Hola chicas traviesas… veo que esta semana muchas habéis sido unas niñas muy malas y os habéis dedicado a leer las aventuras de nuestra chica juguetona… como premio por vuestros pecados, nuestro chico más caliente y perverso os va a contar su punto de vista de la historia…

Art3misa, como no estás identificada en la página no he podido responderte…. Espero que hayas superado el shock ;) tendré en cuenta tu petición, si no me cuadra en esta historia, para futuras. (me sonrojo también) Gracias por tus comentarios!

No me enrollo mas que me esperan para ir al cine!

¡Os deseo feliz semana santa! cerramos por vacaciones!

ESPERO QUE OS GUSTE.

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- Pov Emmett-

Cierro la puerta a mi espalda, desconcertado.

Me apoyo en ella, mientras intento controlar mi furia, mi deseo… mi miedo.

No soy tonto, tengo claro que es lo que estoy sintiendo, estoy totalmente desquiciado por los celos. El por qué es lo que no logro entender.

Soy un tío controlado, acostumbrado a dominar mis emociones y hace tan solo un momento ellas me han dominado a mí. Esa chica traviesa, endemoniadamente sexy me ha hecho perder la cabeza por completo.

Jamás me he sentido así.

Por la noche, con el jueguecito del dedo con su amiga, me había puesto muy cachondo ¡Joder! Cuando me pidió que lo chupara y sentí el sabor del sexo de su amiga en él… casi hace explotar mis pantalones.

No puedo negar que cuando ella y su amiga se fueron con Edward me sentí algo desilusionado. Aunque me temía que a ella no le iría mi rollo, después de observarla con su amiga diría que su rol era más de dominante que de sumisa, así que no quise darle demasiada importancia.

Siempre me enrollo con tías que de antemano se que les va las mismas cosas que a mí.

Todo cambió cuando la encontré más tarde desnuda en mi barra.

Por un segundo me pareció divertido y excitante. Parecía una visión, desnuda detrás de la barra. Pero cuando al hablar con ella vi como su cuerpo reaccionaba, cuando escuché su voz… no puedo explicarlo, el latigazo de deseo que sacudió mi cuerpo era abrumador, tenía que ser mía, deseaba poseerla.

Su cuerpo era como un imán incontrolable, me atrajo hacia ella, sin que pudiera remediarlo, me encontré de pie, a su lado, a escasos centímetros de ella, un paso más y nuestros cuerpos se tocarían. Me quedé atrapado en su mirada, sus ojos salpicados de marrón y verde, como un bosque húmedo y misterioso, el brillo que vi en ellos me decía que estaba tan excitada como yo.

- Así que te gusta jugar – susurré, casi sin poder reconocer mi voz, ronca por la excitación.

¡Joder! Tuve que usar todo mi autocontrol para contenerme, para no cogerla de la cintura, sentarla sobre la barra y hundirme en su cuerpo.

- Adoro jugar… ¿Y a ti? - me preguntó, pude escuchar en su voz la invitación, me estaba provocando. Si ella supiera a lo que me gusta jugar ¿saldría corriendo?

- No se… he visto que eres una chica traviesa… pero no sé si encajarías en el tipo de juegos que a mí me gustan… yo juego duro nena – respondí, esperando que detectara la advertencia en mi voz.

Su respiración se aceleró, y me dedicó una mirada perversa, llena de lujuria, pero no dijo nada. Su lengua apareció entre sus labios, humedeciéndolos, haciéndome explotar por dentro.

No pude controlarme más.

Recorté el paso que nos separaba, y me incliné sobre ella, con mis ojos fijos en su boca, atrapé su húmedo labio inferior entre mis dientes, y lo saboreé, acariciándolo suavemente con mi lengua. Al mismo tiempo agarré su trasero con mis manos y la apreté contra mí. Su piel quemaba en mis manos. Sacudiéndome con una descarga eléctrica que recorrió todo mi cuerpo, parecía que toda la sangre había ido a parar a mi polla, estaba tan excitado que dolía.

- Hummm… deliciosa – susurré al separarme de ella, mi cuerpo gritaba para que continuara besándola, para que la poseyera aquí, ahora.

Pero mi mente me devolvió a la realidad. Haciéndome recordar porque estaba desnuda y que no era por mí.

Y ahí lo sentí. Por primera vez en mi vida. Lo celos retorciéndome el estómago. La sensación era tan poderosa que dolía. Me sentí desconcertado. Tenía que recuperar el control de la situación.

Me serví un Martini para calmarme, el alcohol quemó ligeramente mi garganta.

Sus ojos me miraban llenos de preguntas silenciosas. Por un segundo ella también me pareció vulnerable, confusa.

- Me muero por jugar contigo, nena. No puedes imaginar cuanto… pero mi amigo debe estar esperándote dentro. Y yo no le quito las chicas a mis amigos… aunque me muera de ganas. Ya escogiste esta noche, y por desgracia para mí yo no fui el afortunado.

Pude ver la decepción en su rostro, me sentí alagado, de que ella también me deseara, que sus provocaciones no fueran solo por lo que parecía una incapacidad total por su parte de dejar de coquetear y provocar al personal. Le sonreí.

Ella terminó su coca-cola de un trago, sin dejar de mirarme a los ojos y enseguida recupero la compostura. Después de decirme con voz fría que no pertenecía a nadie, y que ella no había dicho que quisiera jugar conmigo, se dio la vuelta alejándose de mí.

¡Joder!

La visión de su precioso culo desnudo contoneándose era la cosa más sexy que había visto en la vida, tuve que llevar mi mano hacia mi polla, porque realmente parecía que la sangre iba hacerla explotar. Mientras caminaba ella levantó su mano, enseñándome su dedo corazón.

¿Qué? Jamás, ninguna mujer, se había atrevido a hacerme eso.

Sentí un deseo incontrolable de zurrar ese precioso trasero, alguien tenía que enseñarle modales a esa niña descarada… la visión de mi fantasía me la puso imposiblemente más dura.

Pero de repente mis ojos fueron algo más allá.

Miré la puerta hacia la que se dirigía y una oleada de rabia me sacudió tan fuerte que sentí que mis músculos temblaban.

Bajo ningún concepto iba a permitir que ella volviera con ellos otra vez.

Antes de darme cuenta estaba corriendo hacia ella. La detuve, sujetándola por la cintura. Me costaba respirar. El calor de su piel volvió a quemarme las manos.

Ella se giró mirándome enfadada. Le miré a los ojos, luchando contra mis deseos, sin entender que me hacía comportarme de esa manera.

Sus ojos perforaron los míos, haciendo temblar mis rodillas.

- ¿Quién eres?¿Que me estás haciendo? – le susurré, mientras mis manos, que parecían tener vida propia, empezaron a viajar por su piel, memorizando con avidez cada centímetro de su cuerpo.

Su piel se erizó bajo mi tacto, durante un largo minuto ella continuó manteniendo su mirada gélida en mis ojos.

¡Joder! Nunca, ninguna mujer me había tratado así, yo siempre soy el que manda, el que pone las reglas, el que castiga. Tenía que derretir ese hielo.

De repente su furia parece convertirse en urgencia, rindiéndose, levantó las manos para enredarlas con fuerza en mi pelo.

Sentí el alivio, el poder familiar de tener el control. Conseguir que ella se entregara a mí, que se sometiera en todos los sentidos, era mi meta.

Enredé mi mano en su largo cabello, le di una vuelta en mi mano obligándole a inclinar la cabeza hacia atrás, para saborear su cuerpo. Pasé mi lengua por su clavícula y la deslicé, despacio, subiendo por su garganta hasta llegar a su boca. La invadí sin contemplaciones, con rabia y pasión, ella respondió de forma salvaje a mi beso, su lengua se enredó con la mía en una lucha de poder, me perdí en ella de una manera que jamás había sentido.

Cogí sus caderas haciendo que rodeara las mías con sus piernas, sentí el calor de su sexo filtrándose por mi ropa, la sentí justo en mi polla. La empotré contra la pared y la presioné con fuerza, sujetándola con el peso de mi cuerpo, mis manos recorrieron su cuerpo con avidez, dibujando sus curvas.

Y entonces escuché ruidos en el pasillo que me llevaron de vuelta al presente. Di un paso hacia atrás y la ayudé a bajar. Me quité la camiseta y se la entregue para que se cubriera.

Ella me miró con curiosidad y diversión, burlándose de mí con su mirada, recordándome que ellos ya la han visto desnuda, que la habían tenido antes que yo.

No pude controlar mis celos y le ordené que se la pusiera. Ella pareció sorprendida pero obedeció.

"Así me gusta pequeña"

Me dirigí a la barra y comprobé satisfecho que ella me seguía. Pero cuando su amiga y Edward aparecieron ella se detuvo.

Su amiga le propuso ir a casa de Edward.

No podía verlo, no podía soportarlo. A duras penas controlé el impulso de cogerla de las piernas y colocarla sobre mi hombro, de gritarles que ella era mía… lo controlé por que sabía que no lo era. Ella me lo había dejado muy claro hacía un rato, no le pertenecía a nadie.

Huí, como un maldito cobarde, para proteger mi orgullo, que se que se rompería en mil pedazos si ella desaparecía por esa puerta con ellos.

Saludé a Edward y me escondí dentro de casa.

~O~

Después de un momento en la puerta, tras la que no consigo escuchar nada, ya que está convenientemente insonorizada, subo las escaleras de dos en dos. Me sirvo un whisky y me apoyo en la ventana.

Al momento veo salir a Edward y a su amiga, dirigiéndose al volvo de él. Irene no está con ellos.

¿Se ha quedado?¿por mí?

Sin pensar bajo las escaleras volando. Apoyo un segundo las manos en la puerta. "¿Estás ahí nena?" Susurro para mí mismo.

Abro la puerta, y ella está justo ahí, delante de mi puerta.

El alivio que siento es liberador, ella se ha quedado por mí.

Sus ojos están llenos de dudas, de rendición, de alivio y comprendo que ella está sintiendo lo mismo que yo, esta fuerza inexplicable que nos atrae de forma inevitable.

Acaricio su mejilla con cuidado, agradeciéndoselo en silencio. Cojo su mano y la conduzco hasta arriba. Ella me sigue sin decir nada, sumisa… hummm

La llevo hacia la habitación, a la mazmorra.

- Veamos hasta que punto te gusta jugar. No te asustes – Le digo con una sonrisa.

Ella me desafía en silencio, con su mirada, como si asustarla no fuera posible.

Enciendo la luz y nos introducimos en la habitación. Yo la observo a ella, ella examina la habitación con curiosidad y sorpresa.

- Si quieres salir corriendo este es el momento -. Le advierto.

Ella sonríe con malicia, provocándome.

- No me asustan tus juguetitos. Pero permíteme que dude de tu capacidad para doblegarme, aunque me encantaría ver como lo intentas.

Sé que debo de parecer un idiota con la boca abierta, mientras le miro perplejo, pero es que no puedo procesar la información.

- No es así como funciona esto – le digo.

- Me gustan hacer mis propias reglas. No me doblegaré sin luchar, si no me demuestras que eres digno de mi sumisión. Necesitaremos una palabra segura… los dos.

Le miro perplejo. Ella no se rendirá sin presentar batalla… pero conseguiré que se rinda, siento como una sonrisa de anticipación se dibuja en mi cara.

- De acuerdo. Mi palabra segura será eclipse, la tuya amanecer.

Ella sonríe. Y asiente con la cabeza.

- Me gustaría ducharme primero – me dice.

Asiento y le ofrezco mi mano. Acompañándola al fondo de la habitación.

Ella abre los ojos cuando ve el espacioso baño. Hay una gran bañera de hidromasaje en el centro, elevada, rodeada por unas escaleras de mármol negro. En varios sitios estratégicos hay esposas acolchadas incrustadas en la bañera. Ella se da cuenta.

- Hummm… bonito baño, muy acorde con la habitación – dice sonriendo.

Cierro la puerta y me mira interrogándome con los ojos.

- Permíteme – le susurro, mientras pongo a llenar la bañera.

Ella me mira, con sus enormes ojos, y no dice nada. Me acerco a su espalda y desabrocho el corsé que se había vuelto a poner. Despacio, deslizo mis dedos entre las cintas rozando su piel con mis dedos. Cada pequeño contacto es una descarga en mi cuerpo, su piel es adictiva, deslizo mis labios sobre su hombro, dejando húmedos besos por su piel expuesta, ella se estremece bajo mi contacto, un pequeño gemido se escapa de sus labios.

Cuando está desabrochado del todo lo dejo doblado sobre la silla. Deslizo mis manos por su estómago, acaricio con mis dedos la parte baja de su pecho, escucho como ella captura su respiración, expectante, inclina la espalda hacia atrás, sobre mi pecho, invitándome, pero lentamente retiro mis manos hacia abajo. Ella hace un sonido en protesta. Pero se calla cuando ve que me dirijo hacia sus pantalones.

Los desabrocho despacio y cuando están abiertos dibujo con mis dedos en límite de su cinturilla, deslizando un centímetro mis dedos para adentro. Coloco mis manos en sus caderas desnudas y las bajo lentamente por sus piernas, arrastrando el pantalón y el tanga con ellas. Me arrodillo tras ella y le ayudo a sacar los pies de allí. Puedo oler su delicioso sexo, y lucho contra el deseo de abrirla y saborearla.

A pesar de su actitud sumisa yo estoy alerta, sabiendo que ella puede actuar en cualquier momento por su cuenta, sabiendo que ella no me ha entregado el poder y tiene permiso para hacer lo que quiera.

Me incorporo lentamente, comiéndomela con los ojos, acariciando su suave piel, con mis dedos, la miro a través del gran espejo a nuestra derecha, su rostro está en trance, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

Sonrío con suficiencia, orgulloso del efecto que tengo en ella.

La dirijo hacia la bañera, sube dos escalones y entonces la inclino hacia delante, ella apoya las manos sobre la bañera, la piel blanca y suave de su precioso culo está delante de mí, lo acaricio suavemente antes de darle un fuerte azote.

Ella grita, mirándome sobre su hombro, pero no pierde la posición, sus ojos brillan con lujuria, acaricio con cuidado la zona enrojecida.

Tomo aire, para no perder el control y hundirme en las profundidades de su cuerpo. Jamás me había costado tanto mantener a raya mis deseos… y eso que ella está colaborando…

- Al agua - ordeno.

- Lo que tú digas, señor – me dice con descaro, pretendiendo poner ojitos de niña buena, y consiguiendo parecer más perversa todavía.

Se sumerge en el agua y yo echo jabón, se crea una capa de espuma que no me permite ver su cuerpo. Deslizo mi mano bajo el agua, acariciando su cuerpo con delicadeza.

Ella se deja hacer, con los ojos cerrados, estoy esperanzado, parece una gran sumisa, cuanto más fácil de manejar se muestra más sencillo es para mí mantener el control. Sentir el poder que tengo sobre ella.

Me levanto para ir a buscar una toalla.

Siento un repentino tirón en mi camiseta, me resbalo, cayendo dentro de la bañera, sobre ella. Cuando saco la cabeza del agua la risa de Irene hace eco en la habitación.

- ¿Qué ha sido eso? – le pregunto. Mientras me siento apoyado en el otro extremo de la bañera.

Tendría que estar enfadado… pero el sonido de su risa es sumamente contagioso. No puedo retener mi sonrisa.

- Mmm… - dice, mientras se retuerce y repta sobre mi cuerpo -. "Eso" es mi turno campeón.

Se acerca a mí, claramente divertida por mi desconcierto, roza su nariz con la mía, y acaricia suavemente sus labios con mis labios, soy totalmente consciente de su cuerpo desnudo sobre el mío, ella se sienta sobre mis caderas y empieza a desabrocharme la camisa.

- Normalmente no suelo desnudarme hasta que mi chica ha tenido el primer orgasmo.

- Cielo, yo no soy tu chica, además, creo que puedo tener un orgasmos solo con ver estas abdominales – dice mientras abre mi camisa para deslizarla por mis brazos - ¡oh Dios! Estás buenísimo.

Ella desliza sus manos por mis pectorales, y se acerca todavía más, presionando sus preciosos pechos contra el mío. La sensación es deliciosa.

- Estás tan duro… me pregunto si estarás así en todas partes – dice, mientras sumerge su brazo en el agua, su mano va directamente a mi polla, y le da un apretón que me hace gemir.

Se incorpora un poco, sus preciosas tetas quedan delante de mi cara, sus manos se aferran a mi pelo y empuja mi cabeza hacia ellas, no puedo reclinar su invitación, atrapo un pezón entre mis labios, y succiono con avidez, mis manos sujetan sus pechos y paso de uno a otro, mordisqueando, chupando, disfrutando de sus duros pezones contra mi boca.

Esta chica me volverá loco… todo esto es demasiado nuevo para mí. Ella está controlándome a mí. Pero no puedo negar que me divierte y me excita.

Por mucho que disfrute su juego, no pienso ceder, la cojo de su cintura y la coloco debajo de mí, el agua se mueve con violencia entre nosotros, atrapo sus manos con fuerza y las sujeto con las esposas que hay en los extremos de la bañera.

- Voy a tener que sujetar estas manos para que se estén quietecitas… y sabes que tendré que castigarte por haberme tirado al agua ¿verdad?

Sonríe con picardía, y asiente con la cabeza.

- Si señor. Sé que he sido una chica mala.

Claramente se burla de lo que soy, de lo que hago, me juro a mi mismo que cuando termine la noche, y me llame señor lo hará con el debido respeto.

Me pongo de pie en la bañera, delante de ella, y me quito los pantalones y los calzoncillos empapados. Mi erección queda totalmente al descubierto, rebota delante de su cara.

- ¡Guau!- exclama.

Ella me está devorando con los ojos, y se relame los labios con deseo.

- ¿Quieres probarla pequeña? Me muero por silenciar esa boquita irrespetuosa con mi polla – realmente creo que jamás he deseando nada tanto antes.

Ella asiente, poniéndome carita de niña buena.

- Si señor – susurra, con voz ronca.

Me acerco a ella y coloco la punta entre sus labios, Dios, la sensación hace que me tambalee, ella juega con su lengua en mi glande, perfilando todos los bordes… le cojo del pelo y me deslizo en su boca despacio, hasta que está llena de ella y luego me retiro de nuevo despacio.

- ¡Oh, joder!… me encanta esa boquita…

Vuelvo a hundirme en ella, y empiezo a embestirla, cada vez mas rápido, mientras ella succiona y juguetea con su lengua y sus dientes. Mis ojos están fijos en sus labios llenos, viendo como mi erección entra y sale de su boca. Me está volviendo loco.

- ¡Joder nena! Lo haces tan bien.

Me lleva al límite, mas rápido de lo jamás he llegado, me retiro a regañadientes, no quiero correrme antes que ella. Me dedica una sonrisa complacida, consciente del placer que me ha dado. Caigo de rodillas en la bañera, y beso sus labios hinchados con pasión. Con un hambre voraz.

Deslizo mi mano entre sus piernas, e introduzco dos dedos en su sexo, con violencia, su interior está resbaladizo y cálido, se estremece bajo mi cuerpo y grita de placer entre mis labios. No puedo esperar para hundir mi polla dentro de ella.

Pero no aquí. Aquí no puedo verla.

Desato con urgencia sus muñecas y la saco en brazos de la bañera. Nuestros cuerpos van dejando un reguero de agua a nuestro paso.

Entramos en la habitación y la lanzo sobre el diván, la miro con hambre, sus ojos están nublados por la excitación. Ella está sentada.

Cojo sus pies y los ato uno a cada extremo del diván, ella se deja hacer. Sus piernas quedan totalmente abiertas, su sexo expuesto, rosado y jugoso ante mis ojos.

Me arrodillo ante ella, y la observo con detenimiento, paso mi mano lentamente por sus piernas, sus caderas, sus ingles, hasta llegar a su sexo, lo acaricio de forma superficial, sin llegar a hundirme entre sus pliegues, ella me mira expectante, mordiéndose el labio. Lo acaricio de nuevo con suavidad y entonces elevo mi mano y la dejo caer con fuerza justo encima de su clítoris.

El sonido del golpe se une a su gemido. Me mira con furia y deseo, vuelvo a repetir el golpe sobre su parte más sensible, que rápidamente empieza a enrojecerse.

- Estoy deseando saborearte, nena – le digo mientras me inclino hacia sus pliegues. Con mis manos aparto la piel de su sexo y la empujo un poco hacia arriba, su entrada y su clítoris más expuestos todavía. Lo devoro con mis ojos.

Ella se sonroja levemente, posiblemente al sentirse tan expuesta, yo le sonrío con malicia.

- Mmm… es precioso cariño, me está llamando para que lo devore… ¿quieres que te devore preciosa?

- Sí – susurra, con urgencia.

- ¡Suplícamelo! – le ordeno, mientras soplo un poco encima de su sexo, ella se estremece.

- ¿Qué? – pregunta furiosa.

- ¡Pídemelo con educación! Y no me hagas repetirlo o tendré que castigarse.

Ella se muerde el labio, furiosa, y no dice nada.

Yo coloco un dedo sobre su entrada, sin llegar a introducirlo y hago perezosos círculos sobre ella, luego con un ligero roce llego hasta su clítoris, sin hacer presión sobre él, solo un delicado toque.

Ella inclina su cuerpo hacia arriba, para presionarlo sobre mi mano y yo la retiro. Mientras niego con la cabeza.

Sus manos vuelan hacia su sexo pero yo las detengo.

- No – le susurro con una sonrisa.

Me pongo de pie y cojo las cintas de seda que cuelgan de la pared y ato sus manos juntas, luego estiro de la cinta, que está pasada por una pequeña polea encima de nuestras cabezas, y sus brazos se estiran completamente hacia arriba.

Con ese movimiento sus pechos se alzan un poco, invitándome, voy hasta ellos colocando mi rodilla sobre su sexo y lo presiono un poco mientras me inclino para saborear sus preciosas tetas. Doy un pequeño mordisco y succiono cada unos de sus pezones, que se endurecen todavía más entre mis labios, antes de incorporarme de nuevo.

- jodidamente deliciosa… - susurro, mientras doy tres pasos hacia atrás para poder observarla atada sobre mi diván - … y jodidamente preciosa. De verdad que estoy deseando hundir mi lengua en tu precioso sexo y mordisquearte hasta sentir palpitar tu clítoris entre mi labios.

Vuelvo a arrodillarme ante ella, me mira con desesperación y esperanza en sus ojos. Deslizo mis manos por sus ingles y vuelvo a abrir su carne. Le miro a los ojos, levantando una ceja, dejándole ver que sigo esperando.

- Por favor – susurra de forma entrecortada, rindiéndose – por favor chúpame… señor.

Gimo con satisfacción, sintiendo que la adrenalina del poder sacude mi cuerpo y hace temblar mi polla.

- Tus deseos son ordenes para mí nena.

Me acerco despacio, con mis ojos fijos en los suyos y atrapo todos los pliegues de su sexo entre mis labios, succionándolos.

¡Joder! Adoro su sabor, salado y excitante, sus jugos inundan mi boca despertando un hambre salvaje en mí, deslizo mi lengua a lo largo de su sexo, y vuelvo a bajar centrándome en su entrada mientras con mi dedo acaricio su clítoris.

Sus gemidos inundan la habitación. Y empieza a mover sus caderas contra mi boca. La devoro como si fuera un manjar del que jamás tendría suficiente.

Deslizo mi lengua hacia su clítoris, lo mordisqueo dando golpecitos con mi lengua antes de llevarme toda su carne a mi labios y succionar.

Introduzco dos dedos dentro de su cuerpo, y la envisto con fuerzas mientras sigo trabajando con mi boca.

Siento como su cuerpo se tensa, y su vagina empieza a palpitar con furia, presionando mis dedos dentro de ella.

Un grito desgarrador se escapa de su garganta, mientras inclina su cabeza hacia atrás, con sus mejillas totalmente sonrojadas, mientras su orgasmos hace que toda su piel se erice. Sus jugos empiezan a resbalar entre mis dedos, cuando sus cuerpo deja de colapsarme dentro de ella los retiro y succiono con avidez su sexo, bebo cada gota de su excitación.

Cuando su respiración se calma un poco alzo la cabeza. Observo su expresión agotada, respira con los labios hinchados y entre abiertos, sus ojos están vidriosos con la vista algo perdida.

- Estás jodidamente preciosa cuando te corres.

Trepo por su cuerpo y hundo mi lengua entre sus labios, ella responde a mi beso con urgencia y pasión. No puedo esperar ni un segundo más y me introduzco con fuerza dentro de ella.

Gritamos juntos de placer.

La sensación de su sexo envolviéndome quema mi polla. Es indescriptible, mi cuerpo se estremece de arriba abajo.

Dejo sus labios y cojo sus caderas entre mis manos. Observo como la penetro, despacio, con calma, mirando como mi larga polla desaparece dentro de su sexo hinchado y hambriento hasta que desaparece y entonces la retiro despacio, disfrutando de cada roce de su interior sobre mi hipersensible piel.

Todo alrededor desaparece, las sensaciones me hacen perder la noción de todo lo demás, todo se concentra en el punto de nuestra unión, la envisto despacio una y otra vez, mientras nuestros gemidos acompañan nuestros movimientos.

La sensación se vuelve una tortura, mi cuerpo clama por explotar, mi urgencia me hace empujar cada vez con más fuerza, mientras con una mano muevo sus caderas hacia mí y con la otra acaricio su hinchado clítoris.

Nuestros movimientos, nuestros gritos se vuelven salvajes y cuando siento que las paredes de sus sexo presionan el mío no lo aguanto más y me derramo dentro de ella, el placer es exquisito, total, embriagador… indescriptible.

Se extiende por todo mi cuerpo. Mi cabeza cuelga hacia atrás la habitación da vueltas ante mis ojos y tengo que cerrarlos. La envisto por última vez con todas mis fuerzas, hasta quedarme colapsado totalmente dentro de ella. Me derrumbo sobre su cuerpo, sobre su pecho, para poder recuperar el aliento, nuestras respiraciones se sincronizan, mientras intentamos recuperar de forma sincronizada, el aliento.

Unos segundos después, haciendo un gran esfuerzo para moverme, la libero de sus ataduras, ella se encoje en el diván con los ojos cerrados, yo me tumbo a su lado y la abrazo, envolviéndola con mi cuerpo. Negándome a dejarla ir, sintiéndola por primera vez frágil entre mis brazos.

No quiero volver a la realidad, nunca.

Siento como se relaja entre mis brazos, mientras apoya sus manos en mi pecho, antes de quedarme dormido.