Los personajes no me pertenecen son de la autora Rumiko Takahashi, lo que si me pertenece es la historia, la cual ha salido completamente de mi imaginación.


-Buenos días.

-Buenos días señorita Higurashi, ¿qué era aquello tan urgente que quería decirme?

Kagome dejó caer el peso de su cuerpo en su pie izquierdo y respiró profundamente antes de comenzar a hablar.

-Quiero mi despacho –fue directa al grano, ni pensó que su exigencia pudiese tener un tono maleducado.

-Aún tiene su despacho ¿no? Simplemente lo compartirá con el Señor Taisho –le dijo su jefe recordando la petición del señor Taisho para que Kagome le sirviera como secretaria, asistenta o ayudante-

-No quiero compartirlo con ese hombre.

-Señorita Higurashi aquí quien es el jefe, ¿usted o yo?

-Usted, pero…

-Entonces ¿por qué esta desobedeciendo mi orden?

-No me parece adecuado que una criminóloga haga de secretaria para alguien del FBI.

-No pensé que la molestaría tanto, teniendo en cuenta que tendrá acceso a cierta información confidencial, y que al trabajar con un agente del FBI su experiencia aumentará lo cual se verá en su currículo.

A Kagome se le iluminaron los ojos ante el comentario de su jefe. Eso significaba mucho más de lo que su jefe había dicho, mucho más. No dijo nada, se dio la vuelta y salió del despacho, intentando no pegar saltos de alegría.

Pero su júbilo desapareció en cuanto vio a Inuyasha Taisho mirándola con una ceja alzada.

-¿Y esa cara de felicidad?

-No es asunto tuyo Taisho.

-Sí que lo es, te recuerdo que ahora eres…

-No soy tu secretaria-le advirtió a la vez que le mandaba una mirada asesina-

-Iba a decir mi querida y sexi criminóloga particular.

La reacción de la morena no se hizo esperar, su rostro enrojeció notablemente –cosa que a Inuyasha le complació enormemente- pero un segundo después la mujer se dio la vuelta, se acercó a Inuyasha y delante de todo el mundo le pego un tortazo, uno que resonó en toda la oficina.

-No soy tu querida criminóloga.

-¿Y sexi?

-Claro que soy sexi, pero no contigo imbécil.

Ese hombre la sacaba de sus casillas.

-Pues si intentas no ser sexi podrías comenzar dejando de mover tanto las caderas al andar…-susurró él, mientras se tocaba la mejilla, no le había dolido demasiado, además le habían golpeado muchas otras veces, aunque pocas una mujer.

Kagome decidió no responderle, porque si no Inuyasha acabaría en el suelo con un balazo en la frente.

-Aunque me encantaría verte con una falda y unos taconazos realzando esas hermosas piernas que tienes, pero he de admitir que me resulta más atrayente la idea de verte sin ropa, y…

La morena se fue rápidamente porque cada vez se sentía más tentada a usar su arma.


-Vamos Kagome no puede ser tan malo.

-Malo es poco, es horrible-dijo la morena mientras se metía en la boca otra patata, llevaba media hora colgada al teléfono, hablando con Sango sobre su nuevo "problemilla" un problema con nombre y apellido, y precisamente no le asustaba el hecho de que tuviese nombre y apellido, sino más bien el que ella se siguiera sintiendo atraída por él.

-Haber me estás diciendo que conoces a ese hombre. Pero… ¿de cuándo?

Kagome suspiró antes de responderle, pensándose la respuesta, le daba vergüenza admitirlo.

-Le conocí cuando yo tenía 17 años.

-¿Dónde?

-Sango, ¿de qué te suena el nombre de Inuyasha Taisho?

-¿Cómo? ¿Inuyasha Taisho?, espera Kagome ahora te llamo.

La chica se quedó con la palabra en la boca, el pitido que escuchaba indicaba que Sango había colgado, ella nunca hacía eso, ¿qué mosca le había picado?, miró el teléfono unos segundos y se encogió de hombros, dijo que la llamaría ¿no?, pues eso era más que suficiente, ahora tenía que ir a ducharse, le dolía la espalda horrores.

Se levantó del sofá y caminó lentamente hasta el cuarto de baño, desvistiéndose mientras caminaba, dejando así un reguero de ropa que terminaba frente a la puerta del baño; abrió la ducha y la dejó con el agua corriendo para que esta se calentara, mientras, se puso enfrente del espejo para poder observarse.

Inuyasha la había llamado sexi, pero ella no se consideraba sexi ni en un millón de años.

Dio un par de vueltas y se soltó el pelo dejando que cayera como una cascada sobre su espalda, puede que no fuera sexi ni un bombón de esos que tanto le gustaba a los hombres, pero al menos era bonita, o al menos así se consideraba ella.

Se miro de nuevo al espejo esta vez evaluando sus pechos, eran pequeños, bastante pequeños una 85, eso la hacía verse como una adolescente, bueno eso tenía su lado positivo, pero teniendo veintiséis años no era tan agradable estar prácticamente plana.

¿A Inuyasha le gustarían sus pechos?

Parpadeo confundida cuando ese pensamiento cruzó su cabeza, ella no pensaba tener nada con él, ni siquiera un revolcón.

-¿Por qué no?-le dijo una vocecita en su cabeza, algo le decía que se parecía a la voz de ella cuando tenía 16 años-

-Porque es un mujeriego empedernido.

-Pero tiene buen culo y seguro que no es lo único que tiene bueno, además dime que no te mueres por poder tocarlo.

Kagome empezaba a odiar la vocecita adolescente que había aparecido de pronto en su cabeza, no necesitaba que nadie le dijera algo que no quería oír.

-No tengo 16 años, he madurado. Ya no tengo las hormonas revolucionadas.

-¡Oh vamos! ¡Si se te revolucionan en cuanto le ves!

-¡Cállate!

La molesta vocecita desapareció. A todos los problemas que tenía ahora tendría que sumarle soportar una conciencia adolescente dentro de su cabeza, y lo peor de todo es que esa conciencia adolescente quería coger a Inuyasha y hacerle algunas cosas que eran realmente… ¿vergonzosas? No, vergonzosas no, pero excitantes sí.

De pronto sintió que algo mojaba sus pies, bajo la vista y vio que el suelo del cuarto de baño estaba encharcado, no había cerrado la ducha.


Sango miro de una forma amenazadora a su novio, llevaba media hora intentando entablar una conversación con él, hasta ahora no había conseguido resultados.

-Muy bien pues esta noche dormirás en el sofá-esa era su ultima estrategia para poder preguntarle algunas cosas-

-Está bien, está bien –exclamó exasperado el hombre-

Sango no pudo reprimir una sonrisa que se podía identificar como de victoria.

-No te rías así, que es lo que querías preguntarme- dijo él apagando la pantalla del ordenador y girando la silla para mirar a su novia-

-Tú sabias que Inuyasha y Kagome se conocen ¿verdad?

El hombre no dijo nada.

-Oh vamos Miroku no seas cruel, quiero saber esos cotilleos.

-A ver no sé nada, simplemente que Inuyasha está trabajando temporalmente con Kagome, le han hecho trasladarse aquí para que evalué a los empleados.

-¿Kagome lo sabrá?

-No, y no le digas nada, se supone que deben actuar como siempre.

Sango sonrió y asintió con la cabeza, sus labios estaban sellados, no diría nada.

-Bueno gracias por la información, me voy a casa de Kagome, no me esperes levantada.

-Sango son solo las 6:30 de la tarde, cuánto tiempo te piensas pasar allí?

La mujer dijo adiós con la mano y salió del cuarto dejando a Miroku con cara de tonto mirando la puerta.

Esperaba que su novia no le dijera nada a Kagome, pues sabía que como su mujercita se pusiera a pensar en lo que había dicho encontraría algo muy extraño en su testimonio.


-¡Vamos Kagome respóndeme! ¡No puedes hacerme esto!

-No diré nada si no es en presencia de un abogado, conozco mis derechos Sango.

-¿¡Oh vamos tan difícil es admitir que te gusta ese bombón moreno!?

-¡¿Tan difícil es que bajes la voz?!

Kagome estaba exaltada y muy sonrojada llevaba quince minutos intentando eludir las preguntas de Sango, pero el problema es que su amiga era demasiado perseverante.

Parecía no bastarle con un simple "No quiero hablar del tema".

Aunque eso ya lo sabía ella.

-Solo dime una cosa Kagome.

-Según lo que sea.

-¿De qué le conoces?

El semblante de Kagome cambio totalmente, en sus ojos se podía apreciar una mirada triste.

-¿Y esa cara?

-Le conocí el día del entierro de mi padre-susurro la morena-

Ninguna de las dos dijo nada, Sango comprendía perfectamente a su amiga.

Kagome simplemente suspiró antes de continuar hablando.

-¿Recuerdas que te dije que mi padre era detective en el FBI?

-Claro que lo recuerdo, estuviste dándome por saco con eso durante años, hasta que...

-Eh...si, bien pues al parecer era el hijo de un compañero de mi padre.

-¿Y aún te acuerdas después de 9 años?

-Sí, es que cuando le vi… me olvide de todo, por muy mal que suene, teniendo en cuenta que estaba en un entierro…

Entre las dos se hizo el silencio, no era incomodo ambas se entendían perfectamente no necesitaban hablar.

-Bueno esta noche me quedo a cenar y también a dormir, ¡toda la noche de juerga!

-¡Sango mañana tengo que trabajar!

-¡Bah!

Kagome desistió en el momento que vio a Sango coger el teléfono para pedir comida, realmente no había insistido mucho, ella también quería pasar una noche de chicas.

Se oían sollozos en el apartamento, más concretamente en el salón, donde se podía ver a dos mujeres llorando rodeadas de pañuelos prestando atención al televisor en el cual estaba puesta una película de drama.

Estaban emitiendo el final de la película, en el que los dos enamorados se reencontraban, era la típica película de lloriqueo que emitían de vez en cuando en la televisión, nada del otro mundo.

-Es tan triste-dijo sango antes de hacer un ruido un tanto grotesco al sonarse la nariz-

-Sí que lo es.

Ambas mujeres volvieron a poner toda la atención en la televisión, estaban totalmente enganchadas.


Inuyasha tomo otro sorbo de su café de maquina extra cargado, estaba muy cansando el día le había agotado completamente, con tanto papeleo y tanta lectura de expedientes.

Dejo la taza sobre su escritorio y cerro una carpeta, era el expediente de uno de los agentes del departamento de policía, cogió otra carpeta de un pequeño montón en el que estaban apiladas, le faltaría por mirar unas seis o siete carpetas, realmente estaba deseando terminar.

Con aburrimiento abrió otra fea carpeta marrón, pero esta vez al ver la foto que tenía en la primera página una sonrisa se asomo por sus labios, y a toda prisa cambio de página para comenzar a leer

Nombre Completo: Kagome Higurashi.

Edad: 26 años.

Sexo: femenino.

Altura: 1.65m.

Color de ojos: Marrón Chocolate.

Cabello: Negro azabache

Profesión: Criminóloga.

Estado Civil: Soltera.

Peso: 59 Kg.

Nacionalidad: Japonesa-Estadounidense.

Familia: hermano, Madre, Abuelo materno, Padre (Fallecido) [Fichas de los parientes más abajo]

El hombre siguió leyendo, había otro tipo de datos, algunos más personales otros menos; pero cuando llego a la parte de familiares se quedo leyendo la ficha del padre de la mujer.

-Vaya, esto sí que no me lo esperaba.


-Buenos días Kagome.

La aludida se giró al escuchar una voz alegre y dulce, tras ella estaba Rin Mallard, compañera de trabajo, juergas y llantos. No la conocía desde hacia tanto tiempo como a Sango, pero era una buena amiga, leal y competente. Aparte, que bajo esa apariencia frágil y alegre se escondía una mujer valiente, luchadora y peligrosa.

Rin trabajaba en los casos complicados, sus dotes de deducción son asombrosos pocos casos son los que ella no resuelve, no es Sherlock Holmes en mujer pero es muy buena en lo que hace.

-Buenos días Rin.

Aparte de que es la superior de Kagome.

-¿Qué tal ese papeleo?

-No me hables de papeleo Rin, ¡me pongo enferma!

-Ya lo veo, tienes ojeras ¿no duermes bien?

-Pues…según como lo mires.

La morena suspiró mientras intentaba no bostezar le había costado muchísimo convencer a sango para que se fueran a dormir, no lo consiguió hasta las cuatro de la mañana.

-¿Y qué tal con Taisho? ¿Se porta bien? Si no es así puedes darle unos azotes en ese lindo trasero que tiene.

-No empieces Rin, que pareces una adolescente caliente.

-¡Oh cariño todas somos unas adolescentes calientes con hombres como ese!

-Yo no Rin, más bien preferiría pegarle un balazo en ese "lindo trasero".

-Si haces eso te denuncio por mancillar tal obra de arte.

-Estás loca y eres peor que Inuyasha.

-Al menos no me prohíbo los dulces –dijo graciosamente como dando a entender que Inuyasha era un sabroso dulce que la morena parecía prohibirse-

Genial, pensó Kagome, no tenía suficiente con su conciencia adolescente con hormonas revolucionarias, que ahora tendría que soportar a una amiga ya bastante crecidita que se comía a Inuyasha y a su trasero con los ojos.

-Mira ahí llega.

Kagome se volteó para mirar hacia la puerta, y lo que vio le heló la sangre.

Inuyasha hablando amenamente con una mujer morena.

Pero ese no era el problema.

El problema era que esa mujer estaba colgada de su brazo y que le miraba de una forma demasiado sensual y comprometida.

-¿Quién es esa?-pregunto Kagome soltando el "esa" con asco-

-Kikyo Parker. Es una criminóloga como tú.

-Rin no te confundas, la única criminóloga que va a pisar este lugar soy yo.

-Lo siento Kagome pero la han trasladado aquí.

Iba a seguir quejándose pero Inuyasha y esa tal Kikyo se acercaron a ellas.

-Buenos días Kagome, Rin.

-Buenos días-saludo Rin, en cambio Kagome solo sonrío fríamente mirando a la mujer que tenía frente a ella.

Solo le faltaba una cosa para ser la típica barbie, ser rubia.

Mediría un metro sesenta y poco, pantalones ajustados, tacones de siete centímetros, camiseta ajustada con escote, esa descarada se había puesto un corsé debajo o algo para levantarse los pechos, porque un poco más y se le saldrían de la camiseta.

Tenía el pelo largo y negro como la noche, y unos ojos fríos y calculadores.

Y Kagome apostaría algo a que no tenía ni una pizca de cerebro.

-Esta es Kikyo Parker. Me han pedido que la enseñe el lugar y eso…

-La verdad es que le pedí que me enseñara algo más interesante pero al parecer tendré que esperar-dijo descaradamente la acompañante del hombre-

-Maldita descarada, ¿Cómo se atreve a hacerle insinuaciones? Esa pequeña fulana se va a enterar.

-Oh vamos, ella ha sido más lista que tu, se ha adelantado, ves tendrías que haberme hecho caso y haberte tirado encima de él cuando le vistes, ¡ahora tenemos competencia! Y bastante difícil.

-No me compares con esa…

-Oh claro que no, esa es más inteligente que tu o más descarada, ¡mira! ¡Está tocando nuestro trasero!

Efectivamente Kikyo se adelantaba andando con Inuyasha, y cuando Kagome se giró a verles irse, Kikyo alargo la mano y le pellizco el trasero sonriendo sensualmente y dirigiéndole una mirada triunfadora a Kagome.

-Esto es la guerra.


Bueno… espero que les haya gustado, siento la tardanza espero ponerles el próximo pronto, ya que hoy tengo ganas de escribir ^_^, solo les pido que dejen sus reviews que son los que me animan a escribir, acepto criticas constructivas, si no les gusta la trama mejor no digan nada por que ese ya no es problema mio ^_^.

Muchas gracias.

Amni.