Inuyasha y compañia por desgracia no me pertenecen (salvo en mi mente), pero en cambio esta historia sí. Disfruten!
Capítulo 10:
Definitivamente estaba en un aprieto, ¿qué iba a hacer? No podía aprovecharse de ella, porque hacerle el amor cuando ella estaba borracha sería aprovecharse.
Y él no era así.
-Kag…ome-susurró él entrecortadamente pues la morena estaba acariciándole lentamente su miembro, realizando unos pequeños y lentos círculos en la punta, y consiguiendo que él se endureciera aun más.
-Para…-dijo en un suspiro-
-No…-le contestó ella a tan solo unos milímetros de sus labios-
Su aliento olía a alcohol, pero ella olía a excitación femenina, a sexo.
Y él quería seguir oliéndola entera, de arriba abajo, pasando por sus hermosas piernas lamiéndolas, subiendo lentamente…
-¡Basta!-con un rápido movimiento atrapó a la mujer entre su cuerpo y la cama.
Ella sensualmente apretó su cadera contra la de él.
-No Kagome, ahora no, aquí no, así no.
-Eres un aguafis, aguacie, da igual, como sea-gritó ella enfadada-
Inuyasha se levantó, se puso bien el pantalón y le tendió una mano a la mujer.
-Vamos.
Ella dudó unos instantes si aceptar, pero finalmente le tomó la mano y dejó que él tirase de ella para levantarla de la cama. También se dejó llevar por la habitación hasta el cuarto de baño, donde él con cuidado recogió su pelo en una coleta mal hecha y abrió el grifo de agua fría.
-Lávate la cara-le ordenó-
Ella solo le miró con pena antes de tomar agua con sus manos y mojarse la cara, esto lo repitió varias veces hasta que escuchó la voz de él diciéndole que ya era suficiente.
Después Inuyasha volvió a tomarla de la mano y la llevó al centro de la habitación, le sacó la camiseta que estaba un poco mojada e intentó no fijarse demasiado en sus pechos desnudos; se quitó el su camisa y se la pusó a ella abotonando lentamente cada uno de los botones, memorizando cada trozo de su piel.
-Métete en la cama.
Ella iba a protestar pero al ver la mirada autoritaria de él supo que debía callar y obedecer; con lentitud se metió en la cama y esperó hasta que él se tumbo a su lado, después de eso ella le abrazó y, sintiéndose más protegida que nunca, se durmió.
-No te preocupes Sango, seguro que consigues algo por un buen precio.
-Tranquila, si hace falta yo te ayudo a pagarlo como regalo de bodas-argumentó Kagome sabiendo que se arrepentiría de haber dicho eso, pero por Sango haría cualquier cosa.
-Venga hasta luego.
Kagome cortó la llamada, su amiga le había mostrado su preocupación por lo ocurrido, y también le había contado el problema que tenía con la boda, no encontraba un lugar donde celebrar la ceremonia.
Con disimulo sacó un espejito de su bolso y se miró el cuello en ese momento tapado con un pañuelo burdeos, tenía una… no, más de una marca rojiza en su cuello, todas ellas chupetones de su encuentro amoroso con Inuyasha; al que había dado plantón esa misma mañana al escaparse de la habitación donde habían dormido juntos y…casi hecho el amor.
Solo el recordar sus besos, sus caricias, su lujuria, la hacían excitarse.
-No lo consigo comprender.
Había optado por ignorar las constantes llamadas que Inuyasha le hacía, llevaba horas llamándola, pero ella había decidido ignorarle, necesitaba pensar las cosas en frio, sin cuerpos medio desnudos de por medio.
-¿Quiere algo de beber señorita?-le pregunto una azafata amablemente-
-No muchas gracias.
Miró su reloj la parte más larga del vuelo la había hecho ya, solo faltaban un par de horas, pero estaba muy cansada, así que cerró los ojos y se permitió relajarse.
Estaba enfadado.
Enfadado era poco decir, estaba furioso, ultrajado, inmensamente mosqueado.
¿Cómo una pequeña mujer como ella podía enfadarle tanto?
Definitivamente tendría que haberle hecho el amor la noche anterior, así ella no habría huido, pues estaría demasiado cansada para mover un solo músculo.
Pero sabía hacia donde iba, y él tenía un permiso de vuelo del F.B.I que usaría egoístamente para ir a Japón a por ella.
Kagome no se escaparía tan fácilmente, él no lo permitiría.
Marcó con rapidez un número en su teléfono y esperó a que contestaran.
-Ayame me llevo la avioneta; no, no voy a hacer ninguna locura-colgó, no tenía ganas de seguir dándole explicaciones a su superiora y sabia que eso le supondría una pelea con ella cuando se vieran las caras.
Arrancó el coche y se dirigió al aeropuerto a toda velocidad.
-Estúpido Inuyasha. Eres un insensato-gritó Ayame a su teléfono móvil a sabiendas de que la otra persona no la escucharía.
Pero en cambio todo el departamento de policía si la escuchó.
-Tranquilízate jefa-dijo Koga- sabes que es un idiota.
-Cuando le encuentre le quitaré la placa, lo juro-susurró ella mientras revolvía con nerviosismo un mechón pelirrojo de su cabeza.
Koga se quedo mirándola durante unos segundos, nunca se había fijado en lo hermosa que realmente era su jefa; jamás se había para a pensar en esos ojos esmeraldas ni en esa melena rojiza.
Parpadeó confundido, ¿desde cuándo él admiraba esas cosas de Ayame?
Nunca.
Y eso le asustó.
-Koga quiero que interrogues de nuevo a la señorita Parker.
El hombre suspiró, las últimas tres veces no había obtenido nada de esa víbora –como él la llamaba- y dudaba conseguir algo a la cuarta. Pero no quería causarle otro cabreo ya tenía bastante.
-Está bien, veamos que nos cuenta esa zorra-susurró a la vez que sacaba de un cigarro y se lo llevaba a los labios-
Kikyo se estremeció al sentir el aliento de Kouga en su cuello, estaba aterrada y no era para menos, había traicionado a todo su departamento, a toda la comisaria.
Pero eso era lo de menos para ella; no quería ni imaginar lo que le haría él cuando se enterase que había fallado, que la habían descubierto.
La mataría; eso es lo que la hacía temblar no el hecho de que fueran a meterla en la cárcel, si ella sabría que estaría allí segura se metería de inmediato y tiraría la llave bien lejos.
Pero fuese donde fuese él la encontraría y la mataría, no con sus propias manos claro.
-Dime para quien trabajas –repitió el hombre-
Ella solo negó con la cabeza y mantuvo los labios fuertemente apretados.
Kouga resopló, a pesar de lo ocurrido no podía hacer otra cosa que sentir pena por ella; ¿a quién no le daría pena verla así? Tenía el cabello azabache totalmente enredado, el maquillaje corrido, y la ropa echa una pena llena de lamparones.
-¿No piensas hablar?-le preguntó él antes de apagar su ya gastado cigarrillo-
Ella no pronunció palabra.
-Muy bien, nena te recuerdo que estamos en Estados Unidos y no somos famosos por ser amables con los asesinos, violadores, ladrones y otros insectos como tú.
Ella ni se inmuto, mantuvo ese semblante serio.
-Muy bien, si no quieres hablar conmigo ya lo harás con alguien más…por la cuenta que te trae.
Y salió de la habitación de interrogatorios pegando un portazo que hizo que Kikyo se sobresaltara notablemente.
Señores pasajeros en unos instantes aterrizaremos en el aeropuerto de Tokio, les rogamos que se abrochen los cinturones y esperamos que hayan tenido un vuelo agradable.
Kagome suspiró cansada, los aviones la agotaban, pero gracias a dios el viaje se le había hecho más corto que de costumbre.
Un cuarto de hora más tarde salió del aeropuerto con su equipaje de mano; miró a ambos lados de la entrada del aeropuerto nadie había ido a recibirla, lo más seguro es que estuviesen ocupados en el templo.
-Tendré que ir en taxi-susurró con resignación-
Pero justamente cuando se disponía a abrir la puerta de uno de los taxis que se encontraban en la parada sintió un tirón de su brazo, alejándola de la puerta.
-Que demon…
Sonrió de felicidad por primera vez en horas.
-Hola hermanita.
-Sota-dijo ella a la vez que abrazaba a su hermano con fuerza, pero ya no era él el que tenía que ponerse de puntillas para abrazarla, ahora era ella.
Su pequeño hermanito ya no era tan pequeño, nunca se había parado a pensarlo.
-Pensé que no vendrías a buscarme.
-Y casi no lo hago, estaba trabajando pero mi jefa me dejo salir antes.
-Recuérdame que se lo agradezca.
Ambos caminaron durante un par de minutos en silencio hacia el coche de Sota.
-Sube-dijo él a la vez que abría las puertas.
-Pensé que seguías usando el coche de mama.-dijo ella asombrada al ver como él abría un Honda civic.
-Afortunadamente el dinero que gano fue suficiente para comprarme esta baratija-dijo en broma-
El resto del camino ninguno habló demasiado, y Kagome agradeció internamente el silencio de su hermano, quería sentirse tranquila y segura.
Ya mañana se preocuparía por lo ocurrido y por lo que estaba por ocurrir.
-Está detenida señor y la mujer fuera del país-susurró una mujer de cabello rubio por la cintura y ojos marrones, temblaba violentamente y eso se hacía notar en su voz.
Estaba muy asustada.
Afortunadamente para ella fue rápido.
No notó el balazo que le dieron en la cabeza matándola instantáneamente.
-Espero que esto enseñe al resto a hacer bien las cosas-susurró una voz masculina-
La escena era bastante macabra, los presentes se encontraban en una habitación extremadamente grande había una gran mesa redonda alrededor de la cual había muchas sillas y en todas ellas había sentada una persona.
Ninguno de los presentes se sobresaltaron al ver a la muchacha caer al suelo, ni siquiera se inmutaron.
-Kagura-susurró la misma voz-
-¿Si?-contestó otra perteneciente a una mujer.
-Espero que tu no me falles-dijo el hombre haciendo notar el tono de amenaza que había en sus palabras.
-No lo hare mi señor Naraku.
-Señora ha llegado el informe de la bomba.
La pelirroja se dio rápidamente la vuelta y le arrancó literalmente de las manos el papel que portaba.
Con rapidez leyó por encima el documento, y cuando llevaba ya una cuantas líneas sintió como la sangre se le helaba.
-¿Estáis seguros de esto?-preguntó la mujer-
-Así es, la bomba no estaba puesta para matarla en principio, no era lo suficientemente potente, el problema es que al colocarla donde la colocaron hicieron que la casa se viniese a bajo.
-Muchas gracias, sigan con la investigación, si averiguan algo háganmelo saber inmediatamente.
El hombre asintió con la cabeza y salió de la habitación.
Pero Ayame ni siquiera se dio cuenta, pues estaba inmersa en sus pensamientos. Si lo que ponía en el informe era cierto, entonces había sido un intento de secuestro.
-Pretendían llevársela…El caso es ¿Por qué?
Inmediatamente comenzó a buscar en el expediente de Kagome Higurashi intentando encontrar alguna respuesta, aunque tenía claro que estudiar toda la vida de esa mujer le llevaría unas cuantas horas…
-¡Hija!
Kagome sonrió a su madre, nunca había estado tan feliz de volver a casa.
-Mama, te he echado de menos.
-Y yo a ti mi pequeña-dijo su madre- pensé que me moría cuando me dijiste lo de tu casa, estuvieron a punto de matarte Kagome.
-Pero no lo consiguieron-puntualizó su hermano.
-Dejadlo ya-pidió ella- ¿y el abuelo?
-Dentro, le dieron de nuevo problemas sus piernas-dijo con preocupación su madre.
Todos entraron en la casa, pero el abuelo estaba dormido así que Kagome decidió subir a su habitación para darse un baño.
Nada más entrar los recuerdos la invadieron.
Todo seguía igual, los libros, las fotos, su ropa…
Indecisa abrió el primer cajón de su escritorio, estaba vacío tal y como ella esperaba, con mucho cuidado levantó el fondo falso y sacó un sobre que había visto días mejores.
Estaba amarillento y arrugado, además de que una de las esquinas ya ni existía; pero el contenido de adentro está en perfectas condiciones.
Una foto de un muchacho.
Un pequeño trozo de papel.
Una carta jamás enviada.
Sueños de una tonta adolescente que ya ni existía.
-Ironías de la vida, ayer estuve a punto de acostarme con él…¿Quién me lo iba a decir hace unos años?
Guardó todo de nuevo en el fondo secreto del cajón y cogió las dos toallas que su madre le había dejado sobre la cama.
Necesitaba una buena ducha.
Bueno, sus ruegos fueron escuchados y hoy termine la conti, lo siento ando super liada, y dentro de dos semanas tengo los finales de febrero :S
asi que despues de los examenes escribire la siguiente conti.
Aviso que en la siguiente Inuyasha y Kagome ya se veran las caras ^^.
Muchas gracias tambien a todos los lectores de la adaptacion.
Y muchas gracias mas a Ckatrin ^_^ por adaptar mi historia, es muy alagador de verdad.
Espero que les haya gustado y que me comenten, ya saben que eso me hace muy feliz.
Gracias por adelantado a aquellos que comenten.
Amnii
