I'm waiting for you in eternity


Summary: Los errores se pagan según nuestra condición y muchos no tienen enmienda. Aprender a vivir junto a ellos es el desafío que ha llenado la nueva existencia de Bella Swan.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la trama es mía por lo que queda prohibida la reproducción parcial o total del texto sin mi previo consentimiento.


Capítulo I

Reencuentro.


Boston, 1930.

Estaba sentada al borde de la cama esperando que el vacío de mi alcoba se llenase pronto. James había prometido traerme un par de muchachos jóvenes de buena sangre para alimentarme. Desde hace quince años que tenía este tipo de práctica, algo que realmente no anhelaba tener, por lo menos no de esta manera. Ser un Vampiro. Dejar toda mi historia atrás, mi humanidad, mi familia, mis sentimientos y errores, de cierta manera a Edward también. Sobre todo a él.

Alimentarme no era gran cosa, arrancar trozos de carne fresca con violencia y no tener piedad de la presa era tan característico en mí como lo fue el rosa en mis mejillas cuando tenía una vida humana que preservar. Sabía que toda la culpa de que en estos momentos fuese un vampiro radicaba en mí. Edward había actuado como cualquiera de su especie, ahora nuestra especie, lo hubiese hecho. Apagar emociones era nuestra especialidad, era increíble cómo podíamos llegar a ser crueles, pero ni toda esa oscuridad, dolor e incluso culpa podía apagar el amor que sentía, un amor profundo que se clavaba en mi carne más intima como recordándome que alguna vez en mi vida este trozo de cuerpo estuvo vivo y sintió amor, un verdadero amor que ahora simplemente era una quimera.

Sonó la puerta, detrás de ella podía sentir como un par de corazones latían de manera ensordecedora, por el aroma podía distinguir que traía consigo a una mujer, a pesar que le había pedido sólo hombres. Siempre había sido difícil para mí beber de mujeres, quizá fuese porque sentía que a quién le quitaba la vida era a mí misma, como si aún fuese una humana más, pero sabía que no era así y a pesar de mi naturaleza, lograba sentir piedad por las mujeres, aunque sólo por algunas.

—James, te dije que no me trajeses mujeres —le reproché.

Él me quedó mirando por un breve momento y bajó su rostro en señal de obediencia y arrepentimiento. James había sido mi único protegido, le había convertido cuando me sentía sola, por egoísmo. Al ver que él me observaba siempre que podía, esperaba a que cayese la noche y parecía buscarme, como si dentro de él existiese una veneración especial, quizá por eso también le convertí, porque su necesidad de mí aumentaba mi ego y saciaba mi dolor por la pérdida de aquello que tuve una vez con Edward.

—Discúlpeme, pero no encontré nada más que mereciese la pena para usted —señaló sin mirarme nuevamente a los ojos.

La pareja, estaba exaltada, notaba en sus corazones el aumento de la frecuencia, el torrente sanguíneo era potente y por lo que podía apreciar James había hecho bien trayéndomelos, sobre todo a la mujer, porque su cuerpo expelía un exquisito aroma, una esencia especial y familiar. Me acerqué a ellos y miré a James dándole la orden que se retirase.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué…? —interrumpí al hombre que hacía demasiadas preguntas para mi gusto y lo lancé contra una pared sin siquiera pensarlo dos veces. Él sería el postre.

Mientras que ella aterrorizada por ver al que supuse sería su novio comenzó a temblar. Sin siquiera mirar su rostro, porque sabía que podría sentirme identificada, decidí no dar más rodeos y clavar de una vez por todas mis colmillos en su cuello. El caliente líquido carmesí no tardó en derramarse escandalosamente por toda la extensión de su cuello, ingresó a mi boca y como si fuese poco también se derramó por completo en mi vestido. Nunca había sido comedida cuando se trataba de alimentarme y quizá fuese una forma de vengarme de mí misma. Estúpida decisión, pero cierta.

Una vez que el cuerpo cayó inerte al suelo, fui por el hombre, quizá no tan interesante como la chica, volví a tomar su vida como si fuese tan sólo una cucaracha en mi camino y sin más terminé saciada. James entró en mi habitación una vez que supo que había terminado, él había estado recolectando a mis víctimas por mí, ya que estoy impedida de moverme con demasiado ruido de por medio. De seguro a estas alturas Edward sabría que estaba aquí, él sabía que estaba tras él y aunque pensase que era por venganza estaba muy equivocado, no busco en absoluto vengarme de él, si no esclarecer el pasado.

No merecías el descanso eterno, ascender a un lugar maravilloso y mejor donde jamás podré ir, no merecías tener aquello tan magnífico a lo que jamás podré aspirar. Te quedarás aquí, sola, intentando mantenerteexistenteya que no tienes vida. Has perdido tu alma y lo único que te queda es la oscuridad de la noche que te dará cobijo para perderte en tus instintos y convertirte en una usurpadora de vidas —susurró con una voz grotesca —. Eres un vampiro lleno de cadenas y ahora aprenderás lo que es vivir siendo una triste alma en pena.

Sus grotescas palabras retumbaron en mi mente y sentí como si una estaca se clavase en mi congelado, detenido e inerte corazón. Mi vida humana había sido arrebatada por el amor más fuerte que alcancé a sentir, pero no podía reprochárselo, había sido mi culpa, en un arrebato de celos y rabia, por una estupidez, permití que aquel secreto saliese a la luz, un secreto que sin duda jamás debería haber contado y peor aún jamás debería habérselo dicho a Jacob, él jamás debió saber lo que Edward era. Pero yo empeoré las cosas por una estúpida venganza infantil y ahora lo estaba pagando.

—Dime, Bella, dímelo —exigió Jacob —, soy capaz de hacer lo que sea por ti, sabes que puedes confiar en mí, ese secreto te destruirá, sólo dímelo y jamás nadie se enterará de lo que escondes, eso te lo juro.

Y yo la muy estúpida, confundida por las imágenes de Edward con Tanya al borde del lago, esa intimidad tan especial que compartían, como él la miraba y ella descaradamente coqueteaba con el que era mi prometido, más cuando el posó su mano sobre la mejilla de la espectacular rubia… mi sangre ardía de ira, celos y envidia, era yo quién tenía que ser tocada así por Edward, sus manos sólo debían posarse sobre mi rostro, él debía mirarme solamente a mí de esa manera, tenía que tocarme a mí y jamás lo había hecho con tanta seguridad como lo estaba haciendo con ella, peor aún: sabía que él estaba oyendo a mi corazón dolido, sabía que ambos eran conscientes de mi presencia, pero ninguno se inmutó para besarse frente a mí como si nada, en ese momento supe que ese sucio vampiro había estado jugando conmigo cruelmente y la mejor manera de vengarme era decirlo a Jacob.

—Edward es el vampiro que estas buscando —susurré —, Edward es un vampiro.

Jacob no tardó en marcharse, no me dio consuelo como esperé que lo hiciera, simplemente me dejó allí, sola, a merced de que Edward viniese por mí, él sabía dónde estaba, sabía que sentía, él podía saber todo simplemente porque había bebido de mí sangre, parte de mí corría por sus venas y esa misma parte era la que me condenaría cuando Edward fuese capaz de descifrar mi miedo. Le había traicionado y se lo merecía, según eso creí, lo creí hasta que Tanya hace pocos años vino a burlarse de mí.

—Pobre, Bella, niña estúpida —dijo aquella vez en Indonesia —, ¿Creíste que Edward te había dejado por mí? Sinceramente eras una estúpida muchacha, aún no comprendía qué te había visto Edward, pero sin duda había sido tan sólo tu sangre, nada más, ahora que eres una de nosotros él jamás se volvería a fijar en ti, has perdido en encanto Isabella Swan.

—¿Crees tú que soy tan estúpida como para no darme cuenta que siempre estarías en medio de nosotros? Sea la condición que sea, siendo humana o un vampiro, tú siempre nos tratarías de separar —dije seria mientras veía como ella sonreía complacida.

—Estás equivocada, es cierto que Edward y yo compartimos un par de años juntos, pero no éramos capaces de soportarnos y a pesar que yo le amaba con locura, él jamás me demostró lo mismo, yo simplemente satisfacía sus deseos más íntimos, deseos que con una humana no podía cumplir. Sabes que a Edward le daba lo mismo alimentarse de humanos, siempre y cuando fuesen fugitivos y criminales, eso incluía a mujeres, pero jamás se daba el tiempo de tomarlas e intimar con ellas, esa era mi labor hasta que tú apareciste —el odio traspasó su mirada —, apareciste tú y jamás me volvió a tocar. Esa tarde era nuestra despedida, había aceptado marcharme de su vida de una vez por todas y tú estúpida creíste lo contrario, te arruinaste sola y delataste a Edward ante un hombre lobo. No sé qué mierda tenías en la cabeza, pero me hiciste un gran favor, no sabía cómo sacarte de la vida de mi Edward, pero sin duda no tuve necesidad, tú sola arruinaste todo —rió con sorna.

Yo, había sido una estúpida, había traicionado a Edward por una real estupidez, por despecho y ahora lo pagaba caro, él debía estar cambiando constantemente de lugar, no podía quedarse en ningún sitio, desde hacía ya quince años Jacob Black le había estado buscando con su manada y no se detendrían hasta matarlo, hasta descuartizar hasta el último pedazo de Edward. Lo desmembrarían entero y sería mi culpa. La venganza de Jacob iba más allá que la simple orden natural, todos sabíamos lo peligroso que podía ser un hombre lobo para un vampiro, pero Edward había asesinado a los padres de Black en una cruda pelea cuando defendía a las hermanas Denalí por haber ingresado en la tribu Quileute y haber asesinado a muchos de los hombres que vivían allí, dejando solamente a mujeres y niños, sin duda una crueldad, pero se estaban vengando ellas también de los asesinatos cometidos por la manada de lobos, una historia sin fin que llevaba siglos, pero de la que Edward jamás había tomado parte, hasta esa noche. La ventaja de Edward residía que Jacob nunca se enteró quién había asesinado a su familia, siempre creyó que eran las Denalí, pero jamás pensó que sería Edward, pues este procuró no acercársele lo suficiente como para que Jacob supiese su verdadera identidad, aunque sin duda lo sospechaba.

—Bella —James interrumpió mis pensamientos.

—¿Qué pasa? —dije toscamente al volver al presente amargo que me tenía envuelta en una triste condena.

—Debemos movernos, ha empezado a oscurecer y de seguro su objetivo también se está moviendo a estas horas —señaló James con certeza.

Edward Cullen esta noche asistiría a un baile de beneficencia, esperaba encontrar allí a los ladrones que habían robado parte de su negocio, sabía muy bien que las mejores familias de Boston se habían aliado y había cambiado papeles para disminuir hasta hacer desaparecer su influencia sobre el gobernador, pues deseaban que las empresas de Edward se viesen en la quiebra porque significaban para ellos un peligro inminente. En los negocios todo valía y Edward estaba claro que así era, a pesar de ser un vampiro sin necesidad de dinero, podría conseguir cualquier cosa con la persuasión, le gustaba jugar a una especie de tablero en el cual movía hábilmente todas sus piezas económicas y jamás se equivocaba, siempre apostaba al mejor. Esta noche tenía pensado contraatacarlo, jamás se esperaría mi aparición en público frente a él, de hecho sabía que lo estaría esperando fuera del evento, como usualmente lo habría hecho, pero seducir al hijo menor del gobernador había resultado satisfactorio para recibir tan anhelada invitación.

—Esta vez no puedes acompañarme, James —le advertí —, lo mejor será que te mantengas alerta, pero no debes interferir en mi cortejo con Riley, el chico necesita creer que me tiene a sus pies para poder acceder a Edward con mayor ventaja —señalé.

—Lo mejor será que esté pendiente, si es que Cullen le hace daño me necesitará, tanto como si ese tal Riley se propasa —dijo serio.

Sabía lo que James sentía por mí, pero me tenía sin cuidado, sabía que era tan útil como mi brazo derecho, pero también sabía que no era más que mi perrito faldero. Él haría el trabajo sucio por mí tan bien como si quisiera hacerlo, aunque muchas veces la había obligado a hacer cosas que no quería, pero esa era una de las ventajas de ser su creadora. Ahora me veía en una posición desventajosa, sería yo quién estaría del otro lado: era el perrito faldero de Edward Cullen. Como mi creador jamás me liberó, jamás me dio aquella aprobación, pero me abandonó y si él me ordenase a hacer algo que no quisiese… su sangre corría en mí, era la que me había dado esta existencia después de la muerte, por eso él estaba tan tranquilo sabiendo que jamás podría matarlo si quisiese, por lo menos yo no podría, pero mis perros falderos sí, por eso él se cuidaba de mí, aunque realmente no tenía por qué, yo sólo quería aclararle el mal entendido, aunque sabía que él jamás me perdonaría el haber revelado su secreto.

Entré al salón, espacioso y amplio, iluminado con cientos de candelabros que colgaban del techo con preciosos diamantes, sin duda Boston estaba en su apogeo, podría verlo. Riley Biers estaba esperándome con la sonrisa más encantadora que podría tener y aquí iba mi actuación, lo cogí del brazo como si la vida se me fuese en ello y me empeñé en dedicarle mi mejor sonrisa.

—Buenas noches, preciosa —sonrió —, espero que no tengas prometido ningún baile más que a mí, ya que planeo dejarte exhausta.

—Así será, sólo tengo reservado mis bailes para ti, querido —sonreí de la manera más encantadora posible.

—Ven, te presentaré a mi familia.

La familia Biers era el blanco de Edward, ellos se habían encargado de destruir todos sus negocios, jamás dejarían que un extranjero, porque eso lo creían, se instalase como si nada en sus terrenos mercantiles. Sin duda una buena forma que Edward me perdonase era exterminar a toda la familia Biers, pero antes de eso necesitaba su aprobación, era por eso que necesitaba verle y Riley me llevaría a él. La familia Biers no destacaba demasiado, una hija más, pecosa, bajita y rechoncha, jamás lograrían casarla con un magnate que pudiese elegir, aunque la fortuna que precedía a la chica era bastante buena, con tanta herencia de por medio quizá podía resultar apetecible a los desfinanciados de Boston. Los padres en cambio eran muy distinguidos, de modales perfectos, al instante noté como esa mujer, la madre de Riley estudiaba mis movimientos, mis gestos y mi conversación, mientras que lo único que vigilaba yo de ella era su pulso exquisito que se levantaba en el punto medio de su cuello.

Tras una pieza de baile o dos, fingí sentirme cansada y Riley no tuvo más opción que llevarme a la mesa de ponches, en ese momento divisé a Edward Cullen, sin duda si hubiese tenido latiendo a mi corazón este se habría sobresaltado, podría decir que los años le jugaban a favor y que la belleza le salía hasta por los poros, pero sabía que estaba tal cual como le había conocido en Forks, sus buenos modales y su voz exquisita aún me atrapaban, en el momento que entró en el salón supe que me había notado. Él sabía que yo estaba aquí, ahora sólo me hacía falta quitarle de encima toda esa tropa de vampiros que cuidaban de él.

—Ven —tiró suavemente de mi Riley —, quiero presentarte a alguien.

Obligada a fingir mi papel de prometida, tuve que acercarme hasta donde el estúpido de Biers quiso llevarme, pero mi sorpresa fue cuando se acercó a Edward y lo trató con natural normalidad.

—Hola Edward, amigo mío hacía días que estabas desaparecido por Boston, tantos negocios de seguro te habían tenido ocupado —sonrió mientras que Edward seguía tenso ante mí —. Quería presentarte a mi prometida: Isabella Swan, este es mi gran amigo Edward Cullen.

Todo listo. Plan en marcha, esperaba esta vez que Edward me permitiese ofrecerle un sacrificio a modo de perdón, sabía que jamás me dejaría volver a ser su amante, pero eso me serviría para no tener que estar pendiente de que sus protectores quisiesen matarme cada vez que estábamos en la misma ciudad.


Hola chicas, si lo sé tardé infinidades en subir este capitulo de seguro ya lo olvidaron ¿No es así?

Pero no aquí está Manne Van Necker más recargada que nunca y dispuesta a darles una innovadora historia, por lo menos para mí

ustedes saben que este no es mi estilo, pero Dios sabe cuanto amo escribir de mala malosa :)

Les cuento que tengo una pagina web en la que subiré mis fanfictions con algunas playlist, también hay libros para descargar y poco a poco le voy dando forma

PASEN a VISITARLA y dejenme un mensajito en el LIBRO DE VISITAS

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Cariños y espero sus reviews y expectativas.

Manne Van Necker