Los personajes no me pertenecen, en cambio la historia si.
Inuyasha maldijo un par de veces mientras se colocaba bien la camisa, estaba de muy mal humor; el bastardo de su hermano le había interrumpido cuando estaba a solas con Kagome.
Y eso solo había conseguido ponerle de un humor de perros.
-Estúpido Sesshomaru, con sus estúpidas visitas, y su estúpido carácter-susurró mientras entraba al bar y lo recorría con la mirada sin demasiada emoción.
Después de todo lo único impresionante que había en ese sitio era la erección que tenía en ese momento.
Maldijo un par de veces en voz baja, se arrepentía de no haberse comprado unos pantalones más anchos.
-Inuyasha ¿dónde estabas amigo?
-Cállate Miroku, yo no soy tu estúpido amigo- dijo Inuyasha con los dientes apretados-
-¿Qué pasa contigo tío? Hace un rato estabas de buen humor.
Inuyasha soltó una frase sobre a donde podía irse un rato Miroku y se dirigió a la barra para pedirse algo de beber.
De pronto apareció su acompañante de esa noche.
Kikyo.
-Hola, me tienes abandonada ¿sabes?-dijo ella mientras se acercaba más a él, lo suficiente para pegar sus caderas.
-Lo siento, tenía cosas que hacer-dijo el intentando ser educado, se fijo en su cara y estuvo a punto de reírse, esa mujer había notado su excitación y se pensaba que era por ella.
Que equivocada estaba.
-Bueno…después podrías pasarte por mi cuarto y recuperar el tiempo perdido-susurró ella mientras se apretaba contra él.
-No lo creo Kikyo, no me interesan las mujeres fáciles.
Inuyasha intentó no soltar una carcajada al ver la cara de sorpresa de Kikyo ante su respuesta.
-Pero tú, tú estás excitado, tienes que estar bromeando nadie nunca me ha rechazado.
-Lo siento preciosa pero te lo repito, no me gustan las mujeres fáciles, y mi estado… no te lo tomes como algo personal, ya que no es por ti.
Kikyo apretó los puños fuertemente y le dirigió una mirada odiosa.
-Te arrepentirás de esta Taisho.
-De lo único que me arrepiento es de haber venido aquí contigo Kikyo.
El hombre sonrío al ver como Kikyo se daba la vuelta indignada y desaparecía a lo lejos, seguramente iría a intentar meterle mano a otro.
A él le importaba una mierda lo que esa mujer hiciese.
Cuando el camarero por fin le dio la copa gruñó un pequeño gracias y se dirigió hacia donde su hermano estaba sentado.
Después de esa escena volvía a recuperar su mal humor.
-Buenas noches Rin-dijo mientras tomaba asiento frente al "bastardo" de su hermano.
-Hola Inuyasha, ¿has visto a Kagome?-preguntó la mujer inocentemente mientras le guiñaba un ojo, cosa que solamente él notó.
-Esto…si-contestó el aclarándose la garganta, juraría haberse sonrojado un poco-
Sesshomaru bebió de su cubata y mantuvo la mirada en su hermano, aunque no quería admitirlo, le importaba su hermano lo suficiente como para protegerle, aunque el tiempo había pasado y ya no necesitaba protección.
Bebió otro trago del cubata para alejar los malos recuerdos.
Esa noche debía disfrutar.
-Mira, ahí viene-dijo Rin felizmente a la vez que se levantaba de su asiento y se acercaba para hablar con su amiga.
Inuyasha no apartó ni un segundo la mirada de la muchacha morena, y ella lo notó, pues le miró a los ojos durante unos segundos, pero después apartó la mirada a la vez que se sonrojaba.
Eso le pareció hermoso. Ella en si era hermosa.
-¿Inuyasha me estas prestando atención?
El aludido miró a su hermano e hizo una mueca, prefería su vista anterior.
-Se que no te parezco tan guapo como tú "amiga", pero escuchare al menos cuando te hablo.
Inuyasha simplemente gruñó a modo de respuesta y se dispuso a escuchar lo que su hermano tenía que decir…
-Inuyasha no te quitaba la vista de encima.
Kagome miró sonrojada a su amiga a la vez que cogía un mechón de pelo y distraídamente lo enredaba en torno a su dedo.
Francamente, estaba muy nerviosa por las miradas de Inuyasha, era como si compartiesen un secreto.
Y eso le gustaba.
-Kagome, deja de comértele con los ojos anda.
-¡Rin!
-Oh vamos, no lo negaras, te mueres por él; aunque quien no-dijo su compañera-
Kagome puso los ojos en blanco, aun estaba nerviosa por el beso de antes.
-Bueno ahora que lo pienso, yo no me muero por él; prefiero a mi hombre.
Kagome soltó una carcajada al ver como Rin se mordía el labio inferior y miraba a Sesshomaru; Kagome apretó los labios para no dejar escapar otra carcajada aún mayor al ver como el hombre se sonrojaba por la mirada de su novia.
-Eres incorregible Rin-dijo Kagome mientras le daba la espalda a la mesa de los hombres, para que no la vieran reír-
-Oh, pero ser incorregible es divertido.
-¿De qué os reís?-preguntó Sango cuando se acercó a ellas, tenía las mejillas sonrojadas y una sonrisa tonta en los labios.
-Borracha.-dijo la morena-
-Borracha.-repitió Rin-
Sango arqueó una ceja, pero después se río tontamente.
-Solo estoy contenta nada más, exageradas-dijo la mujer a la vez que daba una vuelta sobre sí misma, Sango era realmente graciosa en ese momento.
Miroku se acercó a los dos hermanos y se sentó junto a ellos sin apartar la mirada de su novia.
Sonrió de lado mientras la observaba de abajo a arriba comenzando por sus pies, le encantaban esos tacones rosas sin puntera, realzaban sus tobillos, el vestido marrón le quedaba como la seda y le hacia un bonito escote, se ataba tras el cuello, pero lo que realmente más le gustaba era su cabello, un recogido con varios rizos sueltos dándole un aspecto de fragilidad.
Aunque él estaba deseando volver al cuarto, porque disfrutaría mucho quitándole la ropa y cada una de las horquillas de su cabello.
-La sala de baile se ha abierto al público, si desean ir acompáñenme.
Todo el mundo se giró hacia la puerta, frente a ella estaba un hombre mayor, seguramente un empleado del hotel, casi todos los invitados fueron tras él, después de todo era una fiesta.
Y toda fiesta que se precie debe tener un baile.
-Estás seguro de eso Kouga, no será una broma de mal gusto ¿verdad?
-Cállate mujer, claro que estoy seguro, hay un infiltrado en el hotel…
-Bien pues si es así, tendremos que estar en guardia-dijo la mujer mientras sacaba su arma y la cargaba-
Kouga sonrío a la mujer, era peligrosa y eso le gustaba.
-¿Entramos ya?-preguntó la pelirroja-
-No, aun no… deja que la fiesta continúe durante un rato…
Kagome intentó pasar desapercibida en medio de la gente, pero antes de que consiguiese alcanzar un asiento Inuyasha ya la había "cazado" y en ese mismo instante se encontraba bailando una canción lenta con él.
Inconscientemente apretó las manos aún más fuerte en torno a su cuello y lentamente se apoyó sobre su pecho, escondiendo en él su rostro, evitando las miradas curiosas.
Sintió como el hombre la agarraba más fuerte de la cintura y la acercaba a él, seguían bailando lentamente, sin prisas, como si tuviesen todo el tiempo del mundo.
Dejó que su peso cayera sobre él y disfrutó de su perfume.
Olía endemoniadamente bien.
-Kagome-la llamó él con una voz algo ronca-
-¿Si?-contestó ella, sin entender porque de pronto su voz sonaba tan pequeña, y se sentía tan sumamente frágil en sus brazos.
Frágil pero protegida.
-Yo…
De pronto la música dejo de sonar.
Los invitados aturdidos miraron hacia su alrededor, unos segundos más tarde unos ruidos secos se hicieron presentes.
Varias personas estaban entrando por las ventanas del hotel, rompiéndolas en mil pedazos.
Se escucharon varios gritos, y más aún cuando los individuos sacaron sus armas y apuntaron a la multitud.
Nada más ver las armas los policías que llevaban las suyas encima las sacaron.
Se apuntaban unos a otros con ellas.
De pronto se escucho un disparo.
Solo uno.
-Mierda-susurró Inuyasha a la vez que miraba por el rabillo del ojo a quien habían disparado, un encargado del hotel.
-Bajen las armas, es una orden –dijo una voz masculina-
Todos los presentes miraron a la figura recién llegada, era un hombre de unos veintiséis años, con el cabello negro y largo recogido en una coleta, varias mujeres dejaron escapar un suspiro al ver sus ojos azules como el mar, pero él no hacía caso a nadie; simplemente se dirigió a un punto concreto.
-Kagome Higurashi ¿no es así?; bien estas detenida por la colocación de una bomba en este hotel y atentar contra la vida de tus compañeros.
Kagome dio un paso hacia atrás asustada.
Acababan de acusarla de un delito, y ella no había hecho nada.
-Yo…eso es falso no he colocado ninguna bomba- le grito al agente de ojos azules.
Pero el hombre no le hizo ni caso, simplemente llamó a uno de sus hombres y le hizo unas indicaciones.
En el mismo instante en el que Inuyasha iba a comenzar a pelearse con el hombre apareció una mujer en el gran salón.
Era pelirroja, llevaba un vestido negro y blanco ajustado por encima de la rodilla, en su mano sostenía un bolso blanco, a juego con los zapatos de tacón blancos.
Lo más impresionante eran sus grandes ojos verdes que en ese instante estaban mandándole una mirada asesina al agente moreno.
-Kouga-exclamó la mujer acercándose a él con paso decidido.
-Ayame-dijo él con tranquilidad a la vez que se llevaba un cigarro a la boca y lo encendía.
La mujer se paro frente a él, y, después de darle su bolso a uno de sus subordinados, le arrancó al hombre el cigarrillo de la boca.
-Has vuelto a hacerlo, ¿verdad?-preguntó la mujer mirándole a los ojos.
-¿Hacer? ¿El qué?
Ayame rompió el cigarrillo por la mitad y se acercó a Kagome.
-Siento mucho el comportamiento de mi compañero, tiene la estúpida costumbre de culpar a la gente sin pruebas.-explicó la mujer mientras volvía a recuperar su bolso.
Kagome la miró sin entender.
-No está acusada por tal delito, el único acusado de ese delito es aquel encargado del hotel, no quisimos decirlo para que no se corriese la voz hasta tal punto que los causantes fueran conscientes de que ya sabíamos su plan y por ello lo adelantasen.
Kagome, cogió aire fuertemente, no estaba acusada, había sido una broma de pésimo gusto. Por un momento se había visto en la cárcel.
-¡Estúpido bastardo!
Los presentes se giraron hacia el lugar donde se había escuchado el grito, frente a ellos estaban Inuyasha y Kouga, tirados en el suelo peleándose; como dos chiquillos de barrio.
-¡Kouga! Como tu superior te ordeno que dejes de pelear inmediatamente, ¡Inuyasha eso también va por ti!
Los gritos de la pelirroja fueron totalmente ignorados, hasta tal punto que la mujer ordeno a sus hombres que los separasen y les pusieran unas esposas a cada uno.
-¡Ayame te ordeno que me sueltes!-gritó Kouga fuera de sí-
-Si vuelves a gritarme te abriré un expediente, ¿o necesitas que te recuerde quien manda?
Inuyasha estaba más calmado que el otro hombre, pero seguía en el suelo agarrado por dos agentes.
Kouga estaba siendo regañado por una Ayame fuera de sí.
Y, ¿Kagome?
Kagome estaba mirando la escena sin comprender nada, pero ciertamente era algo que le pasaba a todo el mundo en ese instante.
-Llévenselos a calabozos separados, que así aprendan la lección, se comportan como chiquillos-ordenó la pelirroja.
-Si señora-dijeron varios agentes.
En menos de dos minutos se llevaron a los dos hombres, aunque necesitaron varios agentes para conseguir levantarles y agarrarles.
-Siento mucho que hayan tenido que presenciar esta escena.
-No pasa nada, sabemos como es Inuyasha –dijo una Rin muy divertida.
-Y también como es Kouga- añadió Sesshomaru.
Ayame sonrió a los presentes y comenzó a dar órdenes duramente, parecía otra persona.
-Siento tener que suspender esta fiesta, debemos inspeccionar el hotel pasaran esta noche en otro hotel cercano y podrán disfrutar de sus pequeñas vacaciones aunque no todos.
Rin se acercó a la pelirroja con elegancia y soltura, y la miró a los ojos.
-¿A ocurrido algo?-preguntó-
-Desgraciadamente sí, pero hablaremos de ello mañana. Lo tenemos todo controlado.
Tras pronunciar esas palabras los invitados comenzaron a marcharse hacia la entrada donde ya había una fila de taxis, pero Kagome antes de ello se acercó a la mujer pelirroja.
-Perdona, ¿pero no vais a soltar a Inuyasha?
-Lo siento pero necesita una noche en la celda, aunque le diré que te preocupas por él, eso le alegrara, es un borde-dijo la mujer sin mirar a Kagome mientras ojeaba unos documentos que le acaba de entregar un policía.
-Mejor no le diga nada…-susurró Kagome antes de darse la vuelta y salir del salón de baile.
Rin se quitó los zapatos de tacón nada más entrar en su habitación, los tiró bien lejos; le dolían los pies una barbaridad, temía quitarse las medias pues sabía que podría ver más de una rozadura.
-Para presumir hay que sufrir-susurró mientras se quitaba el collar e intentaba deshacer su peinado, en ese instante alguien entro en su cuarto y se puso tras ella.
Rin sonrío frente al espejo, dedicándole esa sonrisa a Sesshomaru; el hombre estaba tras ella quitándole varias horquillas y dejando que su cabello quedase libre.
Miro al hombre con una sonrisa en los labios, solo Dios sabía cuanto le había extrañado.
-Espero que aprendan la lección pasando esta noche en el calabozo, en vez de su confortable cama en el hotel.
Kouga le gritó a Ayame varios insultos, estaba furioso. Él, uno de los mejores agentes del FBI en un calabozo por haberse peleado con un sucio bastardo que no sabe aceptar una simple broma, no pensaba llevarla ni siquiera al calabozo.
Que irónico, ahora el que estaba en el calabozo era él.
Inuyasha no dijo nada, ni siquiera gruñó como era su costumbre cuando algo no le gustaba, simplemente se quedó tumbado en la litera de la celda.
Tenía muchas cosas que pensar, y estaba intentado controlar su genio, sabía que si se ponía en plan gallito Ayame le quitaría su placa sin titubear.
Otra cosa era el imbécil de Kouga.
Todo el mundo se había dado cuenta de que la mujer pelirroja estaba loca por ese gilipollas, bueno todo el mundo menos el gilipollas ya nombrado.
Inuyasha suspiro, iba a ser una noche muy larga.
Kagome caminaba con tranquilidad por el pasillo del hotel, se había levantado bastante temprano, no había conseguido dormir tranquilamente pensando que él estaría en un calabozo.
No es que los calabozos fueran lo peor del mundo, ya no era como hace treinta años, ahora los presos vivían bastante bien, y todo estaba limpio.
-Le echo de menos-susurró con tristeza-
-Buenos días señorita Higurashi –susurro una voz femenina tras ella-
Era Ayame, esa agente del FBI que la noche antes había estropeado la fiesta, no tenia buena cara, bajo sus ojos había unas pequeñas ojeras y llevaba la misma ropa que la noche anterior.
-¿No ha dormido?
-No, he tenido demasiado trabajo, por cierto ya soltamos a Taisho, supongo que se alegrara de verla, nunca le había visto pegar de esa forma a Kouga por una mujer, supongo que le habrá fastidiado bastante.
Kagome solo supo sonrojarse, una sensación extraña le invadió todo el cuerpo, se sentía como si estuviera sobre una nube.
-Yo me voy a dormir, ya nos veremos señorita Higurashi.
Y se alejo con majestuosidad, o eso pensó Kagome, esa mujer lo tenía todo, poder, belleza, gracia.
Se miró al espejo.
¿Y ella que tenia?
Nada, ni poder, ni belleza, ni gracia; ella siempre había sido un pato caminando, incluso con su edad aun tenia moratones en las piernas de sus frecuentes caídas.
Continuo caminando pensando en sus cosas cuando unas manos la cogieron de la cintura y la tiraron al interior de una habitación.
Ni siquiera pudo gritar antes de que unos labios se juntaran con los suyos y una manos algo húmedas acariciasen su espalda, provocándole varios escalofríos; abrió débilmente los ojos, no se sorprendió sabía que era él, siempre era él.
Y quizás por una vez dejo de pensar y se permitió disfrutar de la maravillosa sensación.
