark. - ¿Y? ¿Qué haces aún apoyado en la pared?
Clark se incorporó con desgano y torpeza – Tengo un pequeño inconveniente. – le dijo con un dejo de timidez.
Ella le entendió de inmediato y dirigió su mirada a la entrepierna de él, mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa juguetona. - ¿Pequeño? – y se acercó rápidamente llevando su mano a la zona para tomarlo.
Clark - ¡No Chloe! – de un salto se corrió hacia la derecha, escapando de las manos de Chloe - ¿Pretendes que no salgamos más de aquí?
Ella se largó a reír mientras se dirigía a la puerta – Te espero en la camioneta, no tardes que sino mi arrepentimiento va a ser peor. – Atravesó la puerta y se volvió para verlo – Sabes como odio desaprovechar ciertas cosas. – y se pasó la lengua por los dientes antes de salir.
Clark meneó la cabeza mientras se sonreía. Chloe era terrible, y le encantaba ahora también poder disfrutar se ese lado de su personalidad.
Chloe – Clark, me parece que no deberíamos tomarnos a la ligera este caso. – le decía mientras revisaba una y otra vez las fotografías del phanthom. – Creo que vamos a tener que concentrarnos más.
Clark - ¿Y a que va esta advertencia?– le retrucaba sin quitar la mirada de la ruta. El camino estaba por demás destrozado y no quería tener ninguna clase de contratiempos.
Chloe – He seguido tu pista de la lluvia de meteoritos, y no me agradó para nada lo que encontré. Todas las zonas en las que hemos detectado que el phanthom estuvo, fueron afectadas en mayor o menor medida por ambas lluvias. – tragó saliva antes de continuar. Clark la miró con seriedad – Se registraron meteoritos desde trece kilómetros antes de Yelloswsville hasta Smallville, donde está la mayor concentración, claro.
Clark se frotó los labios con el dedo índice de la mano izquierda. - ¿El impacto fue en Yellowsville?
Chloe – Si. Y a partir de allí comenzó a avanzar, con dirección sur, supongamos que a Smallville. Aunque no te lo puedo decir con exactitud. A partir de Bigman, la lluvia afectó a una zona de 50 kilómetros a la redonda. Si el phathom busca la kriptonita, puede estar en cualquier parte, y no tenemos nada.
Clark – Oliver me pidió dos días para darnos la información que necesitamos.
Chloe - ¿Dos días?
Clark - Sí. De los meses que le pedimos, tenían más de quinientas fotografías en su base de datos.
Chloe - ¿Quinientas?
Clark - Te las iban a pasar todas a ti – la miró y le brindó una corta sonrisa al tiempo que levantaba levemente las cejas – pero les pedí que las analizaran. Le di a Oliver referencia de las primeras fotografías para que buscaran algo similar a lo que se ve allí.
Chloe le brindó una media sonrisa de aprobación. - ¡Vaya! Empiezo a sentir que tenemos un nuevo líder.
Clark – Oliver me comentó que tenían muchas imágenes de la zona de Kansas. Aparentemente la monitorean con cuidado.
Chloe - ¡Dejáme adivinar!
Clark – Sí, es por Lex.
Chloe - ¡Te dije que me dejaras adivinar! Le quitas la diversión a esto.
Clark no respondió, estaba más que concentrado en el camino, esquivando pozos y trozos de cubiertas de camiones desparramados. La carretera era un desastre.
Chloe – Volviendo a lo nuestro… De acuerdo a lo que ya sabemos… - suspiró profundamente, como si a sus pensamientos se hubieran asomado viejos miedos que se quería quitar de encima. Miró a Clark con preocupación – Clark, vas atener que moverte con cuidado. Para ti va a ser una zona minada.
Clark – Si, lo sé. No creas que no lo…¡Mierda!
Clark no pudo esquivar un hondo pozo en medio de la carretera y lo tomó de lleno con la rueda delantera derecha, a más de 130 kilómetros por hora. Ambos se sacudieron bruscamente dentro de la camioneta al mismo tiempo que el amortiguador derecho dio un golpe seco contra su tapa.
Chloe – ¡Maldita sea! Veo que lo tuyo son las altas velocidades, pero no conduciendo ¿quieres darme el volante a mí? - se quejó mientras se acomodaba en su asiento.
Clark le echó una mirada helada. Era evidente su fastidio por la situación, y los comentarios de Chloe no le ayudaban a pasar el momento.
Chloe - Si no fuera por el color del camino, diría que te desviaste y vamos por el medio del campo ¡Esto es un completo desastre! ¿Siempre fue así?
Clark – No siempre. Antes se le daba mantenimiento más seguido. Es un camino muy transitado por camiones, sobre todo en las épocas de cosecha.
Chloe – Casi no te lo creo – suspiró - Menos mal que nuestro gobierno apoya "indiscutiblemente" al sector de las materias primas. – le decía con un tono de sarcasmo mientras levantaba las manos y hacía la señal de las comillas con el dedo índice y mayor.
Clark - Apoyará a otras regiones que a esta la tiene bien olvidada – sonrió con un reconocible gesto de furia contenida. De seguro era un tema más que gastado entre las familias de Smallville.
Chloe no respondió. Tenía la mirada perdida al frente, la misma mirada que ponía cada vez que se le ocurría una idea. Se llevó el dedo índice al mentón.
Clark - ¿Todo bien?
Chloe – Shhh! Clark! Genio trabajando.
Clark revoleó los ojos. En ese momento advirtió un cartel en el camino que le indicaba que habían llegado a Yelloswville.
Chloe - ¡Ya lo tengo! Acabo de encontrar el artículo para esta semana. No será la gran cosa, pero no tiene que ver con meteoritos, ni infectados ni nada de las locuras de Smallville.
Clark – Chloe, siento interrumpirte, pero hemos llegado. – le decía mientras disminuía la velocidad de la camioneta, esperando instrucciones.
Ella tomó de su bolso el GPS y lo activó. En menos de treinta segundos, el aparato indicó que estaba listo para comenzar a recoger lecturas desde las antenas más cercanas. Chloe hizo una mueca de ansiedad, sin quitarle los ojos al pequeño monitor del aparato.
GPS – A diez metros, doble a la derecha
Ambos se sobresaltaron al escuchar la voz sintética que les daba indicaciones para dirigirlos al lugar que le configuraron.
Clark - ¡Vaya! Si tan sólo hubiera un camino a la vista…
Chloe – Apárcate en la banquina. Desde aquí seguimos a pie.
Caminaron un trecho de no más de seis metros hasta encontrarse con el típico alambrado de púas que separa los campos. Lucía nuevo, como si fuera reciente. Era más que obvio que estaban frente a una propiedad privada, pero eso no iba a detenerlos. Clark miró en todas direcciones. Por la época del año en el que estaban toda la zona lucía desierta.
Chloe – Debemos ir hacia allí – señaló el lugar con el dedo índice, extendiendo su brazo sin quitar la mirada del GPS – aproximadamente a treinta metros desde aquí.
Clark asintió con un gesto y tomó el alambre con ambas manos para abrirlo lo suficiente y darle espacio a Chloe para que lo cruzara. En menos de un minuto ambos se encontraron recorriendo el trecho que los separaba de la zona de una de las fotografías.
Chloe – Clark, ve con cuidado. Estas pasturas pueden ocultar cualquier roca de kriptonita
Clark – Chloe, creo que a eso lo sé más que tú, ¿no te parece? – le decía mientras la miraba con un no muy disimulado gesto de fastidio.
Chloe – Nunca viene mal repetirlo. ¿O quieres que te recuerde todas las veces que te salvé de la kriptonita? – su tono era burlón, evidentemente se estaba divirtiendo a costa del disgusto de Clark.
Clark – Ya, ¿Cuánto falta?
Chloe – Uno…. y… ¡llegamos!
Se detuvieron en seco y observaron la zona. Más allá de las pasturas secas del invierno y algún que otro manchón aislado de nieve, el resto lucía normal, por lo menos a simple vista. Chloe aflojó sus brazos dejándolos caer al costado del cuerpo y frunció el ceño. ¿Y ahora que? Era consciente de que en estos tres meses el clima podría haber distorsionado cualquier prueba, pero que fuera tan difícil ver algo… no se lo esperaba.
Clark – ¿Estás segura de que las coordenadas son correctas?
Chloe – Sí, lo estoy Clark. Evidentemente el trabajo de campo me está jugando una pasada que no me resulta divertida.
Clark – Con el tiempo que ha transcurrido, no me parece para nada extraño que no veamos las pistas… si las hay. Será mejor que nos dividamos. Yo voy hacia la zona del impacto y tú revisa por aquí. Tendremos que buscar más de cerca.
Chloe le asintió con un movimiento de cabeza. En ese momento, la situación la dominaba Clark. Tomó el GPS y buscó la tarea que había cargado con las coordenadas de la zona del impacto. Cuando el aparato le respondió se lo extendió.
Chloe – Te indicará por donde ir. Yo aquí ya no lo necesito.
Clark lo tomó y observó la zona hacia donde la flecha en el monitor le indicaba. Quedaba a más de tres kilómetros.
Chloe – Clark… por favor ten cuidado. – lo miraba con evidente preocupación. No pudo disimular el temor que le daba saber que podría herirse si encontraba kriptonita, sin que ella estuviera cerca o pudiera llegar rápidamente.
Clark la miró con una expresión de incógnita y fastidio a la vez. – Esta debe ser la cuarta vez que escucho esa palabra. ¿Qué te pasa?
De inmediato cayó en su error. Siempre se había preocupado por él cuando debía arriesgarse para solucionar problemas. Más de una vez le advirtió que tomara precauciones, pero aún así lo impulsaba a realizar lo que fuera necesario. Siempre lo apoyaba y motivaba para que utilizara sus habilidades, y más de una oportunidad su entrenamiento y todo lo relacionado con Jor-El, la fortaleza y su indecisión ante el destino que según ella él tenía, les provocaron acaloradas discusiones. Pero ahora, cuando por fin veía a Clark como comenzaba a comprometerse y tomar las riendas de su vida, era ella la que entorpecía todo con su preocupación.
Después de todo lo que había sucedido entre ellos, temía perderlo, temía no verlo nunca más si algo le sucedía, y le dolía terriblemente considerar esa posibilidad. Pero ella lo había elegido tal cual era y lo amaba por eso. No podía anteponer sus necesidades sobre el destino que él debía cumplir. Estaba convencida de ello. Debía tranquilizarse y evitar inmovilizarlo por sus miedos.
Chloe - ¿En serio lo dije tantas veces? Clark, comienzo a desconfiar de tu súper oído – le dijo con tono burlón, tratando de ocultar lo que verdaderamente sentía.
Clark la miró con fastidio – Si, claro.
Chloe - ¿Qué haces todavía ahí parado? ¿Piensas que el día va a esperar a que te muevas? ¡Vamos Clark! ¡Ve! – y lo apuró agitándole los brazos.
Clark giró sobre sus talones en dirección a la zona a la que debía ir. En cuestión de milésimas de segundos, ya no estaba más junto a Chloe.
Se quedó mirando por donde se había ido. Una leve brisa helada empezó a soplar revolviéndole el flequillo y devolviéndola a la realidad. Encogió los hombros para protegerse el cuello del frío, mientras acomodaba su bufanda más arriba. Debía ponerse en marcha.
Comenzó a caminar en dirección sur, basándose en su intuición, algo le decía que lo que estuvieran buscando se dirigía a Smallville, aunque en su interior rogaba estar equivocándose.
Observaba con detenimiento el terreno con cada paso que daba. La vegetación estaba rala y seca, dejando ver con bastante claridad el suelo. Si había algo no debería costarle demasiado encontrarlo, pero no veía nada anormal. Teniendo en cuenta que habían deducido que la criatura emanaba energía, pensó que quizás tendría que encontrarse con pasturas quemadas, pero no era así. El tiempo transcurrido había sabido borrar muy bien las huellas de aquel ser… o ella no estaba buscando adecuadamente.
Había avanzado unos diez metros cuando una ondulación en el terreno, como si fuera un hueco de no más de treinta centímetros de diámetro le llamó la atención. Se acercó al lugar y se agachó frente al pequeño pero profundo pozo. Era evidente que lo que fuera había sido causado por la intervención de alguien, había marcas de haber sido creado al excavar, pero no era reciente. Tomó una rama firme que halló cerca de ella y comenzó a hurgar, removiendo la tierra seca y dura que lo cubría y apartando la vegetación que había crecido alrededor.
De repente se topó con algo más consistente que la tierra árida y compacta. De inmediato arrojó el palo y comenzó a limpiar el lugar con las manos. De entre la tierra y las hierbas encontró una piedra blanquecina casi transparente. El hallazgo no le causaba mucha ilusión, la piedra en apariencia era una roca común y corriente.
La arrojó y se incorporó frotándose las manos para quitarse el polvo y las ramitas secas mientras se disponía a seguir avanzando. No se iba a desanimar tan rápido.
Caminó unos metros más cuando comenzó a toparse con rocas similares a la anterior, algunas medio enterradas y otras totalmente expuestas. Frunció el ceño mientras recogía varias. Esto no podía ser una coincidencia. Las observó más de cerca y notó que no todas eran blancas, algunas tenían zonas de un color verde aguado o rosa muy suave. A medida que las movía por sus dedos, notaba que le dejaban impregnado un polvo muy fino de color blanquecino con destellos plateados, y no se quitaba. En su mano derecha, con la que había tomado la primera roca que halló en el hueco, había muchísimo de este polvo. ¿Qué podía ser eso?
Su intuición le decía que estaba comenzando a encontrar la evidencia que buscaba, debía moverse con mayor precaución, lo poco hallado estaba muy bien mimetizado con el paisaje.
Siguió avanzando con cuidado, lentamente, observando todo a su alrededor en cada paso mientras se frotaba las manos entre sí para intentar quitarse el polvo que tenía adherido. ¿Qué demonios era eso?
En pocos metros más advirtió manchones de vegetación levemente ennegrecida, como si hubiera sido quemada por una fuente de alto calor. Los mismos estaban dispuestos como en secuencia y eran aproximadamente unos quince centímetros más grandes que sus pies. Una sonrisa se dibujó en su rostro: había encontrado huellas.
Al rededor de cada manchón, tal como migajas de pan, se asomaban rocas similares a las que había encontrado minutos antes, aunque entre estas últimas había algunas de color verde y rojo algo más fuerte que las anteriores. Con un poco de destreza, logró desenterrar por completo dos de las rocas más grandes que se asomaban del suelo. Humedeciéndolas en un pequeño charco de nieve que había cerca, pudo limpiarles la tierra que las cubría para observarlas mejor. Notó que la nieve derretida, arrastraba el polvo adherido a sus dedos a medida que se escurría.
Ahora tenía la roca totalmente visible. Comenzó a observarla detenidamente, mientras la giraba para revisarla en todos los ángulos posibles.
Chloe - ¡Que diablos…! – una mueca de preocupación se le dibujó en el rostro ante lo que estaba descubriendo
A los segundos de haberse separado de Chloe, la pantalla del GPS le advirtió que había llegado al lugar de destino. En realidad, no era necesario mirar las indicaciones luminosas del aparato, el cráter era inmenso y se notaba que había arrojado escombros en todas direcciones. El impacto tuvo que ser notable y haber ocasionado una ruidosa explosión. Le extrañaba la poca información que había al respecto ¿es que nadie recorría estos campos?
El cráter no era profundo pero era fácil advertir que mucha energía había emanado del lugar. La vegetación a sus alrededores era escasa. En los pocos árboles que había cerca, se notaban algunos sectores ennegrecidos, evidencia de que habían sido quemados por una fuente de calor.
Además de los vestigios normales de una explosión, nada era anormal. Todo lo que veía en la escena, era lo mismo que lo que había encontrado en el cráter que dejara el segundo phantom que enfrentó en el pasado. No le brindaba nueva información.
Se detuvo a observar el lugar mientras se daba unos minutos para pensar como seguir su búsqueda. No quería regresar con las manos vacías sin haber intentado más de una alternativa. Decidió recorrer con cuidado los alrededores del cráter, caminando en modo normal. Una media sonrisa se le dibujó en los labios al reconocer que a Chloe le daría gracia la opción que había elegido. "Modo normal" se dijo a sí mismo, Chloe y su manía de darle nombre a todo.
Al alejarse del mismo, notó que esparcidos por todas partes se encontraban pequeños trozos de unas rocas de color blanquecino casi transparentes que se le antojaron ajenas al paisaje, nunca había visto rocas similares en Kansas. Se agachó lentamente para tomar algunas de ellas y observarlas más de cerca. Si bien le llamaron la atención, no tenían nada en especial, excepto el polvo con destellos plateados que le dejaba adherido a la mano.
Dejó caer de a una las rocas para concentrarse en el polvo que quedó sobre sus dedos. Frotó el dedo medio contra el pulgar tratando de sentir su textura, era muy fina casi imperceptible, como si fuera el resultado de una combustión a altísima presión. Notó que no se quitaba pero no le causaba ningún efecto por lo que descartó que fuera alguna roca nueva de su planeta.
Esto se estaba tornando demasiado extraño. Algo más debía haber. Se miró la mano cubierta de este polvo, mientras se decidía a avanzar algunos metros más por esa misma dirección. En pocos minutos supo que había tomado la decisión correcta: a su alrededor había esparcidos como en secuencia manchones de vegetación seca y ennegrecida, como si fueran huellas, y cerca de las mismas más pequeñas rocas blanquecinas. Levantó la vista para observar al horizonte y notó que a unos metros más lejos había pequeñas ondulaciones en el terreno, como si fueran hoyos cavados en el suelo.
Sin dudarlo se acercó a lo mismos, pero de inmediato comenzó a sentir un leve malestar, como si hubiera kriptonita cerca aunque, al buscarla, no la encontró a simple vista. Sólo veía más y más de esas rocas blancas aunque de mayor tamaño.
Se alejó unos pasos e instantáneamente el dolor cesó. Era evidente que allí había kriptonita pero no de la que conocía, era como si fuera un tipo más suave ya que el dolor que sintió fue soportable. Meditó unos segundos la posibilidad de acercarse nuevamente, y juzgó que el riesgo no era elevado.
Fue nuevamente hasta los pequeños hoyos, moviéndose con cuidado y estando atento al dolor, si aumentaba se iría de allí de inmediato. Tomó una de las rocas de mayor tamaño. Al tenerla cerca pudo advertir que poseía una tonalidad verde clara, casi translúcida. Mientras la movía por su mano, comenzó a sentir un ardor en las regiones en las que la roca había dejado su polvo plateado. La soltó de inmediato y se alejó.
El malestar cesó de inmediato, aunque le llevó varios minutos hasta que el polvo le dejara de causar ardor, no sin dejar consecuencias: las secciones de piel expuestas al mismo se había enrojecido, como si tuviera una clase de reacción alérgica. Era evidente que se trataban de rocas de Kriptón, pero lo que le causaban y ese polvo plateado era totalmente nuevo. Le extrañaba que su recuperación haya sido más lenta que en otras oportunidades, en cierta forma la exposición había cesado ¿qué pasaba allí?
Dejó las preguntas para otro momento, era hora de seguir investigando, el día pronto acabaría. Decidió seguir recorriendo el lugar. A la distancia, a aproximadamente a cinco metros, advirtió que la tierra se encontraba mucho más revuelta que de donde venía. Intentó acercarse pero una punzada de dolor se lo impidió. Era más que obvio que allí había kriptonita y de la conocida. Sabía que no podía acercarse para observar mejor, era demasiado arriesgado, por lo que decidió utilizar su visión de rayos x, le sirvió antes para detectar rocas de su planeta, debía funcionar ahora.
En pocos segundos de observación, notó que algunas de las piedras blanquecinas, las más grandes, en uno de sus extremos emitían una energía similar a la de la kriptonita verde o roja. De algunas rocas la energía que emanaba era más fuerte que de otras, pero en conjunto era lo suficientemente intensa como para descomponerlo. Esta nueva información le sirvió para confirmar que en toda esa zona debía haber krptonita, pero ¿estaba al frente de una nueva clase?
En su instancia por la zona fantasma pudo comprobar que allí no había ningún material de su planeta, estas rocas no podían haber viajado con el phanthom, debían haber estado allí. Pero, dado el tiempo transcurrido de la última lluvia de meteoritos, tendrían que estar más enterradas que como las que encontró. La deducción lógica era que lo que se hubiera escapado las estuvo desenterrando pero ¿para qué?
Ya había visto suficiente, necesitaba regresar pero no sin llevar alguna prueba. Tomó de su bolsillo el móvil para capturar varias fotografías de las pisadas y de las rocas. Chloe ya le estaba contagiando sus técnicas básicas de periodista. Se sonrió ante el recuerdo, guardó el móvil en el bolsillo derecho de su abrigo y se puso en marcha.
Chloe no salía de su asombro. Mientras más observaba la nueva roca que había encontrado, más su preocupación aumentaba. La roca era del tamaño aproximado de una pelota de golf, en parte era de color blanco casi transparente, pero el resto lucía un verde agua translúcido. Hacia uno de sus extremos se tornaba de un color verde fuerte y brillante. Estaba frente a kriptonita, no lo dudaba por un segundo, pero le resultaba sumamente extraña esa gama de colores. Nunca lo había visto antes.
Mientras la observaba girándola una y otra vez, en sus pensamientos elaboraba una y mil hipótesis. ¿Podría tratarse de kriptonita descompuesta? ¿Pero descompuesta por qué? Se le antojaban demasiado locas sus ocurrencias, pero era la respuesta más lógica que encontraba en ese momento.
Clark - ¡Chloe!
La voz de él la sobresaltó volviéndola a la realidad. De un respingo se puso de pie y giró hacia Clark extendiendo su brazo izquierdo mientras abría toda su mano, en señal de que se detuviera- ¡No te acerques Clark!
Él se frenó de inmediato.
Chloe – Aquí hay kritptonita… de una forma rara, pero estoy segura de que es kriptonita. – mientras le decía esto, de su bolso extraía el pequeño alhajero de plomo y colocaba dentro esta rara roca – Quiero llevarla para analizarla mejor.
Clark - ¿Son rocas blanquecinas y en un extremo verde más claro?
Ella se acercaba a él, guardando en su bolso la caja de metal mientras lo miraba con sorpresa – En realidad la mayoría de las que encontré son blancas casi transparentes, pero en aquella región – se giró para señalarle toda la zona en la que había visto las rocas más parecidas a la kriptonita – donde la tierra está más revuelta las rocas son más grandes y de color verde claro o rosa… rarísimo. Aunque esta última es kriptonita, de una nueva forma, pero es kriptonita no lo dudo. – tomó una bocanada de aire, estaba realmente acelerada - ¿Encontraste algo en el cráter?
Clark – En el cráter no. Pero en sus alrededores sí, muchas rocas blancas. Esas no creo que sean kriptonita, no me causaban nada. Pero…
Chloe -¿Las tomaste?
Clark la miró ante la interrupción - Sí pero…
Chloe - ¿Y el polvo plateado? ¿No te hizo nada?
Clark –No, el de las blancas no… déjame continuar – de su bolsillo sacó el móvil y le mostró las fotografías - ¿Ves? Hay pisadas y la tierra está revuelta, como si hubiera escavado.
Chloe suspiró tratando de liberar un poco la tensión y a la vez ocultar su preocupación. – Sí, es lo mismo que vi cuando comencé a encontrar las rocas verde claro.
Clark – Las verde claro son kriptonita Chloe, de una nueva forma, más suave, pero me causan lo mismo… aunque es un dolor soportable.
Chloe lo observó a los ojos por unos segundos mientras lo escuchaba hablar, hacía un terrible esfuerzo por evitar que no se le notara lo que sentía. En su interior sabía que a medida que avanzaran el caso se tornaría más peligroso para Clark, lo que tenía en su bolso se lo confirmaba. Pero no quería adelantarse, no si antes investigar más. Aún le quedaba la remota esperanza de equivocarse.
Cuando Clark giró para verla, ella desvió la mirada al móvil. Sabía que él la conocía como nadie, si quería ocultar su preocupación tenía que exponerse lo menos posible.
Clark – Mira, en esta fotografía que tomé desde más lejos, se ve claramente la zona que parece más revuelta ¿lo notas? Bueno, allí las rocas eran de verde más intenso aunque no se llegaban a asemejar a la kriptonita tal como la conocemos. Chloe, ¿tienes los mapas de las lluvias de meteoritos?
Chloe – Em, si… espera, aquí en mi bolso – en unos segundos había extraído y desplegado el mapa en el suelo.
Clark – A ver... esta es la zona en la que estamos y…. a tres kilómetros… - seguía con el dedo el camino que él había recorrido hasta llegar a la zona del cráter - ¡aquí fue! Y como lo suponía, allí cayeron muchos meteoritos en la última lluvia.
Chloe – Y aquí donde estamos también.
Clark – Si, y sólo vuelve a haber registro en el próximo pueblo.
Chloe se quitó el cabello del rostro deslizando la mano desde su frente a la mejilla.
Chloe – El maldito busca la kriptonita.
Clark no respondió. Se limitó a seguir observando el mapa. Su silencio confirmaba todo.
Chloe - ¿Es un nuevo idioma o te quedaste sin hipótesis?
Clark – Chloe, pero ¿Por qué las rocas están así? Nunca vi una kriptonita igual, es nuevo.
Chloe – Clark, no creo que sea algo nuevo.
Clark - ¿Por qué lo dices? Has visto lo mismo que yo. - ella no le respondía – Chloe, has visto lo mismo que yo, ¿no?
No podía ocultarle eso – Si y no.
Clark – Explica el no. – la miraba serio.
Chloe – Cuando llegaste, te pedí que no te acercaras por que lo que descubrí fue una roca Goliat.
Clark - ¿Goliat? Chloe, intenta hablar en castellano por favor.
Ella se incorporó fastidiada y a la vez preocupada. – Goliat, el gigante ¿no te contaron esa historia de niño? Encontré una roca de tamaño considerable, en parte es verde claro como las que viste, pero en su extremo es como todas las rocas de tu planeta. Sinceramente es algo totalmente nuevo, nunca vi una con esa gama de tonalidades.
Clark - ¿La tienes contigo?
Chloe – Sí. En el alhajero de plomo. – se lo confesó de mala gana.
Clark – Déjame verla.
Chloe – ¡Clark! Toc, toc… ¡Es kriptonita! ¿No te bastan mis palabras?
Clark – Sí pero ¿por qué tanto misterio? ¡Vamos Chloe!
Chloe – Por que te conozco y sabía que esto iba a suceder. ¿Es necesario exponerte?
Él se limitó a brindarle una mirada de protesta. Ella sostuvo el momento unos segundos antes de decidirse a ceder.
Chloe – Ok. Pero sólo lo suficiente para que tu dura cabezota confirme lo que te estoy diciendo – tomó de su bolso el alhajero y comenzó a quitarle la tapa frente a él. Ni bien la roca estuvo totalmente descubierta, el extremo verde intenso comenzó a brillar y Clark se dobló de dolor. Ella reaccionó cerrando de inmediato la caja.
Chloe - ¿Conforme?
Él le asintió. – Tenías razón.
Chloe - ¡Me encanta oírte decir eso mientras te retuerces de dolor! – le decía con evidente ironía. – Es como si … como sí estuviera desgastada… como descompuesta ¿lo notaste?.
Clark - ¿Descompuesta?
Chloe – Es lo único que se me ocurre para explicar estas rocas. No creo que sea una nueva clase.
Clark se quedó mirando al vacío por unos segundos, como procesando lo que acaba de oír - Comparto lo que piensas. El polvo que deja sobre los dedos se me antoja un residuo, como si fueran cenizas.
Chloe - Si, pero hace falta una gran cantidad de energía para quemar una roca, o causar algo de residuo al exponerla.
Clark – La energía del segundo phantom que enfrenté me sirvió para encender la fortaleza, no me extrañaría que este phantom fuera algo similar.
Chloe – Si, ¿pero por que su predilección únicamente por las rocas de kriptonita? No vi que tocara alguna otra roca made in planeta tierra, Clark.
Él no le respondió, se limitaba a observar el lugar. Ambos quedaron en silencio por unos minutos. Chloe se acomodó la bufanda cubriéndose más la garganta y la boca, el frío del atardecer era cada vez más intenso. Un viento helado había comenzado a soplar.
Clark – Creo que va a ser mejor que continuemos. – extendió su brazo derecho para pasarlo sobre los hombros de ella y protegerla del frío.
En ese preciso momento es cuando ella advirtió los manchones enrojecidos en las manos de él. – Clark, espera – lo detuvo mientas le tomaba la mano que le quedaba más cerca y la observaba - ¿Qué te sucedió?
Clark se miró la mano enrojecida, cubierta en parte por el polvo plateado – Esto… tomé una de las rocas verde claro y el polvo que me dejó impregnado me causó un ardor, como una quemazón.
Chloe – Sí, luce quemado ¿te duele sí..? – el le retiró levemente la mano, como acto reflejo de autoprotección.
Clark – Apenas. – y le sonrió tratando de tranquilizarla.
Chloe – Clark, te está quemando, la reacción que te provocó aún continúa, esto… - lo miraba a los ojos mientras trataba de encontrar una explicación, nunca había visto a Clark lastimado, no cuando no estaba expuesto a kriptonita. Con este último pensamiento, todo le cerró. – Clark, ¡las rocas! ¿No te das cuenta? Todas son kriptonita, las blancas, las verde claro, las rosas… ¡todas! Es como si las hubieran fundido, expuesto al calor o a la presión o ambas cosas para extraerle algo. ¡Dios!
Clark – Pero las blancas no me causaban nada. Ni siquiera el polvo que dejaban impregnado.
Chloe – No te causaban nada por que ya no son kriptonita, el phantom ya le extrajo todo aquello radiactivo que se activa con nuestro sol. Los pozos, la tierra revuelta, ¡las está buscando! Las detecta y las saca. Lo que vemos es simplemente lo que queda. Por eso es kriptonita soft. Pero ¡como no me di cuenta antes! – le tomó nuevamente la mano mientras intentaba sacarle el polvo frotándola suavemente - Este polvo Clark, es kirptonita, levemente descompuesta, pero es kiprtonita, y se te está metiendo por la piel, hay que quitarla. No tengo idea que te puede causar a largo plazo y tampoco quiero averiguarlo. Hay que quitarla ahora mismo. – en ese momento recordó cuando limpió la roca con la nieve derretida.
Miró en todas direcciones hasta encontrar un charco de nieve lo suficientemente grande como para que cupieran ambas manos de Clark. Lo tomó de la muñeca derecha y lo llevó hasta allí.
Chloe – Mete tus manos en la nieve y frótalas suavemente. Cuando se derrita se quitará el polvo.
Clark no dudó un segundo e hizo lo que ella le indicaba. A medida que el polvo era arrastrado por la nieve derretida, el enrojecimiento desaparecía casi mágicamente.
Clark se incorporó observándose las manos y sintiéndose aliviado. Le sonrió – Ni te pregunto como lo descubriste, pero creo que eres experta en combatir kriptonita.
Ella también le sonrió mientras se acercaba para tomarlo en un abrazo. Él acomodó su cuerpo para facilitarle la tarea. Cuando Chloe apoyó la cabeza en su pecho, pudo sentirse aliviada. Entornó los párpados para disfrutar aún más de esos segundos de calma.
Clark – Como te amo. – le decía mientras apoyaba su mejilla en los cabellos de ella. Podía sentir el aroma del perfume que siempre usaba. Como le gustaba.
Ella le sonrió por debajo. – Yo también – giró su rostro para verlo – mi alien preferido.
Clark - ¿Qué? ¿Tienes otro alien en tu vida?
Ella se rió mientras se separaba de él para seguir adelante – Clark, vamos, creo que aquí ya hemos investigado todo lo que se podía.
Lo tomó de la mano y comenzó a caminar hacia la camioneta. Él se dejaba llevar.
Clark – Chloe, aún no me respondiste.
Ella volvió a reír, le encantaba poder disfrutar de esa clase de momentos con él. Siempre creyó que estarían vedados para ellos, pero ese fin de semana el destino le demostró lo contrario. Y estaba feliz de eso.
Chloe – ¿Hace falta que te responda? No creo que pudiera sobrevivir a dos como tú ¿Cómo haría para rescatarlos continuamente?
Volvieron por la carretera hasta la zona de la segunda fotografía. El pequeño pueblo quedaba antes de Yellosville y había que internarse unos quince kilómetros por un camino de tierra. Faltaba hora y media para que comenzara a anochecer, les invadía la prisa por llegar al lugar.
Según los mapas, las coordenadas correspondían a una zona campestre habitada por una pequeña comunidad que conformaba una colonia rural. Tal vez en esta oportunidad no contarían con los beneficios de la privacidad y les preocupaba. Deberían moverse rápido y con cautela para no levantar ninguna sospecha, no querían que trascendiera que existía alguien que buscaba rocas de meteoritos.
Con una rápida maniobra, Clark logró entrar al maltratado camino. Era evidente que nadie se ocupaba del mantenimiento del acceso y menos en épocas de nevada. La tierra estaba castigada por hondas huellas de camiones que lo convertían en prácticamente intransitable para un vehículo que no estuviera preparado.
A medida que avanzaban se hacían evidentes sus sospechas. La colonia estaba formada por una serie de pequeñas granjas, unas contiguas a las otras, con sus dueños viviendo cerca de los campos. Para llegar a los potreros que indicaba el GPS deberían pedir permiso y dar explicaciones. Rogaban que los propietarios no estuvieran en casa o que fueran por lo menos un tanto amables.
Chloe – Vamos a tener que inventarnos una excusa – decía mientras alternaba su mirada entre el recorrido y el GPS. Clark no decía nada, se concentraba en conducir lo mejor que podía y lo más rápido posible.
Según las indicaciones del aparato de posicionamiento global, a unos metros a la derecha se encontraban los potreros en donde se había avistado al phanthom. Clark detuvo la camioneta ante las indicaciones de Chloe. Ella descendió de inmediato y corrió hasta el alambrado para echarle un vistazo al panorama. Clark la siguió.
Clark – No creo que sea prudente que nos metamos. Mira, a trescientos metros está la casa del dueño y hacia allí hay gente observando. – le decía mientras le señalaba con el rostro la dirección de las personas que comenzaban a asomarse de sus casas. No quería que fueran demasiado evidentes sus intenciones.
Chloe se tomó unos minutos para confirmar lo que Clark le decía. Se alejó unos pasos antes de cruzar sus brazos por delante de su pecho para protegerse del frío.
Chloe – Si. No quiero tenérmelas que ver con escopetazos al aire. Vamos.
Se subieron a la camioneta tan rápido como habían descendido y emprendieron marcha hacia la entrada a la granja.
El lugar tenía el aspecto de no haber sido renovado en años pero estaba todo ordenado y cuidado con esmero. A la derecha del camino de entrada se veía un pequeño huerto con la tierra removida, preparado para los primeros calores de la primavera. Hacia el fondo, una serie de árboles fruteros que lucían sus ramas desnudas, coronaban el final del huerto.
Pasaron frente al granero que exponía a su izquierda una vieja carretilla evidentemente restaurada y puesta en ese lugar de decoración. No se veía especialmente bien y menos cubierta parcialmente de nieve congelada.
Hacia el final del camino estaba la pequeña casa de madera de dos pisos, con su galería frontal acompañada del clásico sillón colgante. Era más que evidente que necesitaba una mano de pintura, pero no se podía decir que no estuviera limpia.
Clark estacionó la camioneta a varios metros de las escaleras que servían de entrada a la casa. Miró a Chloe que lucía tensa antes de descender. En pocos segundos se encontraron al frente.
Chloe escrutó con la mirada todo a su alrededor tratando de deducir si el propietario del lugar estaría en casa. Esperaba que no, así sería más fácil echar un rápido vistazo a los potreros e irse antes de que comenzara a oscurecer.
Clark golpeó sus manos para avisar que alguien había llegado, al usual estilo campesino. Esperaron unos instantes y nadie aparecía. Miró a Chloe antes de golpear nuevamente. Ambos estaban serios y tensos. El frío ya se sentía demasiado para el gusto de Chloe y todo lo que habían investigado los ponía ansiosos.
Anciano - ¡Ya voy! ¡Ya voy! – se escuchó la voz de un hombre notablemente mayor, que provenía del interior de la casa. Ambos se sobresaltaron y se echaron una rápida mirada antes de acercarse unos metros a la escalera.
Anciano – ¡No me apuren que es en vano! – se oyó nuevamente, acompañado del clásico sonido del cerrojo de la puerta al abrirse.
Esta última frase les causó gracia y los relajó. Aparentemente era una persona con un buen sentido de humor.
De la casa asomó un anciano alto y corpulento, de escaso cabello canoso, vistiendo unos enterizos de jean y camisa de franela. Se movía con lentitud y con movimientos bruscos, pero con firmeza. Cuando cerró la puerta tras de sí, los miró con una sonrisa en los labios y una expresión de sorpresa.
Anciano - ¡Oh! Disculpen mi torpeza. Creí que era el viejo de Andrew. Ese hombre tiene hormigas en el alma, siempre me apura y bueno, ya ven, los años me lucen por todas partes – comenzó a descender las escaleras con algo de dificultad, sosteniéndose de la derruida baranda, que se movía hacia fuera cada vez que debía soportar el peso del anciano – y el frío no ayuda.
Clark y Chloe rápidamente se acercaron para ayudarlo, aunque el hombre con un gesto de sus manos les dio a entender que no lo necesitaba. Cuando descendió el último escalón les extendió la mano y se presentó como Mathew Smith, el dueño de la granja más asombrosa de Kansas. Se notaba que era un hombre de personalidad jocosa y que le agradaban las visitas. Se sintieron aliviados y afortunados.
A Chloe se le ocurrió presentarse como dos estudiantes de geología que estaban preparando sus tesis acerca de unas rocas que únicamente se encontraban en ese lugar. El anciano no se extrañó nunca ante las explicaciones de ella. Sabía que en sus tierras sucedían cosas extrañas y sobre todo después de la lluvia de meteoritos. La vegetación que crecía en esos lugares ya no era la misma y, sumado a ello, la gente empezó a tildar sus sembrados como embrujados cuando avistaron una serie de luces malas meses atrás.
Cuando le preguntaron acerca de que se trataban esas luces, el hombre comenzó a despachar con lujo de detalle todo lo que había visto esa noche. Cada descripción que daba coincidía con lo que habían averiguado por las imágenes satelitales. Pero, eso no era todo, lo más raro lo había descubierto al día siguiente. Los invitó a pasar para continuar la conversación, el frío no era un buen amigo suyo. Chloe aceptó encantada.
El ambiente dentro de la casa era austero, decorado con pocos muebles viejos pero bien mantenidos y fotografías por todas partes, tanto sobre los muebles como en las paredes. Se les antojaba un hogar cálido y confortable, típico de abuelo.
Hacia el fondo, luego de atravesar un pequeño estar decorado con dos sillones bien mullidos, uno cerca de la ventana de calle y el otro casi rozando el hogar encendido, se encontraba la cocina comedor. La mesa cuadrada de madera coronaba el centro. Estaba adornada por un mantel que la cubría, con sus bordes decorados con motivos tejidos al crochet. El color amarillento que ostentaba delataba los años de uso.
Mathew se apresuró a llegar al comedor, y los invitó a tomar asiento, mientras acomodaba las viejas pero robustas sillas alrededor de la mesa. Inmediatamente corroboró que sus invitados estuvieran cómodamente ubicados, extrajo de la alacena tres tazas para servirles el prometido café caliente.
No fue necesario preguntar demasiado para que comenzara a relatar todo lo que vio y encontró, no sin agregarle suspenso tal como si narrara un cuento de fantasía. Se notaba que disfrutaba del momento y de las visitas, sobre todo por el hecho de que estuvieran interesadas en los raros acontecimientos en sus tierras.
Chloe y Clark no salían de su asombro, intercambiando miradas cada vez que confirmaban una coincidencia. Todo lo que el hombre les decía era una fresca descripción de lo que ellos mismos habían encontrado esa tarde.
Clark – Sr. Mathew – bebió un sorbo de café antes de continuar, no quería parecer ansioso – con todo lo que nos cuenta, creo que no le molestaría si nos permitiera observar las tierras en donde realizó los descubrimientos.
Sr. Smith - ¡No mi hijo! ¡Para nada! - mientras meneaba la mano en el aire, en ademán de que no le causaba molestia alguna la solicitud - Aunque dudo que encuentres algo. He seguido trabajando esas tierras y ya no queda nada de lo que les cuento.
Chloe y Clark cruzaron miradas. No tendrían suerte en esa oportunidad.
Chloe hizo un último intento – Es una verdadera lástima. Teníamos muchas esperanzas de obtener muestras. La investigación de estas zonas era fundamental para nuestro trabajo – decía, no sin ocultar la decepción que le habían causado las palabras de Mathew. Realmente era una buena actriz cuando se lo proponía.
Antes esas palabras, Mathew dejó escapar una risita. Su rostro se iluminó cuando levantó la mirada para observarlos, era evidente que escondía una sorpresa.
– En las tierras no van a encontrar nada… pero nunca dije que se irían con las manos vacías.
Nuevamente Chloe y Clark intercambiaron miradas. Su silencio le pedía al anciano que continuara.
– Verán, soy un anciano con bastante tiempo ocioso. Me resultaba agradable juntar las rocas que iba encontrando. ¿Me creerían si les digo que he armado una colección? – les decía mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa cada vez más grande.
Chloe se sonrió – No vemos el motivo para no creerle.
Sr. Smith – Entonces ¿Qué esperamos? – y se incorporó de su silla – Vengan conmigo, les mostraré. – se notaba el entusiasmo que sentía al conocer personas interesadas en su preciada colección.
El trabajo de buscar en la tierra se vio considerablemente simplificado, pero eran conscientes de que Clark expuesto a cualquiera de las rocas se vería afectado.
Clark – Disculpe Sr. Mathew. – interrumpió al anciano cuando este comenzaba a dirigirse a la puerta de la habitación en donde guardaba su colección – Tengo bastante experiencia en el trabajo de campo, de seguro que algo podría llegar a encontrar. Unas muestras de suelo podrían serme de muchísima utilidad en nuestro trabajo.
Chloe lo miró con acierto. Clark acababa de ser muy oportuno con su sugerencia. Le ofreció un guiño de ojos en un momento que el anciano no miraba, él le respondió con una media sonrisa.
Chloe – Es así. Es muy importante contar con esas muestras. De seguro que el jefe de cátedra nos solicita un análisis de los minerales de la zona. – decía, intentando acentuar la importancia de las tareas que su compañero sugería realizar. – Además, yo soy la experta en análisis de rocas. Me encantaría estudiar su colección, sino le molesta.
El anciano se sonrió y de inmediato buscó su abrigo para acompañar a Clark fuera y darle las indicaciones necesarias para ubicar los potreros. En un par de minutos estaba de regreso en la casa. Era increíble lo que el entusiasmo puede hacer en una persona, Mathew se movía considerablemente más rápido que cuando los recibiera en la entrada de su casa.
Cuando ingresaron a la habitación, Chloe no podía creer lo que tenía ante sus ojos. El anciano había tomado muy en serio su hobbie ya que la organización era excelente.
La colección se componía de trozos de kriptonita verde y roja de variados tamaños, clasificadas por fecha de descubrimiento. Si bien el trabajo era excepcional, nada le llamó especialmente la atención, hasta que el hombre abrió una gaveta de madera. Allí tenía las últimas rocas, las que encontró el día después a las luces en sus campos.
Chloe se acercó rápidamente al Sr. Mathew, que observaba sonriente las últimas piezas de su colección. Realmente disfrutaba del momento.
Había toda clase de rocas blancas casi transparentes y de distintos tamaños. Le seguían otras rocas de un color verdoso casi translúcido y unas pocas de color rosado. Lo mismo que vieron en Yellowsville. En un acto casi reflejo, Chloe llevó su mano para rozar delicadamente las pequeñas piedras con las yemas de sus dedos.
Sr. Smith – No señorita, no las toque – la interrumpió. Chloe retiró su mano casi inmediatamente.
Chloe – Disculpe. Debería haberle pedido permiso – se excusó mientras le brindaba una incomoda sonrisa. – La emoción de los descubrimientos nubla mis buenos modales, disculpe.
– No, mi hija, no es por eso – le decía al tiempo que le tomaba la mano y se la giraba para exponer la yema de los dedos – Mire, mire el polvo que le deja impregnado. ¡No se limpia fácilmente!
Chloe le sonrió aliviada, se refería al polvo.
Sr. Smith – Espere un momento, ya se lo quito. Estuve lidiando varios días con el bendito polvo plateado. Por fortuna, descubrí como quitarlo – le decía mientras forcejeaba con una caja que se encontraba en el estante superior de un anaquel ubicado al fondo de la habitación.
Chloe lo observaba tratando de ocultar su expresión de interrogación. No entendía que se traía. Por un momento casi se le escapa la fórmula que había descubierto para solucionar el problema, pero no quería delatarse. Se suponía que estaban buscando información, no que ya la tenían.
El anciano regresó con una pequeña bolsa de tela. De ella extrajo unas cuantas bolitas de metal opaco, de un color gris oscuro. Se las frotó en los dedos.
Sr. Smith – Son perdigones, de plomo. Cuando tocan el polvo este desaparece ¿lo ve?
Ella no salía de su asombro. Bajo el contacto de los perdigones el polvo se desprendía de sus dedos, diluyéndose, casi desapareciendo. El agua lo arrastraba, pero no lo eliminaba. Evidentemente el plomo era más efectivo. Este era un descubrimiento espectacular, algo le decía que le sería muy útil.
Chloe - ¿Reacciona al plomo? ¡Asombroso! – mientras se sonreía, no podía ocultar la grata sorpresa que esto le brindaba.
Sr. Smith - ¡Así es! – y le ofreció una gran sonrisa, se sentía realmente orgulloso de que todos sus descubrimientos hubieran sido tan útiles.
En ese momento, se escuchó que alguien entraba. El anciano se asomó.
Sr. Smith - ¡Es usted! ¡Como se nota la juventud! Que rápido que regresó. ¡Venga! – le gritaba desde la puerta de la habitación.
Clark había hecho sus deberes demasiado rápido, no le había dado tiempo suficiente a Chloe de buscar una excusa para salir de la habitación. De todas formas estaba conforme con lo que había logrado averiguar. Ahora, debía reaccionar rápido.
Chloe – Em, señor Mathew, disculpe. ¿Podría llevarme un par de estas rocas? – mientras le señalaba hacia la gaveta. En realidad no necesitaba las rocas, buscaba una forma de distraerlo para ganar tiempo.
Sr. Smith - ¡Por supuesto! Yo tengo demasiadas, tome las que necesite. Pero espere…- le decía mientras de su bolsillo extraía un pañuelo de tela y se lo extendía – utilice esto, no se ensucie las manos de nuevo. Y pierda cuidad, no está usado – y le guiñó un ojo.
Chloe rápidamente tomó dos rocas seleccionadas al azahar. Buscó el momento de que el anciano no la observara para meterlas dentro de la caja de plomo que llevaba en su bolso y salió de la habitación tan rápido como pudo argumentando que ya tenía todo lo necesario para su trabajo. Era hora de irse.
Chloe – ¡Diablos! Ya está comenzando a oscurecer. Las otras dos zonas van a tener que quedar para mañana.
Clark la escuchaba mientras encendía la camioneta y levantaba su mano derecha para saludar al viejo Mathew que los observaba desde la puerta de su casa. Se encontraba serio, era evidente que estaba preocupado.
Ni bien giró para subir al camino de tierra que los llevara a la ruta principal, extrajo del bolsillo de la chaqueta su móvil y se lo extendió a Chloe. – Mira las últimas fotos que tomé.
Chloe – ¿Me lees la mente ahora? Iba a preguntarte que habías encontrado. – le reclamó con ironía, mientras accedía al álbum del teléfono. El ritmo del día comenzaba a abrumarla, pero el descubrimiento del le había aliviado su preocupación. Y eso se traducía en su rostro.
Las imágenes comenzaron a dibujarse en la pantalla del móvil. Observó por unos segundos cada una y volvió a repasarlas. Frunció el ceño al detenerse en una en particular.
En la fotografía podía verse claramente una mancha ennegrecida sobre la corteza de un árbol. No sería gran cosa si no hubiera tenido la clara silueta de una mano de cuatro dedos.
Chloe – Clark, esto…
Clark – Es la marca de una mano, y grande.
En la fotografía que seguía a esta, Clark, había hecho una comparación de su propia mano contra la del árbol. Lo duplicaba en tamaño.
Chloe - ¿Cómo lo encontraste? – le preguntaba mientras giraba el teléfono par observar la fotografía de distintos ángulos.
Clark – A doscientos metros de donde estaba vi un pequeño monte. Si el phanthom sabe protegerse, podría haber ido hacia allí buscando refugio, yo lo haría. No perdía nada en acercarme. – se tomó una forzada pausa para esquivar un hondo pozo que había en el camino - ¡Casi me lo trago!... Bueno, había piedras de las blancas, mi corazonada fue cierta. Seguí las piedras y encontré el árbol.
Chloe - ¿Al pie del árbol también había rocas? – le preguntaba sin quitar la mirada del móvil.
Clark – Si y muchas. – la miró.
Ambos quedaron en silencio. Clark se concentró en el destrozado camino. Encendió las luces a metros de subir a la carretera.
Chloe – Bueno, todas no son malas noticias – rompió el silencio. Clark la miró, la percibió algo más relajada – El no se dedicó únicamente a juntar rocas. En el medio hizo muy buenos descubrimientos.
Clark – Me imagino que estás ansiosa por contármelos.
Chloe se sonrió. Aprovechó la situación. - Y ¿si no tengo ganas? ¿Qué vas a hacer para persuadirme? – le decía mientras lo miraba con provocación.
Clark – Lo que tengo en mente te lo haría me cuentes o no. La diferencia va a estar en el bonus track – arremetió con una sonrisa, sin quitar la mirada de la carretera, en señal de que era él quien tenía el control de la situación.
Chloe soltó una risita. Esa pequeña conversación había logrado distender el clima que había entre ellos. Toda la tarde buscando pistas y haciendo conjeturas, los puso por demás nerviosos. No recordaba ningún caso anterior que les hubiera demandado tanta energía para encontrar la información que necesitaban para resolverlo.
Chloe - ¡Uf! Creo que acabas de convencerme – mientras se hacia viento en el rostro con ambas manos – Ok. ¿Recuerdas el polvo plateado, el que te quemó las manos? Mathew descubrió que se destruye con el plomo.
Clark – ¿Se quita también con plomo? – la miró con evidente sorpresa.
Chloe – No se quita, se destruye. Ni bien entra en contacto, comienza una reacción que termina por degradarlo. Literalmente, desaparece.
Clark - ¡Vaya! Tenias razón que había una buena noticia. – Giró su rostro hacia ella y le brindó una sonrisa maliciosa. Chloe entendió en el acto que se venía.
Chloe - ¿Me gané el bonus track?
Clark – Siempre se roba las noticias, Srta. Sullivan – ambos se echaron a reír.
Chloe lanzó un largo suspiro, mientras se quitaba la bufanda. Con una mano se masajeó la base del cuello al tiempo que echaba levemente hacia atrás la cabeza. Realmente se sentía cansada. Se apoyó por completo en el respaldar del asiento, intentando relajar su cuerpo y entornó los párpados.
Clark la observó unos segundos y se sonrió. Esa personita que estaba sentado a su lado, que siempre lo había acompañado, que siempre lo aceptó tal cual era, hacía que todo el dolor que experimentó los pasados meses quedara lejos en el tiempo. Debía reconocer que se sentía feliz y la responsable era ella. Chloe no era consciente de todo lo que provocaba en él.
Extendió la mano libre para acariciarle la mejilla izquierda. Ella lo miró.
Clark – ¿En que planeta andas? – y le brindó una cálida sonrisa.
Chloe giró su rostro hacia él, apoyándolo en la mano que la acariciaba – Sigo aquí, en la tierra. – y lo miró cálidamente, con una suave sonrisa en los labios. Sentir el calor de la mano de Clark en su mejilla la reconfortaba.
Chloe – Hemos descubierto mucho hoy…lástima que no hayamos podido ir a los otros dos lugares. Tendríamos más información.
Clark – No te preocupes, ya veremos en que momento vamos.
Chloe – Si, pero me hubiera gustado hoy. No sé si mañana podré, debería ir al Planet y …
Clark – No te preocupes – la interrumpió – Mañana voy yo. No me tomará demasiado tiempo. – retiró su mano del rostro del Chloe. Necesitaba hacer una maniobra.
Chloe lo miró. No pudo evitar sentir preocupación al saber que posiblemente se expondría a la kriptonita y ella no estaría cerca ni disponible si le pasaba algo. ¿Y si se encontraba con el phanthom? Le desesperaba la idea de un enfrentamiento, no sentía que estuvieran verdaderamente preparados, pero debía recordar que siempre Clark se las había ingeniado para resolver sus problemas. Se contuvo. Desvió la mirada hacia el frente para disimular lo que le estaba pasando. Le daba bronca sentirse de esa forma, no era productivo para ella ni para Clark.
Chloe – Ok. Entonces creo que mi función ahora se limita a esperar la información de los científicos de Oliver.
Clark – Si… mañana dedícale tiempo a tu carrera Chloe, últimamente la has desatendido mucho por mí.
Chloe – No es tan así Clark – giró la cabeza hacia él para mirarlo. Estas últimas palabras la habían hecho sentir muy bien.
Clark – Si, es así Chloe.
No podía mentirle, él la conocía mejor que nadie.
Volvió su mirada a la carretera, para hacer un repaso mental de cada una de las cosas descubiertas durante el día. No pudo abstenerse de especular que podía llegar a encontrar Clark, lo que contribuyó únicamente a reflotar el nerviosismo y preocupación que la invadieron durante todo el día. Todo sería más fácil si en ese preciso momento contara con la información actualizada que le debían.
Chloe - ¡Ay dios! – suspiró. Comenzaba a sentirse ansiosa y tensa nuevamente. Se pasó una mano por el rostro. – Espero que Oliver no se demore más tiempo del pactado.
Clark la miró y se sonrió. Nunca la había visto así de nerviosa. El caso no era más complicado que los anteriores que resolvieron, pero la entendía. Él se sentiría igual si fuera ella la que debiera enfrentarse al phanthom. Le dio ternura.
Extendió su brazo derecho – Ven, acércate.
Chloe lo miró y le entendió de inmediato. En un rápido movimiento llevó su cuerpo cerca de Clark. Él pasó su brazo sobre los hombros para cubrirla, a lo que ella le correspondió apoyando su cabeza en el hombro derecho.
Clark – Todo va a salir bien. Te lo prometo. – y le dio un tierno beso en la frente, cerrando así su promesa.
Ella suspiró y se sonrió. "Voy a creerte, voy a creerte" se dijo en un intento de auto convencerse y lograr tranquilizarse del todo, mientras lo rodeaba con sus brazos para apretarlo más fuerte en un abrazo.
