I'm waiting for you in eternity


Summary:Los errores se pagan según nuestra condición y muchos no tienen enmienda. Aprender a vivir junto a ellos es el desafío que ha llenado la nueva existencia de Bella Swan.

Disclaimer:Los personajes no me pertenecen, pero la trama es mía por lo que queda prohibida la reproducción parcial o total del texto sin mí previo consentimiento.


Capítulo IV

Plan maestro.


Virginia, 1930.

Sabía que Edward había asesinado a Esme, la vampiresa que era pareja de su creador, Carlisle. Él jamás perdonaría ese acto de desobediencia y traición, pero aún así decidió que lo mejor que podría hacer era castigarlo manteniéndolo existente, tarde o temprano tendría más que algún motivo para exterminarlo. Entonces, yo le daría el motivo.

—Han llegado todos los neófitos que prometiste, Isabella —dijo Jacob Black.

—Ya lo sé, Jacob, ahora estoy planeado mi encuentro con Carlisle —sentencié mientras intentaba pensar dónde se podría esconder un vampiro como él…

—¿Realmente traicionarás a Edward Cullen?

—Si —fue todo lo que me atreví a decir.

Edward había sido todo para mí, y cuando digo todo, es realmente todo. Mi felicidad y mi extrema tristeza, mi compañía y soledad, mi luz y oscuridad. Todo. Quizá era muy tarde para enmendar las cosas, Edward me creía una traidora y yo le creía un farsante. Ambos estábamos condenados, sabía que él me amaba, lo sentía en mí y por más que él lo negase sabe que nos pertenecemos. Tarde o temprano se daría cuenta, quizá la única forma que lo hiciese es que viese de lo que soy capaz. Era el momento de darle a conocer mi plan maestro.

—Vamos, Isabella, no me dirás lo que planeas —sonríe.

—Te basta con saber que tienes los suficientes neófitos como para generar una masacre que llame la atención de Carlisle. Tú entretienes a tus lobos y yo me encargo de mi vampiro. Voilà —sonreí sin ánimos de hacerlo.

Jacob era nada más que un error en mi vida, un error que me había costado muy caro, pero ahora este error sin duda iba a llevarme a mi solución, si, porque de esta manera Edward no podría negarme, no tenía más opción que estar en mis manos. La decisión dependería de mí y él no sería capaz de negar sus verdaderos sentimientos por el orgullo que comúnmente lo ciega. Tarde o temprano tendría que ceder y ambos teníamos la eternidad de por medio, era cosa de inclinar la balanza.

Al llegar mis neófitos a la zona de encuentro, les advertí que iríamos de caza, todos estaban sometidos bajo un engaño cruel, lo sabía, pero nadie me había enseñado a ser una sweet vampire, no… eso no existía y no tenía por qué ser piadosa, la verdad es que por más que luchase contra mi naturaleza oscura, siempre volvía a ser la fría y calculadora, cruel y malvada Isabella, sólo era esa Bella humana con un solo ser y ese era el mismo que en estos momentos me estaba sometiendo a mi parte perversa, ese era Edward.

—Síganme —fue lo que me limité a decir.

Los casi cuarenta neófitos me siguieron tal cual perros falderos, sin chistar ni nada por el estilo, se dedicaron a seguirme en silencio. Una vez al interior del bosque era asunto de Jacob y su manada. Carlisle no podría pasar por alto la masacre, tarde o temprano se tendría que acercar al sitio de los hechos y yo podría al fin encontrarme con él. No, no había otra forma de hacerlo, era el sacrificio de todos ellos o nada, no tenía opción.

La espesa bruma era cegadora incluso para mis ojos, pero continué hasta el sitio acordado, allí pude sentir el característico olor de los lobos, muchos de los neófitos quisieron retroceder, algo les alertaba del peligro, su propio instinto sin saber que era, podían sentirlo, pero aún así siguieron fieles a mis deseos.

—Es hora de la caza, no tienen límites, disfruten y nos volvemos a encontrar acá —dije, aunque en realidad sabía que no volvería a ver a ninguno.

Me alejé a toda costa del lugar, mucho antes que ellos se esparcieran, sabía, por el olor y el contacto mental que ya había comenzado la masacre. Jacob lideraba la manada, todos estaban a sus órdenes, tenían orden de perseguir a todos y cada uno de los vampiros a excepción de mí. Visualicé desde lejos, en la copa de uno de los arboles más elevados, como se llevaba a cabo la lucha. Los neófitos eran unos bebés indefensos, con la suficiente fuerza para matar a un lobo, pero no tenían ni la astucia ni la experiencia de esta singular manada. Fue cosa de minutos que los exterminaran, de seguro esto había llamado suficiente la atención de Carlisle, de seguro no tardaría en llegar. Mis sentidos estaban alerta esperando al singular vampiro.

Esperaba, cautelosa y paciente, una vez que el último neófito fue asesinado, seguí esperando, pero nada. Fue recién entonces, cuando la manada se retiró, que apareció el primer vampiro, de seguro uno de los enviados de Carlisle, la presa en caso de una emboscada. Vestía fina ropa y era muy joven, a decir verdad debe haber tenido un par de semanas.

—Es hora —susurró, pero lo escuché como si estuviera a mi lado.

Fue entonces cuando apareció con gran rapidez una cantidad no menor de vampiros que rodeaban a Carlisle, el único sobreviviente de la masacre de Volterra, el único además de los Vulturis, por supuesto.

La voz de Carlisle no era como esperaba. Me imaginé a un excéntrico vampiro, uno de esos estilo Nosferatu, pero había errado completamente. Carlisle no era agresivo con su mirada, sino más bien compasivo, algo más que extraño en un ser de nuestra especie.

—¿Qué habrá hecho que tantos vampiros hayan perecido en el mismo lugar? —cuestionó uno de los acompañantes.

Carlisle no respondió y por ende nadie tendió a hacerlo. El silencio fue prolongado.

—Esto no es característico de nuestra especie ¿Desde cuándo hay grupos tan grandes? —dijo otro de ellos.

—Esto no fue fortuito ¿No es así Isabella? —sonrió y miró en dirección hacia donde yo estaba.

A cuatrocientos metros de mi, jamás me había conocido, no tenía idea, probablemente, de mi existencia, y él me hablaba con una naturalidad escalofriante. Bajé del árbol y me acerqué a aquel grupo extrañamente familiar.

—No, no lo es —respondí fríamente —, era la única forma que pudiese contactarte con rapidez y sin rodeos.

—Y no has fallado, he aquí, pero como has dicho sin rodeos, dime ¿qué te trae por acá? —exigió.

—Hay demasiados oídos como para que pueda decírtelo —me aventuré a decir, si no era bien recibida mi propuesta en un par de segundos estaría descuartizada.

—Si quisiera serían más, créeme, ellos no dirán nada que yo no les permita decir —sonrió.

Algo incomoda me acerqué a él, contemplé la perfección de su tersa piel y me limité a decantar por decírselo.

—Edward Cullen, eso me trae por acá —susurré.

Un ronco sonido se explayó por su garganta, ¿Un gruñido quizás?, o algo muy similar a eso.

—Continua —gruñó.

—La manada de Black está tras él, sé que tú no estás en amistad con él y quiero saber si puedo contar contigo, quiero darle un escarmiento, algo que le haga reconocerme como su pareja de nuevo —en ese momento soné patética —, si no es así, quiero que le mates, como sé tú eres el dueño de su existencia, nunca lo liberaste del yugo(*) y deseo que lo extingas si no es capaz de ceder a mi petición —expliqué con tranquilidad.

—¿Y qué recibo yo a cambio? —alzó una ceja.

Me aseguré que no hubiese nadie en un perímetro cercano, nadie que pudiese oír esto.

—La manada de los Black, la última manada de hombres lobos —sonreí triunfante.

Carlisle soltó un silbido de admiración.

—Vaya, vaya, jovencita. ¿Crees tú que puedes entregarme la manada de los Black? Una insignificante vampiro de cerca de ¿Quince años?, cree ser capaz de entregarme una manada de lobos —rió.

—No lo creo, estoy segura —expliqué —, sin dudas será arriesgado, tendrás muchas bajas, pero lo conseguirás porque ellos han cooperado hoy para que estés aquí.

Pude ver la sorpresa en sus ojos ante mi explicación.

—Sé que los Lobos han estado aquí, pero no sé si pueda confiar en ti Isabella —susurró cerca de mi oído.

—Tú querías a Edward como un hijo, hasta que asesinó a Esme. Tú, al igual que Edward, odias a los Black, tienes la oportunidad de tener a la manada y quizá a Edward, es más si quieres le puedes dar más de un escarmiento —sonreí sabiendo que mi plan era perfecto.

—¿Qué te hace pensar que no puedo obtener la existencia de Edward? —rió —, eres demasiado joven, niña, pero no sé qué es lo que me divierte más, verte intentarlo y fallar o ayudarte a intentarlo y que no lo logres… está bien, tienes mi palabra —extendió su mano —, te ayudaré bajo tus condiciones, pero ante cualquier cambio de planes mi lealtad no continuará.

Si, era exactamente lo que quería, aunque sabía que hacer planes con Carlisle era más seguro de lo que podía pedir, tenía claro que perder en un punto de lo prometido sería fatal. Aunque, claro está, no tenía mucho que perder, llevaba quince años sin envejecer, sin vivir como una humana normal y viendo como Edward me desterraba de su vida, era hora ya que esto cambiase.

—Por esta noche te quedarás con nosotros —dijo Carlisle —, debes conocer más de lo que planeas hacer, además, esto nos llevará tiempo. Edward no caerá fácilmente.

—Lo sé, quizá tardemos más tiempo del necesario —dije sin ánimos.

—Quizá me aburra en el camino, no me gusta desperdiciar mi tiempo ¿sabes? —rió.

No comprendí la gracia del asunto, quizá por los nervios, por lo que me mantuve seria.

—¿Tiempo? ¿Entiendes? —volvió a sonreír —, es lo que más me sobra.

Si, humor de vampiro añejo.

Una vez que llegué a la casa de Carlisle, jamás creí encontrar lo que allí había. Era un lugar muy diferente a lo que uno esperaría de alguien como él. Esperaba encontrar todo ostentoso, con cosas y reliquias que ha acumulado, pero a cambio de eso me encontré con un hogar de lo más normal, acogedor, pero aún lograba mantener ese estilo humano. Habían muchos vampiros rodeando la casa, algunos dentro y otros fuera, obviamente muchos de ellos llevaban años con Carlisle, quizá desde el tiempo en que estuvo con los Vulturis.

—Ven por aquí, Isabella, ahora podremos conversar con más tranquilidad —sonrió mientras subía las escaleras.

Una vez en su despacho, noté como se quitaba esa apariencia y postura un poco ruda que había tenido con sus subordinados, ahora era distinto conmigo, parecía sentirse en familia, una sensación extraña, pero la verdad es que yo era sangre de su sangre, si, porque Edward, mi creador había sido creado por él… algo había dentro de mí que pertenecía también a Carlisle.

—¿Por qué quieres destruir a Edward? —lanzó sin más.

—Debería destruirlo, pero no sé si eso es lo que quiero —solté sin siquiera pensarlo —, Edward fue todo para mí en una época difícil, creí en él, pero cometí un error que me costó caro y ahora él me ha castigado a esta existencia vacía, quiero demostrarle que aún puedo enmendar mi error, pero él no me lo ha permitido y ya estoy cansada de localizarlo y que él me evada —asumí.

—Que humana sigues siendo —sonrió tristemente —, ¿Por qué insistes en buscarle algo bueno a Edward? Mira donde me llevó a mí… perdí a mi compañera por él. Edward es cruel, con una crueldad sobrenatural, algo que va más allá de nosotros, algo más allá que la crueldad natural de un vampiro, Edward odia con la misma intensidad que ama, si no es que odia más. ¿Por qué sigues sintiendo para él?

Sentir para él. Jamás había escuchado eso, jamás lo había pensado, yo siento porque me lo permito, porque es un hábito humano que jamás abandonaría, pero considero que yo siento por él y no para él.

—¿Para él? —dije sin comprender.

—Claro, cada sentimiento tuyo será transmitido a tu creador, dándole fortaleza o debilidad, todo depende de si él es capaz de dejar que tú le afectes, Isabella —sonrió.

Eso explicaría por qué Edward me aleja de él, mi sufrimiento le afecta, está obligado a sentir lo que yo siento ¿sentirá mi amor por él aún?

—¿Sientes lo que Edward siente? —dije con ansiedad.

—Si esperas que te diga lo que Edward siente por ti, si, lo sé, puedo sentirlo aunque él intente bloquearlo —dijo manteniendo su mirada fija en mí.

Esperé a que él me dijese algo, cualquier cosa, una leve pista de lo que podría atenerme con esta sorpresa, con esto que podría ser el final de mis días o de los de Edward o quizá el comienzo de una nueva vida, pero Carlisle no parecía dispuesto a responderlo por sí solo.

—¿Entonces…? —dije dándole pie a que continuase.

—No tendría sentido que yo te lo dijese, además, me entretiene mucho más la idea de disfrutar de tu cocktail, en una de esas todo sale como lo esperas y tendremos lobos a la parrilla —rió.

—¿Y si te dijera que nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión? —fingí seguridad.

Era obviamente una gran mentira, quería salvarnos a ambos. Si Edward no reconocía sus sentimientos por mi y Carlisle no le perdonaba, sin dudas estaría muerto y yo… yo no tendría motivos para vivir, pero por otro lado, quería vengarme de Edward, del dolor que me provocó, quería que sufriera, quería verlo sufrir frente a mí, ese era mi lado oscuro que se apoderaba de mis manos y de mi mente, la ira me sobrepasaba.

—Entonces te podría decir algo de lo que esperas saber —sonrió fríamente.

—¿Qué quieres a cambio de eso?

—Esta vez te lo concederé gratis, digámoslo así… —sonrió —, bien. Edward siente lo que tú sientes, por lo que es confuso saber qué es lo que realmente está dejando sentir, dejando fluir. Hace quince años que Edward está bloqueado, no siente. El Edward que tú verás dentro de poco no es capaz de sentir ni la más mínima pizca de bondad o de cualquier sentimiento puro, él se mueve por la ira y el odio —sentenció.

—Eso ya lo sabía, lo que quiero saber es si alguna vez fue capaz de amarme —expliqué patéticamente, pero aún tenía que luchar por él.

—Quiso creer que era capaz de amar, Isabella, él sabe tanto como yo que amar es una de las cosas más difíciles para un vampiro. Te puedes obsesionar, puedes ser egoísta y querer lo que los demás quieren, pero amar es algo que siempre se termina confundiendo y termina en obsesión —añadió con una voz que parecía apagarse.

—Pero ¿Tú amabas a Esme? —susurré.

—Si, la amé como nunca había amado, ni como humano ni como vampiro, y espero que ella haya sido capaz de amarme así también —sus ojos se tornaron opacos.

—Pero, entonces… ¿Edward no me amó?

—Eso es algo que tienes que descubrir tu misma, Isabella —rió —, es extraño que un vampiro se obsesione tanto con el amor.

—¿Cómo puedo saber eso? —una voz dentro de mí me decía que debía insistir, que él sabía más de lo que en ese momento me decía.

—Sólo de una forma: Arriesgando tu existencia. Edward jamás te dejaría morir si te ama, sería capaz de darlo todo, de cierto modo, sigue siendo un estúpido romántico ¿Por qué crees que sigue persiguiendo a los Black? Es un romántico aún, el problema de él es que vive mucho tiempo apagando sus emociones —sonrió tristemente.

—¿Arriesgo mi existencia? ¿Una amenaza patética de suicidio? —dije lo primero que se me vino a la cabeza.

—No, Isabella, seré yo quien atente contra tu existencia, desde ahora en adelante serás mi prisionera —dijo seriamente.

¿Prisionera? ¿Carlisle me había traicionado? ¿Él me quería como su presa para asesinarme como Edward lo hizo con Esme? Si mi corazón hubiese latido, en ese instante se habría exasperado buscando una señal que me dijese que todo esto era tan real como lo era yo en ese momento…

Quizá morir buscando las respuestas de mi existencia no fuese tan malo, pero morir en silencio, sin poder haber conseguido lo que siempre me había propuesto, era algo que no podía dejar así. Edward tenía que escucharme, tenía que creerme, aunque fuese lo último que gritase en mi existencia, él tenía que entender que todo lo hice por amor y que si cometí un error debería haber perdonado a una inmadura humana… él no debería haberse dejado llevar así… no debería…


Hola mis niñas ¿Cómo han estado?

La verdad es que no he tenido mucho que hacer, pero he estado ayudando en casa un poco y

bueno las horas se pasan volando cuando estas ocupada.

Espero que todas esten bien :)

Creo que a este fic le quedan cerca de 3 capítulos para finalizar...

ya veremos que ocurre con Bella y Edward.

Cariños y gracias por leer y comentar.

TENGO UN FIC DE THE HOST SE LLAMA SOUL'S SCARS

Si quieren se pasan ... disfrutaría muchos sus RR :)

Manne Van Necker