¡Hola chicas traviesas! parece que os gustan las historias de alto voltaje ;)

Esta historia la escribí el verano pasado. Mi amiga Irene y yo nos pusimos a escribirnos historias muuy subiditas de tono, donde la una era la protagonista de las historia de la otra.

En teoría son un one shoot, pero coincido con algunas de vosotras, aquí había una tensión sexual no resuelta que pedía a gritos una solución.

Así que aquí está la continuación...

Os tengo que pedir un favor, la historia que Irene me escribió a mi, también está en fanfiction, su nick es: playful girl. Podéis encontrarla entre mis autores favoritos, la historia se llama: "Cuentos eróticos para noches de soledad " estoy convencida que os encantara la historia, ¡y quiero que también la continue! así que ayudarme a convencerla por favor!

Gracias por todos vuestros reviews, vuestras palabras son las que me han convencido para continuar la historia, así que, si queréis más solo tenéis que pedirlo...

ESPERO QUE OS GUSTE


2.

~Pov Irene~

Me levanto del suelo con cuidado para no molestarlos. Edward está enroscado en el cuerpo de Bella como una serpiente, ella descansa con un gesto plácido con sus dedos enterrados en el pelo de él.

Les miro un momento, hacen una pareja perfecta.

Tengo la boca seca, necesito tomar algo. Son las cinco de la mañana y no hay ningún sonido fuera.

Hace calor.

El pub debería estar cerrado. Camino desnuda por el oscuro pasillo y me asomo al local para comprobar que esté vacio, cuando estoy segura me dirijo a las neveras de la barra y cojo una coca-cola.

- Espero que vayas a pagar eso.- dice una voz sensual a mi espalda, en español pero con fuerte acento americano, la reconozco enseguida, es mi camarero.

- Humm – digo sonriéndole, intentando parecer natural a pesar de que me encuentro desnuda ante él – pues ahora mismo no llevo encima la cartera- Salgo de detrás de la barra y me apoyo en un tamborete con una mano, mientras con la otra le doy un trago a mi coca-cola.

Él me sonríe con picardía, dos hoyuelos aparecen en sus mejillas. Me mira de arriba abajo como si lo estuviera comprobando, sus ojos recorren lentamente mi cuerpo, los siento como si estuvieran quemando mi piel, veo como su mirada cambia mientras me mira, de la diversión al hambre…mis pezones delatan al momento mis sensaciones.

Él mira fijamente mis pechos, mientras un gemido se escapa de sus labios y su sonrisa se desvanece para mudar en una expresión grave, casi de dolor. El sonido eriza mi piel. Muerde su labio inferior. Cuando sus dientes presionan sus carnosos labios deseo con todas mis fuerza que los clave en mi cuerpo.

Se acerca a mí con sus ojos llenos de fuego. Se para mirándome fijamente. Su respiración es agitada, el calor de su cuerpo me llama de forma tentadora, deseo suplicarle que me toque.

Hay algo extraño en él, en cómo me hace sentir. Mi corazón parece querer salir de mi pecho, mi cuerpo reacciona a su proximidad, anhelándole, deseándole de una forma arrolladora, excitándome tan solo con su mirada.

Acabo de dejar al hombre con el que llevaba años fantaseando y a mi caliente y mejor amiga desnudos, después de una sesión de sexo desenfrenado, todavía llevo sus huellas en mi piel… pero de repente siento que he estado en el sitio equivocado… como si hubiera traicionado a este hombre que no conozco de nada.

- Así que te gusta jugar.

- Adoro jugar…- susurro, casi sin voz. Su proximidad me está poniendo nerviosa, estoy expectante –. ¿Y a ti?

Su rostro serio cambia, y me muestras una sonrisa malvada, provocadora.

- No se… he visto que eres una chica traviesa… pero no sé si encajarías en el tipo de juegos que a mí me gustan… yo juego duro nena.

Un escalofrío sacude todo mi cuerpo, me tomo sus palabras como una dulce promesa.

Tiene los ojos fijos en mis labios, yo en los suyos.

Se inclina hacia mí, y atrapa mi labio inferior con sus dientes y estira de él con fuerza, rozándolo con su lengua, su mano agarra mi trasero y me presiona contra su cuerpo, clavando su enorme erección contra mi estómago.

- Hummm... deliciosa– susurra, mientras me suelta y se aleja de mí, dejándome ardiendo por dentro, sin aliento.

Se mete detrás de la barra.

¿Por qué se está separando de mí?

Intento recuperar la compostura.

Se sirve un Martini y se apoya al otro lado de la barra. ¿Debería acercarme?¿Qué está pensando?¿Desde cuándo pienso tanto las cosas? Le da un trago a su bebida y clava sus ojos azules en mí.

- Me muero por jugar contigo, nena. No puedes imaginar cuanto… pero mi amigo debe estar esperándote dentro. Y yo no le quito las chicas a mis amigos… aunque me muera de ganas. Ya escogiste esta noche, y por desgracia para mí yo no fui el afortunado.

¿Qué? Siento como si me hubiera arrojado un jarro de agua fría. ¿Qué? No sé qué decir, de repente estoy furiosa con él. Le dirijo una mirada airada y él sonríe levantando una ceja… ¿se está burlando de mí?

Si lo pienso con calma puedo entenderlo, he herido su orgullo. Hace tan solo unas horas le dejé plantado por su amigo. Pero él ha herido el mío ahora, estoy furiosa, pero intento controlarme, me escondo bajo una falsa indiferencia.

Alzo la cabeza y le miro con desdén. Acabo mi coca cola, sin dejar de mirarle a los ojos y luego le susurro:

- Para empezar yo no soy la chica de tu amigo, ni de nadie y ¿quién dice que quiero jugar contigo?

Le dedico una dulce y malvada sonrisa. Y me alejo de él. Camino despacio, contoneando mis caderas intencionadamente, siento sus ojos clavados en mi espalda, no puedo resistirme y sin dejar de caminar, ni mirarle, alzo mi antebrazo y le enseño mi dedo corazón.

De repente él está detrás de mí, me coge por la cintura. Su respiración se ha acelerado.

- ¿Ahora qué? – le pregunto girándome furiosa.

Sus ojos son puro fuego también, un fuego encendido por dos fuentes diferentes, un deseo voraz y una ira salvaje.

Pero por alguna razón no me asusta. Algo me dice que él jamás podría hacerme daño, estoy convencida de ello.

- No lo sé…- dice, parece desconcertado - Solo sé que no quiero que vuelvas allí.

A pesar de su ira, suena como una súplica.

Le miro confusa, intento seguir pareciendo indiferente, pero en realidad mi indignación se ha evaporado ¿Cómo me siento? Esto es muy raro, pero estoy aliviada de que me haya detenido.

De repente él me ha entregado el poder.

- ¿Quién eres? – Susurra en mi oído - ¿Qué me estás haciendo? – sus manos se deslizan por mi cintura, sus dedos dibujan líneas por todo mi cuerpo, mi piel se estremece bajo su contacto, dejando bajo sus huellas anhelo de más. Mi cuerpo clama por él.

Y no puedo resistirme, no quiero resistirme.

A la mierda el orgullo.

Levanto las manos y las enredo en su pelo, cogiéndolo con fuerza. Sus ojos están quemando en los míos.

Enreda su mano en mi pelo, le da una vuelta y estira fuerte de él, haciéndome inclinar la cabeza hacia atrás. Siento como pasa su lengua desde mi clavícula, recorre lentamente mi garganta hasta llegar a mis labios. Invade mi boca con furia. Suelta mi pelo, me alza, montándome en sus caderas. Me lleva hacia algún lugar, no puedo ver donde, ni me importa…

De repente choco violentamente contra una pared, él tiene su mano en mi cabeza, protegiéndome del impacto. Sus besos invaden nubla mi mente, mi razón, me pierdo en una pasión que jamás había sentido antes, anula todos mis sentidos, solo necesito más, quiero sentirlo por todas partes.

Estoy en llamas y él las alimenta con cada caricia, y necesito más.

El ruido de una puerta nos trae devuelta a la tierra. Nos separamos y bajo el ruido de nuestras dificultosas respiraciones escuchamos pasos en el pasillo.

Él me baja de sus caderas, se quita la camiseta y me la entrega. No puedo evitar mirarle alzando una ceja. Me devuelve la mirada reprendiéndome.

- Póntela – me ordena.

Su voz autoritaria lanza una nueva descarga de deseo por mi cuerpo.

Se separa de mí y se dirige de nuevo a la barra, yo le observo desconcertada y le sigo.

No he llegado todavía hasta él cuando se abre la puerta de al lado del escenario y aparecen Bella y Edward cogidos de la mano.

- Estás aquí – dice Bella mientras le echa una mirada fugaz a mi camarero, y después repasa mi vestuario, interrogándome en silencio –. Vamos a su casa – me dice señalando con la cabeza a Edward. Alarga su mano para entregarme mi ropa. Me acerco a ellos para cogerla.

Veo que Edward hace un gesto con la mano, acto seguido escucho un portazo, me giro.

Mi camarero no está.

¡Oh! ¿Se ha ido? ¿Qué…?

_ No… yo… - divago – yo no voy, marcharos. Me vestiré y pediré un taxi.

- ¿Segura? ¿Estás bien?- me pregunta preocupada.

- Sí, tranquila, marcharos de verdad – le digo.

Ella entiende que lo digo en serio, aunque no sepa muy bien porque.

- De acuerdo – me dice a regañadientes.

- Pasarlo bien.

Edward, me sonríe, aunque también me mira con sospecha.

Se marchan.

Me apoyo en el tamborete de la barra y me visto despacio. Con los ojos fijos en la puerta negra por la que ha desaparecido él.

¿Qué debo hacer?¿Ha huido de mi?¿Ha pensado que me iba a marchar con ellos?

Cuando estoy vestida me acerco a la puerta, apoyo una mano en ella y la acaricio.

Sal por favor, abre la puerta. Suplico en mi mente.

Y como si fueran las palabras secretas de una puerta mágica se abre.

Él me mira intensamente a los ojos, sin decir nada. Alarga su mano y roza con cuidado mi mejilla.

El contacto despierta de nuevo mi excitación.

Coge mi mano y me guía a través de la puerta, cerrándola tras nosotros. El sonido hace eco.

Subimos en silencio por unas estrechas y oscuras escaleras.

Llegamos a un salón decorado de forma muy masculina y moderna. Sofá de piel negro, Un televisor de plasma sobre una mesilla que contiene los últimos modelos de todas las consolas del mercado. Una gran colección de videojuegos y películas. Las paredes están decoradas con extrañas máscaras tribales y son de un color verde oliva.

Atravesamos la estancia dirigiéndonos a la puerta del fondo. Posa su mano en el pomo y se detiene, mirándome.

- Veamos hasta que punto te gusta jugar. No te asustes -. Me dice con su sonrisa perversa, mi favorita.

Levanto una ceja con suficiencia, él gira el pomo por fin y nos introducimos en la habitación. Enciende la luz.

Las paredes son negras. En medio de la estancia hay una especie de potro, sobre él cuelgan cadenas. En una esquina hay un diván rojo, con distintas anillas instaladas en él. Una gran mesa forrada de cuero a la derecha. A mi espalda hay un gran armario cerrado. A la izquierda cuelga una jaula enorme de hierro forjado, suspendida apenas unos diez centímetros sobre el suelo, del tamaño de una persona.

Es una sala de BDSM.

- Si quieres salir corriendo este es el momento.

Aprieto su mano con fuerza, me giro hacia él, ocultando mi sorpresa y nerviosismo, y le sonrío.

Acepto el reto.

- No me asustan tus juguetitos. Pero permíteme que dude de tu capacidad para doblegarme, aunque me encantaría ver como lo intentas.

Me mira sorprendido.

- No es así como funciona esto.

- Me gustan hacer mis propias reglas. No me doblegaré sin luchar, si no me demuestras que eres digno de mi sumisión. Necesitaremos una palabra segura… los dos.

Después de unos segundos sopesando las opciones me mira y sonríe.

- De acuerdo. Mi palabra segura será eclipse, la tuya amanecer.