Decisión

Una brisa ligera y el calor del sol recorrían su piel, y una respiración que no era la de ella la hacían sentir de una forma especial, aunque no entendía muy bien donde estaba. Poco a poco sus sentidos fueron despertando, y al instante en que abrió los ojos se encontró con la mirada del hombre que acababa de ver en sueños, abrazándola suavemente.

Le tomó algunos segundos recordar que se encontraba en un tren camino a Rizembool y que hace, quien sabe cuánto tiempo, se había quedado dormida en los brazos de Roy.

-Son las seis – susurró suavemente – Dormiste algo más de dos horas.

-¿Durmió también?… – Roy negó con la cabeza – ¿Me aguantó dos horas encima suyo?

-No podía dormir, y es tu culpa… Me fue imposible apartar mi vista de ti ni por un segundo.

Él siempre había sido así. De su boca siempre salían palabras que la hacían estremecer. No solo las veces en las que hablaba con galantería o cuando optaba por una postura seductora, también las veces en que hablaba de sus temores, de sus ambiciones y de sus sueños; cada frase, cada palabra tenían un efecto devastador en ella, tanto en el sentido bueno como en el malo, tanto como si hablara de ella o no.

Era una persona genuina y tenía el talento de decir las cosas de forma decorosa sin hacerles perder su veracidad. Aquí era donde recaía uno de sus mayores encantos, y la razón principal que la hizo caer en sus redes durante su adolescencia.

Una vez más despertaba en ella el deseo de sentirlo apoderándose de su ser, de sentir sus labios sobre los suyos y de ser consumidos una vez más por el fuego que los vinculaba.

Como su hubiese adivinado sobre sus pensamientos, Roy se acercó a ella, y sosteniendo sus manos con delicadeza, la besó sin más. Por un segundo Riza dejó su expresión seria cambiándola por una de sorpresa y satisfacción. Así como vino el beso, se fue. Roy solo posó sus labios contra los de ella por un momento tan minúsculo que no le dio tiempo de responder. No obstante, luego de mirarla al rostro nuevamente, la besó con la intensidad que ambos deseaban.

El verla dormir era algo había visto varias veces en la época en la que vivía y estudiaba en las casa de los Hawkeye, pero que luego de entrar a la milicia casi no lo había vuelto a ver, y en ésta ocasión, así como en las últimas, recordó la noche que pasó con una adolescente Riza Hawkeye antes de partir a rendir el examen de alquimista estatal. La noche en que, luego de días de estudiar su espalda, tomó su virginidad.

En esa época ninguno de los dos tenía claro lo que significaba el amor, o lo que era ser amado, y casi como si fuese un experimento, se dejaron llevar por los confusos sentimientos que los abatían.

Por mucho tiempo Roy creyó que había tomado ventaja de la situación por la que Riza estaba pasando, y creía haberle causado más daño. Aunque sabía que las cosas no habían sido así, tampoco sabía cómo si habían sido, de modo que eligió culparse. Riza le explicó años más tarde que todo lo que ella había hecho luego de la muerte de su padre había sido por su propia voluntad.

Luego de recordar todo esto, no pudo sino besarla hasta saciar las ganas de probar sus labios y darle todos los besos, que sentía, se debían de los últimos más de diez años.

La rodeó con sus brazos y la besó con parsimonia, disfrutando cada segundo de aquel momento. Con una de sus manos comenzó a recorrer por debajo de su camiseta su espalda, su cintura y abdomen, donde pudo sentir sus firmes músculos, cosa que la hizo sonreír. Satisfecho con sentir que la hacía feliz, empezó a repartir besos rápidos por su rostro y finalmente se apartó de ella.

La respiración de ambos estaba agitada y sus labios mostraban un leve color rojo y algo de hinchazón. Habían invertido buena cantidad de su tiempo en caricias, tanto así que no se dieron ni cuenta de que estaba oscureciendo, y ahora sus cuerpos les pedían comida.

Luego de comer, ambos tomaron una siesta hasta que alrededor de las 9 de la noche llegaron a Rizembool.

Viajar siempre era agotador y ahora que habían descendido del tren debían gastar sus energías en caminar hasta la casa de los Elric.

-Deberíamos desviarnos del camino e ir a algún hotel a pasar la noche solos.

-No podemos hacer eso señor – argumentó, intentado no parecer afectada por la insinuación que acababa de hacer su superior – Nos deben estar esperando.

-Pues, a ti te estarán esperando.

-No diga eso, Edward debe estar esperando verlo y no precisamente para molestarlo, y usted debería admitir que también desea verlo.

-Como sea – dijo un tanto fastidiado. Aunque era verdad lo que acababa de decir su teniente, nunca lo iba a admitir.

Ya estando a solo unos treinta metros de la casa, Den comenzó a ladrar advirtiendo a los habitantes de su hogar que la visita había llegado. Las luces de la entrada de la casa se encendieron y la puerta se abrió dejando salir a unos sonrientes Winry y Edward. Winry bajo las escaleras cuidadosa y enérgicamente, y los seis meses de embarazo que llevaba eran bastante notorios; tras ella venia Edward bajando lentamente y observando atento los movimientos de su esposa.

-Me hace tan feliz el verlos – dijo dando saltitos de felicidad al encontrarse con Roy y Riza – ¡Es tan bueno que hayan venido juntos!

-Gracias Winry, han sido muy amables al recibirnos aquí – replicó Riza con una sonrisa dibujada en su rostro.

-Me sorprende que tengas el descaro de aparecerte aquí y que además hayas hecho que la teniente llamara para avisarnos de tu visita – gritó a la distancia Edward con una gran sonrisa burlona – En realidad, lo último no me sorprende tanto, siempre dejas que la teniente haga el trabajo sucio por ti.

-Ed! No seas así con nuestra visita. Discúlpelo Mustang.

-No te preocupes Winry. Sé que esa es la forma que tiene acero para demostrarme su afecto.

-¡Qué afecto ni que nada! Coronel bastardo…

-General de Brigada.

-Da igual.

Al encontrarse ambos hombres chocaron sus puños en señal de saludo y se sonrieron con arrogancia.

-Hombres… ¿Quién los entiende?

En la casa sólo se encontraban Edward y Winry; Pinako estaba en un pueblo cercano visitando a unas viejas amigas y Alphonse volvería de la ciudad al día siguiente. Al ser tan pocos los que compartían en la conversación de esa noche, los temas de conversación acabaron rápido y alrededor de las once de la noche todos se fueron a sus habitaciones.

-Espero que no moleste a la teniente.

-¿A qué te refieres?

-¿Cómo que a qué me refiero? Debimos dejar que alguno de ellos ocupara la habitación de la tía en lugar de dejarlos en la misma habitación. No confió en ese hombre.

-Si sucede algo ahí, no creo que sea porque Mustang obligó a Riza.

-¿De qué estás hablando?

-¿No viste cómo se miraban en la cena? Yo creo que pasó algo cuando venían de camino en el tren.

Edward observó asombrado por unos segundos a Winry, y luego salió de la habitación esperando a que los demás aún no se hubiesen acostado. La puerta del baño se abrió y para su suerte, de ahí salió Roy. Lo miró con el ceño fruncido.

-Hey!

-¿Qué sucede acero?

-Más te vale no te quieras pasar de listo con la Teniente

-¿Y a qué viene eso?

-Te conozco. Eres un mujeriego – medio gritó, apuntándolo con el dedo –Por alguna razón ella daría hasta su propia por ti, y aunque no sé qué hayas hecho para merecer tal devoción, te pido que no le hagas daño.

-No le haré daño – dijo dificultosamente – Eso nunca más volverá a ocurrir.

-¡Entonces haz las cosas bien!

-¿Ah?

-¡Ya dije!

Se marchó dando pesados pasos, dejando a un confundido Roy tras de sí. Llegó a su habitación y Winry lo miró sonriente.

-¿Tanto te preocupa?

-Ella merece un buen hombre... Pero si lo quiere a él, él debería esforzarse para merecerla.

-Creo que él sí es buen hombre.

-Lo sé... sólo es un tanto idiota.

-Tú también eres un idiota, y me tienes a mí.

-Mira quién habla - antes de que Winry pudiera protestar Edward la besó sin dejar su expresión fastidiada, luego tomó una de sus manos y fueron a dormir.

Roy rió. Le había causado gracia la manera en que Edward le había hecho ver la realidad. Ahora tenía que… ¿Qué debía hacer? ¿Qué era hacer las cosas bien? ¿No había actuado de la forma correcta durante los últimos años acaso?

Sí, había hecho bien. Había sido "responsable" en su trabajo y había seguido las reglas, pero era hora ya de desobedecer. Mientras no causara daño a los demás, que rompiera una que otra ley no importaba. Y hacer las cosas bien en esos momentos significaba darle a Riza lo que ella quería. Lo que ambos merecían; de todos modos ya la había besado, las cosas no iban a parar ahí.

Entró a la habitación, cerró la puerta y la miró... la miró... y en ese momento se dio cuenta que aunque lo intentara no podría detenerse.


Me pervertí un poquitín xD

Gracias a ValentinaPhantomhive, Andyhaikufma y HoneyHawkeye que me dejaron review y para los que pusieron favoritos, alertas y esas cosas xD

Espero les haya gustado ;D