Los personajes no me pertenecen (por desgracia), pero la historia es totalmente mía.
-Kagome, ¿Puedes llevarle estos papeles a Inuyasha?
-¿Tengo pinta de secretaria?
-Sabes que no, pero yo estoy demasiado ocupada como para hacerlo, y eres la única que está mirando las musarañas.
Kagome se mordió la lengua para no decirle a Melissa que se metiera sus papeles por el trasero que tenía enlatado dentro de la estrecha y, aparentemente, cara falda de tubo.
Pero se contuvo, no quería estar otra vez en boca de todos. Para eso estaba la nueva, si ella, Kikyo Parker, su nueva compañera.
Odio.
Eso era lo que sentía por esa mujer. En pocas semanas había conseguido que Inuyasha prácticamente ni se acercara a ella, lo acaparaba.
Era una arpía.
-Kagome el jefe quiere que te presentes en su oficina-le avisó Rin-
-Voy.
Se acerco a su mesa –había conseguido que su jefe la permitiera tener una mesa fuera de su despacho, como los empleados normales y corrientes, más bien como los novatos, pero prefería eso a ver a Kikyo e Inuyasha metiéndose mano, era repugnante- y dejó los papeles sobre ella, se giró, y comenzó a andar hacia el despacho, tenía un mal presentimiento.
Tocó dos veces y una voz masculina le permitió pasar.
Entró rápidamente y cerró la puerta, entonces se fijó en que no estaba sola con su jefe, Inuyasha estaba allí.
-Buenos días-les saludo a ambos mientras se sentaba en una silla frente a la mesa de su jefe-
-Buenos días Higurashi, no tengo tiempo para andarme con rodeos así que seré claro. Me gustaría que tuviese la amabilidad de acompañar al señor Taisho al escenario de un crimen.
-¿Crimen? Señor hace dos semanas que no investigo ningún crimen.
-No es uno reciente Higurashi, es aquel crimen que ocurrió hace tres años en la mansión del señor Schofield.
-Un momento señor, yo solo hice papeleo nunca entré en el escenario del crimen.
-Eso no importa, simplemente tiene que enseñarle donde está el lugar al señor Taisho, tengo entendido que usted sabe los detalles del asesinato, pensaba pedírselo a la señorita Mallard, pero al parecer tiene mucho trabajo así que espero que no le importe hacer este pequeño trabajo.
-No señor-le respondió Kagome, claro que no le importaba ir a aquella casa, lo que le preocupa e incomodaba era ir con "el señor Taisho".
-Volveremos antes de las dos-dijo el moreno mientras se daba la vuelta y abría la puerta, dejo pasar primero a Kagome y después salió el del despacho cerrando la puerta.
Kagome rodó los ojos al ver como la "arpía" se acercaba a Inuyasha moviendo las caderas provocativamente y se colgaba de su brazo.
-Inuyasha podrías ayudarme con unas pruebas es que…
-Lo siento Kikyo estoy ocupado, tengo trabajo.
-Oh claro, entonces nos vemos luego.
Kagome se mordió la lengua para no soltar cierta pregunta, ¿Luego?, ¿cuándo? Pero si la jornada de trabajo de los criminalistas terminaba a las dos –aunque si había una emergencia tenían que volver al trabajo estuviesen donde estuviesen-, ¿Acaso se veían fuera del trabajo? El la intentaba seducir como había hecho con ella, maldición había sido poco tiempo pero le había encantado en cierta manera, nadie antes había intentado con tanto fervor llevársela a la cama, quizás si echaba de menos las insinuaciones de aquel misterioso hombre.
-¿Nos vamos Kagome?
La aludida asintió con la cabeza mientras se acercaba a su mesa y cogía el abrigo y el bolso bandolero de la silla, localizó a Inuyasha con la mirada, el cual estaba en la puerta esperándola, y fue hacia él.
Ambos salieron en silencio del edificio, la tensión que se había formado entre ellos no era solamente visible para Kagome, Inuyasha también la veía.
-Mallard, ¿puedes venir un momento?
-Ahora estoy ocupada Parker no me gusta que me molesten.
-Pero si lo único que haces todo el día es rellenar esas cosas.
-Al menos no me pinto las uñas como hacen otras-le dijo Rin mientras levantaba la vista de la pantalla del ordenador y miraba a su interlocutora- ¿Qué quieres?
-Podrías ayudarme con esto es que no termino de descifrar que puede ser-le pidió con una sonrisa.
Labios operados, pensó Rin, no tenía nada en contra de Kikyo pero desde que estaba en la oficina Kagome parecía estar siempre muy malhumorada y además Inuyasha se pasaba todo el día con esa mujer, había dejado de lado a Kagome. Y a su amiga no le hacía ninguna gracia aunque dijera que por fin ese pesado la había dejado tranquila.
-Kagome es de tu departamento pregúntale a ella.
-Se acaba de ir con Inuyasha a la mansión cho no se que.
-¿La mansión Schofield?
-Sí creo que se llamaba así.
-¿A qué han ido? ¿Lo sabes?-le preguntó Rin extrañada-
-No, ni lo sé ni me importa, además no quiero pedirle ayuda a Higurashi, parece que no le caigo bien.
Rin frunció los labios para no dejar salir una risita, esa mujer no era tan tonta como Kagome creía.
-Aquí es-anunció Kagome mientras paraba el coche y sacaba las llaves, habían tardado veinte minutos en llegar –y eso que no habían cogido casi semáforos en rojo- y la tensión entre ellos no había disminuido ni un ápice, más bien parecía aumentar.
Se bajó del coche y vio como Inuyasha también lo hacía, cerró la puerta y comenzó a andar hacia la vieja mansión.
Aun tenia puesto el letrero de "Se Vende", aunque nadie que supiera sobre la historia de la casa viviría en ella.
Solo un loco habitaría en una casa donde se habían descuartizado cuerpos.
Kagome recordaba el pálido rostro que Rin trajo tras haber visto lo que quedaban de los cadáveres, y no solo ella, todos los demás compañeros que los habían visto parecían traumatizados.
Y eso que era difícil traumar a un agente con ciertos años de experiencia viendo cuerpos humanos.
Según se sabía los cuerpos habían quedado irreconocibles.
-¿Está abierta?
-No, los primeros meses tras terminar de recoger pruebas si la dejaron abierta, pero al parecer ni los adolescentes, ni los drogadictos y mucho menos los ocupas, tienen ni un poco de respeto por toda la sangre que se derramó aquí.
-¿Entraban?
-Sí. Y no solo eso, Vivian dentro, la exploraban y se drogaban también. Creo que un poco más y esto se convierte en un burdel-le dijo mientras se mordía el labio inferior y miraba hacia el cielo, como queriendo decir con ese gesto que toda esa gente estaban locos.
-Tú nunca has entrado ¿verdad?
-No, nunca, ciertamente tampoco me hace gracia tener que entrar ahora pero es mi deber ¿no?-le dijo mientras abría la verja de la casa, ésta chirrío durante unos segundos, después de ese escalofriante sonido todo volvió a estar silencioso.
Ninguno dijo nada, solamente caminaron hasta la puerta y la chica saco de su bolsillo otra vez las llaves y abrió la puerta, el olor a humedad les llegó a ambos, esa casa apestaba, todas las ventanas estaban tapiadas, se podía ver algo por la poca luz que entraba por las rendijas que habían quedado entre las maderas, pero nada más, entonces Kagome empezó a buscar en su bolso, y unos segundos después sacó una linterna.
-Hay que ser precavida –dijo sonriendo tontamente y encendiéndola.
La casa seguía siendo igual de imponente que antes, las paredes estaban enmohecidas, los pocos muebles que había estaban cubiertos por sabanas –las cuales estaban ennegrecidas- el suelo estaba bastante asqueroso y las escaleras que daban la bienvenida a la casa parecían horriblemente tenebrosas.
Parecía la típica escena de una mala película de terror.
Bien dentro de poco aparecería un fantasma y ellos acabarían metiéndose mano en una habitación sin hacer caso al pobre fantasma que rondaría por la mansión.
Kagome maldijo en voz baja mientras comenzaba a caminar, ya estaba otra vez pensando cosas raras, y lo que más la molestaba es que todo lo que pensaba finalizaba con una imagen de ella e Inuyasha…metiéndose mano.
-¡¡OH vamos ahora estamos solos bésale!! ¡¡Lánzate encima de él!! Arráncale la ropa y…
-¡Y cállate de una vez! Eres insoportable, ¿por qué tengo que escucharte?
-Por qué yo soy la única que sabe cuál es nuestro gran deseo.
-Mi deseo no es tirarme encima de él como una gata en celo.
-Claro, claro .Inténtalo otra vez, pero esta vez no te muerdas el labio, se nota que estas nerviosa.
La morena no sabía quien era más odioso, Sango y sus charlas sobre novios, o su querida voz de quinceañera y sus hormonas revolucionadas por el hombre que estaba a su lado mirando la mansión con aparente tranquilidad.
-No consiguieron atrapar al asesino ¿cierto?
-Así es, al parecer fue de lo más inteligente, ni una huella ni un cabello, nada. Según mis compañeros de oficina el crimen fue hecho por un profesional, y uno muy cualificado.
-¿Ajuste de cuentas?
-También estudiaron esa posibilidad. Pero tras investigar todos los conocidos de la familia se dieron cuenta de que sus posibles "enemigos" tenían coartadas bastante buenas, y muchas de ellas respaldadas por la policía.
-Parece que sabes mucho del caso para no haber trabajado casi en el.
Kagome enrojeció, él se había dado cuenta.
-Es que la mutilación de los cuerpos –sobre todo el de las mujeres- me recordó a…
-Jack el destripador ¿no?
-Así es, siempre me intereso ese tipo de historias y este caso fue bastante parecido, salvo que los asesinatos que realizo el destripador no fueron tan meticulosos, pero claro la criminología no estaba tan adelantada como ahora. Por eso no le cogieron.
-Así que su modus operandi era parecido al del Destripador.
-Bueno solo con las mujeres, en total se encontraron seis cadáveres, el del señor Schofield, el de su mujer, de su hija, una amiga de la hija que se encontraba desafortunadamente ese día en casa, un amigo de la familia y la prima de la mujer de Schofield.
-Bastante extraño que eligiera un día con tantos parientes y amigos en casa.
-Eso es lo que más desconcertó al departamento, ese hombre sabía que la casa estaba repleta de gente y aún si entró y los mató uno por uno, ni siquiera los amordazó, mataba a uno e iba a por otro como si fuera un juego.
-Por qué dices que fue un hombre.
-Una mujer no podría romper el cuello del señor Schofield tan fácilmente, según el forense fue en un movimiento, una mujer tendría que ser muy alta y fuerte para conseguirlo.
Y la conversación termino ahí, no hablaron más y los dos siguieron andando en silencio por la mansión, Inuyasha de vez en cuando se paraba un momento y miraba algunas cosas, tras más de media hora en silencio ambos comenzaron a bajar las escaleras en silencio.
Pero en los últimos peldaños Kagome resbaló, Inuyasha reacciono justo a tiempo, y la cogió antes de que cayese.
Perfecta.
Una escena perfecta, ambos se miran, la chica le observa con miedo reflejado en los ojos, entonces poco a poco él se acerca a ella, lentamente…
La respiración de la morena se acentúo al sentir los cálidos labios de Inuyasha tan cerca de los suyos.
Se sentía drogada y agotada emocionalmente.
Estaba cansada de pelear contra su calenturienta mente y sus impulsos de tirarse encima de aquel magnifico hombre.
Oh si, estaba muy cansada.
Inuyasha la miraba atentamente, un beso no les haría daño a ninguno de los dos, ¡maldición! él se moría por besarla, y ella en esos momentos estaba indefensa entra sus brazos, le pareció tan dulce.
¿Desde cuándo a él le parecía dulce una mujer? Siempre le parecían excitantes o cosas por estilo, nunca dulces ni inocentes. Eso no iba con él.
Pero le daba igual, a la mierda todo.
Eso es lo que pensó Inuyasha un segundo antes de unir sus labios con los temblorosos de la muchacha.
Era la gloria.
Kagome dejó escapar un gemido de sorpresa mientras con las manos tanteaba el pecho de Inuyasha y se agarraba a su camisa, eso estaba mal, muy mal. Eran compañeros de trabajo, ella no le soportaba y él era un mujeriego.
¡Maldición! Ella todavía se sentía atraída por él.
Los labios varoniles la acariciaban con rapidez y a la vez con lentitud, sentía que él la besaba con una rapidez infinita como si pensase que no iba a hacerlo nunca más, pero a veces el siguiente movimiento de sus labios se le hacía eterno, solo sentía sus labios, las manos de él en su cintura, sus dedos jugando con la cinturilla del pantalón adentrándose por debajo de la camisa de la chica.
La morena le agarró del cuello tirando de el para hacer el beso más profundo abriendo los labios y por una vez siendo ella la atrevida.
Entonces sintió como él mordisqueaba sus labios mientras seguía besándola.
Dios esto es el cielo, pensó Kagome.
Pero todo el mundo sabe que después del cielo llega el infierno.
Y eso fue lo que pensaron cuando tuvieron que dejar de besarse por la falta del aire.
Kagome maldijo en voz baja, en ese momento se estaba planteando si hacer como decía su conciencia de quinceañera y comportarse como una gata en celo.
Pero aún conservaba el orgullo.
Y no pensaba perderlo.
No se dijeron nada, casi ni se miraron.
La vergüenza y el orgullo se lo impedían a ambos.
Así que lo único que hicieron fue montar cada uno en su coche e irse.
Sin decirse ni adiós.
-Sango necesito tu ayuda.-le dijo la morena a su interlocutora en el preciso momento que ésta preguntaba quién era-
-Que ocurre Kagome-le preguntó mientras se sentaba en el sofá y apagaba la televisión, ya se había acostumbrado a esas llamadas.
-Creo que estoy enferma o me falta un par de tornillos o algo…
-¿Por qué, que has hecho?
-Besarle.
-¿A quién? No me asustes Kagome, no habrás besado a tu jefe, ni a Houjo ni a…
-¡He besado a Inuyasha! ¡Bueno más bien nos hemos besado!
Sango se tumbó en el sofá mientras sonreía, aunque eso no lo podía ver Kagome.
-Entonces querida estas muy cuerda, si no lo habrías hecho te diría que estás loca, ya que ¿qué mujer en su sano juicio no se tiraría encima de un hombre como él?
-Una mujer que se aprecie un poquito y que no sea una gata en celo.
-A los hombres les suele gustar esa faceta que tú llamas gata en celo. La gente normal la llamamos lujuria.
-Es del FBI, trabaja conmigo y por si fuera poco soy plato de segunda mesa.
-¿Por qué dices eso?
-Es una historia muy larga…
-Tengo una idea vamos a cenar esta noche las dos solas, como antes cuando íbamos a la universidad, nos acercamos a cualquier restaurante del centro y mientras cenamos, pues charlamos un poco.
La morena suspiró mientras pensaba si tenía algo importante que hacer esa noche, no, no tenía nada que hacer.
-Está bien a las ocho y media frente a la comisaría ¿OK?
-OK, entonces nos vemos, hasta luego –se despidió sango-
-Adiós…-ambas colgaron a la vez.
Kagome se tumbó boca abajo en la cama, ¿a qué había venido el beso que habían compartido antes?
Ella…no quería ninguna relación con alguien como él.
Era un pervertido, mujeriego, egocéntrico, estúpido, pesado y otras muchas cosas.
La morena odiaba esas cosas en un hombre, el era lo contrario a ella.
Bueno dicen que los polos opuestos se atraen ¿no?
-¡¡Por fin lo aceptas!! ¡El te atrae! ¡Te atrae!!
-¡Cállate adolescente tonta!
-Yo soy tu y tu eres yo así que si yo soy tonta tu también.
-Guárdate para ti tus juegos de palabras.
-Ya sé porque no tenemos novio, es porque eres una amargada, ¿cuántos años tienes cuarenta o cincuenta? Lo digo porque ya los aparentas con tu ropa.
-¡Olvídame!-gritó en mitad del silencio de su casa, menos mal que no vivía con nadie, si no la tomaría por loca.
-Cariño…
-¿Mmm...?
-¿Puedo pedirte un favor…?-le susurró la mujer a su novio al oído mientras le abrazaba desde atrás por el cuello, eso era fácil cuando él estaba sentado, en cambio cuando estaba de pie era distinto, ciertamente ella era alta pero su novio lo era más.
-Claro-le respondió el hombre con voz ronca-
-Háblame sobre Inuyasha.
-¿Debería ponerme celoso?
-Claro que no, aunque me haría gracia que te pusieses celoso.
-A mi no me la haría, ¿qué quieres saber de él?
-Qué está haciendo realmente aquí.
-Trabajo.
-¿Solo eso?
-Claro.-dijo el hombre mientras le daba un beso en el brazo que le rodeaba el cuello-
-Él… ¿qué quiere de Kagome?
-¿De Kagome?, bueno Inuyasha es famoso por ser un mujeriego.
-Como tú.
-Si como yo cariño, pero te recuerdo que yo ya lo deje.
-Claro que lo dejaste, pero obligado porque te amenacé con castrarte.
-Preciosa, para que voy a querer acosar a otras mujeres si puedo acosarte a ti.
-No sé si sentirme alagada u ofendida.
El hombre río mientras se levantaba de la silla y apagaba la pantalla del ordenador.
-¿Que has estado haciendo?-le preguntó Sango mientras veía como el guardaba unos papeles-
-Ayudar a Inuyasha en su trabajo.
-Miroku eres un simple informático como vas a ayudarle en su trabajo.
-Papeleo-mintió Miroku, se sentía culpable de no decirle la verdad a su novia-
-Bueno…por cierto saldré esta noche con Kagome.
-Ahora si estoy celoso, ¿a dónde iréis?-le preguntó mirándola con una ceja levantada-
-A cenar y a charlar, aunque después quizás vayamos a un club de boys.
-Sango…
-Era broma y lo sabes-le dijo mientras salía del cuarto- pero no te diré donde iremos después, además yo también tengo derecho a tener secretos.
Miroku suspiró mientras veía bajar las escaleras a Sango.
No podía contarle que él no era un simple informático.
Y que Inuyasha tampoco era un simple agente del FBI, aunque realmente ser del FBI poco tenía de simple.
Sango dejo escapar un suspiro mientras se apoyaba en el capo de su coche, Kagome llegaba diez minutos tarde, otra razón más a su lista de "Porque Kagome Higurashi no consigue novio", ellos se desesperarían esperándola a la intemperie.
Al menos había sido inteligente y se había puesto unos pantalones marrones con unas botas rosa palo, un jersey rosa y el abrigo marrón, frío no pasaría, eso seguro.
Un ruido la hizo salir de sus pensamientos, ¿La comisaría abierta a esas horas?, extrañada miró hacia la puerta y asombrada vio salir de allí a Rin e Inuyasha.
Que Rin estuviese allí lo entendía, pero ¿Inuyasha?
El se suponía que había terminado su jornada hace mucho, aparte de que últimamente no ocurría ningún crimen.
Lo que la terminó de sorprender fue ver como Rin se acercaba a Inuyasha y le besaba en la mejilla a la vez que se despedía de él con la mano. Pero Inuyasha no parecía feliz de que ella se fuese porque la agarró del brazo y tras unos minutos en los que hablaron algo -que sango no pudo escuchar-, ambos se dirigieron hacia los aparcamientos de las motos, Inuyasha quitó el seguro de una y le pasó un casco a Rin a la vez que él se ponía otro.
Un par de minutos más tarde ambos se perdían en las oscuras calles.
-Qué demonios…
-Hola Sango.
Sango se sobresaltó y se giró para ver a Kagome mirándola extrañada.
Si Kagome supiera lo que ella acababa de ver le daría un infarto, eso o le pegaría un tiro a Inuyasha.
-¿Sango te ocurre algo?-le preguntó la morena algo preocupada-
-No nada es que me quede pensativa y no te oí llegar.
-Oh…bueno ¿vamos?
-Claro.
Ambas mujeres comenzaron a andar hacia un restaurante cuatro calles más abajo, cuando salían solían aparcar en los aparcamientos de la policía, al menos no tenían que dar vueltas por las calles ni pagar por aparcar.
Era más barato.
Sango no sabía si contárselo a Kagome, una parte de ella sabía que debía decírselo, pero la otra se negaba.
Ella nunca tuvo una gran confianza con Rin, cierto era que se conocían y habían ido juntas a tomar un café alguna que otra vez.
Pero la alegre muchacha le caía muy bien.
Y además no debía sacar conclusiones precipitadas.
No hablaron mucho durante el camino, en cinco minutos se encontraron frente al restaurante y entraron con tranquilidad sentándose en una mesa al fondo del restaurante.
Intercambiaron algunas palabras mientras elegían que comida iban a pedir.
Tras pedir la comida y que el camarero se llevase las cartas Sango comenzó a hablar.
-Bien que ha pasado, y cuéntamelo con lujo de detalles.
-Pues veras…
Kagome comenzó a relatar lo ocurrido esa misma mañana, el pedido de su jefe, la tensión entre ella e Inuyasha y finalmente el beso que habían compartido.
-¿Qué sentiste cuando te beso?
-Pues lo que todo el mundo siente cuando un hombre atractivo te besa.
-Kagome eso no es cierto, si a mí me besara un hombre atractivo solo sentiría enfado.
-Eso es porque tú amas a Miroku.
-Exacto, en cambio si te besara a ti Miroku que sentirías.
-Enfado y asco, lo siento Sango Miroku no es mi tipo.
-Eso es porque sabes que es mi novio. Haber probemos con otro ejemplo, imagina que te besa mmm... ¿Brad Pitt?
-Sabes que nunca me hizo gracia ese tío, pero en fin creo que sentiría algo de lujuria y curiosidad.
-Bien ¿y si te besara Johnny Deep?-le preguntó Sango sabiendo que ese actor era de los favoritos de su amiga-
-Primeramente me desmayaría y después me volvería loca.
-Estamos hablando de lo que sentirías no de cómo reaccionarias.
-Deseo.
-Bien ¿y cuando te besó Inuyasha que sentiste?
Kagome se quedó callada rememorando el beso, recordando esos calidos labios que habían atrapado los suyos, el sabor de el, su forma de besar…
-Calidez…fue algo calido y ardiente, suave pero rudo, es algo…
-Inexplicable ¿cierto? Bienvenida al mundo de la lujuria, por cierto no es el mismo tipo de lujuria que la que tú experimentas por Johnny Deep.
-Entonces ¿qué tipo de lujuria es eh listilla?
-Querida tú has leído novelas rosas, sabes de qué tipo de lujuria hablo.
-Sango son libros, nadie se queda mirando a la otra persona en su primer encuentro de una forma tan sexual que parezca que quiere arrancarle la ropa como una…
-Gata en celo ¿no?
-Iba a decir perra, iba a cambiarlo-dijo la morena mirando mal a su amiga-
-Eso da igual Kagome, la cosa es que ese hombre te atrae de una forma inexplicable para ti y muy simple para mí.
-¿Estas diciendo que tú sabes mejor que yo lo que me pasa?
-Claro, ¿o acaso olvidas que soy psicóloga-sexóloga?-dijo la mujer mientras veía como el camarero se acercaba y les dejaba la cena sobre la mesa, realmente Kagome a veces parecía una vieja, como podía pensar que ese tipo de atracción física no existía?
-Muchas gracias por traerme a casa Inuyasha.
-De nada Rin, sabes que no hay problema. Por cierto le has dicho algo a…
-No tranquilo mis labios están sellados ella no sabe nada de nada.
-Me alegro-dijo el moreno mientras sonreía- por cierto… él volverá en febrero del año que viene.
-Lo se me lo dijo antes de ayer por teléfono… ¿Te gustaría entrar a tomar algo? Y así de paso te llevas unos papeles.
-Claro, muchas gracias-le dijo el hombre a la vez que entraba en la casa tras la pequeña mujer-
El moreno miro el lugar, Rin tenía buen gusto, las paredes estaban pintadas en color crema, la decoración era muy hogareña de madera casi todo, las alfombras y sillones en tonos marrones, y al parecer tenía parqué puesto.
Esa casa valía un buen riñón.
-¿Sabes que Kagome no soporta a Kikyo?
Inuyasha no dijo nada, en cuanto Rin pronuncio el nombre de su compañera se olvido que estaba en casa de la chica, solo recordaba el beso que se dio con la morena.
Solo podía recordar los labios de esa mujer.
Eso y su olor.
Adoraba el olor de una mujer, era tan característico.
Aunque no soportaba cuando se echaban litros de colonia encima y a lo único que olían era a perfumería barata o cara.
Era mucho mejor el suave olor femenino de una mujer sin perfumes ni colonias.
Eso era en lo segundo que se fijaba en una mujer.
Lo primero eran sus ojos.
Si, el podía parecer un estúpido mujeriego, pervertido y todo eso.
Pero solo mantenía una relación más o menos normal con aquellas mujeres que tenían unos hermosos ojos.
Adoraba los ojos que con una sola mirada podían transmitir algo.
Nada de ojos fríos.
-¿Inuyasha me estas escuchando?
-Eh…si claro ¿qué me decías?
-Qué raro eres...-susurró la chica-
-¿Perdón?
-Que si sabias que Kagome no soporta a tu nueva conquista.
-¿Nueva conquista?-preguntó el hombre algo aturdido-
-Kikyo.
-¡Ah ella!
-Si ella.
-¿Kagome no la soporta?
-No, mira te voy a decir algo pero no puede enterarse Kagome.
-OK, yo no diré nada de lo que me digas.
-Bien.
La chica le miró mientras dejaba escapar un suspiro. ¿Haría bien pidiéndoselo? Realmente le preocupaba su amiga, ella necesitaba un hombre.
-Me gustaría pedirte que hicieras un poquito feliz a Kagome.
-Espera ¿estás diciéndome que me acues...
-¡¡No!! ¿Por qué todos los hombres pensáis que la felicidad es igual a sexo?
-¿Quizás por qué eso es lo más parecido a tocar el cielo?
-Da igual, yo no te he pedido que te acuestes con ella, solo que la hagas feliz, que la hagas sentirse femenina y querida. Tal vez que parezca tonto pero a ella la absorbe el trabajo, no recuerdo cuando fue la última vez que tuvo una cita con alguien, bueno sin contar las obligadas.
-¿Obligadas?
-Sango le concertaba citas, ella esta tan preocupada como yo, por cierto ¿la conoces?
-Si su novio es un viejo amigo.
-Bueno eso da igual, ¿lo harás?-le pregunto Rin mirándole fijamente-
-No.
-Bueno ya sabes lo que te he dicho Kagome, no dejes que él te intimide con todas esas hormonas a tu alrededor y todo eso.
-A mí nadie me intimida.
-Déjame dudarlo-le dijo su amiga-
-No quiero discutir Sango, mañana hablamos.
-Vale adiós Kagome-se despidió la castaña mientras Kagome entraba en su casa y veía de reojo las luces del coche alejarse.
Sango tenía razón ella también podía jugar con él.
Pues iba a ver que ella podía ser tan sexy y mona que Kikyo e incluso más.
Hola!!
Esta vez si he sido rápida eh!, bueno espero que me pongan un comentario porque eso ayuda a que mi imaginación funcione ^_^, muchas gracias a todo el mundo que ha comentado hasta ahora, y gracias a los que lo harán después, y también a todos aquellos que leen mi historia.
Espero que les haya gustado ^_^
Amni
