Capítulo 2

Era un día como otro cualquiera en la poblada ciudad de New York. El sol brillaba y las temperaturas estaban lejos de descender ese caluroso mes de agosto. El ambiente estaba lleno de turistas, y era mi mes de mayor carga laboral. Mi nuevo restaurante se llenaba de todo tipo de personas, a pesar de que los clientes habituales estaban fuera por vacaciones, muchos otros se deleitaban visitando las calles de nuestro hogar. Poco imaginaba yo que ese día se estaba fraguando una gran crisis sobre nuestros hombros, que reescribiría de nuevo un capítulo crucial en nuestras vidas...

Mientras tanto, en el mundo digital...

Una silueta entre las sombras vigilaba los acontecimientos pasados tan sólo unas semanas antes.

-Así que han vuelto... Bien, será divertido. Al fin y al cabo, tengo muchos asuntos pendientes con ciertos "niños"... Perfecto, es hora de recuperar lo que me robaron. Vamos a jugar, niños elegidos.

Volviendo al presente...

-¡Dai-chaaaan!- Una mujer sonriente de voz muy familiar se abalanzaba sobre mi espalda.

-¿Ah, Yichiru-chan? - Me tambaleé al otro lado de la barra.

-¡Exacto, tu adoradísima hermana gemela ha venido a verteee! - Aferrándose más fuerte, para la expectación de los comensales, que no sabían si reír o fingir que no ocurría nada.

-¿Por qué tengo dos hermanas tan ruidosas? - Me lamentaba intentando controlar mi equilibrio y mi bandeja llena de vasos de cristal.

-¡Pero sabes que te queremos con locura, Dai-chan! ¡Pero yo más que Jun, que no se te olvide!

-Sí, sí... -Sonreía condescendiente. La verdad es que Yichiru siempre lograba animarme, a pesar de todo lo mal que fueran las cosas. - Pero si sigues actuando de ese modo van a pensar que tenemos una relación demasiado extraña de hermanos...

-¿Tanto así? - Y pícara como siempre me besó muy cerca de los labios, para asombro de los presentes, aunque yo estaba bastante acostumbrado a sus bromitas subidas de tono, para luego seguir riéndose. - Si querías casarte con una mujer, haberte fijado en mí, tontito.

-Vamos Yichiru, sabes de sobras qué opino de ese tema...

-Sí, ella tenía más clase... -Fingió ofenderse. - Aunque no la suficiente como cierta personita que tu y yo conocemos...

-Yichiru... No me obligues a hacerlo... - La amenacé con restregar un trapo sucio de secar platos por su frente.

-¿A tu hermana? ¡No serás capaz...! - Hizo mal en retarme. Porque al oír eso me faltó tiempo para cogerla en brazos y hacerla cosquillas hasta que se rindió.

-Eso es trampa... -Se quejó volviendo a colgarse.

-Tú te lo buscaste... - Le sonreí mientras Veemon me ayudaba a recoger la cocina, mientras Darkentailmon, el digimon de mi hermana, le echaba una mano.

-Y dime hermanito, ¿a qué hora piensas plegar hoy de trabajar? Llevas todo el día aquí, deberías irte a descansar, es tarde.

-Ya estoy recogiendo para el cierre. Pero la mayoría de los empleados tienen vacaciones, así que debo sustituir sus turnos hasta setiembre.

-Deberías contratar a alguien más... -Me dijo cobrando a los últimos clientes que quedaban y mirando el reloj de pared. Marcaba la 1:50am.

-Eso es fácil de decirlo cuando no tienes que hacer frente a un divorcio. Te recuerdo que aún vivo contigo por ese motivo, hermanita. -Saqué el trapo y la escoba y me puse a barrer el comedor y limpiar las mesas.

-Y ni falta que hace que te vayas. En mi casa siempre eres bienvenido. - Me replicó mientras recogía la recaudación del día y cerraba con pestillo la puerta para evitar ladrones.

-Lo sé, pero ya soy un poco grandecito para depender de mi hermana. Además, mi hijo necesita un sitio donde estar con su padre. - Barría con cierto agotamiento. Ciertamente necesitaba un descanso, pero mi conciencia no me lo permitía, cada vez que no tenía nada por hacer, en mi mente bailaba ese único tema obsesivo.

-Mi sobrinito puede venir a ver a su tita y a su papá siempre que quiera. Pero supongo que querrás tu espacio, es normal. No te preocupes, me han dado vacaciones en la comisaría, así que vendré a echarte un cable en la cocina y podrás descansar de vez en cuando, lo necesitas, se te ve agotado.

-¿Agotado yo? Además, me gusta mi trabajo, me relaja y me evade de los problemas.

-Sabes que en exceso todo es malo, y sí necesitas descansar. Y los problemas se han de afrontar, no fingir que no están ahí.

-¡Sé perfectamente que no debo huir...! - Me dolía mucho que me dijeran que huía de los problemas, cuando intentaba por todos los medios hacer lo correcto.

-¡Entonces deja de hacerlo! ¡Llevas huyendo desde antes de llegar aquí! ¡Esta no es vida Daisuke, debes darte cuenta!

-¡Tengo todo lo que quiero! ¡Mi restaurante y mi hijo! ¡Además hice lo que debía hacer!

-¡Sabes mejor que nadie que eso no es verdad! ¡Hay algo que te reconcome porque no lo tienes y hasta que no lo consigas o bien acabes con toda esperanza, no podrás vivir en paz!

-¿Qué sabes tú de lo que quiero tener o no quiero? - ¿Por qué se empeñaba en torturarme siempre con ese tema? Sólo quería pensar en él lo menos posible.

-Sé mucho más de lo que te crees, Daisuke. Por eso mismo, sólo quiero que seas feliz. Es lo único que deseo desde siempre. Sólo quiero recuperar a mi viejo hermano. A ese hermano feliz, sonriente, animoso, que no se rendía. - Inesperadamente me abrazó con fuerza inusitada, muy emocionada.- Y no sólo yo. Tu familia, incluso Veemon... Todos queremos al Daisuke de siempre.

-Lo siento... Supongo que no he hecho bien las cosas... Pero Yichiru, ya te lo conté lo que sucedió hace unas semanas al venir a tu apartamento. No hay nada que solucionar. El asunto se zanjó ese día. Me odia. Y no quiere verme. Ya sabes las cosas que le dije y como me fui hace veinticinco años y cómo nos despedimos hace un mes.

-Pero yo sé que no fue con mala intención, sólo querías que fuera feliz.

-Así es... Sacrifiqué mucho por su felicidad. Y no quiero que eso que es lo único que impide que me vuelva loco, se desmorone. Si es feliz, yo lo seré.

-Pero... Nunca le diste la oportunidad de opinar, hermano. ¿No lo has pensado nunca? No escuchaste lo que él tenía que decir. ¿Y si él no quería esa "felicidad" de la que hablas? ¿Y si su felicidad era muy diferente a la que tú imaginabas para él?

-Hablas como si supieras lo que él piensa, o pensara...

-Quizás yo me detuve en el camino a mirar atrás, a escuchar. Y...

En ese preciso instante se oyó un fuerte estruendo en la puerta de entrada, volando toda la gran vidriera por los aires. Apenas tuve tiempo de arrastrar sobre bajo de mí a mi hermana ocultándonos tras la barra, cubriéndola con mi cuerpo, mientras montones de cristales y otros materiales del destrozo se precipitaban sobre nuestras cabezas con gran violencia.

-Tsk... ¡¿Pero qué diablos pasa...?

-¿Ladrones? ¡Debo detenerlos!- Yichiru hizo un leve impulso para salir bajo mi protección, pero la contuve a tiempo.

-Ni se te ocurra hacer una imprudencia, ahora no estás de servicio. Así que no te precipites y escucha atentamente.

-Si son ladrones no creo que quieran hablar demasiado, hermano. Sé qué tipo de gente vive en América. Esto no es Japón, olvídate.

-Lo sé perfectamente. Pero si sólo buscan dinero, no pienso exponerte por algo así, ¿de acuerdo?

-Vosotros dos... -Una voz ciertamente siniestra y gutural salió de detrás de la barra, a pocos metros de nosotros. - Malditos mocosos...

-¿Ha dicho mocosos? - Se extrañó Yichiru- Vale, no tengo la media de altura americana, ¡pero confundirme con una niña me parece una tomadura de pelo!

- Shhht, intento escuchar... -Le dije esperando a oír lo que el ladrón tenía que decir, todo era muy sospechoso. Demasiado. Había algo en todo eso que no cuadraba para nada.

-Daisuke-kun, ¿qué ocurre?... He sentido una presencia familiar -Disimuladamente Veemon había salido de la cocina reptando hasta donde estábamos nosotros.

-¡¿Presencia familiar?- Exclamé de modo que sólo ellos pudieran oírme. - Ahora comienzo a entenderlo... Pero... ¿Por qué?...

-¡Niños Elegidos! ¡El niño portador de los Emblemas Sagrados de Valor y Amistad y la niña portadora del Emblema de la Vida! ¡He venido a presentaros batalla! ¡Es inútil toda huida! ¡Salid y luchad como guerreros o morid como ratas!

-¡Maldición! ¿Por qué justo ahora pasa esto?- Protesté con frustración.

-Daisuke-kun, ¿llevas contigo el D-3? - Me preguntó Veemon, cerrando fuertemente sus puños, dispuesto a luchar.

-Suerte que desde que entré al mundo digital no sé por qué lo enganché en mi cinturón y no lo saqué... -Dije tomándolo en mi mano.

-¡Deberías llevarlo siempre, inconsciente! ¡Nunca sabes qué puede pasar!-Me reprendió mi hermana bastante molesta.

-¡Hacía veinticinco años que no pasaba, Yichiru! - Me defendí de mi siempre olvidadiza cabeza.

-¡Pues yo lo llevo siempre, y que no pase durante varios años, no es motivo suficiente! ¡Así que ponte las pilas, líder!- Se burló de mí, llamando a Darkentailmon en susurros.

Asentí un poco avergonzado y decidido, miré a Veemon. - ¡Veemon, ya sabes qué hay que hacer!

-¡Sí! - Me respondió con valentía, poniéndose al borde de la barra, mientras yo iba al lado contrario.

-Cuando diga tres, saldremos a la vez y armodigievolucionarás, ¿de acuerdo?

-¡De acuerdo Daisuke-kun!- Levantando su pulgar de su puño en señal de aceptación.

-¡TRES!- Salí corriendo a un lado, usando las mesas de parapeto, mientras Veemon utilizaba su Vee-cabezazo para distraer a su contrincante un digimon de nivel mega, se trataba de Skullmeramon, un digimon humanoide de tipo llama con cabeza metálica y todo su cuerpo rodeado de cadenas y llamas azules, de increíble poder, capaz de hacer arder a mas de 100000 grados centígrados todo aquello que alcance su ataque "Fuego Metálico".

- ¡Es muy fuerte, Daisuke-kun! ¡No podré mantenerlo a raya mucho tiempo!- En ese instante, Veemon se colaba por entre las poderosas patas de su rival para esquivar su ataque.

-¡Bien, Veemon, adelante! ¡Digihuevo evolución!

-¡Veemon armodigievoluciona en... Flamedramon del valor ardiente! ¡Ahora verás! ¡Cohete de fuego!

Veloz y convertido en un misil llameante, Flamedramon impactó en el torso de su rival, pero no fue suficientemente poderoso como para herirlo de gravedad.

-¡No te rindas Flamedramon, sigue intentándolo!

-Yichiru-chan... -Le indicó Darkentailmon.

-¡Allá vamos!- ¡Vamos, Darkentailmon, digievoluciona!

-¡Darkentailmon digievoluciona en... Streamon!- Una hermosa ninfa rodeada de flujo vital y grandes burbujas entró en batalla junto a flamedramon, uniendo fuerzas. Ciertamente al principio Skullmeramon estuvo confundido, pero su estado alterado no duró mucho. Ambos digimon daban lo mejor de si, pero sólo lograban contenerlo por poco tiempo, ya que sus potentes llamas azules que rodeaban su cuerpo a modo de escudo no les permitían aproximarse demasiado.

-¡Flamedramon, no funciona! ¡Será mejor que evoluciones a ExVeemon, quizás eso logre mantenerlo un poco más de tiempo a raya mientras pensamos en qué hacer!

- ¡Está bien, Daisuke-kun! - Volviendo a ser nuevamente Veemon para esta vez sí, digievolucionar en ExVeemon, que rápidamente presentó batalla con su láser X, apoyando a Streamon que lanzaba las aguas esmeraldas contra su contrincante.

-¿Qué hacemos Dai-chan? No podemos seguir así mucho tiempo, y si huimos no sabemos cuantas personas podrán resultar heridas... Si pudiéramos llamar a Mimi...

-O a Wallace...

-¡La solución es Paildramon, Daisuke-kun! -Gritó ExVeemon, protegiéndose de la ofensiva de su oponente.

-ExVeemon... Pero sabes que eso no...

-¡Sin Paildramon estamos perdidos, Daisuke- kun! ¡Sin él no puedo volver a digievolucionar!

-¡Pero tú eres fuerte ExVeemon, yo creo en ti! ¡Solos podemos vencer!

-¡Tu valor sigue siendo encomiable Daisuke-kun, pero la amistad ya no brilla en ti... Sin ella no lo lograremos...! - Pese a todo ExVeemon seguía dando lo mejor de sí en cada golpe, pero su inferioridad era latente. No quería creerlo, pero era cierto, al no ser capaz de digievolucionar por sí solo, estábamos en apuros.

-¡Streamon!- Yichiru se abalanzaba a sostener a su digimon, que en medio de la confusión, el digimon de nivel mega se había ensañado con ella lanzando sus poderosas cadenas como látigos ignífugos con su ataque "Cadena en Llamas", dejándola casi al borde de la inconsciencia, haciéndola retroceder de nuevo al nivel principiante. En el impacto habían explosionado los hornos y un gran fuego devoraba el restaurante, extendiendo sus feroces llamas a una velocidad vertiginosa, ayudadas por los depósitos de gas.

-¡Mierda, si no salimos pronto de aquí...! - Dije cubriéndo a Yichiru y a Darkentailmon de un nuevo aluvión de proyectiles inyectados en llamas.

ExVeemon intentaba por sus propios medios llegar hasta nosotros para sacarnos de ese infierno, pero su contrincante no le permitía ni un respiro. Si no lográbamos llegar pronto a la salida... Por un momento vi la solución. A un lado había un pequeño hueco libre, aunque la entrada seguía bloqueada, arriesgué y empujé a Yichiru hacia afuera, pero cuando era mi turno, unas vigas medio incendiadas y provocadas por un nuevo ataque de "Cadena de Llamas" de Skullmeramon se precipitaron sobre mis rodillas, haciéndome caer de bruces al suelo con gran estruendo, atrapándome entre los escombros.

-¡Daisuke-chan! -Mi hermana intentó entrar a por mí, pero las llamas crecientes le bloqueaban el paso.

-¡No seas estúpida! ¡Vete, no entres! ¡Ya me las arreglaré! - Le grité como pude, tosiendo por el humo que comenzaba a apoderarse del poco oxígeno que quedaba dentro, usando mi delantal como mascarilla para sofocar mi ahogo. Miré hacia donde proseguía la batalla, ExVeemon estaba traspirando mucho entre el enorme calor y la batalla sin tregua. Si no hacía algo pronto, estaríamos en grave peligro. Pero Veemon tenía razón: Si Ken hubiera estado con nosotros, todo habría resultado mucho más sencillo. Con Stingmon podríamos haber alcanzado el nivel mega, ambos fusionados en Paildramon y nuestro adversario no habría tenido tantas posibilidades. Pero él no estaba allí. Tampoco iba a venir. Seguro que no podría imaginarse que esto estaba ocurriendo. Y dudaba incluso de que le llegara a importar. Suspiré. Debía seguir contando conmigo mismo, ¿pero cómo salir de este embrollo?... Traté de pensar, pero la cabeza no paraba de darme más y más vueltas y mis ojos se enneblinaban. ExVeemon vociferaba pero sus gritos cada vez eran más difusos, intentaba llamarle, pero mi voz no respondía. Lo último que recuerdo es haber pensado en Ken. Quizás ya no volviera a verle. Habría querido decirle tantas cosas... Pero de un modo muy estúpido iba a perder mi oportunidad. Una mano me sostuvo. Alguien me llamaba, pero no sabía quién. Y aún así, sin saber por qué, sonreí y luego mi cuerpo fue arrastrado quién sabe donde, como una pluma, como si volara. Y todo fue oscuridad.

No sabría decir cuánto tiempo pasó desde entonces. Pero poco a poco el calor que merodeaba se abrió paso al frescor de la noche, y unas cuantas voces me hicieron volver en sí.

-¿¡Dai-chan! ¡AH! ¡Parece que ya vuelve en sí! ¡Menos mal!- Alguien armaba escándalo muy cerca de mí, deduje que sería mi hermana por esa euforia desatada.- ¡Dai-Dai!

-Sí, estuvo cerca. Pero dime Yichiru, ¿Por qué no me llamaste antes?- Una voz más tranquila le hablaba muy cerca de mí también. Aún no tenía fuerzas para abrir los ojos, así que continué escuchando en silencio, aunque los oídos me pitaban y estaban medio sordos por los estallidos.

-No sabía que ya hubieras venido. Además de que no quería complicar las cosas, mi hermano se habría puesto furioso… - Parecía que se había sentado a mi lado, pues noté una vibración en el suelo al otro lado de mi cuerpo.

-Inconscientes. No habéis cambiado nada, vaya par de dos. -Suspiró pesadamente. - Pásame ese trapo húmedo por favor.

-En seguida. Perdóname. - Se apresuraba en obedecer. - Pensé que podría hacerme cargo de la situación. Y casi ocurre una desgracia...

-Deja de culparte, nadie podría haber predicho algo así. Pero haberle ocultado los sucesos a Daisuke... Deberías habérselo confiado. Después de todo es tu hermano. -Un suave frescor recorrió mis heridas y sentí deseos de incorporarme, pero estaba clavado en el suelo.

-Daisuke no estaba en condiciones de enfrentarse a esto. Era mi obligación acabar con el problema, se trata de mi trabajo. Pero subestimé su fortaleza. Pero ahora todo irá a mejor, lo sé.

El interlocutor calló unos instantes. Cada vez estaba más intrigado, algo me decía que debía despertar, pero los rastros del humo me mareaban. Luego pareció proseguir. - Lo más importante es que se recupere. Yo por lo pronto debo regresar a la oficina, debo redactar un informe.

-¿Vas a volver a irte sin más? -Recriminó la muchacha.

-Aquí ya cumplí mi trabajo, sé que serás capaz de cumplir con el resto. - Le solicitó amablemente.

-Pero...

Entonces no pude aguantar más y comencé a toser pesadamente, algo similar a ceniza me recorría el pecho y la garganta. Me reincorporé movido por un resorte, y por poco vomito. Me dolía bastante la cabeza, y me la sujeté y miré por primera vez a mí alrededor. Tras de mí el incendio estaba siendo sofocado y tres digimon y dos personas me miraban atentamente, sin quitarme ojo de encima. Uno de ellos era Veemon, que no tardó en abrazarse feliz de verme despierto. Estaba herido, y con las heridas vendadas, pero se le veía radiante. Mi hermana también sonreía. Se la veía aliviada tras haber pasado un mal rato del que pensó que yo ya no saldría. Entonces miré a mi lado izquierdo. Ante mí había un hombre. Lo deduje por sus zapatos. Y alce la vista por sobre su gabardina gris hasta toparme con su cabello liso añil y sus ojos. Mis ojos se dilataron y comencé a toser de nuevo, torpemente.

-Yo también me alegro de verte… Con vida sobretodo, Daisuke. - Bromeó.

Cuando pude calmarme, lo primero que salió por mi boca fueron frases inconclusas: ¡¿Tú? ¡¿Aquí? Pero... ¿Por qué? ¿Como?, yo... sí... no... Ah... -Se me trabó la lengua y me tuve que callar por que no era capaz de decir nada con sentido. Pero no podía borrar de mi cara la impresión que me acababa de llevar.

- Sí, Daisuke, soy yo y sí, es verdad, estoy aquí. Dime, ¿te sientes bien o crees que necesitas que te vea un médico?

Fui a hablar, pero no pude. Quise tocarle, pero mis manos cayeron pesadamente. Mi mirada de asombro iba de Yichiru a él y de él a Yichiru. Hasta que al final exploté: ¿¡KEN! ¿¡Pe... Pero qué haces tú aquí! -Miré tras él y vi a Stingmon aún trayendo agua para salvar los restos de mi local. - ¡¿STINGMON? ¿Pero que está pasando? ¡No entiendo nada! - Entonces recordé el ataque a mi local. - ¿Y ese digimon de dónde salió? ¿Y a qué cuentos nos atacó? ¡¿Qué está pasando?

-¡Cálmate, Daisuke, por favor!- Me pidió amable pero firmemente. Te lo contaremos todo a su debido tiempo, pero debes tranquilizarte primero.

Yichiru miró a ambos lados de la calle, había varios coches de policía (además de los camiones de bomberos sofocando el incendio) de los que se hizo cargo, hablando con dos agentes sobre lo ocurrido, y pidiendo algo amablemente. Se inclinó y volvió hacia nosotros. -He hablado con dos compañeros y les he explicado qué ha pasado. Les he pedido que nos dejen marchar por esta noche y que mañana ya me ocupara yo de ir a la oficina a aclarar lo ocurrido.

-Me parece bien, han pasado muchas cosas en poco tiempo, y necesitamos tiempo para poner nuestras ideas en orden. -Comentó acertadamente Ken.

Yo quería decir algo al respecto, pero me sentía bastante estúpido en medio de todo aquello, encima con la incertidumbre de no saber qué estaba pasando. Así que continué escuchando, sin atreverme a mirarle a la cara todavía.

-Oye Ken. Son más de las dos de la madrugada. ¿Te apetecería pasar la noche en mi apartamento? - Se ofreció amablemente mi hermana, a lo que yo la miré fortuitamente, indicándola que se callara.

-No quiero ser una molestia. -Respondió educadamente. -Además, me asignaron un hotel no muy lejos de la oficina para los días que fuera a estar aquí investigando el caso.

-Vamos Ken. Parece que no nos conozcas. ¿Tan poco hospitalarios crees que somos? No pienso permitir que un amigo de la infancia se vaya a dormir a un frío y solitario hotel teniendo a dos de sus amigos aquí. Además, mi hermano cocina a las mil maravillas, y seguro que no tendrá reparos en ofrecerte uno de sus mejores platos para cenar, en compensación.

-Yichiru...- Le suplicaba con la mirada que no siguiera.

-¡Además, es mi casa, así que yo decido! - Recalcó esto último como para dar por zanjado el asunto.

-Tan testaruda e implacable como siempre... - Sonrió de medio lado el moreno. - Supongo que no puedo negarme.

-¡Exacto! Además, no voy a cargar yo sola con mi hermano. Soy fuerte pero no me vendría mal un hombre para estas cosas.

-Puedo caminar solo, gracias. - Le indiqué incorporándome lento pero seguro, con mi orgullo un poco herido. Cuando mi hermana se lo proponía, podía dejarme en las situaciones más peliagudas.

-¡Tanto mejor! Así no tendremos que cargarte – Me sonrió con una mueca graciosa.

Ken llamó a Stingmon que volvió a ser Wormmon y se puso a caminar muy cerca de Ken, aunque no dejaba de mirar a Veemon ni Veemon de sonreírle. Realmente se les veía contentos de volverse a ver. Yo pese a mi situación, me alegraba muchísimo, aunque hubiera deseado un encuentro un poco más... Normal, supongo. Aunque viniendo de mí, nada de lo que ocurría a mí alrededor era normal.

El apartamento no estaba demasiado lejos de mi lugar de trabajo, así que no tardamos mucho en llegar. Apenas había intercambiado palabras con Ken. El shock aún me perduraba, y me sentía como un colegial que acabara de mudarse a un barrio nuevo y no supiera qué expresar a sus nuevos compañeros de clase, algo extraño en mí, que siempre tenía algo por decir.

Mi hermana nos abrió la puerta a su hogar e invitó a Ken a pasar, que muy educadamente siguió a la anfitriona hasta el salón. Yo seguía con mis dudas, que no hacían más que crecer, así que no prestaba mucha atención a lo que hablaban. Sólo volví al presente cuando mi hermana se ofreció a hacer un té para los tres e indicó que la esperáramos sentados en el sofá. Imaginaros la estampa: dos completos extraños sentados cada uno a un lado del sofá en silencio, mirando al frente, sin saber qué decir o hacer para romper el hielo. Parecía que un muro invisible se hubiera formado entre nosotros, aunque ese muro hubiera sido creado muchos años atrás, ahora era más palpable que nunca.

Lo miré de soslayo. Parecía tranquilo, aunque yo sabía que en el fondo era pura fachada. Entonces él me miró también de reojo y rápidamente apartamos la vista. Era algo divertido y estúpido a la vez ver a dos adultos como nosotros jugando a las miraditas como dos quinceañeros. Entonces él pareció recapacitar y carraspeó como para romper el hielo y comenzó lo que intentó ser una conversación amena, contemplando una foto que tenía mi hermana en el mueble del salón.

-Vaya... ¿Esos dos de ahí son tu mujer y tu hijo? Tu hijo es tu viva imagen... Y tu mujer muy guapa. - Comentó cortésmente.

-Gracias, lo de mi hijo me lo dicen constantemente. Y ella... Bueno, sí es guapa, pero ya no es mi mujer.

-Lo siento... No lo sabía... - Se disculpó con un gesto impactado y a la vez preocupado de quien sabe que ha metido la pata.

-No te preocupes, fue de mutuo acuerdo. Nos llevábamos bien, pero no estábamos hechos el uno para el otro. Pero tratamos de llevarnos bien por nuestro hijo.

-Eso está bien. Los niños son los que más sufren con estas cosas... Aunque si esa decisión os ha ayudado, me alegro. Aunque me imagino que no debe de ser una decisión fácil para ninguno.

-Gracias.- Quería decirle el motivo, ¿pero cómo hacerlo? ¿Qué iba a decir, que me había separado de mi mujer por que no podía olvidarle a él? Él había rehecho su vida, ¿qué derecho tenía yo ahora de arrebatársela? - Bueno, son cosas que pasan, pero tranquilo, ya estoy mejor. ¿Con tu familia todo bien...?

-Sí... - Se apretó los puños contra las rodillas. Esa afirmación no sonaba del todo convincente, pero no quería pecar de curioso, así que me contuve y respeté su silencio. - Pero a veces cuesta hacerte entender... Pero todo va bien, tranquilo. Pero a las mujeres les cuesta aceptar que te marches lejos unos días.

-Supongo... que sí. ¿Y por qué viniste aquí, precisamente ahora, Ken? - No me lo explicaba y quería conocer la verdad.

-Trabajo. Tu hermana también tuvo que ver en esto, aunque no lo supe hasta que la encontré hace una hora. Verás... Soy investigador privado y trabajo para la policía en Japón para casos extraños, sobretodo aquellos que tengan que ver con el mundo digital. Aunque realmente al no haber grandes incidencias estos últimos años, nunca había ejercido en serio en mi rama hasta ahora. Siempre me dedicaba a casos con humanos.

- ¡Wow! ¿Así que detective privado? ¿O policía?

-Un poco de ambos, supongo. -Me sonrió un poco avergonzado.

- ¿Así que acabaste tus estudios? Me alegro mucho.

-Gracias. Me costaron varios años de mi vida, pero creo que ha merecido la pena. Siempre he deseado impartir justicia y ayudar a los débiles y a todos los que me necesitaran. - Se explicaba con cierto rubor en sus palabras.

Entonces mi mente me hizo recordar lo que siempre me repetía Ken en su juventud: "Quiero ser como tú"... "No te pega nada ser el malo, te va mucho más ser el héroe." "Me gustas tal y como eres" ¿A esto se refería? ¿Ser policía o investigador para hacer justicia? ¿Ser el héroe que yo había sido para él?... No pude evitar mi sonrojo al pensarlo, había hecho muchas cosas por mí sin yo sospecharlo. No sólo ponerle nuestro nombre a su primer hijo varón, sino que había continuado con los estudios que tanto había luchado yo por que los consiguiese... Unos estudios en los que yo siempre fui su inspiración. Me resultó extrañamente reconfortante, demostraba que no me había olvidado a pesar de todo lo sucedido, aunque me odiara o sintiera indiferencia por mí. Con esas demostraciones me bastaban para ser feliz.

- Así que mi hermana... Debí haberlo imaginado antes.

- Sí. Siempre parece que ande tramando algo, es curioso. Se parece mucho a ti, aunque tiene la sutileza de una mujer. - Me respondió atando cabos. -Pero de no ser por ella, no estarías ahora mismo hablando en este salón.

- Sí, le debo una, y muy grande. Siempre se preocupa mucho por mí. Y estos últimos tiempos más que de costumbre. Lo ha debido de pasar mal.

- Tienes mucha suerte de tener una hermana que te quiera tanto...

Entonces caí en la cuenta. Ken debería estar recordando a Osamu. Me apresuré en disculparme por remover sus recuerdos.- Lo siento...

- No te disculpes, esta vez no has hecho nada.

- ¿Eh? ¿Cómo que esta vez? ¡Pobre de mí! ¡Esta vez no fui yo quien se buscó problemas! - Me defendí.

-Cierto, por una vez, ellos te alcanzaron antes. - Ambos reímos como en los viejos tiempos, como creí que jamás sucedería. De hecho me resultaba impensable hace unas pocas horas estar hablando con él tan de cerca, en casa de mi hermana, como dos viejos amigos. Le miré reír como antaño, sintiendo una felicidad inmensa, quedándome embobado sin querer, hasta que dejamos de reír y me miró perplejo y luego apartó la mirada un poco avergonzado también.

-Tu…- Comenzó a hablar, mirando a las rodillas, pasándose un mechón de su sedoso cabello tras la oreja como cuando era joven, cuando hacía eso yo sabía que estaba algo nervioso y cortado, era un hábito que le había acompañado con los años.- Tu hermana está tardando mucho, ¿no crees?

Entonces sentí como si algo me arrastrara de nuevo al presente, obligándome a pensar en lo que me estaba diciendo y reaccionar en consecuencia. – Ah… eh… ¡Sí! ¡Tienes razón! Hace ya un buen rato que no se la oye… Voy a ver si está bien, en seguida regreso. –Me levanté disculpándome y fui a la cocina, preguntándome en qué estaría Yichiru tan silenciosa. ¿Acaso se habría quedado callada aposta para oír lo que yo tuviera que decirle? Estaba tan pesada con que le dijera la verdad a Ken todo este tiempo que no me extrañaría nada que tratara de averiguar si había habido algún avance en el asunto. Sonreí de medio lado pensando en esto y entré llamándola. Pero para mi sorpresa, se había quedado dormida sentada sobre la encimera, al lado de la tetera que ya debería estar fría, con Darkentailmon enroscada a sus pies. Se la veía agotada, pero su rostro apacible me llenaba de calma y tranquilidad. Enternecido la sostuve entre mis brazos y con cuidado la llevé a ella y a su digimon hacia su habitación, vigilando que no se despertara. Ken me miró expectante y me indicó con una mano que estaba bien, que fuera a dejarla en su habitación. Asintiendo la llevé hasta su cama y la dejé suavemente en ella, arropándola y besándola en la frente, dejando a Darkentailmon cerca de ella. Por último, la acaricié suavemente la mano y la susurré al oído un tímido pero sincero "Gracias", por todo lo que había hecho por mí durante ese tiempo, en especial ese día, que podía contarlo y estar en esos instantes a su lado gracias a ella, y en el salón al fin me esperaba la persona más importante en mi vida, con quien al final podría tratar de recuperar al menos una vieja amistad. Realmente no aspiraba ya a más, pero el simple hecho de saber que esa noche dormiría en casa me llenaba de gozo. La dejé descansar, viéndola a través del marco de la puerta por última vez antes de cerrar despacio. Luego me dirigí al salón, y recordé que Ken aún no había comido ni tomado nada desde que había llegado a los Estados Unidos.

-Etto… Perdona, olvidé que no habías comido nada desde que llegaste. Voy a… -Dije señalando torpemente a la cocina.

-¡No, no te molestes!, estoy bien de verdad, además es muy tarde para cenar, a estas horas ya hace rato que estoy en la… -Carraspeó. –…Durmiendo.

Fingí que se me caían las llaves del bolsillo para que no viera que me había sonrojado y agachado insistí, recogiéndolas de debajo de la mesa donde habían caído.- No, no es molestia… Puedo preparar… -dije hablando a trozos, controlando no tartamudear por los nervios.- Algo ligero, ya sabes… carbohidratos, ¡Son mi especialidad! – Y lo solté tan eufóricamente que me di con la parte superior de la mesa, provocándome un fuerte chichón. - ¡Ay…! Eso... fideos… Te prepararé… -Fui saliendo agachado despacio de debajo, sobándome el golpe, procurando no mirarle directamente a los ojos, aunque parecía sonreír condescendiente. Me sacudí los pantalones y me fui rápidamente a la cocina para no seguir metiendo la pata tan catastróficamente, tratando de calmarme. Entrecerré la puerta tras de mi, apoyándome y llevándome una mano al pecho, donde mi corazón me suplicaba un poco de respiro. Respiré hondamente, "¡Cálmate Daisuke, no la líes más!" Me repetía en voz baja, pensando en la nueva receta que había ideado hacía poco, concentrándome en una nueva mezcla muy japonesa, al gusto de Ken. Se me ocurrió la disparatada idea de convertir mi idea en un plato inspirado. Un plato que me recordara al sabor de sus besos, al olor de su cabello, a la dulzura de su mirada y al sudor salado de su piel. Me pegué un fuerte bofetón. ¿¡En qué diablos estaba pensando!

-¿Va todo bien?... – Oí su voz provenir desde el comedor, con un ligero tono entre curiosidad y preocupación.

-Sí… sí… perfectamente. ¡En seguida estoy contigo! – Susurré. – Si mis hormonas no me provocan un infarto antes…

Rápidamente me coloqué mi delantal y dispuse sobre mi encimera todos los ingredientes, tratando de concentrarme en lo que estaba haciendo para quitarme el resto de la cabeza, antes de provocar un desastre. Encendí fogones, amasé la masa como si fuera lo más importante del mundo, con total esmero, lo pasé por la amasadora y cocí, freí, condimenté, y mezclé la salsa como si no hubiera mañana. Cuando hube terminado, me sequé el sudor de la frente que ojalá hubieran sido provocados sólo del vapor de agua de la cocción y preparé la mesa de la terraza, con un bonito mantel azul añil, curiosamente como el color de su cabello, te odio destino. Encendí unas velas en un candelabro que Yichiru guardaba, pensando que iluminaría más que el viejo farol estropeado, obviamente, y presenté educadamente los platos las copas de cristal, buscando una buena botella de un armario, actuando divertidamente:

-Bienvenido a Motomiya's Place. -Me incliné. –Deseamos que la cena sea de su agrado caballero. –Dije aguantando la risa y ofreciendo bebida de la botella.

-¿Esto no es sake?- Observó anonadado Ken la botella y el año del embotellado.

-Sí, la guardo desde hace varios años. A Aeryn no le gustaba mucho, así que buscaba una buena ocasión de gastarla ¿y qué mejor con alguien que sepa apreciarla? – Me expliqué no sin dificultad, esperando no meter mucho la pata, aunque no sabía hacer otra cosa.

-Je… Ya veo. Mmm... Bonito delantal…- Observó mirando con disimulo mi delantal de un color violeta un poco cantón.

-Ah… ¡Sabía que se me olvidaba algo! –Exclamé, quitándomelo a toda prisa, un poco torpe, y colgándolo en un perchero, para luego volver. Ken estaba asomado a la terraza, mirando con un aire nostálgico al horizonte.

-Bonita vista de New York de noche, ¿verdad?

-Es similar a Tokyo de noche…

-Ah… es verdad… Ya lo había ol… vi... dado…

No dijo nada, sólo siguió mirando al horizonte, con los ojos brillando con las inmensas luces de la ciudad.

-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que contemplé Tok…

-Si seguimos así la cena se enfriará. – Me cortó secamente. – Y sería una pena tras todo el esfuerzo. –Seguía sin mirarme y eso fue mi peor golpe ese día. Asentí en silencio y le ofrecí asiento.

-Me permití la libertad de hacerme otro plato para mí, no he comido desde las siete de la tarde, antes del turno de noche.

-No te preocupes, estás en tu… bueno, en casa de tu hermana. – Me sonrió cortésmente, aunque aún se le notaba un poco afectado aún. Había metido la pata. No debí mencionar el tema, pero me salió casi sin pensar. Aún él reflexionaba en ello, como yo. Quité un poco de hierro al asunto ofreciendo un brindis, aunque no sabía bien por qué brindar…

-¡Hagamos un brindis! Para celebrar… eh…

-¿Qué sigues vivo? -Me sugirió suspicaz.

-¡Eh, es un buen motivo! – Me defendí.

-Tengo otro mejor. Brindemos por la verdad. Por la amistad.

-Ah, vale. ¡Pues por la verdad y la amistad! – Y sonriente yo, juntamos copas y brindamos. Después le miré expectante esperando que probara el plato especial que había ideado sólo para él. Al principio, mordiendo suavemente no percibí cambios en su rostro, pero luego sus pupilas se dilataron, en una mueca de sorpresa visible. Sonreí para mí, satisfecho.

-Ahora sé por qué se te da tan bien este negocio – Me indicó probando un poco más.- Te defiendes muy bien en esto. No eres tan torpe como parecías, ¿eh?

-Bueno, de hecho esta es la primera vez que cocino esta receta. Llevaba un tiempo pensándola y hoy al fin tuve claro cómo la haría y me animé a intentarlo. – Me expliqué con leve modestia.

-Así que soy tu "conejillo de índias"… - Comentó con agudeza.

-No tanto así, siempre pruebo todo lo que cocino antes de ofrecerlo a nadie… - Me apresuré a corregirle para no quedar mal del todo.

-Bromeaba, tranquilo. – Me sonrió, comiendo más.

Mientras tanto sin que pudiéramos percatarnos, o realmente no diéramos la menor importancia…

-Te he echado mucho de menos todo este tiempo, Veemon.- Wormmon se acercaba de donde se había quedado sentado todo el tiempo a donde estaba Veemon comiendo lo que Daisuke había preparado también para ellos.

-Yo también Wormmon. Ya nada es lo mismo. Ahora todo es como gris, ¿sabes? Daisuke-kun lleva tanto tiempo sin sonreír de verdad…

-Ken-chan no ha estado muy diferente tampoco. Antes hablábamos más, pero desde que ocurrió aquello, cada vez hablábamos menos, y todo eran cosas mundanas, sin importancia. He intentado que se sincerara conmigo, que soltara toda su pena y su rabia conmigo, pero todo se lo guarda. Me recuerda a la época en que era Digimon Emperador, sólo que aquélla vez, aunque fuera rabia u odio, lo expresaba, lo sacaba a la luz. Ahora es como una cáscara vacía, no sé si me explico…

- Sí… Daisuke-kun ya no ha vuelto a ser el que era cuando nos conocimos. Tampoco él quiere hablar de ello. Le duele recordarlo todavía. Tanto que… hace un mes lo percibí. Cuando vio a Ken las viejas heridas se reabrieron, haciéndole más daño que nunca. Desde entonces… Todo fue a peor. Dejó a su esposa… Y su hijo no quiere verle. Pero Yichiru y yo se lo hemos dicho varias veces. Hasta que no solucione el error de su pasado, no podrá vivir en paz.

- Eso mismo creo de Ken-chan. Debe decirle todo lo que no pudo decirle en su momento. Aunque ya sea demasiado tarde…

-Nunca es demasiado tarde… aunque para los digimon a veces se nos hace muy difícil entender del todo los sentimientos de nuestros compañeros humanos. Lo vuelven todo tan complicado…- Suspiró el digimon azul.

-Además, siento que no podré proteger bien a Ken-chan siempre… Y eso me preocupa…

-A mí igual, hoy de no ser por vosotros, quizás habríamos muerto y lo que es peor, no podría haberle protegido… Te necesitaba a ti y a Ken, sin vosotros, no podemos ADNdigievolucionar… Y he intentado hacérselo entender a Daisuke-kun, pero pareciera como si quisiera bastarse solo, no recurrir a vosotros. Imagino que la separación tan dolorosa le impide pediros ayuda. Se siente el mayor culpable de todo. Y cualquier recuerdo lo turba…

-Así le pasa a Ken-chan… ¡Y no pueden seguir así! ¡Deben aclarar las cosas!

- Wormmon, para bien o para mal, aunque espero que para bien deben entenderse… Aunque no creo que todo vuelva a ser como antes… Porque Ken tiene ya su vida, como Daisuke-chan le pidió… No le pediría jamás que abandonara a su familia por él.

-Mmmm… Lo creas o no, Ken-chan no es totalmente feliz con esa vida que Daisuke quiso para él. No se le ve como antaño. Miyako le cuida, pero Ken-chan siempre está absorto, como si no formara parte de esa familia, siempre ausente.

-Sea como sea, debemos conseguir que vuelvan a llevarse bien y que se perdonen. Sólo así podremos afrontar a esta nueva amenaza y protegerlos como es debido, a ellos y sus familias. Supongo que habrás sentido esa presencia extraña que alteraba la armonía de ambos mundos. Y sé que esto sólo es el principio, mi instinto digimon me lo dice.

-Sí, yo también la sentí. Por eso insistí a Ken-chan que investigara sobre el asunto. Están comenzando a aparecer digimon amenazantes en este mundo destruyéndolo todo, sin al parecer tener un objetivo común.

-Cuando nos atacó Skullmeramon nos llamó. Llamó a los Niños Elegidos, para presentar batalla. Eso no sucedía desde que derrotamos a Malomyostismon. ¿Crees que pueda haber resurgido?

-No lo sé aún, puede que sí, al fin y al cabo nosotros renacemos… -Wormmon se quedó pensativo, al fin y al cabo él renació tras su sacrificio para salvar a Ken. – Pero sea quien sea o que sea la amenaza, debemos prepararnos, esta vez presiento que no será como las anteriores.

-Sí… -Veemon se asomó a la terraza, donde Daisuke y Ken sonreían, comiendo, viéndoles con nostalgia, como en los viejos tiempos. – Haré todo lo posible porque esto deje de ser una utopía. No merecen seguir pasando por tanto sufrimiento. ¡Merecen ser felices! ¡Y así nosotros podremos protegerles y todo será como antes!

-¡Sí!- Wormmon abrazó feliz a Veemon como en los viejos tiempos, riendo felices los dos. - ¡Me esforzaré para que Ken-chan me cuente sus temores y tristezas, y me esforzaré para que pueda volver a recuperar sino el amor, la amistad con Daisuke-kun!

-¡Así se habla, Wormmon! ¡Yo haré lo mismo con Daisuke-kun! ¡Conseguiré que se sincere con Ken y le pida perdón! - Respondió Veemon animoso, mientras se iban contentos a dormir, dejando a sus compañeros humanos cenar, ajenos a lo que habían estado hablando.

La luna aún brillaba alta en el cielo, y una estrella fugaz surcó el firmamento en ese preciso instante, ese precioso momento en que habría dado todo porque el tiempo se detuviera. Tenía a Ken frente a mí, conmigo, sonriendo mientras comía, con esos relucientes ojos que mis recuerdos cincelaban a la perfección… ¿Qué más podía pedir? Terminamos de comer, y le ofrecí dulces japoneses que había preparado la tarde anterior, mientras hablábamos de cosas mundanas. Aunque nuestros temas eran tan superficiales... Cualquier cosa que pudiéramos tener en común dolía… Nos hacía volver a nuestro pasado unidos, que tan desgarrados había dejado nuestros corazones. Así que sin nada más que decir o hacer, bajé la guardia, olvidando poner freno a mi botella de sake. Hasta que sucedió lo inevitable, acabé más contento que un crío el día de Navidad. No sé si Ken había llegado a mi nivel, pero se le notaba un poco menos tenso que antes, y reía con un poco más de facilidad y sencillez. Yo de verle reír me reía, sin motivo aparente, sólo viéndole. Esa sonrisa, esa tímida risa que recordaba tan bien en mi cabeza, cada día, cada noche. No me preguntéis por qué, todos sabemos la respuesta: Alcohol y educación y saber estar no van para nada unidos, y menos la reflexión. Y por poco acabo cometiendo la mayor locura de la noche. Me acerqué mucho a él, que seguía riendo sin saber por qué, seguramente por producto del alcohol que da alas a la desinhibición, como si hubiéramos olvidado todas nuestras rencillas, todos nuestros malos momentos, y el tiempo no hubiera pasado, como un par de críos a los que la vida sonríe. Acaricié su rostro, enternecido, susurrándole muy, muy cerca de sus labios, cada vez más íntimo, mientras la atracción que sentía por él se apoderaba de mi cuerpo:

-Tu preciosa sonrisa… Luce igual de preciosa que aquella noche, cuando te vi sonreír por primera vez, en Navidad… ¿Recuerdas?...

Él asintió sonrojado, a saber si por el alcohol o por que realmente sentía lo que yo le había dicho, realmente me cuesta esfuerzo recordarlo ahora. En estos momentos he aprendido por qué dicen que el alcohol es mal amigo de los problemas: no los evita, los acrecienta.

A punto estuvimos de besarnos, ya sentía su respiración entrecortada sobre mis secos labios, ávidos por sentirle empapar sus labios con su sabor a los míos, cuando algo me hizo recordar lo que estaba haciendo. Me contuve suspirando, con un fuerte dolor de cabeza. Él pareció volver de nuevo a la realidad conmigo, frotándose los ojos que se le habían nublado por la borrachera. Creo que me disculpé, no lo recuerdo del todo, y me levanté tambaleante, ofreciéndole mi cama para dormir.

-No… dormiré en el sofá… No me importa… - Me dijo frotándose la sien. –Estaré bien aquí…

-No... Tú eres mi invitado… Yo dormiré aquí… - insistí, cada vez más mareado, tanto que volví a sentarme pesadamente sobre el sofá.

-Me nie… go… Yo… No… -Cerró sus ojos suavemente y así se quedó, medio sentado, medio apoyado en el respaldar. Yo traté de despertarlo pero era inútil. Tampoco podía cargarlo, el agotamiento de esa noche cargada de emociones había sido superior a mí. Y no recuerdo en qué momento me dormí, sólo sé que permanecí a su lado sentado toda la noche.

Al día siguiente, por increíble que parezca, ni los rayos del sol ni la cabeza de Ken apoyada en mi hombro no me lograron despertar con el efecto que tuvo la voz de mi hermanita.

-¡Dai-Dai! ¿Habéis pasado la noche en el sofá? ¿Habiendo camas? ¿Pero qué…? – Exclamó sosteniendo en su mano la botella de sake que habíamos dejado caída sobre el suelo completamente vacía. – Ah… esto lo explica todo…

Ken aún dormitaba, seguramente no estaba muy acostumbrado al alcohol y el cansancio aún hacía mella en él.

-Ui… A saber qué le has hecho que no puede ni abrir los ojos… - Yichiru sonreía con una sonrisa con segundas que me puso bastante nervioso.

-No le hice nada, a pesar de lo que creas… - Me ruboricé con la sola posibilidad de que sí hubiera pasado, haciendo poco creíble mi afirmación. Ken se removió un poco, apretándose más contra mí. Quizás me tomaría por su esposa o algo. No sabía cómo escabullirme de esa situación tan embarazosa, así que miré con un tono suplicante a Yichiru, pero ya se había marchado rápidamente a la cocina.

-Yichiru... Por favor…

-¡Estoy ocupada, os preparo el desayunooo!~

Suspiré cansado, tocándome la frente. Aún me duraba la resaca de la noche anterior, y para el colmo de los males, Ken no paraba de abrazarme en sueños, susurrando cosas inteligibles. ¿Y si despertaba así? ¿Y si se pensaba algo que no era? Puse las manos bien visibles, suplicando por que no se pusiera hecho una furia al despertar, y le llamé despacito.

-Ken… - Mi voz temblorosa se abría paso por la comisura de mis labios, susurrante, esperando que el otro reaccionara, pero estaba profundamente dormido. Seguí insistiendo, pero sin resultado. Hasta que oí algo más claro salir de su boca.

-No… no me dejes solo… no otra vez… - Aún dormitaba y parecía estar soñando algo desagradable. – No quiero estar solo…

-¡Ken…! –Lo zarandeé un poco más, esperando que esta vez sí despertara. Y resultó ser más efectivo. Entreabrió los ojos un poco confundido, como si no supiera dónde y con quién estaba. Se reincorporó un poco la cabeza y me pareció enfocar mientras yo seguía llamándole.

-Eh… ¿Estás bien, Ken?

-Ah… ¿qué? ¿Daisuke…?

-Sí, estas conmigo en casa de mi hermana, ¿lo recuerdas…? Ayer mi restaurante se incendió y tú y Stingmon me salvasteis de morir quemado…

-Ah… Sí pero… -Se agarró la cabeza. – La cabeza me duele horrores…

-Eso es porque pillasteis una tajada como un piano… - Apareció Yichiru con una bonita bandeja con un buen desayuno con café con leche, té, chocolate, pastas, tostadas e incluso huevos con beicon.- No sabía qué os apetecería, así que hice un poco de todo. Y menuda juerga os montasteis anoche los dos solitos. ¿Pues no me levanto y os encuentro los dos dormidos en el sofá? Hombres…-Suspiró con aire dramático. – Ah, me olvidé la mermelada, ¡ahora vuelvo! – Se volvió a ir, sonriente, dejándome a mí con el marrón. Ken no se atrevía a mirarme. Supongo que estaría avergonzado por si habría pasado algo de lo que tuviera que arrepentirse. Yo me percaté, así que para tranquilizarle le conté lo que yo recordaba.

-Tranquilo, si te preocupa que hubiéramos podido hacer alguna tontería… Te aseguro que no pasó nada.

-Pero no es propio de mí emborracharme así y quedarme dormido toda la noche tirado en un sofá… -Se desanudó un poco la corbata, parecía ahogarle tras toda la noche dormitando con ella puesta.

-Bueno, quizás hacía tiempo que no lo hacías, y nos reímos bastante… Sé que no es excusa, pero al menos lo pasamos bien, creo… -Noté que eso no le convencía en absoluto así que traté de desviar su atención. – ¿Un poco de café? ¿Té?

-No tengo hambre, gracias… Sólo quiero deshacerme de esta maldita resaca…

-¡Os he traído pastillas para el dolor de cabeza, chicos! – Gritó triunfal Yichiru, a lo que ambos nos tapamos los oídos con gran dolor.

-¡Por favor, no grites Yichiru, la cabeza se me descolgará a este paso!- Me la sujeté con firmeza, por miedo a perderla.

- Vaya par... ¿y vosotros queríais salir a investigar hoy los sucesos relacionados con los digimon? Lo más rápido que llegaréis será al baño a este paso…

-Dame al menos una hora que se me pase, por favor… - Contesté tomándome rápidamente la pastilla mientras Ken me imitaba, y sorbiendo un poco de café para espabilarme un poco.

Tras esa hora de margen, Ken y yo nos hubimos cambiado de ropa, la anterior apestaba a alcohol, nos hubimos duchado y desayunado, nos dispusimos a salir a averiguar algo acerca de los acontecimientos de la noche anterior. Pero aparte de llamar al seguro para que me cubriera las reparaciones y decirme que los ataques digimon no estaban contemplados en la cláusula del contrato, y por consiguiente maldecirlo y cambiarme de compañía, nos quedamos sin más pistas por seguir. De Skullmeramon no quedaba ni rastro, Stingmon se había encargado de ello para proteger a su compañero digimon.

-A ver, sólo sabemos que han aparecido algunos digimon por New York campando a sus anchas... –Recapitulé pensativo.

-Exacto. Y no tenemos ni idea de por qué ni qué tienen contra nosotros. – Añadió Yichiru.

-Por lo que me habéis contado, sólo vino por vosotros, es decir, sólo quería atacaros a vosotros, ¿verdad? – Corroboró Ken, haciendo un recuento de todos los datos que poseíamos.

-Sí, no pareció mostrar interés por nadie más que por nosotros… - Recordó Yichiru.

- Pero con esto no sacamos mucho en claro. – Recapacité. – Creo que sin más información estamos igual que al principio. Si alguien más supiera algo…

-¡Eres un genio Dai-chan! ¿Cómo no he caído antes? – Tomando su móvil y llamando a quién sabe.

Ken y yo la miramos perplejos, sin saber qué añadir. Al instante hablaba con un acento inglés casi perfecto, difícilmente distinguible su acento japonés.

-Hi, hi, there! Oh! Good Morning, Michael! How are you? Me? Fine, thanks! And Mimi? She's there? Please, can I speak with her? Ok! Thanks a lot! Bye bye! Yes? Hello Mimi, listen to me: Can You and Michael go to Central Park at twelve O'Clock? Please, it's important! Ooook thanks dear! Here with me are a lil' present! Yes, He's a great friend! But you would go here for met him! Well, We waiting you you! See you later! Kisses!

(Traducción: ¡Hola, hola por ahí! ¡Oh! ¡Buenos días, Michael! ¿Cómo estás? ¿Yo? ¡Bien, Gracias! ¿Y Mimi? ¿Está ella allí? Por favor, ¿puedo hablar con ella? ¡Vale! ¡Muchas gracias! ¡Adiós! ¿Sí? Hola Mimi, escúchame: ¿Podrías tú y Michael ir a Central Park a las doce en punto? ¡Por favor, es importante! ¡Valeee, gracias guapa! ¡Estoy aquí con un pequeño regalito! ¡Sí, es un gran amigo! ¡Pero tú deberás venir aquí para verle! ¡Bien, os estamos esperando! ¡Nos vemos luego! ¡Besos!)

-¿Acabas de llamar a Mimi? – Le miré perplejo.

-¿Acaso no lo has oído? – Respondió colgando el teléfono y dándomelo. – ¡Anda llama a Wallace, seguro que se alegrará de verte!

-¿Eh? ¿A Wallace? ¿Para qué?

-¡Pues es obvio, bobo, es otro niño elegido! ¡Quizás sabe algo al respecto!

-¿Wallace? –Preguntó Ken con curiosidad.

-Ah es cierto, tú no le llegaste a conocer, por aquél entonces estabas en casa de tus padres…

-Me lo figuraba… -Sonrió de medio lado como suponiendo cosas.

-Fue mi primer viaje a EEUU… Y salvamos el mundo con los chicos… Y desde entonces es un buen amigo que tenemos aquí. Es un viejo amigo de Koishiro también. – No sabía qué más añadir sin resultar violento, así que me callé y marqué el número.

-¡Ah! ¡Wallace! ¡Good Morning! Ah, Fine, Fine, you too? Great! Well, listen: Can you go today? Yes… Cool! Ok, we will go to Central Park. Yeah, near from central station terminal here's an underground. Well… 30 or 45 minutes from here… At twelve O'Clock! Yeah, all right! See you!

(Tradución: ¡Ah! ¡Wallace! ¡Buenos días! Ah, bien, bien, ¿tú también? ¡Genial! Bien, escucha: ¿Puedes venir hoy? Sí… ¡Fantástico! Bien, iremos a Central Park. Sí, cerca de la Central Station Terminal hay una boca de metro. Sí… 30 o 45 minutos de aquí… ¡A las doce en punto! ¡Sí, estupendo! ¡Nos vemos! )

-Dice que perfecto, ahí estará, y traerá consigo a Terriermon y Lopmon.

-¿Tiene dos digimon? – Se asombró Ken.

-Sí, pero no le tengas envidia, porque nosotros también tenemos dos en uno, al menos cuando hacíamos la DNA… -Me callé de golpe porque sabía que había metido la pata. – Bueno… ¿Vamos yendo a Central Park?

Yichiru hizo un disimulado facepalm, siguiéndome algo disgustada, mirando a Ken de soslayo, que simplemente carecía de expresión. Yo simplemente preferí no pararme demasiado a observar la escena, temiendo que la situación se desbordase. Así que sólo seguí caminando mirando al frente.

Faltaban dos minutos para las doce en punto cuando volví a mirar mi dispositivo. Wormmon, Veemon y Darkentailmon se refugiaban del calor bajo un frondoso árbol; y es que esos primeros días de agosto eran especialmente sofocantes y húmedos en una ciudad como aquélla rodeada por el océano Atlántico.

Al lado este de Grand Army Plaza se acercó un hombre joven caminando bajo el sol, con ropas blancas con alguna franja rojiza, rubio de ojos azules claros. No había cambiado prácticamente nada, si obviamos su altura y su cuerpo más desarrollado desde la última vez que quedamos, hace ya algunos años. Le acompañaban dos digimon, uno blanquecino de franjas verdes y enormes orejas y otro de similar aspecto, solo que marrón de franjas rosas.

Por el lado oeste se acercaba una pareja de la mano, un hombre rubio de cabello ondulado vestido con una camisa fresca y una mujer bella y sonriente, de cabello castaño claro vestida con un vestido elegante y llamativo, que alzaba una mano saludando alegremente. Yo les correspondí, haciéndoles saber dónde estábamos.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, comenzaron las presentaciones.

-¡Ey, Daisuke-kun! – Me saludó con entusiasmo Wallace. -¡Hacía muchísimo tiempo que no te veía y no sabía nada de ti! ¿Qué fue de tu vida? – Con soltura me agarró del hombro, como si fuera de lo más normal del mundo.

-Ah... etto… bien, bien… Con muchos cambios, ya sabes. –Sonreía con educación, aunque me resultaba violento estar así estando como estaban las cosas con Ken. Y por si fuera poco, aún no se habían presentado. Traté de conducir la situación como medianamente pude.

- Mira Wallace: este de aquí es Ken Ichijouji, mi…

-¡Mi compañero de trabajo! – Se apresuró a intervenir Yichiru, justo a tiempo como siempre.

Ken no añadió nada más y no sabría decir si eso me alivió o me preocupó más aún.

-Es un placer, Wallace. – Le sonrió con educación, sin saber si inclinarse o darle un apretón de manos, pero Wallace se apresuró a tomarle la mano.

-Ah, creo que ya sé quien eres… Daisuke me ha hablado de ti muchas veces… - Mi mirada se cruzó con la suya furtivamente, como para que se callara, era mejor no enredar más las cosas. – ¡Pero bueno, me alegra mucho verte a ti también!

-¿No os olvidáis de alguien, chicos? – Se acercó Mimi muy alegre. – ¡Hola a todos! – Nos saludó entre abrazos afectuosos. – ¡No sabéis las ganas que tenía de veros! Ah Daisuke, lo siento mucho por tu restaurante…

-¿Cómo sabes…? – La mire con ojos muy abiertos.

-En el mundo de la hostelería estamos al tanto de estas cosas, sobretodo si el perjudicado es un amigo mío. – Mimi trabajaba para un canal de televisión donde compartía recetas con sus televidentes, alguna vez me había ofrecido trabajar con ella en algún programa especial de invitados.

-Ya veo… Igualmente es alucinante la rapidez con la que vuelan las noticias en este sitio…

-No te preocupes, todo se arreglará -Siempre tan inocente y sincera, pero igual reconfortaba que alguien creyera en eso.

Sus digimon (de ella y Michael, Palmon y Betamon) se reunieron con los de Wallace y el resto, saludándose eufóricamente, mientras los Elegidos hablábamos sobre lo sucedido.

-Y eso fue lo que pasó, tuve suerte de salir con vida… Suerte de Ken que apareció. – Terminé de explicar.

-La verdad es que sí han estado pasando cosas raras… - Wallace se quedó pensativo. – Mis digimon de repente se pusieron más nerviosos que de costumbre, y vimos aparecer otros digimon de alto nivel por el mundo real destruyéndolo todo a su paso, según ellos buscando a los "Niños Elegidos"…

-Nosotros también vimos algo similar. – Intervino Michael. – Nos costó muchísimo mantenerlos a ralla y enviarlos de vuelta.

-Pero ahora no es tan sencillo como antes.- Corroboró Ken. – Antes los digimon tenían el acceso restringido a nuestro mundo, y sólo lo conseguían en determinadas circunstancias, pero desde que ahora el mundo digital y el mundo real viven en sintonía, les es muy sencillo aprovechar cualquier canal para acceder y eso los convierte en una amenaza peligrosa, no podemos saber ni dónde ni cuándo van a aparecer.

-¡Eh, tu amigo poli ha hecho los deberes! – Wallace le vitoreó dándome leves codazos en el costado. -¡Aunque yo he descubierto algo más! Por lo que sé, parece que están organizándose para encontrar a los primeros niños elegidos o los que tuvimos una relación muy directa, entre ellos estamos nosotros. Y de entre ellos, parecen buscar algo muy intensamente, pero me queda por averiguar si se trata de una fuente de energía que les resulte vital o algo similar. No creo que se muevan únicamente por venganza, sobretodo tras los tiempos de calma que hemos vivido.

Yo trataba de seguir la conversación todo lo que podía, pero realmente me costaba. Imaginaros una conversación entre dos cerebritos superdotados, en pleno agosto en un parque de Manhattan… Resultado: Mi cabeza echa puré.

-Creo que deberíamos avisar al resto de los niños elegidos- Sugirió Mimi.- Si ha pasado algo en Japón, deben haber sido los primeros en saberlo.

-Esta mañana me puse en contacto con Koushiro. – Añadió Wallace.- O mejor dicho, le envié un mail del que aún espero respuesta. Suele quedarse sin batería a menudo. – Sonrió despreocupadamente con su sonrisa radiante que tanto le gustaba a Miyako en aquellos años.

-Igualmente no estaría mal usar la intuición de nuestros digimon. –Argumenté- Ellos son capaces de captar cosas antes que nosotros, y de avisarnos con tiempo suficiente para prevenirnos. Debemos estar alerta. Y sobretodo, estar en contacto los unos con los otros. No sabemos qué más puede ocurrir.

-Por nosotros no os preocupéis.- Dijo Mimi.- En un plis plas nos acercamos en coche a donde hagamos falta, y a las malas nuestros digimon pueden ayudarnos. – Sonrió a Michael apretando las manos que mantenían enlazadas.

-Yo también puedo acercarme rápidamente, además puedo recibir y leer cualquier mensaje que me enviéis, no suelo separarme de mi portátil.- Sentenció Wallace.

-Entonces cualquier cosa que averigüéis o cualquier problema que surja, comunicadlo inmediatamente. – Se apresuró a añadir Yichiru. – Como jefa del departamento de policía de New York puedo tener acceso a información clasificada que nos pueda ser de ayuda.

Todos nos pusimos de acuerdo y aprovechando la ocasión, fuimos todos juntos a comer, para ponernos al día y para organizarnos y preparar un plan de emergencia por si la situación lo requiriese.

Pero no podíamos en aquél entonces siquiera imaginar la envergadura de lo que estaba ocurriendo mientras nosotros comíamos y planeábamos estrategias sin saber a ciencia cierta a lo que realmente nos enfrentábamos…

Mientras tanto, en el Mundo Digital…

-¡Arukenimon! ¡He encontrado una nueva terma que seguro te encantará! – Un digimon en forma humana con un largo abrigo azul marino de numerosos botones dorados y rostro cubierto bajo un gran gorro, se acercó corriendo a una mujer vestida de rojo, gafas de sol y un extraño sombrero de donde sobresalía una prominente melena plateada brillante.

-¡Por una vez encontraste algo útil, estoy harta de caminar!- Se quejaba la hermosa mujer.

-¡Es normal, llevamos días caminando por el mundo digital sin descanso, yo me muero de hambre…! – Se lamentaba el otro.

-¡Mummymon, eres un quejita! ¿Cómo supones que vamos a averiguar algo si no paras de quejarte y de perder el tiempo? – Sus tripas también sonaron, y suspirando continuó. – Aunque supongo que de vez en cuando tendremos que comer y descansar… - Se frotaba la sien, como calculando algo.

- ¡Pues por eso, por eso! – Le respondió lisonjeramente Mummymon. - ¡Ves a darte un baño y trataré de buscar algo rico para comer! ¡Y ya verás que bien!

-¡Aghs! ¡Está bien…! ¡Pero ni se te ocurra perderte o meterte en líos! – La hermosa mujer se fue en dirección a la terma natural, cavilante. – Si tú, Oikawa, estuvieras aquí, todo sería mucho más sencillo… Si pudieras escuchar mis palabras y pudieras darme tan sólo una pista…

Mientras tanto, Mummymon se adentraba por el bosque profundo sin sospechar que algo o alguien los estaba vigilando… muy de cerca.

Continuará…

-Fin del capítulo 2-

-Free Talk-

Al fin pude continuar esta parte! Realmente se me hace difícil porque hay muchos cabos sueltos, pero los iré enlazando. Poco a poco se empieza a desarrollar la historia y a responder a algunos interrogantes y a formularse otros... ¿Qué sucederá en el siguiente episodio? ¡Estad atentos, esto es sólo el principio!

Antes que nada, dar las gracias a todos aquellos que me leen, en especial mis amigs y a Roxas-the-13-nobody ^^ Que sin su apoyo, estas historias no serían posibles. Y Gracias también a las personas que me dejan reviews, ¡realmente es muy alentador y gratificante! ^-^

No sé qué más añadir, es retarde (5am), si pienso algo nuevo, lo añadiré, por el momento, gracias a todos por leerme y espero de corazón que disfrutéis de esta historia tanto como yo al crearla^^

¡Saludos a todos! ¡Nos vemos en el capítulo 3!

Axel