I'm waiting for you in eternity


Summary: Los errores se pagan según nuestra condición y muchos no tienen enmienda. Aprender a vivir junto a ellos es el desafío que ha llenado la nueva existencia de Bella Swan.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la trama es mía por lo que queda prohibida la reproducción parcial o total del texto sin mí previo consentimiento.


Capítulo III

Designios


Por motivos de comprensión para esta historia, siendo absolutamente necesario, este capítulo será Edward POV. Debo recordarles que si lo escrito no es de su agrado es libre de dejar de leer.


Boston, 1930.

Escuché a Julius cerrar la puerta mientras llevaba lo que había sido mi almuerzo, lo poco y nada que podía quedar de aquello. El pasado —pensé —, el maldito pasado que volvía de nuevo una y otra vez, las mismas imágenes, los mismos rostros, los mismos actos, todo era un circulo vicioso sin fin, ya no había nada emocionante en mi existencia, todo era igual y todo ya me aburría. La asquerosa vida humana, su repugnante existencia llena de absurdos sentimientos que lo único que conseguían era hacerlos más vulnerables, sus estúpidos miedos y supersticiones… Si realmente supieran todo lo que existe además de ellos, si realmente tuviesen el conocimiento de que no son la especie más fuerte creo que se aniquilarían de miedo. Sería divertido destapar los secretos de todo lo oculto, pero nuevamente me veía atado por las tradiciones de lo que se consideraba mi especie. Vampiros.

La luz del día, la brillantez del sol que me impedía caminar a toda hora, las restricciones, odiaba las restricciones. Quería caminar al sol, quería vagar por las calles y dejarlas vacías, quería no ocultar lo que soy. Destruir era lo que mejor sabía hacer y era lo que más cuidadosamente debía llevar a cabo. Aburrido, era oficialmente un vampiro aburrido y sediento, cada vez más sediento.

—¿Otra vez pensando en sangre? —sonrió Julius.

—Siempre pienso en ello —respondí —, ¿Qué haces aquí?

—Siempre estoy aquí, dígame usted ¿qué es lo que te tiene tan concentrado? —se dejó caer en el sillón frente a mí.

Julius había sido mi fiel súbdito, desde que lo cree había sido fiel a mí, por un tiempo lo liberé de sus deberes para conmigo, quizá fue el último acto humano que hice o quizá no, pero volvió al poco tiempo, cuando se enteró de mi plan maestro para derrocar a los Vulturis, su estúpido sistema de esconder nuestra existencia me tenía francamente aburrido, quizá un poco de aventura conseguiría que mi nombre fuese historia.

—¿Es ella verdad? —dijo él al ver que no le respondía. Asentí mientras dejaba caer mi cabeza en el respaldo de la silla.

—Es ella, creo que da demasiados problemas, estoy decidiendo si exterminarla rápidamente o llevarla a un pequeño paseo —alcé mi ceja y comencé a cambiarme la camisa. No sudaba, ni ensuciaba mi ropa al momento de "cenar", pero la costumbre era algo que no podía evitar.

—Puedo ayudarle en su decisión si usted gusta —sonrió.

—No creo haber pedido tal asistencia, pero si lo crees necesario podría escucharte —añadí mientras quitaba mis pantalones.

—Isabella es una novata en esto, una vampiro muy poco hábil para mi gusto, no ha creado más que a un solo seguidor, no toma suficientes vidas cuando se alimenta, es débil y muchas veces compasiva, la he observado por mucho tiempo y a pesar de su evidente belleza, algo que fácilmente encontramos en nuestra especie, no veo que sea alguien necesario, si usted permite mi opinión, claro está, creo que usted puede prescindir de ella —finalizó.

Pensé en el asunto. Isabella Swan ya no era esa humana cautivante que había conocido. Su sangre ya no cantaba para mí, su aroma no era para nada exótico, sus ojos ya no era achocolatados, su esencia ya no estaba en el aire y su inocencia se esfumó una vez que su corazón dejó de latir. Ella ya no era nada. Jamás podría considerarla algo en mi existencia, y, aunque ella insistía en que si lo habíamos sido, yo solamente tenía la sed de su sangre, las ansias de secarla de una sola vez, pero los sabios consejos de mi creador me hicieron ver en ella un objeto útil al que le podría dar un buen uso. Su sangre era la más deliciosa que haya probado, beber de ella era tan excitante que me mantenía de cierta manera vivo. Asesinarla o convertirla no sería más que un desperdicio y no quería desperdiciar a esta chica. Enamorarla, contarle la verdad y que me aceptase, podría ser una gran idea, la tendría a mis servicios, de forma voluntaria. Podría haberla obligado bajo mis artes vampíricas, pero a decir verdad, era más excitante con un poco de riesgo, con un poco de tradición.

Edward, yo te amo —escuché su voz la primera vez que lo dijo.

Fingir amarla fue mucho más fácil de lo que creí, tomarla y acercarla a mi cuerpo bastaba para que ella muchas veces perdiera el conocimiento.

—Julius, tengo un trabajo para ti—dije mientras me cambiaba ropa —, serás tú quién vigile a Isabella y una vez que te lo ordene la extinguirás sin dudarlo ¿Entendido?

—Sí, señor—dijo levantándose del sillón para marcharse —, ¿Quiere usted que le comente lo que ella hace?

—Por supuesto —sentencié, entonces Julius salió de la habitación.

Las horas del día eran las más largas, mucho más que la noche. Esperar a que los últimos rayos del sol se escondieran era una fatigante tarea que debía hacer a diario. De noche me divertía mirando a los transeúntes y no tardaba en decidir quién podría ser mi presa. Esa noche decidí irme a uno de los burdeles más selectos de Boston, algo único. No estaba interesado en las mujerzuelas que allí estaban, si no en su administrador. Un vampiro poca cosa que podría darme la información necesaria para exterminar a uno de mis tantos dolores de cabeza. Esta noche debía hacerlo por mi cuenta.

—Buenas noches, Sr. Cullen ¿Qué lo hace venir por estos lados? —dijo el vampiro asombrado ante mi presencia en su local.

—Negocios, Sr. Winst, negocios, naturalmente —dije sin quitarle la mirada de encima. Un vampiro bastante consciente de mi superioridad era fácil de manejar, aún así Winst no era estúpido, todo lo contrario, sus contactos eran mucho más peligrosos de lo que cualquier vampiro quisiera saber. Alianzas con la mafia vampírica, con los hombres lobos, brujos y demonios estaban en su amplio prontuario.

—Venga por aquí entonces —dijo mientras hacía un ademán para que entrase a un pasillo mucho más estrecho de lo común.

Me pidió que dejase a mis protectores fuera de la sala, fue entonces cuando le hice saber a Gaspar que debía estar atento a cualquier movimiento extraño que se pudiese ejecutar dentro de la habitación.

—¿Le ofrezco alguna de mis muchachas? —sonrió.

—No, gracias, no he venido por prostitutas, si no porque usted tiene algo de información que yo deseo —dije secamente.

—Entonces usted dirá.

—Sé que es de amplio conocimiento que he sido uno de los miembros de nuestra especie más sanguinario en cuanto a hombres lobos y también sé que usted ha hecho muchos tratos con ellos, incluso para entregarme a las garras de Jacob Black —el vampiro tembló ante aquella declaración —, le perdonaré su existencia si usted es capaz de darme el paradero exacto de la manada de Black.

Winst pareció dudar, quizá estaba viendo sus posibilidades de escapar, pero no tardó en recapacitar.

—¿C-Cuál es su el interés que usted posee para buscar a Black, sabiendo que Black está en su búsqueda?, es cosa que deje que él lo encuentre, deje que él lo encuentre y entonces usted tendrá a Black —sonrió temblorosamente.

—Esa no es una respuesta, Sr. Winst —me levanté con rapidez y golpeé la mesa. Winst se puso a la defensiva. Como siempre una conversación entre vampiros jamás podría ser civilizada.

—Ofrecer perdonarme la vida no es algo que usted pueda conceder —gruñó.

—Creo que se equivoca, Winst, puedo conceder eso y mucho más —dije corriendo por la habitación hasta lograr alcanzarlo. Presioné mis dedos alrededor de su cuello haciendo más presión de la necesaria—, me dirá entonces ¿Dónde encuentro a la manada de Jacob Black?

—L-La m-manada d-de…—la presión de mis manos sobre su cuello le impedían hablar, por lo que aflojé un poco —, Black está detrás de usted, lo último que supe es que Jacob se había separado en la búsqueda.

—Eso ya lo sé. ¿Tiene algo más que decir para salvar su pellejo antes que mi paciencia se extinga? —añadí.

Winst no respondió. La paciencia se me agotaba y sin pensarlo tomé con mi mano libre la silla en la que había estado sentado Winst, la azoté contra el suelo y con una de las patas rotas lo amenacé.

—¡Oh, sí, Winst! Una estaca… ¿Dónde la quieres? —sonreí al ver el miedo es sus ojos. Clavé la estaca en su muslo con tal fuerza que atravesó la extremidad, sin duda eso dolía —. Entonces, estábamos en que la manada de Black estaba en…

—Virginia, al sur de Virginia, están buscando una residencia cerca del atlántico, al parecer esperan un barco o algo así. Es todo lo que sé —añadió entre quejidos.

—Veo que ya nos estamos entendiendo, dime: ¿Por qué Black se separó de la manada? —no respondió —, ¡Oh, vamos, no te silencies ahora! —le quité la estaca y se la clavé en la otra pierna. Sus quejidos eran suficientemente animadores para continuar, en ese instante escuché que Dalilah me avisaba que estaban controlando a los sirvientes de Winst que venían a protegerlo, pero que debía apresurarme si quería salir pronto de allí.

—Black busca a la chica, él sabe que usted la ha convertido y cree que es la única que podría delatarlo, él cree que ella lo llevará hasta usted—se quejó —, pretende exterminarlo, señor.

—¿Sabes que hará con la chica después?

—Sí, señor, la dejará libre, eso fue lo que él dijo —declaró.

—Necesitaré más información acerca del paradero de la manada, tienes tres días, estarás vigilado por cuatro de mis hombres, si al anochecer del tercer día no me traes noticias satisfactorias entonces no sólo te asesinaré y masacraré con detención, sino que me encargaré de destruir todo lo que haya a mi paso, incluso a tu nueva entretención ¿No has pensando en convertirla ya? —reí al ver el miedo en sus ojos —, ¡oh, vamos Winst! ¿No te habrás "enamorado" de ella? —reí con más fuerza.

Le quité la estaca de su muslo y lo empujé contra la pared. Me limpié el abrigo y me dirigí a la puerta cuando sentí el aire silbar, la estaca venía en dirección a mí, pero la tomé con fuerza.

—Muy mala decisión Winst, una muy mala —el vampiro intentó escapar, pero la estaca que le había lanzado cayó en su estomago —. Tengo muchos más años que tú, deberías ser más cauteloso.

Quité la estaca y se la clavé en el corazón. No tardó en convertirse en cenizas, pero para ese entonces yo ya estaba de vuelta con mis seguidores.

—¿Qué pasa Dalilah? —dije mientras continuaba leyendo sus pensamientos.

—Winst ha dicho que él dejará con vida a la chica, eso implica que Black tiene aún debilidad por ella y ella está desesperada por reencontrarse con usted, ¿Por qué no la utiliza, señor? —dijo con voz temblorosa.

—Dalilah, si no fueses tan útil hace rato te habría eliminado, no olvides que los planes los trazo yo, no necesito de las opiniones de una estúpida niñata ¿te ha quedado claro? —gruñí.

No necesitaba a Black, no aún, quería infringirle cuánto dolor le fuese posible, si era necesario sería el último hombre lobo que pisaba la tierra. Debía sufrir, asesinaría a la mayor cantidad de lobos posible, perseguiría a los de su especie una vez más, hasta acabar con cada uno de ellos, entonces y sólo entonces, iría tras de él, por más que pareciera peligroso.

"La dejará libre" Black aún estaba enamorado de Isabella, estúpido lobo amando a un vampiro, que cosa más imbécil. Es tan débil que se escuda tras la estupidez humana del amor para negar que no es capaz de asesinar a Isabella, bien, si no lo hacía él lo haría yo y mejor así, podría asesinarla ante sus ojos para que fuese lo último que viera antes de morir.

La noche se hizo corta, ya estaba por amanecer, los primeros rayos pronto saldrían a la vista cuando una visita inesperada golpeó mi puerta.

—Es Tanya Denalí, señor —dijo Chris.

—Déjanos —me limité a decir.

Tanya se acercó a mí y posó sus fríos labios sobre los míos. Me alejé de ella antes de que perdiésemos el control. Su sensualidad era innegable y el hecho que la odiase la hacía mucho más excitante.

—¿Qué quieres?

—¿Que no puedo pasar a verte? —chilló.

—Di la verdad —dije secamente.

—Me enteré que darás caza a la manada de Black, otra vez —sonrió —, quiero ser parte si es que te decides a hacerlo.

—¿Qué te hace pensar que no estoy decidido?

—No sé, quizá porque te puedes enamorar de otra humana, otra vez…

Me acerqué a ella y presioné su cuello contra la pared. Le enseñé mis colmillos y los clavé en su cuello bebiendo de ella con desesperación, haciéndole ver que era mucho más fuerte que ella y que no dudaría en exterminarla si seguía con sus comentarios fuera de lugar.

—Edward —gimió —, déjalo ya, ¿desde cuando te molestas por la verdad? — clavé con más fuerza mis colmillos y luego me alejé de ella.

—¿Quieres colaborar? Entonces podrías vigilar Virginia del sur, no tardarás en encontrar la manada de Black, su pestilente aroma debe estar dejando huella.

—¿Por qué no le pides ayuda a tu noviecita?

—Déjalo ya, Tanya o harás que me arrepienta de no exterminarte.

—¿Sabías que está decidida a vengar a su protegido? Está formando algo así como un ejército de neófitos, todos han sido embarcados —sonrió complacida al ver que tenía toda mi atención.

—Prosigue —la incité.

—¿No tendré un premio por la información?

Me acerqué a ella y deshice su ropa con violencia, succioné de cada zona de su cuerpo, acaricié su piel atemperada, la empujé contra la pared, ella desgarró mi piel con sus uñas, mi espalda escocía, clavé mis colmillos en su femoral y me adueñé de su sexo sin preámbulos. Nos conocíamos bien, sabíamos de nuestros gustos sadomasoquistas. Me introduje en ella con un estocado certero y frenético, desde ese momento no pude detenerme, ella aumentaba el frenesí que me recorría, clavaba sus fuertes garras en mi pecho, mientras que yo clavaba las mías en sus senos. Con fuerza y violencia, una violencia desmedida me fui adentrando cada vez más, cada vez más fuerte y más profundo. Bebí de su cuello y ella del mío, me abofeteó y yo le respondí, me arañó y yo la arañé, nos utilizamos mutuamente como juguete sexual, nos complacimos y nos odiamos, la obligué a hacer todo aquello a lo que ella se negaba, no hubo rincón de su cuerpo que no explotara, que no explorara y que no violara, si, me adueñé de su cuerpo muerto para hacer de él el objeto de mis más oscuros deseos, de mis más anhelados actos violentos, la separé de mi y la golpeé contra la pared, la cambié de posición y esta vez entré en ella con más que violencia, con toda mi fuerza, ella enlazó sus manos en mi cuello y comenzó a torcerlo, se montó sobre mí y luego sin que pudiese detenerla clavó sus colmillos en mi sexo, succionando de él todo lo que podría encontrar allí, haciendo que mi excitación aumentase, nos movimos al compás hasta que el sexo se volvió aburrido. No podría decir hasta que nos agotamos porque no fue así, si no que era tiempo de que ella dijese todo lo que sabía.

—¿Entonces?

—Isabella planea unirse a Black en Virginia, irán en búsqueda de Carlisle y luego planea asesinarte —sentenció.

¿Isabella Swan planeaba traer a mi creador para extinguirme, junto a una tropa de hombres lobos? Eso no parecía algo que la Isabella que yo conocía hiciese, fuese o no así podría ser divertido seguirle el juego. Vería hasta que punto era capaz de demostrar su estúpida obsesión conmigo, aunque la verdad luego de los años sus métodos ya me estaba aburriendo. Tarde o temprano tendría que acabar con ella, pero no sin antes hacerla pagar por su estúpido atrevimiento. Esa maldita traición: haberme desenmascarado delante de mi enemigo.

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En algún sitio en el distrito de Columbia, USA, 1797.

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—Elizabeth—gruñó el hombre lobo.

—Vete de aquí, puede ser peligroso —dijo la vampiresa.

—No te dejaré aquí, te exterminarán —añadió.

—Si no me exterminan ellos lo harás tú —su voz denotaba tristeza.

—Jamás, jamás te haría daño —susurró Ephraim.

Ella sabía que mientras no hubiese luna llena, Ephraim siempre la amaría, pero también sabía que el haberle salvado la vida arriesgando la de ella en aquella batalla la habían llevado a ser lo que era ahora: una vampiresa. Carlisle, el enemigo de Ephraim, la había capturado y convertido en lo que más odiaba Black: un vampiro y lo había hecho sólo para destruirle el alma y el corazón. Ahora estaban enfrentados por su naturaleza y por una muchedumbre que venía directamente a atacarla. Él la besó al comprender que ella no cedería.

Ese sería el último beso de los enamorados prohibidos, ya que la muchedumbre era liderada por Edward Cullen, padre, quién ya sabía que su mujer era un monstruo nocturno, que se había dado en fuga, no dudó en clavarle una estaca en el corazón frente a los ojos de su único hijo y a pesar que Elizabeth podría haberse defendido, no lo hizo, porque no quería ser un monstruo ante los ojos de su hijo. Fue entonces cuando Edward, hijo, juró perseguir a los vampiros y a Ephraim Black, quién había hecho caer en desgracia a su madre. Sin duda él y toda su familia eran culpables de todo lo ocurrido.


Hola chicas.

Sé que he tardado un montón, pero tengo mis justificaciones, entre el trabajo, un dolor de muelas terrible y un viaje a Santiago, no había tenido tiempo,

pero aquí y ahora les traigo el POV Edward que había prometido. ¿Qué tal?

¿Lograron comprender cosas?

Espero que si.

Las fechas de esta historia son ideas mías.

Espero que les guste y que lo comenten.

Las quiero niñas.

Manne Van Necker.