Disclaimer: Nurarihyon no Mago no me pertenece.
En el capitulo anterior…
— ¿Y qué pensaría de parte de un subordinado? —preguntó interrumpiendo.
— ¿Eh? —fue lo único que dijo, no había entendido bien lo que Tsurara le preguntó, por lo que decidió volver a preguntar— ¿Qué diji-? — pero no pudieron salir más palabras, dado que su boca había sido aprisionada por la de la fémina. Los ojos de Rikuo se abrieron de par en par, esa acción no se la esperaba…
Contigo nada es una pequeñez
Capítulo dos: Contigo las pequeñeces no existen.
Los ojos de Rikuo se abrieron de par en par, esa acción no se la esperaba, y mucho menos se esperó que sus labios seguirían así de rápido el baile que los de Tsurara habían comenzado, uno tranquilo y miedoso.
Pero esa confusión duró poco, pronto el cuerpo de Rikuo se relajó por completo y ambos quedaran en el suelo, dejando a Tsurara sobre él. Fue en ese instante en el que sus labios demandaron un poco más de intensidad.
El baile que sus labios habían decidido seguir era extremadamente demandante, lo que hizo que Tsurara rodeara, a como pudiera, el cuello de su Amo para sentirlo más cerca, mientras que él la tomó fuertemente de la nuca y de la cintura. Ambos comenzaron a probar sin vergüenza alguna la boca del otro; e incluso, por el deseo de hacerlo más intenso, llegaban a mordisquearse los labios inferiores de tanto en tanto.
Sin poder mantener quita su mano, Rikuo comenzó a acariciar la espalda de la chica, lo que causó que sus dedos se enredaran con los finos cabellos de Tsurara. Esas caricias hicieron que la joven de las nieves no pudiera retener durante más tiempo los suaves suspiros que le provocaron la juguetona mano de su Amo y sus besos.
De pronto Rikuo, tomando fuerza de sabrá Dios dónde, se enderezó de forma rápida para quedar sentado nuevamente. Esto produjo que Tsurara quedara sentada sobre él con sus piernas, casi descubiertas, semi-rodeándolo. La Yuki Onna se sorprendió y rápidamente se alejó del rostro de su Amo completamente avergonzada.
— Ri-Rikuo-sama, espé-… — pero la oportunidad de hablar le fue robada debido a que su Amo capturó sus belfos.
— Guarda silencio… —dijo interrumpiéndola antes de volver a capturar sus labios con fuerza.
Queriendo profundizar el beso, Rikuo mordió levemente el labio inferior de su guardiana e hizo que esta la abriera lo suficiente como para permitir que introdujera su lengua en su boca para que jugara un poco con quien era de su misma especie. Los gemidos no tardaron en llegar, la sensación de tener la lengua de su Amo en su boca jugando con la suya era algo que no podía describir.
Pensaba que no iba a poder sentir algo más fuerte que aquello, pero cuando sintió que la mano que Rikuo mantenía en la espalda de ella llegaba a sus desnudos muslos supo que se equivocó. Volvió a gemir involuntariamente, pero esta vez lo hizo un poco más fuerte, debido a que la mano de su Amo comenzaba a aproximarse a una de sus partes más íntimas. Más se relajó un poco cuando sintió que esa traviesa mano se posicionó en su espalda de nuevo.
La falta de aire comenzaba a ser necesaria, por lo que con lentitud separaron sus labios, dejándolos jadeando con fuerza al intentar recuperar el aire. Ambos estaban completamente rojos, no había forma de negarlo pues sus mejillas los delataban aunque no quisieran.
Tsurara miró con nerviosísimo a Rikuo mientras intentaba recuperar el aliento perdido.
— Rikuo-sama… —dijo en susurro mientras recuperaba el aliento.
— Tsurara… —Rikuo tampoco dijo mucho en ese instante, les estaba siendo difícil recuperar el aliento.
A la Yuki Onna no se le hizo muy difícil entender el por qué, esa posición en la que estaban era… un poco, comprometedora, y eso excitaba de cierta forma sus cuerpos.
Pero intentando olvidar eso momentáneamente, tomó lo más que puro de aire y miró con nostalgia a su maestro.
— ¿Y qué… opina de este? —preguntó en susurro— ¿También lo considera una pequeñez? Después de todo, soy su subordinada… —finalizó con miedo.
Rikuo no respondió inmediatamente, y no porque no quisiera, sino porque se había quedado admirando lo hermosa que se veía su querida Yuki Onna con esas expresiones de nerviosismo y de miedo, le parecía tan adorable. Bajó la mirada y cerró sus ojos para así poder disfrutar mucho mejor el fresco aroma de su guardiana, compañera, amiga y… quizá algo más.
El nervio de la mujer de las nieves se incrementó, su Rikuo-sama estaba tardando en responder. Se espantó. ¿Qué tal si su Amo estaba buscando la forma de decirle que ni si quiera era una pequeñez, sino que era… algo insignificante?
¿Qué tal si para él ese beso significaba menos que nada?
Ay no… ¡que error tan grave había cometido! Tenía que irse de allí en ese preciso momento, ¡no sería capaz de ver a su amado Amo después de este grave error!
— L-Lo siento Rikuo-sama, s-siento haberlo incomodado —dijo tartamudeando un poco mientras intentaba levantarse. Más antes de que siquiera pudiera levantarse por completo, Rikuo la hizo irse hacia atrás, quedando ahora ella en el suelo y él sobre ella— ¿Rikuo-sama?
— Se nota que no eres de las que tiene mucha paciencia, Tsurara —le dijo Rikuo mientras delineaba el contorno de su cara tiernamente. Dicha caricia sonrojó más a la mujer de las nieves—, aunque esa es una de las cualidades que más me gustan de ti…
La joven lo vio interrogante. Rikuo tomó con suavidad una de las manos de la joven y con cuidado posó sus labios sobre los de la aun sorprendida mujer de las nieves. Fue un beso rápido pero cálido. Se separó unos cuantos centímetros de su rostro y sonrió tiernamente.
— Rikuo-sama… —susurró—, esto…
— ¿No lo entiendes ni siquiera así, Tsurara? —volvió a preguntar— Je, mi querida Yuki Onna, tan inocente… —le dijo mientras volvía a robarle un beso, el cual esta vez la joven de las nieves si correspondió, no podía resistirse a esos besos suyos — ¿Cómo le hago para que entiendas… —empezó a preguntar entre besos— que eres… la única que me interesa? —volvió a preguntar antes de volver a robar esos pálidos labios que ahora, por tanto uso, se encontraban rojos.
¿Cómo era posible que esta mujer fuera tan tentativa? Aquella dulce sonrisa que le siguió desde niño, esos ojos brillantes que lo seguían a cada momento; todo ella era una fascinación de la que nunca se cansaría. "A usted le gusta Ienaga-san", le dijo. Sí, tenía un ligero gusto por su amiga, pero jamás la vio como una pareja o siquiera como mujer. Nunca sería capaz de verla a ella como lo hacía con su joven guardián.
— Rikuo-sama… —susurró quedamente después de que el Tercero dejara sus labios para dirigirse hacia su cuello. Debido a las atenciones que su Amo le estaba dando a su cuello no pudo evitar dejar escapar un leve suspiro—. Po-Por favor deténgase —dijo lo más firme que pudo, su voz estaba que quería traicionarla debido a lo que los labios de su Amo hacían en su cuello—. No-Nosotros… yo soy… su subordinada, no podemos…
Rikuo detuvo su tarea en el cuello de la fémina y alzó su mirada hacia ella. Cuando fijó su mirada en ella no pudo más que sonreír nuevamente. La expresión que su querida Yuki Onna tenía pegada en el rostro no mostraba más que mortificación, dolor y vergüenza.
Observó con detenimiento aquella mirada llena de pudor y respeto, esos espejos brillantes que clamaban porque la liberase. ¿Cómo podía pedírselo justo en ese momento? ¿Cómo quería que se detuviera si acababa de descubrir el dulce sabor de aquellos labios? Simplemente no podía…
Volvió a tomarlos.
No quería lastimarla, sólo quería que sonriera para él… sólo por él. Era satisfactorio para él que ella sintiera celos; demostraba que Tsurara tenía sentimientos fuertes por él. Antes Rikuo no deseaba que ella se enterara, pero ahora deseaba con todas sus fuerzas que ella lo supiera y que demostrara sus celos a menudo. Y si eso permitía calmarla con besos y caricias, entonces con mayor razón.
Continuaron besándose unos cuantos segundos más hasta que la falta de aire volvió a hacerse presente. Alejaron sus labios de los del otro y se miraron, café y azul se conectaron. Tsurara estuvo a punto de decir algo pero Rikuo se le adelantó.
— Deseo tus besos, Tsurara… —declaró, lo cual sonrojó fuertemente a la Yuki Onna.
— Ri-Rikuo-sama…
— ¿Me entiendes ahora, mi pequeña Yuki Onna? —preguntó mientras volvía a delinear el contorno de su rostro— Cuando nuestros labios se unen todo desaparece, se crea un mundo en el que sólo existimos tú y yo —continuó—. Tus besos lo son todo para mí. No sé cómo pude vivir tanto tiempo sin ellos, sin probar este sabor tan dulce y fresco que tienen… —explicó mientras pasaba un dedo sobre los labios de ella.
La Yuki Onna no podía estar más sorprendida y feliz, su querido Amo le estaba dando a entender que sus besos no eran pequeñeces, mucho menos insignificantes. Para él lo eran todo.
No pudo evitar sonreír y dejar libres unas cuantas lágrimas. El día de hoy, el cual pensó sería el peor de toda su existencia, se convirtió en el mejor de todos.
Rikuo se sorprendió al ver las lágrimas que caían de sus azulados ojos e intentó alejarlas del rostro de la mujer que amaba.
— Hey… ¿qué sucede? —preguntó con calidez. Continuó limpiando las lágrimas, pero estas simplemente no se dejaban vencer— Tsura-…
Y de nuevo sus labios fueron apresados por los de la mujer de las nieves. No tardó en corresponderle. Tsurara pasó sus brazos por el cuello de su Amo con la única intensión de acercarlo más a ella, él hiso lo mismo con su cintura.
Lo besó con intensidad, con hambre, con deseo. Ahora que sabía la verdad… no desperdiciaría la oportunidad de demostrarle que lo amaba con locura, que no podía ni quería vivir sin él. El Tercero únicamente le correspondió de la misma manera.
Después de unos segundos se separaron.
— Lo amo, Rikuo-sama… —confesó—. Lo amo con todo mí ser. No podría vivir un día sin estar a su lado…
Rikuo sonrió.
— Yo también, mi pequeña Yuki Onna —comenzó—. Y es preciso que sepas que mi corazón te pertenece desde hace mucho —expresó sonriente.
— Rikuo-sama… —la voz de Tsurara estaba traicionándola al igual que sus ojos, pues de estos comenzaban a salir lágrimas nuevamente. Rikuo se puso de pie e invitó a su guardiana a que lo hiciera también al ofrecerle su mano. La Yuki Onna la tomó gustosa.
Estando ya ambos de pie, el tercer heredero del Clan Nura volvió a limpiar las lágrimas de su más preciada compañera y la abrazó con fuerza. Tsurara no se opuso a esa repentina acción, tan sólo pasó sus brazos por debajo de los de su Amo y lo abrazó de igual manera.
No hubo necesidad de decir más cosas en ese momento, sus acciones lo decían todo… ellos tan sólo querían estar al lado del otro, no importaba cuanto tiempo, tan sólo estarlo.
— Y recuerda Tsurara… —comenzó a decirle el Nura sin separarse de ella, tan sólo lo abrazó un poco más fuerte—, contigo las pequeñeces NO existen.
FIN
Suki: Hola, hola. Aquí les dejo el segundo capítulo. Espero que les haya gustado. Sé que Rikuo está medio OoC, PERO está más grande, recuerden eso, así que… déjenme experimentar. Cualquier cosita que quieran comentar díganmelo en un review, ¿sí? Recuerden, son grátis~. En fin, gracias a Lonely Athena por ayudarme con unas cositas –sonrisota.
Dedicatorio especial de nuevo a: Lonely Athena, Tsurara12012, Yuuko Ichihara y Corazón de Piedra Verde.
