CADENA
2. Ambición
Estás nervioso… ¿estás nervioso? Pero si te encontrarás con tu padre, y tu hijo. ¿El nerviosismo vendrá por quien? Lo peor de la situación, estás consciente que tú mismo creaste el atolladero en que estás hundido desde hace ya tantos años, que… parece que te has acostumbrado.
No eras precisamente como tu padre quería, cuando comenzaste esos proyectos que llenaron la vida vacía que tuviste por mucho tiempo, y que (para tu furia) ni siquiera tu matrimonio y paternidad consiguieron hacer sentir completa.
Querías algo mas.
Porque tenías ambición, aún la tienes. Pero ahora es muy diferente a la que radicaba en ti cuando decidiste abandonar a tu familia y tu seguridad económica. Y una se enlaza a la otra.
Ambicionabas la libertad pura de cumplir tus sueños sin tener algo que te atase: las empresas de tu padre, tu esposa o tu hijo, te fuiste sin mirar atrás. Ni las súplicas te conmovieron, habías decidido y quizá por esa pizca de petulancia heredada fue que aceptaste con la cabeza en alto la decisión de tu padre de despojarte de todo. No te afligió perder el dinero, ya tenías un colchón económico, pero no emocional.
Y dolió.
Te dolió más de lo que reconocías, llegar al departamento que tenías destinado para tu trabajo y no escuchar la bienvenida de Kai, o la de tu esposa. No había nadie para ti, a excepción de tus planes y proyectos que serías capaz de realizar ya que te habías quitado todo peso de encima.
Kai… pareció que tu padre lo había reclamado como un botín de la guerra que ustedes dos tenían, y que ambos ganaron: tu libertad y su heredero. No pensaron en él. Y dicen que no saben por qué es como es.
-Señor, ¿puedo ofrecerle algún aperitivo?- una linda azafata te sonríe mientras acerca un carro de servicio.
-No, no gracias.- Le devuelves el gesto, tratando de no verte muy complaciente. Este vuelo está tardando más de lo planeado, del aeropuerto aún esperan dos horas de camino.
Si tu padre quiere hablar en este momento, quizá sea porque cree que pronto morirá. No, no quieres asimilar esa idea, porque a pesar de todo lo que se han hecho, lo quieres; comparte algo que nos hace tan conocidos.
Algo, claro además del apellido. 'Arizawa' usaste ese apellido un tiempo en un ciego intento, pensaste que podías dejar atrás tus raíces. Pero existe un vínculo que no puedes olvidar. Un lazo que más bien debería llamarse cadena, en la cual te consideran el eslabón débil. Pero no inútil porque eres parte de su extensión y que no la rompe, pues estás sujeto a dos segmentos tan fuertes que te contagian la fortaleza que dicen careces.
Aunque has oído bastantes cosas, en las que te tachan de un perdedor y soñador insulso, el perfecto ejemplo del fracaso. Estás satisfecho con las cosas que has hecho, conseguiste el mejor diseño y muchos avances, además que te gustó la vida de libertad, las ambiciones cambiaron pero no tu gusto por no sujetarte a nada.
Pero eso no se lo dejarás saber a tu padre y tu esposa, es parte del juego que siempre han llevado. La madre de Kai pensó que también tenía derecho a seguir con su vida, ya que ser la 'sra. Hiwatari' no le cayó para nada en gracia, una mas que decide no cargar con el apellido tan perverso. Y te lo hizo saber como si el mundo fuera a derrumbarse, fue un escándalo. Acordaron que a pesar de todo, frecuentarían a su hijo, pero jamás hablaron de periodicidad. Ella lo hizo, pero tan ocasionalmente, que jamás pudo darse cuenta de lo que pasaba en Rusia, de la clase de vida que llevó Kai ahí, y cuando el daño estuvo hecho, Kai había perdido la memoria, y ustedes a su hijo. Y se lanzaron la culpa entre ustedes, nadie la aceptó y los dos aún buscan perdón.
Pero Kai no perdona, Kai no se dará la oportunidad de conocerles, ni a su abuelo ni a su padre (que decir de su madre). Hicieron lo que quisieron sin pensar en él y eso trazó el camino que tu hijo siguió. Caminar solo, sin buscar ni aceptar el apoyo de nadie, de acuerdo al psicólogo es su forma de protección para que no vuelvan a lastimarlo. Pero te duele, ver que se haya encerrado en esa soledad que le priva de todo y le amarga la vida.
Eran felices ¿qué pasó?
A esa pregunta aún no le has hallado respuesta, fueron muchas cosas. Primero, la colisión de tu ambición y la soberbia de tu padre que no toleró tu cambio de planes y visión. Después ese afán de cumplir tus aspiraciones sin reparar en lo que tengas que sacrificar para conseguirlas. Hay que agregar el papel de tu esposa, que ha de estar en algún sitio de la riviera francesa disfrutando la pensión que te sacó tras el divorcio. Todos tuvieron la culpa, hasta tu propio hijo con esa personalidad tan complicada e, hay que aceptarlo, insufrible. Que no tolera ninguna clase de debilidad o bajar la guardia. Eso hizo imposible tu intento de reparar las cosas. No lo aceptó
-Favor de abrocharse sus cinturones, en un momento aterrizaremos. Gracias por viajar con nosotros.
-Ya era hora. —Dices a nadie en especial, aunque tus cuatro compañeros de fila te miran sin saber si responderte o tirarte de loco.
El sol está muy alto, son la una con veinte minutos, llegarás casi una hora más tarde de lo que tu padre te había citado, si tan solo hubieras conseguido hablar con Kai que seguramente arribó en el avión de las empresas, las cosas hubieran sido distintas. Habrías llegado a tiempo para algo tan importante. Pero no.
Miras un tanto desorientado las afueras del pequeño aeropuerto: taxis, transporte público, bicicletas. En verdad Kai debe odiar mucho a Sou… tu padre como para haberlo mandado hasta acá, y el otro con esa arrogancia que rechazó tu ofrecimiento de llevarlo contigo.
Rentas un curioso compacto, color rojo quemado y sin capota, te colocas los lentes oscuros y arrancas. La carretera va paralela a la playa, los destellos del sol y las olas te confunden, es un lugar apartado de la mano de Dios, pero es como un pequeño paraíso… ¿Qué se cruzó por la cabeza de tu hijo?
La similitud entre ellos dos es tan aterradora que te sentiste desplazado cuando decidiste quedarte cerca en un intento por reentablar la relación. No era que quisieras la conexión que esos dos tienen, hacerse tanto daño como pueden, insultarse cada que se tienen cerca; pero ese frente compartido de ambos de mantenerte lejos te hizo sentir celos, aunque era en contra tuya, al menos Kai y su abuelo tenían algo en común. Cosa que no existe contigo.
Los dos te odian… no, Souichiro no te odia, es decepción pero con esa incapacidad emocional que le heredó a Kai, lo expresa como desprecio. Kai es el que sí está lleno de emociones negativas dirigidas a ti, y no lo culpas, pero te molesta que lo haga. Creíste que te lo habías ganado con haberle entregado el producto de tus años de trabajo. Pero no, aquella vez aún parecía un niño, impresionable y ansioso de encontrar a su padre, pero ya había marcado parte de su personalidad, recibiría sólo lo que le servía, en ese momento le servía lo que le ofrecías. No más.
-Agh. Deja de pensar en eso, aún puedes buscar una solución. —Te recriminas.
Faltan aún como cuarenta minutos, pero tienes que detenerte para aclarar las cosas en tu cabeza, será una doble jugada, mostrarle a tu padre que no eres el perdedor que cree, y tratar de irrumpir un poco en las infranqueables barreras de tu hijo.
Momento de usar los talentos que se dice aporto, te dijeron que no podías dejar de ser un Hiwatari, bueno, a ver si puedes tener un poco de la mente fría y calculadora que parece, no heredaste, pero que sin duda aparecieron en tu vástago.
Bajas del carro y te sientas en la playa, miras las conchas desperdigadas a tu alrededor, las tomas y comienzas a crear un pequeño esquema de un potencial sistema de retención de agua cuando llegue la marea. Te ríes de no poder detener tu espíritu creativo, por eso no encajabas en las altas esferas del poder ejecutivo, tu mente es la de un creativo, no la de un frío economista. La libertad de idear contra el automatismo de mandar.
Y… caray, no podrás detenerte de comparar. Kai sacó algo de eso, no podías dejar de notarlo en sus competencias que seguías como desesperado cada torneo, su energía y capacidad de improvisar ante las nuevas situaciones, siempre buscando el triunfo y la perfección.
Fue en esas épocas donde te diste cuenta de la diferencia más grande entre descendiente y tu progenitor: los amigos de tu hijo; aún con todo el temperamento tan impertinente consiguió hacerse de personas que él considera amistades (aunque jamás lo acepte) y tu padre, la única clase de personas que mantuvo cerca eran las que querían obtener dinero, ahora que lo han despojado de todo, está solo.
Ya era hora, el edificio del asilo es lo más grande que has visto en toda la zona, debe costar una fuerte suma de dinero la estancia; quizá la locura también es parte de la familia: tu hijo trae aquí al abuelo que estás seguro odia, y el viejo decide quedarse alejándose de todas las propiedades que adoraba.
-Bienvenido Sr. Hiwatari, el Sr. Souichiro lo espera, por acá. —Una enfermera te guía por el edificio
De pronto algo te golpea, será un paraíso y lo que quieras, pero el ambiente es tan deprimente, los viejos ocupan las salas y los pasillos, y te miran pasar con ojos de perros perdidos, solamente les falta mover la cola para mostrar el ansia que sea a ellos a quien vas a visitar.
¿Lo hizo Kai con esa intención?
-Aquí, sr. Susumu- te indica una puerta después de subir un par de pisos, el pasillo está desierto, abres la puerta para encontrarte con una estampa que no esperabas, tu padre en silla de ruedas, con un gesto de paz y un habano en una mano.
-Papá.
Mira su reloj después de mirarte de nuevo. —Tarde como siempre Susumu.
-Pero llegué, además —miras alrededor un tanto confundido —Kai no ha llegado.
Te sientas casi enfrente de tu padre, que termina su cigarro exhalando una enorme bocanada mientras mira para otro lado.
-Llegará. Llegará. ¿Y qué te retrasó tanto? —Dice con ironía.
Tu sonrisa crece al entender la burla. —No estás en un lugar de primer mundo, es complicado llegar desde el Norte.
Y también sonríe —¿Por qué crees que no quise irme a tu porqueriza?
Esa fue una buena de parte de él, jamás tendría la decencia de admitir que él no está en una posición envidiable. Pero no puedes insultarle a la misma escala. —No digas eso, al menos allá hay más ánimo.
-¿Cuánto crees que tarde tu hijo?
-Tú lo conoces mejor que yo, pensé que ya estaría aquí. —Aquí vamos, de ningún modo le permitirás que pase por encima de ti.
-Entonces ninguno de nosotros lo conoce. Estaba seguro que llegaría después de ti, pero no pensé que tardara tanto.-
Se quedan en silencio mirándose de momentos, y evadiendo los comentarios que surgen cuando se dan cuenta de cuánto han cambiado. Tu padre evidentemente ha envejecido y perdido algo de la imponente imagen que siempre ha estado en tu cabeza, aunque mantiene la presunción y serio carácter que son su sello personal. Tú, también has envejecido, tu cabello oscuro comienza a mostrar chispas blancas que dejaste de ocultar cuando la cuenta de ellas te ganó, la agilidad de los movimientos ya no se parece a cuando corrías con tu hijo a lo largo de los pasillos de la mansión.
-Has envejecido Susumu, te has vuelto viejo. —Souichiro habla con media sonrisa mientras te mira.
Dejas escapar una risa, justo el efecto que sus remarcas ofensivas siempre han tenido, bromea contigo mientras te hace ver la verdad y se burla un tanto. —No soy el único, créeme, tampoco eres el mismo.
Enciende otro grueso cigarro, y no puedes contenerte, alcanzas uno de la mesa al lado de su silla, él mismo te ofrece fuego, al poco rato los dos emiten sólo humo a falta de palabras. Hay paz, o resignación o una tregua de no discutir en ese momento, en espera del Hiwatari que falta.
Han pasado más de treinta minutos desde que llegaste, y más de dos horas de la acordada por tu padre. Y Kai no ha aparecido, ese muchacho… a sus… bueno, casi treinta ¿no? … ¿qué pasa por su cabeza?
Puede ser una potencial reunión de vida o muerte.
-No llegará, Kai no llegará. Te odia tanto como a mi. —Dices resignado de no poder ver a tu hijo cara a cara en casi tres años.
-Si, llegará, hoy, mañana o en tres días, pero vendrá… no me dará el gusto de verle como un cobarde.
Silencio. Hay unas voces intercambiadas afuera, y la puerta se abre nuevamente. —Bienvenido Sr. Hiwatari, es gusto tenerlo aquí. Sabe que siempre es bienvenido.
No hay ninguna clase de respuesta a tan amable y respetuosa bienvenida. Tú y tu padre miran al mismo tiempo. Los ve a ambos con mirada penetrante, quizá no haya nada nuevo o interesante, cambia a un gesto aburrimiento y mira su reloj.
No puedes, simplemente no puedes contenerte, te levantas y te acercas a él con los brazos abiertos listos para un abrazo, pero inclina un poco la cabeza y da un paso para atrás mostrando que su espacio personal no será violado, ni por ti ni por nadie.
Sabiendo que no lo intentarás de nuevo, levanta la cabeza ignorándote y mira a tu padre.
-¿De qué quieres hablar viejo?
Sin duda, Kai ha llegado.
Gracias por las lecturas/reviews... definitivamente trae viejos recuerdos, pero ha sido de las historias que más me han gustado escribir esto tiene como tres años, y yo cuántos escribiendo? aaah! mejor así que quede... ya es mucho.
Saludos y nos leemos!
Dva: 4/8/12
