Los personajes no me pertenecen son de la autora Rumiko Takahashi, lo que si me pertenece es la historia, la cual ha salido totalmente de mi imaginación.
Pasó por delante del espejo, llevaba haciendo eso desde hacía ya diez minutos. Pero no podía dejar de preocuparse, no después de haber leído cierta información en el ordenador de Miroku.
Esa noche estaba en el hotel "The Plaza", uno de los más prestigiosos hoteles de nueva York, y además con mucha historia. Este año el departamento policial se lo había montado bastante bien. Todo el mundo sabía lo caro que era ese hotel, y más si pedían habitaciones de lujo como la mayoría de los agentes tenían, este año había pocas caras nuevas.
-Sango deja de dar vueltas.
La aludida se giró y miró a su novio, estaba guapísimo, llevaba un traje de chaqueta negro, sencillo pero elegante, y una camisa morada. Aunque ella había intentado que se comprase una rosa claro que habían visto, pero él alegó que Inuyasha y los demás se reirían de él si iba con semejante cosa, ¡hombres que no saben de moda!
-Lo siento pero estoy…nerviosa.
-Ya hemos venido otros años, aunque sigo sin entender como nos invitan si no somos ni siquiera policías.
-Tú les has ayudado alguna vez con algún que otro ordenador, y Kagome siempre pide permiso para invitarme…aunque ya llevaba dos años sin venir.
-Sí, ella no es una mujer de muchas fiestas.
La mujer cogió unos polvos del tocador y con una brocha se los esparció sobre la cara, terminando así de maquillarse, la verdad iba bastante bien, el vestido color chocolate le sentaba francamente bien.
-Estás preciosa- susurró mientras la tomaba de la mano y hacia que diese una pequeña vuelta dejando que el vestido de seda bailara alrededor de su cuerpo; se quedo unos segundos admirando su cabello le encantaba el recogido que le habian hecho.
A veces podía jurar que ese hombre le leía la mente.
-Gracias, tu también estas muy guapo, pero habrías estado mejor con la camisa rosa.
-¿Y arriesgarme a perder mi dignidad? Creo que no.
-Miroku tu perdiste la dignidad hace tiempo.
-Yo también te quiero Sanguito.
La mujer le dirigió una mirada que helaría el mismísimo infierno, y Miroku la miró con miedo, recordando cuanto odiaba su novia ese sobrenombre.
-¿Recuerdas qué te dije sobre llamarme así?
-Claro.
-¿Y por qué lo haces?
-Porqué me encanta cuando te enfadas, es tan…
Se oyó un seco sonido dentro del cuarto, no había que ser un experto para saber que ese sonido procedía de una cachetada de sango…
-¿Si?, hola cariño, claro… ¿Un poco más tarde? Está bien, no, no te preocupes, yo también te quiero, adiós…
Rin colgó el auricular, él iba a volver a llegar tarde, a veces parece que solo vive para su trabajo.
-Eres un tonto-susurró la mujer mientras terminaba de prepararse, quedaba media hora para bajar al vestíbulo, donde comenzaría la celebración, bueno al menos sus planes habían comenzado bien, Kagome estaba en el hotel, cerca de la habitación de Inuyasha, eso de organizar los cuartos tenía sus ventajas.
-No pienso permitir que ese zopenco este con Kikyo, no me parece bonito, no después de haber intentado seducir a Kagome, ¡no señor! No lo permitiré.
-¿Qué no permitirás?
Rin pegó un grito al escuchar la voz femenina tras de ella, normalmente no gritaba al escuchar a alguien de pronto, pero no se esperaba que tuviese compañía.
-¿Rin qué se supone qué haces?-le preguntó Kagome mientras intentaba bajar la falda de su vestido, Rin suspiró mientras su amiga se quitaba los tacones y andaba descalza con tranquilidad.
-¿Ya vas a quitarte los tacones?
-Son de vértigo Rin, aun no entiendo como conseguisteis que viniese aquí y me comprara esto-dijo la morena señalándose a sí misma.
-Pues yo opino que estas guapísima-le dijo su amiga mientras daba un par devueltas alrededor de Kagome admirando el vestido turquesa que lucia, realmente era hermoso con esos dibujos en el pecho y en el bajo de la falda, por no hablar de la bonita figura que le hacia.
La aludida se sonrojo, eso mismo había pensado ella cuando se había mirado al espejo pero no quería admitirlo.
-Pero…ese peinado…no me gusta-opinó Rin mientras cogía un mechón de pelo, Kagome no parecía ser muy diestra con el secador, pues se había dejado el pelo suelto con una diadema de color verde, conjuntaba con el vestido, pero ese atuendo se vería mucho mejor con el cabello recogido.
-Es que…tuve problemas con el secador.
-Ya me lo imagino, pero ¿Por qué no pediste cita en la peluquería?
La morena se sonrojó antes de contestar, para ella era vergonzoso sabiendo el sueldo de su amiga.
-Es que…si gasto dinero en este tipo de cosas…pues el presupuesto.
-Bueno da igual Kagome, siéntate que yo te arreglo el pelo, digo yo que podamos aprovechar esos rizos tuyos.
Kagome obedeció, por una noche quería intentar deslumbrar al público masculino, ser más bonita y sofisticada. Ser diferente.
Con cuidado se subió las medias transparentes y se las ajustó al ligero, dirigió su mirada hacia el espejo admirando su cuerpo delgado pero tentador, esa noche tendría a cierto hombre comiendo de su mano literalmente.
Se puso el vestido negro y acomodo su cabello, las peluqueras habían hecho maravillas esta vez, el recogido era muy complicado, pero increíblemente hermoso.
Un ruido le sacó de sus pensamientos, el móvil estaba sonando. Recogió el teléfono que estaba sobre la cama y le dio a la tecla de descolgar.
-¿Si?
-Kikyo-le llamó una voz masculina al otro lado del teléfono.
-Oh, Naraku. ¿Qué ocurre querido?-le preguntó intentando disimular su disgusto-
-Pareces molesta, pensé que te alegraría escuchar mi voz.
-Claro que me alegra, no sé por qué dices lo contrario-le contradijo ella mientras ponía los ojos en blanco y se sentaba sobre la cama, teniendo especial cuidado en no arrugar el carísimo vestido negro.
-Bueno querida, simplemente te llamo por una razón…
A Kikyo le falto el aire cuando termino de oír hablar a Naraku. Se despidió de él con la boca repentinamente seca, y con el temor reflejado en sus ojos.
-Miroku vete a tu cuarto, ¿por qué no me dejas en paz?
-Oh vamos amigo mío, no seas tan quisquilloso.
-¡Qué te vayas! Maldito pegajoso, tengo cosas que hacer antes de bajar a cenar.
-Bueno no pasa nada, yo te ayudare a hacerlas.
Inuyasha apretó los puños y contó hasta diez para no asesinar a su buen y prácticamente único amigo, pero este ya le estaba poniendo de los nervios.
Suspiró sonoramente mientras se levantaba de la silla dejando a Miroku algo sorprendido al acercarse a la mesilla de noche y sacar del último cajón dos pistolas.
-Inuyasha creía que no tenías permiso para usar eso.
-Tú lo has dicho, creías.-le dijo con tranquilidad mientras guardaba una dentro de la chaqueta negra y le pasaba a su amigo la otra.
-¿Qué mierda quieres que haga yo con esto? ¿Y por qué no me has dicho antes que tenias permiso para usar armas?
-Guárdala, nunca se sabe cuando la necesitaras. Y por cierto…te han "pirateado" el ordenador.
El hombre de ojos del color de la amatista se levanto de pronto de la silla, mirando a su amigo consternado.
-¿Quién… quién demonios me ha robado información?
-Tres pistas; castaña, alta, mal humor.
-¡¿Rin?
-No imbécil, Sango.
Miroku pestañeo varias veces y se rascó la nuca.
-Eso es imposible ella no sabe hackear ordenadores.
-Eso lo dices tú, pero mira por donde tu ordenador está conectado con el mío, y según esto, tu novia te ha copiado cierta información; la próxima vez dile que no escriba su nombre en el disco duro.
Miroku miro la pantalla del portátil de Inuyasha, habían decidido conectar sus ordenadores por si se perdía información de alguno, pero nunca pensó que su adorada mujer le robara la información, algo olía a gato encerrado.
-Tienes que recuperar esa información.
-Imposible, Sango siempre se lleva su portátil a todos lados…sobre todo a trabajar.
Inuyasha miro a su amigo seriamente, Sango era amiga de Kagome, podía contarle todo y eso era algo que no podía permitir.
-Miroku recupera los archivos antes de que sango los descodifique…porque si no creo que tu novia tendrá problemas con la justicia.
El aludido tragó saliva fuertemente y asintió con la cabeza, en cuanto volviesen a casa conseguiría el portátil de Sango.
-Rin, eres… fabulosa.
-Gracias cariño, la verdad me ha encantado, ha sido como jugar a las peluqueras.
Kagome sonrío a su amiga, pero volvió a mirarse en el espejo; Rin había echo verdaderas maravillas con su cabello, había conseguido que se rizase de la forma perfecta dandole un toque seductor y sofisticado.
-Creo que ya estas lista para seducir.
-Muy chistosa-dijo la morena- como no seduzca al encargado del hotel, ya sabes ese que ya lleva bastón.
-Que poco te valoras… eres preciosa y lo sabes, pero no te gusta serlo porque piensas que solo se fijan en ti por ser bonita.
-Rin, cuando un hombre se fija en mi acaba sabiendo que soy policía, y no les gusta la idea.
-Bueno eres criminalista.
-La última vez que dije eso pensó que me gustaba la sangre y los muertos.
Rin puso los ojos en blanco mientras cogía el bolso y metía la tarjeta de la habitación dentro, realmente esas cosas solían pasar; normalmente cuando decía que era policía los hombres la miraban mal, y eso a ella le había pasado muchas veces hasta que encontró a su "príncipe azul".
Kagome siguió a Rin y salió del cuarto asegurándose haber cerrado la puerta, comenzó a fantasear como sería el novio de su amiga.
-Oh, Kagome ahora vuelvo, me he dejado el teléfono móvil.
La morena miró extrañada a su amiga, ¿Teléfono móvil? Pero si ya lo había metido en el bolso.
Cuando miro hacia el frente descubrió porque su amiga había puesto esa excusa, frente a ella estaba Inuyasha.
-¡Está guapísimo!, ¡oh vamos dale dos besos! Con lengua o sin lengua como tu prefieras.
-No le daré ni las buenas noches.
-¡Aburrida!
-Hola Kagome.
La mujer enrojeció al verle de cerca, mientras ella discutía con su voz interior él se había acercado y ahora estaba a solo unos centímetros de ella.
-Hola Taisho.
-No me gusta que me llames por mi apellido, pensé que teníamos más confianza.
-Pues lamento decirte que pensaste mal.
-Yo también lo lamento-susurró el-
-¿Cómo?
-No nada, por cierto estas exquisita.
-Guarda tus piropos para Parker.
-¿Para Kikyo?, ella no necesita piropos sabe que es bella. Pero en cambio tu tienes un autoestima un poco bajo ¿no?
Kagome apretó los dientes, ¿desde cuándo él la conocía tan sumamente bien?
-Eso no es de tu incumbencia.
-En eso te equivocas preciosa.
-Vete al infierno, y no me digas preciosa.
El se río, con esa risa tan ronca y sensual, y a ella solo le falto abrir la boca para comenzar a babear. Cualquier mujer normal babearía por ese hombre.
-Después bailaras conmigo preciosa me lo debes…
-Yo no te debo…
Pero no pudo terminar la frase, porque él paso por al lado de ella con una sonrisa en los labios, Kagome no necesito girarse para saber quién estaba detrás de ella diciéndole a Inuyasha lo guapo y sexy que estaba…
-¿Seguro que es aquí? Normalmente los pequeños departamentos de policía no se gastan tanto dinero-dijo una voz varonil-
-Que sí es aquí tonto; aparca de una vez.
-Hay aparcacoches idiota.
-Un día de estos te enseñare educación-susurró la mujer mientras salía del coche y se alisaba la falda-
La mujer sacó del bolso un pequeño espejo e intento poner su cabello de la mejor manera posible, pasarse más de cuatro horas en un avión era muy estresante además de aburrido, sobre todo si ese gruñón que se hacía llamar hombre no dejaba de quejarse por todo, las azafatas habían estado detrás de él sirviéndole todo lo que pedía, pero él parecía nunca estar contento.
-¿Has terminado ya mujer?
-Kouga juro que un día de estos me hartare de tus tonterías-le advirtió la mujer mientras terminaba de colocarse su cabello rojizo-
-Vale, estaré esperando ese día-le respondió el hombre dejando ver un brillo en sus ojos azules.
-Si me disculpan-dijo educadamente Kagome mientras se daba la vuelta y se dirigía hacia la barra para pedir una copa-
-Dios como duele…-susurró mientras se apoyaba en la barra con la esperanza de descansar un poco los pies, esos tacones la estaban matando, aunque eran preciosos, negros con una tira rodeando el tobillo, pero demasiado altos.
-¿Problemas con los tacones querida?
La morena se dio la vuelta para poder ver a Kikyo, iba espléndida, perfecta, magnifica, preciosa…
Kagome se mordió la lengua para no dejar escapar un sollozo de rabia, Kikyo estaba mil veces más hermosa que ella; el vestido negro era muy moderno y le realzaba las caderas y la cintura, el cabello estaba recogido en un complicado moño con una especie de ramitas en él. Además llevaba los tacones plateados sin problemas, como si todos los días llevase ese tipo de calzado.
-No, solo estaba pidiendo una copa-le dijo mientras se volvía a apoyar totalmente en sus zapatos, aunque eso le costó un terrible dolor, sospechaba que le estaban saliendo heridas.
-Bueno como tú digas, por cierto ahora cenaremos, ¿Te unirás a Inuyasha y a mí en la mesa no? Después de todo tus…amigos también están con nosotros.
-Claro.
-Bien, ahora nos vemos.
Y terminando de decir esto se fue sin darse cuenta de la mirada perdida de Kagome.
-Genial, fantástico… mierda-susurró la morena mientras se volvía a apoyar en la barra deseando que alguien la sacase de la fiesta…
-¿Le has localizado?
-No, lo siento Inuyasha pero se me hace difícil localizar a alguien a quien no conozco como comprenderás.
-Eres realmente torpe-susurró el moreno mientras seguía con la mirada a cierta mujer morena de largas piernas-
-¿Mirando a Kikyo?
Inuyasha levantó una ceja y dejó escapar una carcajada.
-Tengo mejor gusto que eso-dijo fríamente mientras tomaba un trago de su copa-
-¿No me dirás que miras a Kagome?
-Bingo.
Miroku simplemente meneó un poco la cabeza y se marcho para buscar a su novia mientras murmuraba algo parecido a "tonto enamorado"…
-¿Enamorado?-susurró Inuyasha mientras dejaba su vaso ya vacío sobre la barra-
Se froto un poco los ojos antes de volver a fijar la vista en Kagome, y después desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Antes de irse simplemente susurró un "nunca".
-Oh y entonces en París conocí a…
Kagome suspiró por cuarta vez en menos de quince minutos; era el tiempo que llevaba sentada junto con Sango, Miroku, Kikyo e…Inuyasha. Y la pesada de Kikyo solo sabía hablar sobre todos los viajes que había realizado a lo largo de su "impresionante vida". Kagome deslizó la mirada hasta Inuyasha, teniendo cuidado en que él no lo notase. Le admiro durante unos minutos, dejando a sus ojos recorrer con tranquilidad el cuerpo masculino, pero sin olvidar que él era enteramente de Kikyo.
Y ella lo demostraba poniendo una mano sobre el muslo de Inuyasha.
Quiso salir corriendo para gritar de frustración, pero de pronto vio como Inuyasha hacia que Kikyo le quitase las manos de encima, le recorrió con la mirada de abajo arriba, lentamente, hasta llegar a sus ojos, y cuando lo hizo se encontró con los ojos de Inuyasha, los cuales parecía que también la analizaban por completo; inconscientemente se mojó los labios y pudo notar la abrasadora mirada de Inuyasha sobre ellos, como si quisiese besarla.
Y solo Dios sabía que ella también lo deseaba, y con locura.
-Aquí tiene sus chuletillas de cordero.
La morena parpadeo un par de veces antes de darse cuenta de que aún estaba en la mesa, junto con los demás, y que acababa de llegar su plato.
-Muchas gracias-susurró pensando cómo podía haberse distraído tanto con un par de miradas-
El camarero también sirvió el vino y los demás platos al resto de personas presentes antes de retirarse educadamente.
-Bueno Kagome y dinos ¿tú de dónde eres?
La aludida casi se atragantó al escuchar la pregunta de Kikyo, ¿a qué se debía ese interés?
-Soy de Japón. Aunque tengo también la nacionalidad estadounidense.
-Así que japonesa…que coincidencia yo tengo antepasados japoneses.
-Seguro que vivían en burdeles…-susurró Kagome inconscientemente-
-¿Cómo?
-Oh nada, perdón tengo la costumbre de susurrar tonterías para mí misma.
Sango ahogó una pequeña risa, pues sabía perfectamente lo que había dicho su amiga, en cambio Miroku e Inuyasha intercambiaron una mirada rápida.
-¿Y esas miradas chicos? No me digáis que os habéis cambiado de acera-comentó sango mientras tomaba la copa que estaba ante ella y tomaba un sorbo de vino.
-Claro que no Sanguito sabes que solo te quiero a ti, además…que asco.
Todos menos Inuyasha se rieron por la cara que puso Miroku al terminar de hablar, Kagome comenzaba a relajarse aunque seguía sin gustarle los juegos bajo la mesa de Kikyo.
Lo admitía, estaba celosa.
-Esto está delicioso-susurró Kikyo mientras masticaba un pequeño pedazo de su solomillo a la pimienta-
-Si, tienen muy buena comida-comentó Inuyasha mientras seguía comiendo su chuletón-
-Mira prueba.
Kagome apretó fuertemente mientras veía por el rabillo del ojo como Kikyo le daba a Inuyasha un trozo de su solomillo, y este abría la boca para recibirlo.
-Delicioso.
La morena deseo tirarse de los pelos al ver como Kikyo sonreía sensualmente y seguía comiendo sin apartar la mirada de Inuyasha.
Esa mujer era odiosa.
-Y dime Kagome, ¿pasaras las fiestas de navidad con tu familia?
-Sí, sabes que en estas fechas mi madre…bueno ya la conoces.
-Ya… bueno iré a hacerte una visita, si no te importa claro.
-Por supuesto que no sango, no hay problema.
-¿Y adonde dices que iras?-preguntó Kikyo metiéndose directamente en la conversación-
-A Japón.
-Oh, pues quizás nos encontremos después de todo yo también tengo familia allí, sería maravilloso ¿verdad?
-Sí, estaría bien-respondió Kagome con una sonrisa forzada, si esa mujer aparecía cerca de su casa la echaría a patadas.
Quería unas vacaciones tranquilas, sin más preocupaciones que elegir la ropa que se pondría cada día.
Y esa no era una gran preocupación.
-Bueno ya que hemos terminado de cenar, vamos al bar. A tomar una buena copa.
-Por fin usas la cabeza Miroku-dijo Inuyasha mientras se levantaba de la silla y avanzaba junto con Miroku.
-Menudos dos-susurró Sango sonriendo-
-Adelantaos vosotras, que primero quiero ir al cuarto de baño.
-Claro te esperamos allí Kagome.
La morena vio como sango y Kikyo tomaban camino hacia el bar charlando tranquilamente, y ella simplemente se giró para encaminarse hacia los lavabos.
-Sabes Inuyasha menos mal que Kagome no se da cuenta de nada, porque si no habría visto tus miradas ardientes.
-Deja de hacer el payaso idiota-susurró Inuyasha-
-¿Por qué hablas tan bajo?
-Es mi compañera de trabajo, sabes eso de que el sexo y el trabajo no compajinan.
-Claro, lo que tú digas.
-Miroku.
-¿Si?
-Cállate.
-¿Dónde estarán los malditos baños?-murmuró una Kagome muy mareada después de dar varias vueltas, y lo peor era que no encontraba ningún empleado para preguntarle, a este paso tendría que subir a su habitación para poder ir al lavabo.
-Te he echado de menos cariño-dijo una voz muy ronca masculina a un lado del pasillo en el que Kagome se encontraba, esta decidió pararse y esconderse en las sombras, no quería que pensasen que era una mirona.
-Yo también, eres un tonto-susurró una voz que se le hacía muy conocida a Kagome-
-Te quiero pequeña.
Kagome comenzó a andar lentamente al ver que la pareja se había fundido en un beso, anduvo lo más silenciosamente posible, pero cuando pudo ver a la pareja casi pegó un grito de la impresión, y por ello tropezó con un jarrón, haciendo que este cayera y la pareja se separase.
-¿Kagome?-susurró la mujer mirando a la morena, la cual estaba sonrojada e intentaba arreglar el destrozo que había hecho-
-Lo siento mucho de verdad no quería interrumpir pero…
-Tranquila Kagome no pasa nada, no sabía que estabas aquí.
-¿Rin?, oh dios menos mal que eres tu…-pero se cayó de golpe al ver quién era el hombre que la acompañaba.
-Antes de que lo preguntes no, no es Inuyasha, pensaba que me tenías más confianza.
-¡Yo no iba a decir que el fuese Inuyasha! Acabo de verle.
-¿A si? ¿Y que a dicho de tu aspecto?
Kagome se sonrojó notablemente y decidió cambiar de tema.
-¿No vas a presentarnos?
-Claro, Kagome te presento a mi prometido, Sesshomaru Taisho.
-Encantada, soy Kagome Higurashi-dijo la morena mientras le tendía la mano al hombre que se parecía tanto a Inuyasha-
Rin sonrío tranquilamente, la despistada de su amiga no se había dado cuenta de el apellido que unía a Sesshomaru con Inuyasha.
-Bueno, yo me voy…que tengo que encontrar un baño-dijo Kagome disculpándose por la intromisión.
-No importa, y el baño de señoras esta al fondo del pasillo-dijo el hombre sin inmutarse.
-Gracias.
Y se alejó de la pareja sintiendo el sonrojo en sus mejillas, tenía una extraña capacidad para meterse en situaciones embarazosas.
-Parece inteligente.
-Lo es, además me da la impresión de que le gusta mucho tu hermanito.
-Entonces retiro lo de inteligente-susurró el hombre-
-Que tonto eres-dijo Rin mordiéndose el labio inferior mientras se volvía a poner de puntillas para darle un beso a su acompañante-
-Gracias, y ahora ¿volvemos? Tengo ganas de saludar a mi querido hermanito.
-Claro.
Y ambos se alejaron mientras se miraban de una forma muy cómplice.
-Aquí debe ser.
Después de andar otros diez minutos por fin encontró el baño, tal y como había dicho Sesshomaru estaba al final del pasillo.
-Por fin…-susurró mientras entraba en el cuarto y encendía la luz, cerró la puerta y se giró para mirarse en el espejo, al parecer la laca había conseguido que su cabello siguiese en su lugar, aunque eso poco le importaba la verdad, aún podía ver a Kikyo metiéndole mano descaradamente a Inuyasha.
Y eso no le gustaba.
-Mierda de fiesta-susurró mientras cerraba los ojos y respiraba profundamente para intentar poner en orden sus pensamientos.
En ese instante alguien entró sigilosamente en el cuarto de baño, y se quedo mirando a Kagome durante unos instantes, el mismo personaje sonrío de lado y silenciosamente se acercó a ella hasta estar tras su espalda.
-Es un tonto…
-¿Quién es un tonto?
Kagome se puso totalmente rígida y pegó un grito de impresión, justo cuando iba a pegar una patada al "intruso" Inuyasha la agarró de las manos con una mano y con la otra le tapo la boca.
-Tranquila no sabía que te asustarías así, si no, no te habría cogido por sorpresa-le dijo a la vez que la soltaba las manos, pero no aparto la mano de sus labios.
Kagome con el corazón aún desbocado sujetó la mano de Inuyasha y la alejó de su boca, se dio la vuelta para encararle y se cruzó de brazos, no estaba de buen humor precisamente.
-Esto es el baño de señoras.
-Lo sé.
-Tú no eres una señora.
-Eso es evidente.
-¿Y qué mierda haces aquí?-le preguntó perdiendo la poca paciencia que le quedaba-
-Kagome decir palabrotas no es bonito.
-Fuera tonto estúpido-le gritó mientras intentaba echarle del lugar-
Inuyasha solo sonrío arrogantemente y la agarró de la cintura para acercarla a el.
-Solo conseguirás hacerte daño preciosa.
-Vete al cuerno…
-Maleducada-susurró él mientras inclinaba la cabeza y se acercaba al cuello de la morena, Kagome se quedo sin respiración mientras él inspiraba la fragancia de su cuello, agradeció al cielo haberse puesto sujetador, porque si no sus pechos habrían podido delatar lo excitada que estaba en ese momento.
Ya que no todos los días un hombre guapo se cuela en un cuarto de baño de señoras e intenta…
Seducirte.
Cuando Inuyasha rozó el cuello de la mujer con los labios, ella se estremeció a causa de ese pequeño contacto, y eso fue el detonante para que Inuyasha la besara.
Al principio intento resistirse, pero solo duro unos segundos, pues inmediatamente se encontró devolviéndole el beso con fiereza, le abrazó del cuello para que se acercase más a ella y devoró sus labios, se besaron casi con desesperación, Inuyasha agarró una de las piernas de la mujer y la levanto hasta su cadera para luego poner el cuerpo de la mujer contra la pared, ella dejo escapar un pequeño gemido, y el aprovechó esa oportunidad para introducir su lengua en la boca de ella.
Ese hombre sabía cómo besar, y la estaba volviendo loca, acariciaba su boca con delicadeza y a la vez con desesperación.
Y con desesperación comenzó ella a mordisquearle el labio inferior y acariciarle los anchos hombros, por unos instantes se dejo llevar por la pasión y el deseo que corría por sus venas.
Inuyasha acariciaba la espalda de la mujer a la vez que buscaba una cremallera, pero en ese mismo instante algo rompió el encanto.
El móvil estaba sonando.
Automáticamente dejo de besarla y la miro sin comprender.
-¿Es el tuyo?
-No llevo móvil, no tengo donde guardarlo.
El miro rápidamente a sus pechos.
-No seas cerdo.
-Lo siento pero es que hoy estas deliciosa-le murmuró al oído, para luego separarse de ella y sacar su móvil del bolsillo de la chaqueta.
Kagome simplemente cogió aire y cerró los ojos para pensar por un momento lo que acababa de ocurrir, si no los hubieran interrumpido la llamada ahora mismo estarían desnudándose para hacer el amor.
O peor aún para practicar sexo.
Porque no es lo mismo. Y ella no quería practicar sexo, y menos con él.
Quería hacer el amor.
-Qué demonios quieres, no vete al…si ahora nos vemos, adiós.-Inuyasha colgó el teléfono automáticamente y la miró, Kagome tuvo que recordarse que debía respirar cuando la abrasadora mirada del hombre la recorrió completamente.
-Si no fuese porque tengo cosas muy importantes que hacer, te subiría a mi cuarto y te haría el amor preciosa, pero ya será en otra ocasión.
Y tras decir eso salió del cuarto de baño, dejando a Kagome sola y más sonrojada y excitada de lo que había estado en toda su vida.
Y solo cuando estuvo segura de que él se había ido para no volver dejo que sus piernas terminaran de temblar y se sentó sobre el lavabo.
Solo entonces se permitió tocarse levemente los labios y cerrar los ojos recordando el beso…
Se que he tardado mucho, pero ahora tengo un bonito verano, y espero poder terminar el fic xD no prometo nada, si alguien tiene mucho interes en como iban vestidas las chicas y tal, tengo fotos de los vestidos, que me lo digan y yo se las envio o algo.
Espero que les haya gustado ^_^ y muchas gracias por los comentarios, sigan haciendolo please ^_^ solo pierden un par de minutos y me dan una alegria.
Amnii.
