Hola chicas! perdonar la tardanza, ha sido un mes muy movidito para mi, Semana Santa, niños malitos, visitas de amigas Crepusculeras, Rob vino a Barcelona y lo tuve a un metro durante mas de cinco minutos (AAAAhhhh!) y luego la "spanish revolution"...

Pero bueno, aquí estoy con otro capítulo mas... o el último, todavía no se que hacer... (si fuera el último prometo un epílogo!)

Un beso y gracias a todas por leerme, y un beso enorme a todas las que comentan, vuestras palabras son un regalo muy importante para mí.

ESPERO QUE OS GUSTE

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- Pov Bella -

Un cosquilleo cálido recorriendo mi espalda me saca de mi sueño lentamente, me estremezco bajo la suave sensación. Lo primero que siento es la calidez de otro cuerpo contra el mío, luego algo menos grato, el duro suelo contra uno de mis costados.

Abro los ojos, desorientada, y no puedo creer lo que veo, debo de estar soñando todavía. Los ojos verdes más bonitos del mundo están a escasa distancia de mi cara y no es que me haya dormido con una revista con sus fotos en mis brazos – como ha pasado en más de una ocasión – es que él está aquí conmigo, en carne y hueso.

Poco a poco voy recordando lo que ha pasado. Al mismo tiempo soy consciente de mi desnudez, de que mis piernas están enredadas en las suyas, mi cabeza descansa en uno de sus brazos – el que está acariciando mi espalda – y una sonrisa torcida suya dispara mi corazón, haciendo que mis mejillas me quemen.

- Hola preciosa – susurra. Y aparta un mechón de mi cara con un dedo de su otra mano. Luego desliza su mano dibujando el contorno de mi mejilla.

- Hola – digo, avergonzada.

El reverso de su mano baja por mi garganta y termina dibujando el contorno de mi pecho con un dedo, mi pezón crece bajo su tacto y él sonríe satisfecho.

A pesar de que estar en sus brazos es el paraíso me remuevo incómoda, el suelo está duro.

- ¿Estás incómoda? – me pregunta.

Yo me muerdo el labio, y asiento mientras me recoloco un poco contra su cuerpo, el se inclina y besa con ternura mis labios, apenas un roce.

- Mi apartamento está aquí al lado, tengo una cama mucho más cómoda que esta moqueta ¿querrías acompañarme?

Yo le miro con los ojos como platos, Dios, tengo que despejarme o empezará a pensar que soy idiota. Quiere que vaya a su apartamento… bueno supongo que quieres ir conmigo y con Irene. La idea me molesta un poco, aunque ha sido divertido ahora no me apetece nada compartirlo ¿Qué pensará de mí después de lo de anoche? Me digo a mi misma que no tengo que pensar eso ahora. Y de repente me doy cuenta de que estamos solos.

- ¿Dónde está Irene? – le pregunto, mientras me incorporo y doy un vistazo a nuestro alrededor. No la encuentro, aunque veo su ropa tirada en el suelo. Cuando vuelvo la mirada mis ojos se quedan clavados en su cuerpo desnudo, en la erección que presiona mi pierna.

- No la he visto salir, pero me ha despertado la puerta de fuera. Habrá ido al baño.

Levanto la vista de nuevo hacia su rostro, una sonrisa traviesa cruza su cara, creo que es muy consciente de que estoy confundida, y eso le divierte, ya no me siento tan valiente como anoche, y mi lado más tímido está tomando el control, haciéndome sonrojar una y otra vez.

Muevo las piernas y aprieto su erección sin querer, él gime y estrecha un poco los ojos, se pone de lado y se aprieta más a mí, agarrando mi pierna con su mano, y moviéndose contra ella. Se me escapa un gemido y mi cuerpo reacciona, se despierta, una de mis manos viaja hacia sus nalgas y lo insto a acercarse más a mí. Sus ojos no abandonan los míos en ningún momento, su sonrisa se desvanece lentamente y sus ojos empiezan a brillar por la excitación, seguramente igual que los míos.

Sus labios vuelven a mis labios, y me besa lentamente, haciéndome saborear cada roce, sus manos me acarician despacio, viajando por mi cuerpo con una suave presión, encendiéndome allí por donde pasan. Siento su lengua contra mis labios, y la mía sale a su encuentro, nos besamos despacio e intensamente. Me derrito entre sus brazos. Su ternura me abruma, una corriente eléctrica eriza el vello de mi cuerpo.

Se separa de mí y me mira a los ojos, mientras se muerde el labio.

- Vámonos ya, o acabaré follándote en el suelo… – me susurra.

Un escalofrío me recorre todo el cuerpo, quiero que me folle donde sea, pero que lo haga. Soy muy consciente de que a pesar de todo lo de anoche, todavía no lo hemos hecho. Pero me incorporo a su lado, la idea de ir a su casa me gusta.

Mientras nos vestimos él no aparta la vista de mi, ni yo puedo apartarla de él, observo como acomoda su erección dentro de su ajustado pantalón. Yo le sonrío divertida.

- Me va a quedar marca otra vez – me dice correspondiendo mi sonrisa.

Cojo la ropa de Irene del suelo y me dirijo a la puerta. Él extiende su mano hacia la mía y me aferro a ella, entrelazando mis dedos con los suyos.

Cuando salimos fuera nos encontramos a Irene y el camarero caminando hacia la barra. El camarero va sin camiseta por lo que deduzco que la que lleva Irene puesta es de él.

Cuando nos ve, ella se detiene.

- Estás aquí – le digo, intentando esconder mi curiosidad, aquí ha pasado algo, ella está colorada, y reconozco la mirada de excitación en sus ojos, hemos interrumpido algo -. Vamos a su casa – le digo, haciendo un gesto hacia Edward, mientras le entrego su ropa.

Se oye una puerta, y el camarero desaparece, veo miedo y pena en los ojos de Irene.

- No… yo… yo no voy, marcharos. Me vestiré y pediré un taxi.

- ¿Segura? ¿Estás bien?- le pregunto preocupada, se ve confusa y triste, definitivamente ha pasado algo con el camarero.

- Sí, tranquila, marcharos de verdad – me dice, pidiéndome comprensión con la mirada.

- De acuerdo – digo asintiendo, y conteniendo mis ganas de interrogarla.

- Pasarlo bien – me dice, forzando una sonrisa.

De repente yo dudo. ¿Él querrá estar solo conmigo?

Edward asiente y aprieta mi mano, contestando mis pensamientos, tira de mí hacia la puerta.

Nos dirigimos hacia un Volvo, debe de ser su coche, me sujeta la puerta para que pase y luego va hacia el lado del conductor.

Se enciende el equipo de música y Muse inunda el coche con mi canción favorita, Feeling good. Él empieza a cantar la canción y yo le observo con una sonrisa, él me dirige miradas fugaces de vez en cuando, sonriéndome también.

A solo unas manzanas vuelve a aparcar el coche, el viaje ha durado una canción, su mano está todo el rato en mi cintura guiándome, cuando entramos al ascensor me apoyo contra el espejo para esperar, cuando la puerta se cierra él se vuelve hacia mí, despacio, con los ojos ardiendo en los míos, se cierne sobre mí, como un cazador intimidando a su presa, mi corazón se dispara, él se queda a escasos milímetros de mis labios con sus manos a ambos lados de mi cabeza, su cálido aliento eriza mi piel, me alzo sobre mis pies buscando sus labios, él se retira un poco, con una sonrisa burlona, yo tiro la cabeza hacia atrás queriendo mirarle a los ojos pero él se mueve conmigo y por fin me besa, asalta mi boca, su lengua busca la mía y se mueve despacio pero exigente, saboreándome.

La puerta del ascensor se abre y se vuelve a cerrar detrás de nosotros pero él continua besándome.

De pronto el ascensor se mueve hacia arriba. Él levanta la cabeza y me mira confundido un segundo, luego sonríe.

- Ops – dice con gesto travieso – ponte delante de mí por favor, no quiero que un vecino me vea así.

Bajo la mirada y contemplo su evidente erección, me muerdo el labio.

Él desliza sus brazos por mi cintura y me da la vuelta poniéndome delante. Luego me da un rápido beso en los labios y me gira, sin soltar mi cintura.

Yo me rio mientras le digo:

- Esto también es sospechoso.

- Mas valen sospechas que evidencias – susurra en mi oído.

Yo me presiono mas contra él, frotando su erección con mi trasero, él gime en mi oído justo cuando se abre la puerta. Hemos subido tres pisos.

Siento como se tensa detrás de mí, yo por mi parte no puedo borrar la sonrisa de mi cara.

Un señor calvo, con equipación completa de hacer footing y auriculares en las orejas entra en el ascensor, hace un gesto con la cabeza en modo de saludo y se gira hacia la puerta dándonos la espalda. La música suena alta del ipod que lleva sujeto a su antebrazo.

Es imposible que nos escuche.

Mientras bajamos de nuevo yo deslizo mi mano hacia atrás y acaricio su abultado pantalón. Él se aprieta más a mí.

- Estate quietecita o no respondo.

Como respuesta aprieto mas fuerte y él me recompensa con un nuevo gemido. La puerta se abre y el señor se baja sin decir nada, Edward se inclina y vuelve a marcar su piso, después se gira y me mira con el ceño fruncido.

- Eres una chica muy mala – me recrimina.

Yo sonrió y me muerdo el labio. Me besa con urgencia deslizando una mano bajo mi falda acariciándome a través de mis bragas. Yo me presiono contra él y le cojo del pelo con fuerza.

Cuando volvemos a llegar a su piso me arrastra fuera del ascensor, sin abandonar mi boca. Camino de espaldas mientras él me guía hacia la puerta, sin dejar de besarme saca las llaves de su bolsillo y después de varios intentos abre la puerta.

Entramos y escucho como se cierra de golpe, seguidamente nos estrellamos contra ella mientras él levanta mi camiseta y con facilidad desabrocha mi sujetador y libera mis pechos.

Oh Dios, la sensación de su boca devorando mis pezones me hace estremecer de placer, mientras con la mano presiona mi otro pecho con fuerza. Inclino la cabeza hacia atrás sintiéndome perdida en las sensaciones. Cautivada por el hambre que veo en sus ojos.

- Joder, eres deliciosa – gime con voz ronca mientras hace camino con su lengua entre mis pechos, subiendo por mi garganta, hasta llegar a mi labios. Yo los abro y mi lengua sale al encuentro de la suya, ahora me besa despacio y profundo, saboreando cada movimiento mientras sus manos acarician mis caderas y mi estómago.

Se separa de mí y frota su nariz con la mía.

- Estamos tan cerca… ¿crees que podríamos llegar a la cama?

Yo me rio mientras intento recuperar el ritmo de mi respiración.

- Podemos intentarlo.

Él sonríe con esa sonrisa que me vuelve loca y se separa de mí cogiendo mi mano, yo me vuelvo a cubrir con mi camiseta y él me frunce el ceño pero no dice nada, sigue caminando hacia su habitación. El apartamento no es muy grande aunque no le presto mucha atención, ya que soy incapaz de apartar mis ojos de él.

Su dormitorio está lleno de carteles de conciertos, hay una estantería con un moderno equipo de música y un tocadiscos, y muchos cd's discos y libros, apilados de cualquier manera. Hay varias guitarras, una en el sofá de cuero negro que hay a la izquierda, dos más apoyadas en la pared. Una cama enorme ocupa el centro de la habitación cubierta con un edredón negro con el símbolo de ying yang en el centro. Hay varios papeles desperdigados por la cama. La habitación es masculina, algo caótica y acogedora.

Suelta mi mano y recoge los papeles, dejándolos en una pequeña mesa que hay al lado del sofá.

Luego se acerca a la cadena de música, coge un ipod y lo conecta. Empieza a sonar una canción muy sexy, él me sonríe con malicia.

- Mmm… muy sugerente ¿qué es? – pregunto.

- Pony de Ginuwine – dice, mientras camina hacia mí.

- quiero desnudarte, estate quietecita por favor – me pide con voz ronca.

Me levanta los brazos y desliza mi camiseta despacio por mi cuerpo, quemándome con su mirada. Sus dedos se deslizan suavemente por la piel de mis brazos, erizándose bajo su ligero toque, sujeta mis manos y las baja de nuevo.

- Me encanta como tu piel reacciona bajo mis dedos – susurra.

Su voz y sus palabras me excitan, quiero tocarlo, alargo mis manos hacia su pecho pero él me detiene.

- ¡Quieta! – ordena, de forma autoritaria, deteniendo sus movimientos. Su mirada de advertencia sacude mi cuerpo con un estremecimiento de placer, que termina justo en las terminaciones nerviosas dentro de mi sexo, siento como la humedad aumenta en mi ropa interior.

Obedezco.

Desliza los tirantes de mi sujetador, que ya está desabrochado, por mis brazos, descubriendo mis pechos, lo lanza hacia el sofá y clava su mirada en mi cuerpo, la siento como una caricia, de nuevo, usa la yema de sus dedos, para deslizarlos por mi piel, suave como una pluma, sube por mi estómago hasta dibujar el contorno de mi pecho para llegar al fin a mis pezones, que han crecido reclamando su atención, da una vuelta perezosa por ellos y tras un rápido pellizco sus manos vuelven hacia abajo, lentamente, recorriendo mi cintura y juntándose bajo mi ombligo.

- Tienes una piel tan suave, podría pasarme la vida tocándote.

Introduce sus dedos índices por la cinturilla de la falda, desabrocha la cremallera y la desliza por mis piernas, arrodillándose delante de mí. Me quita los zapatos y luego la falda, con sus manos en mi piel recorriendo mis piernas, sube de nuevo despacio hasta llegar a mis bragas. Vuelve a repetir sus movimientos, estoy completamente desnuda y él sigue arrodillado ante mi, se queda frente a mi sexo, lo mira y sopla en él y luego me mira a los ojos desde abajo, con una sonrisa torcida, coge mi pie y lo apoya sobre el colchón de su cama, exponiéndome totalmente ante su ardiente mirada. Sus dedos se deslizan por la parte interior de mis piernas, hasta llegar al final de mis muslos. Un escalofrío me recorre, él continua con su suave toque y sus dedos pasan lentamente por encima de mi sexo. Un gemido se escapa de mis labios. Mi piel está erizada e hipersensible de la cabeza a los pies, sus ligeras caricias, que casi no me tocan, me están volviendo loca de anticipación, mi piel suplica por la suya, el vacio en mi interior ruge, reclamando ser llenada de una vez, ya no puedo más con esta tortura…

- Edward, por favor, te lo suplico.

Él alza su mirada hacia mí, y se incorpora despacio, deslizando sus manos por mi piel mientras sube.

- ¿Qué quieres, preciosa?

- A ti – susurro – dentro de mí, ahora.

Me mira con su sonrisa torcida, visiblemente satisfecho por mi reacción, por mi desesperación. Se acerca a mis labios. Despacio, su lengua lame mi labio inferior tentándome. Yo le asalto. Pegando mi cuerpo al suyo me lanzo a su boca hundiéndome en ella tomando el control. Por fin sus manos presionan mi piel con fuerza, apretándome contra su cuerpo mientras planta batalla en mi boca, mis manos vuelan a su camiseta, a sus pantalones, él me ayuda a desnudarle mientras su respiración se acelera acompañando a la mía, su mirada divertida, por mi desesperación por tocarle, ha desaparecido cambiando a pasión y necesidad.

Me sujeta de las caderas y me sube a su cuerpo, yo envuelvo mis piernas en sus caderas. Sus manos se entierran en mi pelo mientras seguimos besándonos profundamente. Me muevo, acomodando su pene entre mis pliegues, que roza mi clítoris y me muevo sobre él.

El gime en mi boca.

Con cuidado me deposita en la cama, tendiéndose sobre mí, y sin previo aviso me penetra con fuerza, hasta el fondo.

Gemimos al unísono. El clava sus ojos en los míos, sin moverse dentro de mí, siento como mi cuerpo se amolda a su longitud, me estremezco ante su invasión, pero no puedo apartar mi mirada de su hermosos ojos verdes, parece que estén viendo mi alma, y yo me abro a él, metafóricamente además de lo obvio, perdiéndome en su mirada completamente. Enlaza sus dedos con los míos, sosteniendo mis manos a cada lado de mi cabeza. Tras unos segundo Edward se empieza a retirar lentamente de mi cuerpo, haciéndome sentir cada uno de los roces de su glande en mi interior, joder, jamás pensé que podía ser tan sensible, que podía sentir tanto con una penetración… él va retrocediendo hasta que casi me vacía del todo, contengo el aire, y entonces él vuelve a envestirme con fuerza. Esta vez alzo mi cadera para abarcarlo mejor. Volvemos a gritar. Cierro los ojos durante un segundo mientras me invaden las sensaciones. Pero enseguida vuelvo a abrirlos y clavarlos en los suyos. Estoy al borde del orgasmo. Siento el cosquilleo de mi piel, mis piernas temblorosas, siento como una bola de fuego se forma en mi vientre, a punto de explotar.

- ¡Oh, Dios, Bella… me encanta estar dentro de ti, me estás quemando… - dice con voz ahogada.

- Me estás consumiendo – susurro yo en respuesta, mientras arqueo mi cuerpo ante su nueva retirada.

El continua envistiendo lentamente, deteniéndose siempre unos segundos cuando está en lo más profundo de mi interior, parece que esté controlando mi liberación, cada vez que parece que no puedo más él se detiene, y mi deseo se multiplica.

Cuando estoy a punto de suplicarle aumenta el ritmo, su cadera golpea mi cuerpo una y otra vez y yo no puedo contener mis gritos, hasta que me hace estallar en el orgasmo más salvaje de mi vida, mi cuerpo se convulsiona a mi alrededor, succionando su polla, y él se corre conmigo, se une a mis gritos y a mi placer.

Cuando todo termina él se deja caer sobre mí, sin salir de mi interior, su cabeza descansa junto a la mía su fuerte respiración golpea mi cuello, justo antes de besarlo.

- ¿Te estoy aplastando?

- Estoy bien – contesto – mejor que bien, estoy en la gloria.

El ríe pero aun así termina retirándose de mí y se desplaza a un lado, me acerca a su cuerpo. Yo apoyo mis brazos sobre su pecho y coloco mi cabeza en el hueco de su cuello, él me envuelve firmemente con sus brazos, jamás me he sentido tan a gusto, tan protegida… un pensamiento se cruza por mi mente, mientras mis músculos se relajan y empiezo a sentir que el sueño me lleva: es mi lugar favorito del mundo.

- Es tan extraño, jamás me había sentido así, es como si tu cuerpo estuviera hecho para el mío – susurra él con un hilo de voz, antes de besarme el cabello y quedarme dormida entre sus brazos.