Los personajes no me pertenecen son de Rumiko Takahashi, en cambio la historia es mia :).

Advertencia: Hay lemon, mejor o peor, pero hay; asi que si no les agrada el lemon les aconsejo que en dejen de leer en cuanto vean que la situación se caldea.


Se levantó bien entrada la mañana; el sol hacía rato que había salido y podía escuchar el piar de los pajarillos que tenían sus nidos en el tejado de su casa.

Adoraba ese lugar.

En ese instante no podía recordar por que se había ido, realmente nunca tuvo una razón de peso para irse.

-Esto es perfecto-susurró intentando olvidar todo aquello anterior a la noche de ayer-

Olvidar quien era, donde había vivido durante un tiempo, el lugar donde trabajaba, incluso a sus amigos.

Y por supuesto al hombre de ojos ámbar.

Pero sabía que no podía, y sentía en su interior que o hacía algo pronto…

O acabaría en su cama; y no precisamente para dormir.

-¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?

¿por qué no podía ser ella como el resto de mujeres?

Un bonito romance, unas cenas a la luz de la luna; una tarde de cine.

No, ella lo único que tenía era sangre, disparos, asesinatos.

-Supongo que esto es lo que elegí-dijo lentamente-

Aunque cada vez le gustaba menos.

Con lentitud se levantó de la cama, gracias a Dios Inuyasha no se había quedado en su casa, aunque su madre lo había intentado por todos los medios.

Y luego estaba su hermano… se moriría de vergüenza si Inuyasha descubría que ella se llevo años colada por él.

-No quiero que se ría de mí.

-¿Quién?

Kagome se sobresaltó al ver a su madre en su habitación, no se había dado cuenta que había entrado.

-Nada mama, cosas mías.

-Me dijo Inuyasha que te vistieras con algo bonito, que te iba a llevar a comer por ahí.

Kagome tomó aire y lo soltó con lentitud.

-Agradéceselo de mi parte, pero dile que no iré a ningún lugar con él.

Dio la espalda a su madre para no ver la cara de esta; pero a pesar de ello su madre mostró su descontento por la actitud de su hija mayor.

-Kagome basta de niñerías.

-No sé de qué me hablas mamá.

-Por dios se os ve en la cara, no había visto tanta tensión sexual nunca.

El rostro de la morena se puso de todas las tonalidades posibles de rojo.

-¡Mamá!

-Kagome cariño una no es tonta, ¿o te piensas que a ti te trajo la cigüeña?

-Ya sé que no, pero no quiero tener nada con Inuyasha.

Su madre le dirigió una mirada que expresaba claramente una palabra.

Mentirosa.

-Está bien; es un mujeriego empedernido no quiero tener una relación con un hombre así-dijo finalmente Kagome a la vez que abría el armario y buscaba unos vaqueros y una camiseta cualquiera.

-Cariño no dudo que Inuyasha, como la mayoría de hombres, haya tenido su época… desenfrenada, pero eso no quiere decir que no tenga intenciones serias contigo.

-Mamá le conozco.

-Mentirosa no le conoces ni pretendes hacerlo, si le conocieras no dirías eso de que te quiere para pasar el rato.

-Yo no he dicho eso.

-Lo has dejado en el aire, y no me lo niegues-le advirtió duramente.

-Soy mayorcita no necesito consejos mamá.

Kagome vio como su madre suspiraba y la miraba con tristeza.

-Hay que aprovechar la vida cariño, no dejar pasar los trenes; y el que tú estás dejando pasar es uno de los buenos.

-¿Qué te hace pensar eso?-le preguntó confundida-

-Un hombre solo persigue a una mujer haciendo no sé cuantos mil kilómetros cuando quiere algo serio con ella, piensa en ello Kagome.

Y se fue dejándola totalmente sola.

-Algo serio…-susurró confundida; quizás era hora de pasar a la acción de verdad, ser ella misma dejar las cosas claras entre ambos.

Sí, eso haría.

Al final si necesitaba los consejos de su madre, se sentía bipolar con sus cambios de actitud.

Pero primero se arreglaría; algo le decía que iba a tener un día movidito.

Que acertada estaba…


-Gracias señora Higurashi, hasta luego.

Inuyasha suspiró tras colgar el teléfono, Kagome no quería salir ni saber nada de él.

Eso le mosqueaba.

-No entiendo a esta mujer-susurró mientras se secaba el pelo con una toalla, acababa de ducharse y en ese momento estaba desnudo solo con una toalla que le rodeaba la cadera.

Una minúscula toalla.

Quizás fue el destino, o la mala suerte.

Según como se mire; pero el timbre sonó.

Con un gruñido se ajustó la toalla a la cadera y abrió la puerta preguntándose porque no tenía mirilla.

Ahí estaba ella, sonrojada al verle medio desnudo.

-Kag…Kagome-susurró él mirándola impresionado, estaba hermosa con el cabello cayéndole con gracia por los hombros, además que la camisa celeste acentuaba su pecho y los vaqueros se le ajustaban deliciosamente a su figura.

-Yo…esto creo que llego en mal momento ¿verdad?, esperare en la entra...

No pudo seguir hablando pues él tiro de ella hacia sí y cerró la puerta.

Se miraron durante unos segundos, como pidiéndose permiso el uno al otro, pero solo fue eso unos segundos…

Kagome gimió al sentir los labios suaves de Inuyasha sobre los suyos, y como la lengua de él trazaba pequeñas líneas sobre sus labios, pidiéndole que los abriese; ella no se negó y ambos gimieron al rozar delicadamente sus lenguas. Pequeñas descargas sacudieron el cuerpo de ella cuando él pegó sus caderas y dejo que notara su erección.

Kagome creyó que de un momento a otro se desmallaría, el olía endiabladamente bien y eso la aturdía. Sintiéndose totalmente engullida por el deseo se aferró a sus hombros arañándole ligeramente con las uñas y provocando un gemido a él.

-Kagome…-susurró con la voz ronca- pórtate bien.

No supo cómo ni por qué pero su voz sonó sensual y necesitada.

-Me parece que no quiero portarme… bien.

Escuchó a Inuyasha gruñir y sintió como la alzó fácilmente, un segundo después estaba tumbada en la cama mientras él le desabrochaba los botones de la camisa poco a poco, como intentando memorizar cada centímetro de su piel; a ella eso le desesperaba, quería que la desnudara ya; no quería pensar solo sentir…

-Inuya…-no pudo terminar su nombre, él acababa de quitarle el sujetador dejando sus pechos expuestos; Inuyasha sonrió sensualmente cuando tomo entre sus dedos un pezón rosado y lo apretó consiguiendo sacar un gemido de placer de la morena.

Kagome se sentía mareada, la sensación era abrumadora, se trataba de un calor que ascendía por su cuerpo con rapidez, con la misma rapidez con la que él captó con los labios el otro pezón consiguiendo hacerla gemir de nuevo.

Quería tocarle pero no podía, sentía sus brazos pesados y las corrientes que le pasaban por la espalda no ayudaban.

Inuyasha estaba sudando, su toalla había desaparecido aunque parecía que Kagome no se había dado cuenta; él estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no quitarle lo que le quedaba de ropa y entrar de una embestida en ella.

-Demonios-susurró él al sentir una mano que le acariciaba lentamente de arriba abajo, ¿Cuándo la mano de ella se había movido?

-Si no dejas de hacer eso…

-¿Qué me harás?-dijo ella con la respiración agitada-

-Juro por dios que te quitare los pantalones y me enterrare en ti-respondió con una voz ronca-

Ella sonrió perversamente, se sentía poderosa.

-Estoy deseándolo-le susurro al oído y acto seguido aumento el ritmo de su mano arrancándole un gemido a él-

Comenzaron un juego tremendamente excitante, averiguar cuál de los dos conseguía arrancarle más gemidos al otro; él apretaba los pezones de ella, ella se frotaba contra el miembro de él, ambos gemían, volvían a empezar intentando idear algo que dejara al otro sin aliento.

-Basta…-susurró Inuyasha, el juego comenzaba a írseles de las manos-

-Eso quiere decir que yo gané-dijo ella con la respiración agitada-

Inuyasha sonrió arrogantemente, eso es lo que ella creía.

Con rapidez le quitó los pantalones a la morena e intento no reírse al ver las braguitas de corazones y gatitos.

Pero no pudo evitar soltar una carcajada al ver la cara sonrojada de ella, mucho más que hacía unos segundos.

-Es de cuando era más joven, aun no fui a comprarme ropa-dijo ella sintiendo su garganta muy seca al contrario que su cuerpo el cual estaba recubierto por una fina capa de sudor-

-Me encantan-le dijo él mientras tiraba de las braguitas hacia abajo, deslizándolas lentamente por las piernas de la mujer-

Inuyasha sonrió abiertamente al escuchar como la respiración de ella se agitaba, y como su cuerpo temblaba ligeramente. Aprovechándose de ello comenzó a besarla desde las pantorrillas hasta la cadera, mordisqueando, chupando, lamiendo…

-Inu…Inuya…-ella era incapaz de hablar-

La miró, y suspiró él tampoco aguantaba más la necesitaba ya, en otro momento le haría sufrir y suplicar ahora no era el momento apropiado.

Justo cuando estaba a punto de cogerla por las caderas para acomodarla hacia él, ella estiró los brazos y se abrazó a su cuello, puso sus labios sobre la oreja de él y comenzó a lamerle el lóbulo. Inuyasha gruñó al sentir un delicioso escalofrío recorrerle la columna de arriba abajo; esa mujer le estaba enloqueciendo, a la vez que le mordisqueaba y lamía la oreja lanzaba pequeños suspiros y gemidos.

Sentía como su cordura desaparecía.

En un abrir y cerrar de ojos tiró de ella hasta tener las caderas de ambos juntas, la beso con fuerza consiguiendo que ella soltase un gemido, y con rapidez se introdujo en su interior.

Ambos gimieron.

Siguieron besándose con fervor mientras él la embestía, primero lentamente pero tras unos segundos que para ellos supuso una eternidad, comenzó a ir más rápido.

Kagome gemía cada vez más, sentía que iba a perder la cabeza y de repente una extraña sensación la invadió, era un cosquilleo que subía desde su estomago hasta su cabeza, su respiración se hizo más rápida, y entonces ocurrió una explosión de sensaciones inexplicables no supo cuanto tiempo duró, sentía sus piernas adormecidas y pesadas.

Inuyasha sonrió arrogantemente cuando sintió el orgasmo de la mujer, pero gruñó al notar como los músculos de ella se contraían apretándole. Eso fue demasiado y con un gruñido la besó mientras una fuerte sensación le recorrió todo el cuerpo.

Se quedo sobre Kagome con cuidado de no aplastarla mientras intentaba recobrar el aliento.

Sabía que ahora le tocaría hablar sobre ello.

La inseguridad se hizo presente.


-Esto es una estupidez Ayame

La mujer de ojos esmeralda le miró con mala cara, ¿por qué ese idiota seguía desobedeciendo sus ordenes y cuestionándolas?

-A lo que tu llamas estupidez yo lo llamo orden-dijo ella enfadada-

-Está bien pero no te mosquees-dijo el hombre suspirando-

Siguieron mirando varios libros de cultura japonesa, ya habían buscado en internet pero no había descubierto gran cosa.

Solo que la Shikon no Tama era una joya perteneciente al pueblo japonés y que varias leyendas hablaban sobre ella.

Ahora estaban buscando las leyendas.

-¿Encontraste algo?

-No, sigue buscando Kouga te estoy vigilando-le advirtió-

Kouga bufó y siguió pasando las hojas del libro aburrido, cuando de repente vio algo extraño en una de las paginas.

-Mira Ayame.

La mujer se sentó a su lado y miró lo que el hombre le señalaba, un pequeño párrafo junto con un dibujo de la supuesta joya, una simple esfera rosada y brillante; en el párrafo hablaba que la esfera databa de la época del Sengoku y que se creía que tenia poderes mágicos y concedía a su dueño un deseo.

Siguió leyendo y cuando terminó el párrafo miró a Kouga con una expresión indescifrable.

-Genial nos enfrentamos a otro loco que tiene pajaritos en la cabeza-dijo ella mientras se levantaba y tomaba su móvil-

-¿A quién llamas?-preguntó él-

Ella levantó una mano como señal de que se callase.

-Quiero que la vigilancia en la celda de Kikyo Parker aumente, no la dejen sola en ningún momento; mañana la transportaremos a una celda de máxima seguridad.

Kouga entonces lo comprendió todo.


Aquí está el esperado Lemon, bueno espero que les haya gustado es el primero que hago asi que no me abucheen me costó mucho escribirlo

y ojala a vosotros les haya encantado o minimamente gustado leerlo.

Espero comentarios please que ahora estoy en racha (con ganas de escribir) asi que espero algun comentario por aqui ^^.

Tambien les anuncio mi "nuevo" fic Madness, leanlo en serio es uno de mis preferidos (junto con este).

Saludos y besitos.

Amnii