Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi; en cambio la historia es totalmente mia :D, diviertanse.


Abrió los ojos lentamente, la cabeza le iba a estallar, no sabía dónde estaba, no recordaba haberse acostado, ni mucho menos con una bata blanca; intentó incorporarse, pero una punzada de dolor hizo que dejara de intentarlo inmediatamente.

Recorrió la habitación con la mirada, estaba en un hospital, de eso no tenía la menor duda, el gotero, la venda en su cabeza, y el dolor en su espalda; eran pistas muy concluyentes.


Sango se paseo nerviosa por el pasillo, ¿cómo había pasado algo así?, Miroku la abrazó con cariño, sabía que estaba muy nerviosa y necesitaba sentirse querida, no todos los días disparaban a alguien conocido.

-Tranquila, seguro que esta mejor, seguro que ambos están mejor-intento tranquilizarla-

Ella solo asintió con la cabeza, y se alejo de él para sentarse en una silla.

-¿Cómo están Ayame y…?-intentó recordar su nombre- ah sí Kouga.

-Están bien, recuerda que están acostumbrados de ver como pegan un tiro a la gente, son fuertes-dijo Miroku mientras miraba a su prometida-

En ese momento llegaron Sesshomaru y Rin.

-¿Cómo esta?-preguntó Rin, parecía bastante preocupada-

-Bien, esta estable, pero…-respondió sango-

-¿Y…?-comenzó a preguntar Rin-

-Mal, a nadie le gusta ver un ser querido en el suelo sangrando-respondió Miroku-

-Voy a ver qué tal se encuentra- diciendo esto se acercó a Rin le dio un beso en la frente, y la dejó con Sango y Miroku-

-¿Dónde está?-preguntó Rin-

-En el jardín, se siente culpable, estaba allí y no puedo hacer nada.

-¿Qué iba a hacer?¿Interponerse?, por Dios si fue desde atrás, no pudo haber visto al francotirador.

Rin suspiró y se despidió con la mano, iría a ver qué tal estaba Inuyasha, y después vería a Kagome.


Miró su vestido rojo, algunas partes estaban acartonadas, y más oscuras.

Sangre.

Sangre de él…

Aun podía escuchar el disparo, un sonido que no se le quitaría de la cabeza, al menos no por el momento. Y tampoco lograría olvidar toda esa sangre, la sangre de él por todas partes, en la acera, en su ropa, en sus manos.

Ella intentando taponar la herida, Kouga rasgando su camisa, Ayame llamando a la policía y a una ambulancia.

La palida cara de Inuyasha, una cara que no quería volver a ver asi, nunca.

-Debo ir a verle-susurró a la vez que se levantaba del banco, en el que llevaba más de una hora sentada, y caminaba lentamente hacia la entrada-

Por el camino se encontró con Sango y Miroku, los cuales la obligaron a cambiarse de ropa, se puso unos vaqueros de sango, los cuales le quedaban largos, y una camiseta blanca, gracias a Dios le habían comprado unos zapatos de su talla.

-Habría sido más fácil si hubieras cogido algo de mi habitación.

-No nos dio tiempo deberíamos haber pedido que nos dejaran tu llave y eso, y aquí al lado hay una zapatería-respondió Sango, cuyos ojos miraban preocupados a su amiga-

-No me mires así, no es a mí a quien han disparado.

Y siguió caminando, no mucho mas pues la habitación de Inuyasha estaba a escasos metros de donde se encontró con sango y Miroku, llamó a la puerta y esperó hasta que escuchó un ronco "adelante".

En la habitación se encontraban Rin y Sesshomaru, que al verla se levantaron y se despidieron de Inuyasha, al pasar por al lado de ella Rin apretó la mano de Kagome ligeramente, dándole muestras de apoyo; y tras ello cerró la puerta dejándoles solos.

-Hola-susurró Kagome a la vez que se acercaba a la cama para sentarse en la silla que antes había ocupado Sesshomaru.

-Hola, no tienes buena cara, llegan a dispararte a ti y coges depresión –dijo él en tono de broma-

Pero su cara cambió al ver como Kagome le miraba con enfado contenido.

-Como puedes bromear después de que te hayan disparado, sabes lo que ha sido para mí ver cómo caías al suelo.

-Tranquila, estoy bien no ha sido nada.

-¡Como que no ha sido nada! ¡Tienes un agujero en la espalda por dios!, han tenido que operarte para sacarte la bala, llevas doce horas aquí, y yo contigo, sufriendo.

Inuyasha sonrió ligeramente y se estiró para poder coger del brazo a Kagome y tirarla sobre su cuerpo, la morena inmediatamente se tensó, e intento zafarse de su abrazo, no lo consiguió, y acabo abrasándole mientras el acariciaba lentamente su espalda.

-¿Estas mejor?-preguntó él-

Ella solo asintió con la cabeza y lentamente se incorporó, y cuando sus caras estuvieron a la misma altura depositó un pequeño beso en los labios varoniles.

Inuyasha no disimuló su sorpresa, y tampoco la enorme sonrisa que se formó en su cara.

En ese momento entró Ayame, tenía el pelo hecho una miseria y en sus ojos se reflejaba el cansancio de estar doce horas seguidas trabajando.

-¿Qué tal estáis?-preguntó sin hacer caso a que Kagome seguía reclinada sobre el hombre-

-Bien, ¿Habéis encontrado algo?-pregunto Inuyasha, apretando la mano de la morena-

-No, ni rastro, creemos saber desde donde disparo, pero no ha dejado nada, nadie vio nada, ni escucho, en ese momento no había nadie en la calle excepto nosotros; aunque me pregunto como supo que estaríamos allí, no era algo premeditado, tuvo que ser alguien que nos espía, quizás en el propio hotel, es la única forma de controlar quien sale y hacia dónde.

-Crees que van a por mí –no era una pregunta, era una afirmación-

-Sí, y por ello te irás a casa, tendrás guardaespaldas y-continuó Ayame sin hacer caso a la cara de enfadado de Inuyasha-

-No tendré guardaespaldas, y seguiré trabajando, vaya donde vaya si es cierto que me buscan me encontraran, y no voy a esconderme.

Kagome, que no había participado en toda la conversación, estaba hecha un lio, no quería que a él le ocurriera nada, pero tampoco quería que se fuera, no después de lo que había ocurrido entre ellos.

-Sabes que eso no es posible Inuyasha-soltó Ayame con un tono cansado en su voz- volverás a tu domicilio y se acabo.

Salió de la habitación rápidamente dejándolos solos de nuevo, con un ambiente cargado de enfado.

-Demonios-susurró Inuyasha-

-Yo… debería irme-anuncio Kagome a la vez que se levantaba- mañana vendré a…

Inuyasha se incorporo dolorosamente y tiró de ella de nuevo, juntando sus labios en un tierno beso.

-Quédate conmigo-le pidió con una mirada en sus ojos que no supo descifrar, pero sin decir nada volvió a sentarse, pero dejando sus manos unidas.


Regresaron a casa una semana después del incidente, cuando a Inuyasha le dieron el alta, después de haber estado toda la semana quejándose por la falta de libertad en el hospital.

La relación entre Inuyasha y Kagome no había progresado demasiado, aunque ella no se separaba ni un segundo de su lado; pero ahora que él se había recuperado todo el mundo se preguntaba que iba a pasar con ellos dos.

-¿Qué hago Sango?

-Declárate, para que perder más tiempo, vive la vida Kagome.

-Como se nota que te casas y ves todo del color de rosa-susurró la morena-

-Quizá, pero en esta vida si no arriesgas no consigues nada. Hay veces que la vida te da una de cal y hay veces que te da una de arena; pero eres tú la que debe tomar las decisiones que podrán convertirse o bien en cal o bien en arena. A todo el mundo le cuesta algo conseguir sus sueños, sus metas, sus deseos; vive Kagome, se feliz, intenta formar una familia que no se base en tu trabajo,

-Tienes razón-musitó, entendiendo porque Sango era psicóloga-

-¿Vas a declararte?-preguntó con ojos esperanzados-

-Sí, y me voy antes de que me arrepienta.

Sango se levantó y acompañó a su amiga hasta la puerta.

-Luego me llamas y me dices.

-Claro, me voy antes de que me acobarde.

Y se metió en su coche, intentando preservar la calma, se lo diría estaba decidida, Sango tenía razón, y era tonta si seguía poniéndose una venda en los ojos.

Introdujo las llaves en el contacto y antes de poder girarlas su móvil comenzó a sonar, un escalofrío le recorrió la espalda, esa melodía era la que tenia puesta si la llamaban del trabajo.

Algo había ocurrido.


-Tú casándote.. aun no me lo puedo creer.

-Pues créetelo Inuyasha, dentro de poco seré un hombre cazado.

-Querrás decir casado.

-No, he dicho cazado.

Ambos hombres se rieron y pegaron otro trago a su cerveza, aunque Inuyasha aun sentía punzadas en su espalda debido al tiro.

-Y tú con Kagome, ¿Qué tal?

El hombre soltó un bufido, él mismo se lo preguntaba, no sabía que responder, no tenía nada en claro.

-No lo sé.

-Pensé que después de todo el tiempo que estuvo contigo en el hospital había ocurrido algo entre vosotros.

-Nada, nada en absoluto…

-Deberías intentar…como se decía…

-¿Ligármela?

-Bueno si, más o menos-respondió Miroku- porque si no me hago yo abuelo antes de que vosotros estéis juntos.

Aunque él no quería admitirlo su amigo tenía razón, ya era hora de dejarse de chiquilladas, se acabaron las amenazas, el estar sentado esperando algo que no iba a llegar…

Era hora de darlo todo.


-¿Qué ha ocurrido?

-Encontramos esto en un edificio cercano al lugar donde dispararon a Inuyasha-le anunció Ayame-

Kagome se quedo unos segundos mirando el pendiente, era de una mujer evidentemente, y le resultaba muy familiar.

-¿Lo reconoces?

Negó con la cabeza.

-Me suena, pero no consigo relacionarlo con su dueña.

-Pues desgraciadamente no hemos podido sacar ninguna prueba de él, también puede ser de cualquiera que hubiera estado antes allí, pero algo me dice que es de nuestra francotiradora, pues dudo que un hombre lleve pendientes de diamantes y oro blanco.

-Ayame, creo que deberías saber que Inuyasha se encuentra viviendo en mi casa-comentó Rin que no había dicho durante unos minutos- no puedo hacerle entrar en razón.

-Me lo supuse, es imposible hacerle entrar en razón, es un cabezota; bueno tendremos agentes patrullando la zona, pero mejor que eso no lo sepa él-se giró hacia Kagome- me gustaría que tú inspeccionaras un poco el pendiente, quizás recuerdes de quien es, pues no vas a poder sacar ni huellas ni ADN.

-Está bien, me pondré a ello ahora mismo-tomó la bolsita que Ayame tenía en su mano derecha que guardaba el pendiente y se fue al laboratorio.

-Ahora dime porque se lo has dado.

-Quería hablar contigo a solas-respondió la pelirroja- quizás no iban a por Inuyasha, no lo tenemos claro.

-¿Por qué dices eso?

-Fue un tiro extraño, y muy cerca del cuerpo de Kagome, tengo una corazonada.

Ambas mujeres guardaron silencio.

-¿Se lo decimos?-preguntó Rin intentando no parecer nerviosa, ella era una profesional-

-No, no mientras no tengamos pruebas de ello.

Su interlocutora asintió con la cabeza y se despidió rápidamente, quería llegar a casa y tumbarse en la cama para pensar en la situación y ordenar su mente.


Estaba preparando la comida para el día siguiente cuando su móvil comenzó a sonar, sonrió pensando que se trataría de Miroku, pero cuando vio el nombre que aparecía en el móvil se extraño.

-¿Si?

-Hola Sango, ¿se encuentra Kagome contigo?

-No, pensé que había ido a buscarte, estuvo aquí hace como una hora, quizás un poco mas-contesto extrañada-

-Vale muchas gracias, ah y felicidades.

-Gra…-no termino de hablar cuando ya escuchaba un pitido que anunciaba el fin de la llamada-

Colgó y se encogió de hombros, era Inuyasha, y aunque le conocía poco sabía que era un despistado, no iba a preocuparse.

Iba a seguir cocinando cuando su móvil comenzó a sonar de nuevo.

-¿Si?

-Sango, arréglate que nos vamos al cine, que hace mucho tiempo que tú y yo no disfrutamos de una buena película.

-Pero…

-Nada de peros, en media hora voy hacia casa, primero comprare las entradas.

-Está bien, en media hora nos vemos-acepto la mujer- te quiero.

-Y yo.

Y con eso finalizo la llamada.

Por un momento pensó que quizás debía llamar a Kagome e Inuyasha, pero un segundo después rechazo el pensamiento, ese día quería estar con Miroku, y solo con él.


-No saco nada en claro…-susurró mientras daba vuelta al pendiente por decima vez-

Llevaba horas pensando, limpiando, rastreando el pendiente.

¿Y que había conseguido?

Nada. Un dolor de cabeza y la sensación de la tarde perdida.

Con pesadez se dispuso a levantarse de la silla y salir del laboratorio, mañana sería otro día.

Por un segundo sin saber porque recordó a Kikyo; no la veía desde la noche de la fiesta. Era extraño.

Y entonces las imágenes llegaron a su mente.

-Es… de ella.

Y salió corriendo hacia su coche, debía llamar a Ayame.

-Ayame.

-Dime Kagome- contestó una voz un tanto adormilada.

-Se de quien es el pendiente.

Escucho un fuerte ruido a través del teléfono y se asusto.

-¡Ayame!¿Estás bien?

-Si, perdona ¿Quién?

-Kikyo.

-Ve a tu casa, nos veremos allí en media hora.

No le dio tiempo a responder cuando ya escucho el pitido que anunciaba el fin de la conversación.

Respiro un par de veces profundamente, y espero unos momentos antes de meter las llaves en el contacto y girarlas, sentía su corazón latir a mil por hora.


Volvió a pasarse las manos por el cabello oscuro, sus ojos ambarinos brillaban, estaba enfadado y nervioso, llevaba horas intentando conectar con Kagome.

Y no había conseguido nada. Ya se había dado por vencido cuando un sonido apareció de repente en su habitación.

-Kagome-grito de felicidad a la vez que cogía el móvil; pero no era ella, era un numero oculto.

-Tienes tres minutos a partir de que la puerta se abra…¿Llegarás?

Era la voz de un hombre, de eso estaba seguro.

-¿De qué está hablando?- preguntó con voz ronca-

-Tu amiga Kagome en unos minutos se convertirá en cachitos de carne, la explosión la matara al instante, aunque yo preferiría que no; pero como soy bondadoso y para que te quede claro te aviso. Supongo que tendrás unos siete minutos.

Y colgó.

-Mierda.

Salió corriendo como alma lleva el diablo, no tenía tiempo que perder.


Kagome aparco frente a su casa y respiro profundamente mientras sacaba las llaves de su bolso, estaba hecha un manojo de nervios, quizás si detenían a Kikyo como culpable de el intento de homicidio del otro día conseguiría su preciado ascenso, su preciada reputación.

Con una sonrisa de oreja a oreja abrió la puerta y escucho un sonido un tanto extraño.

-¿Un pitido?-susurró extrañada, pero rápidamente negó con la cabeza al no escuchar nada más- imaginaciones mías.

Con rapidez se quitó los zapatos y dejó el bolso sobre una mesita que tenía a la entrada, se desato el cabello que había llevado recogido en una cola.

Y lo volvió a escuchar, el mismo sonido, venía del mismo lugar…


Inuyasha aparcó frente a la casa de Kagome y se asustó al ver el coche de esta, ya había entrado, y no tenía ni idea de cuánto tiempo tenia, iba a entrar cuando la casa exploto, literalmente.

La onda expansiva hizo que su cuerpo cayese hacia atrás, no le importo el dolor que se formo en su espalda.

Solo un pensamiento rondaba su cabeza; solo el bienestar de una persona.

Kagome…


Hola!

Muchas gracias a Ckatrin, Clio Latiny, Hekate Ama, Paty y Blandy por sus comentarios ^^ y espero que no sean las unicas que me comprendieron y que esta vez pueda estar contenta porque la gente ademas de leer mi historia han hecho algun comentario sobre ella ^^, espero que este capitulo les haya gustado y estoy intentado mentalizarme para escribir un lemon, a ver que tal se me da, un lemon que espero que no tarde en llegar.

Muchas gracias! ^^

Amni