Los personajes no me pertenecen son de la autora Rumiko Takahashi.
La historia es totalmente mía, salida de mi imaginación y escrita por mí.
Las manos de él se deslizaban suavemente por sus hombros, bajando por sus brazos, y acariciando lentamente su piel; la respiración de ella aumento notablemente al sentir que una de las manos del hombre dejaba su brazo y se situaba sobre su estomago, subiendo lentamente sobre la camiseta, parándose a unos centímetros de su pecho. Ella le mordió el labio inferior juguetonamente, y abrió los ojos para dedicarle una seductora mirada; se sentía extrañamente poderosa, su cuerpo parecía hecho de fuego, fuego que la estaba quemando deliciosamente; tranquilamente subió sus manos por el pecho de él acariciando lentamente, memorizando cada musculo; casi inconscientemente comenzó a desabrocharle los botones…
Y entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
-Pa…Para-consiguió articular entre beso y beso-
-¿Por qué?- susurró él con una voz muy ronca, fruto de la excitación del momento-
-No quiero- respondió ella claramente, aunque ambos sabían que eso era una gran mentira, una que ella quería creerse-
Inuyasha apartó las manos del cuerpo de la morena, y dijo algo en voz baja que le sonó a Kagome como un insulto, aunque sabía que no iba dirigido a ella.
-Lo siento pero no puedo.
-No puedes… ¿No te gusto?- preguntó él aun sabiendo la respuesta-
Ella solo guardó silencio.
-Ese es el problema ¿no?, te gusto demasiado, te gustaría estar ahora mismo tumbada en esa cama mientras yo te hago gritar de placer; pero eres como una niña y me temes, o quizás no es a mí, quizás es a tener algo más que eso conmigo; muy bien Kagome, la próxima vez no seré yo quien te bese, la próxima vez lo harás tú, y si no lo haces no habrá próxima vez.
-Como te…
-Estoy cansado Kagome, intento tener algo contigo y tú te escondes-le recriminó él-
-No me escondo, yo…-no sabía que decir, él tenía razón-
-Si te escondes, y estoy cansado de jugar.
Y diciendo eso se fue, dejándola estupefacta; no sabía que decir ni que hacer.
Sólo tenía ganas de llorar, llorar hasta tener los ojos rojos e hinchados, llorar hasta que no pudiese pensar en él…
-Espero que Inuyasha se comporte bien con Kagome.
Miroku miró a su novia, no entendía a que venía eso.
-No soy tonta, se que entre los dos hay algo, algo que a Kagome parece no gustarle.
-Eso no es asunto nuestro Sango-dijo él despreocupadamente mientras jugaba con una pequeña caja que se hallaba en su bolsillo, no sabía cómo pedírselo, por una vez estaba muy asustado.
Sango se giró para mirarle y vio que algo no marchaba bien en él.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó con expresión preocupada-
Ahora o nunca, pensó Miroku, anoche tras el baile pensaba habérselo pedido, pero las circunstancias no fueron las esperadas, y no quería seguir con esos nervios que le perforaban en corazón, sabía que no tenía nada que temer, que ella le amaba, pero el miedo y la inseguridad le podían.
-Cásate conmigo- dijo él rápidamente, mirándola fijamente-
Sango parpadeo confundía, creyó haber escuchado mal.
-¿Qué has dicho?
-Que quiero que te cases conmigo- dijo él más lentamente; y cuando vio que ella comenzó a llorar, se asustó, no sabía qué hacer ni que decir.
-Sango… si no quieres tampoco hace falta que te pongas a…
-¡Tonto!, claro que quiero casarme contigo, ¡pero me sorprendiste!- le chilló ella aun cayéndole lagrimas por las mejillas.
Miroku solo supo echarse a reír mientras la abrazaba fuertemente, nada ni nadie podría separarles.
Estaba muy confundida, no sabía qué hacer; si ir a buscarle y declararse u olvidarle, cambiarse de país, de nombre, de nacionalidad, de peinado.
-Soy idiota-susurró dando vueltas con la cucharilla al café que se encontraba delante de ella; iba a tomar un sorbo cuando alguien la sobresalto por detrás-
-No te lo vas a creer Kagome-gritó Rin con una sonrisa de oreja a oreja-
-Pues seguro que no, pero puedes intentarlo-dijo la morena mirando con miedo a su amiga, Rin a veces era demasiado histérica-
-¡Han traslado a Sesshomaru y ha comprado una casa!, aunque durante el tiempo que este aquí Inuyasha vivirá con nosotros… ¡pero dice que quiere que viva con él!
-Enhorabuena Rin.
-No pareces muy contenta- susurró Rin, cuya sonrisa había desaparecido- ¿Ocurrió algo?
Y Kagome no pudo resistirlo más, y comenzó a llorar; ya no podía controlarse.
-¡Ayame! No puedo creer lo que…
Kouga no terminó de hablar, pues se quedó con la boca abierta al entrar en la habitación y ver a su compañera tumbada en la cama desnuda totalmente, solo cubierta con una delgada sabana que dejaba poco a la imaginación.
Su cuerpo reaccionó rápidamente ante aquella visión, y se apresuró en salir de la habitación, tenía la boca seca, y sentía sus pantalones mucho más estrechos que antes.
Maldijo en voz alta, para él Ayame era una amiga, una hermana; no debía excitarse por verla desnuda, sobre una cama y con esa expresión de felicidad en la cara.
Sacudió la cabeza, tenía que entretenerse, y de pronto algo le vino a la cabeza, o mejor dicho alguien…
-Tienes que luchar por el Kagome, por dios, si él es igual que su hermano, te aseguro que te protegerá, te hará feliz, te amara y…
-¿Amor? Él no habló de amor, el habló de sexo, sexo y solo sexo, no menciono nada sobre el amor, creo que eso no existe para él-le dijo Kagome medio histérica, ella necesitaba la estabilidad emocional que proporcionaba una pareja, no un par de polvos en una cama.
-Estas muy equivocada, yo creo que él te quiere, al menos deberías intentarlo, no te hará ningún daño…
-¿Ningún daño?, no estoy con él y mírame, soy una vergüenza, llorando por algo que no tengo- dijo la morena enfadada; poco a poco dejo de llorar y se secó las lagrimas, no pensaba seguir llorando, al menos ya se había desahogado, aunque sólo mínimamente.
Rin iba a seguir intentando hacerla entrar en razón, cuando Sango apareció con una gran sonrisa en su rostro.
Kagome intento hacer creer que estaba resfriada y que a eso se debían sus ojos rojos, sabía que sango odiaba verla llorar por un hombre; decía que ninguno se lo merecía.
-No os lo vais a creer chicas.
-¿El qué?-pregunto Rin mirando de reojo a Kagome-
-Me caso.
Rin y Kagome se miraron durante unos segundos, luego miraron a Sango, y volvieron a mirarse.
Un grito de felicidad retumbó las paredes del lugar.
-Espero que sea importante iba a tomarme un baño.
-No me hables así Kikyo –advirtió una voz al otro lado del teléfono-
La mujer respiró un par de veces antes de seguir hablando, odiaba tener que decirle algo a ese hombre.
-¿Qué ocurre?
-Va todo según lo planeado, ¿no?
-Así es, nadie sabe quien soy realmente, ni lo sospechan.
-Bien, porque quiero que me hagas un pequeño encargo.
Encargo… esa palabra no le gustaba, y menos en el tono que él la dijo, un escalofrío recorrió su espalda, y con la voz quebrada respondió.
-Dime Naraku.
Kagome caminaba hacia su cuarto con una sonrisa risueña, Sango iba a casarse, no podía ni creérselo, y además le había pedido que fuera la dama de honor, este hecho había conseguido hacerla feliz durante un rato, y olvidarse de Inuyasha.
Abrió la puerta de su habitación y encendió la luz, escuchó un ruido extraño bajo sus pies un crujido, bajo su pie derecho había una nota de color rojo.
Con el corazón latiéndole fuertemente, la recogió, y rezó para que fuera de Inuyasha.
Pero no sirvió de nada.
-Maldita sea.
Inuyasha por novena vez tiró las fotos de Kagome contra la pared, y repitió el mismo proceso que el resto de veces, se levanto a recogerlas y memorizar el rostro de la joven, o quizás no tan joven…
Era toda una mujer y eso le molestaba enormemente, prefería recordarla como una niña de grandes ojos color chocolate, chocolate fundido con destellos más claros; y no como una hermosa mujer, de largo cabello negro y piel blanquecina que contrastaba tan deliciosamente, no quería mirarla y desear que estuviera bajo él, sudando y gimiendo de placer.
Cuántos años llevaba queriendo tener algo más que una mirada triste el día del entierro del padre de ella.
-Kagome…-susurró, rezando que ella fuera más valiente que él y se atreviera a comenzar algo…
-¿Qué…?
No había nadie, pero ella juraría que alguien la había llamado; sacudió la cabeza, serian imaginaciones suyas, no había nadie con ella en su habitación, estaba sola.
Se miró un par de veces más en el espejo, para esa ocasión había elegido un entallado vestido rojo con escote cuadrado , con unos tacones negros y un bolso negro también a juego con los zapatos.
Deseo que Inuyasha pudiera verla en ese momento y se muriera de envidia al verla ir tan arreglada para salir con un hombre, un hombre que no se apellidaba Taisho ni se llamaba Inuyasha.
El sonido de unos nudillos golpeando su puerta hicieron que saliera rápidamente de sus pensamientos y se dirigiese a la puerta, donde estaba Kouga con un elegante traje gris y camisa negra, que realzaba su atractivo, del que Kagome no se había percatado demasiado.
Me ha estropeado para otros hombres, pensó, pues solo podía pensar en los hermosos ojos de Inuyasha, y en su fuerte cuerpo; pues aunque Kouga era fuerte e igual de alto que Inuyasha, este le ganaba en anchura, y no precisamente por gordo, sino por fuerte.
-¿Vamos?-preguntó Kouga sonriéndola sensualmente-
-Claro.
Y ambos se dirigieron lentamente a la salida del hotel, quizás demasiado lento, pues varias personas les vieron irse, y no con buena cara…
-¿De qué querías hablarme Rin?-preguntó Inuyasha extrañado, de pronto había aparecido en su habitación con la respiración agitada-
-Querría que trataras mejor a Kagome, no puedes ser así con ella, eres un insensible y…
-Estoy harto de que me rechace.
-No sabes tratarla-dijo la mujer cruzándose de brazos- y por eso ahora va con un hombre que si sabe hacerlo.
De repente el color se fue del rostro del hombre.
-¿Qué has dicho?-dijo lentamente, arrastrando las palabras-
-Ese tono no funcionara conmigo, no me intimidas, y ya me has oído, se fue, con otro; seguro que ahora se lo estarán pasando muy bien-soltó Rin a la vez que se daba la vuelta, ella no quería ser tan dura, pero estaba cansada de jugar a convencerlos.
Rin espero unos segundos una contestación, nada, solo silencio; se giró malhumorada, y para su sorpresa no había nadie detrás.
-Oh…
Sorprendida se comenzó a reír, y rezó que uno de esos dos se atreviera a dar el primer paso de una vez.
-¿Te agrada la cena?-preguntó Kouga amablemente, con una sonrisa arrolladora, pero que no hacía mucho efecto, al menos no en la mujer sentada frente a él-
Ella no dijo nada, estaba sumergida en sus pensamientos, se evadió completamente del mundo, y no regreso a él hasta que sintió la mano de Kouga sobre la suya.
-¿Kagome?
-Eh, si…perdona, no estaba muy atenta, suelo quedarme atontada pensando en mis cosas- se disculpó ella sonriendo amablemente-
Kouga le parecía un buen hombre, podía llegar a ser un amigo, pero nada más, no le atraía, por mucho que la mirara como si ella fuese caperucita y él el lobo feroz; y realmente eso le parecía, él tenía una mirada profunda y arrolladora, que seguro funcionaba con muchas mujeres, pero con ella no; a ella solo le funcionaba una mirada, una que venía directamente de ese par de ojos dorados que la estaban mirando…
Kagome abrió desmesuradamente los ojos, ante ella estaba Inuyasha, un camarero tras el intentaba hacerle saber que su ropa no era adecuada para el lugar, ir con unos simples vaqueros y una camisa remangada no era la mejor vestimenta para un lugar así.
-Demonios-susurró Kouga molesto, ese tío estaba hasta en la sopa-Mejor vámonos Kagome, no quiero pelearme frente a ti, estaría feo que vieras como le machaco.
La morena iba a decirle que ella apostaría por Inuyasha, pero le pareció echar leña al fuego, así que se mordió la lengua y se levanto elegantemente, lo peor, es que tendría que pasar al lado de Inuyasha para poder salir, y eso no le agradaba, sabía que el solo rozarle haría que su cuerpo se estremeciera.
-Vamos.
Kagome acepto la mano que él le ofrecía y camino lentamente hacia donde Inuyasha estaba, su respiración era cada vez más rápida con cada paso que daba hacia él, y cuando finalmente llego a su lado y siguió andando sin siquiera mirarle, sintió que había ganado.
Iba a sonreír cuando una mano la agarro de la cintura, y otra soltó la mano de Kouga de la suya.
En un abrir y cerrar de ojos su espalda se encontraba apoyada sobre el duro pecho de Inuyasha.
-Suel…-Kouga no pudo terminar de hablar pues Inuyasha le pego un puñetazo que hizo que él hombre cayera al suelo y la sangre comenzara a salir de su nariz. Todo el restaurante se quedo mirando fijamente a Inuyasha, y Kagome simplemente se tapo la cara con las manos.
-Eso por atreverte a salir con ella- dijo triunfalmente Inuyasha, y en un abrir y cerrar de ojos cogió a Kagome en brazos y la sacó del restaurante-
La morena no supo como sentirse, si como una de esas mujeres de las novelas románticas, si enojada por su rudo comportamiento, o como un saco de patatas.
Finalmente se sintió como lo tercero.
-No soy un saco de patatas-chillo ella en el oído del moreno haciendo que se tensara y gruñese-
-¡Estúpida! Encima que te libro de ese imbécil tú me gritas-le grito él a ella soltándola de golpe haciendo que casi se cayera-
Kagome mas enfada que nunca hizo lo único que se le ocurrió.
En medio de la calle le golpeo en la mejilla.
Y acto seguido, con las lagrimas cayendo por su rostro, acerco sus labios a los de él y le besó.
Sus labios se amoldaron perfectamente, las manos de él rodearon la cintura de la mujer, y ella se aferro fuertemente a su cuello, la lengua de él acaricio lentamente los labios femeninos, esperando que se abrieran lo suficiente para profundizar el beso, la espera no fue larga, y pronto la lengua de él acaricio la de ella.
Kagome soltó un gemido, y se froto contra el cuerpo varonil, estaba excitada, y sabia que todo había comenzado cuando el apareció en el restaurante, muchas veces solo necesitaba verle para sentir como su cuerpo reaccionaba, y otras muchas era incluso sin verle, la tenia hechizada.
Inuyasha comenzó a subir su mano derecha de la cintura a la que estaba aferrada, lentamente deleitándose con los pequeños escalofríos que sufría su acompañante al notar lo que él pretendía.
Pero un voz lo detuvo todo.
-Maldito bastardo-grito Kouga un segundo antes de golpear a Inuyasha en la mejilla, en el mismo lugar donde unos minutos antes Kagome había soltado su rabia.
-¡Kouga para!
No le hizo caso, en ese momento deseo tener su pistola y meterle una bala por el culo a ese tío.
No la necesito, cuando pudo darse cuenta una mujer de melena pelirroja se encontraba entre ambos hombres, llevaba unos pantalones marrones y una camisa blanca de lino, su cabello estaba suelto, y no pudo ver su cara ya que se encontraba de espaldas, aunque eso no fue problema para saber que se trataba de Ayame.
-No puedo dejaros solos dos segundo-grito enfadada-
Ambos hombres dejaron inmediatamente de intentar pegarse, y miraron a la enfada mujer.
-Ya no se qué hacer con vosotros-susurró- se acabaron las vacaciones para vosotros dos.
-¿qué vacaciones? Si yo no he tenido-grito Kouga-
Ambos comenzaron a discutir, olvidándose de la presencia de Kagome e Inuyasha, y estos dos no sabían qué hacer, si ignorarles e irse, o hacer que pararan de chillarse.
Kagome miró los ojos dorados de Inuyasha, y sonrió débilmente; con disimulo se acerco a el lo suficiente para que sus hombros se rozasen, y el lentamente busco la mano femenino, para aprisionarla en la suya.
Pero ese pequeño momento de intimidad, fue interrumpido por un sonido.
El sonido de una bala seguido de un golpe al impactar un cuerpo contra el suelo.
Hola! Si ahora es cuando me matan, por no decirles quien cayó al suelo, para hacer que sufran más les dire que es alguien importante, no es uno que pasaba por alli ni nada ^^ (si soy muy mala), pero les digo que el proximo cap lo tengo ya medio pensado y tengo ganas de escribirlo, por cierto para quien no lo sepa Ckatrin esta haciendo una adaptacion de este fic a Bones, asi que si les apetece pasense ^^.
Muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz, sigan comentando aunque tarde porfa, -.- prometo no dejarlo abandonado (aunque ahora comienzo la universidad xDD)
Muchos besos
Amnii
